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Categoría: Misterios

LAS SUPUESTAS PROFECIAS MAYAS

Posteado por: retratosdelahistoria el 25 oct En: Misterios - 2 comentarios

LAS PREDICCIONES MAYAS

Desde hace bastante tiempo, por internet proliferan todo tipo de profecías sobre el final de los tiempos, algunas auténticas fabricaciones fraudulentas y otras "interpretadas y ampliadas" por personas poco cautas y en su mayoría con muy poca cultura y paupérrima formación. Los más inteligentes tienen la decencia de inhibirse y expresar sus dudas razonables en sus conclusiones, guardándose mucho de interpretarlas a la ligera. Al fin y al cabo, ¿qué civilización no ha producido sus propias profecías? Las hay a patadas. Por esas causas, el lector deberá hacer uso de su buen juicio y discernimiento para separar el grano de la paja, y deshacerse de sus prejuicios para poder interpretar adecuadamente todo lo que lee.

A medida que se va acercando la fecha de 2012, cada vez se cuentan más adeptos y aficionados a las famosas "Profecías Mayas"... ¿alguien se acuerda de Nostradamus? Parecen modas que van y vienen... debe ser cuestión de morbo o una extraña afición de parte de la humanidad por todo lo que suena a catastrófico, a terrible. Para dar más énfasis al tema de las predicciones mayas, cuyo calendario terminaba un 22 de diciembre de 2012 (otras fuentes dicen el 21 o el 23 del mismo mes y año), pronto se estrenará una nueva creación hollywoodiense de escuetísimo título en todas las pantallas de los cines: 2012, the doomsday.

Los textos siguientes que serán publicados aqui, no son míos: me los pasó una antigua colaboradora aficionada a estos temas y que en su día (hace ya unos cuantos años) publicó en el foro de nuestro desaparecido grupo de MSN Groups. En todo caso, me he tomado la molestia y el trabajo (bastante tedioso) de corregir párrafo a párrafo, unos textos gramaticalmente caóticos, mal construídos y peor expresados por un autor anónimo que, sospecho, es súbdito sudamericano. En cuanto a las post-datas (P.D.) que siguen cada final de una profecía, son conclusiones o resúmenes procedentes de otros textos similares, más coherentes, que pululan por internet.

Por otro lado, me siento moralmente obligado a citaros un blog de consulta necesaria para que cualquier lector tenga la oportunidad de contrastar las distintas versiones. En este caso en concreto, encontré el blog de Carlos Mesa que, en septiembre pasado, publicó un artículo en dos partes sobre las falsas profecías Mayas. Aqui os dejo el enlace:

http://www.carlosmesa.com/falsas-profecias-mayas-2012

Dicho esto, os dejo en paz para que podáis leer las profecías y, luego, recorrer el interesante artículo de Carlos Mesa.

 

Las Siete Profecías Mayas

Cuando nos ponemos a reflexionar y observamos lo que sucede en el mundo sentimos de una u otra forma que los tiempos apocalípticos están ya presentes. Así vivimos hoy tiempos de guerra por cualquier asunto, cambios climáticos que provocan grandes calamidades, amén de los desastres naturales que cada vez que se presentan, parece que lo hacen con mayor contundencia, y ni qué decir de nuestros comportamientos individuales y sociales cotidianos donde se pone en evidencia que cada vez estamos más lejos de nosotros mismos y de los demás, con el consecuente deterioro de las relaciones humanas.

Los Mayas sabían que todo esto iba a suceder y por ello nos dejaron un mensaje grabado en piedra que está constituído por un elemento de alerta y otro de esperanza, contenidos en sus Siete Profecías. En el mensaje de alerta, nos avisan de lo que va a pasar en estos tiempos que vivimos, y en el de esperanza nos dicen que los cambios que debemos realizar en nosotros mismos para impulsar a la humanidad hacia una nueva era, donde los valores más altos empiecen a florecer a través de la práctica cotidiana de éstos por cada uno de nosotros, para llevar a la humanidad hacia el amanecer galáctico; en la nueva era ya no habrá más caos ni destrucción. Las visiones de futuro, de nuestro presente, están en las siete profecías que se basan en las conclusiones de sus estudios científicos y religiosos sobre el funcionamiento del universo.

 

Primera Profecía

El mundo de odio y materialismo terminará el sábado 22 de diciembre del año 2012 y con ello el final del miedo. En este día, la humanidad tendrá que escoger entre desparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el universo, comprendiendo y tomando conciencia de que todo está vivo y que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva era de luz.

La primera profecía nos dice que a partir de 1999 nos quedan 13 años para realizar los cambios de conciencia y actitud para desviarnos del camino de destrucción por el que avanzamos, yendo hacia uno que abra nuestra conciencia y nuestra mente para integrarnos con todo lo que existe. Los Mayas sabían que nuestro sol es un ser vivo que respira y que cada cierto tiempo se sincroniza con el enorme organismo en el que existe, que al recibir un chispazo de luz del centro de la galaxia, brilla más intensamente, produciendo en la superficie lo que nuestros científicos llaman erupciones solares y cambios magnéticos; dijeron que esto sucede cada 5.125 años, que la tierra se ve afectada por los cambios en el sol mediante un desplazamiento de su eje de rotación, y predijeron que a partir de ese movimiento se producirían grandes cataclismos. Para los mayas los procesos universales como la respiración de la galaxia son cíclicos y nunca cambian; lo que cambia es la conciencia del hombre que pasa a través de ellos, siempre en un proceso hacia la perfección ( recordemos el mensaje de Jesucristo en la Biblia: "sed perfectos como lo es su padre en el reino de los cielos"). Los Mayas predijeron que el sábado 22 de diciembre del 2012 el sol, al recibir un fuerte rayo sincronizador proveniente del centro de la galaxia, cambiará su polarización y producirá una gigantesca llamarada radiante. Por ello, la humanidad deberá estar preparada para atravesar la puerta que nos dejaron los mayas, transformando a la civilización actual (basada en el miedo) en una vibración mucho más alta de armonía. Solo de manera individual se puede atravesar la puerta que permite evitar el gran cataclismo que sufrirá el planeta para dar comienzo a una nueva era, en un sexto ciclo del sol.

La primera profecía nos habla del tiempo del no tiempo, un período de 20 años que empezó en 1992 y que termina en el 2012, donde la humanidad entraría en el último período de grandes aprendizajes, grandes cambios. Asimismo anunció que siete años después del comienzo de este período comenzaría una época de oscuridad que nos enfrentaría a todos con nuestra propia conducta, dijeron que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas por todos nosotros como una guía para despertar; ellos llaman a esta época como el tiempo en el que la humanidad entrará al gran salón de los espejos, una época de cambios para enfrentar al hombre consigo mismo para obligarle a que se mire y analice su comportamiento consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el planeta en el que vive. Una época para que toda la humanidad, por decisión conciente de cada uno de nosotros, decida cambiar, eliminar el miedo y la falta de respeto de todas nuestras relaciones.

P.D.: la Iª Profecía se caracteriza por barajar una fecha límite del calendario Maya (22 de diciembre de 2012), y por anunciar un "reset" del universo en el momento de producirse un rayo sincronizador desde el corazón de la galaxia (el punto de origen del Big Bang) que afectará a todo el cosmos. Se deduce que será como si un relojero diera cuerda al gran reloj universal, partiendo nuevamente de cero para empezar una nueva etapa, un nuevo ciclo a gran escala. Se predice el principio del fin del mundo materialista y de los conflictos nacionales e internacionales (dos grandes males de la Humanidad) para inaugurar una nueva era basada en el respeto y la armonía entre los habitantes de la Tierra. Esto implica la necesidad de cambiar como especie: dejar de maltratar el planeta y acabar con la explotación masiva de los recursos naturales.

Segunda Profecía

Esta anunció que todo el comportamiento de la humanidad cambiaría rápidamente a partir del eclipse de Sol del 11 de agosto de 1999, y ese día vimos como un anillo de fuego se recortaba contra el cielo. Fue un eclipse sin precedentes en la historia, por la alineación en cruz cósmica (con centro en la Tierra) de casi todos los planetas del sistema solar, posicionándose en los cuatro signos del zodíaco, que son los signos de los cuatro evangelistas, los cuatro custodios del trono que protagonizan el Apocalipsis de San Juan.

Además la sombra que proyectaba la Luna sobre la Tierra, atravesó Europa pasando por Kosovo, luego por Medio Oriente, por Irán e Irak y posteriormente se dirigió a Pakistán e India, con su sombra parecía predecir un área de conflictos y guerras (lo cual ha venido sucediendo puntualmente). Los Mayas sostenían que a partir de los eclipses, los hombres perderían fácilmente el control de sus emociones o bien afianzarían su paz interior y su tolerancia evitando los conflictos.

Desde entonces se vive una época de cambios que es la antesala de una nueva era. Antes del amanecer, es cuando la noche se hace más oscura. El fin de los tiempos es una época de conflictos y grandes aprendizajes, de guerras, separación y locuras colectivas que generará a su vez un proceso de destrucción y evolución. La segunda profecía indica que la energía que se recibe desde el centro de la galaxia aumentará y acelerará la vibración en todo el universo para conducirlo a una mayor perfección. Esto producirá cambios físicos en el Sol, en la Tierra y cambios psicológicos en el hombre alterando su comportamiento, su forma de pensar y sentir, se transformarán las relaciones y los modos de comunicación, los sistemas socio-económicos, de orden y justicia, cambiarán las creencias religiosas y los valores aceptados, el hombre se enfrentará a sus miedos y angustias para resolverlos, y de ese modo podrá sincronizarse con los del planeta, y el universo. La humanidad se concentrará en su lado negativo y podrá ver claramente qué cosa es la que está haciendo mal, este es le primer paso para cambiar la actitud y conseguir unidad que permite la aparición de la conciencia colectiva, se incrementarán los sucesos que nos separan pero también los que nos unen: la agresión, el odio, las familias en disolución, los enfrentamientos por ideologías, religión, modelos de moralidad o nacionalismo; simultáneamente más personas encontrarán paz, aprenderán a controlar sus emociones, habrá más respeto, serán más tolerantes y comprensivas y encontrarán la unidad, surgirá el hombre con un altísimo nivel de energía interna, personas con sensibilidad y poderes intuitivos para la sanación, pero también aparecerán farsantes que solo pretenderán tener ganancias económicas a expensas de la desesperación ajena. Al final del ciclo cada hombre será su propio juez. Cuando el hombre entre al salón de los espejos para examinar todo lo que hizo en la vida, será clasificado por las cualidades que haya desarrollado en la vida, su manera de actuar día tras día, su comportamiento con los demás, y su respeto por el planeta. Todos se ubicarán acordes a lo que son; los que conserven la armonía comprenderán lo que sucede como un proceso de evolución en el universo, en cambio habrá otros que por ambición, miedo y frustración culparán a los demás o a Dios por lo que sucederá, se generarán situaciones de destrucción, muerte y sufrimiento, pero también se dará lugar a circunstancias de solidaridad y de respeto con los demás, de unidad con el planeta y el cosmos.

