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Categoría: Reyes de Francia

EL JOYERO DE MARIA DE MEDICIS

Posteado por: retratosdelahistoria el 15 nov En: Reyes de Francia Apuntes Joyas Históricas - sin comentarios

INVENTARIO DE LAS JOYAS DE LA REINA DE FRANCIA

MARIA DE MEDICIS

Retrato de María de Médicis (1573-1642), Reina Vda. y Regente de Francia y de Navarra, según Frans Pourbus II en 1611, y representada con los atuendos de su coronación, su corona, sus diamantes y sus fabulosas perlas. Galería Uffizi (Florencia, Italia).

En 1610, un exhaustivo inventario sobre las alhajas personales de María de Médicis, esposa del rey Enrique IV de Francia y de Navarra, nos revela que sus joyeros contenían lo siguiente:

-11.538 piedras preciosas de todas las formas y dimensiones imaginables.

-6 collares de diamantes.

-11 cadenas de oro de diseños y formas diversas.

-4 insignias de diamantes.

-varias cruces de oro con perlas, diamantes, rubíes, zafiros, amatistas y esmeraldas.

-varios rosarios de oro con cuentas de perlas y otras piedras preciosas.

-varios brazaletes de oro guarnecidos con gran variedad de gemas.

-varios broches, ramilletes, colgantes de cintura, cinturones, pendientes, anillos, ornamentos y agujas guarnecidas con diamantes, perlas y otras gemas de colores.

-5.878 perlas redondas y en forma de pera, de grandes dimensiones.

El famoso inventario se realizó tras el asesinato del rey Enrique IV (14 de mayo de 1610), e impresiona, ya en esa época, la cantidad de alhajas acumuladas por su segunda consorte María de Médicis, de 37 años. A medida que se fueron sucediendo las distintas reinas que vinieron después de ella, el joyero de las regias consortes se acrecentó con regalos diplomáticos, presentes reales y encargos. Todo hay que decirlo, algunas alhajas antiguas, juzgadas pasadas de moda, fueron reconvertidas y sus piedras reutilizadas. Se sabe, en cualquier caso, que su famoso collar de gruesas y redondas perlas llegó hasta la Revolución Francesa, cuando se hizo un inventario y correspondiente tasación de las Joyas de la Corona de Francia en 1791-1792, por encargo de la Asamblea Nacional que pretendía subastarlas para financiar la guerra.

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ENRIQUE IV DE FRANCIA & SU GUARDARROPA

Posteado por: retratosdelahistoria el 10 nov En: Curiosidades Reyes de Francia Apuntes - 4 comentarios

EL TRAJE DEL REY ENRIQUE IV & SU GUARDARROPA

Cuando el fatídico 14 de mayo de 1610 recibió, en plena calle, la mortal puñalada de su asesino François Ravaillac, Enrique IV de Francia llevaba un jubón y calzas de satén negro sin pasamanerías, medias de seda negra con jarreteras a juego, una camisa blanca de fina tela de Holanda con los puños plisados y el cuello con gorguera de encaje almidonado. En los pies, zapatos de punta discretamente redondeada de cuero de Flandes, abiertos a ambos lados con un sistema de cierre cubierto por una rosa de tafetán negro guarnecido con encajes de hilo. A juego, un manto o capa corta de terciopelo negro, adornada con la gran cruz de la Orden del Espíritu-Santo, confeccionada con un bordado en hilo de oro y plata. Alrededor del cuello, en sotuer, el monarca lleva la ancha cinta de muaré azul de la cual cuelga la cruz de la orden, en oro y esmaltes. En la cabeza, un sombrero de castor negro con o sin penacho blanco.

El momento de su fallecimiento en su estudio o gabinete privado de la primera planta del Palacio del Louvre, sus ayudantes de cámara y los testigos presenciales dejaron patente el contenido de su guardarropía: predominaban en sus trajes el color negro, su favorito, seguido por el color gris y gris-perla, el pardo y, en menor medida, el blanco, con bordados y pasamanerías en hilo de oro y plata o sencillos. Las telas van desde el terciopelo al satén, la seda y el tafetán. Algunas prendas, sobretodo las que se utilizaron para las cacerías, eran confeccionadas en piel de ante. En diversos cajones, se contaron numerosos pares de guantes de piel de ciervo, corzo, ante, cabra, de lobo marino,... Entre su calzado, se distinguían las botas de montar, muy flexibles y cómodas, realizadas en piel de vaca que se ajustaba perfectamente a los gemelos y llegaban por encima de la rodilla, con solapas y guarniciones en terciopelo de color a juego con los diferentes jubones y calzas.

Si hay un detalle que es desconocido por la mayoría del vulgo, es éste: Enrique IV solía llevar siempre encima sus anteojos (gafas) para poder leer los documentos y cartas que le eran entregadas.

Por otro lado, sus sirvientes siempre revestían la librea de la Casa Real, confeccionada en rojo, blanco y azul adecuadamente combinados, ya que eran los colores de los Borbones.

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CRONOLOGIA DE LOS REYES DE FRANCIA

Posteado por: retratosdelahistoria el 4 oct En: Reyes de Francia Cronologias Himnos / Anthems - sin comentarios

REYES DE FRANCIA

Cronología de los reinados de los monarcas Capetianos

Dinastía Capetiana

Rama de los Capetos directos

-Hugo I "Capeto", Duque de Francia, c.941-996, Rey de Francia de 987 a 996

-Roberto II "el Piadoso", c.972-1031, Rey de Francia de 996 a 1031

-Enrique I, 1008-1060, Rey de Francia de 1031 a 1060

-Felipe I, c.1052-1108, Rey de Francia de 1060 a 1108

-Luis VI "el Gordo", c.1081-1137, Rey de Francia de 1108 a 1137

-Luis VII "el Joven", 1120-1180, Rey de Francia de 1137 a 1180

-Felipe II Augusto, 1165-1223, Rey de Francia de 1180 a 1223

-Luis VIII "el León", 1187-1226, Rey de Francia de 1223 a 1226

-Luis IX "el Santo", 1214-1270, Rey de Francia de 1226 a 1270

-Felipe III "el Atrevido", 1245-1285, Rey de Francia de 1270 a 1285

-Felipe IV "el Hermoso", 1268-1314, Rey de Francia de 1285 a 1314

-Luis X "le Hutin", 1289-1316, Rey de Francia de 1314 a 1316

-Juan I "el Póstumo", 1316-1316, Rey de Francia de 1316 a 1316

-Felipe V "el Largo", c.1293-1322, Rey de Francia de 1316 a 1322

-Carlos IV "el Hermoso", 1294-1328, Rey de Francia de 1322 a 1328

Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra / Eduardo III de Inglaterra reivindica el trono francés / Derrotas francesas en 1340-1346

Calais cae en manos inglesas 1347 / Gran Epidemia de Peste en Europa / Tregua anglo-francesa de 1348

Dinastía Capetiana / Casa de Valois

-Felipe VI, Duque de Valois, 1293-1350, Rey de Francia de 1328 a 1350

-Juan II "el Bueno", 1319-1364, Rey de Francia de 1350 a 1364

Reanudación de la Guerra de los Cien Años en 1355 / Los Ingleses derrotan a los Franceses en Poitiers 1356 / Juan II cae prisionero y llevado a Londres

Regencia del Delfin Carlos 1356-1360 / Rebelión de París liderada por Etienne Marcel / Revuelta Campesina "La Jacquerie" / Tratados de Londres de 1358-1359

Liberación de Juan II en 1360 / Francia cede su franja atlántica a Eduardo III / Reanudación de la guerra / El Ducado de Borgoña reunido a la Corona

Evasión del Duque de Anjou de la Torre de Londres / Juan II vuelve a Londres como prisionero

-Carlos V "el Sabio", 1338-1380, Rey de Francia de 1364 a 1380

-Carlos VI "el Loco", 1368-1422, Rey de Francia de 1380 a 1422

Regencia de los Duques de Borbón, de Anjou, de Berry y de Borgoña / Revueltas antifiscales / Paz con Inglaterra hasta 1404

Carlos VI es declarado loco y sometido a una nueva regencia / Regencias de los Duques de Orléans y de Borgoña / Asesinato de Orléans en 1407

Guerra Civil entre Armagnacs y Borgoñones / Desembarco de Enrique IV de Inglaterra en Francia 1412 / Enrique V de Inglaterra reclama la Corona de Francia

Derrota francesa en Azincourt 1415 / Inglaterra se anexiona Normandía / Tratado franco-inglés de Troyes 1420 por el cual se deshereda al Delfín Carlos en favor de Enrique V de Inglaterra, casado con Catalina de Francia / Proclamación de Enrique V como Rey de Francia en 1422 / Campaña de reconquista por Carlos VII / Aparición de Juana de Arco 1429

Victoria francesa en el asedio de Orléans / Coronación de Carlos VII en la Catedral de Reims en julio de 1429 / Fin de la alianza anglo-burgunda 1435

Pragmática Sanción de Carlos VII limitando el poder papal sobre los obispos franceses 1348 / Reorganización del ejército y de la armada francesa / Reformas fiscales

Retroceso de los ejércitos de Inglaterra / París liberada abre sus puertas a Carlos VII / Reanudación de las hostilidades 1499 / Recuperación de Normandía en 1450 y de Guyena en 1453

Fin de la Guerra de los Cien Años / Inglaterra derrotada, abandona y pierde todos sus feudos franceses excepto la ciudad de Calais

-Carlos VII "el Victorioso", 1403-1461, Rey de Francia de 1422 a 1461

-Luis XI, 1423-1483, Rey de Francia de 1461 a 1483

-Carlos VIII, 1470-1498, Rey de Francia de 1483 a 1498

Dinastía Capetiana / Casa de Valois-Orléans

-Luis XII, Duque de Orléans, 1462-1515, Rey de Francia de 1498 a 1515

Dinastía Capetiana / Casa de Valois-Angulema

-Francisco I "el Magnífico", Conde de Angulema, Duque de Valois, 1494-1547, Rey de Francia de 1515 a 1547

-Enrique II, 1519-1559, Rey de Francia de 1547 a 1559

-Francisco II, 1544-1560, Rey de Francia de 1559 a 1560

-Carlos IX, 1550-1574, Rey de Francia de 1560 a 1574

-Enrique III, 1551-1589, Rey de Francia de 1574 a 1589 (asesinado)

REYES DE FRANCIA Y DE NAVARRA

Dinastía Capetiana / Casa de Borbón

-Enrique IV "el Grande", 1553-1610, Rey de Navarra en 1572, Rey de Francia de 1589 a 1610 (asesinado)

-Luis XIII "el Justo", 1601-1643, Rey de Francia y de Navarra de 1610 a 1643

-Luis XIV "el Grande", 1638-1715, Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715

-Luis XV "el Bien-Amado", 1710-1774, Rey de Francia y de Navarra de 1715 a 1774

-Luis XVI, 1754-1793, Rey de Francia y de Navarra de 1774 a 1792 (depuesto / ejecutado)

-Luis XVII, 1785-1795, Rey de Francia de 1793 a 1795 (no gobierna / prisionero)

Revolución Francesa 1789-1799 / Abolición de la Monarquía 1792 / 1ª República Francesa de 1792 a 1799 / Ejecución capital de Luis XVI y su familia en 1793

Guerras contra España, Gran-Bretaña, Prusia y Austria / Consulado y Dictadura Militar de 1799 a 1804 / Napoleón Bonaparte, 1er Cónsul Vitalicio de la República Francesa

Instauración del Ier Imperio / Napoleón I Bonaparte, proclamado Rey de Italia y Emperador de los Franceses en 1804

Dinastía Bonaparte / 1er Imperio Francés de 1804 a 1814

-Napoleón I, 1769-1821, Emperador de los Franceses de 1804 a 1814 (abdica / exiliado)

Caída del Ier Imperio / Restauración de la Casa de Borbón / Monarquía Parlamentaria / Francia vuelve a sus fronteras de 1792 / Congreso de Viena 1814-1815 / Creación de la Cámara de los Pares / Luis XVIII otorga una Carta Constitucional a los Franceses

Dinastía Capetiana / Casa de Borbón / 1ª Restauración

-Luis XVIII "el Deseado", 1755-1824, Rey de Francia de 1814 a 1815

Dinastía Bonaparte / Imperio de los Cien Días

-Napoleón I, 1769-1821, Emperador de los Franceses de 1815 a 1815 (abdica / prisionero)

-Napoleón II, 1811-1832, Rey de Roma, Duque de Reichstadt en 1818 (no gobierna / exiliado)

Dinastía Capetiana / Casa de Borbón / IIª Restauración

-Luis XVIII "el Deseado", 1755-1824, Rey de Francia de 1815 a 1824

-Carlos X, 1757-1836, Rey de Francia de 1824 a 1830 (abdica / exiliado)

-Luis XIX, 1775-1844, Rey de Francia de 1830 a 1830 (reina 5 minutos /no gobierna /exiliado)

-Enrique V, 1820-1883, Rey de Francia de 1830 a 1830 (no gobierna / exiliado)

Monarquía Parlamentaria / Ley de Indemnización de los Emigrados / Intervención Francesa en Grecia 1827 / Conquista de Argelia y expansión colonial 1830

Revolución de "las Tres Gloriosas" en Julio de 1830 / Abdicaciones de Carlos X & de Luis XIX a favor de Enrique V, menor de edad / Regencia del Duque de Orléans

