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Categoría: Reyes de Suecia

CRONOLOGIA DE LOS REYES DE SUECIA

Posteado por: retratosdelahistoria el 9 jul En: Dinastias Reyes de Suecia Cronologias Himnos / Anthems - sin comentarios

REYES DE SUECIA

GRANDES-DUQUES DE FINLANDIA

Cronología de los reinados de los monarcas suecos

Dinastía de Stenkil

-Stenkil I Ragnwald, ob.1066, Rey de Suecia de 1060 a 1066

-Halstan I, Rey de Suecia de 1080 a 1112

 -Inge I, Rey de Suecia de 1080 a 1112

-Blot Sven, Rey de Suecia de 1090 a 1099

-Felipe I, ob.1118, Rey de Suecia de 1112 a 1118

-Inge II, ob.1130, Rey de Suecia de 1118 a 1130

-Magnus de Dinamarca, 1106-1134, Rey de Suecia de 1129 a 1134 (muerto en combate)

-Sverker I, ob.1167, Rey de Suecia de 1134 a 1167 (asesinado)

-Erik IX, ob.1160, Rey de Suecia de 1150 a 1160

-Carlos VII, ob.1167, Rey de Suecia de 1156 a 1167 (asesinado)

-Canuto I, ob.1196, Rey de Suecia de 1167 a 1196

-Sverker II, ob.1210, Rey de Suecia de 1196 a 1208 (muerto en combate en 1210)

-Erik X, ob.1216, Rey de Suecia de 1208 a 1216

-Juan I, 1201-1222, Rey de Suecia de 1216 a 1222

-Erik XI, 1216-1250, Rey de Suecia de 1222 a 1229 (destronado por Canuto II Johanson)

Dinastía Johanson

-Canuto II Johanson, ob.1234, Rey de Suecia de 1229 a 1234 (muerto en combate)

Dinastía de Stenkil

-Erik XI, 1216-1250, Rey de Suecia de 1234 a 1250

Regencia del "Jarl" Birger en 1251, cuñado del rey Erik XI

Dinastía de Folkunga

-Valdemar I Birgerson Folkunga, 1243-1302, Rey de Suecia de 1250 a 1275

-Magnus I "Laduläs" Birgerson Folkunga, 1240-1290, Rey de Suecia de 1275 a 1290

-Birger I Magnuson, 1280-1321, Rey de Suecia de 1290 a 1319 (exiliado)

-Magnus II Erikson, 1316-1374, Rey de Suecia de 1319 a 1363, Rey de Noruega de 1319 a 1344

-Erik XII, 1339-1359, Rey de Suecia de 1356 a 1359

-Haakon VI, 1339-1380, Rey de Noruega en 1344, Rey de Suecia de 1362 a 1363

Dinastía de Mecklemburgo

-Alberto I, Duque de Mecklemburgo, 1340-1412, Rey de Suecia de 1363 a 1389

Interregno de la Dinastía de Dinamarca

-Margarita I de Dinamarca, 1353-1412, Reina de Dinamarca y de Noruega en 1387, Reina de Suecia de 1389 a 1397

Dinastía de Pomerania

-Erik XIII de Pomerania, 1382-1459, Rey de Noruega de 1389 a 1439, Rey de Dinamarca y de Suecia en 1397

Dinastía de Wittelsbach / Casa Bávara-Palatina de Neumarkt

-Cristóbal I de Baviera-Neumarkt, 1416-1448, Rey de Suecia y de Dinamarca en 1440, Rey de Noruega en 1442

Dinastía Bonde-Sparre

-Carlos VIII Knutsson Bonde, 1408-1470, Rey de Suecia de 1448 a 1457

Dinastía de Dinamarca / Casa de Oldenburgo

-Christian I de Oldenburgo, 1425-1481, Rey de Dinamarca y de Noruega en 1448, Rey de Suecia de 1457 a 1464

-Juan II, 1455-1513, Rey de Dinamarca y de Noruega en 1481, Rey de Suecia de 1483-1501

-Christian II, 1481-1559, Rey de Suecia de 1520 a 1521, Rey de Dinamarca y de Noruega en 1523

Regencia de Gustavo Eriksson Vasa, 1521-1523

Dinastía de Vasa

-Gustavo I Eriksson Vasa, 1496-1560, Rey de Suecia de 1523 a 1560

-Erik XIV, 1533-1577, Rey de Suecia de 1560 a 1568 (destronado / envenenado)

-Juan III, 1526-1583, Rey de Suecia de 1568 a 1583

-Segismundo I, 1566-1632, Rey de Suecia de 1592 a 1599, Rey de Polonia en 1587 (depuesto)

-Carlos IX, 1550-1611, Regente de 1599 a 1604, Rey de Suecia de 1604 a 1611

-Gustavo II Adolfo, 1594-1632, Rey de Suecia de 1611 a 1632 (muerto en combate)

-Cristina I, 1626-1689, Reina de Suecia de 1632 a 1654 (abdica / exiliada)

Dinastía de Wittelsbach / Casa Palatina de Zweibrücken

-Carlos X Gustavo, Conde Palatino de Zweibrücken, 1622-1660, Rey de Suecia de 1654 a 1660

-Carlos XI, 1655-1697, Rey de Suecia de 1660 a 1697

-Carlos XII, 1682-1718, Rey de Suecia de 1697 a 1718 (muerto en combate)

-Ulrika-Eleonora I, 1688-1741, Reina de Suecia de 1718 a 1720 (abdica en su marido)

Dinastía de Brabante / Casa Ducal de Hesse-Cassel

-Federico I, Landgrave de Hesse-Cassel, 1676-1751, Rey de Suecia de 1720 a 1751

Dinastía de Oldenburgo / Casa Ducal de Holstein-Gottorp

-Adolfo-Federico I, Duque de Holstein-Gottorp, 1710-1771, Rey de Suecia de 1751 a 1771

-Gustavo III, 1746-1792, Rey de Suecia de 1771 a 1792 (asesinado)

-Gustavo IV Adolfo, 1778-1837, Rey de Suecia de 1792 a 1809 (depuesto / exiliado)

-Carlos XIII, Duque de Södermanland, 1748-1818, Rey de Suecia de 1809 a 1818, Rey de Noruega en 1814

Dinastía de Bernadotte

-Carlos XIV Juan IV Bernadotte, Príncipe de Pontecorvo, 1763-1844, Rey de Suecia y de Noruega de 1818 a 1844

-Oscar I, 1799-1859, Rey de Suecia y de Noruega de 1844 a 1859

-Carlos XV, 1826-1872, Rey de Suecia y de Noruega de 1859 a 1872

-Oscar II, 1829-1907, Rey de Noruega de 1872 a 1905, Rey de Suecia de 1872 a 1907

-Gustavo V, 1858-1950, Rey de Suecia de 1907 a 1950

-Gustavo VI Adolfo, 1882-1973, Rey de Suecia de 1950 a 1973

-Carlos XVI Gustavo, 1946-...., Rey de Suecia de 1973 a ....

HIMNO NACIONAL SUECO:

 

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SUECIA: EL MONARCA HESSIANO

Posteado por: retratosdelahistoria el 5 jul En: Biografías Reyes de Suecia Alemania - sin comentarios

FEDERICO I

REY DE SUECIA

1676 - 1751

Federico I de Hessen-Cassel (Fredrik I), rey de Suecia de 1720 a 1751, y landgrave de Hessen-Cassel de 1730 a 1751, nació el 23 de abril de 1676 en Cassel y murió el 25 de marzo de 1751.

Era hijo del célebre soberano Carlos I, landgrave de Hessen-Cassel (1654-1730) y de María Amalia von Kettler, princesa de Curlandia (1653-1711); sus abuelos maternos fueron Jacobo I von Kettler, duque de Curlandia (1610-1682) y la princesa Luisa-Carlota de Brandenburgo, hija ésta del Elector Jorge-Guillermo I de Brandenburgo, duque de Prusia, y de la princesa palatina Carlota de Baviera (hija del Elector Palatino Federico IV y de la princesa Luisa-Juliana de Orange-Nassau).

Príncipe alemán de la vieja dinastía de Brabante, contrae matrimonio por segunda vez en 1715, con la princesa Ulrika-Eleonora de Suecia, hermana menor del rey Carlos XII.

Algunos historiadores sugirieron que Federico habría sido el autor del disparo que mató a su cuñado el rey Carlos XII de Suecia.

En 1718, su mujer se convierte en la reina de Suecia tras aceptar los términos de una nueva constitución impuesta por los parlamentarios suecos: la soberana permanecía siendo la representante de la nación y el Jefe de Estado, sin embargo el poder ejecutivo era asumido por el Riksdag.

Retrato de Ulrika-Eleonora Iª (1688-1741), Reina de Suecia de 1718 a 1720; obra de Schröder (Slott Skokloster, Suecia). / Abajo, detalle de un retrato de Federico I de Hessen-Cassel (1676-1751), Rey de Suecia de 1720 a 1751.

En 1720, Ulrika-Eleonora I abdica la corona en su marido Federico I, pero éste se ve condenado a un papel meramente figurativo, sancionando leyes y firmando tratados ya decididos de antemano por el Riksdag. De hecho, se cree que el Parlamento eligió a Federico I como nuevo rey de Suecia por su total falta de ambición y su debilidad de carácter, y porque se dejaba manipular sin poner trabas ni las narices en los Asuntos de Estado. Se le reprochó incluso su falta de interés, tanto por los asuntos suecos como por los de su principado alemán, Hessen-Cassel, al que solía acudir en pocas y muy contadas ocasiones, comportándose como un propietario eternamente ausente y que tan solo se preocupaba por los impuestos que recaudaba y que servían para financiar su corte en Estocolmo.

El nuevo Gobierno consigue poner fin a la Guerra del Norte, pero a un precio muy elevado; Prusia recibía una parte de Pomerania, Hannover se hacía con Bremen y Verden. Por el Tratado de Nystad, en 1721, Suecia cedía Livonia, Estonia, Ingria y la Carelia oriental a Rusia, convirtiéndose así en la nueva potencia dominante del Báltico.

Escudo de armas del Rey Federico I de Suecia, orleado con los collares de las tres órdenes de caballería suecas (Orden de los Serafines, Orden de la Espada y Orden de la Estrella del Norte). En abismo, el escusón con las armas de la Casa de Hessen-Cassel.

Federico I y Ulrika-Eleonora I no tendrían descendencia. De hecho, y según las malas lenguas, Federico I asediaba tanto a mujeres como a hombres, como fue en el caso de su antecesor en el trono Carlos XII, aunque este último prefería netamente a los soldados. En cualquier caso, se le puede considerar como un bisexual que no le hacía ascos a nada. Incluso tuvo una amante oficial en la persona de la bella Hedvig-Ulrika Taube, Condesa von Hessenstein (en la ilustración de la izq.), quien le dió nada menos que tres bastardos:

-Federico-Guillermo (1735-1808)

-Carlos-Eduardo (1737-1769)

-Hedvig Amalia (1743-1752)

Viudo en 1741, fallecería diez años más tarde (1751) no sin haber resuelto antes el problema sucesorio de la Corona, que recaería en el jefe de la rama ducal de Holstein-Gottorp-Eutin, la cual tenía lazos de parentesco con los soberanos suecos anteriores y descendía de los Vasa y de los Wittelsbach de la rama de Baviera-Zweibrücken: el duque Adolfo Federico de Holstein-Gottorp-Eutin (1710-1771), Kronprins de Suecia desde 1745. Este príncipe instauraría la nueva dinastía sueca de Holstein-Gottorp.

En cuanto al problema sucesorio planteado en el landgraviato de Hessen-Cassel, Federico I fue sucedido por su hermano menor Guillermo VIII que, a la larga se convirtió en un famoso general.

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SUECIA: LOS 4 MONARCAS WITTELSBACH

Posteado por: retratosdelahistoria el 4 jul En: Biografías Reyes de Suecia - sin comentarios

CARLOS X GUSTAVO

REY DE SUECIA

1622 - 1660

Retrato ecuestre de Carlos X Gustavo de Baviera-Zweibrücken (1622-1660), Rey de Suecia entre 1654 y 1660; obra de Sandrart (Castillo de Skokloster, Suecia). 

Carlos X Gustavo (Karl X Gustav), rey de Suecia de 1654 a 1660, nació el 8 de noviembre de 1622 en el castillo de Nyköping, y falleció el 13 de febrero de 1660 en el castillo de Göteborg. Sucedió en el trono de Suecia a su prima-hermana la reina Cristina I.

Deseoso de unificar su país, desencadenaría la Primera Guerra del Norte.

Su padre era el conde palatino de Zweibrücken, Juan-Casimiro de Baviera, y su madre la princesa Catalina de Suecia, hija primogénita del rey Carlos IX de Suecia.

Su primera misión al frente de Suecia fue restaurar y sanear las finanzas del reino, imponiendo entonces la "Reducción", un decreto ley que obligaba a los nobles suecos a devolver ciertas tierras a la Corona y el pago anual de un impuesto.

El 11 de febrero de 1658, con un ejército de 9.000 jinetes y 3.000 soldados de infantería, atraviesa a pie el Gran Belt, excepcionalmente helado dada las bajísimas temperaturas del invierno. Atacado el año anterior por el rey de Dinamarca cuando se encontraba guerreando en Polonia, consigue llegar hasta la Jutlandia danesa y el 30 de enero de 1658, atravesar a pie el pequeño Belt, saqueando la provincia de Fiona.

Dado que el rey sueco amenaza directamente Copenhague, sorprendida por el ataque, el rey Federico III de Dinamarca y de Noruega se ve obligado a firmar el Tratado de Roskild, a través del cual Suecia adquiere numerosos territorios en la península escandinava, entre ellos Escania.


 

CARLOS XI

REY DE SUECIA

1655 - 1697

Carlos XI (Karl XI), rey de Suecia de 1660 a 1697, nació en Estocolmo el 24 de noviembre de 1655, y murió el 5 de abril de 1697.

 

 

Cuando su padre Carlos X Gustavo fallece, aún es menor de edad. Los años que precedieron su mayoría fueron marcados, como en tiempos de la minoría de Cristina I, por una intromisión de la aristocracia en los asuntos del reino. Como aliada de Francia, Suecia tuvo que tomar parte en la guerra contra el Brandenburgo (1674), que se soldaría con una humillante derrota de los suecos en Ferhbellin (1675). Dinamarca aprovechó la ocasión para invadir Escania. Se tuvo que esperar a que el rey fuera declarado mayor de edad en 1672, para expulsar a los daneses. En 1679, una paz favorable para Suecia fue firmada con Dinamarca con la mediación diplomática del rey Luis XIV de Francia.

Carlos XI sacaría provecho del descontento popular hacia la nobleza, para dotarse en 1680 de un poder casi ilimitado. Durante el resto de su reinado, se consagró a las reformas financieras y administrativas, fijandose sobretodo el objetivo de crear una sólida base económica para el mantenimiento de sus ejércitos.


 

CARLOS XII

REY DE SUECIA

1682 - 1718

Carlos XII, rey de Suecia de 1697 a 1718, nació el 17 de junio de 1682 en el Palacio de las Tres Coronas de Estocolmo, y murió de un impacto de bola de cañón en la cabeza el 30 de noviembre de 1718, en Fredrikshald, actual Halden (Noruega). Era hijo del rey Carlos XI de Suecia y de la princesa Ulrika de Dinamarca.

 

 

Desde su venida al mundo hasta el 5 de abril de 1697, fue príncipe real de Suecia (Kronprins av Sverige), fecha en la que accedió al trono con 15 años de edad, al expirar su padre. El imperio que heredó de aquél era vasto: Suecia, Finlandia, los países Bálticos y una parte de Alemania.

La Guerra del Norte

Una vez proclamado y coronado rey, decidió atacar la coalición anti-sueca formada en 1700, y que reunía Dinamarca, Polonia y Rusia. La "Guerra del Norte" duró hasta 1721, concluyéndose con el progresivo declive de la hegemonía sueca.

 

 

Carlos XII atacó en primera instancia a los daneses, a los que derrotó en Copenhague. Luego se volvió contra Rusia y, tras aplastar a los polacos en Riga, consiguió hacerse con la mayor y más brillante victoria (8.000 soldados suecos contra 38.000 rusos) sobre las tropas del zar Pedro I de Rusia en Narva (Estonia), el 30 de noviembre de 1700. En el recuento de bajas, se contabilizaron más de 15.000 soldados rusos muertos, mientras que en el bando sueco se registraron un total de 667.

Finalmente, se resolvió a acabar con la coalición dándole el golpe de gracia a Polonia en Klissow, en julio de 1702. Después de aquello, firma la Paz de Altranstâdt (1706): Augusto II el Fuerte de Sajonia, rey de Polonia -en el retrato de la izq.-, tuvo que ceder su corona a su antecesor y rival (al cual había destronado) Estanislao I Leszczýnski, candidato propuesto por Carlos XII.

Considerando que aún no había saldado su cuenta pendiente con Rusia, volvió nuevamente a lanzarse contra Pedro I el Grande, venciéndolo por segunda vez en Holovczin, en julio de 1708. En ese preciso momento, Carlos XII de Suecia era, sin duda alguna, uno de los monarcas más poderosos y temidos de Europa.

La campaña rusa

En 1703, Pedro I de Rusia (en el retrato de la izq.), que se había hecho con Ingria, ordenó la construcción de una nueva capital, San-Petersburgo.

 

Carlos XII inició entonces una campaña militar por el Sur, atravesando Ucrania, con el objetivo de tomar Moscú y obligar al zar a cederle inmensos territorios, asi como firmar un pacto de alianza sueco-rusa que debía asegurar para mucho tiempo la dominación sueca en Europa.

Pero el ejército del rey Carlos XII de Suecia ya no tenía la misma potencia inicial como en Narva y en Holovczin; casi un tercio de su infantería había muerto de hambre y de frío (el invierno de 1709 fue excepcionalmente rudo en toda Europa y produjo estragos en las poblaciones del Viejo Continente), las emboscadas rusas, siempre seguidas de la vieja táctica de la tierra quemada, hicieron el resto. La totalidad de los caballos había perecido por falta de forraje, y lo poco que quedaba era guardado para la soldadesca. La artillería sueca, sin embargo muy superior a la rusa, había sido en su casi totalidad abandonada por culpa del intenso frío, y la moral de las tropas suecas se veía fuertemente amedrentada por las horribles condiciones climáticas.

El 8 de julio de 1709, las tropas de Carlos XII llegaron, exhaustas, ante las puertas de Poltava, ciudad que pretenden asediar.

Cuando Pedro el Grande cae sobre los flancos del ejército sueco, comandando unas tropas frescas, bien equipadas y mucho más numerosas en Poltava, el 8 de julio, la batalla toma rápidamente el aspecto de una derrota para Carlos XII quien, herido por una bala rusa, debe ordenar la retirada. Los suecos fueron aplastados y Carlos XII se vio obligado a huir hacia Istanbul, dónde permaneció por espacio de cinco años.

Las consecuencias de las guerras de Carlos XII

 

La batalla de Poltava marcó un punto de inflexión en la historia de Suecia ya que, cuando las demás potencias se enteraron de la derrota de Carlos XII, una nueva coalición se formó reuniendo Dinamarca, Polonia, Rusia, Sajonia, Prusia, Gran-Bretaña y las Provincias Unidas. Cada uno de esos países pretendía hacerse con una parte del imperio sueco.

Carlos XII conseguiría huir de Istanbul en 1714, disfrazado de oficial alemán, y marchar hasta Pomerania dónde, tomado por prusiano, se le preguntó qué hacía en territorio sueco e incluso se vió amenazado de ser entregado a Pedro I de Rusia. Finalmente llegado a Estocolmo decidió, para contrarrestar a la coalición anti-sueca, atacar Noruega (que pertenecía a la corona danesa) y servirse de este país como defensa contra sus múltiples adversarios. Durante el asedio del primer fuerte noruego, Fredrikshald (la actual Halden), Carlos XII perdió la vida en el transcurso de un bombardeo noruego, en 1718. Una bola de cañón impactó en la sien del rey, matándole. Sin embargo, aún hoy, muchos historiadores cuestionan si se trató de una trágica casualidad o de un asesinato premeditado.