Esto implica que el cielo y el infierno se estarán manifestando al mismo tiempo, y que cada ser humano vivirá en el uno o el otro, dependiendo de su propio comportamiento; el cielo con la sabiduría para trascender voluntariamente a todo lo que sucede, el infierno con la ignorancia para aprender con sufrimiento, dos fuerzas inseparables. Una que comprende que en el universo todo evoluciona hacia la perfección, que todo cambia, otra envuelta en un plano material que solo alimenta el egoísmo. En la época del cambio de los tiempos, todas las opciones estarán disponibles, prácticamente sin censura de ninguna clase, y los valores morales serán más laxos que nunca, para que cada cual se manifieste libremente como es, la segunda profecía afirma que si la mayoría de los seres humanos cambia su comportamiento, y se sincroniza con el planeta, se neutralizarán los cambios drásticos que describen las siguientes profecías; hay que ser concientes de que el hombre siempre decide su propio destino, especialmente en esta época. Las profecías son solo advertencias para que tomemos conciencia de la necesidad de cambiar de rumbo para evitar que se hagan realidad.

P.D.: la IIª Profecía hace hincapié en el eclipse solar del 11 de agosto de 1999. Las transformaciones físicas en el astro solar alterarían el comportamiento humano: pérdida de control de las emociones para unos y afianzamiento de la paz interior para sincronizarse con los ritmos de la galaxia para otros.

Tercera Profecía

La tercera profecía Maya dice que una ola de calor aumentará la temperatura del planeta, produciendo cambios climatológicos, geológicos y sociales en una magnitud sin precedentes, y a una velocidad asombrosa; los mayas dicen que el aumento de de la temperatura se dará por varios factores, uno de ellos generado por el hombre que en su falta de armonía con la naturaleza solo puede producir procesos de autodestrucción, otros serán generados por el sol que, al acelerar su actividad por el aumento de vibración, produce más radiación aumentando la temperatura del planeta.

Por esta advertencia de la tercera profecía de los Mayas, se hace impostergable y urgente un cambio de conducta en lo individual y colectivo para asumir el compromiso de la práctica cotidiana de acciones que ayuden a mejorar la ecología del planeta, hasta lograr la plena armonía del actuar del ser humano con el entorno, a sabiendas de que el comportamiento del hombre será crucial para sobrellevar el aumento general de la temperatura causada por su propia conducta inconsciente y depredadora.

P.D.: la IIIª Profecía denuncia sobretodo la perversa acción del hombre sobre la degradación ambiental del planeta. Como uno de los factores principales, el hombre será responsable del aumento de la temperatura terrestre, causando desequilibrios climáticos y geológicos. La falta de sincronización entre el hombre y la naturaleza traerá graves problemas: sequías, incendios forestales, pérdida de cosechas, hambruna y epidemias. Del hombre y de su cambio de actitud dependerá su supervivencia durante esta época de crisis.

Cuarta Profecía

La cuarta profecía dice que, a consecuencia del aumento de la temperatura causado por la conducta antiecológica del hombre y una mayor actividad del Sol, se provocará un derretimiento en los polos. Si el Sol aumenta sus niveles de actividad por encima de lo normal, habrá una mayor producción de viento solar, más erupciones masivas desde la corona del sol, un aumento en la irradiación y un incremento en la temperatura del planeta. Los Mayas se basaron en el giro de 584 días del planeta Venus para calibrar sus cálculos solares. Venus es un planeta fácilmente visible en el cielo, pues su órbita está entre la Tierra y el Sol. Los Mayas dejaron registrado en el códice Dresde que, cada 117 giros de Venus (marcados cada vez de que aparece en el mismo sitio en el cielo), el Sol sufre alteraciones, aparecen enormes manchas o erupciones de viento solar; advirtieron que cada 5.125 años se producen alteraciones aún mayores y que cuando esto ocurre, el hombre debe de estar alerta: es el presagio de cambios y destrucción. En el citado códice Dresde también figura la cifra 1.366.560 kines, que tiene una diferencia de 20 años con la cifra que aparece en el templo de la cruz en Palenque, que tiene tallado la cifra de 1.366.540 kines, correspondiendo esta diferencia al período de tiempo que llamaban tiempo del no tiempo, que es el que estamos viviendo desde 1992. Los cambios en la actividad del Sol serán más fuertes, puesto que las protecciones que tenemos a nivel planetario se están debilitando; el escudo electromagnético que nos cubre está diminuyendo en su intensidad.
Si sabemos que muchas cosas que queremos que no sucedan y que causan grandes tragedias finalmente suceden, debemos concentrarnos en producir resultados positivos de nuestras acciones y al mismo tiempo crecer con las dificultades que se nos presenten. Debemos asumir la vida y tomar nuestras decisiones de manera conciente. Hay que abrir los ojos a las posibilidades que puede traernos un mundo en el que todos culpan a los demás de lo que sucede.

Todas las profecías buscan un cambio en la mente del hombre, pues el universo está generando todos esos procesos para que la humanidad se expanda por la galaxia comprendiendo la integridad fundamental con lo que existe.

P.D.: la IVª Profecía predice una gran y devastadora ola de calor que provocará el derretimiento de los glaciares y de los polos. Según los Mayas, será el modo en que el planeta Tierra se limpiará y reverdecerá, aunque el deshielo provocará grandes tragedias humanas: se inundarán las costas de todos los continentes, muchas islas serán engullidas y millones de personas que viven cerca del mar sufrirán grandes peligros (maremotos).

Quinta Profecía

Esta profecía nos dice que todos los sistemas basados en el miedo sobre lo que se fundamenta nuestra civilización, se transformarán simultáneamente con el planeta y el hombre para dar paso a una nueva realidad de armonía. El hombre está convencido que el universo existe solo para él, que la humanidad es la única expresión de vida inteligente, y por eso actúa como un depredador de lo que existe. Los sistemas (tecnología) fallarán para enfrentar al hombre consigo mismo y hacerle ver la necesidad de reorganizar la sociedad, y continuar en el camino de la evolución, que nos llevará a comprender la creación. El nuevo día galáctico está anunciado por todas las religiones y cultos como una época de paz y armonía para toda la humanidad. Está claro entonces que todo lo que no produzca este resultado debe desaparecer o transformarse. La nueva época de luz no puede tener una humanidad basada en la economía, en el poder militar, en imposiciones de verdades por la fuerza.

P.D.: la Vª Profecía habla sobretodo del condicionamiento del hombre, dependiente de su propia tecnología. Si la humanidad no sintoniza su comportamiento con los ritmos de la naturaleza y de la galaxia antes del 2012, verá fallar todos los sistemas sobre los que está basada su civilización moderna: colapso y caída de la red informática (incomunicación a nivel planetario), interrumpción de la energía eléctrica (todo lo que funciona con electricidad dejará de ser útil), inutilización de la red de satélites, hundimiento del sistema económico-financiero y de las religiones organizadas (suicidio de gran número de creyentes y fieles). A partir de ese caos inicial a escala mundial, la humanidad se verá obligada a plantearse una reorganización de la sociedad de un modo más armónico y sin competitividad. Influirá el aumento de la actividad solar, causando daños irreparables en los satélites. El aumento de los rayos ultravioletas expandirá la atmósfera superior de la Tierra, disminuyendo la presión sobre los 19.000 satélites que orbitan alrededor del planeta y causando su alejamiento que, además, al recibir una alta dosis de electromagnetismo del Sol, verán dañados sus componentes electrónicos y dejarán de funcionar para siempre.

Sexta Profecía

La sexta profecía Maya dice que en los próximos años aparecerá un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del hombre. Los Mayas veían a los cometas como agentes de cambio que venían a poner en movimiento el equilibrio existente, para que ciertas estructuras se transformen permitiendo la evolución de la conciencia colectiva. Todas las cosas tienen un lugar que les corresponde en todas las circunstancias; incluso las más adversas, son perfectas para generar comprensión sobre la vida, para desarrollar la conciencia sobre la creación. Por ésto, el hombre se ha enfrentado constantemente a situaciones inesperadas que le generan sufrimiento. Es un modo de lograr que reflexione sobre su relación con el mundo y con los otros; asi, a lo largo de muchas vidas, comprenderá las leyes universales y la razón de la creación. Para los Mayas, Dios es la presencia de la vida que tiene todas las formas y su presencia es infinita.

El cometa del que habla la sexta profecía fue también anunciado por muchas religiones y culturas, por ejemplo la Biblia en el libro de las revelaciones aparece con el nombre de Ajenjo. Si el cometa aparece, es posible que su trayectoria lo lleve a chocar con la Tierra, o también por medio de físicos o psíquicos logremos desviar su trayectoria (informaciones recientes nos hablan de un enorme asteroide que se ha descubierto en el espacio que en su trayectoria puede chocar con la tierra en los próximos años); los cometas siempre han formado parte del sistema solar. Miles de residuos atraviesan, cruzan, rozan, van y vienen periódicamente e incluso chocan con los planetas que se mueven siempre tranquilos en órbitas regulares, alrededor del Sol.

Los Mayas estudiaron y registraron los eventos del cielo, su alerta consiste en prevenir al hombre de los peligros de no conocer las órbitas y períodos de grandes residuos que se cruzan con la trayectoria conocida de la Tierra. Ellos sabían que para el hombre moderno descubrir con anticipación un asteroide tan grande que pudiera causar su extinción y luego desviarlo sería uno de los mayores logros de la historia humana y un hecho crucial que nos uniría como especie. Antiguamente, la esfera celeste era el dominio de los dioses, la aparición sorpresiva de un objeto desconocido que dominaba la noche era motivo de miedo y misticismo. Por ese motivo los Mayas construyeron observatorios dedicados a estudiar los fenómenos: querían entender los impredecibles movimientos en el cielo, especialmente después de que establecieran las posiciones de los planetas y de las estrellas. El peligro inminente del que nos alerta la sexta profecía, nos obligaría a construir un nivel de cooperación internacional, a establecer un sistema de comando y control por encima de los países y una estructura de comunicación mundial; sería la única manera de que los países declinaran su soberanía a una identidad como las Naciones Unidas, dando paso a un gobierno mundial para el bien común... Sería un cambio para aprender a trascender la separación que es la base de nuestra sociedad.

P.D.: la VIª Profecía nos previene de la aparición de un gran cometa (otros señalan a un gigantesco planeta llamado Nibiru o Hercólubus) que traerá consigo violentas y bruscas transformaciones físicas en la Tierra. A partir de sus cálculos, los Mayas aseguran que existen altas probabilidades de que el asteroide choque contra la Tierra (o la roce), aunque también sostienen que existe la posibilidad de desviar su trayectoria por medios físicos o psíquicos.

Séptima Profecía

Esta profecía Maya nos habla del momento que en el que el sistema solar en su giro cíclico sale de la noche para entrar en el amanecer de la galaxia. Cuenta que los 13 años que van desde 1999 al 2012, la luz emitida desde el centro de la galaxia sincroniza a todos los seres vivos y les permite acceder voluntariamente a una transformación interna que produce nuevas realidades. Que todos los seres humanos tienen la oportunidad de cambiar y romper sus limitaciones, recibiendo un nuevo sentido: la comunicación a través del pensamiento, los hombres que voluntariamente encuentren su estado de paz interior, elevando su energía vital, llevando su frecuencia de vibración interior del miedo hacia el amor, podrán captar y expresarse a través del pensamiento y con él florecerá el nuevo sentido.

