Una de las versiones que circulan para explicar la frase "estar entre Pinto y Valdemoro" está referida a ciertos "vicios reales". Los monarcas de la Casa de Austria visitaban muy frecuentemente la localidad de Valdemoro, ya que era su lugar de descanso en el camino hacia Aranjuez.
Había situada entre Pinto y Valdemoro una casa de mala reputación, la cual frecuentaba uno de estos reyes con bastante asiduidad (Felipe IV). Así, cuando alguien preguntaba dónde estaba el rey, por no decir el sitio verdadero, decía que estaba "entre Pinto y Valdemoro", palabras que todo el mundo entendía.
Sin embargo, la versión que se tiene como más fiable, se refiere a la calidad de los vinos. Valdemoro tenía uno de los vinos con más calidad de todo el reino, hecho que se demuestra al ser el vino que se consumía en la Casa Real, y que además obtuvo numerosos beneficios por parte de ésta. En Pinto también tenían vino, pero de una calidad bastante inferior al de Valdemoro.
De esta forma, cuando alguien tomaba un vino que no era ni bueno ni malo, decía: "está entre Pinto y Valdemoro". Por eso ahora la frase se emplea al referirse a algo que está entre dos cosas extremas.

Oí decir a mi padre, arriero vendedor de chorizos que portaba a lomo de mula desde Ledrada, famosa con Candelario por sus productos chacineros en las estribaciones de la Sierra de Béjar (Salamanca), algo que puede ilustrar la cultura hispana. En sus correrías por los pueblos de Madrid y Toledo, con frecuencia pasaba las noches en las posadas y ventas de la Región. Vendía su género tanto en Pinto como en Valdemoro, habiendose establecido ya como centro de operaciones el pueblo de Griñón, muy cerca de las poblaciones de referencia. Yo era aún un niño en la década de la posguerra civil, y al calor de la lumbre de leña nos relataba las aventuras de arriero vendedor. Una de ellas, era que ENTRE PINTO Y VALDEMORO ya no había el legendario arroyo ni el borrachín que en un traspie se cayó en mitad del agua, que ya no estaba aquella casa de prostitución supuestamente frecuentada por Felipe IV de la Casa de Austria en su parada obligada entre Madrid y Aranjuez, sino lo que había en los límites entre Pinto y Valdemoro era el VENTORRO DEL TIO BAILA, donde él y otros de la recua arriera se hospedaba con sus caballerías y carruajes toldados. Muchos años han pasado desde entonces, mi padre Joaquín Sánchez, el Choricero de Ledrada murió en 1945 y sus restos descansan en Griñón. Yo ya soy septuagenario y me produce gran ilusión cuando paso de vez en cuando entre Punto y Valdemoro. Me pregunto, ¿quedará algún descenciente del Tio Baila?, pues ya se que el Ventorrillo aquel quedó para la historia, hoy sobre aquellos terrenos se levanta todo un complejo industrial. Joaquín Sanchez O.H. (hijo) Msionero en Argentina