Carlos XII de Suecia dejaba este mundo sin haberse previamente casado y, por tanto, sin dejar herederos directos que aseguraran la continuidad de su dinastía en el trono sueco. Por consiguiente, la corona fue asumida por su hermana, la princesa Ulrika-Eleonora (1688-1741) - casada desde 1715 con el landgrave Federico de Hesse-Cassel -, tras producirse un vuelco en el panorama político sueco: la monarquía se veía relegada al mero papel figurativo y representativo del Estado, mientras que el Riksdag asumía el gobierno de la nación.


 

ULRIKA-ELEONORA I

REINA DE SUECIA

1688 - 1741

 

Ulrika-Eleonora I, reina de Suecia del 30 de noviembre de 1718 al 29 de febrero de 1720, nació el 23 de febrero de 1688 y murió el 24 de noviembre de 1741 en Estocolmo. Última hija del rey Carlos XI, sucedió a su hermano Carlos XII en el trono sueco a condición de aceptar de antemano la abolición de la monarquía absoluta y reconvertirla en una monarquía constitucional, meramente representativa. Tras consentir las nuevas limitaciones de sus atribuciones, Ulrika-Eleonora I ciñó la corona el 30 de noviembre de 1718.

Casada desde 1715 con el landgrave de Hesse-Cassel, príncipe alemán, abdicaría la corona en su marido el 29 de febrero de 1720 (después de haber propuesto, sin éxito, un co-reinado), quien sería proclamado y coronado rey de Suecia con el ordinal de Federico I. Mientras, Ulrika-Eleonora pasaba a ser reina consorte de Suecia.

Retratos del Landgrave Federico I de Hesse-Cassel y de la Reina Ulrika-Eleonora I de Suecia.

Bajo su reinado y el de su marido, se inicia el período conocido como la Era de la Libertad, que fue una época de crecimiento económico y de una gran manifestación cultural en Suecia, con una fuerte influencia francesa.

El gobierno recayó en manos del Riksdag que, andando el tiempo, se dividiría en dos partidos políticos rivales en el Parlamento: el aristocrático de los "Sombreros", pro-francés, y el burgués o popular de los "Gorros", eminentemente pro-ruso. Ambos partidos eran regularmente "untados" por dos potencias rivales que pretendían influír en la política sueca, a través de sus respectivos embajadores: Francia y Rusia, lo que llevaría al Riksdag a un nivel de corrupción considerable que, a la larga, devolvería a la Corona la suficiente fuerza como para dar un golpe de Estado y restaurar su antigua autoridad con el rey Gustavo III en 1772.

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SUECIA: LOS 7 MONARCAS VASA

Posteado por: retratosdelahistoria el 3 jul En: Biografías Reyes de Suecia - sin comentarios

GUSTAVO I VASA

REY DE SUECIA, 1496-1560 

Gustavo I Vasa nació el 12 de mayo de 1496 y murió el 29 de septiembre de 1560; fue rey de Suecia de 1523 a 1560.

A sus 24 años dirigió (1520) una rebelión contra Dinamarca que había invadido Suecia, con un ejército de 4.000 campesinos y el apoyo de los mercaderes de Lyybeck, y del rey-emperador Carlos V de Austria. Dicha sublevación armada era fruto del "Baño de Sangre de Estocolmo", terrible jornada en la que 82 nobles suecos fueron asesinados y entre los cuales se hallaba el padre de Gustavo Vasa. Tras la exitosa sublevación que capitaneó, fue elegido rey de Suecia (1523).

En 1544, el Riksdag adoptaría y promulgaría la ley que transformaba la monarquía electiva en hereditaria, en provecho de la dinastía Vasa. En cualquier caso, las presiones de Gustavo I hicieron mucho para que los parlamentarios se aviniesen a convertir la dignidad real en hereditaria.

Por otro lado, para saldar sus deudas pendientes con los mercaderes de Lyybeck, Gustavo I no dudó en apropiarse de las campanas de las iglesias y venderlas contra dinero contante y sonante. A esto hemos de añadir que, adepto del luteranismo, impuso la Reforma Religiosa en su reino y prohibió el catolicismo.

A su muerte, acaecida en 1560, Gustavo I dejaba a su heredero un gobierno eficaz y unas finanzas saneadas y florecientes.

Otras fuentes (Wikipedia):

 

Gustavo I de Suecia, también llamado Gustavo Vasa, y antes de su coronación, Gustavo Eriksson (hijo de Erik), se cree nacido el 12 de mayo de 1496, muere el 29 de septiembre de 1560. Fue rey de Suecia desde 1523 hasta su muerte.

 

Igual que a los miembros contemporáneos y subsecuentes de la Dinastía Vasa, se le conocía contemporáneamente como Gustavo Eriksson, nunca Vasa. El nombre "Gustav Vasa" se empezó a usar en el siglo XVII en adelante, y hace referencia al escudo de armas de la Dinastía. El uso de ese apellido se debe a que desde ese siglo la nobleza de Suecia empezó a usar apellidos, muchas veces tomados del escudo de armas familiar. Al mismo tiempo los nobles se referían a sus ancestros con el recién creado apellido dinástico.

Sus padres fueron Erik Johansson y Cecilia Månsdotter.

Retrato de Margarita Eriksdotter Leijonhufvud, Reina consorte de Suecia (1516-1551), segunda esposa del rey Gustavo I Vasa; fue la madre de los reyes Juan III y Carlos IX de Suecia.

Se casó el 24 de septiembre de 1531 con la princesa Catalina de Sachsen-Lauenburg (1513-1535), el 1 de octubre de 1536 con Margarita Eriksdotter (1516-1551) y el 22 de agosto de 1552 con Catalina Stenbock (1535-1621). Hijos con Catalina de Sachsen-Lauenburg:

Erik XIV (1533-1577) Rey de Suecia 1560-1567

Hijos con Margarita Eriksdotter:

Johan III (1537-1592) Rey de Suecia 1567-1592

Magnus (1542-1595) Duque de Östergötland

Karl IX (1550-1611) Rey de Suecia 1599-1611

Sten (1546-1547)

Karl (1544)

Catalina (1539-1610), casada con el Conde Edzard II de Osfriesland

Cecilia (1540-1627), casada con el Conde Kirstofer de Baden Rodemachern

Anna (1545-1610) casada con el Conde Jorge Johan I de Pfalz Veldenz

Sofia (1547-1611) casada con el Duque Magnus II de Sachsen-Lauenburg

Isabel (1549-1597) casada con el Duque Kristofer de Mecklenburg

Gustavo Vasa fue enterrado en el "Coro Vasa", en la Catedral de Uppsala.

Introdujo la monarquía en Suecia, e independizó a Suecia de Dinamarca, evento que se celebra en Suecia como el "día nacional" el 6 de junio.

Sus primeros años 

El padre de Gustavo Eriksson, Erik Johansson, estuvo involucrado en el grupo de Sten Sture, que se enfrentó a los daneses al principio del siglo XVI. Cuando los daneses, bajo el reinado de Cristian II, conquistaron Suecia y tomaron Estocolmo, la capital, en 1517, varios miembros del grupo fueron ejecutados en el Baño de Sangre de Estocolmo, en octubre de ese año. Entre ellos estaba Erik Johansson. El joven Gustavo sobrevivió escondiéndose.

Estuvo involucrado en algunas de las revueltas contra el rey danés. En la batalla de Brännkyrka, el 2 de Octubre de 1518, fue hecho prisionero y enviado a Dinamarca. Escapó, sin embargo, y el 31 de Mayo de 1520 volvió a Kalmar, en el Sureste de Suecia. Desde allí, viajó hasta Dalarna, en el noroeste de Suecia. Desde allí trató de derrocar al gobierno danés, al principio con muy poca fortuna.

En 1521 logró concentrar a un pequeño ejército en Dalarna y se convirtió en su líder. Además, recibió tropas de Leipzig, Alemania. En agosto de 1521, los hombres de Dalarna lo habían elegido regente de Suecia. Desde ese momento 2 años de guerra siguieron, durante los cuales el ejército danés fue gradualmente derrotado.

En 1523, Gustavo fue elegido rey por el riksdag (parlamento) en Strängnäs, al sur de Estocolmo, el 6 de Junio. Esa fecha se celebra desde entonces como el día nacional en Suecia. Su ejército sitió la capital, y pudieron, finalmente, entrar en Estocolmo el 24 de Junio.

La ceremonia oficial de coronación se realizó el 12 de enero de 1528, en la Catedral de Uppsala.

La Reforma 

Hasta el momento de Gustavo tomar el poder, el arzobispo en funciones era Gustavo Trolle. Trolle estaba aliado con el rey danés, y había servido como regente de Suecia bajo sus órdenes. Por ello, cuando Gustavo fue electo rey, Trolle se exiló en Dinamarca. Gustavo entonces solicitó al Papa Clemente VII que designara en ese cargo a Johannes Magni.

Sin embargo, y debido a lo aislado de Suecia para el momento, el Papa, creyendo que Cristian había prevalecido en el poder, ordenó la restitución de Trolle en el cargo. El Rey informó al Papa de las circunstancias, pero éste mantuvo su posición. Por ello el Rey nombro de motu propio a Laurentius Petri arzobispo, luego de escuchar las recomendaciones del estudioso luterano Olaus Petri (hermano de Laurentius). Desde ese momento, el Papa había perdido su influencia sobre la Iglesia sueca.

A partir de entonces los hermanos lideraron una campaña para la introducción del luteranismo.

 

Gustavo muere en Estocolmo el 29 de septiembre de 1560, a los 64 años de edad. Yace junto con sus tres cónyuges en el Coro Vasa, en la Catedral de Uppsala, rodeado de murales que representan escenas de su vida.


 

 

ERIK XIV

 

REY DE SUECIA

1533 - 1577

 

Erik XIV Gustavsson Vasa, rey de Suecia entre 1560 y 1568, nació el 13 de diciembre de 1533 y murió probablemente envenenado el 26 de febrero de 1577.

Tomó parte en el conflicto que oponía entre ellos a Dinamarca, Suecia, Polonia y Rusia, tras la caída del poder de los caballeros letones en las provincias bálticas, cada uno de esos países haciendo valer sus derechos sobre aquellas regiones.

Erik XIV fue un hombre brillante pero errático que acabó por atraerse el odio de sus conciudadanos y a hundirse en la locura. Depuesto y encarcelado por sus hermanos Juan y Carlos, en 1568, moriría en extrañas circunstancias, sin duda envenenado por orden de su hermano y sucesor el rey Juan III.


 

JUAN III

REY DE SUECIA

1537 - 1592

Juan III Gustavsson Vasa, segundo hijo varón de Gustavo I, nació el 23 de diciembre de 1537 y murió el 27 de noviembre de 1592 en Estocolmo.

 

 

Presunto heredero del trono sueco, él y su hermano menor Carlos, duque de Södermanland, organizaron un levantamiento armado para deponer a su hermano mayor, el rey Erik XIV, cuya popularidad había caído en picado y aquejado de un desarreglo mental cada vez mayor. Fue cosa hecha en 1568.

En un principio, Juan y Carlos debieron repartirse el poder, pero Juan consiguió hacerse proclamar nuevo rey de Suecia con el ordinal de Juan III, y apartar a su hermano Carlos, al que relegó en un segundo plano.

Nueve años después de coronarse rey, Juan III se deshizo de su hermano y rehén, Erik XIV, al cual tenía encarcelado desde 1568. Erik XIV encontraría la muerte en extrañas y sospechosas circunstancias, lo que hizo creer a muchos suecos que Juan III, queriendo deshacerse de un rehén tan molesto, mandó envenenarle (1577).

El reinado de Juan III abarcaría los años de 1568 a 1592; habiéndose casado con Catalina Jagellon, princesa de Polonia, tuvo un hijo: Segismundo III Vasa, el cual había sido elegido rey de Polonia en 1587, corona transmitida por su progenitora.


 

SEGISMUNDO III

REY DE POLONIA Y DE SUECIA

1566 - 1632

Segismundo III Johansson Vasa, príncipe Heredero de Suecia y de Polonia, nació el 20 de junio de 1566 y falleció el 19 de abril de 1632.

 

 

En 1587, asumió la corona de Polonia con el ordinal de Segismundo III, pero dicha dignidad implicaba la exigencia de pertenecer a la Iglesia Romana o al menos abrazar la fe católica, ya que los polacos eran tradicionalmente de confesión católica apostólica y romana.

En 1592, al fallecer su padre el rey Juan III de Suecia, por lógica del orden sucesorio, la corona recayó en Segismundo, que no dudó en aceptarla. El hecho es que los suecos practicaban la fe protestante y la gran mayoría no estaba dispuesta a tolerar a un monarca católico. Obviamente, aquella incompatibilidad religiosa produjo una escisión entre los suecos partidarios del rey Segismundo (que abogaban por una monarquía constitucional), y los suecos que no deseaban someterse a la autoridad de un católico y que para colmo, vivía en Varsovia. Estos últimos se reagruparon entorno a la figura del duque Carlos de Södermanland, hijo menor de Gustavo I Vasa, el monarca sueco que había impuesto la Reforma en su reino, y tío carnal de Segismundo III.

Dadas las rivalidades político-religiosas establecidas entre los suecos, y el conflicto surgido entre Segismundo y el duque Carlos para ver quién asumía el control del reino, todo aquello desembocó en una guerra civil en la que resultó perdedor el rey Segismundo III. Vencido, Segismundo tuvo que renunciar a la corona sueca a favor de Carlos IX en 1599, conservando tan solo la corona polaca hasta su muerte acaecida el 19 de abril de 1632.

Grabado representando a Carlos Vasa, Príncipe Real de Suecia y Duque de Södermanland (1550-1611), medio-hermano del destronado rey Erik XIV y hermano del rey Juan III de Suecia. Tras la muerte de este último, se proclamaría rey de Suecia como Carlos IX, en detrimento de su sobrino Segismundo III, rey de Polonia.

De su matrimonio con la archiduquesa Ana de Austria nació Ladislao IV (1595-1648), representante de la línea Vasa de Polonia. Éste fue, con apenas 15 años de edad, proclamado zar por los boyardos de Rusia (1610), en el curso del período de caos que surgió a la muerte de Boris Godunov. Su elección formaba parte de un plan urdido por su padre Segismundo III para conquistar toda Rusia y convertir a su población al catolicismo. Pese a todo, Ladislao jamás llegaría a reinar de manera efectiva sobre Rusia ya que sus apoyos eran provisionales y dependían de una política interna fluctuante entre los boyardos. Se contentó con llevar el título de zar de Rusia, sin poder efectivo, hasta 1634. En 1612, Miguel III Romanov, fundador de la dinastía del mismo nombre, sería elegido por la zemski sobor (asamblea representativa) nuevo zar de Rusia.

Retrato de Ladislao IV Vasa (1595-1648) o Wladislaw IV Waza, Rey de Polonia, Lituania y Ucrania.

Ladislao IV fue soberano del Estado Lituano-Polaco desde el 8 de noviembre de 1632 hasta su muerte acaecida el 20 de mayo de 1648. Intentó reconciliar a protestantes y católicos en el coloquio de Thorn; venció a los Moscovitas, transformó la Paz de Déulino negociada por su padre en paz perpétua y consolidó la posición de Polonia en el Báltico, tras concluír una tregua con Suecia. Falleció justo cuando los cosacos de Ucrania comenzaban a rebelarse contra los señores feudales polacos.

Contrajo dos matrimonios: el primero con la archiduquesa Cecilia-Renata de Austria en 1636, y el segundo con Maria-Luisa de Gonzaga-Nevers, princesa de Mantúa en 1646.

Sería sucedido por su hermano Juan II Casimiro (1609-1672), al carecer de descendencia masculina. Éste contraería matrimonio con su viuda Maria-Luisa de Gonzaga-Nevers. Rey de Polonia entre 1648 y 1668, nació en Cracovia el 22 de marzo de 1609 y murió en Nevers (Francia) el 16 de diciembre de 1672.

Durante su reinado, Polonia perdió grandes porciones de su territorio fruto de sus combates contra Rusia, Suecia, Ucrania y los Tártaros.

Pese a su deseo de negociar con los cosacos ucranianos, se vió forzado a continuar la lucha presionado por la nobleza polaca deseosa de ensanchar sus posesiones señoriales. Vencedor de los cosacos y de los tártaros en la batalla de Beresteczko (20 y 30 de junio de 1651), los combates fueron retomados nuevamente cuando los cosacos se aliaron con Rusia. Al mismo tiempo, Suecia invadía Polonia.

Mediante tratado, renunció a sus derechos sobre la corona sueca y cedió Livonia. La guerra contra Rusia fue zanjada con la Tregua de Andrusovo.

El 19 de septiembre de 1657, Juan II Casimiro firma el Tratado de Welawa, mediante el cual renunciaba a la soberanía sobre el ducado de Prusia en favor del Elector de Brandenburgo.

La Corona, el Cetro y el Orbe junto con la espada también de oro, conforman la Regalia Polaca que se utilizó para las coronaciones de los monarcas de la dinastía Vasa en Cracovia.

Asqueado por la guerra y por la revuelta de la Dieta, abdicó la corona el 16 de septiembre de 1668 y abandonó Polonia para exiliarse a Francia; una vez allí, se convirtió en el abad titular de Saint-Germain-des-Prés hasta su muerte, acaecida el 16 de diciembre de 1672, en el castillo de Nevers.

Fue el último Vasa que reinó en Polonia.


 

CARLOS IX

REY DE SUECIA

1550 - 1611

Carlos IX de Suecia nació el 4 de octubre de 1550, y falleció el 30 de octubre de 1611. Era el 4º hijo de Gustavo I Vasa, rey de Suecia y primer monarca de la dinastía, que había transformado en hereditaria la entonces monarquía electiva sueca, por lo que en principio no tenía posibilidades de ceñir la corona; sin embargo, los acontecimientos posteriores acabarían por ascenderle hasta el trono.

 

Erik XIV, su hermano mayor que había sucedido a Gustavo I, habiéndose atraído una gran impopularidad entre sus conciudadanos, los cuales se sublevaron contra su autoridad, llevaron a los príncipes Juan y Carlos a levar tropas y a deponerle.

En principio, los dos hermanos debían repartirse el poder arrebatado a Erik XIV, pero Juan fue proclamado rey y Carlos se vio momentaneamente relegado al rango de vasallo con el título de duque de Södermanland.

Juan III fallecería el 17 de noviembre de 1592, y Segismundo de Suecia, hijo de Juan III y de Catalina Jagellon, estaba llamado a suceder a su padre en el trono; sin embargo, éste se hallaba en Polonia, al haber sido elegido rey en 1584 por los magnates polacos. Lo que agravaba el caso de Segismundo era que había abrazado la fe católica para poder ceñir la corona polaca.

Pese a todo, Segismundo fue inicialmente proclamado rey de Suecia, pero su tío Carlos, duque de Södermanland, reunió el senado y obtuvo de éste el gobierno del reino. En 1595, el duque Carlos reunió el Riksdag (el Parlamento Sueco) que le convirtió en regente. La extraña situación permaneció con diferentes peripecias hasta que en 1599, los dos adversarios, tío y sobrino, resolvieron zanjar el conflicto por las armas. Segismundo III fue vencido en Linköping y capituló.

Corona del rey Carlos IX de Suecia, realizada para su coronación en 1604.

En 1600, Carlos organizó una auténtica masacre en Linköping que costó la vida a los principales miembros del Consejo del Reino, favorables a la monarquía constitucional y partidarios del rey Segismundo III.

En 1604, los Estados, reunidos en Norrköping, entregaron la corona de Suecia a Carlos Vasa, duque de Södermanland, quien adoptó el ordinal de Carlos IX de Suecia. Tras su proclamación como nuevo monarca, capitaneó una expedición en Polonia, invadiendo Livonia, pero se saldó sin el éxito esperado. Sin embargo, Jacob de La Gardie, general sueco originario de Francia, fue más feliz contra los rusos, llegando incluso a ocupar Moscú durante cierto tiempo.