La energía del rayo transmitido desde el centro de la galaxia activa el código genético de origen divino en los hombres que estén en una frecuencia de vibración alta. Este sentido ampliará la convivencia de todos los hombres, generando una nueva realidad individual, colectiva y universal. Una de las transformaciones más grandes ocurrirá a nivel planetario, pues todos los hombres conectados entre sí como un solo todo, dará paso a un nuevo ser en el orden genético: la reintegración de las conciencias individuales de millones de seres humanos despertará una nueva conciencia en la que todos comprenderán que son parte de un mismo organismo gigantesco. La capacidad de leer el pensamiento entre los hombres revolucionará totalmente la civilización, desaparecerán todos los límites, terminará la mentira para siempre porque nadie podrá ocultar nada, comenzará una época de transparencia y de luz que no podrá ser opacada por ninguna violencia o emoción negativa, desaparecerán las leyes y los controles externos como la policía y el ejército, pues cada ser se hará responsable de sus actos y no habrá que implementar un derecho o deber por la fuerza. Se conformará un gobierno mundial y armónico con los seres más sabios del planeta, no existirán fronteras ni nacionalidades, terminarán los límites impuestos por la propiedad privada y no se necesitará el dinero como medio de intercambio; se implementarán tecnologías para manejar la luz y la energía y con ellas se transformará la materia produciendo de manera sencilla todo lo necesario, poniendo fin a la pobreza de siempre. La excelencia y el desarrollo espiritual serán el resultado de hombres en armonía que realizan las actividades con las que vibran más alto y, al hacerlo, expandirán su nivel de comprensión sobre el orden universal, con la comunicación a través del pensamiento aparecerá un súper sistema inmunológico que eliminará las vibraciones bajas del miedo producidas por las enfermedades, prolongando la vida de los hombres. La nueva era no necesitará del aprendizaje del contraste inverso producido por las enfermedades y el sufrimiento que caracterizaron miles de años de historia.

Los hombres que conciente y voluntariamente encuentren paz interior, entran en una nueva época de aprendizaje por contraste armónico; la comunicación y la reintegración hará que las experiencias, los recuerdos individuales y conocimientos adquiridos estén disponibles sin egoísmos para todos los demás... Será como una Internet a nivel mental que multiplicará exponencialmente la velocidad de los descubrimientos, y se crearán sinérgias nunca antes imaginadas. Se acabarán los juicios y los valores morales que cambian con las épocas, como la moda, se comprenderá que todos los actos de la vida son una manera de alcanzar una mayor comprensión y armonía, el respeto será el elemento fundamental de la cultura, transformará al individuo y a la comunidad y colocará a la humanidad en la posibilidad de expandirse por la galaxia. Las manifestaciones artísticas y las actividades recreativas comunitarias ocuparán la mente humana. Miles de años fundados en la separación entre los hombres que adoraron a un Dios lejano que juzga y castiga, se transformarán para siempre. El hombre vivirá la primavera galáctica, el florecimiento de una nueva realidad basada en la integración con el planeta y todos los seres humanos para, en ese momento, comprender que somos parte integral de un único organismo gigantesco. Nos conectaremos con la Tierra, los unos con los otros, con nuestro Sol y con la galaxia entera; todos los hombres comprenderán que el reino mineral, vegetal, animal y toda materia esparcida por el universo a todas escalas desde el átomo hasta la galaxia, son seres vivos con una conciencia evolutiva. A partir del sábado 22 de diciembre del año 2012 todas las relaciones estarán basadas en la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a otros como parte de sí mismo.

P.D.: la VIIª Profecía consiste en un mensaje de esperanza. Aseguraron que, a partir de un esfuerzo voluntario de la humanidad para lograr la armonía y la paz interior, ésta podrá desarrollar nuevos sentidos e integrarse al funcionamiento de la galaxia. De este modo podrá reducir los efectos nocivos anunciados por las profecías anteriores y renacer en una nueva era, "la Era de la Luz".

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ARQUEOLOGIA PROHIBIDA: descubrimientos incómodos

Posteado por: retratosdelahistoria el 21 oct En: Temas Curiosidades Misterios - 8 comentarios

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EL EGIPTO FARAONICO & SU TECNOLOGIA 5-8

Posteado por: retratosdelahistoria el 20 jul En: Temas Misterios videos - sin comentarios

 

 

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EL EGIPTO FARAONICO & SU TECNOLOGIA 1-4

Posteado por: retratosdelahistoria el 20 jul En: Temas Misterios videos - sin comentarios

Aqui os dejo una interesante serie de documentales sobre el Egipto de los Faraones y su tecnología "imposible" (aunque el mejor calificativo sería "desconocida"), en los que se intenta esclarecer sin mucho éxito un misterio que, fuera de toda duda, es tan fascinante como enigmático.

En total hay 8 vídeos. Aqui van los 4 primeros.

 

 

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LA TEORIA ANNUNAKI

Posteado por: retratosdelahistoria el 20 jul En: Temas Misterios videos - 8 comentarios

Hay cuatro documentales que deben ser visionados para entender la "Teoría Annunaki", que contradice las versiones oficiales sobre la primitiva existencia del ser humano en la Tierra en la Antigüedad: sobre sus orígenes, sus conocimientos, sus primeros imperios (el Sumerio y el Egipcio, cunas de nuestra civilización) sobretodo, y la inexplicable fuente de sus avances en las artes y las ciencias. Más que contradecir a la Biblia, vienen a corroborar ciertos episodios que pertenecen a esa Edad Oscura de la que, prácticamente, se desconoce todo y tan solo se han conservado nombres y vaguedades... Pero los recientes descubrimientos arqueológicos, con sus enigmas imposibles y sus inauditas sorpresas desenterradas, parecen confirmar que el ser humano de la Antigüedad era muy superior (en casi todos los campos) a su descendiente de la Edad Media. ¿Por qué? Subsisten muchas preguntas, más allá del conocimiento que se puedan tener de los ciclos temporales en los que surgen de la nada grandes imperios que, finalmente, caen para dar paso a épocas caóticas y "oscuras" y, éstas, a su vez dan paso a otra floreciente civilización... 

La Teoría Annunaki sostiene que el hombre no es fruto casual de un capricho de la naturaleza, sino un producto artificial creado a base de cruces genéticos entre la fauna existente en la Tierra, y en cuyo experimento de "laboratorio" se añadió un ingrediente foráneo, el ingrediente "divino" o, mejor dicho, el "alienígena", o sea externo. La Biblia, por tanto, no estaría muy equivocada con su teoría sobre el origen divino del hombre, afirmando que éste fue obra de "Dios" y que en cada ser humano subsiste una pequeña parte de ese origen celestial. Lejos de comulgar con los creacionistas o con los darwinistas, el documental propone una tercera opción sobre el inextricable origen de la humanidad en la Tierra, exponiendo sus pistas y sus conclusiones.

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LA PRINCESA TARAKANOVA

Posteado por: retratosdelahistoria el 23 may En: Biografías Misterios Zares de Rusia - 5 comentarios

LA PRINCESA TARAKANOVA

El Caso Tarakanova o el Crimen de Estado

París, 1772

Turbio asunto el de la Princesa Tarakanova que sacude los cimientos del trono de la emperatriz rusa Catalina II "la Grande" a lo largo de dos años, pero no el único aunque si el menos conocido de todos.

En 1772, aparece en París una hermosa y misteriosa mujer que se presenta entonces en sociedad con el nombre y el título de Aly Emetey, princesa Vladimir. De ella nada se sabe apenas, solo que afirma no haber conocido a sus padres, que fue raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer aparecida de la nada, en Ispahan, un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar su destino.

Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes, lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que ella es la hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna de Rusia, muerta diez años atrás (en 1762) y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto, el conde Alexei Razumovski.

Retrato de Elisabeth I Petrovna (1709-1762), Zarina y Emperatriz de Rusia entre 1741 y 1762; obra de Virgilius Erichsen, c.1757.

Su hermosura y gran atractivo seducen y conquistan a un gran número de personalidades que acabarán por unirse a su causa, entre ellos el príncipe polaco Oginski y el conde francés de Rochefort-Valcourt, ambos perdidamente enamorados de ésta.

Sorprendentemente, y a causa de un sonado escándalo, la princesa Vladimir abandona Francia para instalarse en Alemania, donde conoce al príncipe de Limburg-Stirum, el cual se enamora y le propone en vano unirse a él en matrimonio. Intrigante o mujer de legítimas razones, su objetivo es nada menos el de pretender abiertamente al trono de todas las Rusias. Afirma con vehemencia que es hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna y del conde cosaco Alexei Razumovski -su esposo morganático desde 1742-, y de cuyo matrimonio habrían nacido dos hijas según algunos, y según otros un hijo y una hija a los que se les impusieron los títulos de príncipe y princesa de Tarakanov. La emperatriz Elisabeth, supuesta madre de la pretendiente, está muerta desde 1762, y su marido morganático Alexei Razumovski se reunió con ella en 1771... y ella se hace llamar Tarakanova, aunque en verdad adoptó ese título después de hacerse pasar por la señorita Franck o la señorita Scholl. Sea como fuere, la supuesta princesa Tarakanova cuenta con numerosos partidarios prestos a ayudarla por odio a la zarina reinante Catalina II, y tiene la suerte de encontrarse en una situación que le favorece, puesto que desde 1773 un campesino llamado Pugatchev provoca levantamientos populares en las provincias y suscita el entusiasmo de muchas ciudades rusas al pretender ser nada menos que Pedro III, el asesinado esposo de Catalina II. Semejante asunto desestabiliza seriamente el gobierno de la emperatriz y, en ese ambiente de júbilo que rodea el ascenso del impostor, una mujer joven que se declara hija de la zarina Elisabeth tiene todas las posibilidades de ser creída. A contar también con los magnates polacos exiliados desde la partición del reino de Polonia en 1772 que, por legítimos resentimientos, intrigan contra Rusia y ven en la princesa Tarakanova, un excelente medio para destituir a Catalina II, a la cual odian profundamente por gobernar con mano de hierro una parte del territorio polaco. Mejor que urdir un asesinato a través del cual se desacreditarían ante el resto de Europa, optan por apoyar a una pretendiente al trono ruso. Uno de esos magnates polacos, el principe Karol Stanislaw Radziwill, será encargado de entrar en contacto con la Tarakanova...

Las Intrigas, 1774

A principios del año 1774, la supuesta pretendiente Tarakanova se traslada a Venecia, en cuyos aristocráticos salones es tratada como una personalidad de gran importancia, por no decir como si fuera una auténtica zarina rusa.

Catalina II "la Grande" (1729-1796), Emperatriz de Rusia entre 1762 y 1796; retrato al óleo según A. Lucas-Fauchon.

Desde el principio bien informada sobre la célebre "impostora Tarakanova", Catalina II acaba por perder paciencia ante semejante afrenta y decide hacerla traer a Rusia por cualquier medio. Empezará entonces a anudar, con el conde Alexis Orlov (Aleksei Orlov), los hilos de una trama ingeniosa para que la Tarakanova se meta en la boca del lobo y caiga en sus redes. Orlov es entonces comandante de la flota rusa en el Mediterráneo.

Alexis Orlov se encargará entonces de hacer correr el rumor de que ha caído en desgracia en San Petersburgo. La pretendiente, al oír la noticia y siempre en busca de nuevos y más numerosos apoyos, le envía entonces una misiva donde le relata sus orígenes imperiales...

Retrato del Conde Aleksei Grigorievich Orlov (1737-1808), Comandante de la Flota Rusa en el Mediterráneo, en un lienzo fechado en 1779.

La princesa Tarakanova ha enviado un correo al conde Orlov, comandante de la Flota Rusa en el Mediterráneo, tras enterarse de que éste ha caído en desgracia en San Petersburgo. En aquella carta, la Tarakanova le relata sus orígenes imperiales y le deja entrever que, si Orlov, persona non grata en Rusia, le ofrece su apoyo (que no es poco, sabiendo la influencia de los hermanos Orlov en San Petersburgo) en sus pretensiones de reclamar su herencia imperial, ella a cambio, le colmará de honores y prebendas. La pretendiente ha caído en la trampa de Orlov y Catalina II, y de una manera tan ingénua que sorprende...

