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Categoría: Ordenes de Caballeria

ORDEN IMPERIAL & MILITAR DE SAN-JORGE

Posteado por: retratosdelahistoria el 9 feb En: Ordenes de Caballeria Zares de Rusia Apuntes - sin comentarios

LA ORDEN IMPERIAL & MILITAR DE SAN JORGE

Retrato de la Emperatriz Catalina II "la Grande" (1729-1796), ante su escritorio, condecorada con las Ordenes Imperiales de San Andrés (banda de muaré azul & estrella de 8 puntas) y de San Jorge (banda de muaré negro y amarillo de cinco rayas alternas & estrella de 4 puntas); obra de Virgilius Erikssen, c.1769-1770.

Entre algunas órdenes de caballería fundadas por la Zarina Catalina II "la Grande", Emperatriz de Todas las Rusias de 1762 a 1796 -alemana de orígen pero más rusa de corazón que algunos eminentes personajes rusos contemporáneos, incluso que algunos monarcas que la precedieron en el trono-, cabe destacar la Orden Militar de San Jorge "el Mártir y Vencedor" fundada por ella en el séptimo año de su reinado, es decir en 1769. Dicha orden de caballería, como estipulaba en sus estatutos, era concedida a las más eminentes figuras militares rusas que se habían distinguido por sus servicios, demostrando lealtad y valor en el combate. La Gran Maestría recaía evidentemente en la persona de la soberana y sucesores en el trono, contemplándose 4 clases (o rangos) para sus miembros, desde el comendador, el caballero gran-cruz hasta el simple caballero de 4ª clase.

El lema de la orden que figuraba grabado en oro en la placa y la cruz era el siguiente: "Por el Servicio y el Valor" .

Las condecoraciones de la orden constaban de la banda de muaré negro y naranja alternados (3 rayas negras y 2 amarillas), anudada por la cruz de San Jorge, de 4 puntas en oro y esmalte blanco, y la estrella o placa de 4 puntas (como los 4 puntos cardenales) con sus rayos de oro, con la figura central de San Jorge abatiendo al dragón en esmalte. Las cruces de 4 puntas esmaltadas en blanco, solían corresponder a los caballeros de 3ª y 4ª clase, quienes las llevaban anudadas con su respectiva cinta en las solapas o en sotuer (anudadas al cuello).

Catalina II "La Grande" (1729-1796), Zarina y Emperatriz de Rusia de 1762 a 1796, representada como la diosa Minerva por el artista Levitzky, y llevando la banda de la Orden Imperial y Militar de San-Jorge.

En 1778, en conmemoración del 9º aniversario de la Orden de San Jorge, Catalina II ofreció un banquete a sus caballeros en una fina y delicada vajilla de porcelana, especialmente encargada y decorada con los motivos de la congregación militar, que aún figura entre los innumerables tesoros de la Rusia Imperial conservados en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.

Retrato oval del Zar Nicolás I Pavlovich (1796-1855), Emperador de Rusia de 1825 a 1855.

En 1833, Nicolás I, nieto de Catalina "la Grande", revisó y reformó los estatutos de la orden aunque nunca se estipuló uniforme o manera de vestir propia de los caballeros de San Jorge.

La Orden de San Jorge siguió siendo concedida hasta 1917, fecha en la que se abolieron todas las órdenes de caballería de la Rusia Imperial al abolirse la monarquía tras las abdicaciones de Nicolás II y de su hermano y heredero el Gran-Duque Miguel (Miguel IV por unas horas...).

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LA ORDEN DEL TOISON DE ORO

Posteado por: retratosdelahistoria el 2 ene En: Temas Ordenes de Caballeria Reyes de España - 3 comentarios

LA ORDEN DEL TOISON DE ORO

Su creación y motivos

Blasón de los Duques de Borgoña y Condes de Flandes, con el collar de la Orden del Toisón de Oro.

La orden del Toisón de Oro o del Vellocino de Oro, es una orden de caballería que en otros tiempos fue de las más prestigiosas fundada en la ciudad belga de Brujas, el 10 de enero de 1430, por el príncipe capetiano (de la Casa de Valois) Felipe III "el Bueno", Duque de Borgoña y Conde de Flandes. La fundación de dicha orden caballeresca se produjo en el momento del matrimonio del duque con la Infanta Isabel de Portugal.

Retrato del Duque Felipe III "el Bueno" de Borgoña, Conde de Flandes (1396-1467), Primer Gran Maestre y fundador de la Orden del Toisón de Oro en 1430.

La orden estaba destinada a producir un acercamiento de la nobleza burgunda entorno a Felipe III "el Bueno" y permitirle honrar a sus más leales servidores y amigos. El primer caballero de los 24 en ser honrado con su ingreso en la orden fue Guillaume de Vienne, siguiéndole Regnier Pot y Jean de Roubaix.

Vasija griega representando al mítico héroe tesalio Jasón con un argonauta presentándole el vellocino de oro.

Aunque dedicada a la gloria de Dios y a la defensa de la religión cristiana, la orden se inspira claramente en la mítica aventura de Jasón y los argonautas quienes se hicieron con el preciado vellocino de oro de un carnero con cualidades mágicas, lo que no deja de ser chocante el maridaje de un símbolo pagano (el vellocino áureo del carnero) con el patronato del mártir San Andrés. De hecho, la insignia de la orden es el vellocino de oro rescatado por Jasón y cuelga del gran collar cuyos eslabones están formados por piedras de fuego, de las cuales emergen llamas, y por pedernales estilizados para formar la letra "B" (de Borgoña) alternados. Estos símbolos ilustran la divisa de la orden: Ante Ferit Quam Flamma Micet (golpea antes de que la llama prenda).

Fotografía del gran collar de la Orden del Toisón de Oro. Abajo, ilustración presentando al Duque Felipe III de Borgoña con el hábito de Gran Maestre de la Orden (siglo XV).

Por otro lado, otras fuentes indican que la orden se creó con el objeto de recordar la gran batalla en la que el israelita Gedeón ganó a los Madianitas defendiendo a la Iglesia de Dios (y en cuyo nombre sacrificó un carnero en señal de agradecimiento). Bulo o no, quizá esta última razón fuera esgrimida para su aprobación en Roma, ya que su creación no fue exenta de polémica por la mezcla de símbolos paganos con los cristianos, tal y como he planteado anteriormente. Sea como fuere, la creación coincidió con los suntuosos festejos de la corte burgunda que se celebraron para los recién casados Felipe e Isabel.

Posterior a la célebre orden de la Jarretera británica, de la que fue elegido miembro Felipe III de Borgoña en 1422 (aunque rehusó tal distinción para no indisponerse con el rey de Francia), el duque creó la suya propia a su medida y poniendola bajo el patronato de San Andrés, de ahí que entre los símbolos de la orden se encuentren siempre las aspas encarnadas (dos troncos cruzados en X), sobre las que sufrió martirio el santo. En cualquier caso, y como todas las órdenes de caballería, la del Toisón de Oro perseguía un mismo fin político: unir a la aristocracia nacional entorno al soberano, apelando no sólo al honroso, gentil y noble espíritu caballeresco, sino también despertando su hambre de distinciones y presentándola como un premio codiciado que alzaba al beneficiado por encima de sus iguales.

Exclusiva y elitista, la Orden del Toisón de Oro limitaba a 24 sus caballeros en el momento de su fundación. Sin embargo, el número fue ampliándose en 1433 hasta 30 y, en 1516 (de la mano del rey-emperador Carlos V de Austria) a 51.

Los caballeros no podían profesar otra fe que la católica apostólica romana, y debían ser de origen noble (de linaje caballeresco). Su Gran Maestre debía ser, por norma, duque de Borgoña o, en su defecto, descender y ser heredero legítimo de la dinastía borgoñona, tal y como fue cuando la última duquesa soberana de Borgoña, María, casó con el emperador Maximiliano I de Austria, y la orden quedó vinculada a la Casa de Habsburgo y mantenida en vigencia por el archiduque Felipe IV de Austria, "Duque de Borgoña y Conde de Flandes" (el Felipe I "el Hermoso" castellano que desposó a Juana Iª "la Loca" de Castilla) y sus descendientes varones (Carlos I-V y Fernando I de Austria).

Retrato de Felipe I "el Hermoso" de Austria (1478-1506), "Felipe IV, Duque de Borgoña y Conde de Flandes" y Rey de Castilla, representado como 4º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro.

La orden sería confirmada y sus estatutos aprobados por la Iglesia Romana con la bula del papa Eugenio IV, el 7 de septiembre de 1433.

La Gran Maestría y el hábito de la orden

Retrato de Felipe II "el Prudente" de Austria (1527-1598), Rey de las Españas y de Portugal, 6º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro y confirmado como tal en 1574 por el papa Gregorio XIII.

En 1574, el papa Gregorio XIII emitió una bula otorgando la gran maestría de la orden al rey de España, el entonces Felipe II de Austria apodado "el Prudente" (e hijo del rey-emperador Carlos I de España y V del Imperio Romano Germánico). Una segunda bula, la de Clemente VIII en 1600, vino a confirmar la supremacía de los Austrias españoles al frente de dicha orden.

En cuanto al hábito, suntuoso como lo es de por sí la joya (el gran collar de la orden), consistía en un amplio manto de terciopelo rojo doblado de armiño -en ciertos casos- o de satén blanco -mucho más frecuente-, con una cenefa que reproducía los motivos del collar en pasamanería bordada en hilo de oro, con un jubón plisado, ancho y largo a juego, guantes, medias y calzado del mismo color, así como el típico tocado medieval que se llevaba en tiempos de Felipe III "el Bueno" y de Carlos I "el Temerario".

El hábito de gala de los Caballeros de la Orden del Toisón de Oro, conservado en Viena.

Obviamente, con el tiempo, y dada la escisión de la orden en dos después de 1700 (la gran maestría fue disputada entre el rey Felipe V de España y el emperador Carlos VI de Austria), el hábito sufrió un leve cambio en la corte de Viena: el amplio manto se tornó granate. Y es que, por culpa de un cambio dinástico en España que provocó una guerra de sucesión que se extendió por toda Europa, la codiciada orden y su gran maestría fueron motivo de disputa entre el primer Borbón de Madrid y el último Austria de Viena, y acabó siendo partida en dos durante las dos últimas centurias.

Sus grandes maestres fueron:

1-Felipe III, Duque de Borgoña, G.M. 1430-1467.

2-Carlos I, Duque de Borgoña, G.M. 1467-1477.

3-Maximiliano I, Emperador del S.S.I.R.G., G.M. 1478-1482.

4-Felipe IV, Duque de Borgoña, Conde de Flandes, Rey de Castilla, G.M. 1482-1506. (Felipe I)

5-Carlos II, Duque de Borgoña, Rey de las Españas, Emperador del S.S.I.R.G., G.M. 1506-1555. (Carlos I de las Españas y V de Alemania)

6-Felipe V, Duque de Borgoña, Rey de las Españas y de Portugal, G.M. 1555-1598. (Felipe II)

7-Felipe VI, Duque de Borgoña, Rey de las Españas y de Portugal, G.M. 1598-1621. (Felipe III)

8-Felipe VII, Duque de Borgoña, Rey de las Españas y de Portugal, G.M. 1621-1665. (Felipe IV)

9-Carlos III, Duque de Borgoña, Rey de las Españas, G.M. 1665-1700. (Carlos II)

La Disputa por la Gran Maestría

Retrato de Carlos II "el Hechizado" de Austria (1661-1700), Rey de las Españas de 1665 a 1700, 9º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro.