Carlos IX también creó la Orden de Jehová, orden de caballería bajo patronato real que estaba destinado a recompensar a todos aquellos caballeros que habían servido a su causa. La distinción caballeresca no fue más allá de su reinado y cayó prontamente en el olvido bajo su sucesor, Gustavo II Adolfo.

Christian IV de Dinamarca y de Noruega, alarmado por las ambiciones de Carlos IX, declaró la guerra a Suecia y se hizo con varias plazas fuertes suecas.

Carlos IX moriría poco después, el 30 de octubre de 1611, dejando en herencia a su hijo y sucesor Gustavo II Adolfo, una guerra contra Dinamarca, Polonia y Rusia.


 

GUSTAVO II ADOLFO

REY DE SUECIA

1594 - 1632

Gustavo II Adolfo, apodado el Grande o El León del Norte, fue rey de Suecia entre 1611 y 1632; nació el 9 de diciembre de 1594 en el Palacio de las Tres Coronas (Tre Kronen), de Estocolmo, y cayó en combate en el curso de la batalla de Lützen, el 6 de noviembre de 1632.

Hijo del rey Carlos IX de Suecia y de la duquesa Cristina de Holstein-Gottorp, sucedió a su padre a la edad de 17 años. Tomó a su servicio y en calidad de canciller al eficaz y hábil estadista Axel Oxenstierna, conde de Södermöra, y prosiguió la guerra contra Dinamarca hasta la firma del Tratado de Knaered en 1613, y contra Rusia con la cual firmaría el Tratado de Stolbova.

Tras varias expediciones coronadas por la victoria, aunque no decisivas en el territorio polaco, impuso al rey Segismundo III de Polonia la tregua de Altmark en 1629, con la preciosa ayuda del embajador de Francia Charnacé, a cambio de territorios y ventajas económicas.

Después de la conquista de las provincias bálticas de 1630, respondió a los llamamientos de los protestantes alemanes, negociando al mismo tiempo con Francia el Tratado de Bärwald (23 de enero de 1631), que le aseguraba un sostén político pero también una importantísima ayuda financiera.

Suecia empezaría a intervenir en la Guerra de los Treinta Años. Su ejército, bien entrenado y equipado, barre las tropas del emperador y consigue descender hasta el Danubio, sembrando la ruina y la destrucción pese a las iniciales recomendaciones de Gustavo II Adolfo, que pretendía ser clemente y magnánimo con los enemigos y la población alemana.

Este gran rey con una trayectoria tan corta, prosiguió la obra de su padre Carlos IX, y de su abuelo Gustavo I Vasa.


 

CRISTINA I

REINA DE SUECIA

1626 - 1689

 

Cristina I Gustavdotter Vasa, reina de Suecia de 1632 a 1654, nació en Estocolmo el 18 de diciembre de 1626 y murió en Roma el 19 de abril de 1689.

Hija única del rey Gustavo II Adolfo de Suecia y de la princesa María Eleonora de Brandenburgo, fue educada como un chico. Su padre moriría en combate en 1632, en el curso de la batalla de Lützen, haciendo que Cristina ascendiera al trono sueco con apenas 6 años de edad. La regencia sería entonces asumida por el canciller Axel Oxenstierna, el más brillante estadista sueco.

Retrato de Axel Gustavsson Oxenstierna, Conde de Södermöra (1583-1654), Canciller de Suecia.

Declarada mayor de edad en 1644, la reina Cristina se opone rápidamente al competente "Richelieu sueco", Oxenstierna. Se opondría también y pondría fin a algunos conflictos armados heredados de su padre. Coronada en 1650, renunciaría por voluntad propia al trono cuatro años más tarde (1654) por dos motivos: su negativa a contraer matrimonio para asegurar la continuidad de su dinastía, y su deseo de abrazar la fe católica. Un tercer motivo fue, sin duda, su creciente impopularidad entre sus súbditos por malmeter las finanzas del reino y por atraer a su corte a todo un tropel de extranjeros ilustres.

Retrato ecuestre de la Reina Cristina I de Suecia (1626-1689), según Sébastien Bourdon.

Antes de abdicar formalmente la corona, consagra ella misma a su primo-hermano el conde palatino Carlos Gustavo de Baviera-Zweibrücken, entonces presunto heredero del trono, el cual se convierte en el rey Carlos X Gustavo. A cambio de una renta anual de 200.000 coronas, abandona Suecia e inicia su particular gira europea, coleccionando aventuras y amantes femeninas, y abjurando de su fe luterana para convertirse al catolicismo en Innsbrück. En primera instancia es bien acogida en Roma, donde se instala temporalmente en el Palacio Farnese. Viajera incansable, residiría un tiempo en Francia, dónde Luis XIV le cede el Real Sitio de Fontainebleau. Pero en 1657, tras ordenar el asesinato del marqués de Monaldeschi, su caballerizo mayor, la Corte Francesa le invita a abandonar el país.

En 1674 fundaría en Roma L'Academia Reale, equivalente a la Academia Francesa fundada por el Cardenal de Richelieu.

De espíritu y mentalidad abierta, feminista antes de hora, es una mujer muy cultivada y deportista para su época. Escribe libros y discute con numerosos sabios, entre los cuales se cuentan a Blaise Pascal y René Descartes. Políglota, habla sobretodo la lengua de la élite europea de entonces: el francés.

Atormentada por la religión, acabaría convirtiéndose en una mujer devota y asceta a imagen y semejanza de Pascal.

A su muerte, en 1689, su cadáver recibiría sepultura en la basílica de San Pedro del Vaticano, un privilegio raramente concedido.

En el período de su reinado personal, Cristina I creó una orden de caballería conocida como Orden del Amaranto, y que se concedía exclusivamente a los miembros de su círculo cortesano y de manera equitativa tanto a hombres como a mujeres. Se trataba, principalmente, de un joyel o colgante en oro esmaltado y cubierto de amatistas, esmeraldas y diamantes, formado por dos "A" entrelazadas bajo una corona real y colgando de una cinta de color amaranto, de ahí su nombre. Cuando abdicó la corona, dicha orden de caballería cayó en desuso bajo el reinado siguiente.

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HEDVIG-ULRIKA TAUBE, 1714-1744

Posteado por: retratosdelahistoria el 6 jul En: Biografías Reyes de Suecia - sin comentarios

LA FAVORITA QUE NUNCA QUISO SERLO

HEDVIG-ULRIKA TAUBE, CONDESA VON HESSENSTEIN, 1714 - 1744

La Condesa Hedvig Ulrika Taube nació en 1714, y pertenecía a una gran y distinguida familia de la aristocracia sueca: su padre, el Conde Edvard Diedrik Taube ostentaba un alto rango en el seno del Ejército Sueco, mientras que su madre, nacida Baronesa Christina Maria von Falkenberg, procedía de un noble linaje con sólidas conexiones en la corte. Hedvig Ulrika tenía otra hermana, Catharina Charlotta y un hermano, el Conde Diedrik Henrik Taube.

Nada presagiaba que la joven y noble damisela llegara a causar tanto ruido en el escenario social sueco, al estar destinada a llevar una existencia plácida y orientada a ser una decente esposa bien casada, como se preveía para las hijas de la aristocracia.

En 1728, con apenas 14 primaveras, la joven Hedvig Ulrika se presenta en sociedad dotada de una belleza extraordinaria y un encanto personal que conquista inmediatamente a damas y caballeros que frecuentan la casa de sus padres. Tanto es asi que, en poco tiempo, aquellos amigos de la familia Taube no tardan en cantar las virtudes de la adolescente en la corte. Naturalmente, no hay quien falte en informar, en medio de una conversación anodina, a Su Majestad el Rey y despertar su interés... Federico I es un hombre ya en plena madurez, gordo, a punto de llegar a los 60 años y con una reputación más que dudosa: tanto le da la carne como el pescado y su lubricidad parece no tener límites. La joven Taube le interesa mucho y no duda en tantear el terreno para tener el privilegio de desflorarla el primero.

El Deseo del Rey

Retrato de Federico I de Hessen-Cassel (1676-1751), Rey de Suecia de 1720 a 1751.

Corre el año de 1730 y altos personajes de la corte de Estocolmo empiezan a visitar a los Taube, buscando a la hija para ofrecerle tentadoras ofertas y representarle el envidiable futuro que le espera si accede a conocer al Rey Federico I.

Hedvig Ulrika, a su edad, solo sueña con tener un idilio con un apuesto y joven oficial, a recibir cartas apasionadas y rebosantes de almibarada prosa... La sola idea de ceder a los avances del viejo verde y libidinoso Rey suscitaba en ella la mayor de las repugnancias. No concebía semejante comercio y las sugerencias de ciertas amigas de su madre causaban su total rechazo.

Pero en esa época, precisamente, la familia Taube se veía amenazada por las enormes deudas de juego contraídas y se debatía en medio de serias dificultades económicas. Los padres, tías y tíos de la muchacha pensaban que la oferta del monarca les venía como agua de mayo para solventar esos problemas acuciantes. Si Hedvig cedía, la fortuna iba a estar del lado de los Taube... y las ocasiones como éstas, tan raras, están para cogerlas al vuelo. Decididos, la familia Taube empezó a presionar a Hedvig, formando un asedio en toda regla para obtener su capitulación y convertir sus negativas en un "si".

A fin de cuentas, el viejo verde de Federico I era el Rey de Suecia, y al Rey no se le podía decir que no. Sus deseos eran órdenes que tenían que satisfacerse prontamente. Los Taube, golosos ante la perspectiva de que su hija se convirtiese en la amante del soberano, suspiraban de alivio y daban gracias a la Providencia, porque éste iba a sacarles de una situación insostenible. Ejercieron una fuerte presión psicológica sobre Hedvig y no cesaron los asedios, tanto por su parte como por la de los altos dignatarios de la corte enviados para conseguir que el deseo del Rey se hiciera realidad. Entre éstos Carl Tersmeden, amigo del soberano, ofreció a la joven el puesto de dama de compañía de la Reina Ulrika Eleonora y le representó todas las ventajas del cargo y de la posición que le esperaba si accedía, para hacer más apetitosa la oferta.

Hedvig Ulrika capituló. Hicieron sus baúles y la subieron al carruaje especialmente enviado para ella, destinado a llevarla en presencia del soberano. A Carl Tersmeden le soltó: "Mi destino es más duro de lo que he imaginado. Me veo forzada a sacrificar mi virtud para salvar a mi familia de la ruina por el juego..."

Dama del Séquito de la Reina

Corre el año de 1731, y la bella Hedvig Ulrika Taube se convierte en la dama de compañía de la Reina y, aparentemente, pasa a ser algo más que el capricho sexual del Rey: se transforma en la favorita oficial de Federico I, al más puro estilo francés que nunca se había visto antes en Suecia.

La Reina y el Rey

Retrato de Ulrika-Eleonora Iª de Suecia (1688-1741), Reina de Suecia y Gran Duquesa de Finlandia de 1718 a 1720.

Quizá sería menester reseñar una peculiaridad: la Reina Ulrika Eleonora de Suecia, esposa del Rey Federico, era en realidad la soberana legítima desde el fallecimiento de su hermano mayor Carlos XII, que murió de un cañonazo en la sien y siendo soltero, por lo que no había dejado ningún heredero directo al trono. A la muerte del gran guerrero Carlos XII de Suecia, el único gran rival del zar Pedro I "el Grande" de Rusia, la sucesión al trono estaba asegurada en su otra hermana, la Princesa Hedvig Sophia Augusta que había contraído matrimonio con un primo, el Duque Federico IV de Holstein-Gottorp; sin embargo, la Duquesa de Holstein-Gottorp había estirado la pata antes de que el rey soltero muriese en extrañas circunstancias, y había dejado a un hijo varón para recoger el testigo y asumir la herencia real: el Duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp. Por tanto, éste postulaba por la Corona Sueca presentando su candidatura pero se vio enseguida cuestionado por su tía materna, la Princesa Ulrika-Eleonora de Suecia. El Riksdag tuvo que debatir sobre las dos candidaturas y falló a favor de la única hermana superviviente de Carlos XII.

Retrato del Rey Carlos XII de Suecia (1682-1718), el último representante varón de su dinastía que reinó de 1697 a 1718. A sus 15 años, era el monarca más poderoso de Europa cuyo dominio abarcaba Suecia, Finlandia, los Países Bálticos y parte de Alemania.

La Princesa Real Hedvig Sofia de Suecia (1681-1708), Segunda en la línea de Sucesión al Trono de Suecia y Duquesa de Holstein-Gottorp en 1698; de su marido Federico IV, fallecido en 1702, tan solo tuvo un hijo: Carlos-Federico (1700-1739), presunto heredero de Suecia cuya candidatura sería finalmente deshechada...

Consagrada el 30 de noviembre de 1718 como Reina de Suecia y Gran Duquesa de Finlandia, Ulrika-Eleonora Iª, última representante de su dinastía desde que abdicó la famosa reina Cristina en 1654 (Casa Palatina de Baviera-Zweibrücken), se había casado en 1715 con el Landgrave Federico de Hessen-Cassel (hijo del Landgrave Carlos I y de Amelia de Curlandia, y viudo de un primer matrimonio con la Princesa Luisa de Prusia), muy enamorada. Ansiaba compartir el trono con él, pero los representantes del Parlamento le negaron ese deseo y que la Corona adquiriera esa bicefalia. Eso si, justo antes de coronarla reina, le obligaron a firmar el "deceso" oficial de la monarquía absolutista de sus antecesores (1718), inaugurando así una nueva monarquía parlamentaria con poderes extremadamente limitados y que debía ceñirse a la mera representación del Estado y de la Nación Suecas. A partir de aquel momento, la Corona debía compartir el poder con el Senado y el Riksdag.

Retratos ovalados y emparejados de los Reyes Federico I y Ulrika-Eleonora Iª de Suecia.

El 29 de febrero de 1720, Ulrika-Eleonora Iª abdicaba la corona en su marido, única solución que se le presentaba para que Federico dejara de ser un mero Príncipe Consorte... y éste asumió la dignidad real con el ordinal de Federico I de Suecia. Y, aunque Ulrika-Eleonora dejaba de ser la "Reina" soberana para convertirse oficialmente en la "Reina Consorte" de Suecia, Federico I nunca dejó de tratarla con el respeto y la consideración debida a su posición, pues para él seguía siendo "la Reina" en el más amplio sentido de la palabra.

Un año más tarde, Federico I y el Riksdag conseguían poner fin a la Guerra del Norte, inaugurada con la política belicista y hegemónica de Carlos XII -su cuñado-, firmando el Tratado de Nystad (1721), y en el cual Suecia salía como clara perdedora de un conflicto con Rusia: en virtud del tratado, se cedían a Pedro I de Rusia Livonia, Estonia, Ingria y la Carelia Oriental; a Prusia, aliada de Rusia, se le cedía una parte del ducado de Pomerania, al Elector de Hannover y Rey de Gran-Bretaña Bremen y Verden... Una auténtica sangría que relegaba a Suecia a un segundo rango y la excluía del club de las grandes potencias europeas.

Sin embargo, los reyes de Suecia Federico y Ulrika-Eleonora inauguraron bajo su reinado una época conocida como La Era de la Libertad, asociada a un período de crecimiento económico y un florecimiento cultural importantes para Suecia.

En cuanto al otro candidato, el Duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp, tumbado en las votaciones del Riksdag, se volvió hacia Rusia implorando la ayuda del zar Pedro I que nunca llegaría a materializarse; el zar fallece en 1725, no sin antes concederle la mano de una de sus dos hijas habidas con su antigua amante y segunda mujer, Martha Skavronskaya-Rabbe, que sería a la postre elevada al trono ruso como Catalina Iª. El hijo de ambos, Carlos-Pedro-Ulrico de Holstein-Gottorp, sería más tarde elegido sucesor de su tía la zarina Elisabeth Iª...

La Segunda Dama de Suecia

El 1 de marzo de 1733, Hedvig Ulrika da a luz una hija habida con el Rey: Frederika Wilhelmina, que fallecería a la tierna edad de un año.

Menos de un año después de aquella pérdida, el Rey le confiere el título de Condesa del Sacro-Santo-Imperio (Reichsgräfin), con el beneplácito del Emperador Carlos VI quien emite las Cartas Patentes, convirtiéndola en la flamante Condesa von Hessenstein (1734). De hecho, la figura de Hedvig adquiere un relieve mayor y un gran peso en la corte sueca: el monarca le concede unos elegantes aposentos en el Palacio Real, su propia servidumbre y la presenta oficialmente como su Maitresse-en-Titre, tal y como se estilaban a las amantes del monarca francés.

Croquis del Palacio Real de Estocolmo, sede oficial de la corte y residencia de invierno de la Familia Real Sueca, diseñado por Nicodemus Tessin "el Joven" y levantado tras el fatídico incendio que arrasó el antiguo Palacio Real Tre Kronor de los Vasa el 7 de mayo de 1697. El nuevo palacio no estaría acabado hasta 1754, reinando Adolfo-Federico I.

Un Escándalo de inesperadas proporciones

Huelga decir que aquellas decisiones tomadas por Federico I causaron un gran escándalo y la primera persona en hacérselo saber, fue la reina Ulrika-Eleonora, tremendamente dolida como mujer y esposa. Indignada, furiosa, se encerró a cal y canto en sus aposentos, negándole la entrada a su marido... Pero hubo más: el clero se negó a rezar por alma del rey "con dos mujeres" en las iglesias; empezaron a circular todo tipo de pamfletos satíricos por las calles de Estocolmo y la opinión pública se decantó por la Reina, a la que se consideraba injustamente humillada e insultada... Y es que Ulrika-Eleonora era extremadamente popular, gozaba de una intachable reputación y era muy piadosa, por lo que el clero le era devoto.

La situación se agravó cuando el propio Gobierno le recordó al Rey su promesa de tratar a la Reina con el debido respeto, y que había formulado públicamente cuando ella abdicó a su favor. Federico I tuvo que declarar públicamente ante el Parlamento sobre su relación con Hedvig Ulrika Taube y desmentir el falso rumor por el cual se aseguraba que se había casado en secreto con la Condesa von Hessenstein. Y, desde luego, preguntó a sus interlocutores qué tenía que ver el respeto y la gratitud debidas a la Reina con su vida privada.

Ni corto ni perezoso, Federico I había escrito una carta a la Reina para recomendarle que protegiese a Hedvig Ulrika Taube, en el caso de que él falleciera antes.

La Reina tenía de su lado a todos los obispos que sentaban en el Parlamento, y a un buen número de diputados que le eran favorables, por lo que éstos osaron presentar al Rey un escrito reprochándole su bochornosa conducta, y poniendo a caer de un burro a la Condesa von Hessenstein. Federico I se negó a recibir aquella insultante carta y recordó al Gobierno que había prometido jamás inmiscuirse en sus asuntos personales, que su vida privada era un asunto que solo le concernía a él y a nadie más.

La condesa hizo luz de gas y pretendió estar enferma cuando requirieron su presencia para admonestarla públicamente delante de la Reina. Aquella excusa no sirvió para disuadir a aquellos que le reprochaban su indecente adulterio con el Rey; forzaron la puerta de sus aposentos y ella, en la cama y con media cara cubierta por un velo, tuvo que soportar la lectura del famoso escrito de los obispos, y oírse llamar por estos moralistas de pacotilla "La Pecadora Pública"...

"No tengo idea del por qué del disgusto de Su Majestad..." declaró inocentemente la condesa von Hessenstein. Y aquellos volvieron a la carga contra ella, amenazándola con expulsarla del país; y la condesa replicó que era fácil amenazar a una indefensa chiquilla como ella, pero que ella no se merecía tanta consideración al no haber jamás metido baza en asuntos del Estado ni ejercido influencia alguna en la política del país.

Y la respuesta de Hedvig dio en el blanco. Nunca jamás se había involucrado en la alta política: se había limitado a ejecutar los deseos del soberano encaprichado de ella, y de sus familiares para salvarles de la ruina.

La Favorita Discreta

Hedvig-Ulrika Taube, Condesa von Hessenstein (1714-1744), retratada con hábito de monja...