Dado que la flota rusa se encuentra anclada en el puerto de Livorno y la supuesta princesa en Pisa, Orlov le propone que se conozcan. Fijan entonces un lugar neutro para una cita. En el momento del encuentro, el asunto adquiere proporciones de un flechazo recíproco; el conde parece caer rendido ante las hermosas prendas de la pretendiente. Orlov jurará defender y apoyar su causa, ofreciéndole el trono de Catalina II y, ni corto ni perezoso, con el corazón ardiente de pasión por ella, le pide su mano. Sorprendentemente, la Tarakanova parece estar prendida del conde, y accede gustosamente a contraer matrimonio con él, del mismo modo en que da su visto bueno para que la unión se celebre días más tarde en el buque de Orlov, es decir, en territorio ruso. Todo parece ir a pedir de boca... pero, es demasiado bonito para que sea real.

Apenas sube la princesa Tarakanova, vestida de novia con sus mejores galas, a bordo del buque insignia, el encantador y ardiente semblante de enamorado del conde Orlov se torna en una mueca cruel que, con sequedad, ordena que la arresten en nombre de Su Majestad Imperial Catalina II. Apresada por los soldados, es encerrada en un camarote y Orlov, que ya lo tenía todo minuciosamente planeado, ordena levar anclas y fijar rumbo a San Petersburgo.

La prisionera de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo

Efigie en relieve de la Princesa Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova (1753-1775), único retrato contemporáneo de la pretendiente que ha llegado hasta nuestros días.

La princesa Tarakanova es llevada pues, hasta la desembocadura del Neva y de allí trasladada en bote, bajo una fuerte escolta, a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, erigida en medio del río que divide la capital de los zares desde Pedro I "el Grande", de manos del conde Orlov y siguiendo al dedillo las instrucciones dictadas por la propia emperatriz Catalina.

Retrato del Príncipe Dmitri Galitzin (1738-1803), Canciller de Rusia, en un lienzo firmado por Levitzky, 1774. / Abajo, cuadro del pintor Flavitsky, representando a la Princesa Tarakanova languideciendo en su celda de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, inundada por las aguas del Neva.

Encarcelada en una lúgubre celda de la fortaleza de San Petersburgo, Catalina II nombrará al Canciller Imperial, Príncipe Dimitri Galitzin (o Golitsyn), para presidir los interrogatorios de la prisionera, con el fin de sonsacarle toda la verdad. Pero la Tarakanova no hará más que darle la misma versión de los hechos, hechos que siempre sostuvo desde que se declaró hija de la difunta zarina Elisabeth I y del conde Razumovski. Vive en la vana esperanza de que, al final, sus carceleros la liberarán convencidos de su buena fe. Se equivoca. Su obstinación en repetir una y otra vez la misma historia le resultará nefasta. Como los interrogatorios no aportan pruebas concluyentes y no convencen a la emperatriz, ésta ordena que sea encerrada de por vida en la fortaleza. Su confinamiento es casi un emparedamiento: su celda, húmeda y lúgubre, con apenas luz exterior, contribuyen lentamente al empeoramiento de su estado de salud, y se declara la tuberculosis pocos meses después.

La Fortaleza de San Pedro y San Pablo, situado en medio de las aguas del Neva, en San Petersburgo (Grabado del siglo XVIII).

Ante tamaña crueldad, el propio Galitzin, conmovido por las horrendas condiciones de la Tarakanova, pide a Catalina II que suavice la pena de la prisionera, dando cuenta de que, si sigue así, morirá. La soberana se negará y la misteriosa princesa Tarakanova muere finalmente el 4 de diciembre de 1775, escupiendo su sangre.

Retrato de la Zarina Catalina II Alekseyevna (1729-1796), Emperatriz de Rusia entre 1762 y 1796, realizado por el pintor sueco Alexandre Roslin, c.1765.

Los diversos informes entregados a Catalina II, en base a los interrogatorios, no harán más que repetir la misma versión, una y otra vez, de la prisionera sobre su verdadera identidad: sostiene ser la hija de Elisabeth I Petrovna. Otros informes, éstos proporcionados por espías, darán otras versiones sobre la Tarakanova: uno afirmando que sería la supuesta hija del dueño de un cabaret de Praga, otro que lo sería de un panadero alemán, e incluso una judía polaca. Ninguna de esas hipótesis parece probable. Como no se puede excluír que los hijos secretos de la fallecida emperatriz Elisabeth con Razumovski, hayan existido, nadie puede hoy día afirmar que la Tarakanova no haya sido quien pretenda ser. Si se diera en efecto el caso, entonces Catalina II habría dejado morir expresamente a la legítima heredera del trono de Pedro I "el Grande".

Siempre quedará la duda...


 Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova

Yelizaveta o Elisabeth Alekseyevna nació en 1753 y falleció el 4 de diciembre de 1775 en San Petersburgo. Se dio a conocer como pretendiente al trono de Rusia bajo el título de Knyaginya Vladimirskaya (Princesa Vladimir o Vlodomir), y bajo los seudónimos de Fräulein Frank, Fräulein Scholl o Madamoiselle Trémouille dependiendo de su ubicación del momento, como hija del conde Aleksei Grigorievich Razumovski y de Elisabeth I Petrovna Romanova, Emperatriz y Zarina de Rusia, que contrajeron matrimonio secreto en 1742.

Según el testimonio del Conde Waliszewski "...es joven, graciosa y muy bella; tiene los cabellos color ceniza, como Elisabeth (se refiere a la zarina Elisabeth I Petrovna), y los ojos de un color negroazules como los suyos..." . La breve descripción nos da a entender que la princesa es entonces una hermosa joven de cabellos rubio-ceniza y de mirada azul oscura, y que guarda cierto parecido físico con su supuesta progenitora imperial, de rasgos circasianos y veinteañera. Otros testimonios de personas que la conocieron, alabaron su cultura, su educación y sus gustos refinados propios de una persona de alta cuna. Hablaba con soltura el francés, el alemán, y conocía perfectamente el inglés, el italiano, el árabe y la lengua persa, que era mucho más de lo que solían conocer altos personajes contemporáneos.

Su "padrino" en la alta sociedad cosmopolita europea fue un anciano aristócrata, el Barón von Embs, al que la Tarakanova solía presentar como su pariente, sin especificar demasiado el grado. Por medio de ese barón, la supuesta princesa entró en contacto con importantes aristócratas polacos, prusianos, austríacos, italianos y franceses, entre los cuales caben destacar al príncipe Michal Kazimierz Oginski (1728-1800) -en el retrato de la izquierda-, "jefe" de aquellos magnates polacos exiliados que estaban abiertamente enfrentados a Catalina II de Rusia y a su "criatura", Estanislao II Augusto Poniatowski, rey electo de Polonia gracias a la imposición rusa.

Cuando el Príncipe Karol Stanislaw Radziwill entró en contacto con la princesa Tarakanova, ésta le mostró un documento que suponía acreditar sus orígenes imperiales. Se trataba, según se sabe, del supuesto testamento de Elisabeth I Petrovna, Emperatriz de Rusia, designando como heredera suya a Yelizaveta Alekseyevna, hija nacida de sus esponsales con Razumovski. Testamento que, por cierto, chocaba frontalmente con las disposiciones tomadas con anterioridad sobre la sucesión al trono ruso, en las que se designaba como zarevich a Pedro III de Holstein-Gottorp, sobrino carnal de la soberana y desposado con la princesa von Anhalt-Zerbst, más conocida como Catalina Alekseyevna (Catalina II).

Retrato oval del Príncipe Karol II Stanislaw Radziwill (1734-1790), apodado "Panie Kochanku" -bienamado señor-, fue el magnate lituano-polaco más rico de su país y una de las primeras fortunas de Europa, teniendo en su haber 16 ciudades, 683 pueblos y 25 principados (voivodas). Fue el primer promocionado en la Orden del Aguila Blanco en 1757. Tras exiliarse en 1772, regresó a Polonia en 1777 tras obtener el perdón del rey Estanislao II Augusto, recuperando todos sus cargos militares. Gran patriota, su fama de héroe nacional sigue intacta después de 300 años de su desaparición.

Radziwill, pese a su fama de hombre desengañado y astuto, gran conocedor de las enmarañadas intrigas de todas las grandes cortes europeas, pareció no dudar un solo instante de la buena fe y sinceridad de la supuesta hija de la difunta emperatriz de Todas las Rusias. Como no, Radziwill, igual que Oginski y otros magnates polacos exiliados, creyó ver en aquella mujer un guiño de la Providencia para favorecer la causa polaca anti-rusa. La Tarakanova les proporcionaba el medio para matar dos pájaros de un tiro: intentar derrocar a la usurpadora Catalina II, reivindicando los derechos de la princesa al trono de los Romanov y, por otro lado, destronar al rey impuesto por ésta, Estanislao II Augusto Poniatowski y proclamar la república aristocrática en Varsovia.

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EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS: El Hombre Rojo -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 8 ene En: Misterios Reyes de Francia - sin comentarios

La leyenda del Hombre Rojo

Todos estos datos, quizá un poco duros de digerir, para mostraros que este lugar cuya historia fue tan accidentada no podía suscitar otra cosa que una leyenda .... sangrienta.

La Reina Catalina de Médicis y su séquito, salen del Palacio del Louvre para contemplar los resultados de la masacre de la San-Bartolomé; cuadro de Debat-Ponsan, 1880.

Se cuenta que la constructora de las Tulerías, Catalina de Médicis, siempre rodeada de magos y adivinos, utilizaba también a un esbirro en especial, un asesino a sueldo que era conocido bajo el apodo de "l'Écorcheur" (el Matarife). Aquel siniestro personaje, era el ejecutor de la reina, el que solucionaba los problemas tras haberse agotado todas las vías, enviando discretamente al otro barrio cualquier personaje que resultara molesto y obstaculizara los designios políticos de Catalina.

Durante mucho tiempo, ese matarife cuyo verdadero nombre no fue retenido por la pequeña historia (tan solo se sabe su nombre de pila: Jean), se dedicó puntualmente a hacer el trabajo sucio contra dinero contante y sonante, hasta que un día, la reina Catalina cayó en la cuenta que su esbirro sabía demasiado. Quizás la sola presencia de aquel asesino le recordaba demasiado que ella también se había manchado las manos de sangre, aunque fuera por persona interpuesta; decidió por tanto quitarlo de en medio. Hechando mano de otro esbirro, un tal Sr. De Neuville, la reina le mandó que se deshiciera discretamente del matarife.

La noche convenida, el esbirro atacó por sorpresa al matarife, cosiéndolo a cuchilladas con un estilete, en el mismo palacio de las Tulerías. Aunque el matarife intentó resistirse al esbirro de Catalina, fue mortalmente tocado y, antes de exhalar su último aliento, le lanzó una amenaza: "¡Volveré!"

Y cayó muerto en un charco de sangre.