Al morir Carlos II sin herederos directos y habiendo testado a favor del segundo nieto de la Infanta Maria-Teresa de España (1638-1683) -Reina de Francia como consorte de Luis XIV, e hija primogénita de los Reyes de España Felipe IV e Isabel de Borbón, Princesa de Francia y de Navarra-, Felipe de Francia, duque de Anjou (1683-1746), se produjo un conflicto a escala internacional por temor a que Francia y España fueran regidas, en un futuro no muy lejano, por un mismo monarca. A esto se sumó la disconformidad del pretendiente Habsburgo, el archiduque Carlos de Austria, hijo menor del emperador Leopoldo I y hermano de José I, que reivindicaba el trono español como herencia de familia. Es más, sus pretensiones dinásticas encontraron respaldo entre las potencias enemigas de la hegemónica Francia (Gran-Bretaña, Países-Bajos, Austria, Alemania, Portugal,...) y, de paso, reivindicó la gran maestría de la Orden del Toisón de Oro que, según las bulas de Gregorio XIII y de Clemente VIII, correspondía solamente al Rey de España.

Retrato de Don Felipe V "el Animoso" de Borbón (1683-1746), Rey de España de 1700 a 1724 y de 1724 a 1746, 10º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro; trajeado a la española por Hyacinthe Rigaud, c.1701, quien lo representa con el collar de la orden y la banda y gran-cruz de la Orden del Espíritu Santo.

Tras la Guerra de Sucesión Española que terminó confirmando al rey Felipe V de Borbón en el trono español, éste y el antiguo pretendiente Habsburgo ya convertido en el nuevo emperador del S.S.I.R.G., Carlos VI de Austria, firmaron un documento (1725) en el que se le concedía a este último la dignidad de Gran Maestre a título vitalicio (sin por ello renunciar el monarca español a serlo también, pero de forma hereditaria).

Retrato de Carlos VI de Austria (1685-1740), Emperador del S.S.I.R.G., Rey de Hungría, de Bohemia, etc. de 1711 a 1740, representado como 10º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro Austríaca a título vitalicio por cortesía del rey de España.

Pese a que Carlos VI de Austria falleciera en 1740, cerrando así la escisión de la orden, sus sucesores en el trono del Sacro Imperio, los Lorena-Austria, hicieron caso omiso de la caducidad impuesta por Madrid y siguieron ostentando paralelamente en Viena la gran maestría incluso después de la disolución del IIº Reich (que sentenció el fin de la supremacía de Austria en Alemania).

Obviamente, el atrevimiento de los emperadores austro-húngaros soliviantó a los soberanos españoles que no cesaron de protestar abierta pero infructuosamente contra esa usurpación. De hecho, la escisión de la orden en dos paralelas (una en Madrid y la otra en Viena), duraría hasta 1918, fecha en que se hunde y disuelve definitivamente el Imperio Austro-húngaro. Pero los Austria-Lorena exiliados no renunciarían jamás a sus pretensiones sobre la gran maestría.

En España, los Borbones hicieron cohabitar la vieja Orden del Toisón de Oro con la Orden del Espíritu Santo francés, que les fue conferida a todos y cada uno de ellos por sus primogénitos galos (Luis XIV, Luis XV y Luis XVI), y que siempre tenían a bien llevar ostentosamente junto con la condecoración del vellocino de oro.

Los grandes maestres Borbones fueron:

10-Felipe V, Rey de España, G.M. 1700-1724.

11-Luis I, Rey de España, G.M. 1724-1724.

12-Felipe V, Rey de España, G.M. 1724-1746.

13-Fernando VI, Rey de España, G.M. 1746-1759.

14-Carlos III, Rey de España, G.M. 1759-1788.

15-Carlos IV, Rey de España, G.M. 1788-1808.

La ocupación napoleónica, que supuso la renuncia y exilio de Carlos IV, y la Guerra de Independencia, hicieron que la gran maestría fuera ostentada por el hermano y títere del emperador Napoleón I, José I Bonaparte, auto-coronado rey de España, y supuso la concesión de dicha orden al mismísimo emperador galo y a otros dignatarios afrancesados, provocando la indignación de muchos príncipes, entre ellos el Conde de Provenza (futuro rey Luis XVIII de Francia) que devolvió su colgante en señal de airada protesta.

Otro incidente es digno de recalcar: cuando la regencia española que asumió el gobierno en ausencia del huído José I -mientras no llegaba Fernando VII de su exilio francés-, concedió la preciada condecoración al Duque de Wellington en 1812, por haber conseguido expulsar a los franceses de la península Ibérica. Aquel gesto de gratitud rompía con la consigna de que dicha orden no podía concederse a persona alguna que no fuera católica, ya que Wellington era de confesión anglicana. Hubo de esperar la confirmación del rey Fernando VII quien, tras tomar efectivamente posesión de la corona en 1813, consultó previamente con el papa Pío VI antes de dar su visto bueno.

Arthur Wellesley, 1er Duque de Wellington (1769-1852), Caballero de la Orden del Toisón de Oro Española en 1812, así como Caballero de las Ordenes del Baño y de la Jarretera.

Este hecho sentó precedente en la Orden, puesto que Wellington fue el primer protestante en ser honrado con semejante distinción. Para las demás concesiones anteriores, conferidas por el usurpador José I Bonaparte, Fernando VII las anuló de un plumazo.

Retrato de Fernando VII "el Deseado" (1785-1833), Rey de España y 16º Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro; obra del pintor Cruz Ríos.

En esos primeros años del siglo XIX, la Orden del Toisón de Oro española se "democratizó" paulatinamente al ser concedida su insignia a personas protestantes, a católicos ortodoxos, así como a plebeyos merecedores de tal distinción por los servicios prestados. Pero habría que esperar el siglo XX para que fuera también conferida a mujeres, aunque en muy raras ocasiones.

En cualquier caso, esos cambios supusieron la supresión de los antiguos estatutos de la Orden, en el caso de España. No así en Austria, donde se observan aún con religiosidad cada uno de los puntos de los estatutos establecidos desde la fundación de la Orden por Felipe III de Borgoña.

La gran maestría sería nuevamente desempeñada por los Borbones españoles, y muy a pesar de las Guerras Carlistas, de la Iª República, de la IIª República y de la dictadura:

16-Fernando VII, Rey de España, G.M. 1808 / 1813-1833.

17-Isabel II, Reina de España, G.M. 1833-1868.

18-Alfonso XII, Rey de España, G.M. 1874-1886.

19-Alfonso XIII, Rey de España, G.M. 1886-1941.

20-Juan "III", Conde de Barcelona, G.M. 1941-1977.

21-Juan-Carlos I, Rey de España, G.M. 1977-....

Retrato de Isabel II (1830-1904), Reina de España de 1833 a 1868, 17ª Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro Española; obra de Franz Xavier Winterhalter.

En el caso de la reina Isabel II, su tío el Infante Carlos Mª Isidro cuestionó su legitimidad como Gran Maestre de la Orden y su derecho a otorgar la distinción, del mismo modo que cuestionó su derecho a ocupar el trono como mujer, esgrimiendo una ley sálica que había sido previamente derogada por Carlos IV aunque nunca publicada.

Insignia y cordón

En tiempos de los Austrias Españoles, los caballeros de la Orden solían llevar la insignia colgando de un cordón o amplia cinta de muaré negro que, en el siglo XVIII y con los Borbones, se cambió por uno rojo (que la corte de Viena también adoptó), más acorde con el gran hábito de sus miembros. Normalmente llevada al cuello, se fue paulatinamente prendiendo al tercer ojal de la casaca por una cuestión de comodidad.

El gran collar tan solo se lleva actualmente en las grandes ceremonias, siempre con uniforme militar o con riguroso smoking.

Una curiosidad

Alberto II, Rey de los Belgas, es de los pocos Jefes de Estado en ostentar conjuntamente las insignias de la Orden del Toisón de Oro Española y la Austríaca (concedida por Otto de Habsburgo, su Gran Maestre).

Las reinas Beatriz I de Holanda, Margarita II de Dinamarca y Elizabeth II de Gran-Bretaña son damas de la Orden desde 1985 (las dos primeras) y 1988 respectivamente.

El primer presidente del Gobierno democrático español, Don Adolfo Suárez, aquejado del mal de Alzheimer, fue condecorado con la insignia en 2007.

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LOS CABALLEROS TEMPLARIOS: origen y disolucion

Posteado por: retratosdelahistoria el 23 ago En: Temas Misterios Ordenes de Caballeria - 9 comentarios

LA ORDEN DEL TEMPLO

LOS CABALLEROS TEMPLARIOS: orígen y disolución

En el año de 1118 (siglo XII), Hugues de Payns, Geoffroy de Saint-Omer y otros siete caballeros forman la Orden de los "Pobres Caballeros de Cristo". Deciden entonces ponerse al servicio de Dios y del Rey de Jerusalén, y de someterse a la regla monástica de San Agustín, haciendo votos de castidad y de pobreza.

La vocación de estos caballeros está bien marcada desde el principio: asegurar el servicio y la protección de los peregrinos entre el lugar del desembarque y la llegada a Jerusalén. Inmediatamente, el Papa Balduino II aprecia sus servicios y les ofrece en 1119, parte de su palacio situado justo en el emplazamiento del Templo de Salomón, de ahí que, más tarde, se les apodara los "Templarios".

Recreación del Templo de Salomón en la ciudad santa de Jerusalén, antes de ser arrasada por los romanos.

Honores y Gloria

Desde entonces son definidos como una orden de monjes combatientes protegiendo los cristianos en Tierra Santa. Auténtico ejército regular, la Orden del Templo se ve exenta de impuestos y tasas por parte de soberanos temporales o del clero secular, no rindiendo cuentas a nadie de sus actuaciones excepto al Papa.

La Orden establece en 1143, una casa en París llamada el "Templo", recibiendo donaciones y ejerciendo de motu propio la alta, media y baja justicia, independientemente de las autoridades judiciales parisinas. A lo largo del siglo XIII, su expansión económica se traduce en una sistemática adquisición (a gran escala) de tierras y propiedades.

En París, el Templo es a su vez una ciudad, un país, un claustro, una fortaleza donde se puede vivir en completa autarquía en caso de guerra, teniendo adyacentes sus campos de cultivo y sus masías.

Las largas capas blancas de los Templarios son cosidas de una gran cruz roja, símbolo de la Orden desde el año 1149. Solo los caballeros pueden llevar la capa o manto de color blanco; los sargentos, los capellanes y los escuderos se distinguen por el manto negro guarnecido con la cruz roja en el hombro izquierdo.


Las Cinco Ordenes de Caballería que fueron creados en el siglo XII (de izq. a derecha): La Orden del Santo-Sepulcro, La Orden Hospitalaria de San-Juan de Jerusalén o de Malta, La Orden del Templo, La Orden de Santiago de la Espada y la Orden Teutónica.

Jerarquía y poderío de la Orden

El Maestre y los dignitarios de la Orden: el senescal, el mariscal, el comendador de la Tierra y del Reino de Jerusalén, el trapero, los comendadores de otras provincias o ciudades, los comendadores de las casas, los caballeros, los sargentos, el comendador del puerto, los encargados de las masías, las tropas de caballería, los capellanes y los hermanos de los oficios, componen desde lo más alto a lo más bajo los escalones del Templo.