La condesa, ciertamente, vivía como una infeliz y llevaba una vida extraordinariamente discreta. Tras su primera aparición oficial en la corte (1735), después de todo aquel escándalo desatado, y que supuso un esperado desaire de la Reina en semejante evento (argumentó que se encontraba indispuesta y guardó cama), Hedvig nunca volvió a aparecer en ninguna celebración cortesana. Bastantes humillaciones le había costado ser la "Puta del Rey" y ya estaba escarmentada.

Nunca quiso encarnar el papel de una Marquesa de Montespan a la sueca, y a los embajadores extranjeros que le rendían pleitesía con la intención de obtener su preciosa influencia sobre el Rey en asuntos políticos, la Condesa von Hessenstein desviaba ingeniosamente las conversaciones hacia temas más triviales sin dejar de lado la cortesía. Lo mismo hacía con los solícitos cortesanos, que esperaban de ella favores, ascensos y pensiones... Solo se limitaba a beneficiar a la gente que consideraba merecedora de su confianza.

Sin embargo, Hedvig se convirtió en la protectora de artistas y su pequeña corte rivalizaba con la de la Reina, notablemente religiosa e intelectual. Patrocinó sobretodo al poeta Olof von Dahlin, considerado como el poeta de la corte y, de forma indirecta, jugó realmente un importante papel político en Suecia al ejercer su influencia para ciertos nombramientos ministeriales. Se decía entonces que bastaba su recomendación para que tal o cual personaje se convirtiera en el favorito del Rey y merecedor de un secretariado o ministerio.

Retrato del Conde Arvid Bernhard Horn de Ekebyholm (1664-1742) Presidente del Consejo Privado del Rey y Canciller de Suecia en dos ocasiones (1710-1719 / 1720-1738), era un militar, diplomático y estadista brillante asociado a "la Era de la Libertad", que se opuso con vehemencia al reconocimiento oficial de la Condesa von Hessenstein como "Amante Real" del Rey...

Pronto su corte pasó a ser el centro del Partido de Gyllenborg, que se oponía abiertamente al de Arvid Horn, enemigo declarado de la favorita (más por su papel de amante del Rey que por su persona), y de hecho, ella misma favoreció a Horn porque compartía con él ese rechazo a la figura de Maitresse-en-Titre, que ella misma detestaba. Tuvo incluso el elegante gesto de abstenerse de cualquier influencia durante las elecciones de 1739.

Retrato del Conde Carl Gyllenborg (1679-1746), Canciller de Suecia de 1739 a 1746, y cuyo partido político (los "Sombreros") solía reunirse en los aposentos de Hedvig-Ulrika Taube. En 1739, salió vencedor en las elecciones del Parlamento después de convencer a los miembros de la Dieta de 1738, sucediendo como Primer Ministro a su rival Arvid Horn (jefe del partido de los "Gorros")...

El 10 de marzo de 1735, Hedvig daba a luz a un segundo bastardo real bautizado con los nombres de pila de Fredrik Vilhelm, más conocido con el nombre de "Príncipe von Hessenstein". Dos años más tarde, el 26 de noviembre de 1737, nacía otro bastardo: Karl Edvard, conocido bajo el título de "Conde von Hessenstein" y que fallecería soltero en París, en 1769. El dibujante, retratista y acuarelista francés Carmontelle le retrataría entre una pléyade de afortunados aristócratas y príncipes franceses o extranjeros que se morían por ser inmortalizados por él, y que valga aqui la contradicción.

Retrato de Karl Edvard, Conde von Hessenstein (1737-1769), según Carmontelle. Era el segundo hijo natural habido del rey Federico I de Suecia con Hedvig-Ulrika Taube...

Pese al paso de los años, la indignación popular de que el Rey tuviese a una favorita no cesó; abundaron los debates sobre el adulterio del soberano en el seno del Parlamento, y se sucedieron esporádicamente contribuyendo a la impopularidad de Federico I.

En 1739, la Reina Ulrika-Eleonora, que nunca desistió en su lucha contra la Condesa von Hessenstein, usó de todas sus influencias para que fuese expulsada del país junto con sus dos bastardos, y asignados a residencia en el landgraviato de Hessen-Cassel. Pero Hedvig y sus hijos fueron interceptados por el Rey en Nyköping, donde Federico I la reclamó para que le acompañase en sus cacerías, haciendo que se anulasen las disposiciones de la Reina. En esa incansable lucha de influencias, el Rey ganaría la partida consiguiendo que Hedvig jamás abandonase el país.

Mala perdedora, la Reina rehusó abandonar sus habitaciones a lo largo de dos semanas, librándose a todo tipo de pataletas, lloros y rabietas... Los rumores de entonces señalaron a la condesa como la causante del lento declive de la salud de la Reina, que enrabiaba de impotencia al ver lo inútiles que resultaban sus gestiones para borrarla del mapa. Hedvig parecía inmune a todas sus amenazas...

Y si la condesa von Hessenstein seguía siendo la Favorita Real, Federico I no dejó por ello de utilizar paralelamente los servicios de numerosas prostitutas para satisfacer su libidinosidad enfermiza, y sus encuentros sexuales se multiplicaron asombrosamente. No le hacía ascos a nada, mientras aquello sirviera para apagar su sed de sexo.

En noviembre de 1741, la Reina Ulrika-Eleonora contrajo la viruela, enfermedad contagiosa que la llevó irremisiblemente a la tumba el 24 del mismo mes.

En 1743, Hedvig sería oficialmente presentada al Príncipe Heredero de Suecia, Adolfo-Federico de Holstein-Gottorp-Eutin, y el 9 de diciembre del mismo año, daría a luz por cuarta vez a su segunda hija habida con Federico I, Hedvig Amalia, Condesa von Hessenstein, y que fallecería con tan solo 9 años de edad (1752).

En 1744, otra vez preñada por su real amante, el parto se complicó y se tradujo en un fatal desenlace para ella y la niña. Hedvig y la recién nacida fallecieron a pocas horas de diferencia y serían ambas sepultadas en la iglesia de Strängnäs.

Retrato de Federico I (1676-1751), Rey de Suecia de 1720 a 1751, Landgrave de Hessen-Cassel de 1730 a 1751. La muerte de Hedvig-Ulrika Taube en su quinto parto no le afectó y mostró públicamente su indiferencia en compañía de meretrices... Con los sucesivos embarazos y el paso de los años, la favorita había engordado y perdido la frescura de su juventud.

Tras la muerte de Hedvig, Federico I se mostró públicamente en compañía de numerosas prostitutas, riendo y bromeando sonoramente en las calles de Estocolmo, haciendo gala de su indiferencia...

Apenas un año después, en 1745, Federico I reemplazó a la difunta con otra favorita oficial, la hermosa Catherina Ebba Horn, que fue públicamente presentada en la corte y agraciada con el título de condesa del Sacro Santo Imperio; sin embargo, su relación con el Rey finalizó cinco años después y fue ampliamente perdonada por la Historia...

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DESIREE CLARY, 1777-1860 -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 6 may En: Biografías Reyes de Suecia - 5 comentarios

DÉSIRÉE CLARY

1777 - 1860

"UNA FRANCESA EN EL TRONO DE SUECIA"


PRÍNCIPES HEREDEROS DE SUECIA

Charles Jean-Baptiste Bernadotte, Príncipe de Pontecorvo y Mariscal de Francia, fue elegido nuevo "Kronprins" de Suecia -Príncipe de la Corona de Suecia-, el 21 de agosto de 1810. Su mujer, Désirée Clary-Bernadotte, fue entonces saludada, como es natural, con el título de "Kronprinzessin de Suecia" y su hijo, Oscar Bernadotte, recibió el título de príncipe real de Suecia. Se hizo, por tanto, urgente que el flamante heredero de Suecia abandonara París para trasladarse sin más dilación a Estocolmo para que iniciara de inmediato su formación y aprendiera la lengua y costumbres de su patria adoptiva. Con las bendiciones del emperador Napoleón I, marchó pues Bernadotte y embarcó con su hijo Oscar y su esposa, dejando con tristeza su castillo de La Grange.

Désirée deseó retrasar su partida para ir sobre seguro y decidió darse un tiempo de espera prudencial hasta que su marido se encontrara debidamente establecido. Extraoficialmente, se puede decir que, a base de una avalancha de excusas, Désirée intentó evitar hasta el último momento su partida y tener que abandonar su querido París y su país. Pero su marido lo había dispuesto todo para que los tres acudiesen a Estocolmo y embarcaron sin más dilación para Suecia.

Para su marido era imperativo que Oscar se fuera con él a Estocolmo, aprovechando su tierna edad (11 años), idónea para que el niño se aclimatara más rapidamente y aprendiera con más soltura el sueco y las costumbres de la patria sobre la que iba a reinar algún día. Con inteligencia, Désirée no se opuso y dejó la formación de su hijo en manos de su padre.

Si la acogida en Estocolmo fue apoteósica, dada la fama y la popularidad de Bernadotte, los casi dos años de estancia de Désirée en tierra extraña no fue tan idílica como se esperaba. Conoció al rey Carlos XIII, a su esposa la reina Hedwig-Elisabeth-Charlotta y a la princesa Sofia-Albertina, hermana del monarca, y parecieron no sintonizar muy bien con Désirée. Ella, que nunca perdió la característica sencillez marsellesa y que no se dejaba impresionar por nada, chocó frontalmente con las afectadas a la par que frías maneras de la corte sueca: había mucha deferencia hacia su persona, mucha reverencia pero exenta de calor humano. Désirée intentó ser flexible en su trato con la Familia Real y acomodarse tan buenamente como podía con las personas que le rodeaban, pero acabó harta: reconoció que los distintos miembros de la familia real le trataban con respeto y simpatía, pero se quejaba del excesivo esnobismo de la reina y de su cuñada respecto a ella. A esto se sumaba el trato dispensado por los cortesanos suecos, que se le antojaba tan gélido como el invierno del país, y el hecho de que no entendiera ni jota de sueco agravaron su mala impresión.

En 1811, Désirée afrontó el problema y se lo planteó a su marido, esgrimiendo su nostalgia por París, sus naranjos y su castillo de La Grange, sus amigos y familiares a los que había dejado atrás en 1810. Como no parecía encajar en el ambiente de la corte sueca, decidió buenamente marcharse y regresar a casa, dejando en Estocolmo a su marido y a su hijo, cuya formación requería que permaneciese en Suecia de forma definitiva.

A Désirée le quedaban sus dos hermanas, Rose de Saint-Joseph y Julie Bonaparte, reina de España, y los hijos e hijas de aquéllas, sus sobrinas y sobrinos. Siguió residiendo en Savigny y París, en familia, y visitando de vez en cuando la corte de Napoleón I. Así podía informar por medio de sus cartas a su marido en Estocolmo, de todo lo que acontecía en París con noticias de primera mano.

Retrato de los Kronprins o Príncipes Herederos de Suecia: Carl Johan Bernadotte y Désirée Clary-Bernadotte, según un grabado sueco de la época.

Grandes Armas de la Casa Real Sueca, con el escusón de la nueva dinastía Bernadotte.

De Estocolmo le venían inmejorables noticias de puño y letra de su esposo: Charles Jean-Baptiste Bernadotte había "conectado" de maravilla con su "padre adoptivo" el rey Carlos XIII, la reina Hedwig Elisabeth Carlota y con la princesa Sofía Albertina de Suecia. Acostumbrado a la disciplina de la vida militar, Bernadotte se hizo inmediatamente con las costumbres de la corte sueca donde la puntualidad, la cortesía y el respeto de la etiqueta eran norma. Al rey le entusiasmó su "hijo adoptivo" y le rodeó con todo el cariño de un padre tardío que nunca había tenido hijos propios, guiándole en su camino de aprendizaje. La satisfacción de Carlos XIII era patente: Bernadotte era un alumno excelente, que aprendía con facilidad y que ya sabía bastante de la historia del pueblo sueco antes de desembarcar en la capital. Lo sorprendente es que se revelaba como un auténtico sueco de corazón y de mente. Se le dió apartamento propio en palacio, mando en el ejército y asiento preferente en los consejos de ministros, al lado del rey. Abjuró del catolicismo y abrazó el luteranismo, y tomó interés por cualquier asunto sueco, adoptando oficialmente el nombre de Carl Johan (Carlos Juan).

Carlos XIII, Rey de Suecia (1748-1818), retratado por Per Krafft en 1815, el cual le representa mirando y apoyando una mano sobre la columna que sostiene un busto de su hijo adoptivo y heredero Carl Johan Bernadotte...

El Kronprins Carlos Juan de Suecia y su hijo el Príncipe Real Oscar, Duque de Södermanland, en uniforme militar y a caballo, representados en un grabado de la época.

Sin embargo, los intereses de su nueva patria chocaban con los de Francia. Y si en un principio cedió ante las directrices de Napoleón y declaró la guerra a Gran-Bretaña, se desdijo de su alianza en 1812 y firmó un tratado de alianza con el emperador Alejandro I de Rusia. Así las cosas, y después del tremendo bombardeo de Estocolmo por parte de la armada británica, Suecia se alió con Rusia, bajo influencia de Bernadotte, en pro de sus intereses y contraviniendo las directrices de Napoleón. En 1813, Suecia entraba definitivamente en la coalición europea contra Francia, por la puerta grande ya que Bernadotte aportaba a ésta un ejército de 30.000 hombres y su conocimiento de las tácticas napoleónicas. Se puede uno imaginar con qué alegría debieron de recibir los coalicionados semejante noticia, mientras que en París Napoleón recibía el gesto de Bernadotte como una puñalada trapera. Para colmo, la balanza de la fortuna dejaba de inclinarse a favor de Napoleón para inclinarse en el campo de la coalición...

El ejército sueco, dirigido por Bernadotte, obtuvo su primera victoria al derrotar al mariscal Oudinot en la batalla de Gross-Beeren el 23 de agosto de 1813. No contento con ello, batió en Dennewitz al mariscal Ney el 6 de septiembre del mismo año. Llevaría con brillantez su tercera proeza en la batalla de Leipzig, entre el 16 y 19 de octubre, mostrando su dotes para la maniobra aunque evitando enfrentarse directamente con su rival francés. El Imperio Napoleónico empezaba a desmoronarse con tantos y sucesivos reveses militares...

Durante la campaña de Francia, en 1814, Bernadotte tiene el mando del Ejército del Norte e invade su antigua patria atravesando Holanda y Bélgica. Sin ser determinante, su papel fue clave en el repliegue del Ejército Imperial Francés. Hay quien hablaría de él como futuro rey de Francia, una vez depuesto Napoleón, pero no será el caso; en contrapartida obtiene para Suecia el reino de Noruega en detrimento de Dinamarca, el 14 de enero de 1814, para recompensar sus servicios.

Désirée Clary-Bernadotte, Princesa de Pontecorvo y Princesa Hda. de Suecia (1777-1860), en un grabado que reproduce su retrato hecho en Mortefontaine...

Y mientras su marido combate a los franceses, formando parte de una coalición cada vez más fuerte y determinada en su idea de acabar con Napoleón, la situación de Désirée en París se degrada irremediablemente. Tiene que soportar las iracundas recriminaciones del emperador y oír de su boca que su marido es un ingrato y un traidor a su patria. Más de una vez, Désirée vuelve a su casa bañada en lágrimas por todo cuanto oye, y se retira definitivamente en La Grange. Al retroceso del Ejército Napoleónico en todos los frentes, se suma la retirada de su cuñado José Bonaparte de España, pisándole los talones ingleses y españoles. En consecuencia, y ante la imposibilidad de afianzarse en Madrid, José abdica la corona española y regresa a Francia: Julie Clary deja entonces de ser reina de España ese año de 1813. Y mientras José vuelve con el rabo entre las piernas, Napoleón resuelve liberar a su reo el rey Fernando VII (entonces prisionero en el castillo de Valençay) y devolverle a la frontera franco-española.

Retrato del Emperador Napoleón I (1769-1821), en su famoso "Gabinete Rojo" del Palacio Real de Fontainebleau, donde abdicó en favor de su hijo el Rey de Roma antes de abandonar el país; cuadro de Paul Delaroche.

Cansados y desmoralizados los mariscales franceses de tanta guerra y tanta derrota, acabaron por pedir al emperador que cesaran las hostilidades y que se concertara la paz con las potencias coaligadas (Rusia, Prusia, Suecia, Gran-Bretaña y Austria); para ello, era necesario que Napoleón I abdicara formalmente y se retirase fuera del territorio galo. Puesto entre la espada y la pared, el emperador decepcionado dejó caer: "¿los señores quieren descanso? Pues que descansen."

Las deserciones se han hecho alarmantes.

El Príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838), Príncipe de Benevento y vice-canciller del Imperio. Gracias a él, Francia pudo salir airosa de la derrota napoleónica y pasó de un régimen imperialista autoritario a una monarquía constitucional refrendada por las demás potencias europeas, conservando gran parte de sus conquistas territoriales y políticas...

Y mientras el príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, el hombre fuerte del momento, reunía con urgencia el Senado Imperial para reclamar que se depusiera al emperador y se estableciera un gobierno provisional (bajo su dirección) para el bien de Francia, Napoleón, asediado por sus mariscales firmó finalmente la carta de su abdicación ante ellos en su gabinete rojo del Castillo Real de Fontainebleau, el 6 de abril de 1814. En compensación, los coalicionados le entregaban la soberanía de la diminuta Isla de Elba a modo de "exilio dorado y honorable".

Con un puñado de fieles, Napoleón I abandonaba Fontainebleau y tomó el camino que le llevaba a aquel islote del Mediterráneo. En el transcurso de su viaje, sufrió no pocas agresiones, insultos y apedreamientos, dándole a entender que los franceses habían dejado de quererle.

En cuanto a Désirée, su situación mejoró sensiblemente. Los ejércitos de la coalición entraron en París, la agasajaron como una soberana y Bernadotte se reencontraba con ella. Habían sido 2 años angustiosos para ella, llenos de tensiones y con una posición harto delicada!

DE PARÍS A ESTOCOLMO

El reencuentro de Désirée y su marido en París tiene lugar en la primavera de 1814, sobre un trasfondo de triunfantes desfiles militares, con emperadores y reyes vencedores pululando por la capital. Los parisinos observan asombrados a los cosacos de Alejandro I acampados en medio de los Campos Elíseos, mientras en las reuniones se baraja devolver el trono galo a su legítimo propietario, el rey Luis XVIII, un Borbón que había peregrinado por toda Europa para finalmente instalarse en Gran-Bretaña donde, vencido por las desilusiones, había comprado el castillo de Hartwell. Después de 20 años de exilio forzoso, este hermano del guillotinado Luis XVI de Francia había recobrado su esperanza al ver caer a su eterno rival Napoleón. El hombre que defendía su retorno como única solución para la estabilidad política en Francia, era el hábil Talleyrand; y supo argumentar tan bien las posibilidades que ofrecía a los aliados el rey exiliado, que Alejandro I de Rusia apoyó su retorno. Dicho y hecho, Luis XVIII abandonó las Islas Británicas para proceder a la Restauración de su dinastía, figurando como garante de que Francia dejaría de amenazar a Europa como lo hizo con Napoleón.

Retrato de Luis XVIII "el Deseado" (1755-1824), Rey de Francia de 1814 a 1824; el hermano de Luis XVI recuperaba el trono de sus antepasados tras sufrir 20 años de exilio en diversos países europeos, y ver diferentes regímenes sucederse en Francia: una revolución, una república corrupta, un consulado y un imperio...

De talante liberal, Luis XVIII ofrecía a los franceses una constitución y una monarquía respetuosa con las conquistas sociales conseguidas con la Revolución de 1789, y un Gobierno elegido en las urnas. ¡Menuda diferencia con la autocracia del depuesto Napoleón !

El Senado Imperial aclamó Luis XVIII y París se rindió a sus pies. El inicio de su reinado trajo consigo a toda esa irreductible flor y nata de la aristocracia gala que se había exiliado en 1789, y el rey debió hacer de pies y manos para intentar reconciliar a las dos Francias. Los enfrentamientos entre bonapartistas y monárquicos fueron inevitables.