Apenas alistado su crimen, Neuville abandonó el lugar pero tuvo la escalofriante impresión de que le seguía un hombre cubierto de sangre; desenvainó la espada y giró sobre si mismo. Nadie. Un escalofrío recorrió su espalda. Inquieto y pensando que había errado en su misión, volvió al lugar del crimen para cerciorarse que allí seguía el cadaver del matarife. Cual fue su sorpresa cuando, al entrar en la estancia, descubrió que el cuerpo había desaparecido y que tan solo quedaba, como prueba de su fechoría, un charco de sangre. Aterrorizado, huyó para ir al encuentro de la reina y contarle todo lo ocurrido. Catalina de Médicis mandó a su gente, espadas en mano, que buscaran por todo el palacio al matarife, con misión de rematarlo. Por más que buscaron, no encontraron nada y tuvieron que abandonar las pesquisas. Extrañada, la reina se encerró a cal y canto en sus aposentos.

Cosme Ruggieri (ob.1615), astrólogo y adivino de Catalina de Médicis; supuesto retrato conservado en el Castillo de Chaumont.

Días más tarde, el astrólogo de la reina, Cosme Ruggieri, acudió al gabinete de su señora para contarle un extraño encuentro que había tenido. En el curso de una preparación para una sesión de videncia, se le apareció en medio de una espesa bruma, surgida de la nada, un hombre ensangrentado que le predijo la muerte de la reina y las desgracias sucesivas que iban a golpear a los dueños del palacio; llegó incluso a predecirle su desaparición con el palacio tres siglos después, ya que se presentaba a si mismo como el depositario y guardián del destino de las Tulerías.

La noticia inquietó a la reina, quien volvió a encerrarse en sus aposentos. Pero, en el momento de entrar en un pequeño gabinete en penumbra, Catalina se topó cara a cara con el Hombre Rojo. El susto fue tan tremendo, que ese mismo día ordenó a sus criados que empaquetasen sus cosas y abandonasen con ella el palacio de las Tulerías.

El Hotel de Soissons, antiguo "Hotel de la Reine" -palacio de la Reina-, tal y como era según los planos alzados de París en el siglo XVIII, realizados para el "Plan Turgot", de 1734. / Abajo, fotografía actual de la Bolsa de Comercio de París, con la torre o columna astrológica de Cosme Ruggieri, último vestigio que sigue en pie del palacio de Catalina de Médicis y luego de los Condes de Soissons, clasificado como Monumento Histórico.

Catalina de Médicis nunca volvería a pisar el palacio. De hecho, se instaló en un palacio nuevo construído donde hoy se encuentra la Bolsa de Comercio de París; el palacio en cuestión fue conocido como "Hôtel de la Reine" y, posteriormente, Hotel de Soissons al ser propiedad de los Condes de Soissons en el siglo XVII-XVIII. Allí mandó construir un observatorio astrológico para su inseparable y fiel Cosme Ruggieri, y cuyo recuerdo aún permanece con su columna astrológica pese a que el palacio fuera arrasado en el siglo XIX.

A partir de aquel momento francamente sobrenatural, las apariciones del Hombre Rojo fueron siempre de mal augurio para los reyes. Se apareció a Carlos IX, que murió cubierto de sangre y aterrorizado por los fantasmas de las víctimas de la masacre de San Bartolomé que asediaban su cama, y a sus hermanos: el joven duque de Alençon, moriría subitamente y Enrique III sería asesinado, poco después de verle, por un monje iluminado.

Después de enterrar a todos su hijos, excepto a Enrique III y Margot, Catalina de Médicis se puso enferma después de trasladarse al castillo de Blois, para la celebración de los Estados Generales convocados por su hijo el rey. Había contraído un resfriado en diciembre de 1588, y estaba moralmente abatida por los trágicos acontecimientos que echaban por tierra toda su política de concordia entre católicos y hugonotes. Es más, estaba aterrada por las consecuencias que podían traer el asesinato del duque de Guisa; asesinato que, por cierto, fue ordenado por Enrique III y del cual nunca le avisó para pedirle consejo.

Sintiéndose mal, Catalina de Médicis se metió en cama para no salir de ella. Pronto, su resfriado degeneró en pleuresía. Un joven abate que no era uno de sus habituales la velaba cuando, de pronto, le preguntó su nombre:

-"Me llamo Julien de Saint-Germain, mi Señora..."

-"Ah! Estoy muerta!" declaró fatalmente la reina, recordando la predicción de Ruggieri hecha en 1572.

Y murió, el 5 de enero de 1589.

El Palacio de Las Tulerías y sus jardines a la Francesa, según un grabado de mediados del siglo XVII.

La noche anterior de que Enrique IV saliera del palacio del Louvre en su carruaje aquel fatídico 14 de mayo de 1610, se vió furtivamente a un hombre ensangrentado deambular por los jardines de las Tulerías.

El Rey Luis XVI de Francia (1754-1793), en un retrato esbozado por Ducreux, c.1792.

Quizás la más relevante de sus apariciones fuera la de 1791, a la mañana siguiente de la huída nocturna de Luis XVI con su familia, en un intento de escapar de su cárcel de las Tulerías. Testigos presenciales, la Guardia Francesa que buscaban por palacio a los miembros de la Familia Real desaparecida, irrumpieron en la habitación del Rey y descubrieron, sorprendidos, a un hombre rojo tumbado en la cama del monarca, que no tardó en desvanecerse. Poco días después, los reyes fugitivos eran descubiertos en una posada de Varennes y apresados para devolverlos a París.

Maria-Antonieta de Austria-Lorena, Reina de Francia (1755-1793), según un retrato inacabado de Kucharski, c.1791-1792.

De vuelta a las Tulerías, su ilustre prisionera la reina Maria-Antonieta se topó, cara a cara, con el hombre rojo en los angustiosos días antes de que la chusma asaltase el palacio (10 de agosto de 1792). Peor augurio no pudo ser, ya que a raíz del asalto, la monarquía es abolida y los reyes son encarcelados en la torre del Temple. La anécdota fue anotada por Madame Campan, testigo del encuentro y entonces doncella de la reina. La misma identificó al Hombre Rojo con el nombre de Jean Lerouge (Juan Elrojo), porque afirma, en sus memorias, haberle visto días antes ante las ventanas de los aposentos de la Reina, blandiendo una pica en cuya punta había un corazón de buey y una pancarta con la leyenda "Corazón de Aristócrata".

El hombre rojo se cobra incluso una víctima en 1793: un soldado revolucionario que, velando el cadáver del asesinado Marat en una sala del palacio, recibió la temida visita del fantasma. La impresión fue tal, que murió de miedo.

El Duende Rojo y el Hombre Rojo

Las andanzas del espectro sangriento siguieron y con más frecuencia con el emperador Napoleón I, el siguiente inquilino. En ese momento, ocurre un hecho extraordinario que se encuentra relatado en varios testimonios de la época. Ya no se trata tan solo del hombre rojo, sino también de un "pequeño hombre rojo", una especie de ser fantástico digno de los cuentos de hadas, un duende vestido de rojo con un capirote puntiagudo a juego que seguirá muy de cerca a Napoleón ya en sus tiempos de general, y en el curso de la expedición a Egipto. El entonces general Bonaparte se topa con ese enano escarlata al pie de la gran pirámide de Keops, y le atrae hasta la entrada de ésta para hablarle de sus victorias en vísperas de la batalla de las pirámides. El corso, tan supersticioso como lo fue en su día la reina Catalina de Médicis, se entretendrá repetidas veces con ese hombrecito que le parece predecir su increíble destino. El mismo Napoleón confiaría a gente muy cercana ese secreto tan peculiar que acabaría por ser del dominio público.

Napoleón I Bonaparte (1769-1821), Rey de Italia y Emperador de los Franceses.

En 1804, poco antes de que se decidiera de la ejecución del secuestrado Duque de Enghien, en Vincennes, un centinela percibió una inquietante sombra en los jardines de las Tulerías y, tras dar el alto que no obtuvo respuesta, disparó y la negra silueta se derrumbó. Cuando acudió a ver a quien había disparado, no encontró nada más que una capa manchada de sangre y una linterna apagada. Respecto a otras fuentes, en esa anécdota nocturna, se cree que el hombre que recibió el disparo fue un vidente llamado Bonaventure Guyon, que era secretamente recibido en los apartamentos privados de la primera planta del palacio por Napoleón en persona. Ese tal Bonaventure Guyon, maestro de las matemáticas astrológicas (como le gustaba presentarse), había sido consultado por el joven Bonaparte en tiempos no tan lejanos y, siendo sus predicciones muy acertadas, mantuvo el contacto con él hasta el día en que Guyon le previno sobre el desastre de la campaña de Rusia, la derrota de Waterloo y su exilio de por vida a la Isla de Santa-Elena, en la que finalmente moriría. Disgustado por esas predicciones tan sombrías, Napoleón lo echó a patadas; desde ese mismo momento, dejó de frecuentarle y de recibirle en su gabinete de palacio, cayendo Bonaventure Guyon en desgracia y tildado de "pájaro de mal agüero".

Sin embargo, todas y cada una de sus predicciones se cumplieron exactamente como lo había transmitido a su regio consultante.

El Palacio de Las Tulerías, en un grabado de inicios de 1800's, que muestra sus dos fachadas: lado Jardín y lado Patio del Carrusel.

Pero, volviendo al fantasma de Jean "el Matarife", con Napoleón I parece extender su área de influencia y de apariciones. Deja de ser el sedentario espectro de las Tulerías, para viajar allá donde se encuentra el emperador, "su protegido". ¿Acaso hablamos del mismo cuando en unas fuentes y otras parecen referirse al mismo espectro? Todo apunta a que asi es, pero yo lo dudo, a menos que el fantasma tuviera una peculiar preferencia por el corso y le fuera benéfico, contradiciendo así su habitual papel de mal augurio.

Algunos aventuran, como en el libro de Las Bonapartiana, detalles inquietantes sobre la curiosa relación que se establece entre el duende rojo y Bonaparte. Cuentan que el corso debía sus éxitos militares al hombrecito rojo, al cual estaba ligado mediante un pacto de una década de duración y realizado la víspera de la famosa batalla de las pirámides, y renovado por tan solo cinco años días antes de la batalla de Wagram.

En el desierto de Siria, el duende rojo se le volvió a aparecer en el monte de Moisés para decirle escuetamente: "Todo va bien!"

Curiosamente, el 18 Brumario (3 de noviembre de 1799), el hombrecito rojo se le aparece de nuevo pero, esta vez, vestido de verde y aconseja al general Bonaparte que lleve a cabo su golpe de Estado.

La noche de la victoria de Marengo (14 de junio de 1800), el duende rojo reaparece para anunciarle que verá doblegarse ante él el mundo y toda Europa estará de rodillas, que será coronado emperador de los Franceses, rey de Italia, etc.

La cuarta aparición se produce antes de su coronación en la catedral de Notre-Dame (diciembre de 1804). Por lo visto, ambos se entretuvieron largamente sobre distintos asuntos.

Napoleón aseguraría que sus apariciones se producían justamente en los momentos más duros de su vida, y que el duende vivía en las golfas del palacio de las Tulerías.

El 20 de Abril de 1814, Napoleón I se despide de sus fieles en el patio de la Herradura del Castillo de Fontainebleau, antes de coger el camino al exilio...

Después de muchos años benéficos, el duende dejó de aparecer. Sin embargo, una visita como la que tuvo Cosme Ruggieri del Hombre Rojo, se produjo en las mismas circunstancias la víspera de la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815). Napoleón I dejaría testimonio de esa visita sobrenatural: "en medio de una espesa e inquietante bruma, apareció un hombre rojo tocado con lo que parecía ser un gorro frigio de lana..."

El mensaje no podía ser más claro: la derrota y su fin.