Dicha jerarquía sugiere una palpable expansión de la Orden: en 1257, sus riquezas se constituyen con 3.468 castillos, fortalezas y casas repartidas en 19 provincias y sub-provincias, divididas en regiones, comandancias y casas en toda Europa. Para hacerse una mejor idea de su poderío, podemos citar el baílio de Arles que abarcaba comandancias con jurisdicción en Aix-en-Provence, Arles,.... y 8 comandancias sin jurisdicción como Niza o Aviñón, 23 comandancias anejas, una veintena de casas del Templo y un centenar de bienes diversos. La Casa de Jerusalén comprendía 2 conventos con 350 caballeros y 1.200 sargentos que tenían bajo sus órdenes a miles de templarios. Los países de combate eran los de la Reconquista: Palestina, Península Ibérica y Hungría.

En el curso del siglo XIII, los reyes y muchos particulares acaudalados pusieron sus tesoros en depósito en el Templo de París. La misma fortaleza acogería a Felipe IV "el Hermoso", en 1306, para protegerle de las revueltas populares. De hecho, el Templo juega el papel de banquero debida a su enorme riqueza financiera y territorial, prestando dinero a los mismos reyes. El Templo goza de dos derechos nada despreciables: el derecho de dar asilo y de otorgar protección, implicando que las persecuciones judiciales externas, dejan de existir dentro de las murallas del Templo, asi como la protección otorgada por el Templo a los endeudados insolventes para que puedan defender sus derechos y restablecer su honorabilidad. Diversos edictos reales dispensaron a los beneficiados de pagar impuestos. El Rey, como el Gran Prior, mantienen así una especie de vía alternativa que da la oportunidad de escapar a los estrictos reglamentos y leyes estatales o feudales.

Celos y temores

Ilustración de los Caballeros Templarios protegiendo el paso de los peregrinos hacia Tierra Santa.

Al final de las Cruzadas y después del último y definitivo fracaso en Tierra Santa, el poderío independiente de los Templarios suscitan celos y amargura entre los soberanos y otras gentes al poder, provocando a la postre el Juicio y la disolución del Templo. Además, desde la caída de Jerusalén, los Templarios pierden su razón de ser, su esencia primitiva y su papel de proteger a los peregrinos en Tierra Santa. Esa fuerza humana y financiera incomensurable acaba por atraerse conflictos cada vez más numerosos con los grandes feudales, laicos y religiosos, los reyes, y el Papado mismo!

El rey de Francia, Felipe IV "el Hermoso", rechazado un día a las puertas del Templo, no perdonará semejante afrenta. Aparte de la guerra, este rey debe afrontar una grave crisis económica, varias hambrunas y la epidemia de la Peste Negra, que hace estragos por toda Europa. Después de haber confiscado los bienes de los mercaderes lombardos y judíos, antes de hacerlos arrestar y expulsar (en los años 1277, 1291, 1311 y 1306), después de haber alterado el valor de la moneda, provocando sangrientas revueltas en 1306, Felipe "el Hermoso" siempre en pos de dinero fresco y con el Tesoro Real deficitario, busca por diversos medios hacerse con los bienes y tesoros de los Templarios.

Retrato del Rey Felipe IV "el Hermoso" de Francia (1268-1314), soberano entre 1285 y 1314.

Su primer intento fue la de postular por el puesto de Gran-Maestre de los Templarios sin renunciar a ser rey de Francia, siendo rechazada su candidatura. El fracaso de sus maniobras le decidieron entonces en su empeño de socavar la Orden que le hace sombra urdiendo una maquiavélica trama. Ayudado por su consejero Guillaume de Nogaret y del Pontífice Clemente V, Felipe IV prepara entonces su embestida final durante largos meses....

Guillaume de Nogaret, nieto de un Cátaro, que fue excomulgado en 1303 tras apresar y golpear al Papa Bonifacio VIII, se convirtió en el mejor aliado del rey tras fracasar las tentativas pacificas de éste para hacerse con el Templo. Conocía por propia experiencia el beneficio que se podía sacar de una acusación de herejía y consideraba oportuna la aniquilación de los Templarios.

El Plan Diabólico

El Comendador Esquin de Floyran, oriundo de Béziers, conocido de Guillaume de Nogaret, es arrestado por homicidio y encarcelado en la prisión real de Toulouse, feudo de Nogaret. Condenado a muerte, es ejecutado. De aquel desafortunado incidente parte la maquiavélica trama urdida por Nogaret y el rey: publican las confesiones de un burgués que habría compartido celda con el comendador ejecutado y que le habría confesado que "los Templarios adoraban ídolos; cuando eran admitidos en la Orden, debían en el momento de su iniciación, escupir por tres veces sobre la cruz. Luego debían librarse a obscenos besos sobre la persona de los Hermanos que los recibían, en los glúteos y en el ombligo. Finalmente se comprometían en practicar la sodomía."

Felipe IV "el Hermoso" envió misivas al rey de Aragón así como al rey de Inglaterra denunciando a los Templarios. Ninguno de los dos se dejaron engatusar ni se creyeron las falacias del francés. Debemos subrayar que la destrucción y persecución de los Cátaros a partir de 1119, siguió el mismo esquema: herejía, sodomía, confesiones bajo tortura de la Inquisición, etc... Desconfiando, el rey de Aragón tomará la precaución de advertir la Orden del Templo de las acusaciones formuladas por el rey de Francia, permitiéndoles hacer desaparecer sus fabulosos tesoros. Pero por su propia vida, los Templarios no han tomado precauciones. Peor aún, llamado a Francia por el papa Clemente V, Jacques de Molay abandona Chipre, donde preparaba un desembarco en Siria.

Grabado representando a Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden del Templo o de los Caballeros Templarios. La Torre del Temple, en París, es representada en el paisaje del fondo.

Escoltado por 60 caballeros, sargentos, esclavos negros, jinetes y por 12 monturas cargadas de oro, plata y joyas, magníficas y relucientes armas, y suntuosos objetos, Jacques de Molay vuelve a Francia. Por todas partes, al paso del magnífico cortejo, el pueblo aclama a los Templarios pero, a la vista de tanta riqueza y medios, se preguntan que ha sido de aquellos pobres caballeros de Cristo. Esa pregunta favorece los planes de Nogaret.


El papa recibe al Gran-Maestre de los Templarios para convencerle, sin éxito, que acepte la fusión con la Orden Hospitalaria. El rey le llama a su lado, e intenta convencerle de la fusión mencionada, pero Jacques de Molay rehusa la oferta por 2ª vez. Conoce, además, las calumnias difundidas contra la Orden y piensa que todo este follón se debe a un intento de obligarle a fusionar la Orden del Templo con la Orden Hospitalaria. Seguro de su integridad, Jacques de Molay reclamará al papa una investigación para lavar a los Templarios de semejantes calumnias. En agosto de 1307, el pontífice escribiría una misiva al monarca galo informándole de la apertura de una investigación, pero buscando ganar tiempo, añadiría que ésta no presentaba urgencia alguna.

Retirado en la abadía de Maubuisson, Felipe IV concentra todos sus esfuerzos en la preparación de la gran lucha contra los Templarios. El 12 de octubre del mismo año, Jacques de Molay hace acto de presencia en el funeral de la condesa de Valois, al lado del rey. Al día siguiente, todos los Templarios de Francia son encarcelados. La sorpresa es tan brutal que ninguna comandancia opone resistencia. Solo una docena de caballeros consiguen escapar. Nogaret en persona procederá al arresto de Jacques de Molay y de 144 Templarios.

13 de Octubre de 1307

Todos los Templarios de Francia son arrestados y encarcelados, y como sus principios fundamentales les prohibe batirse contra un cristiano, no oponen resistencia alguna. Para colmo, otra de sus reglas les emplazaba a soportar 3 asaltos enemigos antes de pasar al contra-ataque...

Se les acusaba de:

1-Simonía (tráfico criminal de objetos santos)

2-Herejía

3-Idolatría

4-Magia

5-Sodomía

Entre las pruebas acusatorias se presentó el mismísimo gran sello de la Orden, al contener la imagen de dos jinetes cabalgando una sola montura, lo que les hacía susceptibles de sodomía. Aquel símbolo tenía otro significado para los Templarios: el individuo pasa después de la Orden, el reparto es omnipresente, el voto de pobreza adoptado cuando la Orden fue creada. Era además llamado el "Sello de Pobreza", por tener en un lado la cruz templaria y en el otro los dos jinetes compartiendo la misma montura, en señal de reparto.

El famoso "Sello de Pobreza" de los Caballeros Templarios.

Aparte de la sodomía, se les reprochó el haberse convertido al Islam y de venerar un ídolo: "Baphomet". El proceso judicial no es más que un simulacro, ya que los acusados confiesan cualquier culpa tras las torturas sufridas. No tienen siquiera derecho a una auténtica defensa, a pesar de su tentativa de jugar sobre la concurrencia existente entre el rey de Francia y el Papa. Los caballeros que no reniegan son condenados a muerte.

Testigos de Cargo

"En diversas comandancias, tenían ídolos, o sea cabezas; algunas tenían tres caras, otras una sola, otras con la forma de un cráneo o calavera. Adoraban aquel ídolo especialmente en el curso de sus grandes capítulos. Los veneraban como Dios, como su Salvador. Afirmaban que esa cabeza podía salvarles y hacerles ricos, que proporcionaba a la Orden todas sus riquezas. Rodeaban aquella cabeza con cordeles y luego se ceñían las cinturas con ellos. Se les pedía jurar no revelar nunca aquellos actos, y si llegaban a hablar de ello, eran encarcelados de por vida o asesinados."

"He visto por 12 veces el "Baphomet" en 12 capítulos. Era una cabeza barbuda, que se cubría de besos llamándole Salvador."

"Ví un ídolo al que se adoraba, y que tenía un aspecto terrible, como la de un demonio, visión que me heló de terror. Aquella cabeza estaba esculpida en madera plateada o dorada, la barba de plata, y poseía dos caras de terrible aspecto."

Otros testigos afirmaron haber visto al mismísimo Baphomet:

"Tenía de 2 a 3 caras, el diablo encarnado aparecía bajo el aspecto de un gato y hablando en lengua humana. A veces aparecía barbudo, barbilampiño o imberbe, y a veces con barba de musulmán."

Cabe preguntarse entonces qué simbolizaba Baphomet:

¿era un símbolo uniendo la sabiduría del Islam y de la Cristiandad?

¿era una representación del hombre perfecto?

Escultura de Baphomet o de Fauno (?), localizada en Castelo del Monte, Italia, y que data del siglo XIII. ¿Podría ser una representación del Baphomet de los Caballeros Templarios?

El espíritu de tolerancia adquirido por los Templarios en Tierra Santa acaba por volverse contra ellos. Para ello se cita una declaración de un Hermano: "las creencias de los paganos valen tanto como las nuestras!"

Otro aspecto que juega en contra de la Orden: el secreto de la recepción de sus nuevos miembros. La tan hermosa regla del orígen era conservada como reliquia y en algunos ejemplares a disposición de los altos dignatarios. Los caballeros nunca pudieron acceder a los textos originales de la regla de la Orden. Se contentaban en resumírsela. Para las almas sencillas, aquello parecía más bien un secreto. En cuanto a las ceremonias de iniciación y admisión, se desarrollaban de noche en lugares sagrados, cerrados y guardados por Hermanos soldados.

Investidura de un Caballero Templario, recibido en el seno de la Orden del Temple.

Otro Hermano habría declarado a los profanos que los Hermanos matarían a cualquiera, incluso si fuese el rey, que se atreviera a asistir a sus capitulos...

Campaña de Intoxicación para el Pueblo

Nogaret puso en pie toda una campaña de intoxicación, haciendo creer a la opinión pública que los Templarios se habían convertido en una secta de especuladores, usureros, alquimistas, herejes, impíos y sodomitas.