El pequeño caporal ya estaba en la Isla de Elba, gobernando con mano firme su "huerta" isleña, y prometiendo a sus fieles que volvería a París para la próxima primavera. Y, en efecto, cumplió con su promesa... El 1 de marzo de 1815 desembarcó en el Golfo Juan, iniciando su reconquista de Francia "de campanario en campanario" hasta divisar las torres de Notre-Dame, para mayor espanto de los aliados y del rey Luis XVIII. Éste, traicionado por el mariscal Ney (que se lanzó a los brazos de Napoleón), tuvo que abandonar París y refugiarse en Gante.

Si el golpe de Napoleón fue teatral con su retorno, el efecto fue efímero y a la larga tremendamente perjudicial para Francia. El Imperio de los Cien-Días acabó en desastre con la fatídica batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Napoleón I se había encontrado en París sin su esposa, la emperatriz Mª Luisa de Austria, y sin su hijo el rey de Roma, retenidos en Viena, y frente a unos parisinos reivindicando derechos constitucionales que no pensaban dejar de lado. La era del absolutismo imperial había pasado a mejor vida.

Finalmente, y pese a la táctica de sembrar confusión entre sus adversarios, Napoleón constató que había jugado su última carta y que la había perdido en Waterloo. Intentó exiliarse a Estados Unidos, pero detenido por los británicos, fue enviado a una isla de mala muerte en el océano atlántico del sur, la Isla de Santa-Elena, frente a las costas africanas, y de la cual solo saldría con los pies por delante. Su aventura había terminado. Y Francia tuvo que soportar una humillante ocupación militar extranjera de 2 años, y la pérdida de sus conquistas territoriales posteriores a 1792. El hábil y conciliador rey Luis XVIII y su inestimable ministro plenipotenciario Talleyrand, supieron afortunadamente defender más allá de lo esperado los intereses de su patria en el Congreso de Viena, saliendo Francia bastante aventajada.

Retrato de Carlos Juan Bernadotte, Kronprins de Suecia (1763-1844); gracias a su entrada en la coalición europea contra Napoleón I, su país adoptivo consiguió hacerse con el reino de Noruega tras el Congreso de Viena, entonces posesión de Dinamarca y aliada del Imperio Francés.

La contienda terminada, Carlos Juan Bernadotte regresó a Estocolmo como un general victorioso: había conseguido Noruega para la corona sueca. Sin embargo, Désirée prefirió permanecer en Francia, y retrasó por enésima vez su partida. En ese tema era misión imposible convencerla. No había temido el retorno del emperador Napoleón, al que calificaba de "buen chico" sin rencor alguno; incluso éste le rindió visita en el momento de su regreso a París. Désirée era una de las pocas caras conocidas que quedaban en Francia, ya que sus hermanos y cuñadas andaban exiliados desde 1814, y la emperatriz Josefina había muerto repentinamente, quizás envenenada...

Retrato de Désirée o Desideria Clary-Bernadotte, Reina de Suecia y de Noruega.

Su primer contacto con sus futuros súbditos suecos, lo tuvo en la primavera de 1814, cuando recibió a su marido y a la plana mayor de los oficiales. Se los ganó haciendo caso omiso de los ataques de furia de Bernadotte, asegurándoles que "no tuvieran miedo de él, pues era incapaz de matar a un pollo."

Apareció como una princesa heredera conciliadora, y su natural simpatía y encanto hicieron el resto para hacerla popular entre los suecos.

Sin embargo tardó 13 años en decidirse a trasladarse a Estocolmo!

Para ella, Suecia estaba demasiado lejos de Francia; su clima era tan frío y sus inviernos parecían tan largos, que no sentía la necesidad de hacer las maletas.

A Talleyrand le confesó: "¡Qué tristes son las cortes cuando no se ha crecido en ellas!"

Pero no podrá retrasar por más tiempo su marcha. Los suecos exigen ver y conocer a su futura reina.

¡VIVA LA REINA!

Carlos XIV Juan IV Bernadotte, Rey de Suecia y de Noruega (1763-1844) -como monarca de Noruega llevaba el nombre y ordinal de Carlos III-, representado con los atributos reales y revistiendo los ropajes regios.../ En la ilustración inferior, coronación de Carlos XIV Juan de Suecia como rey de Noruega en 1818.

En 1818, el rey Carlos XIII de Suecia y su esposa Hedwig fallecieron en espacio de poco tiempo, y Bernadotte fue proclamado rey de Suecia y de Noruega bajo el nombre de Carlos XIV Juan, con el habitual boato que requería tal ceremonia. Pero la más importante, la de la coronación, se pospuso ya que no iba a tener lugar hasta que llegara su esposa Désirée a Estocolmo. Se había instaurado la más joven de las dinastías de Europa y, lo más curioso, es que fuera el único mariscal de la epopeya napoleónica que, después de atravesar la Revolución y el 1er Imperio, consiguiera afianzarse en un trono.

Retrato de Désirée Bernadotte, Reina de Suecia y de Noruega (1777-1860).

Por fín convertida en reina de Suecia, Désirée se tomó su tiempo para preparar su largo viaje hacia su nueva patria. Había fallecido su padre desde hacía 24 años, su madre murió en 1815, y su hermana Julie, la ex-reina de Nápoles y de España, convertida en princesa Bonaparte errante, se había refugiado en Toscana donde fallecería en 1845... La aventura napoleónica había terminado y no quedaba nadie que pudiera retenerla en Francia, aparte de su hermana Rose. Francia había cambiado, Luis XVIII estaba definitivamente instalado en el Palacio de las Tulerías y la ex-familia Imperial se hallaba desperdigada y exiliada.

La Corona de Luisa-Ulrika o corona de las Reinas de Suecia, debe su nombre a su primera poseedora Luisa-Ulrika de Prusia, consorte del rey Adolfo-Federico I de Suecia y serviría a las siguientes reinas consortes suecas, entre ellas a la reina Désirée... (Tesoro de la Corona, Armería Real, Palacio Real de Estocolmo, Suecia).

El hijo de Désirée, Oscar, se había convertido en el nuevo Kronprins de Suecia en ese año de 1818, con 19 años y ya se estaba fraguando su posible enlace con alguna princesa europea. Por ese motivo, Désirée dejó de hacerse rogar, mandó hacer sus baúles y planeó su viaje a la fría Suecia, ¡aunque no llegaría a Estocolmo hasta el año 1823!

En suma, Désirée se hizo esperar a lo largo de 13 interminables años, desde que en 1810 su marido había sido designado hijo adoptivo y sucesor en el trono del rey Carlos XIII de Suecia.

Por fin desembarcada y calurosamente acogida en la capital sueca, Désirée se instaló en el palacio real junto a su marido e hijo, y tuvo su reencuentro con la última princesa superviviente de la anterior dinastía, Sofía Albertina, hermana de los reyes Gustavo III y Carlos XIII, y tia del destronado Gustavo IV Adolfo (que vivía exiliado en Alemania con mujer e hijos), que vivía en otro palacio de la capital.

El Kronprins Oscar de Suecia (1799-1859), hijo y heredero de Carlos XIV Juan y de Désirée, y futuro rey de Suecia y de Noruega bajo el ordinal de Oscar I. Retrato según Karl Stieler.

El mismo año, el rey Carlos XIV anunció a los suecos el inminente enlace de su hijo Oscar con la princesa Josefina de Beauharnais-Leuchtenberg (1807-1876), hija del príncipe Eugenio de Beauharnais y de la princesa Augusta Amalia de Baviera, duques de Leuchtenberg. Era pues la novia, de tan solo 16 años, nieta de la desaparecida emperatriz Josefina de Beauharnais y del rey Maximiliano I de Baviera.

La Princesa Josefina de Beauharnais von Leuchtenberg (1807-1876), Princesa Hda. de Suecia y de Noruega tras casarse con Oscar...

La boda tuvo lugar en Estocolmo en 1823 y, tres años después, la flamante princesa heredera dió a luz a su primer hijo, Carlos (futuro rey Carlos XV). Le siguieron a éste 5 más...

Tras nacer en 1826 el heredero, Carlos, nacieron los príncipes Gustavo en 1827, Eugenia, Oscar en 1829 y Augusto, duque de Dalecarlia, en 1831. Con tantos retoños, la dinastía Bernadotte veía asegurada su continuidad en el trono sueco.

La Familia Real Sueca al completo: de izq. a derecha, el príncipe Oscar -futuro rey Oscar II-, la reina Désirée, su nuera la Princesa Hda. Josefina de Beauharnais-Leuchtenberg, los príncipes Augusto y Eugenia, el kronprins Oscar -futuro rey Oscar I-, el rey Carlos XIV Juan y los príncipes Carlos -futuro rey Carlos XV- y Gustavo de Suecia. / Abajo, en la ilustración, la genealogía de la Dinastía Bernadotte partiendo de Carlos XIV Juan y Désirée Clary.



La primera visita oficial de la reina de Suecia tuvo lugar en Escania, donde los habitantes la recibieron gritando "Vi ville ha rein!", frase que Désirée interpreta literalmente en francés como "Vive la reine!" (viva la reina). Emocionada, confía su alegría a su chambelán, un buen hombre que no se atreve a decirle que, en realidad, esa frase significa "¡Queremos lluvia!". Y con tal de que la soberana esté contenta y se lleve una buena impresión de los campesinos escanios, el chambelán opta por callar y dejar a la reina disfrutar de su primer contacto con el pueblo sueco.

La Reina Désirée de Suecia y de Noruega (1777-1860), en un retrato oficial realizado en 1822.

Retrato del Rey Carlos XIV Juan de Suecia y de Noruega (1763-1844), fechado en 1840.

A partir de entonces, Désirée se permite volver con frecuencia a París, haciendo estancias cortas para apaciguar su "mal del país", siempre nostálgica de sus tiempos parisinos, del clima francés y de sus viejas amistades.

Cuando en 1844 fallece su marido Carlos XIV, decide dejar en primer plano a su hijo Oscar I y a su nuera Josefina, nuevos soberanos de Suecia, retirándose a la localidad sueca de Karlskrona en 1853. Pero su retiro voluntario provoca que sus súbditos protesten y reclamen su retorno a Estocolmo, donde se la echa mucho de menos. Finalmente, Désirée se avino a dejar Karlskrona para regresar a la capital para complacer a los suecos, permaneciendo en palacio y gozando de la vida familiar con sus hijos y sus nietos, y rodeada siempre de las muestras de respeto y amor de sus súbditos.

En 1859 tuvo la desgracia de ver morir a su hijo, el rey Oscar I. Su tristeza fue mitigada en parte al ver a su nieto primogénito, Carlos XV, subir también al trono. Pero estaba cansada y su salud se había resentido de la pérdida de su marido y de su único hijo.

En diciembre de 1860, con sus 83 años ya cumplidos en noviembre, hizo su última comparecencia pública en el palco real del teatro de la Ópera de Estocolmo. Regresó a palacio muy fatigada... Poco después, el 17 del mismo mes, falleció tranquilamente rodeada por su nuera, sus nietos y bisnietos, en sus aposentos del palacio real.

Désirée Clary & Carlos XIV Juan Bernadotte

Datos complementarios

-Désirée Clary, nacida en Marsella el 9 de noviembre de 1777 y fallecida en Estocolmo el 17 de diciembre de 1860, a la edad de 83 años, se casó en Sceaux (región parisina) el 17 de agosto de 1798 con Jean Baptiste Jules Bernadotte, mariscal de Francia, nacido en Pau el 26 de enero de 1763 y fallecido en Estocolmo el 8 de marzo de 1844. Tuvieron un único hijo varón: Oscar, nacido en 1799.

-El matrimonio Bernadotte adquiere el castillo y la propiedad de La Grange, en Savigny-le-Temple (departamento de Seine-et-Marne), en 1800. Antigua sede de una comandancia de la Orden Templaria en ruinas. Reconstruyen el castillo en el estilo del s. XVIII.

-Príncipes y duques de Pontecorvo (en Nápoles, Italia), por concesión imperial de Napoleón I, emperador de los Franceses, en 1806.

-Concesión Imperial de escudo de armas para los miembros de la Familia Clary, y el título de Conde del Imperio (Conde Clary) a favor de Nicolas, hermano mayor de Desirée y Marie-Julie, en 1806. Blasón: en campo de azur 3 espigas de oro bien ordenadas, un sol radiante en jefe y una luna creciente en punta, también de oro.

-Príncipes Herederos de Suecia el 21 de agosto de 1810. Bernadotte renuncia a la religión católica para abrazar la fe luterana; adopta los nombres de pila de "Carl Johan" (Carlos Juan).

-Príncipes Herederos de Noruega en 1814.

-Fallece en 1815 la madre de Désirée Clary, Rose Françoise Somis (1737-1815), viuda de François Clary (1725-1794), y madre de 3 hijas y de 1 hijo.

-Reyes de Suecia y de Noruega el 5 de febrero de 1818.

-Désirée abandona definitivamente Francia y se traslada a Estocolmo en 1823. El mismo año, su hijo Oscar, Kronprins de Suecia y de Noruega desde el 5 de febrero de 1818, contrae matrimonio con Josefina de Beauharnais y Baviera, Princesa de Leuchtenberg (1807-1876), hija de S.A.I. Eugenio de Beauharnais, Vizconde de Beauharnais y Príncipe Imperial, Duque de Leuchtenberg, y de S.A.R. la Princesa Augusta-Amalia de Baviera, Duquesa de Leuchtenberg. Cinco hijos: 4 varones y 1 hija.

-1823: Désirée cede su castillo de La Grange, en Savigny-le-Temple, a su hermano mayor Nicolas Clary, Conde Clary (concesión imperial de Napoleón I).

-1844: el 8 de marzo fallece Carlos XIV Juan Bernadotte, Rey de Suecia y de Noruega.

-1845: el 7 de abril fallece Marie Julie Clary (1771-1845), esposa de José Bonaparte, ex-rey de Nápoles y ex-rey de España, del cual tuvo 3 hijas, sobreviviendo solo dos: Zenaïda Bonaparte (1801-1854) y Carlota Bonaparte (1802-1839).

-1846: fallece Nicolas Clary, hermano de Désirée; deja en heredad a su hijo François Jean, Conde Clary, senador y alcalde de Savigny-le-Temple, la propiedad y el castillo de La Grange. Éste moriría en 1889. Su viuda, Sidonie Talabot, Condesa vda. Clary, donará en 1906 a la comunidad de Savigny, su Escuela Femenina. En la 2ª mitad del s. XX, el castillo de La Grange se convierte en una fundación de lucha e investigación contra el cáncer.

-1859: fallece el único hijo de Désirée, Oscar I Bernadotte, Rey de Suecia y de Noruega desde el 8-III-1844. Le sucede su hijo primogénito Carlos XV (1826-1872).

-1860: el 17 de diciembre fallece Desirée Clary-Bernadotte, Reina Vda. de Suecia y de Noruega, a los 83 años de edad, en el Palacio Real de Estocolmo.

A propósito del mariscal Bernadotte

-En sus memorias, el militar Suremain dejó anotado que el mariscal Bernadotte era físicamente un calco del "Gran Condé" (Luis II de Borbón, 4º Príncipe de Condé), cuya semejanza extraordinaria era confirmada no solo por los retratos del gran general de Luis XIV, sino también por su apostura que le valía el apodo de "Sargento Hermosa Pierna", la nobleza de su tono, su exquisita educación y sus grandes cualidades de guerrero.

-El médico Pourmiès de La Siboutie, anotó que el mariscal llevaba tatuado en el brazo un gorro frigio con la leyenda "Muerte a los Reyes", desde 1792.

-Löwenstern dijo de él: "se distinguía por su imponente figura y su porte aristocrático. Era adorado por sus inferiores. Los sajones que estaban a sus órdenes le amaban y respetaban profundamente. Napoleón aún juzgandole con justicia por su gran talento, no le quería."

-En su exilio de Santa-Elena, Napoleón I dijo de él: "Se ha mostrado ingrato hacia mi, yo que fui el autor de su ascensión; pero no puedo decir que me haya traicionado. En cierto modo, se convirtió en un sueco; y nunca prometió lo que no tenía intención de hacer. Puedo acusarle de ingratitud pero no de traición."

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DESIREE CLARY, 1777-1860 -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 3 may En: Biografías Reyes de Suecia - sin comentarios

DÉSIRÉE CLARY

1777 - 1860

"UNA FRANCESA EN EL TRONO DE SUECIA"

LA DESAFORTUNADA NOVIA

 

LA DESAFORTUNADA NOVIA

 

Eugénie Bernardine Desirée Clary nació en Marsella en 1777, hija de un acomodado comerciante marsellés, François Clary, y de Rose Françoise Somis. Después de una infancia típica de una niña de la pequeña pero floreciente burguesía de provincias del Sur de Francia, compartida con su hermana Julie, la familia Clary atraviesa sin demasiadas dificultades la tempestad revolucionaria. A sus 12 años oye hablar de los cambios políticos que se operan en París, de la toma de la Bastilla, de los Estados Generales. La sociedad entonces establecida desde hace siglos se derrumba. A los 15 años, en 1792, cae la monarquía de Luis XVI y, pocos meses después el rey y la reina son guillotinados en enero y octubre de 1793 respectivamente. La Revolución está entonces en su peor fase: la del régimen del Terror, impulsada por Robespierre.

El 21 de Enero de 1793, en la que sería la actual parisina Plaza de la Concordia, el rey Luis XVI era guillotinado tras haber perdonado a sus enemigos...

Tiene 17 años nuestra protagonista cuando entra en su vida el enjuto oficial corso, Napoleón Buonaparte, promovido inspector general de las costas después del asedio de Toulon. Por la misma época, el hermano mayor de Napoleón, José Buonaparte, ya está cortejando a su hermana Julie, y con tanto éxito que al final éste obtiene del padre Clary permiso para desposarla. Por mimética o inercia, Napoleón y Désirée oficializan su compromiso el 21 de abril de 1795, a pesar de las reticencias maternales: "Ya tengo bastante con un Bonaparte en la familia!" exclamó la madre de la novia.

Esbozo del retrato del General Napoleón Buonaparte (1769-1821), obra de David.

Napoleón, que tiene que regresar súbitamente a París justo después del compromiso, pretende precipitar el casamiento y obtener de forma inmediata el consentimiento de los padres de Désirée. Sin embargo, en la capital, el joven general corso se cruza en el camino de una celebridad, Josefina de Beauharnais, viuda de un general guillotinado y madre de dos hijos, amante de Barras y mujer de gran influencia en esa nueva sociedad post-revolucionaria establecida por la joven república. El encuentro entre estos dos personajes supone un flechazo que se traduce en boda el 8 de marzo de 1796, con la consecuente ruptura de compromiso con Désirée, para mayor satisfacción y alivio de los padres de ésta.

El mismo año de 1796, Désirée reemplaza a su novio fallido por otro militar de igual rango, el General Duphot. Está visto que le atraen los uniformes... Pero para colmo de su mala suerte, su 2º suspirante encuentra inesperada y tontamente la muerte en un tiroteo callejero y la deja compuesta y sin futuro marido.

Pese a la sensación deprimente de ser la novia eterna y jamás casada, Cupido se apiada de Désirée y, dos años más tarde, pone en su camino a otro militar, esta vez venido de los Pirineos Occidentales y llamado Jean-Baptiste Bernadotte (1763-1844), hijo de un abogado de la pequeña ciudad de Pau, antigua capital del reino de la Navarra Francesa y lugar donde nació 210 años antes que él, el que fue rey Enrique IV de Francia. ¿Acaso es una señal?¿Un guiño del destino?

Retrato del General Charles Jean-Baptiste Jules Bernadotte (1763-1844).

El oficial de 35 años es de su agrado, un buen hombre, un bravo militar curtido por la campaña italiana que hizo al lado de Napoleón Bonaparte. Se llevan 14 años de diferencia, pero el detalle le da si cabe más seguridad a Désirée, que cuenta entonces 21 primaveras. Con la bendición de los padres, Désirée se casa finalmente con su apuesto Jean-Baptiste Bernadotte el 17 de agosto de 1798.