Los liberales ofrecen el trono al Duque Luis-Felipe III de Orléans / Monarquía de Julio 1830-1848 / Revolución Belga / Bélgica ofrece su corona a un príncipe francés

Tensión entre Londres y París por la independencia Belga / Francia rehusa la corona de los Belgas a favor de Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha 1831

Dinastía Capetiana / Casa de Borbón-Orléans

-Luis-Felipe I, Duque de Orléans, 1773-1850, Rey de los Franceses de 1830 a 1848 (abdica / exiliado)

Revolución de 1848 / Luis-Felipe I abdica en su nieto / Abolición de la Monarquía / IIª República Francesa de 1848 a 1852

Golpe de Estado del Príncipe-Presidente Luis-Napoleón Bonaparte / Instauración del IIº Imperio

Dinastía Bonaparte / IIº Imperio Francés de 1852 a 1870

-Napoleón III, 1808-1873, Emperador de los Franceses de 1852 a 1870 (abdica / exiliado)

Guerra Franco-Prusiana 1870 / Caída del IIº Imperio y Guerra Civil / Napoleón III es hecho prisionero y retenido en Wilhelmshoe / Prusia se anexiona Alsacia y Lorena / Léon Gambetta proclama el advenimiento de la república y la caída del IIº Imperio / Paris es asediada por los Prusianos / La regente y Emperatriz Eugenia y su hijo el Príncipe Imperial huyen y se exilian en Londres

Gobierno de Defensa Nacional presidido por el General Trochu y ministros republicanos: Gambetta, Favre y Ferry en septiembre 1870 / Guillermo I de Prusia se instala en el Palacio de Versailles y es proclamado Emperador de Alemania en enero de 1871 / Adolphe Thiers, ex-ministro de la Monarquía de Julio, asume el poder ejecutivo y la jefatura del Gobierno 17-II-1871 en Versailles / Tratado de Frankfurt entre Thiers y Bismarck / Insurrección parisina o de la Comuna "Comuneros" contra Thiers y la ocupación prusiana / Semana Sangrienta: Thiers reprime sangrientamente la insurrección y asedia París / Los Comuneros incendian los palacios de Las Tulerías y del Palais-Royal / El balance de la represión del Ejército contra los parisinos insurrectos se traduce en 25.000 Comuneros muertos / Se proclama el derrocamiento de Napoleón III y el advenimiento de la IIIª República

IIIª República Francesa de 1871 a 1940 con Adolphe Thiers como su 1er Presidente 31-VIII-1871 / Thiers reúne los 5.000 millones de Francos en oro exigidos por Prusia como indemnización de guerra / Prusia devuelve los territorios ocupados excepto Alsacia-Lorena/ Dimisión de Thiers en 1873 por una mayoría monárquica en la Asamblea Nacional / El General Mac-Mahon es elegido 2º Presidente de la III ª República / Intento fallido de restaurar la Monarquía / Enrique V de Francia, Conde de Chambord, rehusa la Corona por desacuerdos con los representantes franceses / Disputa entre Monárquicos, Bonapartistas y Republicanos por el poder / Alianza Franco-Rusa / Construcción defensiva de la Linea Maginot / Expansión colonialista: Marruecos, Túnez, Madagascar e Indochina

Iª Guerra Mundial 1914-1918 / Alianza Franco-Italo-Ruso-Británica contra Alemania y el Imperio Austro-Húngaro / Estados Unidos de América se une a Francia e Inglaterra contra Alemania y Austria / Armisticio del 11-XI-1918 entre los Aliados victoriosos y el Eje Germano vencido / Alemania es condenada a indemnizar a los Aliados

IIª Guerra Mundial 1939-1945 / Francia es invadida y ocupada por Alemania / Estado Francés "Gobierno de Vichy" de 1940 a 1944 en la Zona Libre, con el Mariscal Pétain, colaboracionista con los Nazis / Escisión Francesa entre los partidarios del Gobierno de Vichy y los de la "Francia Libre" liderada por el General De Gaulle exiliado en Londres / Nace la Resistencia Francesa encargada de sabotear las operaciones alemanas y dar soporte a los Aliados en sus acciones / Desembarco de Normandía / Los Alemanes abandonan París y se retiran fuera de las fronteras / Liberación Francesa / Gobierno Provisional 1944-47 / Juicio contra el Mariscal Pétain y sus ministros colaboracionistas por crímenes de guerra

IVª República Francesa de 1947 a 1959 / El General Charles De Gaulle es elegido primer Presidente de la IVª República

Guerras de Indochina y de Argelia / Descolonización progresiva mediante negociación con las antiguas colonias francesas que reclaman su independencia (Madagascar & Túnez)

Vª República Francesa en 1959

PRESIDENTES DE LA Vª REPÚBLICA

-Charles De Gaulle, 1958-1965 / 1965-69

-Georges Pompidou, 1969-1974

-Valéry Giscard D'Estaing, 1974-1981

-François Mitterrand, 1981-88 / 1988-95

-Jacques Chirac, 1995-2002 / 2002-2007

-Nicolas Sarkozy De Nagy-Bocsa, 2007-....

HIMNOS DE LA MONARQUÍA & REPÚBLICA FRANCESA:

LA MARCHA REAL (autor J.B. Lully)

TE DEUM "PRELUDIO" ( autor M.A. Charpentier )

HIMNO DE LA CORONACIÓN DE NAPOLEÓN I & CARLOS X (Vivat in Aeternum)

HIMNO NACIONAL FRANCÉS "LA MARSELLESA" (Versión Larga/Coros):

HIMNO REAL DE LA RESTAURACIÓN 1814-1830 (Viva Enrique IV): 

HIMNO DEL PRIMER IMPERIO (Canto de la Partida):

 

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EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS: El Hombre Rojo -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 8 ene En: Misterios Reyes de Francia - sin comentarios

La leyenda del Hombre Rojo

Todos estos datos, quizá un poco duros de digerir, para mostraros que este lugar cuya historia fue tan accidentada no podía suscitar otra cosa que una leyenda .... sangrienta.

La Reina Catalina de Médicis y su séquito, salen del Palacio del Louvre para contemplar los resultados de la masacre de la San-Bartolomé; cuadro de Debat-Ponsan, 1880.

Se cuenta que la constructora de las Tulerías, Catalina de Médicis, siempre rodeada de magos y adivinos, utilizaba también a un esbirro en especial, un asesino a sueldo que era conocido bajo el apodo de "l'Écorcheur" (el Matarife). Aquel siniestro personaje, era el ejecutor de la reina, el que solucionaba los problemas tras haberse agotado todas las vías, enviando discretamente al otro barrio cualquier personaje que resultara molesto y obstaculizara los designios políticos de Catalina.

Durante mucho tiempo, ese matarife cuyo verdadero nombre no fue retenido por la pequeña historia (tan solo se sabe su nombre de pila: Jean), se dedicó puntualmente a hacer el trabajo sucio contra dinero contante y sonante, hasta que un día, la reina Catalina cayó en la cuenta que su esbirro sabía demasiado. Quizás la sola presencia de aquel asesino le recordaba demasiado que ella también se había manchado las manos de sangre, aunque fuera por persona interpuesta; decidió por tanto quitarlo de en medio. Hechando mano de otro esbirro, un tal Sr. De Neuville, la reina le mandó que se deshiciera discretamente del matarife.

La noche convenida, el esbirro atacó por sorpresa al matarife, cosiéndolo a cuchilladas con un estilete, en el mismo palacio de las Tulerías. Aunque el matarife intentó resistirse al esbirro de Catalina, fue mortalmente tocado y, antes de exhalar su último aliento, le lanzó una amenaza: "¡Volveré!"

Y cayó muerto en un charco de sangre.

Apenas alistado su crimen, Neuville abandonó el lugar pero tuvo la escalofriante impresión de que le seguía un hombre cubierto de sangre; desenvainó la espada y giró sobre si mismo. Nadie. Un escalofrío recorrió su espalda. Inquieto y pensando que había errado en su misión, volvió al lugar del crimen para cerciorarse que allí seguía el cadaver del matarife. Cual fue su sorpresa cuando, al entrar en la estancia, descubrió que el cuerpo había desaparecido y que tan solo quedaba, como prueba de su fechoría, un charco de sangre. Aterrorizado, huyó para ir al encuentro de la reina y contarle todo lo ocurrido. Catalina de Médicis mandó a su gente, espadas en mano, que buscaran por todo el palacio al matarife, con misión de rematarlo. Por más que buscaron, no encontraron nada y tuvieron que abandonar las pesquisas. Extrañada, la reina se encerró a cal y canto en sus aposentos.

Cosme Ruggieri (ob.1615), astrólogo y adivino de Catalina de Médicis; supuesto retrato conservado en el Castillo de Chaumont.

Días más tarde, el astrólogo de la reina, Cosme Ruggieri, acudió al gabinete de su señora para contarle un extraño encuentro que había tenido. En el curso de una preparación para una sesión de videncia, se le apareció en medio de una espesa bruma, surgida de la nada, un hombre ensangrentado que le predijo la muerte de la reina y las desgracias sucesivas que iban a golpear a los dueños del palacio; llegó incluso a predecirle su desaparición con el palacio tres siglos después, ya que se presentaba a si mismo como el depositario y guardián del destino de las Tulerías.

La noticia inquietó a la reina, quien volvió a encerrarse en sus aposentos. Pero, en el momento de entrar en un pequeño gabinete en penumbra, Catalina se topó cara a cara con el Hombre Rojo. El susto fue tan tremendo, que ese mismo día ordenó a sus criados que empaquetasen sus cosas y abandonasen con ella el palacio de las Tulerías.

El Hotel de Soissons, antiguo "Hotel de la Reine" -palacio de la Reina-, tal y como era según los planos alzados de París en el siglo XVIII, realizados para el "Plan Turgot", de 1734. / Abajo, fotografía actual de la Bolsa de Comercio de París, con la torre o columna astrológica de Cosme Ruggieri, último vestigio que sigue en pie del palacio de Catalina de Médicis y luego de los Condes de Soissons, clasificado como Monumento Histórico.

Catalina de Médicis nunca volvería a pisar el palacio. De hecho, se instaló en un palacio nuevo construído donde hoy se encuentra la Bolsa de Comercio de París; el palacio en cuestión fue conocido como "Hôtel de la Reine" y, posteriormente, Hotel de Soissons al ser propiedad de los Condes de Soissons en el siglo XVII-XVIII. Allí mandó construir un observatorio astrológico para su inseparable y fiel Cosme Ruggieri, y cuyo recuerdo aún permanece con su columna astrológica pese a que el palacio fuera arrasado en el siglo XIX.

A partir de aquel momento francamente sobrenatural, las apariciones del Hombre Rojo fueron siempre de mal augurio para los reyes. Se apareció a Carlos IX, que murió cubierto de sangre y aterrorizado por los fantasmas de las víctimas de la masacre de San Bartolomé que asediaban su cama, y a sus hermanos: el joven duque de Alençon, moriría subitamente y Enrique III sería asesinado, poco después de verle, por un monje iluminado.

Después de enterrar a todos su hijos, excepto a Enrique III y Margot, Catalina de Médicis se puso enferma después de trasladarse al castillo de Blois, para la celebración de los Estados Generales convocados por su hijo el rey. Había contraído un resfriado en diciembre de 1588, y estaba moralmente abatida por los trágicos acontecimientos que echaban por tierra toda su política de concordia entre católicos y hugonotes. Es más, estaba aterrada por las consecuencias que podían traer el asesinato del duque de Guisa; asesinato que, por cierto, fue ordenado por Enrique III y del cual nunca le avisó para pedirle consejo.

Sintiéndose mal, Catalina de Médicis se metió en cama para no salir de ella. Pronto, su resfriado degeneró en pleuresía. Un joven abate que no era uno de sus habituales la velaba cuando, de pronto, le preguntó su nombre:

-"Me llamo Julien de Saint-Germain, mi Señora..."

-"Ah! Estoy muerta!" declaró fatalmente la reina, recordando la predicción de Ruggieri hecha en 1572.

Y murió, el 5 de enero de 1589.

El Palacio de Las Tulerías y sus jardines a la Francesa, según un grabado de mediados del siglo XVII.

La noche anterior de que Enrique IV saliera del palacio del Louvre en su carruaje aquel fatídico 14 de mayo de 1610, se vió furtivamente a un hombre ensangrentado deambular por los jardines de las Tulerías.

El Rey Luis XVI de Francia (1754-1793), en un retrato esbozado por Ducreux, c.1792.

Quizás la más relevante de sus apariciones fuera la de 1791, a la mañana siguiente de la huída nocturna de Luis XVI con su familia, en un intento de escapar de su cárcel de las Tulerías. Testigos presenciales, la Guardia Francesa que buscaban por palacio a los miembros de la Familia Real desaparecida, irrumpieron en la habitación del Rey y descubrieron, sorprendidos, a un hombre rojo tumbado en la cama del monarca, que no tardó en desvanecerse. Poco días después, los reyes fugitivos eran descubiertos en una posada de Varennes y apresados para devolverlos a París.

Maria-Antonieta de Austria-Lorena, Reina de Francia (1755-1793), según un retrato inacabado de Kucharski, c.1791-1792.

