EL INFANTE DON LUÍS DE BORBÓN

1727-1785

-IIª Parte-

El Cuarto del Infante Don Luis

El infante tenía a su servicio, desde los 7 años, lo que se conocía como "el Cuarto del Infante", pequeña corte dotada de una numerosa servidumbre nombrada por el rey o directamente por don Luis, y en la que habían capellanes, médicos, sangradores, cirujanos, tapiceros, sastres, pintores, escultores, relojeros, arcabuceros, cerrajeros, etc., así como un buen número de personal para proveer de todo lo necesario para la caza de Su Alteza Real.

Desde 1757, el pintor genovés Francesco Sasso fue profesor de dibujo del Infante Dn. Luis en el Palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia). Tras la muerte de la reina viuda Isabel de Parma, Sasso pasó al servicio de Don Luis como su pintor de cámara. También gozaron de su protección Jacinto Gómez Pastor, Manuel de La Cruz, Antonio Giovanni Barbazza, Charles J. Flipart, Antonio Ponz Piquer o las pintoras Ana Mª Mengs y Francisca Menéndez.

A partir de 1774, el pintor Paret, además de granjearse la protección de don Luis, el cual le pagó sus estudios en Roma, ganó también su amistad y confianza en asuntos más intimos; por lo visto le organizaba las correrías amorosas haciendo función de alcahuete, no sin escándalo pues el asunto trascendió hasta oídos de Carlos III. En represalia, el rey desterró a Paret a Puerto Rico en 1775, y alejó al infante de la corte de Madrid. La enemistad del severo y desagradable Padre Eleta (apodado "el Alpargatilla"), confesor de Carlos III, determinó la condena con más ensañamiento.

El embajador francés en Madrid relata: "el Infante don Luis tiene una predilección muy violenta por las mujeres. Hace tres o cuatro años que el rey, su hermano, informado de estas citas secretas, trató de poner fin a ello sin escándalos; el infante se hizo curar de una cierta enfermedad muy común en España y todo pasó bien; pero este príncipe, impulsado por su temperamento, se había buscado los medios para disponer de tres chicas a las que veía alternativamente durante los días de caza en el bosque, en los momentos en que estaba alejado del rey, a quien acompañaba siempre (....) en cuanto a las chicas y sus parientes, han sido echados y perseguidos."

Don Luis pidió disculpas al rey y volvió a pedirle permiso para contraer matrimonio.

Matrimonio y Destierro

Retrato de la Infanta Maria-Josefa de Borbón (1744-1801), hija de Carlos III y de Maria-Amalia de Sajonia, según Mengs / Abajo, retrato en miniatura del Infante Don Luis de Borbón, XIIIº Conde de Chinchón, en la década de 1770.

El rey se vió finalmente en la obligación moral de proporcionar matrimonio a su hermano Luis, aunque sin por ello dejar de proteger los intereses de sus herederos. Así pues, y para asombro del Infante, le propuso matrimonio con su propia hija la Infanta Mª Josefa, suponiendo el rey que por ser pequeña y contrahecha, seguramente su hermano no obtendría descendencia. Aunque en un principio la infanta aceptó, se echó atrás por temor a que su tío no estuviese del todo curado de su enfermedad venérea.

En 1776, abortado el proyecto de boda con su propia hija y ante la urgencia de su hermano, Carlos III accedió por fin a su boda pero, como no deseaba dejar el menor detalle al azar que pudiese aprovechar don Luis o sus futuros hijos para reclamar el trono, dictó una pragmática mediante la cual se apartaba del trono a todo infante que se casara con persona que no fuera de sangre real o cuyo matrimonio no fuere consentido por el rey. Y en el caso de que tal matrimonio se produjera, los hijos habidos no heredarían ni el apellido ni las armas de los Borbones españoles.

Carlos III pudo maniobrar a sus anchas ya que su hermano no discutió los términos de la pragmática, dado su falta de carácter y su escasa ambición; se limitó a solicitar al rey la licencia real para su matrimonio. Le corría prisa y firmó conforme su renuncia y lo que hubiere hecho falta.

Luis Antonio no estaba enamorado de dama alguna y la tan deseada esposa fue buscada entre las más idóneas. Inmediatamente muchas familias nobles propusieron a sus hijas, como una del duque de Parque o una sobrina del marqués de Campo Real. La elección recayó finalmente en una modesta sobrina del marqués de San Leonardo, que vivía recogida en la casa de éste en el Real Sitio de La Granja, siendo su tía la marquesa quien, velando por los intereses de la joven, había aireado su candidatura. El tío de la muchacha la definió "de buena cara, buena índole, sumo recogimiento, mucho entendimiento, mucha inocencia y gran educación."

Retrato de Maria-Teresa de Vallabriga y Rozas, XIIIª Condesa de Chinchón (1759-1820), según Goya en 1783.