¿Hemos de creer, por tanto, que el duende rojo y el hombre rojo no son el mismo personaje?

Luis XVIII, Rey de Francia (1755-1824), en un retrato oficial del Barón Gros.

El siguiente inquilino de las Tulerías sería Luis XVIII, junto con el resto de la Familia Real. La aparición se produciría en 1820 y fue vista por varios testigos oculares: sirvientes, soldados y cortesanos. El matarife se había dejado ver la víspera del asesinato del Duque de Berry, segundo sobrino del rey Luis XVIII e hijo pequeño del Conde de Artois.

El 13 de Febrero de 1820, a la salida de la ópera, el príncipe Carlos-Fernando de Francia, Duque de Berry, es mortalmente apuñalado por un obrero bonapartista llamado Louis Louvel. Sobrino del Rey Luis XVIII, era el único miembro de la Familia Real capaz de proporcionar un heredero al trono... En cualquier caso, el intento de Louvel fracasó: meses después, la Duquesa Vda. de Berry, daba a luz a un hijo varón póstumo, Enrique V, Conde de Chambord.

Noche del 13 de Febrero de 1820: la Familia Real y Luis XVIII acuden al Teatro de la Opera para reunirse entorno al moribundo Duque de Berry, presunto heredero de la Corona después de su padre, el Conde de Artois, y de su hermano mayor el Duque de Angulema...

En 1824, mientras el Conde de Artois atravesaba en su carruaje los jardines del palacio, vio las ventanas del gabinete del Rey encenderse de una ardiente e intensa luz rojiza. Creyendo que era un pasajero efecto óptico, no le dio más importancia pero, al día siguiente, al desayunar con su hermano el Rey, éste le contó que había sido víctima de la aparición de un hombre cubierto de sangre en su gabinete de trabajo. El Conde de Artois le contó entonces lo que había visto y parecía coincidir con el mismo momento de la sobrenatural visita.

El rey Luis XVIII de Francia retratado en su gabinete de trabajo del Palacio de Las Tulerías.

Luis XVIII no se inquietó en absoluto por aquella aparición. Sin embargo, el rey moriría días después al degradarse inexplicablemente su estado de salud.

¿Fue el rey víctima de una enfermedad psicosomática o de un auténtico caso de aterradora premonición?

El fin de una leyenda

Fotografía de 1871, mostrando en perspectiva el Pabellón Central o del Reloj en ruinas tras el incendio provocado por los comuneros.

La última aparición del inquietante fantasma del Matarife se produciría precisamente en 1871, cuando los comuneros insurrectos parisinos incendiaron intencionadamente el Palacio de las Tulerías. Habían depositado y almacenado una prodigiosa cantidad de pólvora, de alquitrán líquido, de esencia de trementina y de petróleo en los bajos del pabellón central. En consecuencia, aquel gigantesco incendio que duró 3 días, provocó la explosión del pabellón central y, en el momento de hundirse la cúpula, muchos testigos oculares vieron como aparecía en la ventana central de la Sala de los Mariscales, un espectro ensangrentado en medio de aquel infierno en llamas. ¿Era la despedida del Hombre Rojo antes de que desapareciera junto con el palacio de las Tulerías? Quién sabe.

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EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS: El Hombre Rojo -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 7 ene En: Temas Misterios Reyes de Francia - 4 comentarios

EL ESPECTRO DE LAS TULERÍAS

"El Hombre Rojo"

Leyendas fantasmales conocidas

El Palacio Imperial de Invierno, La Hofburg de Viena (reproducción a vista de pájaro del complejo palatino de los Habsburgo).

Si hay una leyenda muy conocida por todos los golosos de historias de miedo y de leyendas de ultratumba, ésa es la de la celebérrima "Dama Blanca" de los Habsburgo, que solía aparecerse en el Palacio Imperial de Invierno (La Hofburg de Viena) a sus regios habitantes para anunciarles su próxima muerte. De hecho, el espectro de aquella dama blanca solía extender su área de influencia apareciéndose incluso en el Palacio Imperial de Innsbrück y en otros regios edificios con tal de llevar a cabo su misión: la de advertir a los príncipes que se acercaba su hora. Fue el caso del emperador Francisco I Esteban de Lorena, marido de la autoritaria Maria-Teresa I de Austria, última de los Habsburgo; el monarca, que también llevaba en sus venas la sangre de los Austria por parte de su abuela, hermana del emperador Leopoldo I, tuvo un encontronazo con la dama blanca en un corredor del palacio de Innsbrück, donde solían pasar los veranos los miembros de la numerosa Familia Imperial y su corte. Después de relatar su encontronazo a su mujer, Francisco I Esteban moría súbitamente.

Los Emperadores Francisco I Esteban de Lorena y Maria-Teresa I de Austria, con su familia; obra de Martin Van Meytens.

Pues bien, no es, obviamente, una aparición exclusiva de la Casa Imperial Austro-húngara. Citada anteriormente, la dama de Chantilly alias Louise de Budos, solía hacer lo mismo que la dama blanca de La Hofburg: advertir silenciosamente a sus descendientes los príncipes de Condé y de Conti, con terrible semblante, que la muerte estaba cerca.

En Gran-Bretaña, reino de numerosísimas leyendas fantasmales, algunas francamente aterradoras, contamos con los fantasmas regios de Ana Bolena y de otras dos reinas que, entre el nutrido listado de esposas del rey Enrique VIII, suelen aparecerse a los guardias que hacen sus rondas por la lúgubre Torre de Londres, aterrorizándolos. En el castillo de Windsor, la mayor residencia privada que todavía existe en Europa, suele aparecerse la reina Elizabeth I sobretodo por la Biblioteca Real, hojeando libros en silencio para más datos. El caso del Palacio de Hampton Court, ha vuelto a saltar a la palestra hace pocos años, con las apariciones fantasmales de una dama del siglo XVII que abre y cierra puertas, y fortuitamente captada por las cámaras de seguridad.

Por lo que toca a la Casa Real Francesa y a la Casa Imperial, no hay ninguna dama que aparezca a los reyes, más bien es un hombre, un ser aterrador, al que conocen como "el Hombre Rojo"; éste solía aparecerse a los gobernantes que ocuparon, precisamente, el hoy desaparecido Palacio Real de Las Tulerías y sobre el cual escribí anteriormente, mencionando el proyecto de su reconstrucción que se está llevando.

Pero, para entender mejor el tema del que vamos a tratar, ¿qué mejor que hacer un repaso sobre la historia de un edificio tan emblemático a la par que desconocido por la mayoría?

El Palacio de Las Tulerías: evolución e historia

Situado en el prolongamiento Oeste del Gran Louvre, el dominio de las Tulerías se compone de un extenso parque o jardín del mismo nombre, asi como de los museos del Jeu de Paume y de la Orangerie.

El nombre de "Las Tulerías" procede de las fábricas de tejas instaladas en el mismo emplazamiento desde el siglo XIII, y que serían arrasadas tras ser comprados los solares por la reina Catalina de Médicis, consorte del rey Enrique II de Francia y madre de los tres últimos monarcas de la Casa de Valois-Angulema (Francisco II, Carlos IX y Enrique III), y de la célebre reina Margot, esposa de Enrique IV.

El Palacio del Louvre, en la época medieval tardía (siglo XV); litografía del siglo XIX.

Estando el viejo Palacio del Louvre en constante remodelación desde que Francisco I decidiera abatir el medieval palacio-fortaleza para sustituirlo por un palacio renacentista más acorde con los gustos de su tiempo y digno de sus habitantes, la Familia Real tiene que acomodarse del incesante ruido, del polvo y del vaivén de los obreros, carpinteros, paletas, escultores por la residencia regia que, poco a poco, se va transformando. Por esta razón, gran parte del tiempo, los reyes viven en el "Hôtel des Tournelles", un palacio cercano en el cual Enrique II encontraría la muerte en el curso de una justa que formaba parte de las celebraciones programadas por las bodas de sus hijas con el rey Felipe II de España y el Duque de Saboya.

Enrique II de Francia y Catalina de Médicis (oval central) rodeados de los retratos de padres e hijos, y parientes cercanos; la Familia Real Francesa al completo.

Tras la tragedia, predecida por Nostradamus, en la que Enrique II acabó con una punta de lanza clavada en un ojo y murió días después, pese a los esfuerzos del cirujano Ambroise Paré, la reina Catalina de Médicis decidió abandonar el palacio de Tournelles, donde el triste recuerdo de aquel accidente la atormentaba.

El Palacio del Louvre en obras, en pleno siglo XVI. Se aprecian las nuevas prolongaciones con el ala de la Reina, que alberga la futura Galería de Apolo en su 1ª planta, orientada sobre el pequeño Jardín del Rey, y las obras de la Gran Galería.

Eligió aquel terreno de las Tulerías para hacerse construir allí una nueva residencia a su medida. La situación le parecía idónea: fuera de las murallas que rodeaban el bullicioso y fétido París, y a orillas del Sena, no estaba demasiado lejos del Palacio del Louvre y tenía a sus pies el campo, con un aire más puro. Con solo atravesar la Puerta de la Torre del "Châtelet" (también llamada "Puerta Nueva"), podía volver a la capital a caballo, a pie o en carruaje en pocos minutos.

Es pues en 1564 cuando la reina viuda decide hacerse construir allí un palacio. El arquitecto real Philibert Delorme presenta un proyecto ambicioso a su soberana: un edificio gigantesco de planta rectangular que evoluciona entorno a tres patios interiores, siendo más extenso el central, y dotado con doce pabellones de los que cuatro marcan los ángulos y otros cuatro sirven de puertas de acceso, rodeado de un foso y dotado con 4 puentes.

El Palacio de Las Tulerías, proyectado por el arquitecto Philibert Delorme en 1564.

Sin embargo, los tiempos que se avecinan no dan para tal dispendio ni para emplearse a fondo en su construcción. La guerra civil y religiosa estalla entre católicos y hugonotes, pillando en medio a Catalina de Médicis que, aunque Carlos IX esté al frente del gobierno, necesita de su maquiavelismo para desenmarañar una situación político-religiosa que toma proporciones terribles. La reina madre intenta, utilizando todos los medios a su alcance, mediar en el conflicto que parece convertir en enemigos irreconciliables a católicos y protestantes.

Catalina de Médicis, Reina Vda. de Francia (1519-1589), en un retrato de 1565.

Peor aún, Ruggieri, un mago del entorno regio predice, en 1572, a la supersticiosa Catalina de Médicis que hallará la muerte cerca de Saint-Germain. Lógicamente, la reina saca sus propias conclusiones: el palacio de las Tulerías que ha mandado edificar, depende de la parroquia de Saint-Germain-L'Auxerrois. Es menester, por tanto, abandonar la idea de instalarse en las Tulerías y elegir otra residencia bien lejos de aquel lugar; aún no está preparada para morir.

Y las obras son abandonadas...

El Palacio de las Tulerías (en primer término) unido al Palacio del Louvre (en segundo término) por el Ala de la Gran Galería, sobre el muelle derecho del Sena; grabado de 1615.

El palacio a medio construir queda incompleto: solo tres cuerpos se alzan, dando un aspecto curioso al conjunto. Habría que esperar al advenimiento del rey Enrique IV, el primer Borbón, para que las obras se reinicien al decidir éste que hay que unir el Palacio del Louvre al inacabado Palacio de las Tulerías con un ala que domine el muelle derecho del Sena, denominada "la Gran Galería". El proyecto recibe entonces el nombre de "Grand Dessin" (Gran Dibujo), y va a ser una constante en los sucesivos reinados: eliminar todos los barrios existentes entre el Louvre y las Tulerías, para crear un conjunto palatino jamás visto en Europa; un conjunto que, sea dicho de paso, será titánico y grandioso en su concepción y conclusión: el palacio más grande y amplio de Europa.