De vuelta a las Tulerías, su ilustre prisionera la reina Maria-Antonieta se topó, cara a cara, con el hombre rojo en los angustiosos días antes de que la chusma asaltase el palacio (10 de agosto de 1792). Peor augurio no pudo ser, ya que a raíz del asalto, la monarquía es abolida y los reyes son encarcelados en la torre del Temple. La anécdota fue anotada por Madame Campan, testigo del encuentro y entonces doncella de la reina. La misma identificó al Hombre Rojo con el nombre de Jean Lerouge (Juan Elrojo), porque afirma, en sus memorias, haberle visto días antes ante las ventanas de los aposentos de la Reina, blandiendo una pica en cuya punta había un corazón de buey y una pancarta con la leyenda "Corazón de Aristócrata".

El hombre rojo se cobra incluso una víctima en 1793: un soldado revolucionario que, velando el cadáver del asesinado Marat en una sala del palacio, recibió la temida visita del fantasma. La impresión fue tal, que murió de miedo.

El Duende Rojo y el Hombre Rojo

Las andanzas del espectro sangriento siguieron y con más frecuencia con el emperador Napoleón I, el siguiente inquilino. En ese momento, ocurre un hecho extraordinario que se encuentra relatado en varios testimonios de la época. Ya no se trata tan solo del hombre rojo, sino también de un "pequeño hombre rojo", una especie de ser fantástico digno de los cuentos de hadas, un duende vestido de rojo con un capirote puntiagudo a juego que seguirá muy de cerca a Napoleón ya en sus tiempos de general, y en el curso de la expedición a Egipto. El entonces general Bonaparte se topa con ese enano escarlata al pie de la gran pirámide de Keops, y le atrae hasta la entrada de ésta para hablarle de sus victorias en vísperas de la batalla de las pirámides. El corso, tan supersticioso como lo fue en su día la reina Catalina de Médicis, se entretendrá repetidas veces con ese hombrecito que le parece predecir su increíble destino. El mismo Napoleón confiaría a gente muy cercana ese secreto tan peculiar que acabaría por ser del dominio público.

Napoleón I Bonaparte (1769-1821), Rey de Italia y Emperador de los Franceses.

En 1804, poco antes de que se decidiera de la ejecución del secuestrado Duque de Enghien, en Vincennes, un centinela percibió una inquietante sombra en los jardines de las Tulerías y, tras dar el alto que no obtuvo respuesta, disparó y la negra silueta se derrumbó. Cuando acudió a ver a quien había disparado, no encontró nada más que una capa manchada de sangre y una linterna apagada. Respecto a otras fuentes, en esa anécdota nocturna, se cree que el hombre que recibió el disparo fue un vidente llamado Bonaventure Guyon, que era secretamente recibido en los apartamentos privados de la primera planta del palacio por Napoleón en persona. Ese tal Bonaventure Guyon, maestro de las matemáticas astrológicas (como le gustaba presentarse), había sido consultado por el joven Bonaparte en tiempos no tan lejanos y, siendo sus predicciones muy acertadas, mantuvo el contacto con él hasta el día en que Guyon le previno sobre el desastre de la campaña de Rusia, la derrota de Waterloo y su exilio de por vida a la Isla de Santa-Elena, en la que finalmente moriría. Disgustado por esas predicciones tan sombrías, Napoleón lo echó a patadas; desde ese mismo momento, dejó de frecuentarle y de recibirle en su gabinete de palacio, cayendo Bonaventure Guyon en desgracia y tildado de "pájaro de mal agüero".

Sin embargo, todas y cada una de sus predicciones se cumplieron exactamente como lo había transmitido a su regio consultante.

El Palacio de Las Tulerías, en un grabado de inicios de 1800's, que muestra sus dos fachadas: lado Jardín y lado Patio del Carrusel.

Pero, volviendo al fantasma de Jean "el Matarife", con Napoleón I parece extender su área de influencia y de apariciones. Deja de ser el sedentario espectro de las Tulerías, para viajar allá donde se encuentra el emperador, "su protegido". ¿Acaso hablamos del mismo cuando en unas fuentes y otras parecen referirse al mismo espectro? Todo apunta a que asi es, pero yo lo dudo, a menos que el fantasma tuviera una peculiar preferencia por el corso y le fuera benéfico, contradiciendo así su habitual papel de mal augurio.

Algunos aventuran, como en el libro de Las Bonapartiana, detalles inquietantes sobre la curiosa relación que se establece entre el duende rojo y Bonaparte. Cuentan que el corso debía sus éxitos militares al hombrecito rojo, al cual estaba ligado mediante un pacto de una década de duración y realizado la víspera de la famosa batalla de las pirámides, y renovado por tan solo cinco años días antes de la batalla de Wagram.

En el desierto de Siria, el duende rojo se le volvió a aparecer en el monte de Moisés para decirle escuetamente: "Todo va bien!"

Curiosamente, el 18 Brumario (3 de noviembre de 1799), el hombrecito rojo se le aparece de nuevo pero, esta vez, vestido de verde y aconseja al general Bonaparte que lleve a cabo su golpe de Estado.

La noche de la victoria de Marengo (14 de junio de 1800), el duende rojo reaparece para anunciarle que verá doblegarse ante él el mundo y toda Europa estará de rodillas, que será coronado emperador de los Franceses, rey de Italia, etc.

La cuarta aparición se produce antes de su coronación en la catedral de Notre-Dame (diciembre de 1804). Por lo visto, ambos se entretuvieron largamente sobre distintos asuntos.

Napoleón aseguraría que sus apariciones se producían justamente en los momentos más duros de su vida, y que el duende vivía en las golfas del palacio de las Tulerías.

El 20 de Abril de 1814, Napoleón I se despide de sus fieles en el patio de la Herradura del Castillo de Fontainebleau, antes de coger el camino al exilio...

Después de muchos años benéficos, el duende dejó de aparecer. Sin embargo, una visita como la que tuvo Cosme Ruggieri del Hombre Rojo, se produjo en las mismas circunstancias la víspera de la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815). Napoleón I dejaría testimonio de esa visita sobrenatural: "en medio de una espesa e inquietante bruma, apareció un hombre rojo tocado con lo que parecía ser un gorro frigio de lana..."

El mensaje no podía ser más claro: la derrota y su fin.

¿Hemos de creer, por tanto, que el duende rojo y el hombre rojo no son el mismo personaje?

Luis XVIII, Rey de Francia (1755-1824), en un retrato oficial del Barón Gros.

El siguiente inquilino de las Tulerías sería Luis XVIII, junto con el resto de la Familia Real. La aparición se produciría en 1820 y fue vista por varios testigos oculares: sirvientes, soldados y cortesanos. El matarife se había dejado ver la víspera del asesinato del Duque de Berry, segundo sobrino del rey Luis XVIII e hijo pequeño del Conde de Artois.

El 13 de Febrero de 1820, a la salida de la ópera, el príncipe Carlos-Fernando de Francia, Duque de Berry, es mortalmente apuñalado por un obrero bonapartista llamado Louis Louvel. Sobrino del Rey Luis XVIII, era el único miembro de la Familia Real capaz de proporcionar un heredero al trono... En cualquier caso, el intento de Louvel fracasó: meses después, la Duquesa Vda. de Berry, daba a luz a un hijo varón póstumo, Enrique V, Conde de Chambord.

Noche del 13 de Febrero de 1820: la Familia Real y Luis XVIII acuden al Teatro de la Opera para reunirse entorno al moribundo Duque de Berry, presunto heredero de la Corona después de su padre, el Conde de Artois, y de su hermano mayor el Duque de Angulema...

En 1824, mientras el Conde de Artois atravesaba en su carruaje los jardines del palacio, vio las ventanas del gabinete del Rey encenderse de una ardiente e intensa luz rojiza. Creyendo que era un pasajero efecto óptico, no le dio más importancia pero, al día siguiente, al desayunar con su hermano el Rey, éste le contó que había sido víctima de la aparición de un hombre cubierto de sangre en su gabinete de trabajo. El Conde de Artois le contó entonces lo que había visto y parecía coincidir con el mismo momento de la sobrenatural visita.

El rey Luis XVIII de Francia retratado en su gabinete de trabajo del Palacio de Las Tulerías.

Luis XVIII no se inquietó en absoluto por aquella aparición. Sin embargo, el rey moriría días después al degradarse inexplicablemente su estado de salud.

¿Fue el rey víctima de una enfermedad psicosomática o de un auténtico caso de aterradora premonición?

El fin de una leyenda

Fotografía de 1871, mostrando en perspectiva el Pabellón Central o del Reloj en ruinas tras el incendio provocado por los comuneros.

La última aparición del inquietante fantasma del Matarife se produciría precisamente en 1871, cuando los comuneros insurrectos parisinos incendiaron intencionadamente el Palacio de las Tulerías. Habían depositado y almacenado una prodigiosa cantidad de pólvora, de alquitrán líquido, de esencia de trementina y de petróleo en los bajos del pabellón central. En consecuencia, aquel gigantesco incendio que duró 3 días, provocó la explosión del pabellón central y, en el momento de hundirse la cúpula, muchos testigos oculares vieron como aparecía en la ventana central de la Sala de los Mariscales, un espectro ensangrentado en medio de aquel infierno en llamas. ¿Era la despedida del Hombre Rojo antes de que desapareciera junto con el palacio de las Tulerías? Quién sabe.

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EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS: El Hombre Rojo -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 7 ene En: Temas Misterios Reyes de Francia - 4 comentarios

EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS

"El Hombre Rojo"

Leyendas fantasmales conocidas

El Palacio Imperial de Invierno, La Hofburg de Viena (reproducción a vista de pájaro del complejo palatino de los Habsburgo).

Si hay una leyenda muy conocida por todos los golosos de historias de miedo y de leyendas de ultratumba, ésa es la de la celebérrima "Dama Blanca" de los Habsburgo, que solía aparecerse en el Palacio Imperial de Invierno (La Hofburg de Viena) a sus regios habitantes para anunciarles su próxima muerte. De hecho, el espectro de aquella dama blanca solía extender su área de influencia apareciéndose incluso en el Palacio Imperial de Innsbrück y en otros regios edificios con tal de llevar a cabo su misión: la de advertir a los príncipes que se acercaba su hora. Fue el caso del emperador Francisco I Esteban de Lorena, marido de la autoritaria Maria-Teresa I de Austria, última de los Habsburgo; el monarca, que también llevaba en sus venas la sangre de los Austria por parte de su abuela, hermana del emperador Leopoldo I, tuvo un encontronazo con la dama blanca en un corredor del palacio de Innsbrück, donde solían pasar los veranos los miembros de la numerosa Familia Imperial y su corte. Después de relatar su encontronazo a su mujer, Francisco I Esteban moría súbitamente.

Los Emperadores Francisco I Esteban de Lorena y Maria-Teresa I de Austria, con su familia; obra de Martin Van Meytens.

Pues bien, no es, obviamente, una aparición exclusiva de la Casa Imperial Austro-húngara. Citada anteriormente, la dama de Chantilly alias Louise de Budos, solía hacer lo mismo que la dama blanca de La Hofburg: advertir silenciosamente a sus descendientes los príncipes de Condé y de Conti, con terrible semblante, que la muerte estaba cerca.

En Gran-Bretaña, reino de numerosísimas leyendas fantasmales, algunas francamente aterradoras, contamos con los fantasmas regios de Ana Bolena y de otras dos reinas que, entre el nutrido listado de esposas del rey Enrique VIII, suelen aparecerse a los guardias que hacen sus rondas por la lúgubre Torre de Londres, aterrorizándolos. En el castillo de Windsor, la mayor residencia privada que todavía existe en Europa, suele aparecerse la reina Elizabeth I sobretodo por la Biblioteca Real, hojeando libros en silencio para más datos. El caso del Palacio de Hampton Court, ha vuelto a saltar a la palestra hace pocos años, con las apariciones fantasmales de una dama del siglo XVII que abre y cierra puertas, y fortuitamente captada por las cámaras de seguridad.

Por lo que toca a la Casa Real Francesa y a la Casa Imperial, no hay ninguna dama que aparezca a los reyes, más bien es un hombre, un ser aterrador, al que conocen como "el Hombre Rojo"; éste solía aparecerse a los gobernantes que ocuparon, precisamente, el hoy desaparecido Palacio Real de Las Tulerías y sobre el cual escribí anteriormente, mencionando el proyecto de su reconstrucción que se está llevando.

Pero, para entender mejor el tema del que vamos a tratar, ¿qué mejor que hacer un repaso sobre la historia de un edificio tan emblemático a la par que desconocido por la mayoría?

El Palacio de Las Tulerías: evolución e historia

Situado en el prolongamiento Oeste del Gran Louvre, el dominio de las Tulerías se compone de un extenso parque o jardín del mismo nombre, asi como de los museos del Jeu de Paume y de la Orangerie.

El nombre de "Las Tulerías" procede de las fábricas de tejas instaladas en el mismo emplazamiento desde el siglo XIII, y que serían arrasadas tras ser comprados los solares por la reina Catalina de Médicis, consorte del rey Enrique II de Francia y madre de los tres últimos monarcas de la Casa de Valois-Angulema (Francisco II, Carlos IX y Enrique III), y de la célebre reina Margot, esposa de Enrique IV.

El Palacio del Louvre, en la época medieval tardía (siglo XV); litografía del siglo XIX.