Se opera entonces un cambio radical en la vida de la provinciana Désirée. De Marsella se traslada con su marido a París, donde vive su hermana Julie, casada con José Bonaparte, y también Napoleón y su mujer Josefina de Beauharnais.

MADAME BERNADOTTE, UNA INCONSCIENTE ANTE SU DESTINO

Eugénie Bernardine Désirée Clary era la 3ª hija del matrimonio formado por François Clary y Rose Françoise Somis, precedida por la mayor Rose sobre la que se sabe bien poca cosa aparte de haberse casado con Antoine de Saint-Joseph y que tuvo descendencia, y por la segunda Julie (1771-1845), mujer de José Bonaparte desde 1794 y madre de dos niñas: Zénaïda y Carlota Bonaparte.

 

Después del fiasco de sus dos noviazgos, primero con el general Napoleón Bonaparte, que la dejó plantada por una mundana y sofisticada criolla respondiendo al nombre de Josefina de Beauharnais, y luego con el malogrado general Duphot, víctima de un tiroteo callejero, Désirée encontró finalmente el marido ideal aunque tuviese 14 años más que ella: el veterano Charles Jean-Baptiste Bernadotte, también general y amigo de su cuñado José Bonaparte.

La boda se celebró el 17 de agosto de 1798 en la localidad de Sceaux, no muy lejos de París. A partir de entonces, las puertas de la sociedad metropolitana se abrieron ante Desirée. Pero la pequeña burguesa de Marsella no siente el menor vértigo ante tamaño cambio de vida, simplemente lo acepta con pasmosa naturalidad y sin adoptar aires de advenediza. Esa actitud será una constante en la vida de nuestra protagonista, como si viviera un sueño y no tomara consciencia de que realmente lo está viviendo. Se puede decir de ella que fue una inconsciente ante las increibles aventuras de su prodigioso destino. La sencilla chica de Marsella permanecía siéndolo incluso en medio de aquella lujosa y frívola sociedad parisina.

París era, para Désirée, la meta de toda provinciana y no le quitaba el sueño el haber cumplido con su objetivo: se dejaba llevar, no aparentaba ni fraguaba más ilusiones que la de ser una mujer colmada y una madre respetable y discreta.

EL MARIDO DE DÉSIRÉE, CHARLES JEAN-BAPTISTE BERNADOTTE

Su flamante marido, Charles Jean-Baptiste Bernadotte (1763-1844), hijo de Henri Bernadotte, abogado, y de Jeanne de Saint-Jean, era oriundo de la ciudad natal de Enrique IV de Francia, Pau, antigua capital del Bearnés y de la Navarra Francesa. Y como ese ilustre y batallador monarca que instauró la dinastía de Borbón en París, Bernadotte iba a vivir una vida no menos ajetreada y marcada por un destino igual de prodigioso, para finalmente instaurar su propia dinastía en Estocolmo.

 

Bernadotte se había enrolado en el Ejercito Real en 1780, como simple soldado a la edad de 17 años; coronel en 1792, el general Kléber le ascendió a general de brigada en el mismísimo campo de batalla. Bernadotte tenía madera de soldado y estaba prometido a una rápida ascensión en la escala militar, y la Revolución y la guerra contra Austria han servido para que se luzca a ojos de sus superiores. En 1797 abandona el ejército del Rhin para dar su apoyo a Napoleón Bonaparte en Italia. Después de la Paz de Campoformio, Bonaparte le da un mando subalterno. El Directorio le confía luego la breve misión de embajador en Viena y le nombra ministro de la Guerra de julio a septiembre de 1799. Bernadotte reorganiza entonces el ejército, pero los directores acaban por retirarle la cartera ministerial. Es más, su antipatía por Napoleón Bonaparte se pone de manifiesto; en consecuencia, rehúsa apoyarle en su golpe de Estado del 18 Brumario, gesto que le valdrá una reputación de neo-jacobino.

Grabado representando al General Charles Jean-Baptiste Jules Bernadotte (1763-1844), antes de convertirse en uno de los célebres mariscales del Primer Imperio...

Convertido en comandante del ejército del Oeste, su nombre aparece en la conspiración de los "Potes de Mantequilla" (en los cuales circulaban consignas anti-bonapartistas), pero sin graves consecuencias para él: es el cuñado de José Bonaparte, y puede que ese parentesco político diluya cualquier represalia... y, por suerte, su esposa Désirée ha sido la novia desdeñada de Napoleón, con el que sigue manteniendo muy buenas relaciones. De momento el "Sargento Hermosa Pierna", apodo de Bernadotte, no tiene nada que temer...

El General Napoleón Bonaparte (1769-1821), Cónsul vitalicio de Francia de 1799 a 1804.

De hecho, Napoleón se ha convertido en el Primer Cónsul Vitalicio de Francia, en el dirigente y hombre fuerte del país; la república ha pasado a mejor vida en 1799, dejando paso a una especie de dictadura militar que, a pasos agigantados, se convertirá en un régimen autocrático e imperialista en 1804.

En 1804, Bernadotte es ascendido a mariscal del 1er Imperio. Dos años más tarde, el flamante auto-coronado emperador de los Franceses Napoleón I, le otorga el principado-ducado italiano de Ponte-Corvo (o Pontecorvo). Désirée pasa de ser "la Señora Mariscala Bernadotte" a "Su Excelencia la Princesa de Pontecorvo"... ¡Menudo cambio!

Desde luego Napoleón no parece guardarle rencor a Bernadotte a pesar de que éste haya dado muestras de tibieza y falta de entusiasmo en las grandes batallas, como en la de Austerlitz el 2 de diciembre de 1805, o en la doble batalla de Auerstadt y de Iéna el 14 de octubre de 1806, donde tuvo la misión de dar soporte al mariscal Davout en dificultades ante el ejército prusiano: no movió un solo dedo hasta que cayera la noche.

Pero cuando se trata de perseguir al enemigo prusiano, Bernadotte es raudo y veloz recorriendo toda Prusia de Norte a Sur... Después de haber forzado a los prusianos de Blücher a capitular, trató a los oficiales de la división sueca hecha prisionera en Lübeck con suma delicadeza y respeto. Este comportamiento ejemplar a ojos de la Dieta de Estocolmo, así como el deseo de Suecia de proceder a un acercamiento con Francia (para perjudicar a Rusia), tendrán una consecuencia inesperada: el 21 de agosto de 1810, los Estados Generales de Öretro escogerán al mariscal francés como príncipe heredero de Suecia, y Napoleón no se opondrá, teniendo en cuenta que un mariscal francés sobre el trono sueco es una de las mejores jugarretas que se le puede hacer a Gran-Bretaña.

Pero el momento aún no ha llegado.

Retrato del Mariscal Bernadotte, según Kinson.

Siempre bajo las órdenes de Napoleón, es durante la campaña de Polonia, en 1807, que Bernadotte muestra su mejor destreza en el mando. Es él quien dirige el hábil repliegue ante el ejército ruso de Benningsen, permitiendo a Napoleón dar la victoriosa batalla de Eylau el 8 de febrero de 1807. Pero, sin embargo, su destacamento no participa en esta batalla y tampoco en la de Friedland del 14 de junio. Bernadotte es finalmente destituído por el emperador por la conducta del cuerpo sajón, del cual tiene el mando, durante la batalla de Wagram (5-6 de julio de 1809). Su ejército no consigue tomar las líneas prusianas y se repliega en desorden durante la primera jornada de la batalla. Al día siguiente, mientras las fuerzas bajo el mando de Napoleón disfrutan de las mieles de la victoria, Bernadotte lanza una elogiosa proclamación a sus tropas que habían huído en desbandada la víspera.

Las relaciones entre Napoleón y él se vuelven, entonces, francamente malas...

Caído en desgracia, el mariscal vuelve a París para reunirse con su mujer e hijo, que viven en el Castillo de La Grange, en la localidad de Savigny (departamento de Seine-et-Marne).

LA PRINCESA TRANQUILA

Retrato de Désirée Clary-Bernadotte, Princesa de Pontecorvo (1777-1860), según el Barón Gérard, en 1807.

 

Menos de una año después de su matrimonio con Charles Jean-Baptiste Bernadotte, Désirée dió a luz a un hermoso niño, al que le impusieron el nombre de pila de Oscar. Semejante decisión parece más bien una premonición de lo que les iba a ocurrir con 11 años de antelación...

Fue la única maternidad de Désirée, y no sorprende a sabiendas de las repetidas ausencias de su marido, siempre en campaña y con el culo en la silla de su montura persiguiendo a prusianos y rusos. A partir del bache de Wagram en julio de 1809, Bernadotte es un mariscal en reserva, lo que equivale a decir que ha dejado de ser útil al emperador. Y como no hay mal que por bien no venga, Désirée recupera a su marido para ella sola y para su hijo Oscar, de tan solo 10 años de edad.

Disfrutarán de unos meses de relativa tranquilidad en su castillo de La Grange, pero no más.

Désirée no es mujer mundana pese a su rimbombante título principesco. Se cartea con sus hermanas y padres, pasea entre sus adorados naranjos enmacetados que le recuerdan el benévolo y soleado clima de su Marsella natal, y educa a su hijo con sumo cuidado.

Retrato oficial de Marie-Julie Clary-Bonaparte (1771-1845), Reina consorte de España, junto con su hija Zenaida Bonaparte...

Su hermana Julie tiene otro tipo de vida: de la noche a la mañana se ha encontrado sentada en el trono de Nápoles y, en 1808, por voluntad de Napoleón I, su marido José ha tenido que ceder su reino a su cuñado Joaquín Murat, para hacerse cargo de la corona española, vacante desde el aberrante y patético episodio de Bayona...

Retrato de José I Bonaparte (1768-1844), esposo de Julie Clary, Rey de Nápoles y luego Rey de España, apodado "Pepe Botella"...

El cambio ha sido para peor: los españoles empiezan a alzarse en armas, reivindicando a su rey prisionero Fernando VII, y las guerrillas se multiplican dando inestimable apoyo a los ingleses, aunque Wellington lo desprecie y finja no necesitar de los españoles insurrectos para tumbar al invasor francés.

La estancia de José I Bonaparte en Madrid está, por tanto, condenada al fracaso. Tan mal van las cosas en España que Julie, su esposa, prefiere no cruzar los Pirineos no vaya a ser un viaje en balde de ida y vuelta.

LOS ASUNTOS SUECOS

La Corona Real de Suecia: esta corona fue la más utilizada para las coronaciones de los monarcas suecos desde el reinado de Gustavo II Adolfo. De hecho, fue creada para su consorte, la reina Maria-Eleonora de Brandenburgo, madre de la reina Cristina I de Suecia...

 

El año de 1809 es, sin embargo, decisivo para los Bernadotte. El mariscal, encargado de llevar a cabo operaciones contra los suecos, interrumpe súbitamente las hostilidades al producirse un golpe de Estado militar en Suecia: los generales Adlersparre y Adlercreutz, alzados en armas, deponen literalmente al rey Gustavo IV Adolfo, hartos de su exacerbado belicismo (provocando las pérdidas de Pomerania y de Finlandia). Por si fuera poco, Gustavo IV Adolfo se erigía en el rival de Napoleón, y nostálgico de las epopeyas de Carlos XII le obsesionaba devolver a su país aquella hegemonía sueca del s. XVII perdida en Poltava...

Retrato del Rey Gustavo IV Adolfo de Suecia (1778-1837), quien sucedió a su asesinado padre Gustavo III en 1792 y que fue depuesto por un alzamiento militar en 1809... / Retrato según Lampi.

Apresado, Gustavo IV no puede hacer otra cosa que abdicar la corona y tomar el camino del exilio con esposa e hijos. La regencia y, finalmente la corona, serán asumidas por su tío el pusilánime Carlos, duque de Södermanland (1748-1818), proclamado rey con el nombre de Carlos XIII. Pero el problema sucesorio toma relieve: el anciano rey no tiene hijos de su matrimonio con Hedwig Carlota de Holstein-Gottorp, y hace 4 años que su otro hermano, Federico-Adolfo, duque de Ostergotland (1750-1805) ha fallecido de delirium tremens, soltero y sin hijos. Queda la hermana, la princesa Sofía Albertina de Suecia (1758-1829), soltera y, por tanto, sin descendencia. En resumen, la situación dinástica sueca se encuentra en un callejón sin salida y urge solucionar cuanto antes la sucesión de la corona.

Retrato de Carlos XIII, Rey de Suecia (1748-1818), tío y sucesor de Gustavo IV Adolfo, y último representante de su dinastía al carecer de descendencia...

Carlos XIII soluciona la falta de herederos adoptando a un príncipe danés, el duque Christian de Holstein-Sonderburg-Augustenburg (1768-1810), que además es pariente y procede de la misma dinastía. Una solución que no perduró: la nobleza sueca despreciaba al nuevo Príncipe Heredero por sus modales ostensiblemente burgueses y, su fugaz estancia sueca terminó con un repentino ataque de apoplejía mientras pasaba en revista las tropas de Escania.

El Príncipe "Carlos" Christian-Augusto de Holstein-Sonderborg-Augustenborg (1768-1810), Kronprins de Suecia e hijo adoptivo del rey Carlos XIII de Suecia, que falleció fulminado por una apoplejía durante una revista militar... Su muerte propició un asesinato y el advenimiento de una nueva dinastía en Suecia.

Su repentina muerte provocó rumores de envenenamiento, instigado por la alta nobleza sueca y el pueblo sueco se echó a la calle el día de su entierro en Estocolmo, haciendo una víctima de importancia: el Conde Hans-Axel de Fersen, considerado erróneamente como el instigador del supuesto envenenamiento y cabecilla visible de la alta nobleza... Fue masacrado en plena calle por elegantes caballeros y damas de la burguesía de Estocolmo. Tuvo que personarse el rey Carlos XIII para que los ánimos se calmasen, aunque llegó tarde.

LOS PELDAÑOS DEL TRONO SUECO

Cuando en 1810 fallece inesperadamente de una fulminante apoplejía el orondo Príncipe Heredero de Suecia e hijo adoptivo del anciano rey Carlos XIII, Christian de Holstein-Sonderburg-Augustenburg (1768-1810), que había sido virrey de Noruega por cuenta de su primo el rey de Dinamarca, la situación sucesoria sueca vuelve a estar como al principio: el rey no tiene heredero que le suceda en el trono.

 

Para colmo, la clase burguesa ha soliviantado al pueblo de Estocolmo contra la alta nobleza, difundiendo el falso rumor de que el amado príncipe Christian ha sido envenenado por el clan Fersen. Tras atizar concienzudamente el odio del populacho (se habla también de distribución gratis de aguardiente en las posadas de la capital la noche anterior a la sublevación, y de sobornos...), la clase burguesa persiguió su objetivo de echar abajo a la alta nobleza y descabezar a la familia más poderosa y rica de Suecia mediante la masacre, a pleno día y en medio del convoy funerario del finado príncipe, del Conde Hans-Axel de Fersen, entonces el más alto y distinguido dignatario de la corte.

El Conde Hans-Axel de Fersen (1755-1810), el célebre "amigo" de la reina Maria-Antonieta de Francia y "favorito" del rey Gustavo III de Suecia, que fue injustamente acusado de envenenar al kronprins Christian de Holstein-Sonderborg-Augustenborg, hijo adoptivo del rey Carlos XIII, y bestialmente linchado en plena calle...

El asalto de la carroza del conde de Fersen es espantoso; su coche de ceremonia acaba sin su ocupante ni cochero, las puertas hundidas, los cristales rotos, y los caballos corriendo desbocados por las calles de la capital, arrastrando lo que queda de la carroza. El conde de Fersen, auténtica cabeza de turco del odio popular, ha sido arrancado de su coche, y la muchedumbre se ha ensañado duramente con él: le han desgarrado su traje de ceremonia hasta dejarle en paños menores, arrancado sus condecoraciones para pisotearlas, le han propinado puñetazos y golpes de paraguas hasta herirle gravemente. Medio desnudo y ensangrentado, encuentra refugio en una casa cercana, pero la vociferante y sanguinaria muchedumbre exaltada hasta el paroxismo, le sacan a la fuerza y, en medio de la calle, le propinan toda suerte de patadas en la cabeza y el cuerpo. Hay quien incluso salta bestialmente sobre él, pisoteándole y hundiéndole la caja torácica. Ante tan horrendo linchamiento, incluso los soldados quedan paralizados del miedo y sus superiores sufren ataques de pánico, huyendo despavoridos.

La misma familia del conde se convierte en el siguiente objetivo de ese linchamiento callejero. Sus hermanas y hermanos huyen de sus palacios para refugiarse, obteniendo el amparo de la policía y del ejército. Les fue de poco acabar como Hans-Axel. Ni que decir que la sublevación urdida por la burguesía tuvo éxito, aunque solo se cobrara una víctima de prestigio. Después de insistentes ruegos para que interviniera el rey, Carlos XIII salió de su pasmosa pasividad y montó en calesa descubierta para ordenar que la gentuza se apaciguara. Una conducta indignante y calculada; el soberano había dejado caer el día anterior que era menester darle un buen susto a ese conde de Fersen para rebajarle los humos... Y su comentario en "petit commité" no cayó en oído de sordo por lo visto, y el "susto" degeneró en asesinato. Tampoco se dió prisa Carlos XIII para ir a apaciguar a los sanguinarios y otorgar su protección a la familia Fersen, perseguida por todo Estocolmo.

Aquel penoso día de 1810 sería comentado por toda Europa, provocando unánimes condenas y desmitificando para siempre la legendaria conducta "civilizada" de los suecos. Pasaron meses para que los Fersen obtuvieran la pública rehabilitación del asesinado conde Hans-Axel de Fersen, injustamente acusado de ser el promotor del supuesto envenenamiento del Príncipe Heredero Christian. En cualquier caso, ese inocente no tuvo siquiera la oportunidad de defenderse en vida de las falacias vertidas contra él y su familia.

Después del triste episodio de aquellos funerales regios, Carlos XIII se avino a adoptar al mariscal Bernadotte como sucesor al trono, y por el cual sentía especial predilección como el resto de sus conciudadanos, recordando su caballerosidad para con los prisioneros suecos de Lübeck. En agosto de 1810, los Estados Generales votaron a favor de su candidatura, ratificando así la voluntad del rey, y la noticia fue inmediatamente comunicada al interesado por boca del embajador sueco en París.

Regalia Sueca: la corona real, el orbe, el cetro y la llave de oro del rey Erik XIV, forman parte del histórico y rico Tesoro de la Corona de Suecia desde el siglo XVI.

Nunca mejor dicho, la corona de Suecia le caía del cielo a Bernadotte por méritos propios. Y el olfato de Carlos XIII no falló: escogió el mejor candidato que pudiera pretender a sucederle. Sus cualidades superaban con creces al difunto príncipe Christian: Bernadotte sentía mucho respeto por la nación sueca y demostraría, a la postre, ser un verdadero sueco.

Charles Jean-Baptiste Jules Bernadotte (1763-1844), Mariscal de Francia y Príncipe de Pontecorvo.

La noticia de que su marido fuera designado Príncipe Heredero de Suecia (Kronprins af Sverige) en aquél agosto de 1810, sorprendió a la sencilla Désirée por inesperada. Una cosa era que Suecia le otorgara a su marido condecoraciones nacionales en agradecimiento por su honorable conducta con los prisioneros suecos, y otra que le eligieran unanimamente como su futuro rey. Désirée no se imaginaba tener que abandonar el suave clima de París para ir a la fría y helada capital de Suecia; se había acomodado del título de princesa de Pontecorvo, con naturalidad y sin impresionarse, como si su padre hubiese comprado un establecimiento nuevo para su negocio familiar; para ella era lo mismo. Pero la corona sueca implicaban cambios en su vida: ella, una hija de comerciantes marselleses sentarse en un trono, ser esposa y madre de rey, era una idea totalmente demencial. Más patidifusa se debió de sentir cuando el emperador Napoleón I no objetó nada y que, más bien, felicitara al mariscal Bernadotte y esposa por semejante ascenso. Evidentemente, Napoleón acogió la buena nueva pensando que ahí se le presentaba la ocasión de poner en jaque a Gran-Bretaña por persona interpuesta. En el ajedrez político del emperador, Bernadotte se convertía en su mejor peón y pensaba que podría manipularle indefinidamente.