El 14 de Octubre de 1307 se difundía un manifiesto real en las calles de París, haciendo públicas las diversas acusaciones contenidas en la orden de arresto de los Templarios: tachados de apóstatas (abandono de la Fe y de la vida cristiana), se los señalaba como autores de ultrajes contra la persona de Cristo, de practicar ritos obscenos, de sodomía y de idolatría, de pactar con el Islam, difundiendo doctrinas opuestas a las de la Iglesia Romana.

Ciertamente, durante las cruzadas en tierra del Islam, los Templarios establecieron contacto con iniciados llamados "Asesinos", permitiéndoles saber más sobre los orígenes históricos de las religiones cristiana y musulmana, tomando distancias con la Iglesia y sus dogmas. La comunidad de los "Asesinos" era una sociedad iniciática musulmana, cuyos miembros eran muy temidos por sus crímenes. Uno de sus jefes, "el Viejo de la Montaña", colocaba supuestamente a sus adeptos con hachís, de ahí el nombre de "Hachischin" (Hachischenos), y con un solo gesto de éste, asesinaban tanto príncipes musulmanes como cristianos. Llamados también "Ismaelitas" o "Ismaelianos", eran considerados como una secta musulmana fuertemente establecida en Persia y Líbano.

Los Interrogatorios

Suprema habilidad de Guillaume de Nogaret: había convencido al rey Felipe IV "el Hermoso" de pedir a la Inquisición (que había torturado a miles de Cátaros), de llevar los interrogatorios.

De este modo, Felipe IV deja que los Templarios sean torturados por la Inquisición después de haber echado sus garras sobre las propiedades inmuebles y los libros de cuentas (el tesoro se había esfumado) de la Orden. Sin vergüenza alguna, el rey osó llamar a la Inquisición cuando en diciembre de 1301 había excluído el Santo Oficio escribiendo al obispo de Toulouse que "bajo el cubierto de una represión lícita, habían osado cometer actos ilícitos; bajo la aparente piedad, cometer actos impíos; bajo pretexto de defender la Fe Católica, cometer fechorías tras muchos abusos de los cuales eran culpables en Languedoc."

El Inquisidor de Francia, Guillaume de Paris, confesor del rey, precisó a todos los priores dominicanos de recibir y de interrogar cuanto antes a los Templarios que les fueran entregados. Sobre millares de hombres torturados (las milicias Templarias contaban entonces con un ejército de 15.000 hombres), 138 Templarios torturados en París acabaron por reconocer todo cuanto se les preguntaba o soplaba, mientras cesaran los tormentos: estos prisioneros fueron interrogados en la sala inferior de la Torre del Templo por el Inquisidor en persona, de los cuales 36 morirían sobre el potro; los demás se autoinculparon de los peores crímenes imaginables después de que se les pulverizara los huesos, arrancara los dientes, descuartizara o dislocara los miembros,... Solo 3 de estos atormentados negaron hasta el final la sarta de mentiras y calumnias que se les imputaba: Jean de Château-Villars, Henri de Hercigny y Jean de Paris.

Todos fueron interrogados el 9 de noviembre, en el curso de una sesión en ausencia del Inquisidor y de su sustituto, Nicolas d'Ennezat, ya que ambos se ocupaban del Templario Visitante de Francia, Hugues de Pairaud. Mientras ocurrían aquellas horrendas sesiones, muchos Templarios consiguieron abandonar Francia y refugiarse en otros países europeos. Cincuenta y cuatro Templarios fueron condenados a muerte y quemados vivos al día siguiente; en el momento de subir a la pira y de arder en ella, todos y cada uno de ellos proclamaron su inocencia a voz en grito.

Un testigo relataba:

"No se oían más que gemidos y quejidos de los atormentados a los que se les rompía los huesos del cuerpo, y se desmembraban durante la tortura. Los estiraban hasta dislocar sus miembros sobre los potros o mesas. Se les exponía sus pies embadurnados de grasa a las llamas del fuego. Se les pulverizaba los huesos de las piernas con cuñas de madera a golpe de maza. Los que resistían y persistían en su negativa de admitir sus crímenes, eran atenazados con pinzas calentadas al rojo en los braseros, y se les colgaba por los genitales, mientras se les prometía la libertad e incluso una renta del rey si admitían todo lo que se les decía. Los que se negaban a colaborar eran amenazados de muerte..."

Pasaremos por alto copiar aqui los extractos de algunos interrogatorios, por ser indignantes...

Hipocresía y Cobardía del Papa

"Mientras estuvimos lejos de Vos, habéis metido mano sobre las personas y los bienes de los Templarios; hasta ordenásteis encarcelar a sus miembros; el colmo del dolor es que no los habéis dejado libres, y me han dicho que además de la aflicción de la cautividad, habéis añadido otra aflicción..."

Esta es, desde luego, la más que tímida "reprimenda" que propinó Su Santidad Clemente V al rey Felipe IV de Francia, en una carta escrita desde Aviñón. La reprimenda no produce efecto alguno: el rey se ríe de la autoridad papal y, además, los Templarios confiesan en masa sus crímenes. Después de protestar con tibieza en su carta al rey, afirmando su estupor al leer los informes de la Inquisición (el colmo del cinismo!), el papa sugiere a todos los príncipes de la Cristiandad de apresar a los Templarios presentes y asentados en sus Estados respectivos. Afortunadamente, ese Papa, hechura de Francia (y francés, que fue obispo de Burdeos antes de recibir la tiara papal), no goza de credibilidad ni autoridad moral para los soberanos europeos, y éstos, desde luego, no se privan de mofarse de él en público.

Retrato póstumo del Papa Clemente V (Bertrand de Goth), que fue Sumo Pontífice de Roma entre 1305 y 1314.

De repente, en 1308, el Pontífice ya no cree en las acusaciones formuladas contra los Templarios y exige que el caso le sea presentado para examinarlo y que el proceso judicial sea suspendido. Los Templarios vuelven a albergar esperanzas y Hugues de Pairaud se retracta de sus anteriores confesiones. Ese golpe teatral provoca entonces la ira de Guillaume de Nogaret...

Con tal de amedrentar al papa, un abogado de Coutances, Pierre Dubois, portavoz del rey de Francia, escribe un pamfleto atacando a Clemente V a instancias de Nogaret, acusándolo de simoníaco y de nepotismo. Ante las insidiosas acusaciones, Clemente V debe doblegarse pero intentando salvar las apariencias: reclama pues que los Templarios deben ser entregados a la Santa Sede, la cual devolverá enseguida a éstos a los oficiales reales que tendrán por misión retenerlos en nombre de la Iglesia Romana. Pero, para solucionar el futuro de la Orden, el papa exige que un concilio sea convocado y con sede en Vienne, en el Delfinado, para octubre de 1310. Dicho concilio se encargaría de decidir qué hacer con la Orden y, en cuanto a los crímenes de los Templarios, como individuos, pasarían a ser juzgados por los obispos y los inquisidores; el Gran-Maestre y los altos dignatarios comparecerían ante el papa. De cualquier modo, los dos procesos paralelos pasarían a ser supervisados por la gran inquisición.

Los Templarios se defienden

Jacques de Molay, después de haber admitido todas las acusaciones formuladas, defiende su Orden con pasión retractándose de todas las confesiones obtenidas bajo tortura, al inaugurarse el 2º juicio en agosto de 1309. Firmemente, Molay deja patente que solo declarará ante el papa en persona. El 7 de febrero de 1310, 33 Templarios declararon estar dispuestos a defender la Orden de las falsas acusaciones lanzadas por Nogaret. El portavoz de la Orden, Pierre de Boulogne, leerá una declaración capital afirmando que todas las acusaciones no son más que calumnias desde principio a fin, rehusando admitir cualquier miembro laico entre sus jueces. En mayo, los defensores de la Orden pasan a ser nada menos que 573 personas. Se opera pues un cambio de actitud: de la humillante pasividad, pasan a la defensa a ultranza de la honorabilidad de su congregación.

Nogaret no tardará en contraatacar; el 10 de mayo de 1310, el arzobispo de Sens, Philippe de Marigny, totalmente devoto a la causa del rey, reúne en París un sínodo. Dos días después, el sínodo condena a 54 Templarios venidos a defender su Orden, a morir en la hoguera.

El 18 de mayo, el principal abogado de los Templarios, Pierre de Boulogne, desaparece misteriosamente: la acusación declara falsamente que ha huído. Lo más probable es que lo hayan raptado y asesinado en secreto. En consecuencia, 44 Templarios renuncian a defender la Orden, totalmente desmoralizados...

Nogaret consigue su objetivo: que dejen de retractarse y que admitan los crímenes de los que se les imputa desde el principio. El 5 de junio de 1311, la instrucción finaliza y el dossier es expedido al Papa. El concilio ecuménico de Vienne celebra su asamblea en octubre de 1311: 9 Templarios aún libres acuden a defender la Orden. Clemente V se niega a oírles y les hace apresar para silenciarlos. El 3 de abril de 1312, el papa pronuncia la disolución de la Orden Templaria; sus bienes revierten a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, con sede en Rodas (futura Orden de Malta a partir del siglo XVI). Así vino a realizarse la fusión tan deseada por Felipe IV "el Hermoso", pero.... sin tesoro!

La Sentencia

El 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, que no había comparecido desde hacía 4 años, Hugues de Pairaud, Geoffroy de Charnay y Geoffroy de Gonneville son conducidos ante la catedral de Nuestra Señora de París para oír la sentencia pronunciada contra ellos. Se les condena a encarcelamiento de por vida. A pesar de las torturas, a pesar del encarcelamiento, de sus negaciones y sus retractaciones, en un último sobresalto Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay gritan al pueblo parisino que han sido calumniados y que nada hay de cierto en todas las acusaciones formuladas contra los Templarios. Un delegado tendrá que amordazar al Gran-Maestre para impedir que siga increpando la plebe atónita y desconcertada. Los parisinos empiezan entonces a dudar y a protestar contra el silenciamiento de los Templarios a los que se les impide expresarse libremente. Ante la agitación provocada, los cardenales ordenan que se entreguen los presos bajo la custodia del preboste de París (jefe de Policía). Informado del incidente, Felipe IV toma la fatal decisión de conmutar la pena de los Templarios en ejecución: se les condena a perecer en la hoguera y, aprovechando la fogata, 37 Templarios más irán a arder con sus compañeros la misma noche del día del incidente!!!

A través de las llamas consumiéndoles la carne, los gritos de los Templarios llegan hasta los parisinos concentrados ante el horrendo espectáculo: "los cuerpos serán del rey de Francia, pero las almas son de Dios!"

Jacques de Molay, desde lo alto de su pira llameante, lanza una advertencia a voz en grito: "Clemente, juez corrupto cruel y verdugo, te emplazo a comparecer dentro de 40 días ante el tribunal del soberano juez, y tú también rey Felipe!"

Añade igualmente que los Capetianos serán malditos hasta la 13ª generación... De ahí el linaje de "Los Reyes Malditos".

Cuarenta días después, el 20 de abril de 1314, el Papa Clemente V muere de una infección intestinal, seguido por algunos meses después del rey Felipe IV "el Hermoso", víctima de un accidente de caza al caer de su montura persiguiendo un jabalí.

Hay que saber que el Pontífice era un enfermo crónico que sufría probablemente de un cáncer de estómago o de los intestinos... Falleció en Roquemaure después de tragarse un plato de esmeraldas pulverizadas, destinadas a curarle de sus males!

Tras la abolición de la Orden del Templo, sus inmensos bienes revertieron a su antigua rival, la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. El Palacio del Templo pasó a ser la sede en Francia del Gran Maestre de la Orden Hospitalaria. Napoleón I mandaría arrasar la vieja Torre, cárcel de Luis XVI y de su familia en 1792-1793, para convertirla en la sede del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de Francia.