Estando el viejo Palacio del Louvre en constante remodelación desde que Francisco I decidiera abatir el medieval palacio-fortaleza para sustituirlo por un palacio renacentista más acorde con los gustos de su tiempo y digno de sus habitantes, la Familia Real tiene que acomodarse del incesante ruido, del polvo y del vaivén de los obreros, carpinteros, paletas, escultores por la residencia regia que, poco a poco, se va transformando. Por esta razón, gran parte del tiempo, los reyes viven en el "Hôtel des Tournelles", un palacio cercano en el cual Enrique II encontraría la muerte en el curso de una justa que formaba parte de las celebraciones programadas por las bodas de sus hijas con el rey Felipe II de España y el Duque de Saboya.

Enrique II de Francia y Catalina de Médicis (oval central) rodeados de los retratos de padres e hijos, y parientes cercanos; la Familia Real Francesa al completo.

Tras la tragedia, predecida por Nostradamus, en la que Enrique II acabó con una punta de lanza clavada en un ojo y murió días después, pese a los esfuerzos del cirujano Ambroise Paré, la reina Catalina de Médicis decidió abandonar el palacio de Tournelles, donde el triste recuerdo de aquel accidente la atormentaba.

El Palacio del Louvre en obras, en pleno siglo XVI. Se aprecian las nuevas prolongaciones con el ala de la Reina, que alberga la futura Galería de Apolo en su 1ª planta, orientada sobre el pequeño Jardín del Rey, y las obras de la Gran Galería.

Eligió aquel terreno de las Tulerías para hacerse construir allí una nueva residencia a su medida. La situación le parecía idónea: fuera de las murallas que rodeaban el bullicioso y fétido París, y a orillas del Sena, no estaba demasiado lejos del Palacio del Louvre y tenía a sus pies el campo, con un aire más puro. Con solo atravesar la Puerta de la Torre del "Châtelet" (también llamada "Puerta Nueva"), podía volver a la capital a caballo, a pie o en carruaje en pocos minutos.

Es pues en 1564 cuando la reina viuda decide hacerse construir allí un palacio. El arquitecto real Philibert Delorme presenta un proyecto ambicioso a su soberana: un edificio gigantesco de planta rectangular que evoluciona entorno a tres patios interiores, siendo más extenso el central, y dotado con doce pabellones de los que cuatro marcan los ángulos y otros cuatro sirven de puertas de acceso, rodeado de un foso y dotado con 4 puentes.

El Palacio de Las Tulerías, proyectado por el arquitecto Philibert Delorme en 1564.

Sin embargo, los tiempos que se avecinan no dan para tal dispendio ni para emplearse a fondo en su construcción. La guerra civil y religiosa estalla entre católicos y hugonotes, pillando en medio a Catalina de Médicis que, aunque Carlos IX esté al frente del gobierno, necesita de su maquiavelismo para desenmarañar una situación político-religiosa que toma proporciones terribles. La reina madre intenta, utilizando todos los medios a su alcance, mediar en el conflicto que parece convertir en enemigos irreconciliables a católicos y protestantes.

Catalina de Médicis, Reina Vda. de Francia (1519-1589), en un retrato de 1565.

Peor aún, Ruggieri, un mago del entorno regio predice, en 1572, a la supersticiosa Catalina de Médicis que hallará la muerte cerca de Saint-Germain. Lógicamente, la reina saca sus propias conclusiones: el palacio de las Tulerías que ha mandado edificar, depende de la parroquia de Saint-Germain-L'Auxerrois. Es menester, por tanto, abandonar la idea de instalarse en las Tulerías y elegir otra residencia bien lejos de aquel lugar; aún no está preparada para morir.

Y las obras son abandonadas...

El Palacio de las Tulerías (en primer término) unido al Palacio del Louvre (en segundo término) por el Ala de la Gran Galería, sobre el muelle derecho del Sena; grabado de 1615.

El palacio a medio construir queda incompleto: solo tres cuerpos se alzan, dando un aspecto curioso al conjunto. Habría que esperar al advenimiento del rey Enrique IV, el primer Borbón, para que las obras se reinicien al decidir éste que hay que unir el Palacio del Louvre al inacabado Palacio de las Tulerías con un ala que domine el muelle derecho del Sena, denominada "la Gran Galería". El proyecto recibe entonces el nombre de "Grand Dessin" (Gran Dibujo), y va a ser una constante en los sucesivos reinados: eliminar todos los barrios existentes entre el Louvre y las Tulerías, para crear un conjunto palatino jamás visto en Europa; un conjunto que, sea dicho de paso, será titánico y grandioso en su concepción y conclusión: el palacio más grande y amplio de Europa.

Con el reinado de Luis XIII, el palacio de las Tulerías iría a parar a manos del Duque Gastón de Orléans y a su hija, la Duquesa de Montpensier (nieta de Enrique IV), quien lo ocupará hasta finales de la guerra civil que enfrenta la aristocracia y el Parlamento a la Corona del joven Luis XIV (las Dos Frondas), durante la regencia de Ana de Austria y el ministerio del Cardenal Mazarino.

Ana-Maria-Luisa de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693); la nieta del rey Enrique IV de Francia, hija del Duque Gastón de Orléans y prima-hermana de Luis XIV, con el cual se pensó casar en su día, echó al traste su brillante porvenir al tomar partido por los príncipes rebeldes de la Fronda...

Cuando las fuerzas del Rey consiguen someter a los nobles rebeldes, tras derrotarlos en una cruenta batalla bajo los muros de París, la Duquesa de Montpensier, inquilina de las Tulerías, recibirá la orden de abandonar la capital y retirarse en su castillo de Saint-Fargeau por haberse atrevido a socorrer al ejército rebelde del Gran Condé ordenando que los cañones de La Bastilla bombardearan las tropas Reales dirigidas por Turenne.

El Palacio de las Tulerías en 1652, entonces residencia de la Gran Mademoiselle, la Duquesa de Montpensier.

La Corona recupera el palacio de las Tulerías y, el departamento de los Reales Edificios decide, por orden del ministro Colbert, acabar las obras y completarlas para que en él se alojen Luis XIV y la corte. Colbert invirtió mucha energía en que se concluyeran las eternas obras del Louvre y de las Tulerías para dar cuerpo al "Gran Dibujo", persiguiendo el objetivo de retener al rey en la bulliciosa capital del Sena. Pero la aversión de Luis XIV por París y los parisinos, heredada de los tiempos de la Fronda en los que la Familia Real vivió en un permanente estado de terror y humillación, secuestrada, vigilada y prisionera de la chusma, fue superior a cualquier buen deseo del ministro Colbert y a su desplegamiento de medios para convertir el Gran Louvre y las Tulerías en las dignas residencias de la monarquía gala.

El Palacio de Las Tulerías, tal y como era en la 1ª mitad del siglo XVII, con el pabellón angular de Flora, conectado a la Gran Galería del Louvre que domina el muelle de la riba derecha del Sena.

Luis XIV puso los ojos en el pequeño castillo de Versailles, antaño cita de las cacerías reales de su padre Luis XIII, a 20 km. de París, que le brindaba la oportunidad de convertirlo en su futuro palacio real lo bastante alejado de la turbulenta capital para no sentirse presionado en sus decisiones, y lo bastante cerca como para hacer sentir su poder. Y, mientras Luis XIV se alojaba en las Tulerías, las titánicas obras de Versailles comenzaban.

El Gran Carrusel de Luis XIV ofrecido en el patio de armas del Palacio de las Tulerías, en junio de 1662, celebraba el nacimiento de su primer hijo varón, el Delfín Luis (noviembre de 1661). Abajo, retrato en grupo de la Familia Real Francesa rodeando a Luis XIV (1638-1715) -a la derecha del cuadro-, mientras que a la izquiera está su hermano Felipe, Duque de Orléans (1640-1701), todos representados como divinidades del Olimpo por el artista Jean Nocret.

Fue en el patio del Carrusel en el que Luis XIV y toda su corte dieron sus primeros y espléndidos festejos, como el carrusel que se organizó en las Tulerías para celebrar el nacimiento del Delfín en 1661, y de cuya grandiosa celebración ecuestre sacó su nombre el amplio patio de armas del palacio. El arquitecto Le Vau no sólo dedicaría sus esfuerzos en el palacio de las Tulerías, sino también en remodelar gran parte del palacio del Louvre juntamente con Perrault, autor de la gran columnata de la fachada Este, después de que el proyecto de Bernini (convocado al concurso para la remodelación del Louvre), considerado demasiado costoso y barroco, fuera deshechado.

Proyecto de remodelación del Palacio del Louvre entre 1662 y 1664, para la fachada Este, según el arquitecto Perrault, por encargo de Colbert.

El Palacio del Louvre (fachada Este) con su emblemática columnata obra de Perrault, en una fotografía actual.

Una vez acabadas las obras principales de Versailles, Luis XIV, la Familia Real y el grueso de la corte se trasladaron al nuevo palacio solar en 1681, para instalarse de manera definitiva abandonando las Tulerías que, hasta 1715, no volvería a ser residencia oficial de la monarquía gala con el bisnieto del Rey-Sol, Luis XV.

El Palacio de Las Tulerías desde la plaza del Carrusel, en la 1ª mitad del siglo XVIII.

Después de una estancia en el Real Sitio de Vincennes, mientras se desempolvaba y acondicionaba el palacio de las Tulerías, el jovencísimo Luis XV vino a instalarse nuevamente entre los parisinos. El palacio volvería a ser el escenario de grandes festejos en ocasión de su compromiso con la Infanta Maria-Ana-Victoria de España, hija de los reyes Felipe V e Isabel de Parma. La infanta española sería instalada en los aposentos de la planta baja, reservada a las reinas de Francia, y orientados a los embellecidos jardines, mientras que el rey Luis XV ocupaba los grandes apartamentos de su bisabuelo, en la planta noble y orientados al Patio del Carrusel.

Luis XV de Francia (1710-1774), presentando el retrato de su prometida española, la Infanta Maria-Ana-Victoria de Borbón que, finalmente devuelta a Madrid, sería desposada por el heredero de la Corona Portuguesa.

En 1722, nuevamente, la monarquía vuelve a desdeñar las Tulerías para volver a un Versailles que había caído en el olvido durante 7 años, y que nuevamente volvía a brillar con sus remodelaciones y acondicionamientos. Mientras, el palacio de las Tulerías volvía, técnicamente, a adormecerse por intermitencias, siempre sujeto a las raras visitas del rey y de la corte a la capital del Sena para puntuales celebraciones que así lo requerían. Entre tanto, se había instaurado la tradición de convertir las Tulerías en el centro musical por excelencia de la vida cultural parisina. Aprovechando el Teatro Real sito en el ala Norte, se ofrecían conciertos, óperas y obras de teatro alternativamente, y con gran poder de convocación, puesto que los mejores compositores y músicos europeos solían ofrecer a los parisinos sus últimas composiciones, como Haydn o Mozart. Y, desde que el Teatro de la Comedia-Francesa había ardido por los cuatro costados, la compañía del mismo nombre se instaló en aquel teatro de las Tulerías y parte del Pabellón de Pomona (luego rebautizado Pabellón de Marsan) mientras el Duque de Orléans, que otorgaba su patronato a la compañía teatral, ordenaba la reconstrucción de otro, anexo a su residencia del Palais-Royal, frente al Palacio del Louvre.

La Familia Real Francesa: Luis XVI de Francia y Maria-Antonieta de Austria-Lorena, junto con sus hijos, el Delfín Luis y Madame Royale, Maria-Teresa de Francia; miniatura sobre marfil de 1791.

Incluso se puede decir que, muchas estancias de las Tulerías fueron ocupadas por artistas de toda clase, con privilegio otorgado por el Rey y pensionados por la Corona: pintores, escultores, bailarines, actores ... que, en 1789, tuvieron que abandonar sus "habitaciones" palaciegas para que se instalasen los reyes "cautivos": Luis XVI, Maria-Antonieta, sus hijos, las princesas Adelaida, Victoria y Sofía (tías del Rey), la Princesa de Lamballe, la Marquesa de Tourzel (aya del Delfín y de Madame Royale), el Duque de Brissac (Capitán de los Cien-Suizos) y el Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey (que iba por turnos). Los revolucionarios, tras asaltar Versailles, habían conminado a la monarquía a regresar a París, y el Palacio de las Tulerías le era asignada como residencia oficial.

El 10 de Agosto de 1792, los federados y el pueblo de París asaltan el Palacio de las Tulerías, masacrando a la Guardia Suiza que lo defendía. Poco antes, la Familia Real había abandonado el palacio para refugiarse en el seno de la Asamblea Nacional, que ocupaba una de las dependencias anexas de las Tulerías.

En ese crucial momento de la historia de Francia, las Tulerías conocieron horas tumultuosas y angustiantes. Las peores fueron durante la jornada del 10 de agosto de 1792, cuando los federados y los obreros, el populacho en suma, asaltó el palacio amenazandolo con los cañones que se habían traído de los Inválidos, pese a la heroica defensa de la Guardia Suiza. Justo a tiempo, la Familia Real consiguió salir para pedir asilo y refugiarse, indemne, en el seno de la Asamblea Nacional -la cual dictaminó la abolición de la monarquía en Francia-, mientras los asediantes masacraban a los valerosos Suizos. Luego, la chusma se libró a un pillaje indiscriminado: robos, saqueos y vandalismos de todo tipo, sin que nadie pudiera impedirlo por temor a acabar linchado.

El Palacio de Las Tulerías, tal y como era a finales del siglo XVIII; en primer plano, el Pabellón de Flora y la Gran Galería del Louvre, dominando los muelles de las Tulerías y del Louvre sobre las aguas del Sena.