Se llamaba María Teresa de Vallabriga y Rozas, nacida el 6 de noviembre de 1759 en Zaragoza (era pues 32 años más joven que el infante), y pertenecía a una buena familia de la nobleza aragonesa: era hija de un coronel del ejército de voluntarios de a caballo y de la condesa viuda de Torresecas; quedó huérfana en 1773. Los novios solo se habían visto fugazmente en los jardines de La Granja, y al infante pareció gustarle la tierna pollita maña.

Como regalo de compromiso, don Luis le ofreció muchas y valiosas joyas, entre ellas un hermoso collar de 1.114 diamantes por valor de 143.410 reales.

La boda se celebró en la capilla del palacio de los duques de Fernandina en Olías del Rey, el 27 de junio de 1776. Como único festejo añadido al ceremonial hubo una serenata especialmente compuesta por Luigi Boccherini. Por lo demás, todo transcurrió en la más estricta intimidad. La luna de miel se pasó en el palacio de los condes de Altamira, en Velada, donde llegaron el 3 de julio, y tomaron residencia en una finca cercana mientras el rey les buscaba una residencia fija y bien alejada de la corte.

De allí partieron a Cadalso de Los Vidrios, hospedándose en el palacio de Villena. Fue allí donde les nació el 1er retoño, un varón llamado Luis María el 22 de mayo de 1777...

Pero la estancia se acortó inesperadamente: los servidores de palacio trataron de modo tan altanero a los vecinos del pueblo, que éstos acabaron apedreando el palacio y forzando a la familia a buscar nueva residencia. Y fueron a parar a Arenas de San Pedro, lugar que ya gustó al infante por ser un excelente paraje de caza, cuando pernoctó anteriormente en la casa de los señores Lletget, en el curso de una de sus cacerías. En 1778 fijaron definitivamente su residencia en Arenas, ocupando el palacio viejo de los duques de Frías, mientras su séquito era alojado en muchas casonas y corrales del lugar. Allí nació su 2º hijo varón, Antonio Mª el 6 de marzo de 1779. Desgraciadamente, el niño falleció en diciembre del mismo año.

El ayuntamiento de Arenas de San Pedro les cedió algunas tierras para la edificación de un nuevo palacio a cambio de la financiación de ciertas obras públicas necesarias en el pueblo, como la fuente de la Regala, la canalización del arroyo Guisete, etc. Y en 1780 se empezaron las obras para levantar el Palacio de La Mosquera.

El mismo año, la hermana del infante, Maria-Ana-Victoria de Borbón, reina de Portugal, le rinde visita en Arenas encontrándole triste y abatido. El 25 de agosto de 1780, don Luis redactó su testamento y se lo comunica a su amigo don José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca; sin embargo, y dos años después, el infante lo actualizó y añadió nuevas cláusulas porque su esposa había parido el 26 de noviembre de 1780 a una niña, Mª Teresa Josefa, y el 6 de junio de 1783 a otra, Mª Luisa Fernanda, ambas en el Palacio de Velada, pues parece ser que a Dña. Mª Teresa de Vallabriga, Condesa de Chinchón, le daba miedo volver a alumbrar en Arenas de San Pedro.

El matrimonio de los Condes de Chinchón

"La Familia del Infante Don Luis de Borbón", lienzo en el cual el pintor Goya inmortalizó a la pequeña familia del hermano de Carlos III y su servidumbre entre 1783 y 1784. El artista se encuentra en la penumbra y de cuclillas frente a su lienzo, a la extrema izquierda del cuadro. 

En 1783, el Infante don Luis y su esposa, Maria-Teresa de Vallabriga, XIIIº Condes de Chinchón, e hijos, se trasladaron al nuevo palacio, aún en construcción, de Boadilla del Monte. Ventura Rodríguez dotó el palacio de jardines, escalinata, torreones, oratorio, etc. El Infante pasaba sus horas entre la caza y una gran dedicación a sus preciados libros, sus colecciones de arte y aficiones artísticas y científicas. Fuera de su vida familiar, don Luis seguía acudiendo a la corte madrileña de su hermano el rey Carlos III, donde no podían ser recibidos ni su esposa ni sus hijos.

Parece ser que fue Ventura Rodríguez, o puede que el propio conde de Floridablanca, quien llevó a Francisco de Goya a conocer al Infante don Luis, con el que al parecer mantuvo cordiales relaciones. En la pequeña corte del Infante, el pintor gozó de sus primeros triunfos y éxitos. Durante el año de 1783, realizó varios retratos al matrimonio y a sus hijos. Entre 1783 y 1784, Goya llegó a pintar no menos de 17 cuadros, cuadros que decorarían las paredes del palacio de Boadilla del Monte. A partir de entonces, y gracias al patronato del Infante don Luis, los personajes ilustrados de la corte descubren el talento de Goya y comienzan a encargarle retratos.