En Alemania, los Templarios fueron exculpados y pasaron a integrarse en otras órdenes. En España, fueron acogidos en la Orden de Calatrava y una nueva congregación fue creada: la Orden de Montesa. En Portugal, los Templarios fueron lavados de todas las acusaciones y fundaron la Orden de Cristo, contando más tarde en sus filas a Vasco de Gama y el Infante Enrique "el Navegador" de Portugal. Anotemos que los navíos de Cristóbal Colón ostentaban en sus velas la cruz templaria y que, él mismo, había casado con la hija de un antiguo Gran-Maestre de esta orden.

El rey de Francia podía haber justificado sus arrestos, destrucciones y condenas a muerte reivindicando la fortuna de los Templarios? He aquí porque los Templarios murieron como "sodomitas"!!!

Misterios Templarios

"Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da Gloriam."

"No para Nosotros Señor, No para Nosotros, Pero por la Gloria de Tu Nombre."

Preguntas sin respuestas

¿Por qué uno de los príncipes más ricos de Europa, el Conde Hugues de Champaña, abandonó tras de sí su poder, su fortuna, su familia, para someterse a las ordenes de su antiguo vasallo Hugues de Payns? ¿ Para unirse a una pequeña cofradía de 8 personas y hacer voto de pobreza? A ningún conde de la Edad Media le habría pasado por la cabeza!

Sello de la Orden Templaria.

¿Por qué crear una Orden que solo cuenta con 9 personas en sus filas? La decisión del Concilio de Troyes es más que extraña... Además, la razón de ser de la Orden era la de proteger las rutas, ¿con 9 personas?¿Qué extensión de camino podían proteger 9 personas?

¿Qué han encontrado en los lugares santos (bajo el Templo de Salomón) para explicar esta rapidez y ese secreto? ¿ Qué han descubierto para que la Orden se convirtiera de la noche a la mañana en "intocable" y bajo la única autoridad del Papa? ¿A qué se debió ese gesto protector del Pontífice?

Fotografía del cáliz del Monasterio de San-Juan-de-la-Peña (Aragón), venerado como el Santo Grial.

Una conclusión se impone: han encontrado un objeto sagrado, poderoso, antiguo, religioso, increíble ... Los Templarios habrían estado en posesión de santas reliquias de un valor inestimable como, por ejemplo, un pedazo de la cruz de Cristo, los restos de la cabeza decapitada de San Juan Bautista, la corona de espinas y el cuerpo de la mártir Santa Eufemia de Calcedonia, habrían traído a Europa el Santo Sudario y finalmente el Santo Grial, la copa en la cual se había recogido la sangre del Cristo en la cruz...

Representación gótica de la Santa Corona de Espinas de Cristo, encerrada en una reliquia y custodiada por dos ángeles, que formó parte del Tesoro Real de San Luis IX de Francia y depositada en la Sainte-Chapelle (Santa-Capilla) del Palacio del Louvre o "Palais de la Cité", en París.

¿Se trataba del Arca de la Alianza, del Santo Grial, de una prueba que el linaje de Cristo existía y había sobrevivido, del "Baphomet", un procedimiento alquímico, un saber islámico? O bien otra cosa, nadie lo sabrá y solo da lugar a las más increíbles especulaciones...

En el momento de su arresto, ¿por qué esos centenares de hombres no se rebelan? Se citan numerosos casos en los cuales los Templarios, prisioneros de los Infieles de Oriente, han muerto bajo las más terribles torturas antes que abjurar de su Fe. De repente, como temerosos de los procederes de la Inquisición, reconocen en Francia todo de cuanto se les acusa; esta debilidad repentina parece inexplicable... ¿Las acusaciones contra los Templarios han sido enteramente fabricadas por Nogaret? El misterio de los Templarios subsiste.

*_ Guillaume de Nogaret muere en abril de 1313, en extrañas circunstancias y un año antes de la ejecución de Jacques de Molay.

Tras la ejecución del Gran-Maestre del Templo:

*_ El Gran Inquisidor de Francia muere apuñalado.

*_ Los dos principales testigos de cargo, Gérard de Laverna y Bernard Palet, son ahorcados.

*_ Hecho histórico que aterrorizará a los parisinos: algunos días después de la muerte de Jacques de Molay, los tejados del Palacio Real serán invadidos por una auténtica avalancha de cuervos, como presagio de desgracia y signo de duelo...

Grabado reproduciendo el Palacio del Louvre a orillas del Sena, en la época medieval, residencia de los reyes de Francia.

*_ Veintitrés años después de la muerte de Jacques de Molay, en 1337, el rey de Inglaterra Eduardo III, con pretexto de sus derechos a la corona de Francia como descendiente directo (por su madre Isabel de Francia) de Felipe IV "el Hermoso", puso en tela de juicio los derechos legítimos de Felipe VI, rey de Francia y 1er soberano de la Rama de Valois. Empieza entonces la Guerra de los Cien Años, y durará hasta 1451.

Litografía coloreada representando al rey Luis XVI y a la Familia Real Francesa en el momento de su entrada en la Torre del Temple, en septiembre de 1792.

*_El Rey Luis XVI será encarcelado en la Torre del Templo con su familia (mujer, hermana e hijos) antes de ser guillotinado. ¿Es una ironía del destino?¿O se hizo expresamente?

El Tesoro de los Templarios

Un informe de Alain de Pareilles, jefe de los Arqueros del Rey, dirigido a Guillaume de Nogaret y hecho por escrito, relataba lo que se había encontrado en la Torre del Templo de París: no se encontró casi nada! Un mismo informe fue facilitado a Enguerrand de Marigny; los dos documentos siguen conservados en los Archivos Nacionales del Hôtel de Soubise.

Litografía representando a la desaparecida Torre del Temple, fortaleza de la Casa del Templo en París que servía a su vez de depósito de sus tesoros y de sus archivos; en septiembre de 1792, Luis XVI de Francia, su esposa, su hermana y sus dos hijos fueron encerrados en la torre en espera de sus respectivos juicios... Solo una persona consiguió salir viva de la siniestra fortaleza medieval: la Princesa Maria-Teresa Carlota de Francia, más conocida como "Madame Royale".

Es interesante fijarse en una declaración efectuada ante el Papa en persona, por el Templario Jean de Châlon, del Templo de Nemours, en junio de 1308. Este último declaró que la víspera del arresto de los caballeros, un cortejo de 3 carros recubiertos de paja y unas 50 monturas abandonaron el Templo de París bajo el cuidado de dos Templarios, Hugues de Châlons y Gérard de Villers, el preceptor de Francia. Se puede imaginar facilmente estos carros cargados de archivos y oro, los 50 caballos siendo destinados a reemplazar aquellos que se agotarían en el curso de un largo viaje...

Otro medio utilizado para abandonar el Templo, habría sido el de evacuar el fabuloso tesoro por la red de alcantarillados y las catacumbas de París que, en aquella época, eran las canteras subterráneas de París. La capital gala se construyó durante siglos con las materias primas de su propio subsuelo. Una vez salido de la capital, el tesoro dividido en dos, se reúne y es destinado al Norte de Francia.

Un documento de la Biblioteca Nacional de Francia establece una lista de los Hermanos Templarios que han huido. Se encuentran los nombres de Gerard de Villers y el de Hugues de Châlons.

Por otro lado, siguiendo el plan de evacuación, los navíos de la Orden, la más gran Armada de Occidente que se encontraba en el puerto de La Rochelle, abandonó el puerto hacia un destino desconocido, quizás hacia el Norte de Francia. Cuando la milicia del rey llegó a La Rochelle, la inmensa flota había desaparecido.

Cabe entonces pensar que los carros salidos de París la noche del 12 de octubre de 1307, se han dirigido hacia el Norte para cargar en los navíos llegados de La Rochelle, para desaparecer en la nada...

Nunca se supo de su destino y lo que pasó con la flota templaria, pero del Norte de Francia Inglaterra se encuentra a poca distancia, y se sabe que en las Islas Británicas los Templarios no eran objeto de ninguna persecución como en Francia. Incluso Jacques de Molay, al parecer poco antes de su muerte, habría entregado a un caballero inglés, John Mark Laermanius, la misión de hacer sobrevivir la Orden del Templo. Ese núcleo de caballeros Templarios sería quizás el orígen de la constitución de la Logia Masónica Heredom o "Santa Casa". Si se estudia un poco los principios de la franco-masonería apodada "del Rito Escocés", se puede constatar que el espíritu templario siguió vigente en las Islas Británicas mucho después de su abolición en 1312. El caso es que entre el momento en que salen los carros del Templo y la ejecución de Jacques de Molay, pasaron 7 años...

Es probable que algunos Templarios hayan encontrado refugio en Escocia. El único monarca que no aplicó la orden del Papa para abolir la Orden, fue Roberto Bruce. No es pues descabellado pensar que Escocia fue la tierra prometida de los Templarios después de 1307. Es más, cuando en toda Europa se traspasan los bienes de los Templarios a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en Escocia no se encuentra rastro jurídico alguno de una toma de posesión de los bienes Templarios escoceses por la Orden Hospitalaria. No sería hasta 1338 cuando los Hospitalarios reclamarán en vano las posesiones Templarias en Escocia.

Otra cosa: Jacques de Molay habría encargado a un segundo caballero, François de Beaujeu, la misión de recuperar una caja de cristal, habiéndole iniciado y confiado una pesada responsabilidad. Se sabe que Beaujeu reunió a 9 caballeros escapados de los arrestos y que les habría hecho jurar mantener en vigencia la Orden.

La noche del 18 de marzo de 1314, Aumont y 7 caballeros más habrían recuperado las cenizas del Gran-Maestre, jurando vengar la Orden. De París habrían ido a Escocia y, en la Isla de Mull, Aumont habria sido designado como nuevo Gran-Maestre de la Orden el 24 de junio de 1315.

Este núcleo de caballeros sería pues el orígen de la Logia Masónica Heredom.

Hoy día la Orden del Templo se habría reformado en una Orden Renovada del Templo; su lema "Vitam Impendere Vero", consagrar su vida a la verdad; objetivo principal, regenerar la humanidad; otros objetivos, difundir las tradicionales enseñanzas de la alquimia, de la Cábala, del Yoga, de la Astrología, de los místicos occidentales y orientales, la lucha contra las mentiras de la Iglesia de Roma, la elaboración de un sistema educativo original, la promoción de una cultura y de un arte templarios, y una acción social y económica.

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LA ORDEN DEL ESPÍRITU SANTO

Posteado por: retratosdelahistoria el 21 jun En: Ordenes de Caballeria Apuntes - 2 comentarios

ORDEN DEL ESPÍRITU SANTO

La Orden del Espíritu Santo (Ordre du Saint-Esprit) fue, durante más de dos siglos y medio, una orden de caballería prestigiosa al servicio de la Monarquía Francesa entre 1578 y 1791, y de 1814 a 1830. Su importancia y prestigio fue grande en Europa hasta el punto de figurar entre otras prestigiosas ordenes de caballería de primer rango como la del Toisón de Oro (fundada en Borgoña en 1430) y la de la Jarretera (fundada en Inglaterra en 1348).

Historia

Miniatura de la Fundación de la Orden del Espíritu Santo por el rey Enrique III de Francia, en la que se representa la recepción y jura del Duque de Nevers.

Fue en plena época de las guerras de religión o guerra civil francesa, cuando el rey Enrique III de Francia -último representante varón de la Casa de Valois-Angulema- fundó la Orden del Espíritu Santo, cuyo doble objetivo era el de honrar a Dios y reunir entorno al trono a un buen número de caballeros leales a la Corona, en un intento de poner en jaque a los miembros de la Liga concentrados en torno al Duque de Guisa, su rival que le disputaba el poder y acariciaba la idea de destronarle y coronarse rey.