El palacio de las Tulerías vendría a ser la nueva sede de las sucesivas asambleas revolucionarias, mientras la Familia Real era encerrada en diversas celdas de la siniestra torre del antiguo palacio del Temple, antesala de la guillotina que les esperaba en la ex-plaza Luis XV rebautizada como "Plaza de la Revolución" (hoy día Plaza de la Concordia), al extremo Oeste de los jardines de las Tulerías.

Busto de Napoleón I Bonaparte (1769-1821), Primer Cónsul vitalicio de Francia en 1800.

La Iª República, o mejor dicho la Revolución, acabó siendo derrocada por un golpe militar liderado por un general oriundo de Córcega y de estirpe noble: Napoleón (de) Bonaparte (el 3 de noviembre de 1799). Con él, se inaugura el Consulado (1800) y el palacio de las Tulerías vuelve a ser la residencia oficial, por excelencia, del poder. Casado con una aristócrata criolla, viuda de otro general guillotinado, la vizcondesa Josefina de Beauharnais alias "Madame Bonaparte", tenía ésta a su cargo a un niño, Eugène, y a una niña, Hortense, a los que Napoleón adoptó como propios, tras casarse con ella por lo civil.

Josefina de Beauharnais (1763-1814), esposa de Napoleón Bonaparte, Primer Cónsul de Francia, antes de convertirse en emperatriz de los Franceses.

Es Bonaparte, Primer Cónsul vitalicio de Francia quien, llevando del brazo a su señora por las ajadas estancias palatinas hasta las antiguas habitaciones reales, donde aún se leen grafitis con consignas revolucionarias de 1792, le invita con un: "venid a tumbaros en la cama de vuestros reyes".

Junto con el proyecto de convertir en museo el antiguo palacio del Louvre, Napoleón Bonaparte invita a sus arquitectos e interioristas a reacondicionar y redecorar las Tulerías, y de paso, se vuelve a la vieja idea del "Gran Dibujo" que planea conectar y cerrar con una nueva ala (la de Rohan) sobre la calle Rívoli, partiendo del Pabellón de Marsan, los dos palacios para formar uno solo.

El Proyecto de Napoleón I: Plano general del "Gran Dibujo" previsto para el Gran Louvre, abarcando el Palacio de Las Tulerías y el vecino Palais-Royal y el Teatro de la Comedia-Francesa.

Plano general del Palacio de Las Tulerías, diseñado para Napoleón I.

Cuatro años más tarde, en 1804, Napoleón se proclama emperador de los Franceses y se corona a si mismo en la catedral de Notre-Dame de París. Las Tulerías, escenario de los festejos, pasa entonces a ser la residencia imperial de invierno. Los castillos reales de Saint-Cloud y de Fontainebleau, así como el Grand Trianon de Versailles, pasan a ser residencias secundarias de la corte imperial dependiendo de las estaciones.

En 1814, cae el Imperio y Napoleón es exiliado en la Isla de Elba. Con el retorno de los Borbones y de la proclamación del rey Luis XVIII, el palacio de las Tulerías conserva su papel de residencia oficial. Pero, con el retorno inesperado de Napoleón y las sucesivas adhesiones a su persona, Luis XVIII y su familia tendrán que huir nocturnamente de palacio para encaminarse a Bélgica. Las Tulerías son abandonadas: Napoleón opta por residir en el Palacio del Elíseo en esas horas tan difíciles. Tras la derrota de Waterloo y su captura por los ingleses, Napoleón acabará en la lejana Isla de Santa-Elena, mientras Luis XVIII y la Familia Real vuelve a instalarse nuevamente entre las paredes de las Tulerías (1815).

Luis XVIII de Francia (1755-1824), Rey de Francia entre 1814 y 1824; según Jacquotot, c.1816.

En 1824, Luis XVIII fallecerá en palacio tras una larga agonía. Alrededor de las Tulerías, se habían "tapizado" calles y plazas, incluso el Patio del Carrusel, con abundante serrín, para evitar al rey agonizante los molestos ruidos de los carruajes con sus traqueteos, y de las pezuñas equinas golpeando los adoquines... ; se prohibió a todos los transeuntes de paso por la zona, a hablar en voz alta y a hacer ruido. Por unas semanas, los ocupantes de las Tulerías tuvieron la sensación de vivir en el campo, con el único ruido de los pájaros con sus cantos y gorgoritos. Algo impensable en una ciudad tan bulliciosa como París.

Retrato de Carlos X de Francia (1757-1836), Rey de Francia entre 1824 y 1830, según Lawrence c.1825.

Seis años más tarde, con un París en plena efervescencia revolucionaria (1830), los parisinos asaltaban el palacio de las Tulerías cargando contra la Guardia Real. El rey Carlos X y la Familia Real no estaba en "casa", sino veraneando en el castillo de Saint-Cloud, a pocos kilómetros de la capital. Tres días de insurrección popular bastaron para derrocar a Carlos X y a su gobierno ultra-conservador encabezado por el príncipe Jules de Polignac.

El 29 de Julio de 1830, los parisinos atacan el Palacio del Louvre defendido por la Guardia Real (vista desde el Pont-Neuf, presidido por la estátua ecuestre de Enrique IV).

Las consecuencias para el palacio no fueron graves aunque, como el Louvre, sufrió un asalto en toda regla. Algunos cristales rotos, algo de vandalismo y un pillaje momentáneo que no fue más allá: los parisinos, pasada la fiebre revolucionaria, devolvieron puntualmente todos los objetos de valor, muebles y enseres que habían sustraído durante aquellas tres jornadas con la promesa de una amnistía general. Y es que el popular Duque de Orléans, propietario del Palais-Royal, vecino al Louvre y no muy lejos de las Tulerías, había aceptado convertirse en el nuevo rey de los Franceses después de muchas dudas y presiones.

Luis-Felipe I de Orléans (1773-1850), Rey de los Franceses entre 1830 y 1848, según Winterhalter.

Como sucesor de Carlos X, Luis-Felipe I y su esposa la reina Amalia se instalaron con su numerosa familia entre las paredes del palacio de las Tulerías y contribuyeron, con nuevas obras, a una remodelación interior de las estancias. Lo más novedoso sería la decisión de los reyes en dormir en la misma habitación, en la planta baja del Pabellón Bullant, cuyas ventanas daban directamente a los jardines. Una costumbre, desde luego, muy burguesa y que convenía al carácter sencillo de la real pareja.

El Palacio de las Tulerías en una acuarela de mitades del siglo XIX, visto desde la terraza que da al Muelle de las Tulerías. A la extrema izquierda, el Pabellón de Marsan y a la extrema derecha del cuadro, el Pabellón de Flora, enmarcando el conjunto dominado por el Pabellón Central o Pabellón del Reloj.

Pero otra revolución, la de 1848, barrería también a esa monarquía burguesa para declarar la IIª República. El palacio sufrió nuevamente al huir los reyes: blanco de la ira popular, la chusma irrumpió en las Tulerías y se libró al vandalismo, llevándose la peor parte la sala del trono, que fue totalmente desmantelada, arrasada; su rico mobiliario junto con el trono y el dosel, fueron tirados por las ventanas, pisoteados y quemados en una pira con otros símbolos de la monarquía y cualquier objeto que llevase la insignia de la Corona.

Claramente, en ese gesto de vandalismo destructor, vemos el deseo popular de que no se conservase recuerdo alguno de la realeza y, para asegurarse de que no volvería (o quizá para acabar con esa sempiterna dinámica del vaivén de la monarquía como régimen, que se asemejaba a una maldición), quemaron en una gigantesca fogata todo lo que la simbolizaba.

Napoleón III Bonaparte (1808-1873), Presidente de la IIª República y luego Emperador de los Franceses entre 1852 y 1870, según Winterhalter c.1855.

Muy a pesar del "sacrilegio", la IIª República cometió el craso error de elegir como presidente al príncipe Luis-Napoleón de Bonaparte, sobrino del emperador Napoleón I e hijo de la reina Hortensia de Beauharnais, consorte de Luis Bonaparte, rey de Holanda. Éste, una vez instalado en el Palacio presidencial del Elíseo, dio su golpe de Estado y se autoproclamó emperador de los Franceses en 1852, tomando el ordinal de Napoleón III. Puesto que había nuevamente monarquía en Francia, el emperador se instaló en las Tulerías y, luego, contrajo matrimonio con una aristócrata española, María Eugenia de Palafox-Portocarrero y Kirkpatrick de Closeburn, condesa de Teba y de Montijo y Grande de España, aunque más conocida como "Eugenia de Montijo", y cuya hermana era duquesa de Berwick y de Alba.

Eugenia de Montijo (1826-1920), Emperatriz de los Franceses, según Winterhalter, c.1855

Con el IIº Imperio, las Tulerías vivieron su época de esplendor más sonada gracias a las grandes fiestas y los bailes de la corte imperial. Hubieron nuevas remodelaciones y reacondicionamientos en palacio, sin reparar en gastos y suntuosidad. Paris también vive su gran momento: el Barón Haussmann emprende obras urbanísticas titanescas, para modernizar la capital del Sena; se excavan los primeros túneles para el tren subterráneo metropolitano, más conocido como el "metro", y se inician las obras del palacio de la Opera de París.

Vista en perspectiva del "Grand Louvre" definitivamente unido al Palacio de Las Tulerías por las alas de Rohan y de Richelieu que dan a la calle de Rívoli.

Por otro lado, Napoleón III reemprende el sempiterno y nunca concluído "Gran Dibujo" del Gran Louvre unido al Palacio de las Tulerías. Se termina el Ala de Richelieu que une y cierra, definitivamente, el espacio existente entre los dos palacios convirtiéndolos en un único y grandioso edificio, el mayor de Europa en extensión. El arco de triunfo del Carrusel, que Napoleón I alzó frente a las Tulerías y ante las puertas de la gran verja, sirve de punto divisorio entre el palacio del Louvre y la residencia imperial de las Tulerías.

Vista aérea del Palacio de Las Tulerías y de sus jardines, delimitados por la Plaza de la Concordia, punto de partida de los Campos Elíseos que llegan hasta la Plaza de L'Étoile, donde se yergue el Arco de Triunfo construído por Napoleón I.

El encanto, la belleza y la elegancia de la emperatriz Eugenia, alabados por toda Europa, fueron decisivos en la popularidad del régimen. Pero fue un canto de cisne que precedía su final, el definitivo para el palacio parisino.

Cuando Napoleón III es derrotado por el enemigo prusiano en Sedan (1870), y cae prisionero, se inicia la debacle, el descalabro del IIº Imperio. La regencia, asumida por la emperatriz Eugenia, no puede hacer frente al descontento popular creciente y a los desordenes. Los prusianos, que han invadido Francia y se han anexionado Alsacia, proclaman emperador de Alemania a su rey Guillermo I en la galería de los Espejos de Versailles; incendian el castillo real de Saint-Cloud y cometen todo tipo de excesos. París se subleva y, amenazada, la emperatriz huirá despavorida para exiliarse en Gran-Bretaña con su hijo. En mayo de 1871, durante la "Semana Sangrienta", estalla la guerra civil; los insurgentes de la comuna asaltan las Tulerías y le pegan fuego, como al Palais-Royal y a otros edificios oficiales, en su intento de retrasar el avance de las tropas versallescas del gobierno provisional.

El Palacio de Las Tulerías en 1871 (fachada a la Plaza del Carrusel), justo antes del terrible incendio. Abajo, la fotografía del palacio desde el mismo ángulo y después de haber sido arrasado, a lo largo de 3 días, por la tremenda deflagración. Tan solo permanece en pie la carcasa...

En pleno incendio, la deflagración amenaza incluso con reducir a cenizas el Palacio-Museo del Louvre pero, gracias a la valentía de su director y de sus guardianes, se consigue que las llamas no pasen más allá de los pabellones angulares de Marsan y de Flora. Hasta 1882, de las Tulerías tan solo subsisten sus ruinas ennegrecidas, y el Gobierno de la IIIª República decide arrasarlas hasta los cimientos y suprime deliberadamente, de paso, un símbolo de la monarquía.

Un rico mobiliario intacto

Hay, sin embargo, un dato muy interesante que aportar sobre el incendio de las Tulerías, provocado por los comuneros. El entonces director del Museo del Louvre y sus empleados, cuya memoria es honrada por la posteridad, por su valerosa actitud y su gran coraje en unos días tan críticos, se emplearon a fondo para rescatar gran parte de los preciosos muebles, cuadros, cortinajes, tapices, candelabros, péndulos de sobremesa y otros enseres de gran valor del palacio de las Tulerías, sorteando las llamas y los escombros. Tan admirable gesto hizo posible que, a día de hoy, se conserve casi todo el mobiliario regio que decoraban las magníficas estancias del palacio que fue reducido a cenizas. De hecho, si hoy día se llevase a cabo la reconstrucción del Palacio de las Tulerías (como se pretende hacer desde el 2002), se podría amueblar de nuevo con todo su mobiliario original, el mismo que fue valerosamente salvado de las llamas por aquel director del museo del Louvre. Tan solo habría que reproducir las primitivas tapicerías de seda que cubrían las paredes, los revestimientos de maderas y puertas talladas y doradas al pan de oro y las grandes arañas de cristal y bronce dorado, lo cual sería harto beneficioso para el sector artesano amenazado por la desaparición de esos oficios artísticos y para combatir el paro en esos tiempos de crisis.