Con el reinado de Luis XIII, el palacio de las Tulerías iría a parar a manos del Duque Gastón de Orléans y a su hija, la Duquesa de Montpensier (nieta de Enrique IV), quien lo ocupará hasta finales de la guerra civil que enfrenta la aristocracia y el Parlamento a la Corona del joven Luis XIV (las Dos Frondas), durante la regencia de Ana de Austria y el ministerio del Cardenal Mazarino.

Ana-Maria-Luisa de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693); la nieta del rey Enrique IV de Francia, hija del Duque Gastón de Orléans y prima-hermana de Luis XIV, con el cual se pensó casar en su día, echó al traste su brillante porvenir al tomar partido por los príncipes rebeldes de la Fronda...

Cuando las fuerzas del Rey consiguen someter a los nobles rebeldes, tras derrotarlos en una cruenta batalla bajo los muros de París, la Duquesa de Montpensier, inquilina de las Tulerías, recibirá la orden de abandonar la capital y retirarse en su castillo de Saint-Fargeau por haberse atrevido a socorrer al ejército rebelde del Gran Condé ordenando que los cañones de La Bastilla bombardearan las tropas Reales dirigidas por Turenne.

El Palacio de las Tulerías en 1652, entonces residencia de la Gran Mademoiselle, la Duquesa de Montpensier.

La Corona recupera el palacio de las Tulerías y, el departamento de los Reales Edificios decide, por orden del ministro Colbert, acabar las obras y completarlas para que en él se alojen Luis XIV y la corte. Colbert invirtió mucha energía en que se concluyeran las eternas obras del Louvre y de las Tulerías para dar cuerpo al "Gran Dibujo", persiguiendo el objetivo de retener al rey en la bulliciosa capital del Sena. Pero la aversión de Luis XIV por París y los parisinos, heredada de los tiempos de la Fronda en los que la Familia Real vivió en un permanente estado de terror y humillación, secuestrada, vigilada y prisionera de la chusma, fue superior a cualquier buen deseo del ministro Colbert y a su desplegamiento de medios para convertir el Gran Louvre y las Tulerías en las dignas residencias de la monarquía gala.

El Palacio de Las Tulerías, tal y como era en la 1ª mitad del siglo XVII, con el pabellón angular de Flora, conectado a la Gran Galería del Louvre que domina el muelle de la riba derecha del Sena.

Luis XIV puso los ojos en el pequeño castillo de Versailles, antaño cita de las cacerías reales de su padre Luis XIII, a 20 km. de París, que le brindaba la oportunidad de convertirlo en su futuro palacio real lo bastante alejado de la turbulenta capital para no sentirse presionado en sus decisiones, y lo bastante cerca como para hacer sentir su poder. Y, mientras Luis XIV se alojaba en las Tulerías, las titánicas obras de Versailles comenzaban.

El Gran Carrusel de Luis XIV ofrecido en el patio de armas del Palacio de las Tulerías, en junio de 1662, celebraba el nacimiento de su primer hijo varón, el Delfín Luis (noviembre de 1661). Abajo, retrato en grupo de la Familia Real Francesa rodeando a Luis XIV (1638-1715) -a la derecha del cuadro-, mientras que a la izquiera está su hermano Felipe, Duque de Orléans (1640-1701), todos representados como divinidades del Olimpo por el artista Jean Nocret.

Fue en el patio del Carrusel en el que Luis XIV y toda su corte dieron sus primeros y espléndidos festejos, como el carrusel que se organizó en las Tulerías para celebrar el nacimiento del Delfín en 1661, y de cuya grandiosa celebración ecuestre sacó su nombre el amplio patio de armas del palacio. El arquitecto Le Vau no sólo dedicaría sus esfuerzos en el palacio de las Tulerías, sino también en remodelar gran parte del palacio del Louvre juntamente con Perrault, autor de la gran columnata de la fachada Este, después de que el proyecto de Bernini (convocado al concurso para la remodelación del Louvre), considerado demasiado costoso y barroco, fuera deshechado.

Proyecto de remodelación del Palacio del Louvre entre 1662 y 1664, para la fachada Este, según el arquitecto Perrault, por encargo de Colbert.

El Palacio del Louvre (fachada Este) con su emblemática columnata obra de Perrault, en una fotografía actual.

Una vez acabadas las obras principales de Versailles, Luis XIV, la Familia Real y el grueso de la corte se trasladaron al nuevo palacio solar en 1681, para instalarse de manera definitiva abandonando las Tulerías que, hasta 1715, no volvería a ser residencia oficial de la monarquía gala con el bisnieto del Rey-Sol, Luis XV.

El Palacio de Las Tulerías desde la plaza del Carrusel, en la 1ª mitad del siglo XVIII.

Después de una estancia en el Real Sitio de Vincennes, mientras se desempolvaba y acondicionaba el palacio de las Tulerías, el jovencísimo Luis XV vino a instalarse nuevamente entre los parisinos. El palacio volvería a ser el escenario de grandes festejos en ocasión de su compromiso con la Infanta Maria-Ana-Victoria de España, hija de los reyes Felipe V e Isabel de Parma. La infanta española sería instalada en los aposentos de la planta baja, reservada a las reinas de Francia, y orientados a los embellecidos jardines, mientras que el rey Luis XV ocupaba los grandes apartamentos de su bisabuelo, en la planta noble y orientados al Patio del Carrusel.

Luis XV de Francia (1710-1774), presentando el retrato de su prometida española, la Infanta Maria-Ana-Victoria de Borbón que, finalmente devuelta a Madrid, sería desposada por el heredero de la Corona Portuguesa.

En 1722, nuevamente, la monarquía vuelve a desdeñar las Tulerías para volver a un Versailles que había caído en el olvido durante 7 años, y que nuevamente volvía a brillar con sus remodelaciones y acondicionamientos. Mientras, el palacio de las Tulerías volvía, técnicamente, a adormecerse por intermitencias, siempre sujeto a las raras visitas del rey y de la corte a la capital del Sena para puntuales celebraciones que así lo requerían. Entre tanto, se había instaurado la tradición de convertir las Tulerías en el centro musical por excelencia de la vida cultural parisina. Aprovechando el Teatro Real sito en el ala Norte, se ofrecían conciertos, óperas y obras de teatro alternativamente, y con gran poder de convocación, puesto que los mejores compositores y músicos europeos solían ofrecer a los parisinos sus últimas composiciones, como Haydn o Mozart. Y, desde que el Teatro de la Comedia-Francesa había ardido por los cuatro costados, la compañía del mismo nombre se instaló en aquel teatro de las Tulerías y parte del Pabellón de Pomona (luego rebautizado Pabellón de Marsan) mientras el Duque de Orléans, que otorgaba su patronato a la compañía teatral, ordenaba la reconstrucción de otro, anexo a su residencia del Palais-Royal, frente al Palacio del Louvre.

La Familia Real Francesa: Luis XVI de Francia y Maria-Antonieta de Austria-Lorena, junto con sus hijos, el Delfín Luis y Madame Royale, Maria-Teresa de Francia; miniatura sobre marfil de 1791.

Incluso se puede decir que, muchas estancias de las Tulerías fueron ocupadas por artistas de toda clase, con privilegio otorgado por el Rey y pensionados por la Corona: pintores, escultores, bailarines, actores ... que, en 1789, tuvieron que abandonar sus "habitaciones" palaciegas para que se instalasen los reyes "cautivos": Luis XVI, Maria-Antonieta, sus hijos, las princesas Adelaida, Victoria y Sofía (tías del Rey), la Princesa de Lamballe, la Marquesa de Tourzel (aya del Delfín y de Madame Royale), el Duque de Brissac (Capitán de los Cien-Suizos) y el Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey (que iba por turnos). Los revolucionarios, tras asaltar Versailles, habían conminado a la monarquía a regresar a París, y el Palacio de las Tulerías le era asignada como residencia oficial.

El 10 de Agosto de 1792, los federados y el pueblo de París asaltan el Palacio de las Tulerías, masacrando a la Guardia Suiza que lo defendía. Poco antes, la Familia Real había abandonado el palacio para refugiarse en el seno de la Asamblea Nacional, que ocupaba una de las dependencias anexas de las Tulerías.

En ese crucial momento de la historia de Francia, las Tulerías conocieron horas tumultuosas y angustiantes. Las peores fueron durante la jornada del 10 de agosto de 1792, cuando los federados y los obreros, el populacho en suma, asaltó el palacio amenazandolo con los cañones que se habían traído de los Inválidos, pese a la heroica defensa de la Guardia Suiza. Justo a tiempo, la Familia Real consiguió salir para pedir asilo y refugiarse, indemne, en el seno de la Asamblea Nacional -la cual dictaminó la abolición de la monarquía en Francia-, mientras los asediantes masacraban a los valerosos Suizos. Luego, la chusma se libró a un pillaje indiscriminado: robos, saqueos y vandalismos de todo tipo, sin que nadie pudiera impedirlo por temor a acabar linchado.

El Palacio de Las Tulerías, tal y como era a finales del siglo XVIII; en primer plano, el Pabellón de Flora y la Gran Galería del Louvre, dominando los muelles de las Tulerías y del Louvre sobre las aguas del Sena.

El palacio de las Tulerías vendría a ser la nueva sede de las sucesivas asambleas revolucionarias, mientras la Familia Real era encerrada en diversas celdas de la siniestra torre del antiguo palacio del Temple, antesala de la guillotina que les esperaba en la ex-plaza Luis XV rebautizada como "Plaza de la Revolución" (hoy día Plaza de la Concordia), al extremo Oeste de los jardines de las Tulerías.

Busto de Napoleón I Bonaparte (1769-1821), Primer Cónsul vitalicio de Francia en 1800.

La Iª República, o mejor dicho la Revolución, acabó siendo derrocada por un golpe militar liderado por un general oriundo de Córcega y de estirpe noble: Napoleón (de) Bonaparte (el 3 de noviembre de 1799). Con él, se inaugura el Consulado (1800) y el palacio de las Tulerías vuelve a ser la residencia oficial, por excelencia, del poder. Casado con una aristócrata criolla, viuda de otro general guillotinado, la vizcondesa Josefina de Beauharnais alias "Madame Bonaparte", tenía ésta a su cargo a un niño, Eugène, y a una niña, Hortense, a los que Napoleón adoptó como propios, tras casarse con ella por lo civil.

Josefina de Beauharnais (1763-1814), esposa de Napoleón Bonaparte, Primer Cónsul de Francia, antes de convertirse en emperatriz de los Franceses.

Es Bonaparte, Primer Cónsul vitalicio de Francia quien, llevando del brazo a su señora por las ajadas estancias palatinas hasta las antiguas habitaciones reales, donde aún se leen grafitis con consignas revolucionarias de 1792, le invita con un: "venid a tumbaros en la cama de vuestros reyes".

Junto con el proyecto de convertir en museo el antiguo palacio del Louvre, Napoleón Bonaparte invita a sus arquitectos e interioristas a reacondicionar y redecorar las Tulerías, y de paso, se vuelve a la vieja idea del "Gran Dibujo" que planea conectar y cerrar con una nueva ala (la de Rohan) sobre la calle Rívoli, partiendo del Pabellón de Marsan, los dos palacios para formar uno solo.