Retrato de Enrique III (1551-1589), Rey de Francia entre 1574 y 1589, fundador y primer Soberano Gran Maestre de la Orden del Espíritu Santo.

Retrato del Príncipe Enrique I de Lorena, 3er Duque de Guisa (1550-1588), Jefe de la Santa Liga y rival del rey Enrique III de Francia, a cuyo trono pretendió.

También respondía a la necesidad del rey de crear una orden que sustituyera la de San-Miguel, creada por Luis XI en 1469, y cuyo desprestigio se había producido por una concesión indiscriminada hasta el punto que muchos grandes señores habían rechazado recibirla, a lo largo del siglo XVI.

La fundación de la orden se produjo el 31 de diciembre de 1578, día del Pentecostés, por la que el rey sentía gran devoción, y en recuerdo a su ascención como rey de Polonia (11 de mayo de 1573) y finalmente como rey de Francia (30 de mayo de 1574).

Enrique III dispuso que la vieja Orden de San-Miguel fuera integrada en la nueva orden creada por él, quedando patente en la cruz de ocho puntas con su anverso decorado con la paloma blanca que simboliza el Espíritu Santo, y con su reverso decorado con la figura del Arcángel San Miguel abatiendo al Demonio.

Cruz de la Orden de San-Miguel, en cuyo centro se representa al Arcángel San Miguel abatiendo al Demonio; la cruz cuelga de una cinta negra desde la reforma de la Orden por Luis XIV en 1662. Abajo, en la ilustración inferior, colgante de la Orden de San Miguel, en oro y esmaltes, tal y como era desde su fundación en 1469 por el rey Luis XI de Francia.

Sin embargo, la Orden de San-Miguel se siguió concediendo a eminentes figuras de las Bellas Artes y Letras de Francia, y a sus receptores se les conocían como "Caballeros del Cordón Negro", ya que la banda de la Orden creada por Luis XI era de muaré negro desde el 12 de enero de 1665.

Retrato del célebre escultor francés Jean-Baptiste Pigalle (1714-1785), Caballero de la Orden de San-Miguel, según el pintor sueco Alexandre Roslin; el artista le representó con el manto y el cordón negro característicos de la orden...

Retrato de Luis de Borbón-Condé, Conde de Clermont (1709-1771), Caballero de la Orden del Espíritu Santo y, a su vez, Gran Prior del Temple, luciendo la banda azul y la gran cruz de la orden...

Mientras que a los caballeros de la Orden del Espíritu Santo se les conocía como "Cordon Bleu" (cordón azul), puesto que la banda era de muaré azul.

Retrato ecuestre de Enrique IV de Borbón (1553-1610), Rey de Francia de 1589 a 1610, ataviado con la capa corta negra cosida con la cruz de la Orden del Espíritu Santo y la cinta azul en bandolera, de la cual era el segundo Soberano Gran Maestre.

Inicialmente reservada a los más altos dignatarios del reino, fue el primer monarca de la Casa de Borbón, Enrique IV, quien permitió a un restringido número de monarcas y grandes señores extranjeros de confesión católica a ingresar en la orden. Un impuesto específico conocido como Marco de Oro, fue instaurado para financiar las necesidades de la Orden cuya sede se situaba en el Convento de los Grandes Agustinos en París. Su divisa era: "Duce et Auspice".

Suprimida en 1791, durante la Revolución Francesa, junto con otras órdenes de caballería, la Orden del Espíritu Santo fue restablecida en 1814 por el rey Luis XVIII y definitivamente abolida por Luis-Felipe I en 1830.

Pese a todo, siguió siendo llevada y concedida por diversos pretendientes al trono de Francia.

Organización

La Orden era dotada de la personalidad moral, lo que permitía al soberano utilizarla para levar préstamos. La dirección era reservada al rey, único soberano y gran maestre de la Orden. Su administración era confiada a varios oficiales, siendo los más importantes los comendadores. Se distinguían varias clases entre sus miembros:

Retrato del Príncipe Carlos Felipe de Francia, Conde de Artois (1757-1836), Caballero de la Orden del Espíritu Santo.

-los Caballeros: no rebasaban el centenar, siendo escogidos entre la más alta nobleza del reino. El rey podía escoger teóricamente a cualquier noble que pudiera dar pruebas de tres grados de nobleza (eso es, tres generaciones nobles en sus ascendencias paternas y maternas); los de nobleza de reciente creación eran naturalmente excluídos. Para ser caballero de la Orden del Espíritu Santo, se tenía que pertenecer previamente a la Orden de San-Miguel -integrada en la del Espíritu Santo desde el reinado de Enrique III-. Por ello, generalmente, se conocían a los caballeros de la Orden del Espíritu Santo como "Caballeros de las Ordenes del Rey".

Entre los agraciados, se cuentan a innumerables miembros de las familias ducales francesas.

Retrato del Cardenal Henri-Oswald de La Tour d'Auvergne, Arzobispo de Vienne y Comendador de la Orden del Espíritu Santo.

-los Comendadores: eran ocho eclesiásticos. La Orden debía contar en su orígen con cuatro cardenales o arzobispos y cuatro obispos, aunque esta disposición no siempre fue respetada a rajatabla. El Gran Limosnero de Francia era comendador-nato de la Orden y, por tanto, no era tomado en cuenta entre los ocho comendadores. Los comendadores, por su pertenencia al Clero, no podían ser Caballeros de la Orden de San-Miguel.

-los Comendadores-oficiales: se trataba de los cuatro altos oficiales de la Orden, como los caballeros y también eran Caballeros de la Orden de San-Miguel. Los cuatro comendadores-oficiales eran:

-el Canciller y Guardián de los Sellos.

-el Preboste y Maestro de Ceremonias.

-el Gran Tesorero.

-el Secretario.

Para éstos no existía condición alguna de nobleza, por lo que el rey podía utilizar esas funciones para honrar a personas de nobleza reciente o de nuevo cuño. Los ejemplos más conocidos fueron los ministros Colbert y Le Tellier, o el rico financiero Antoine Crozat, titular del marquesado du Châtel creado para él por Luis XIV, y que fue Gran Tesorero de la Orden. Estos cargos podían, sin embargo, ser ejercidos por los caballeros o comendadores eclesiásticos. Por tradición y remontando a Guillaume Pot de Rhodes, el Preboste y Maestro de Ceremonias debía demostrar sus ascendencias nobles como los caballeros.

Retrato del rico financiero Antoine Crozat, 1er Marqués du Châtel y Gran Tesorero de la Orden del Espíritu Santo (1655-1738).

Hábito e Insignias

La Cruz de la Orden del Espíritu Santo (cruz de comendador de la Orden).

La insignia de la Orden se asemeja a la célebre Cruz de Malta, de cuatro brazos y terminados en ocho puntas. Entre los cuatro brazos de la cruz, una flor de lis. En el centro, una paloma con las alas desplegadas y la cabeza mirando hacia abajo.

Durante las ceremonias, la cruz de los oficiales y de los comendadores-oficiales era colgada a un collar de oro y esmaltes, cuyos eslabones unían diferentes motivos intercalados: flores de lis, monograma real coronado del rey Enrique III y Trofeos de Armas. Pero, por norma, la cruz solía colgar de una amplia cinta de muaré azul cielo llevada al cuello.

Fotografía del gran collar de la Orden del Espíritu Santo, llevado en su día por el rey Carlos X de Francia y su nieto y legítimo sucesor Enrique V, Duque de Burdeos y Conde de Chambord...

Los caballeros llevaban dicha cinta en bandolera, cruzándoles el torso de derecha a izquierda, y anudada a la cruz a la altura de la cadera.

Por otro lado, tanto caballeros como comendadores llevaban una gran cruz del Espíritu Santo bordada en hilo de plata o lentejuelas y cosida sobre el pecho, a la altura del corazón.

Los pesados mantos de los Caballeros de la Orden del Espíritu Santo, bordados de llamas, monogramas, flores de lis y trofeos de armas en oro y plata, y demás accesorios del ceremonial son hoy día conservados en el Museo del Louvre, París.

Durante las solemnes ceremonias, los caballeros revestían el gran manto de terciopelo negro sembrado de llamas bordadas en plata cosidas, y bordeado por motivos que reproducían los del gran collar, y doblado de satén color "fuego" -naranja-.

Los novicios, aspirantes a caballeros de la Orden, solían llevar un jubón de seda y satén blanco combinado con encaje de hilo de plata, corbata de encaje, calzones cortos, medias de seda y jarreteras blancas, con zapatos blancos de punta negra y tacón rojo (el tacón rojo era privilegio de los reyes, príncipes y duques y pares del Reino), completado por una capa corta de terciopelo negro con encaje de plata y sombrero negro a juego y emplumado.

Retrato de Luis-Alejandro de Borbón, Conde de Toulouse y Duque de Penthièvre (1681-1737); el hijo natural de Luis XIV de Francia habido con la Marquesa de Montespan, aparece vestido con el traje de los novicios de la Orden. Abajo, en la ilustración siguiente, el Infante de España Don Luis de Borbón, Príncipe de Asturias (1707-1724) y futuro Rey Luis I de España, ataviado con el traje plateado de novicio de la Orden del Espíritu Santo, según Houasse.

El Delfín y los Infantes de Francia eran Caballeros de la Orden por derecho de nacimiento pero no podían ser recibidos oficialmente hasta cumplir los doce años de edad. Los Príncipes de la Sangre eran admitidos a los 16 años y los Príncipes extranjeros a partir de los 25.

Para el resto de los caballeros y dignatarios de la Orden, era menester tener más de 35 años de edad para ingresar en ella. Las mujeres eran naturalmente excluídas.

Fotografía de los collares y bandas de las Ordenes del Rey (Orden del Espíritu Santo y Orden de San Miguel).

Celebraciones

La primera ceremonia solemne de la Orden se produjo en su sede, la Iglesia de los Grandes Agustinos de París, el 31 de diciembre de 1578, fecha de su fundación. Se celebraba anualmente y con toda la pompa que aquello acarreaba: reunión, celebración de una misa, recepción de los nuevos caballeros, juramentos, procesión y banquete.

Capítulo de la Orden del Espíritu Santo, celebrado el 13 de mayo de 1633: el rey Luis XIII recibe el juramento de fidelidad del príncipe Enrique II de Orléans, Duque de Longueville, antes de imponerle el manto y el collar de caballero...

Es a partir del reinado de Luis XIV cuando se fija una nueva fecha para las ceremonias anuales: el 1 de enero. Con el traslado de la corte y de la Familia Real a Versailles, las celebraciones de la Orden acontecen, a partir de aquel momento, en la Capilla Real de San-Luis de Versailles.

Recepción del Príncipe Vaini en la Orden del Espíritu Santo, e investido caballero por el rey Luis XV en la Capilla Real del Castillo de Fontainebleau...

Cuando el Rey imponía el gran collar al caballero, en el momento de la recepción, se le daba también un libro de horas y un rosario con cuentas de marfil, y la obligación implícita de recitar diez oraciones cada día.

El Rey Luis XVI de Francia (1754/r.1774-1792/ej.1793) recibe el homenaje de los Caballeros de la Orden del Espíritu Santo como Gran Maestre, al día siguiente de su coronación en Reims. Cuadro de Doyen, 1775.

Los Reyes Grandes Maestres:

Sus Grandes Maestres fueron:

-Enrique III, Rey de Francia, de 1578 a 1589.

-Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra, de 1589 a 1610.

-Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1610 a 1643.

-Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, de 1643 a 1715.

-Luis XV, Rey de Francia y de Navarra, de 1715 a 1774.

-Luis XVI, Rey de Francia y de Navarra, de 1774 a 1791.

Supresión de la Orden del Espíritu Santo entre 1791 y 1814 por decreto de la Asamblea Nacional.

-Luis XVIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1814 a 1824.

-Carlos X, Rey de Francia y de Navarra, de 1824 a 1830.

Abolición de la Orden por Luis-Felipe I, Rey de los Franceses en 1830.

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LA ORDEN DEL BAÑO

Posteado por: retratosdelahistoria el 22 feb En: Ordenes de Caballeria - sin comentarios

LA REAL ORDEN DEL BAÑO

Inspirada de una tradición medieval

La Real Orden del Baño británica se inspira básicamente de la costumbre medieval en la que los hombres, en vísperas de ser armados caballeros por el rey para el día del Pentecostés, tenían que observar un riguroso ritual: bañarse (símbolo de purificación como lo es el Bautismo) y velar toda la noche, de rodillas o de pie, rezando en una iglesia ("Velada de Armas"). A la mañana siguiente, tras 8 horas en vela, los futuros caballeros oían una misa al alba antes de comer todos juntos. Luego tenía lugar la ceremonia de armamento del caballero en la cual el padre del postulante fijaba en sus pies las espuelas, tras ayudarle a vestirse. Ya listo, el rey le ceñía la espada al costado y le daba un golpe en la nuca conminándole a honrar a su señor, ser bueno con los pobres y amar a Dios. Después de la ceremonia, el caballero pasaba su prueba de fuego en el torneo, durante el cual demostraba sus dotes a lomos de un corcel. Al caer la noche, se pasaba a festejar a los nuevos caballeros con un banquete y un baile.


Placa, Estrella o Gran-Cruz de la Orden del Baño

La primera mención que se hace de ese ritual en Inglaterra, en un documento oficial referente a la Orden de los Caballeros del Baño, data del año 1128, y habla de Geoffroy Plantagenet, Conde de Anjou, al ser armado caballero a la edad de 15 años.
En 1306, se registran 300 caballeros armados en una sola mañana. Se sabe que en el momento de su coronación en 1413, el rey Enrique V de Inglaterra nombró a 50 caballeros. Las distintas dinastías que se sucedieron en Inglaterra siguieron observando esa tradición, y manteniendo la Orden del Baño como la única congregación con sus viejos ideales caballerescos. Con la llegada del 1er monarca Estuardo (Stuart) al trono de Inglaterra, Jacobo I, se siguió observando la tradicional presencia de los caballeros de la Orden del Baño en la ceremonia de coronación, junto con la de los miembros de la Orden de la Jarretera, aunque esta última se había convertido en la congregación de 1er orden en importancia en el reino. Se sabe igualmente que Carlos I nombró varios caballeros de la Orden del Baño al subir al trono, como Sir Thomas Wharton, cuyo retrato fue pintado por Van Dyck, y en el cual ostenta la banda roja de dicha orden.


Sir Thomas Wharton, K.B. (Caballero de La Orden del Baño), según Van Dyck, c.1639.

Pese a la Revolución Inglesa de 1649 y al consecuente aniquilamiento de las ordenes de caballería, al subir nuevamente al trono Carlos II en 1660, mandó a su joyero que se ejecutaran 75 medallas de la Orden del Baño para los caballeros llamados a su coronación en Westminster. En 1685, Jacobo II los volvió a llamar a su lado en el momento crítico de su ascensión al trono británico, pero "La Gloriosa Revolución" de 1688 le destronó y la orden cayó en el olvido bajo los reinados sucesivos de Guillermo III, María II y Ana I, que dieron ostentosa prioridad a los caballeros de la Jarretera. Pese a estar en el exilio, Jacobo II y sus herederos, actuando como legitimos soberanos, siguieron concediendo la orden a los caballeros leales a su causa (Jacobitas), del mismo modo en que concedían las condecoraciones de la Jarretera.

Jorge I recrea la Real Orden del Baño

Jorge I, Elector de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1660-1727); retrato ecuestre de Kneller, c.1717.
Treinta y siete años después de que cayera en desuso, es un monarca extranjero oriundo de Alemania, Jorge I (1660-1727), Elector de Hannover desde 1698 y rey de Gran-Bretaña desde 1714 (sucediendo así a la última soberana Estuardo anglicana, Ana I), quien recupera del "baúl de los recuerdos" la polvorienta Orden del Baño, eso si, dándole un cuño muy personal y nuevo. Teniendo en cuenta el especial cariño que le concede un alemán a la nobilísima tradición caballeresca, era de esperar que Jorge I le diera un segundo soplo de vida recreándola a su gusto y antojo. Para tal fin redacta nuevos estatutos en 1725, y deja patente que la orden es puramente militar, concediéndose únicamente a aquellas personas cuyo valor se ha demostrado con creces en el calor del combate. Reduce el número de caballeros a 36 y determina con precisión tipicamente germana cómo han de vestir los nominados durante las ceremonias anuales. Escoge además el lugar idóneo: la hermosísima capilla en estilo gótico tardío de Enrique VII, anexa a la Real Abadía Londinense de Westminster. El pulcro y detallista pintor Canaletto nos dejó una preciosa imagen del ordenado desfile de los caballeros de la Orden del Baño saliendo de Westminster, en sus espléndidos ropajes blancos y rojos. El diseño de la placa (o estrella) y del collar son originales, aunque haya respetado la tradicional banda de color rojo que ha de cruzar el torso del caballero desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda, y que data de la época de los Estuardo. El lema de la orden sigue siendo la misma: "Tria Juncta in Una".

"Caballero de La Orden del Baño" en su atavío ceremonial en un grabado de la 1ª mitad del siglo XIX (reinado de Victoria I): manto rojo y collar de la Orden.
Los sucesores de Jorge I, siguieron manteniendo en su aureola de prestigio la Orden del Baño, concediéndola a eminentes militares británicos de la talla de Lord Charles Cornwallis, 1er Marqués de Cornwallis o Sir Jeffrey Amherst, 1er Barón Amherst. En 1815, el Príncipe de Gales (futuro Jorge IV en 1820), regente en nombre de su padre Jorge III, dispuso que la Orden del Baño también se concediera a civiles por leales servicios prestados al país.
Jorge IV, Príncipe de Gales y Regente, luego Rey de Gran-Bretaña e Irlanda y Rey de Hannover (1762-1830); según Lawrence.
En la actualidad, la reina Elizabeth II concedió la Gran Maestría a su heredero el Príncipe de Gales, y abriendo la orden al sexo femenino desde 1987. Desde entonces se contabilizan 120 caballeros y damas, 295 comendadores y 1.455 "compañeros" en el seno de dicha orden. Sus miembros tienen la obligación, como en el caso de los caballeros de la Orden de la Jarretera, de firmar su nombre y apellidos añadiendo las iniciales "K.B." (Knight of the Bath = Caballero del Baño).

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LA COFRADÍA ITALIANA: un Club de Élite

Posteado por: retratosdelahistoria el 22 feb En: Curiosidades Ordenes de Caballeria - 2 comentarios

LA COFRADÍA ITALIANA
Un Club de Élite muy especial

Fundada en 1678 y conocida gracias al conde de Bussy por su capítulo de "Francia convertida en italiana" de su polémico libro "Historia Amorosa de las Galias", y también por las cartas de la Princesa Palatina, esposa de "Monsieur", hermano del rey Luis XIV de Francia, esta cofradía fue creada por algunos grandes señores de la corte tales como: el Conde de Guiche, el Conde de Gramont, el Caballero de Tilladet, primo del ministro Louvois, el Sr. de Manicamp, el Sr. de Biran, el Duque de Tallard,...

Además de los miembros fundadores, pertenecieron a ésta los siguientes individuos: el Conde de Vermandois, hijo legitimado de Luis XIV y de la Duquesa de La Vallière, el Príncipe de Conti, sobrino del Gran Condé, el Príncipe de Turenne, el Marqués de Créqui, el Caballero de Sainte-Maure, el Caballero de Mailly, el Sr. de Mimeuvre, el Conde de Roucy (un La Rochefoucauld), el Vidamo de Laon, el Conde de Marsan (un príncipe de la Casa de Lorena-Guisa), el hermano del Caballero de Lorena, el Marqués de Seignelay (hijo del ministro Colbert), el Duque de La Ferté-Sennecterre, entre otros...
Luis XIV ordenó, en consecuencia, la creación de la Cámara Ardiente, tipo de inquisición destinada, entre otras cosas, a destruir esta cofradía. Pero es al ministro Louvois a quien se debe el impedimento de una inquisición más feroz contra los sodomitas masculinos, practicando entonces lo que se conocía como el "vicio italiano" por excelencia, para proteger a los ejércitos de tales persecuciones. Se erigía también en protector el propio hermano del rey, Felipe, duque de Orléans, sobradamente conocido por su afición a las personas de su mismo sexo.
De hecho, eran pocas las personas, tanto de alta como de baja condición que nohabían "confraternizado" en el seno de ese "club" exclusivamente masculino. Entre la élite versallesca, que iba a "encanallarse" por la noche en las tabernas o burdeles parisinos, se contaban a príncipes de sangre real, tales como el célebre Eugenio de Saboya-Carignano, que gustaba disfrazarse de mujer como su pariente el duque de Orléans, hermano del rey, el Príncipe de Conti que alternaba con sus pajes y sus conquistas femeninas, el mismísimo Príncipe Luis II de Condé, que no desdeñaba el amor de sus soldados tras los fragores de la batalla, ... la lista se hace inacabable.
CONSTITUCIÓN DE LA COFRADÍA
Art.1- No se recibía, de ahora en adelante, en el seno de la Orden a las personas que no fuesen de antemano visitadas por los grandes-maestres, para ver si todas las partes del cuerpo eran sanas, con el fin de que pudieran soportar las "austeridades" y rigores de la cofradía.
Art.2- Harían éstos juramento de obediencia y de castidad para con las mujeres, y si alguno contraviniese en el juramento, sería inmediatamente expulsado de la compañía sin poder regresar a ella bajo cualquier pretexto.
Art.3- Cada uno sería indiferentemente admitido en la Orden sin distinción alguna de rangos o cualidades, lo cual no impediría que se sometiera al rigor del noviciado, que duraría hasta que apareciese barba en la cara (es decir, cuando se afeitasen por vez primera).
Art.4- Si alguno de los "Hermanos" se casase, sería obligado en declarar que lo hacía para el bien de sus asuntos, o porque sus padres le obligan a ello, o porque era menester dejar un heredero varón. Haría un juramento, a su vez, de nunca amar a su esposa, de acostarse con ella que hasta que consiguiese el hijo deseado y que, incluso en esta situación, pediría permiso, el cual tan solo le sería concedido una vez a la semana.
Art.5- Se dividen los Hermanos en cuatro clases, con el fin de que cada gran-prior pudiese tener tantos como otro. Respecto a los que se presentarían para ingresar en la Orden, los cuatro grandes-priores tendrían el derecho de pasarselos uno tras otro para evitar que se diera lugar a celos y perjudicase su unión.
Art.6- Cada uno deberá contar a los demás lo que ha acontecido en la intimidad, con el fin de que si un cargo viniera a estar vacante, éste tan solo se concediese por méritos, el cual sería reconocido por este método.
Art.7- Respecto a las personas indiferentes, no les sería permitido revelarles los "misterios" de la Orden. Cualquiera que cometiese tal imprudencia, sería privado durante 8 días e incluso más, si el gran-maestre del cual dependiese lo juzgase oportuno.
Art.8- Excepcionalmente, se permite a quien quiera hablar de la Orden si existen esperanzas de que el receptor de la confidencia desea ingresar en la Orden; pero habrá de ser dentro de la mayor discreción y con la seguridad de que éste está decidido en formar parte de la congregación, sin temor de que divulgue o denuncie lo que le han revelado.
Art.9- Aquellos que llevasen con ellos nuevos "Hermanos" al convento, disfrutarían de las mismas prerrogativas de las cuales disfrutan los grandes-maestres a lo largo de dos días; queda sobreentendido que cederán primero el paso a los grandes-maestres, contentándose con lo que les dejaban.
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LA ORDEN DE LA JARRETERA