-Fin 1ª Parte-

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LA CASA DEL CONDE DE PROVENZA

Posteado por: retratosdelahistoria el 17 dic En: Reyes de Francia Apuntes - 7 comentarios

LA CASA DEL CONDE DE PROVENZA

Retrato del Príncipe Luis Estanislao Javier de Francia, Conde de Provenza (1755-1824), con el hábito de Caballero de la Orden del Espíritu Santo; cuadro de Drouais.

Es tradición que los reyes de cualquier país europeo, durante el Antiguo Régimen, tuviesen sus "Casas Civiles y Militares" que empleaban nobles de encumbrada cuna (en Francia era la "nobleza presentada" como se la denominaba entonces), militares, desde altos oficiales de nobleza titulada hasta simples guardias, pasando por gentileshombres de cámara y de honor, secretarios, tesoreros, damas de honor y de compañía, doncellas, primeros cocineros, halconeros, caballerizos, monteros, mayordomos, pajes, lacayos, recaderos, sirvientes, curas, confesores, heraldos, genealogistas, pintores, músicos, carpinteros, cerrajeros, vidrieros, cocheros, palafraneros, mozos,... hasta llegar al simple sirviente, lavaplatos o pinche de cocina.

Gentes del Servicio de la Casa Real Francesa entre 1814 y 1848; cuadro de la 1ª mitad del siglo XIX.

El Personal de una Casa Principesca

Retrato del Príncipe Luis Estanislao de Francia (1755-1824), Conde de Provenza, Duque de Anjou y de Alençon, Conde du Maine, du Perche y de Sennonches alias "Monsieur", Caballero de las Ordenes del Espíritu Santo, de San Luis y Gran-Maestre de las Ordenes Reunidas de San Lázaro y de Nª Sra. del Monte-Carmelo, hermano del Rey Luis XVI; obra de Joseph S. Duplessis.

En el reinado de Luis XVI de Francia, entre 1774 y 1792, encontramos un magnífico e ilustrativo ejemplo para que uno pueda descubrir, y hacerse una idea de con qué fastuosidad llegó a vivir uno de los hermanos del propio monarca galo: Luis Estanislao de Francia (1755-1824), Conde de Provenza, Duque de Anjou y de Alençon, Conde du Maine, du Perche y de Sennonches, más conocido en la corte bajo el título de "Monsieur" prerrogativa exclusiva del hermano segundo del rey.

Su casa estaba exactamente copiada sobre las del duque Felipe I de Orléans (hermano menor de Luis XIV) y de Carlos de Francia, duque de Berry (nieto de Luis XIV y hermano menor de Felipe V de España). Esta enorme institución contaba con 390 personas en 1773, pasando a ser de 524 personas en 1791, cifra que ya dejaba estupefactos a los contemporáneos por su importancia y esplendor. El rojo y azul de sus libreas rivalizaban con el azul, la plata y el rojo de la Casa del Rey, que solo se diferenciaba por sus aún más considerables efectivos. Ni la estructura ni el orígen social de sus oficiales eran distintos. De este modo, el Conde de Provenza tenía tan solo a su servicio a dos capitanes de guardia, los condes de Lévis y de Moreton-Châbrillant, y dos primeros gentileshombres de cámara, el marqués de Noailles (un segundón como su amo), y el duque de Montmorency-Laval, mientras que el rey tenía por norma 4 de cada.

Como la del soberano, la Casa del Infante Luis Estanislao de Francia contenía:

-una limosnería para sus necesidades espirituales y buenas obras: 21 personas

-una "cámara" para su vida doméstica y pública: 93 personas

-un guardarropa para joyas y trajes: 22 personas

-una cocina y dependencias para cocinar y servir la mesa: 125 personas

-cuadras y caballerizas con medios de transporte: 80 personas

-un servicio para la caza mayor y menor: 9 personas

-un consejo administrativo para regentar su casa y dependencias: 37 personas

-+ una secretaría gestionando las finanzas, los derechos legales y el protocolo

-+ una Compañía de Guardia-de-Corps

-+ una Compañía de Cien-Suizos

-+ una guardia de puertas y accesos: 174 personas

aunque fuera habitual que estas compañías fuesen reservadas para un soberano de otro país en visita oficial en Francia...

Tambor del Regimiento de las Guardias Francesas, de la Casa Militar del Rey (siglo XVIII).

Pero todo estaba conforme siguiendo una de las muchas tradiciones de la Familia Real Francesa que rodeaba a sus segundones de un lujo y boato extraordinarios para subrayar así el poderío, el prestigio y la riqueza de la dinastía. En lo referente a la guardia, se admite que era más cuestión de prestigio que de protección.

Vida cotidiana

El Príncipe se levantaba puntualmente a las 9h30 de la mañana. A medio vestir, recibía a los principales oficiales de su corte y los miembros de la nobleza presentada de su Casa. Formaban ordinariamente un coro a su alrededor mientras le lavaban, afeitaban, vestían, empolvaban y peinaban los cabellos su peluquero, su maestre de guardarropa, su gentilhombre de servicio y su ayuda de cámara (cada uno con una función muy concreta) durante exactamente media hora. Era la hora de "La Toilette" (del aseo). Ésta se reproducía en sentido inverso cuando se iba a dormir sobre las 23h00 de la noche. Era la hora del "Coucher".

En aquellas horas fijas, los cortesanos admitidos podían hacer su cortejo y aprovechar para pedir favores; saludaban 3 veces consecutivas pasando ante los reales personajes y eso era más o menos todo si los reyes o príncipes no les dirigían la palabra o ni siquiera les miraban.

El Conde de Provenza recibía el título usual de "Monsieur", que se otorgaba tradicionalmente al hermano segundo del rey.

El Palacio de Luxemburgo, residencia oficial de los Condes de Provenza entre 1774 y 1792, en París (grabado del siglo XVIII).

La residencia oficial del Conde de Provenza era, en la capital francesa, el hermoso Palacio de Luxemburgo (hoy sede del Senado y que fue levantado para María de Médicis, consorte de Enrique IV), además de espaciosos aposentos en el Ala de la Orangerie del Palacio Real de Versalles, en la planta baja.

El Ala de los Príncipes o de "L'Orangerie", del Palacio de Versailles, en cuya planta baja se encontraban los apartamentos del Conde de Provenza durante el reinado de su hermano Luis XVI.

Lista Civil y finanzas del Príncipe

Cada año "Monsieur" recibía dos considerables sumas de dinero del Tesoro Real: 2.272.982 Libras + 96.000 Libras para su uso exclusivamente personal.

Pero hay que tener en cuenta que los dos millones doscientas setenta y dos mil novecientas ochenta y dos Libras eran "intocables" al ser completamente absorbidas por los gastos fijos de su Casa, reduciéndose su renta a las noventa y seis mil Libras que percibía anualmente como "dinero de bolsillo".

Retrato de Luis Estanislao, Conde de Provenza; según Adélaïde Labille-Guiard, en 1788.

Preocupado por hacer ahorro, suprimió el gasto que ocasionaba la pantagruélica cena de rigor con sus 15 distintos platos propuestos cada noche, optando por cenar en casa de su mujer. De este modo pudo comprarse su primera casa de campo al sur-este de París en octubre de 1774: el castillo de Brunoy.

Como dependía siempre de la generosidad del Tesoro Real, optó también por independizarse para constituirse una fortuna personal y poder así vivir con holgura sin tener que mendigar a la Hacienda Real. Se puso a especular como un auténtico capitalista en negocios comerciales e inmobiliarios, sin que existieran incompatibilidades para él ni para el resto de los franceses con su posición de Príncipe de Francia (y presunto heredero del Trono hasta 1781), y su carrera de hombre de negocios. De hecho fue el más capitalista de todos los Borbones...

En el decenio de 1770-1780, aprovechó el "boom" inmobiliario que conoció París. Vendió parcelas por valor de millón y medio de Libras, compró diamantes por valor de 952.974 Libras, y aparte del castillo de Brunoy, adquirió los castillos de Grosbois por 3.280.000 Libras, de Gray (en el Franco-Condado), y de L´Isle-Jourdain (en el Languedoc) vendidos cada uno a 950.000 Libras por el Conde du Barry.

Vista aérea del Castillo de Grosbois con sus anexos al fondo (Cuadras, Oficinas administrativas y otras dependencias).

Construyó, decoró, reformó y amplió sus castillos campestres y, además, se puso a coleccionar obras maestras. En 1781 poseía 180 cuadros, casi todos holandeses o flamencos, más 11 italianos, 7 franceses y 4 españoles, sin olvidar los 3.557 dibujos de los cuales 612 eran de maestros italianos.

También coleccionó muebles: entre 1781 y 1786 compró 574 camas, 255 sillones, y 138 taburetes, repartiéndolos en sus distintas residencias.

También poseía una fábrica de porcelana de Sèvres, en Clignancourt (París-Norte), a la que abastecía con carbón y cobalto extraído de sus minas situadas en sus extensas tierras.

Era hombre de gusto y vanguardista. Este sibarita apostó por el estilo pompeyano antes que nadie en Europa, e incluso al hacerse construír un palacete en Versalles, hizo instalar la calefacción central, algo inaudito para la época, para calentar las preciosas estancias en invierno: una inmensa biblioteca, un cuarto de baño, una sala de billar, un salón octogonal, un comedor octogonal, un salón ovalado, recámaras, habitaciones, una galería con columnata (de 28 columnas) y una galería ancha bordeada de plantas enmacetadas (como un jardín de invierno) formaban ese lujoso, confortable y moderno retiro versallesco del Conde de Provenza, donde disfrutaba de la vida sin protocolos ni rigideces versallescas, y a dos pasos del palacio real!

Vida Intima

Retrato de la Princesa Luisa María Josefina de Saboya, "Madame" Condesa de Provenza; obra del artista Boze, c.1788.

El príncipe no obtuvo de su esposa, la princesa Luisa Maria Josefina de Saboya, otra cosa que abortos repetidos en un vano intento de tener descendencia y crear una familia. Muy pronto hicieron vidas separadas; él encontró el amor entre los brazos de la Condesa de Balbi (hija de su 1er Gentilhombre de Cámara, el marqués de La Force), espiritual, bella, enérgica y dama de honor de su esposa, y perteneciente a una de las más antiguas y linajudas familias de Francia.

Retrato de Anne de Caumont-La Force, Condesa de Balbi.

Retrato de la Condesa de Gourbillon, según la pintora Elisabeth Vigée-Lebrun, c.1792.

En cuanto a "Madame" la Condesa de Provenza, prefirió la compañía de la Condesa de Gourbillon, notoria lesbiana que debió enamorarla mucho ya que acabaron por ser inseparables hasta en la cama!

"Monsieur" brillaba por su inteligencia, elocuencia y sabiduría en historia clásica; era refinado, culto, capaz, liberal, secreto, ambiguo y no se llevaba nada bien con su hermano el rey Luis XVI ni con la reina Maria-Antonieta, su cuñada.

Retrato de Luisa María Josefina de Saboya, Condesa de Provenza (1753-1810), en la época de sus primeros años en Versailles, obra del pintor Drouais.

"Madame" era famosa por su total olvido del aseo personal; apestaba horrores, causa del asqueo de su marido que siempre se distinguió por su pulcritud y aseo, y nadie podía acercarse a ella sin desmayarse del tufo. Las insistentes llamadas al orden de sus parientes y cuñados para que se lavara al menos 1 vez por semana, fueron vanas. Haciendo oídos sordos a las quejas sobre su horrendo olor corporal, tampoco se depilaba pese a tener vello negro en espalda y busto. Era peluda y apestosa como una mona. Su lesbianismo no era más que anecdótico, pues la gente reparaba mucho más en su notable incultura y su falta de afinidades con la reina Maria-Antonieta, a la cual odiaba y envidiaba por muchos motivos personales.

Retrato de Maria-Antonieta de Austria-Lorena, Reina de Francia (1755-1793), junto con sus hijos el Delfín y "Madame Royale", en los jardines del Petit-Trianon.

El príncipe, corpulento en su juventud, llegaría a ser tan obeso que acabaría al final de su vida en una silla de ruedas, eso sí, siendo rey de Francia como Luis XVIII, tras la caída del Imperio Napoleónico; en cuanto a la princesa, de pequeña estatura, velluda y de piel muy morena (lo que no cuadraba en los cánones femeninos de la época), acabó por sufrir una enfermedad vertebral que le dobló el tronco hacia adelante, y teniendo los codos tirados para atrás, el rostro marchito como papel arrugado, pareciéndose algo así como al famoso Quasimodo y al Guardián de la Cripta, en suma una cruel caricatura de sí misma.

UNIFORMES DE LA CASA DEL REY & DE LOS CONDES DE PROVENZA Y DE ARTOIS

Seguidamente, adjunto una serie de 12 grabados en color que pueden orientar al lector/a, sobre la apariencia que tenían los uniformes y trajes, sencillos o de gala, llevados por los pajes, oficiales y guardias de las Casas Civiles y Militares del Rey Luis XVI y de sus hermanos, los Condes de Provenza y de Artois en 1786.

Ilustración Nº1: Paje con librea de la Casa del Conde de Provenza (izquierda) y Paje de la Casa del Conde de Artois (derecha); la librea del Conde de Provenza era, predominantemente, roja con detalles en azul y viceversa para la librea del Conde de Artois.