Retrato oficial de Napoleón I, Emperador de los Franceses (1769-1821), ataviado con los ropajes de su coronación y los símbolos imperiales, según Robert Lefevre.

A Désirée, esa nueva situación le debió de parecer como una caminata cuesta arriba. Ni pizca de gracia le hacía la idea de tener que hacer sus baúles para embarcarse hacia Estocolmo: no tenía ni idea de cómo presidir una corte y figurar como la primera dama de un reino cuyas costumbres y lengua le eran totalmente extrañas. Pero su marido aceptó el regalo de Carlos XIII, y se dispuso a viajar a su nueva patria adoptiva y conocer a su nuevo "padre adoptivo" y la familia de éste.

1ª Parte / Continuará...

 

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GUSTAVO III DE SUECIA 1746-1792

Posteado por: retratosdelahistoria el 18 dic En: Biografías Reyes de Suecia - 4 comentarios

GUSTAVO III
REY DE SUECIA
1746 - 1792




Gustavo III de Suecia nació en el Palacio Real de Estocolmo, el 24 de enero de 1746, y falleció en el mismo lugar el 29 de marzo de 1792. Hijo primogénito de Adolfo-Federico I de Holstein-Gottorp y de Luisa-Ulrika de Prusia, reyes de Suecia, era sobrino carnal del rey Federico II "el Grande" de Prusia y primo-hermano de la emperatriz Catalina II "la Grande" de Rusia y del emperador Pedro III de Rusia, esposo de ésta.

Gustavo III es el segundo monarca de la Casa de Holstein-Gottorp, dinastía ducal germano-danesa que conformó una de las ramas secundarias de la dinastía de Oldenburgo, reinante en Dinamarca, instaurada en Suecia a partir de 1751, por su padre el rey Adolfo-Federico I al ser designado sucesor del entonces rey de Suecia Federico I de Hessen-Cassel, el 23 de junio de 1743 por el Parlamento Sueco (Riksdag).


el Duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp (1700-1739); esposo de la gran duquesa Ana Petrovna de Rusia y padre del zarevich Carlos-Pedro-Ulrico de Holstein-Gottorp, heredero de su cuñada Elisabeth I Petrovna de Rusia, era hermano mayor de Adolfo-Federico, obispo de Lübeck y futuro rey de Suecia.


Carlos-Pedro-Ulrico, duque de Holstein-Gottorp (1728-1762), Gran-Duque y Zarevich de Rusia al ser designado sucesor y heredero de su tía materna la emperatriz Elisabeth I Petrovna de Rusia. Contraería matrimonio con una prima, princesa de Anhalt-Zerbst, futura Catalina II "la Grande"...

Dos años antes (1741), el sobrino de Adolfo-Federico, el joven duque Carlos Pedro Ulrico de Holstein-Gottorp (hijo del duque Carlos-Federico, su hermano mayor), era designado heredero de la emperatriz y zarina Elisabeth I Petrovna. Enviado a Rusia para convertirse en zarevich (futuro Pedro III de Rusia), su designación supuso un juego de alianzas dinásticas que forzaron a Suecia en adoptar a Adolfo-Federico de Holstein-Gottorp como príncipe heredero sueco en 1743, gracias a las presiones rusas.


Adolfo-Federico I de Holstein-Gottorp (1710-1771), Rey de Suecia y Gran Duque de Finlandia de 1751 a 1771; retrato según Lorenz Pasch, 1766.

El reinado de Gustavo III fue acaso para Suecia uno de los más brillantes de su historia, conocido como "La Era Gustaviana". Si bien terminó con la hegemonía de los partidos parlamentarios, cuya corrupción amenazó con destruir la independencia de la nación, y la Era de la Libertad sueca, mediante un golpe de Estado (1772) gracias al apoyo de Francia, y restauró la autoridad política y moral de la institución monárquica, impulsó el florecimiento de la cultura nacional sueca, entonces inexistente, creando academias e insuflando el sentimiento patriótico.

Por otro lado, intentó sin éxito una campaña expansionista que devolviera a Suecia a su antigua posición de potencia en el Báltico y en el escenario internacional, inspirándose en las campañas de conquista de uno de sus antecesores en el trono: Carlos XII.

El Kronprins Gustavo de Suecia

El nacimiento de Gustavo había sido precedido por un primer parto malogrado de su madre. Cuando su madre le da a luz, el infante tan solo es príncipe real y segundo en el orden de sucesión al trono, después de su padre. Dos años después, nace su hermano Carlos-Augusto (1748-1818), Duque de Södermanland -y futuro rey Carlos XIII-; luego vendrían Federico-Adolfo (1750-1803), Duque de Ostergotland, y una princesa: Sofía-Albertina (1753-1829).

Su infancia y su juventud se llevaron a cabo en un clima de extrema debilidad de la institución monárquica sueca. Cuando sus padres acceden al trono, tras la muerte del rey Federico I el 26 de marzo de 1751, el príncipe Gustavo se convierte automáticamente en el Kronprins de Suecia (Príncipe de la Corona o Príncipe Heredero), a la edad de cinco años. Desde 1751 a 1766, época en que es instruído, formado y educado academicamente, sus padres los reyes atraviesan y protagonizan la peor de las crisis de la monarquía como institución de máximo nivel, hasta el punto de verse amenazados de derrocamiento y expulsión. La Corona se ve sucesivamente limitada, recortada en sus atribuciones, humillada y supeditada al Riksdag, como un navío a merced de las tempestades políticas que arriesga con naufragar estrepitosamente. La nobleza se había apoderado de toda la administración del Estado, relegando a los monarcas al mero papel figurativo de una inutilidad jamás vista.


Adolfo-Federico I de Holstein-Gottorp (1710-1771); Rey de Suecia y Gran Duque de Finlandia de 1751 a 1771.

El padre de Gustavo pretendió remediar la poca importancia de la institución que representaba, buscando aliados políticos y el favor popular, conformándose el llamado "Partido de la Corte", que perseguía restaurar la autoridad de la Corona. Traicionado por el Consejo Real, que le recriminaba sus ansias de intervencionismo, Adolfo-Federico I se vió admonestado por el Riksdag, que tomó medidas cautelares humillantes contra el rey; entre ellas, otorgó la facultad al Consejo Real de utilizar un sello con el nombre del monarca para firmar las decisiones del Consejo si el soberano se negaba a ratificarlas de su propia mano.


Luisa-Ulrika de Prusia, Reina de Suecia y Gran Duquesa de Finlandia (1720-1782); retrato según Antoine Pesne.

En 1756, fue denunciada ante el Parlamento una conspiración cortesana que pretendía llevar a cabo una revolución que devolviese al rey el poder absoluto. El Riksdag, bajo la batuta del Canciller Axel de Fersen "Senior", ordenó levantar un registro de las Joyas de la Corona, ante las sospechas de que la propia reina Luisa-Ulrika había empezado a empeñarlas para financiar el golpe. La intentona fracasó y varios aristócratas que apoyaban a los reyes, como el Conde de Brahé, fueron condenados a muerte. El papel del rey se redujo entonces a la mínima expresión e importancia, y el Riksdag amenazó con privarle del trono si continuaba por esa vía.


el Conde Erik de Brahé (1722-1756); miembro y cabecilla del Partido de la Corte que conspiraba para devolver el poder al rey en detrimento del Riksdag, y víctima de las represalias parlamentarias...

En tal clima de tensiones y contínuas humillaciones, el Príncipe Gustavo creció mostrándose muy proclive a la fantasía, al arte teatral y a la frivolidad, como para escapar de la negra realidad. Sus profesores formaron al príncipe de acuerdo con los preceptos de la Ilustración Francesa, que en esa época marcaba la tendencia cultural y humanística predominante. Su educación incluía los ideales de la tolerancia, el humanismo y el interés por todas las expresiones culturales, predominando la estética y la literatura; sin embargo, la materia favorita de Gustavo siempre fue la historia.
Ciertos historiadores consideran, por otro lado, que la instrucción académica de Gustavo careció de sólidas bases éticas y religiosas, teniendo gran propensión al egoísmo y al autoritarismo, amén de un marcado afecto por el poder, el éxito y el honor, tres puntos que llegó a considerar como objetivos loables en la vida.

El desarrollo de Gustavo sería negativamente influído por la división de pareceres entre sus padres y profesores por un lado, y el Parlamento (o Riksdag) por otro. Este último, aprovechando el ninguneamiento del rey Adolfo-Federico I, se atrevió a inmiscuirse de manera constante en la educación del príncipe heredero, asumiendo atribuciones que no le pertenecían.

En el momento de alcanzar la mayoría de edad, en 1766, Gustavo se vio exhortado, por decisión del Riksdag, a pedir la mano de la princesa Sofía Magdalena de Dinamarca, en contra del deseo de sus padres y del suyo propio. Semejante contrariedad, agrió el carácter del príncipe, que se vio obligado a casarse con una princesa a la que no quería ni deseaba para si. Huelga decir que el matrimonio fue un sonoro fracaso desde el principio y gélida la convivencia hasta el final.


Sofia-Magdalena de Dinamarca y de Noruega, Reina de Suecia (1743-1813), tildada de "fría y tímida" en el seno de la familia real sueca.

Su voluntad de destacar en la vida pública y política de su país, y su empeño en rescatar a la Corona Sueca de su inactividad, le llevaron a dirigir el Partido de la Corte, que no tardó en darse cuenta de las grandes habilidades del kronprins y en considerarlo, al poco, como la gran esperanza de la monarquía sueca. Sin embargo, su sed de protagonismo dio lugar a ciertas fricciones con su madre la reina Luisa-Ulrika, nada dispuesta en cederle ni un ápice de su influencia dentro del partido.


Luisa-Ulrika de Prusia, Reina de Suecia (1720-1782); retratada por Lorenz Pasch en 1768.

Tomaría parte en la alianza política entre el Partido de la Corte y el Partido de los Sombreros, que junto con la gran influencia de la diplomacia francesa, representada por el eficaz Conde de Vergennes en Estocolmo, dio origen al derribo del Partido de los Gorros en el Parlamento de 1769. Pese a que los objetivos de Gustavo y de su padre el rey eran el de instaurar una nueva Constitución que devolviera a la Corona su preponderancia como máxima institución del Estado Sueco, la maniobra política fracasó en parte.

Gustavo III, Rey de Suecia

El Príncipe Heredero de Suecia se encontraba de viaje oficial en París cuando, en medio de una función teatral a la que asistía, le fue notificada por correo urgente la repentina muerte de su padre el rey Adolfo-Federico I, acontecida el 12 de febrero de 1771. Había muerto tras sufrir un ataque de apoplejía.

La visita oficial de Gustavo en Francia no era puramente turística; mientras acudía a eventos culturales, frecuentaba los más codiciados salones parisinos codeándose con filósofos y musas de la Ilustración, y era pomposamente recibido por el rey Luis XV en Versailles, también entablaba conversaciones mucho más serias y políticas con los ministros del Gobierno Francés: el Duque d'Aiguillon, ministro de Asuntos Exteriores, y el Vizconde de Maupeou, canciller y ministro de Justicia, sucesores del caído en desgracia Duque de Choiseul. El embajador de Francia en Estocolmo, Conde de Vergennes, debía desempeñar el papel de "enlace" entre Gustavo III y Luis XV.


Charles Gravier, Conde de Vergennes (1719-1787), Embajador de Francia en Suecia y coordinador del "Golpe de Estado" de 1772 operado por Gustavo III, con apoyo y subsidio francés / retrato según Lundberg.

Consiguió el compromiso y la promesa del gobierno francés de apoyarle políticamente en sus proyectos reformadores; Luis XV llegó incluso a aconsejar a Gustavo que buscara la reconciliación entre todos los partidos políticos con el fin de lograr un gobierno de coalición bajo su propio liderazgo.

Con la certeza del apoyo político y financiero francés, Gustavo III abandonó París para regresar a Suecia como rey, y llevar a cabo sus planes tanto tiempo rumiados.

Tras presidir el funeral de su adorado padre y predecesor, Gustavo III fue solemnemente consagrado y coronado rey el 29 de mayo de 1772. Sin embargo, pronto se dio cuenta que todo intento por reconciliar a los partidos enfrentados era inútil.

Golpe de Estado

Gustavo III encontró en Jacob Magnus Sprengtporten y Johan Christopher Toll, a dos habilísimos colaboradores que se encargaron de ejecutar sus planes y aplicarlos. Ambos se encargaron de provocar un levantamiento popular en favor del rey en Finlandia y Escania. Sin embargo, la rebelión de Escania llevada por Toll estalló antes de tiempo y las intenciones fueron descubiertas por el Riksdag. Ante la gravedad de la situación, Gustavo III no esperó, como se había acordado, el regreso de Sprengtporten de Finlandia y se apresuró a encender personalmente una revuelta en Estocolmo. El 19 de agosto de 1772, con el apoyo de guarniciones militares, el rey ordenó el arresto del Consejo Real - que tantas humillaciones había infligido al rey Adolfo-Federico I - y a todos los líderes del Partido de Los Gorros, en el Parlamento. El mismísimo Canciller Fredrik-Axel de Fersen "Senior", que durante tantos años había dirigido los asuntos suecos con mano de hierro, detenido, dimitió de todos sus cargos y se retiró del escenario político, esperándose lo peor.

Dos días después, el Riksdag, finalmente sometido al rey, aprobó una nueva Constitución elaborada en gran parte por el mismo Gustavo III. Tras la aprobación e instauración de la nueva Constitución, gran parte de los presos políticos fueron liberados y amnistiados.

Con el golpe de 1772, también llamada "Revolución Real", Gustavo III logró, sin derramar una sola gota de sangre, reestablecer todas las prerrogativas de la Corona Sueca y recuperar el papel político de la institución, amén de su autoridad. Si en principio Gustavo III se declaró partidario del equilibrio de poderes, su política fue adquiriendo, paulatinamente, tintes absolutistas que no se conocían desde el reinado de Carlos XII.

Argumentó su golpe de Estado poniendo como ejemplo la penosa suerte de Polonia, arruinada por la corruptela de sus representantes en la Dieta, y que acababa de ser dividida por las potencias extranjeras (Prusia, Rusia, Austria) ese mismo año; Gustavo señalaba, no sin razón, que Suecia podía esperar una suerte similar si no se unía en torna a su monarca, auténtico representante y unificador de todos los Suecos. Por otro lado, Gustavo ponía fin a la anarquía, a la división política y la dependencia del extranjero. De hecho, el nivel de corrupción de los diputados del Riksdag era tan monumental, que se sabía tanto en las calles de Estocolmo como en las cancillerías europeas y muchas destinaban enormes presupuestos para comprarlos, favoreciendo las influencias de un país o de otro (Rusia, Francia,...).

Las Reformas Gustavianas


Bajo su reinado, el desarrollo económico de Suecia se encaminó positivamente y se pudieron abordar mejoras sociales como la abolición de la tortura (1772), la libertad de prensa, mejorías en la asistencia sanitaria, penalización de abusos administrativos, incremento de los salarios de los funcionarios públicos, liberación del mercado de cereales, reforma del Ejército y de la Armada Real, suavización de las leyes penales y puesta en marcha de impresión monetaria (1777). A esto hemos de sumar en el haber de Gustavo III la creación de academias nacionales para fomentar la lengua sueca, el arte, la historia, las ciencias y otras manifestaciones culturales nacionales; se implantó incluso un "traje nacional", diseñado personalmente por el rey.

Cuando en 1778, se reunió el nuevo Parlamento, Gustavo III había llevado a cabo palpables y visibles reformas en todos los ámbitos, logrado la paz interna y mejorado la seguridad exterior del reino. De este modo, el Riksdag reconoció los logros conseguidos, reforzó las reformas legislativas y tomó en cuenta todas las propuestas emanadas del rey. Se puede decir entonces que, en aquella época tan floreciente, el gobierno de Gustavo III alcanzó el zénit, y el rey recogió los frutos de su trabajo: una inmensa popularidad, estima y reconocimiento que traspasó las fronteras de su país.

El Heredero


Gustavo-Adolfo, Kronprins de Suecia; retrato de Krafft, 1785.

En medio de aquella euforia, nació el primer hijo del rey Gustavo y de la reina Sofía Magdalena, el príncipe heredero Gustavo-Adolfo.
El nacimiento fue, cuando menos, rodeado de un escándalo que se sabía a voces en todas las cancillerías europeas, y mal silenciado en Suecia. Sabedores del total desapego de Gustavo III por su consorte danesa, con la que se negaba a convivir fuera de las estrictas exigencias del protocolo, y compartir con ella el mismo lecho, se filtraron rumores que el auténtico padre del nuevo kronprins Gustavo-Adolfo no era otro que el Conde Adolf-Fredrik Munck de Fulkila, favorito y amante del rey. Sin embargo, existe de aquella época, un dibujo o caricatura bastante grotesco de cómo Gustavo III y Sofía Magdalena concibieron al heredero del trono, con la ayuda del Conde Munck de Fulkila; Munck, representado por un monje que hace alusión a su apellido, encula a un endeble Gustavo III en completa erección, incitándole a penetrar a la reina Sofía Magdalena, abierta de piernas y tumbada sobre una cama, remangándose las faldas, tal y como vemos en la ilustración a pie de texto.

Hay más probabilidades de que fuera así como se concibió al heredero del trono, y no a la inversa como afirmaban los malintencionados rumores de 1778, lanzados sobre todo por sus enemigos políticos.

Reveses

Después del Parlamento de 1778, comenzó a incubarse una nueva oposición contra el gobierno de Gustavo III, enfocada sobre todo a criticar algunos decretos polémicos y su inclinación al autoritarismo. En esas circunstancias, y teniendo el plan de reformas internas acabado, Gustavo decidió ocuparse de la política exterior, persiguiendo devolver a Suecia a su antiguo estatus de gran potencia no solo en el Báltico, sino en el Mundo. Deseaba, también, sacar máximo provecho personal en esa vía, en cuanto a triunfos y honores militares que ya eran más una cuestión de vanidad y de mantenerse siempre en la cumbre de la popularidad.


el Conde Ulrik Scheffer, Embajador de Suecia en París y luego Ministro de Asuntos Exteriores, retratado por Roslin en 1763.

Hasta entonces, el ministro de Asuntos Exteriores, el Conde Ulrik Scheffer - que fue también un tiempo embajador de Suecia en París -, había conducido con suma cautela la política exterior sueca, intentando siempre mantener cordiales relaciones con los demás países vecinos como Dinamarca y Rusia, pero tras su salida, Gustavo III quiso llevarlos personalmente y madurar sus planes bélicos.


1783: Entrevista de Fredrikshamm; Gustavo III intenta obtener el respaldo de Catalina II de Rusia para conquistar Noruega...

Planeó arrebatar el reino de Noruega a Dinamarca, mediante una campaña relámpago de invasión y contando con el apoyo de su prima-hermana la emperatriz Catalina II de Rusia. De las conversaciones secretas ruso-suecas entabladas, surgió la entrevista de Fredrikshamm, donde Gustavo III se entrevistó con Catalina II. Finalmente, Catalina II se negó a prestarle ayuda armada contra Dinamarca y los planes noruegos de Gustavo se derrumbaron...

Para resarcirse del fracaso, Gustavo III optó por una gira por el extranjero con el objetivo de obtener apoyos políticos de otros países; de este modo, el rey viajó nuevamente a Versailles, donde fue recibido por Luis XVI, y a Italia, yendo a Florencia, a Roma y a Nápoles.

Sin embargo, las extravagancias de Gustavo III empezaron a pesar seriamente sobre el Erario Público; sus despilfarros, sus excentricidades y sus dispendiosos proyectos acabaron por provocar un nuevo endeudamiento del país sin el consentimiento del Riksdag. Junto con la implantación de algunas reformas mal acogidas por los suecos, y el estallido de nuevos casos de corrupción en la administración estatal, provocaron el renacimiento de una oposición que hasta entonces se había silenciado, liderada por los condes de Fersen y respaldada por la alta nobleza, y el rechazo de la gran mayoría de las nuevas propuestas presentadas por Gustavo III en el Parlamento de 1786.