Posteado por: retratosdelahistoria el 21 feb En: Temas Ordenes de Caballeria - sin comentarios

LA MUY NOBLE ORDEN DE LA JARRETERA

Fundación de la orden más antigua de Europa

Lo cierto es que se sabe que dicha orden de caballería fue fundada en el año de 1348, por el rey Eduardo III de Inglaterra, que contaba entonces alrededor de 36 años y llevaba 21 en el trono. Era hijo y sucesor del controvertido Eduardo II, depuesto y bestialmente asesinado en 1327, con el beneplácito de su consorte, Isabel de Francia, y nacido en el castillo real de Windsor el 13 de Noviembre de 1312. Fue en esa misma residencia regia donde procedió a la fundación de la orden de los Caballeros de La Jarretera. Luego la leyenda se encarga de "adornar" el por qué y el cómo de su fundación... Cuenta ésta que en recuerdo de un baile, durante el cual el soberano bailó con la condesa de Salisbury y ésta perdió su jarretera azul, prontamente recogida y devuelta por Eduardo III, quien se apresuró galantemente en anudarle la liga (o jarretera) a su pierna. Para cortar en seco las malintencionadas murmuraciones de sus cortesanos, el rey habría exclamado en aquel momento: "Honi soit qui mal y pense" (Maldito sea quien mal piense), frase que se convirtió entonces en el lema o divisa de dicha orden, la octava más antigua de Europa. Y no tiene porque sorprender que fuera dicha en francés, ya que era la lengua oficial de la época en Inglaterra.

Pero la verdad es supuestamente otra: Eduardo III albergaba la secreta intención de reclamar para sí el trono de Francia -de ahí la frase-, intención que se haría oficialmente palpable en 1337 cuando lo reclamó abiertamente al extinguirse la rama primogénita de la Casa Real Francesa, de la cual descendía por su madre Isabel, sin contar con el rechazo de los franceses a ser gobernados por un rey extranjero por muy nieto de rey francés que fuera, y bien escudados tras la legalidad de la "Ley Sálica" que prohibía tajantemente que la corona gala se transmitiera a través de las mujeres. Evidentemente, Eduardo III hizo caso omiso de la Ley Sálica y siguió en su empeño,... empeño que provocaría el inicio de la "Guerra de los Cien Años".

Lo que está bien claro es que la fundación de la orden era un calculado gesto político muy bien pensado. Con ello, Eduardo se fijaba el objetivo de rodearse de los más importantes barones ingleses (y sus ejércitos), para llevar a cabo su invasión en tierra gala y sentarse victorioso en el trono vecino, dándoles a cambio el privilegio de formar parte de una congregación de guerreros que formarían la flor y nata de la élite caballeresca próxima al soberano, algo así como el mejor ornamento de la Corona de Inglaterra. Pertenecer a la Orden de La Jarretera llevaba en sí mismo el reconocimiento público del mérito adquirido a través del valor en el campo de batalla, de la lealtad hacia el rey, amén de una lluvia de títulos, prebendas y rentas con las que sentar las bases de una fortuna. La idea, claro está, triunfó. Con inteligencia, Eduardo III había apostado sobre la codicia y la vanidad de los hombres, para llevar exitosamente a cabo sus planes de conquista. No se equivocó. Ni siquiera dejó al azar reglas y estatutos, como tampoco se olvidó de dedicar la orden al santo patrón de Inglaterra: San Jorge quien, además, era patrón por partida doble de los hombres de armas (militares).

La Primera Orden del Reino Británico

Las estrictas reglas que regían la Orden de La Jarretera (también conocida como "de San Jorge") dejaban claras en sus inicios que los llamados a ser caballeros debían tener más de 30 años de edad -edad madura para la época-, aunque se cuentan con 4 excepciones de ciertos personajes que fueron admitidos estando por debajo de los 20, todos casos extraordinarios. Inicialmente, todos los caballeros "fundadores" eran veteranos de la 1ª campaña francesa llevada a cabo por Eduardo III, habiendose la mayoría ilustrado en la batalla de Crécy. El número exacto de caballeros no rebasaba los 25, incluído el Príncipe de Gales, más el rey que era su Gran Maestre Soberano. Se exigía a cada uno de ellos que aportaran su escudo de armas y yelmos con sus crestas correspondientes, amén del estandarte, para colgarlos por encima de cada asiento designado en la sillería del coro de la Capilla de San Jorge, lugar espiritual y de reunión de los caballeros en el castillo real de Windsor. A la muerte de uno de ellos, se procedía a descolgar su escudo de armas, estandarte y yelmo, para instalar los del nuevo miembro nombrado por el rey.

Inicialmente, los caballeros de La Jarretera se distinguían únicamente por llevar la jarretera azul oscura, bordada con el lema "Honi Soit Qui Mal Y Pense", anudada por debajo de la rodilla izquierda, al cuello la insignia en metal representando a San Jorge abatiendo al dragón y el manto o larga capa de terciopelo azul marino, doblado de satén blanco, con el escudo de plata guarnecido de la cruz de gules de San Jorge, cosido a la altura del hombro izquierdo.


Condecoraciones de la Orden de La Jarretera (Order of the Garter): liga o jarretera; collar con el colgante de San Jorge matando al dragón; medalla de la banda; placa o estrella de ocho puntas de la Orden.

No fue hasta el siglo XVI, bajo Enrique VIII, cuando se añadió el famoso collar de oro y esmaltes de la orden, en el cual se prohibía expresamente la fantasía de añadirle piedras preciosas, excepto en la figura-colgante representando a San Jorge, en cuyo apartado se dejaba libremente añadirle gemas engastadas, perlas y diamantes, dependiendo claro está del poder adquisitivo de cada uno de los caballeros con deseos de ostentación... como el rey Carlos I que, en 1649, al subir al patíbulo donde iban a decapitarle, se presentó con el medallón de San Jorge, colgando de una cinta azul marino de su cuello, y engastado con más de 400 diamantes.


Colgante de San Jorge matando al dragón, en oro, brillantes, rubíes y zafiros (Colección del Rey Jorge III de Gran-Bretaña)

Placa, Estrella o Gran-Cruz de la Orden de La Jarretera cuajada de diamantes, rubíes,oro y esmalte,y que perteneció al Rey Jorge III de Gran-Bretaña (1760-1820).

Un siglo más tarde (s.XVII), se introdujo la placa-estrella de la orden, para llevarla cosida en el manto o colgada en la chaqueta, a la altura del corazón, amén de la banda azul oscura anudada por el medallón en oro con la figura de San Jorge con el dragón, rodeada de la divisa de la orden. La banda, que en un principio se llevaba alrededor del cuello, dispuesta en sotuer (reinados de Isabel I, Jacobo I y Carlos I) debía llevarse cruzada en el torso, de izquierda a derecha, siempre y cuando el caballero no llevara el vestido ceremonial requerido para las celebraciones de la orden.

Jacobo I Stuart, Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1566-1625), retratado como Gran Maestre de la Orden de la Jarretera por Mytens.

Carlos I Stuart (1600-1649), Duque de York luego Príncipe de Gales y, finalmente, Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda en 1625; retrato infantil según Robert Peake, con el traje de los Caballeros de la Orden de La Jarretera.

En casos de crímenes de herejía, traición o cobardía, los caballeros eran degradados por sus compañeros, ante el rey, y privados de cualquier símbolo (collar, manto, placa-estrella, banda,...) de la orden. Su escudo de armas era además borrado de la bóveda o paredes de la gran "Galería de los Caballeros" de Windsor, del mismo modo que era arrancado de la sillería de la capilla de San Jorge.


Jorge III, Elector de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1738-1820); retrato según Alan Ramsay c.1760.

Con el reinado de Jorge III (1760-1820), el número de caballeros aumentó sensiblemente en la orden, cuando expresó el deseo de conceder la condecoración a cada uno de sus numerosos hijos, a excepción de las hijas, y que se convirtieron en "caballeros supernumerarios" y a título honorífico para algunos parientes cercanos.

Lady Margaret Beaufort (1443-1509), Dama de la Orden de la Jarretera.

Pocas mujeres tuvieron el privilegio de ser "Damas de La Jarretera", como Lady Margaret Beaufort, madre del rey Enrique VII y abuela de Enrique VIII, última mujer de esos tiempos medievales en gozar de esa distinción caballeresca. A su muerte en 1509, la orden se restringió exclusivamente para los miembros varones, con excepciones muy concretas para las reinas María I, Isabel I, María II, Ana I y Victoria I que, aparte de ser soberanas en ejercicio, eran por derecho Gran Maestres Soberanas de la Orden de La Jarretera. Se tuvo que esperar hasta 1901 para que Eduardo VII concediera la orden a su esposa, Alexandra de Dinamarca, y en ese mismo gesto se puede citar a Jorge V nombrando "Dama de la Jarretera" a su esposa Mary de Teck, en los Años 20.


Mary de Teck (1867-1953), Reina de Gran-Bretaña e Irlanda, consorte del rey Jorge V, ataviada como Dama de la Orden de La Jarretera; retrato según Llewellyn.

Es a partir del siglo XVIII y hasta 1946, cuando la concesión de condecoraciones y nombramientos dependen exclusivamente del Gobierno, aunque el soberano siga desempeñando su papel tradicional de Gran Maestre. En 1947, volvía a ser el soberano quien decidía a quien se concedía la orden.

En 1947, Jorge VI nombraba a su heredera la Princesa Elizabeth, "Dama de la Orden" conjuntamente con su esposo el Duque de Edimburgo. Cinco años más tarde, en 1952, ésta se convertía a su vez en la reina Isabel II de Gran-Bretaña y, de hecho, en la sexta soberana inglesa que ostentaba la Gran Maestría de la orden, aunque se tuvo que esperar hasta 1987 para que decidiera abrir nuevamente las puertas de la congegación al sexo femenino, con igualdad de derechos y oportunidades, como en el caso de Margareth Thatcher.


Elizabeth II, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte, Gran Maestre de la Orden de La Jarretera.

El 23 de abril de cada año, por ser el señalado día de San Jorge, se procede a dar pública notificación del nuevo caballero o dama llamados a formar parte de la orden, celebrándose, el mes de Junio, en gran pompa y ceremonial en Windsor, la admisión de los nuevos miembros como caballeros o damas de la Orden de La Jarretera, con una misa en la capilla de San Jorge tras el nombramiento y la investidura, y un banquete ofrecido a los 24 miembros en la sala de banquetes de Waterloo, junto con la Familia Real.

La orden se concede únicamente por expreso deseo de la reina a personas que se hayan distinguido por su valor, sus servicios públicos o personales a la corona o a la patria, y siempre con lealtad y desinterés, y en raras ocasiones a algunos jefes de Estado extranjeros, como fue en el caso del Shah de Persia en 1902, del difunto Presidente de la República Francesa, François Mitterrand, o de los actuales reyes Juan-Carlos I de España y Carlos XVI Gustavo de Suecia.

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