El Proyecto de Napoleón I: Plano general del "Gran Dibujo" previsto para el Gran Louvre, abarcando el Palacio de Las Tulerías y el vecino Palais-Royal y el Teatro de la Comedia-Francesa.

Plano general del Palacio de Las Tulerías, diseñado para Napoleón I.

Cuatro años más tarde, en 1804, Napoleón se proclama emperador de los Franceses y se corona a si mismo en la catedral de Notre-Dame de París. Las Tulerías, escenario de los festejos, pasa entonces a ser la residencia imperial de invierno. Los castillos reales de Saint-Cloud y de Fontainebleau, así como el Grand Trianon de Versailles, pasan a ser residencias secundarias de la corte imperial dependiendo de las estaciones.

En 1814, cae el Imperio y Napoleón es exiliado en la Isla de Elba. Con el retorno de los Borbones y de la proclamación del rey Luis XVIII, el palacio de las Tulerías conserva su papel de residencia oficial. Pero, con el retorno inesperado de Napoleón y las sucesivas adhesiones a su persona, Luis XVIII y su familia tendrán que huir nocturnamente de palacio para encaminarse a Bélgica. Las Tulerías son abandonadas: Napoleón opta por residir en el Palacio del Elíseo en esas horas tan difíciles. Tras la derrota de Waterloo y su captura por los ingleses, Napoleón acabará en la lejana Isla de Santa-Elena, mientras Luis XVIII y la Familia Real vuelve a instalarse nuevamente entre las paredes de las Tulerías (1815).

Luis XVIII de Francia (1755-1824), Rey de Francia entre 1814 y 1824; según Jacquotot, c.1816.

En 1824, Luis XVIII fallecerá en palacio tras una larga agonía. Alrededor de las Tulerías, se habían "tapizado" calles y plazas, incluso el Patio del Carrusel, con abundante serrín, para evitar al rey agonizante los molestos ruidos de los carruajes con sus traqueteos, y de las pezuñas equinas golpeando los adoquines... ; se prohibió a todos los transeuntes de paso por la zona, a hablar en voz alta y a hacer ruido. Por unas semanas, los ocupantes de las Tulerías tuvieron la sensación de vivir en el campo, con el único ruido de los pájaros con sus cantos y gorgoritos. Algo impensable en una ciudad tan bulliciosa como París.

Retrato de Carlos X de Francia (1757-1836), Rey de Francia entre 1824 y 1830, según Lawrence c.1825.

Seis años más tarde, con un París en plena efervescencia revolucionaria (1830), los parisinos asaltaban el palacio de las Tulerías cargando contra la Guardia Real. El rey Carlos X y la Familia Real no estaba en "casa", sino veraneando en el castillo de Saint-Cloud, a pocos kilómetros de la capital. Tres días de insurrección popular bastaron para derrocar a Carlos X y a su gobierno ultra-conservador encabezado por el príncipe Jules de Polignac.

El 29 de Julio de 1830, los parisinos atacan el Palacio del Louvre defendido por la Guardia Real (vista desde el Pont-Neuf, presidido por la estátua ecuestre de Enrique IV).

Las consecuencias para el palacio no fueron graves aunque, como el Louvre, sufrió un asalto en toda regla. Algunos cristales rotos, algo de vandalismo y un pillaje momentáneo que no fue más allá: los parisinos, pasada la fiebre revolucionaria, devolvieron puntualmente todos los objetos de valor, muebles y enseres que habían sustraído durante aquellas tres jornadas con la promesa de una amnistía general. Y es que el popular Duque de Orléans, propietario del Palais-Royal, vecino al Louvre y no muy lejos de las Tulerías, había aceptado convertirse en el nuevo rey de los Franceses después de muchas dudas y presiones.

Luis-Felipe I de Orléans (1773-1850), Rey de los Franceses entre 1830 y 1848, según Winterhalter.

Como sucesor de Carlos X, Luis-Felipe I y su esposa la reina Amalia se instalaron con su numerosa familia entre las paredes del palacio de las Tulerías y contribuyeron, con nuevas obras, a una remodelación interior de las estancias. Lo más novedoso sería la decisión de los reyes en dormir en la misma habitación, en la planta baja del Pabellón Bullant, cuyas ventanas daban directamente a los jardines. Una costumbre, desde luego, muy burguesa y que convenía al carácter sencillo de la real pareja.

El Palacio de las Tulerías en una acuarela de mitades del siglo XIX, visto desde la terraza que da al Muelle de las Tulerías. A la extrema izquierda, el Pabellón de Marsan y a la extrema derecha del cuadro, el Pabellón de Flora, enmarcando el conjunto dominado por el Pabellón Central o Pabellón del Reloj.

Pero otra revolución, la de 1848, barrería también a esa monarquía burguesa para declarar la IIª República. El palacio sufrió nuevamente al huir los reyes: blanco de la ira popular, la chusma irrumpió en las Tulerías y se libró al vandalismo, llevándose la peor parte la sala del trono, que fue totalmente desmantelada, arrasada; su rico mobiliario junto con el trono y el dosel, fueron tirados por las ventanas, pisoteados y quemados en una pira con otros símbolos de la monarquía y cualquier objeto que llevase la insignia de la Corona.

Claramente, en ese gesto de vandalismo destructor, vemos el deseo popular de que no se conservase recuerdo alguno de la realeza y, para asegurarse de que no volvería (o quizá para acabar con esa sempiterna dinámica del vaivén de la monarquía como régimen, que se asemejaba a una maldición), quemaron en una gigantesca fogata todo lo que la simbolizaba.

Napoleón III Bonaparte (1808-1873), Presidente de la IIª República y luego Emperador de los Franceses entre 1852 y 1870, según Winterhalter c.1855.

Muy a pesar del "sacrilegio", la IIª República cometió el craso error de elegir como presidente al príncipe Luis-Napoleón de Bonaparte, sobrino del emperador Napoleón I e hijo de la reina Hortensia de Beauharnais, consorte de Luis Bonaparte, rey de Holanda. Éste, una vez instalado en el Palacio presidencial del Elíseo, dio su golpe de Estado y se autoproclamó emperador de los Franceses en 1852, tomando el ordinal de Napoleón III. Puesto que había nuevamente monarquía en Francia, el emperador se instaló en las Tulerías y, luego, contrajo matrimonio con una aristócrata española, María Eugenia de Palafox-Portocarrero y Kirkpatrick de Closeburn, condesa de Teba y de Montijo y Grande de España, aunque más conocida como "Eugenia de Montijo", y cuya hermana era duquesa de Berwick y de Alba.

Eugenia de Montijo (1826-1920), Emperatriz de los Franceses, según Winterhalter, c.1855

Con el IIº Imperio, las Tulerías vivieron su época de esplendor más sonada gracias a las grandes fiestas y los bailes de la corte imperial. Hubieron nuevas remodelaciones y reacondicionamientos en palacio, sin reparar en gastos y suntuosidad. Paris también vive su gran momento: el Barón Haussmann emprende obras urbanísticas titanescas, para modernizar la capital del Sena; se excavan los primeros túneles para el tren subterráneo metropolitano, más conocido como el "metro", y se inician las obras del palacio de la Opera de París.

Vista en perspectiva del "Grand Louvre" definitivamente unido al Palacio de Las Tulerías por las alas de Rohan y de Richelieu que dan a la calle de Rívoli.

Por otro lado, Napoleón III reemprende el sempiterno y nunca concluído "Gran Dibujo" del Gran Louvre unido al Palacio de las Tulerías. Se termina el Ala de Richelieu que une y cierra, definitivamente, el espacio existente entre los dos palacios convirtiéndolos en un único y grandioso edificio, el mayor de Europa en extensión. El arco de triunfo del Carrusel, que Napoleón I alzó frente a las Tulerías y ante las puertas de la gran verja, sirve de punto divisorio entre el palacio del Louvre y la residencia imperial de las Tulerías.

Vista aérea del Palacio de Las Tulerías y de sus jardines, delimitados por la Plaza de la Concordia, punto de partida de los Campos Elíseos que llegan hasta la Plaza de L'Étoile, donde se yergue el Arco de Triunfo construído por Napoleón I.

El encanto, la belleza y la elegancia de la emperatriz Eugenia, alabados por toda Europa, fueron decisivos en la popularidad del régimen. Pero fue un canto de cisne que precedía su final, el definitivo para el palacio parisino.

Cuando Napoleón III es derrotado por el enemigo prusiano en Sedan (1870), y cae prisionero, se inicia la debacle, el descalabro del IIº Imperio. La regencia, asumida por la emperatriz Eugenia, no puede hacer frente al descontento popular creciente y a los desordenes. Los prusianos, que han invadido Francia y se han anexionado Alsacia, proclaman emperador de Alemania a su rey Guillermo I en la galería de los Espejos de Versailles; incendian el castillo real de Saint-Cloud y cometen todo tipo de excesos. París se subleva y, amenazada, la emperatriz huirá despavorida para exiliarse en Gran-Bretaña con su hijo. En mayo de 1871, durante la "Semana Sangrienta", estalla la guerra civil; los insurgentes de la comuna asaltan las Tulerías y le pegan fuego, como al Palais-Royal y a otros edificios oficiales, en su intento de retrasar el avance de las tropas versallescas del gobierno provisional.

El Palacio de Las Tulerías en 1871 (fachada a la Plaza del Carrusel), justo antes del terrible incendio. Abajo, la fotografía del palacio desde el mismo ángulo y después de haber sido arrasado, a lo largo de 3 días, por la tremenda deflagración. Tan solo permanece en pie la carcasa...

En pleno incendio, la deflagración amenaza incluso con reducir a cenizas el Palacio-Museo del Louvre pero, gracias a la valentía de su director y de sus guardianes, se consigue que las llamas no pasen más allá de los pabellones angulares de Marsan y de Flora. Hasta 1882, de las Tulerías tan solo subsisten sus ruinas ennegrecidas, y el Gobierno de la IIIª República decide arrasarlas hasta los cimientos y suprime deliberadamente, de paso, un símbolo de la monarquía.

Un rico mobiliario intacto

Hay, sin embargo, un dato muy interesante que aportar sobre el incendio de las Tulerías, provocado por los comuneros. El entonces director del Museo del Louvre y sus empleados, cuya memoria es honrada por la posteridad, por su valerosa actitud y su gran coraje en unos días tan críticos, se emplearon a fondo para rescatar gran parte de los preciosos muebles, cuadros, cortinajes, tapices, candelabros, péndulos de sobremesa y otros enseres de gran valor del palacio de las Tulerías, sorteando las llamas y los escombros. Tan admirable gesto hizo posible que, a día de hoy, se conserve casi todo el mobiliario regio que decoraban las magníficas estancias del palacio que fue reducido a cenizas. De hecho, si hoy día se llevase a cabo la reconstrucción del Palacio de las Tulerías (como se pretende hacer desde el 2002), se podría amueblar de nuevo con todo su mobiliario original, el mismo que fue valerosamente salvado de las llamas por aquel director del museo del Louvre. Tan solo habría que reproducir las primitivas tapicerías de seda que cubrían las paredes, los revestimientos de maderas y puertas talladas y doradas al pan de oro y las grandes arañas de cristal y bronce dorado, lo cual sería harto beneficioso para el sector artesano amenazado por la desaparición de esos oficios artísticos y para combatir el paro en esos tiempos de crisis.

-Fin 1ª Parte-

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