Ilustración Nº2: Alabarderos de la Guardia Suiza del Conde de Provenza (izq.) y del Conde de Artois (derecha); los alabarderos de la Guardia Suiza asumían la seguridad exterior de la residencia principesca.

Ilustración Nº3: Guardias de la Puerta del Conde de Provenza (izquierda) y del Conde de Artois (derecha).

Ilustración Nº4: Guardias-de-Corps de la Casa del Conde de Provenza (izq.) con casaca roja, y del Conde de Artois (derecha), con casaca verde.

Ilustración Nº5: Pajes con librea ordinaria y de gala de la Casa del Rey Luis XVI, en 1786; casaca azul con pasamanería de oro, cuellos y puños rojos a juego con la hermilla y los pantalones, y medias blancas.

Ilustración Nº6: Oficiales y soldados de la Guardia Suiza de la Casa del Rey Luis XVI (Casa Militar), que se encargaba de la seguridad externa de palacio.

Ilustración Nº7: guardia con alabarda y oficial de los Cien-Suizos de la Casa del Rey Luis XVI; encargados de la seguridad interna de palacio.

Ilustración Nº8: Regimiento de los Cien-Suizos, tambor y alabardero, de la Casa del Rey en 1786, con su característico uniforme de gala rojo y azul.


Ilustración Nº9: guardia y oficial de la Guardia de La Puerta de la Casa del Rey en 1786.

Ilustración Nº10: tambor, alabardero y granadero de la Guardia de La Puerta, Casa Militar del Rey Luis XVI en 1786.

Ilustración Nº11: "Chevau-legers" de La Guardia, Casa Militar del Rey Luis XVI (1786).

Ilustración Nº12: Heraldo y Guardia de La Manga de la Casa del Rey Luis XVI (1786).

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LUIS XVI DE FRANCIA 1754-1793 (9)

Posteado por: retratosdelahistoria el 25 oct En: Biografías Reyes de Francia - sin comentarios

Festejos & Truculencias Cortesanas


La Condesa de Brionne entre el Duque de Choiseul (a la izquierda) y el Abad Barthélémy (a la derecha).

Louise Julie Constance de Rohan-Rochefort, Condesa Vda. de Brionne, unía a la más viril de las energías un orgullo desafiando la razón. Su esposo, desaparecido en 1761, tenía de un tío-abuelo, el Príncipe Charles de Lorena, el cargo de Caballerizo Mayor de Francia, ilustrado antaño por ese galán y putero de Roger II de Saint-Lary, duque de Bellegarde, cuya valentía y prestanza habían elevado a las más altas cotas de la fortuna y por aquel Antinoo de Cinq-Mars caído por los mismos dones. Madame de Brionne ni siquiera tomó tiempo para llorar a un marido demasiado preocupado en ensillar a las mujeres como a los caballos. Una sola preocupación la tenía en vilo: asegurar la supervivencia del cargo para su primogénito, Charles-Eugène de Lorena, Príncipe de Lambesc, entonces con 9 añitos de edad. Por ello, importaba apartar a todo intermediario y sobretodo a Monsieur el Primer Caballerizo, Marqués de Beringhen, adversario tradicional de Monsieur el Grande. El duelo entre la Gran y Pequeña Caballeriza duraba desde su instalación en los dos edificios vecinos, separados por la gran avenida, y que se elevaban frente a la Plaza de Armas del Palacio de Versailles.


La Gran Caballeriza, alzándose frente a la Plaza de Armas del Palacio de Versailles, en un detalle pictórico del Real Sitio en 1715. El Gran Caballerizo de Francia dirigía y supervisaba las grandes caballerizas del Rey, con sus monturas de mano reservadas para el monarca y los príncipes exclusivamente, especialmente dedicadas a la guerra y a las reales cacerías,así como los pajes y los músicos. Mientras que el Primer Caballerizo dirigía la flotilla de carruajes, calesas, berlinas y trineos del Rey, y a los más de 700 caballos que debían tirar de ellos, en el edificio opuesto pero de idéntica construcción y amplitud.



El Príncipe Charles-Louis de Lorena-Harcourt-Armagnac, Conde de Brionne (1725-1761), Caballerizo Mayor de Francia.

Entonces, Louise se ofreció a llevar ella misma la Gran Caballeriza en espera de la mayoría de edad de su lobezno. Divertido, el Rey consintió. La Condesa velaba, de sus ojos de un azul profundo, sobre las monturas de Su Majestad como a la educación de sus pajes. El historiador Jacques Levron descubrió notas de la amazona y permaneció confundido por su gusto por el trabajo y la pertinencia de sus juicios; amaestra con firmeza a los caballos y a los jinetes sin omitir abandonarse a algunos señores. La lista de sus acompañantes, para ese último ejercicio, muestra menos originalidad que espíritu de familia; duerme con Su Eminencia Édouard de Rohan, su primo, cuando no se acuesta con Su Señoría el Duque de Choiseul, aliado del difunto Conde de Brionne.


Louise-Julie-Constance de Rohan-Rochefort (1734-1815), Princesa de Lorena, Condesa de Brionne; busto esculpido por Houdon en 1771. Tercera esposa del Conde de Brionne, fallecido en 1761, engendró dos hijos y dos hijas: Charles-Eugène, Príncipe de Lambesc (1751-1825), Maria-Josefa Teresa de Lorena, Princesa de Saboya-Carignano (1753-1797), Ana-Carlota de Lorena, Abadesa de Remiremont (1755-1786) y José-María de Lorena, Príncipe de Vaudémont (1759-1812).

Se le admira dirigiendo los carruseles de Su Cristianísima Majestad cuando se celebra el final de la pesadilla de la Guerra de los Siete Años, cuando escolta los restos del padre de Luis-Augusto de Francia y luego los de la bondadosa Leszczynska.

El Príncipe de Lambesc, llegada su mayoría de edad, recogería de manos de su inigualable madre el testigo para capitanear ese feudo ecuestre de gran prestigio. La condesa ha formado tan bien a ese joven señor, que repudiará siempre las nuevas ideas insufladas por los filósofos. El disgusto de Madame de Brionne sería breve; aparte del benjamín, Príncipe de Vaudémont, tiene a una hija y pretende casarla muy decentemente, y lo conseguirá, dando su mano a un Príncipe de Saboya-Carignano cuyo hijo sería el punto de partida de la Casa Real Italiana (Carlos-Alberto I de Saboya, rey de Cerdeña).



La Princesa Maria-Josefa "Josefina" Teresa de Lorena (1753-1797), Princesa de Saboya-Carignano; la hija de la altiva Condesa de Brionne contrajo matrimonio con el Príncipe Víctor-Manuel de Saboya-Carignano, duque de Carignano, en 1768 y fue la madre del rey Carlos-Alberto I de Cerdeña y Piamonte, padre a su vez de Victor-Manuel II, 1er rey de Italia...

"Los grandes caballos de Lorena están hartos de ceder el paso a los pequeños duques de Francia". Si admiten, no sin pena, la supremacía capetiana, les gusta recordar a quien quiera oirlo, que no existe más que a través de algunas alianzas carolingias. Unida a Felipe-Augusto, Isabel de Henao, descendiente del infortunado competidor de Hugo Capeto, Carlos de la Baja-Lorena, ¿no fue ésta madre de Luis VIII el León? La Casa de Francia no cesa en ser la usurpadora con el plenipotenciario del Tratado de Vaucouleurs, el vencedor de La Roche-aux-Moines perdido por la inoportunidad de sus campañas sobre las tierras arrasadas por los "Saint-Gilles". Es una gran desgracia que el duque Enrique I de Guisa no consiguiera destronar a Enrique III para recobrar los derechos de Carlomagno...

Madame la Grande alimenta semejantes amarguras? Las atribuirán, erróneamente, a los Príncipes de Lambesc y de Vaudémont que permanecerán en Viena cuando el Conde de Provenza reencontrará los palacios de sus padres. Sin embargo, no todos los "Caballos de Lorena" rechinan de dientes y la Condesa de Marsan, también nacida princesa de Rohan, prodiga los cuidados más bienintencionados a Mesdames Clotilde y Elisabeth de Francia, sigue sintiendo gran afecto por los tres hermanos.

La Condesa de Brionne, segura de su posición gracias a su relación con Choiseul, va al encuentro del Conde de Mercy d'Argenteau; sería, afirma ésta, llegar al colmo de la delicadeza que el honrar a Madame la Delfina a través de sus primos de Lorena, haciéndoles bailar justo después de los Príncipes de La Sangre. El embajador encuentra la sugerencia feliz, la hace suya y obtiene de Luis XV, preocupado por mimar a su querida nieta política y por distinguir una provincia recién adquirida, que el Caballerizo Mayor y su hermana den los primeros pasos en cadencia antes que los duques y pares franceses. La decisión del Rey es apenas conocida que la cólera empieza a tronar bajo las coronas de hojas de acanto, se infla bajo los mantos de armiño, silba entre las once áureas rejas de los yelmos de plata. Algunas damas aseguran que no volverán a ocupar su taburete, que dejarán Versailles antes que tragar semejante afrenta. Los árboles genealógicos gimen y se tuercen bajo la tempestad. En su sepulcro de La Ferté-Vidame, Su Señoría el Duque de Saint-Simon da un vuelco de horror...

El baile precediendo los fuegos artificiales, postpuesto ante el furor de los elementos, deberá darse el sábado. ¿El nuevo Azincourt de la nobleza francesa tendrá lugar? Mientras crepitan los fuegos del despecho, empiezan a propagarse malintencionados comentarios sobre la intimidad, demasiado relativa, entre Monseñor y la joven archiduquesa que recibía todos los sufragios excepto los de su esposo.


Sophie Arnould, soprano (1740-1802); la cantante de la Opera de París y su más brillante estrella, destacó a los 13 años cantando en un coro y de tal manera que la reina Maria Leszczýsnka quiso que se la contratase para su disfrute. Aparte de tener una voz celestial, que conquistó y enloqueció al público, se hizo célebre sobretodo por su gran y vivaz ingenio, y su agitada a la par que apasionante vida social y privada; entre sus amantes, se cuentan a los Duques de Brancas y de Chartres... Se retiró de los escenarios en 1778, con apenas 38 años de edad.

Luis-Augusto y Maria-Antonieta han disfrazado su aburrimiento cuando, la noche del jueves 17 de mayo, han vuelto a aquel marco de oro y de azul para asistir a la representación de la cual Quinault, genial plagiario, hizo el libreto y Lulli, rufián de sublimes armonías, la música. Dos rivales, Sophie Arnould y Mademoiselle Guimard, generosamente apodada "El Esqueleto de las Gracias" por su competidora, se oponen en esta versión de Perseo reducida de cinco a cuatro actos por un tal Joliveau. En el heróico recital de las aventuras del hijo de Zeus y de Danae, cómo omitir conjurar la frase del gran sacerdote:

"Oh dulce hymen, sé propicio a nuestros deseos!"

Al día siguiente, se extrañaron que Luis-Augusto partiera de madrugada a cazar; algunas cortesanas exclamaron:

-Es abandonar de muy temprana hora!

El Rey no se alarmaba:

-Son muy jóvenes aún!



Luis XV, rey de Francia y de Navarra (1710-1774); retrato según A. Lucas-Fauchon.

A decir verdad, tenía otros problemas: reconducir a la obediencia a los duques erizados por el favor otorgado a los Lorena. El más laborioso burócrata del Reino era también el primer gentilhombre; entre dos instrucciones a sus ministros, tomó el tiempo de mandar a los amotinados una carta cuya cortesía disfrazaba apenas una orden de requisición:

"La danza en el baile, escribía el Rey, es la única cosa que no puede traer consecuencia ya que la elección de los bailarines no depende más que de mi voluntad sin distinción de plazas, rangos o dignidades (...) Cuento con que los Grandes y la nobleza de mi reino, en virtud de la fidelidad, sumisión, afecto y hasta amistad que siempre me han demostrado, y a mis predecesores, no ocasionarán jamás nada que pudiera disgustarme sobretodo en esta circunstancia."

Todo era político; jamás había tomado tan profundamente sentido una exclamación del extasiado maestro Marcel:

-¡Qué de cosas en un minueto!

El viento de la rebelión parece entonces remitir. Ya no se arriesgaba a desertar la corte; algunos, por haber antaño jugado a ese juego, habían en provincia sucumbido al mortal aburrimiento. Algunas damas, sin embargo, iban a subrayar su mal humor llegando tarde. El baile se celebra en el Teatro Real de la Opera, joya de Versailles.



Luis-Augusto, Delfín de Francia (1754-1793) -futuro Luis XVI-.

Luis-Augusto y su mujer se inclinan ante el abuelo y rey e inauguran el baile, ella con una ignorancia de la cadencia no menos soberana que su gracia, él sin otra preocupación que la de acabar lo más rápidamente posible con aquella faena tediosa. El Conde de Provenza, en su afán de parecer desenvuelto, parecerá forzado y calculado. El Conde de Artois, demasiado natural y espontáneo, se desenvuelve con facilidad. Llegan luego los tristes minutos para las familias ducales; los minuetos acordados a los príncipes de Lorena, a los lobeznos de Madame La Grande. Para repararlo, el benjamín de los príncipes de Francia saca a la Duquesa de Duras y la nobleza titulada puede invadir la pista de baile. Maria-Antonieta no osa aún mezclarse pero acaba uniéndose con una "alemana" galantemente propuesta por el Duque de Chartres.