El revés político ante el Parlamento empujaron a Gustavo III a buscar otras vías para recuperar el prestigio y la autoridad moral, como la de emprender una arriesgada guerra contra Rusia, a la que miraba como su principal enemigo en el Báltico, y a tener por cierto un futuro e inevitable conflicto armado con ésta. Para colmo, gran parte de la nobleza sueca, que había sido apartada del poder por el propio rey, alimentaba rencores contra él y seguía manteniendo fuertes lazos con Rusia, que insistía en inmiscuirse en los asuntos políticos suecos desde tiempos del rey Federico I.

Los primeros síntomas de rebeldía aparecieron en Finlandia, con conspiraciones separatistas lideradas por Göran Magnus Sprengtporten, del que se decía que había firmado una alianza secreta con Rusia desde finales de 1786.

Al estallar el conflicto ruso-turco en otoño de 1787, Gustavo III acogió la noticia con sumo agrado y, a partir de 1788, puso en marcha y en secreto un plan de rearme del Ejército, con la idea de formar con el Imperio Otomano una especie de pinza que atenazase a Rusia por dos frentes.

Guerra

A finales del otoño de 1787, Gustavo III emprendía una visita oficial a Dinamarca con la finalidad de restablecer y mejorar las deterioradas relaciones entre ambos reinos; buscaba también el apoyo danés, o al menos su neutralidad, para la guerra que preparaba secretamente contra Rusia.


Catalina II "la Grande", Emperatriz de Rusia (1729-1796). La soberana rusa, prima-hermana de Gustavo III de Suecia, solía burlarse de sus amaneramientos y le apodaba "el Don Quijote del Norte"...

En los últimos días del mes de junio de 1788, las tropas suecas, sin previa declaración de guerra, cruzaron la frontera con Rusia bajo el pretexto de un conflicto fronterizo de proporciones insignificantes y provocado intencionadamente. Gustavo III confiaba en obtener una rápida victoria, confiando en que Catalina II hubiese concentrado sus esfuerzos contra el ejército otomano y en el efecto sorpresa de la ruptura de las hasta entonces óptimas relaciones ruso-suecas. Es más, Gustavo pensaba con hacerse con San Petersburgo; pero la derrota sufrida por su hermano Carlos, duque de Södermanland, en la batalla de Hogland en julio de 1788, frente a la armada rusa en el Báltico, echó al traste todo el plan de una guerra relámpago. Peor aún: varios oficiales del Ejército Sueco en Finlandia, se amotinaron contra el rey conformando la "Alianza de Anjala" y buscaron el apoyo de Rusia; y si la cosa no podía torcerse más, Dinamarca, presionada por un pacto de ayuda militar con Rusia, decidió entrometerse e invadir territorio sueco en septiembre de 1788 (Guerra del Teatro).


Christian VII, Rey de Dinamarca y de Noruega (1749-1808); retrato según Jens Juel; el monarca danés, cuñado de Gustavo III, era por norma enemigo tradicional de Suecia y aliado de Rusia, pero su enajenación mental le tuvo apartado del poder efectivo, beneficiando a su esposa Carolina-Matilde de Gran-Bretaña y a su médico y primer ministro Struensee hasta 1772. Después, fue totalmente ninguneado al instaurarse una regencia en favor de su medio-hermano el príncipe Federico, aunque el poder, en realidad, fue detentado por su madrastra la reina-viuda Juliana-Maria hasta 1784. En 1784, es su propio hijo y heredero el que asume la regencia con solo 16 años de edad: el futuro rey Federico VI.

Paradójicamente, ante el peligro de verse atenazado por dos frentes, Gustavo III hizo un llamamiento popular patriótico para que todos los súbditos suecos reaccionasen y defendiesen el territorio nacional de cualquier incursión enemiga. Su llamamiento obtuvo una entusiasta respuesta popular y grandes sectores de la población decidieron alistarse como voluntarios en el conflicto con los vecinos daneses. Con aquel inaudito llamamiento, que dio de lleno en el sentimiento sueco, Gustavo III apareció ante la opinión pública como un gran patriota y como el padre de la resistencia civil. El hecho de que se armase a la población sueca y que intervinieran Gran-Bretaña y Prusia a favor de Gustavo III, Dinamarca tuvo que suspender las hostilidades y batir retirada en julio de 1789.

En cuanto al alzamiento de los oficiales de Finlandia, llamado "Alianza de Anjala", se tradujo en un estrepitoso fracaso al fallarles el apoyo ruso. Los principales cabecillas fueron arrestados en otoño de 1788. En febrero de 1789, Gustavo III ordenó la repentina detención de destacados aristócratas conocidos por su oposición, en la mismísima Riddarhuset (Casa de la Nobleza o Casa de los Caballeros) de Estocolmo; entre ellos se encontraban el conde Fredrik-Axel de Fersen, el barón Karl de Geer y el barón Klaas Frietzcky. Luego, con el apoyo de sus partidarios y a pesar de las amargas protestas de la alta nobleza, el rey consiguió promulgar una ley conocida como Acta de Seguridad y Unión, que incrementaba sensiblemente su poder y otorgó privilegios a sus aliados políticos en detrimento de la aristocracia.

La guerra contra Rusia siguió su curso con fortuna cambiante. Gustavo III, que no era precisamente un caudillo con grandes cualidades militares, tomó personalmente parte activa en el conflicto y obtuvo algunas victorias: las batallas de Uttismalm (junio de 1789) y de Valkeala (abril de 1790) se ganaron en tierra firme, mientras que la batalla de Fredrikshamm (mayo de 1790) se ganó en aguas del Báltico. La primera batalla de Svensksund (agosto de 1789), supuso una aplastante y humillante derrota de Gustavo III frente a la Armada de Catalina II de Rusia; en junio de 1790, toda la flota sueca con el rey, su hermano el duque Carlos y 30.000 hombres, fue peligrosamente cercada en la bahía de Vyborg por la flota rusa. Lograron escapar de las garras rusas de milagro, gracias a un providencial viento favorable y, eventualmente, derrotaron a la armada rusa, superior en número, en la segunda batalla de Svensksund (9 de julio de 1790), figurando esta victoria como una de las más grandes de la Armada Sueca, bajo el mando del vicealmirante Olof Cronstedt y del mismísimo Gustavo III.

La paz entre Suecia y Rusia fue firmada el 14 de agosto de 1790 con el Tratado de Värrälä; y si Gustavo III no logró llevar a cabo sus sueños de conquista, consiguió al menos que cesara definitivamente el intervencionismo ruso en la política sueca y vio su reputación aumentar significativamente. Sin embargo, los laureles recogidos en la definitiva victoria de Svensksund hicieron mella en el Tesoro Sueco.

Conspiración y Asesinato

Al poco de terminarse la guerra ruso-sueca, Gustavo III ya planeaba una nueva campaña bélica. Ante los amenazantes nubarrones de la Revolución Francesa, Gustavo, aliado e incondicional de la Familia Real Francesa, planeó combatir a los Jacobinos y organizar una coalición de las monarquías europeas para aplastar el avance de las ideas revolucionarias y antimonárquicas que germinaban en el continente y, obviamente, dotar a Suecia de un papel de primera importancia en los asuntos europeos. Su proyecto era bien sencillo a la par que ambicioso e innovador: preparar una cumbre de monarcas europeos que abordase el espinoso problema de Francia.

Desde ese momento, Gustavo III pone en marcha la diplomacia sueca para convencer a sus homónimos coronados de que adhieran a su proyecto y participen activamente. Buscó, sobretodo, un nuevo acercamiento con su antigua enemiga rusa, Catalina II, que parecía ser la soberana más dispuesta a adherirse; sin embargo, sus negociaciones no encontraron eco en la emperatriz de Rusia, demasiado absorbida en sus proyectos polacos y orientales, como tampoco en las demás testas coronadas. Había, obviamente, cierta complacencia en las demás cortes europeas en ver a la monarquía francesa (tan envidiada y admirada) abatida y su reino preso de graves convulsiones socio-políticas, sin advertir que aquella fiebre revolucionaria acabaría por contagiar sus países en un futuro no muy lejano.

Si Gustavo III, tan ebrio de caballerosidad medieval, teatral y fantasioso, supo discernir el peligro francés, actuaba en gran parte por reconocimiento a Francia por haberle ayudado en su reconquista del poder en 1772, y se sentía en deuda con la monarquía francesa.

Pero las finanzas suecas se encontraban en una situación delicada por culpa de la guerra contra Rusia. Para remediarlo y reunir apoyos, Gustavo III convocó al Parlamento en Gälve (1792), buscando conciliarse la oposición. Bajo el aspecto de la conciliación, y gracias a su extrema cautela, las nuevas propuestas de Gustavo fueron bien vistas y acogidas por los parlamentarios, consiguiendo el respaldo de la burguesía y del campesinado y alienándose, de paso, a la aristocracia. Por haber apartado a la nobleza, algunos opositores radicales sentenciaron que la presencia del rey en el Gobierno se había convertido en un estorbo...

Gran parte de los altos cortesanos, tras darse por cerrado el Parlamento de Gälve (o Geflé), renunciaron a sus cargos en la corte a modo de protesta. La deserción se hizo notar sensiblemente y la corte de Gustavo, antaño tan brillante y magnífica, se tornó apagada y triste.

A finales de 1791 y 1792, se fraguó una conspiración aristocrática cuyo objetivo era cambiar la constitución y, entre las posturas más radicales, quitar de en medio al rey... véase asesinarle. Los principales implicados en el regicidio fueron Carl Fredrik Pechlin y Jacob Johan Anckarström. Se decidió ejecutar el asesinato aprovechando un baile de máscaras previsto en la Opera de Estocolmo, al que debía asistir el rey.

Como siempre suele ocurrir en esos complots, siempre hay un traidor que tiene a bien advertir a la víctima; pero el rey, desafiante, sentenció como todos los reyes: "Veamos si se atreverán!"

La noche del 16 de marzo de 1792, Gustavo III acudió al baile de máscaras ofrecido en la Opera de Estocolmo, que él mismo había mandado construir años antes. Ninguna medida de seguridad fue tomada, como tampoco se controló quienes entraban armados o no, y quienes eran los que se escondían bajo las máscaras.
Treshombres vestidos de negro rodearon al rey y uno de ellos, Anckarström, le disparó por la espalda a quemarropa, tras saludarle con esta frase: "Buenos días, hermosa máscara!". Gritos de horror, conmoción entre la asistencia: han disparado contra el rey y a trahición. Llevan a un Gustavo III malherido en volandas para sacarle inmediatamente de la Opera, y llevarle de inmediato al Palacio Real para que le atiendan los médicos y cirujanos. Gustavo ordena en el mismo momento, que se cierren todas las salidas del teatro y que capturen a sus asesinos.

Dos semanas después, el 29 de marzo de 1792, Gustavo III fallecía tras sufrir una dolorosa agonía. La herida, mal curada, ocasionó una sepsis que degeneró en una neumonía de fatales consecuencias.

En su cama de moribundo, tuvo al menos la alegría de reconciliarse con sus enemigos de ayer, y rehusó leer la lista de los conjurados.

Intimidad & Familia

La vida familiar de Gustavo III fue desafortunada, carente de alegrías y cariños. El propio monarca se consideraba una persona triste y desgraciada. Su matrimonio en 1766, con la princesa Sofia Magdalena de Dinamarca y de Noruega, respondía a intereses políticos en los que no intervenían sentimientos y a cuya unión estuvo obligado por imperativos parlamentarios; la relación entre ambos siempre fue fría y distante, pues Gustavo III rechazaba cualquier contacto con Sofia Magdalena, y desde luego se negó siempre a compartir lecho con ella. En la corte sueca, se conocía a la reina Sofia Magdalena como la "Estátua del Comendador".


Sofia-Magdalena de Dinamarca y de Noruega, Reina de Suecia (1743-1813); retrato según Alexandre Roslin. Hija de un alcohólico, el rey Federico V, y hermana de un enfermo mental, Christian VII, era una mujer retraída, fría y sin interés aparente.

En 1768, Gustavo III tuvo a una amante, una dama noble que respondía al nombre de Charlotte Du Riez; pero las infidelidades de la dama llevaron a Gustavo a abandonarla tras una relación de dos meses.


el Conde Adolf-Fredrik Munck de Fulkila (1749-1831)

Hizo falta la intervención del conde Adolf Fredrik Munck de Fulkila, amigo (y favorito, acaso amante) del rey, para que se operase en la real pareja un acercamiento en 1775, y mucho poder de convicción para que Gustavo III se pusiera en faena para engendrar a un heredero del trono, que nacería finalmente en 1778.

Sin embargo, la venida al mundo del príncipe Gustavo Adolfo fue desde el principio manchada por un malévolo rumor que corrió como un reguero de pólvora por toda Suecia y Europa, y que apuntaba a que, en realidad, era hijo de Munck.

En consecuencia, el rey se convirtió en el blanco de crueles comentarios, señalando éstos que en sus coyundas con la reina era asistido por Munck para poder consumar el acto. Malévolos o no, Gustavo III era un hombre tremendamente afeminado, tal y como sale reflejado en muchas correspondencias y diarios de sus contemporáneos, y su debilidad por los de su propio sexo era vox populi. Prefería netamente rodearse de hombres guapos y se complacía en ridiculizar a las mujeres de su corte quienes, por otro lado, le despreciaban y se burlaban de sus tendencias.

Por lo visto, el rumor de la paternidad del príncipe heredero partió de la mismísima reina-madre Luisa-Ulrika de Prusia, que rehusó reconocer a su nieto como hijo de Gustavo III. Para acabar con las maledicencias, el rey llegó a obligar a su madre y a todos los miembros de la familia real a firmar un documento público en el que reconocían la legitimidad del pequeño Gustavo Adolfo y desmentían el rumor de bastardía.


Luisa-Ulrika de Prusia, Reina-Viuda de Suecia (1720-1786).

Tras aquel incidente, las relaciones entre Gustavo III y su madre, ya de por sí gélidas, se interrumpieron bruscamente. La Reina-Viuda abandonó la corte y se retiró de la vida pública hasta su muerte, en el castillo de Svartsjö, momento en que se produjo una reconciliación entre ella y su hijo en su lecho de muerte (16 de julio de 1782).

El mismo año de 1782, nacería el segundo retoño de la real pareja, el príncipe Carlos Gustavo, duque de Smäland; pero el infante fallecería al año siguiente, sellando así el cese definitivo de la convivencia de los reyes.


Gustavo III -en traje dorado y sentado- junto con sus dos hermanos: Carlos, duque de Södermanland -en pie y con traje malva- y Federico-Adolfo, duque de Ostergötland -en traje rojo y sentado a la derecha del cuadro-; obra de Alexandre Roslin.

Sus relaciones con sus hermanos tampoco fueron muy boyantes, a excepción de Carlos, duque de Södermänland (1748-1818), en cuya educación Gustavo influyó sustancialmente. Le tenía en gran estima y conocía sus grandes cualidades de militar y hombre de mar. De hecho, el príncipe Carlos demostró con creces su valía en diversas batallas navales, como la victoria naval de Hogland (7 de junio de 1788) que coronó su carrera. Fue el único de los tres hermanos de Gustavo III en casarse con una princesa: Hedwig Elisabeth Charlotte von Holstein-Gottorp, el 7 de julio de 1774.


Hedwig Elisabeth Charlotte de Holstein-Gottorp, Duquesa de Södermänland (1759-1818) y futura reina de Suecia y de Noruega.

Su matrimonio tan solo dio un hijo, Carlos-Adolfo, que apenas vivió 7 días (1798), y célebre fue su anterior idilio con la condesa Augusta de Fersen, su amante antes de casarse, que le daría un hijo bastardo: Carl Löwenhielm (1772-1861). A Carlos le hubiese gustado casar con Augusta de Fersen, ya que le pidió en matrimonio, pero la familia de ésta, siempre ambiciosa y altiva, no consideraba digno de su linaje que entroncara con la Familia Real a través del hermano del rey por ser príncipe segundón.


Carlos de Suecia, Duque de Södermänland (1748-1818), hermano de Gustavo III, tío y sucesor de Gustavo IV Adolfo en el trono sueco en 1809. / Retratado por Alexandre Roslin.

Al fallecer Gustavo III días después del atentado sufrido en la Opera de Estocolmo (1792), Carlos fue nombrado tutor del joven rey Gustavo IV Adolfo, su sobrino, y ejerciendo nominalmente de regente aunque, en realidad, el poder era asumido por el barón Gustav Adolf Reuterholm, miembro de la nobleza que había tomado su revancha y relegando la autoridad de la Corona a un segundo plano.

Cuando Gustavo IV Adolfo llegó a la mayoría de edad, Carlos se retiró del escenario político y no volvería a él hasta 1809, cuando su sobrino es depuesto y exiliado con su mujer e hijos lejos de Suecia; es entonces elegido nuevo rey de Suecia tras aceptar una nueva constitución liberal y coronado el 29 de junio de 1809, como Carlos XIII.

Ante la falta de descendencia, adoptó al príncipe danés Christian Augusto de Holstein-Augustenburg, reconvertido en kronprins Carlos Augusto de Suecia, pero éste murió fulminado de apoplejía durante una revista militar en 1810, provocando un linchamiento el día de su funeral en Estocolmo, en el que la principal víctima fue el conde Hans-Axel de Fersen, falsamente acusado de haberle envenenado.

Un segundo heredero fue entonces escogido de entre los mariscales del emperador Napoleón I: Charles Jean-Baptiste Bernadotte, príncipe de Pontecorvo y mariscal de Francia. A la postre, el francés se convertiría en el rey Carlos XIV de Suecia, instaurando su dinastía en Suecia hasta el día de hoy.

El otro hermano menor de Gustavo III, Federico-Adolfo de Suecia, duque de Ostergötland -o Ostrogotland- (1750-1803), fue objeto de una esmerada educación y orientado a la carrera militar como Carlos. Coronel en 1762, inició un viaje o gira por Europa a partir de 1770 junto a su hermano mayor Gustavo, bruscamente interrumpido cuando se anunció en 1771 la muerte del padre Adolfo-Federico I.

A partir de 1782, Federico-Adolfo residió oficialmente en el palacio de Tullgarn y su relación con Gustavo III se malogró por las indisposiciones existentes entre la Reina-Madre Luisa-Ulrika y Gustavo, al imponerse éste como tutor de su hermano pequeño.
A decir de los testigos, Federico-Adolfo tenía un hermoso semblante y una presencia elegante, pasando por ser mucho más apuesto que sus dos hermanos mayores. Sin embargo, y debido sin duda a su inactividad forzosa en la corte y en los eventos militares, se mostró proclive a todo tipo de frivolidades: se le consideraba tremendamente sibarita, bebedor y mujeriego. Sintió especial predilección por la música y por las Bellas Artes.

Nunca contraería matrimonio, permaneciendo soltero oficialmente hasta su muerte. Tuvo, sin embargo, varias relaciones conocidas, entre ellas su idilio con la bailarina Sophie Hagman, que le dio una hija llamada Sofia-Federica.

Sus excesos con el alcohol le convirtieron en un enfermo crónico con tremendos ataques de delirium tremens. Fallecería en suelo extranjero en 1803, hecho una ruina.

La última, la princesa Sofia-Albertina de Suecia (1753-1829), fue Princesa y Abadesa de Quedlinburg, en Alemania, aunque permaneció casi toda su vida en Suecia. En excelentes términos con su madre, la Reina-Viuda Luisa-Ulrika, acompañó a su madre cuando ésta se vio relegada lejos de la corte, ganándose así la enemistad de su hermano Gustavo III. Pese a los reiterados intentos de casarla, nunca encontró un pretendiente a su medida y permaneció soltera hasta su muerte, acontecida el 17 de marzo de 1829, cuando ya reinaba Carlos XIV Juan Bernadotte.

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