Maria-Antonieta de Austria-Lorena, Delfina de Francia (1755-1793)

A las diez de la noche, el Rey, toda la Familia Real al completo, el embajador de Austria Conde de Mercy d'Argenteau, abandonan el teatro para instalarse en la ventana central de la Galería de los Espejos, preparada como un palco. La Delfina tendrá el honor de encender la primera mecha de unos fuegos artificiales que maravillarán al Delfín a lo largo de una hora que parecerá demasiado corta, como todos los placeres de la vida. Los cielos se iluminan de mil fuegos, el trueno de los hombres se desencadena y Dios se abstiene aquella noche de aguarles la fiesta. Una fortuna se disipará en humareda espesa, acre, que satura la garganta de los espectadores. Pero a aquel estruendoso espectáculo le sucede las iluminaciones del parque de Versailles, con sus decorados paradisíacos, con teatrillos y palacios de las Mil y Una Noches.

Barcas cargadas de músicos, se deslizan sobre las aguas del Gran Canal mientras las fuentes inician sus coreografías acuáticas. Comediantes, acróbatas, bailarinas rivalizan para el deleite de unas trescientas mil personas.

Madame la Delfina quiere entonces descender y ver de más cerca aquellas maravillas. Luis XV le autoriza a recorrer el inmenso parque encantado a bordo de una calesa. Por todas partes la aclaman...

(Continuará)

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LA REINA EMBRUJADA

Posteado por: retratosdelahistoria el 8 oct En: Misterios Reyes de Francia - 10 comentarios

LA REINA EMBRUJADA

Francia, 4 de Enero del Año de Gracia de 1305.

Desde la madrugada, una tremenda tempestad de nieve sopla sin descanso sobre la Champaña y las pobres gentes de la ciudad de Troyes se resguardan del frío en sus casas, a la vera del fuego del hogar. En el Palacio Episcopal, el obispo ha mandado cerrar todos los contravientos de las ventanas y debe, él también, calentarse ante la gran chimenea con un bol de vino caliente a mano.

El viento silba, sacude las insignias y aúlla en las calles desiertas. Nadie, desde luego, tendría la idea de abandonar el calor de su casa.

Sin embargo, sobre las dos de la tarde, dos jinetes salen en tromba de las caballerizas del palacio episcopal y se dirigen a las afueras de la ciudad. Cabalgan arropados en gruesas vestimentas de espesa tela y cubiertos por gorros de ala ancha que, en nada, se cubren de copos de nieve.

Repetidas veces, el más gordo de ambos, un hombre sexagenario con manos de asesino, de faz vulgar, con una proeminente y averrugada nariz, y con pequeños ojos porcinos, echa una mirada atrás con inquietud. Inquiere a su compañero de viaje:

-¿Estás seguro de que no nos han seguido?

-No, no. No había ni un alma en las calles.

¿Quiénes son esos dos personajes?

El más delgado es un joven monje jacobino, Fray Jean de Fay. En cuanto al más gordo, el que lleva ropajes de vaquero, con semblante de bruto y las manos de un estrangulador, es sencillamente el obispo de Troyes en persona, Monseñor Guichard, que sale de su palacio y abandona la ciudad para dedicarse a menesteres misteriosos.

De momento, y los ojos cubiertos de nieve, enrabia y maldice a una mujer; prosigue, pese a que el lenguaje es bastante inesperado en boca de un prelado:

-Conseguiré desembarazarme de esta guarra y maldita harpía que pasa sus días haciéndose acariciar el joyel en la torre de Nesle...

¿De quién habla en estos términos tan ilustrativos? ¿De aquellas prostitutas, meretrices y mujeres de vida ligera? No; habla ni más ni menos que de la Reina de Francia, Juana de Navarra, esposa del rey Felipe IV "el Hermoso".


Ilustración de 1788, representando a Juana de Navarra, Reina de Francia y de Navarra, consorte del rey Felipe IV el Hermoso de Francia.

Para comprender el odio que le anima contra la soberana, hay que remontarse a tres años atrás. En 1302, un escándalo había estallado en la corte de Blanca de Navarra, Condesa de Champaña y madre de la Reina de Francia. El tesorero del condado, el canónigo Jean de Calais, era sospechoso de un desvío de fondos.Asustado, y sin duda culpable, huyó para refugiarse en Italia.

La reina Juana había entonces acusado al obispo de Troyes, hombre de mala reputación aunque miembro del Consejo del Rey, de haber facilitado la huída del canónigo estafador. El obispo se defendió con vigor de tamaña acusación pero no evitó que la reina consiguiese su expulsión del Consejo Real.

Sin embargo, algunos días después, el 2 de mayo de 1302, la reina Blanca de Navarra, condesa de Champaña, cuya salud era entonces inmejorable, sucumbió brutalmente ante un mal misterioso que nunca se esclareció.

Casi de inmediato un rumor acusador persistente, popular, corrió como reguero de pólvora por ciudades y campos señalando a Monseñor Guichard (que se libraba, según los dires y diretes, a prácticas mágicas y de brujería) como culpable de haberla expedido al otro mundo gracias a encantamientos maléficos.

Naturalmente, dando crédito al rumor popular y dispuesta a perjudicar al odiado obispo de Troyes, Juana de Navarra se declaró convencida de su culpabilidad y ordenó una investigación en toda regla. Pese a los esfuerzos invertidos, nada se pudo probar y la investigación se vió truncada aunque, en las indagaciones colaterales, se hicieron descubrimientos no menos macabros para mayor satisfacción de la soberana: se le imputaba, supuestamente al prelado, nada menos que cuatro crímenes de sangre. La policía del Rey le acusaba del asesinato del cura de la localidad de Laubressel, de un pescador y de dos campesinos.

Casi de inmediato, la reina ordenó la apertura de una nueva investigación que tenía visos de tener más éxito que la anterior.

Ante tamaña noticia y amenaza, el obispo Guichard entró en una cólera terrible:

-¡Mataré a esa urraca!

Y en vísperas de Navidad, sintiéndose en peligro, había decidido actuar y embrujar a la reina con la ayuda de una bruja llamada Margueronne de Bellevillette y de un tal Regnaud de Langres, apodado el Eremita de Saint-Flavit, extraño personaje que vivía solitariamente en el bosque de Coudray.

He aquí por qué el obispo de Troyes cabalga en plena tempestad de nieve, en vez de calentarse las palmas de las manos en el hogar de su chimenea.

Tras haber recorrido varias leguas en pleno campo nevado, los dos jinetes penetran en un bosque hasta dar con una cabaña de la cual sale un hombre hirsuto y harapiento que se inclina ante ellos:

-Buenas tardes Monseñor! Entrad, aprisa, Margueronne os aguarda!

Los dos hombres saltan de sus monturas, entran en la cabaña tras los pasos del eremita y saludan a la bruja, una cuarentona desaliñada que juega con un gato, agachada a la vera de la chimenea. Alza sus ojos verdes:

-¿Tenéis lo que hace falta?

Fray Jean de Fay saca de debajo de su túnica un pedazo de cera blanca:

-Si.

Margueronne toma la cera y la tira en una olla de agua hirviendo sobre el fuego.

-Nos haría falta una comadrona!, dice el obispo.

-He traído a una de Pouy..., responde el eremita. Se llama Perrotte. Está aguardando en la granja.

La bruja, mientras tanto, saca la cera ya maleable de la olla hirviendo y la trabaja hasta darle aspecto de figura de mujer.Cuando por fin ha acabado, la presenta al obispo.

-Déjela sobre la cama, ordena éste. Hay que bautizarla!

Fray Jean de Fay toma una cazuela, la deposita sobre la mesa y la llena de agua, que bendice casi de inmediato.

-Ya está, Monseñor. Todo está preparado.

Guichard llama entonces a su vera al eremita:

-Tú serás el padrino!

El eremita se niega, duda, aduce que no está bien...

-¿Crees que si eso no fuera correcto, te obligaríamos a hacerlo? Truena el obispo. Llama a la comadrona! Ella hará de madrina!

Van en busca de Perrotte, la comadrona. Llega, temblando de frío, el rostro helado y con mueca de sorprendida; el hermano Jean le explica en qué consiste su papel en aquella extraña función. Casi enseguida, una extraña ceremonia se inicia en aquella sórdida cabaña iluminada tan solo por las llamas del fuego de la chimenea.

El monje saca de debajo de sus ropajes una estola de sacerdote, se lo pone y recita las plegarias del bautizo. En el momento en que pronuncia la frase "Apponite manus patrini et matrinae...", el obispo, el eremita, la bruja y la comadrona, arrodillados en corro y a ras del suelo, tocan la figurina de cera con sus manos tendidas.

Fuera, el viento silba sin tregua, amenazando con echar abajo puerta y contravientos.

-¿Cómo se llama? pregunta el jacobino.

-Juana! responden todos gravemente.

El monje toma el óleo que le entrega el obispo, unge la figura de cera y se inclina sobre ella:

-¿Quiere ser bautizada?

-Si, lo queremos! responden al unísono los conjurados.

Y el monje toma el agua bendecida de aquella cazuela, derramando algunas gotas sobre la figura sentenciando:

-In nomine Patris... et Filii... et Spiritus Sancti...

-Amen! dicen todos.

La comadrona, que no debe presenciar la segunda parte del encantamiento, es nuevamente conducida a la granja donde improvisará una cama en el pajar para pasar la noche.

Solo permanecen el obispo, el monje, el eremita y la bruja. Cogen la figura de cera y la depositan sobre la mesa. Margueronne, armada con un estilete, atraviesa repetidas veces la cabeza de la figura sentenciando:

-Aquella para la que se ha hecho esto, esta semana no tendrá ya cabeza!

La extraña ceremonia ha terminado. El eremita sube al granero para esconder la figura embrujada. Margueronne se reúne con la comadrona para dormir también en la granja y el obispo, acompañado de su devoto esbirro y monje, vuelve a cabalgar hacia Troyes.

Días más tarde, corrió la noticia de que la reina había repentinamente enfermado. Entonces, y por tres veces consecutivas, la bruja volvió a la cabaña del eremita de Saint-Flavit para apuñalar la testa de la figura de cera.

La última sesión del encantamiento fue interrumpida por la llegada de Monseñor Guichard y de Fray Jean de Fay. El obispo estaba furioso:

-Todo lo que hacemos no vale nada! gritó. Dicen que ha venido de Poitiers un médico que cura a la reina! Hay que acabar con esto, por el Diablo!

Y, tirando bruscamente la figura de cera al suelo, la aplastó a golpes de talón chillando:

-¡Que muera pues la harpía!...

Recogió los pedazos y los echó al fuego.

Dos días más tarde, el 2 de abril de 1305, la reina Juana, consorte de Felipe IV el Hermoso, fallecía súbitamente en el castillo de Vincennes de un mal misterioso...

Epílogo

Tres años más tarde, el eremita de Saint-Flavit, cuyos remordimientos atormentaban y quitaban el sueño, acudió a París y obtuvo un pase para acceder al Palacio del Louvre, solicitando una entrevista con el confesor del rey. El confesor en cuestión era un dominicano que no dudó en recibirle. El eremita le contó entonces, palabra por palabra, todo lo que pasó en su cabaña del bosque de Coudray: la ceremonia del bautizo, la figura de cera, el encantamiento a petición de Monseñor Guichard, etc.

Al día siguiente, el obispo de Troyes, Fray Jean de Fay y la bruja Margueronne de Bellevillette fueron arrestados y encarcelados por orden del rey Felipe. Obviamente, y como era de esperar, los tres negaron categóricamente las acusaciones formuladas, y el asunto duró años. Es cierto que, en aquella época, el rey andaba demasiado ocupado con los Templarios. Finalmente, al cabo de ocho años, el obispo de Troyes fue liberado por falta de pruebas...


Felipe IV "el Hermoso", Rey de Francia y de Navarra (muerto en 1314).

Si el encantamiento de la figura de cera y su posterior destrucción fueron la causa de la extraña muerte de la reina Juana es, desde luego, un misterio que sobrepasa nuestro entendimiento cuando se cruza la línea que separa el campo de la razón de los dominios de la magia pura.

En cualquier caso, el testimonio del eremita arrepentido nos trae al menos una plausible explicación o pista sobre cual debió de ser la verdadera causa del inexplicable deceso de la consorte del rey Felipe IV "el Hermoso" de Francia.

En cuanto a las alusiones de Guichard sobre lo que hacía la reina Juana en la torre de Nesle, pese a las "violaciones" acometidas por Alexandre Dumas contra la Historia para sus intereses novelísiticos (el autor tergiversó la realidad de los hechos en su obra "La Torre de Nesle", invirtiendo los papeles de adúltera y asesina entre Juana de Navarra y su nuera Margarita de Borgoña), es bien cierto. La reina Juana era quien, en realidad, recibía en aquella torre a orillas del Sena a apuestos y fornidos jóvenes sementales para que la hicieran gozar de los placeres de la carne; y a los que luego hacía meter, atados de pies y manos, en sacos cosidos y tirados vivos al Sena para borrar toda prueba de sus devaneos sexuales.

Fuentes:

-"Venenos y Sortilegios", Tomo 1, Dr. Cabanes & L. Nass.
-"El Siglo de Felipe el Hermoso", Duque de Lévis-Mirepoix.
-"El Juicio de Guichard, Obispo de Troyes", Abel Rigault, 1896.

in "Historias Mágicas de la Historia de Francia" de Louis Pauwels & Guy Breton, 1977.

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