Goya recuerda con agrado su estancia en Arenas, y conmovido cuenta por carta a su amigo Martín Zapater sobre sus cacerías con don Luis: "He salido dos veces a cazar con Su Alteza y tira muy bien, y la última tarde me dijo sobre tirar a un conejo; este piamontés aún es más aficionado que yo."

Con el tiempo, el ambiente familiar fue enrareciéndose y acabó en interminables altercados domésticos. Se llegó a rumorear que la Condesa de Chinchón mantenía relaciones con cierto sirviente llamado Francisco del Campo, que fue trasladado a Madrid. La casa del infante había caído en el mayor desorden, del que se culpaba a su esposa, tachándola de orgullosa, altanera y maleducada. El Infante vivía intimidado por ella quien llegaba al insulto público más descarado. El confesor de don Luis, fray Urbano de Arcos, escribió al ministro Floridablanca:

"...es muy regular que a S.A. le haya precisado a hacer las vajezas, que acostumbra, como pedir perdón de rodillas, con los demás, que con harto dolor mío, he presenciado otras veces."

Enfermedad y muerte

En 1785, el Infante acudió a la Corte para la doble celebración de las bodas de los Infantes Carlota-Joaquina y Gabriel con príncipes portugueses. Volvió muy enfermo y resentido al conocer la consideración desigual de que siempre había sido objeto por parte del rey su hermano.

Goya comenta el 30 de marzo de 1785, por carta a su amigo Zapater:

"Ayer fue el Rey con su familia a Atocha, el pobre Infante Don Luis no pudo salir a despedirles, pues se encontraba en el Palacio, está muy malo. Hoy le he besado la mano por despedida, que se marchaba a su casa de Arenas, le he visto a menudo estos días y creo que no saldrá de ésta..."

Los síntomas eran de neumonía o de cáncer del aparato digestivo, según parece.

El rey le escribe el día 5 de agosto:

"...hermano de mi vida y de mi corazón: he recibido con el mayor gusto tu carta... pero siento más infinito lo que me dices que a veces no puedes llegar al cazadero por lo débil que estás..."

La enfermedad empeoraba y se pidió permiso al rey para trasladar al Infante al clima más fresco de Boadilla, pero concedida la autorización, se negó Don Luis a viajar por no poder hacerlo con su familia. A fines de junio, no pudo escribir a su hermana, la reina de Cerdeña, por encontrarse muy débil. El 5 de agosto recibía la extrema unción y escribe su última carta al rey:

"Hermano de mi alma, me acavan de sacramentar, te pido por el lance en que estoi que cuides de mi muger y de mis Hijos y de mis pobres criados y a Dios."

La muerte le sobrevino el 7 de agosto de 1785, a las 05 h. 45 de la mañana.

Dió orden en su testamento de que se diesen 2.000 misas por su alma y ser enterrado en la capilla de su palacio de Boadilla y, si no era posible, en la de Chinchón. Sin embargo, Carlos III ordenó que se le diese sepultura en la Capilla Real del Santuario de San Pedro de Alcántara, centro de espiritualidad de toda la comarca.

También decretó el monarca, que se guardara luto por 3 meses en la corte, el primero de ellos riguroso. El cadáver del Infante permaneció 5 días de cuerpo presente, por voluntad del mismo y en pleno mes de agosto, como queriendo que su hermano se desplazara a Arenas, cosa que no hizo Carlos III.

Le dieron sepultura el 11 de agosto, el féretro se cerró con 3 cerraduras, una de plata y dos de bronce, una permaneció en el convento y las dos otras se las dieron al rey.

De su familia también dispuso el rey. La altanera Maria-Teresa quedó confinada en su palacio de Arenas hasta 1792, y la educación de sus hijos fue encomendada al arzobispo de Toledo, trasladando a Luis María al palacio arzobispal y a sus hermanas al monasterio cisterciense de las Bernardas de Toledo. Los tres hermanos iban, posteriormente, a participar activamente en los acontecimientos liberales de principios del siglo XIX.

El Infante Don Luis dejó una sustanciosa herencia a su hijo Luis María. Quedaban las fincas de Velada y de Arenas, el condado de Chinchón, el señorío de Boadilla del Monte, una importante colección de animales disecados, un diminuto zoológico, el gabinete de ciencias con instrumentos físico-matemáticos, un incipiente laboratorio de física y astronomía, la enorme biblioteca (acrecentada con la colección del marqués de Gamoneda) y una muy notable pinacoteca y galería de arte con obras de Da Vinci, Guido Reni, Anton Raphael Mengs, Andrea del Sarto, Coello, Durero, etc.

El Infante, junto a su sobrino el Infante Don Gabriel, fue el más culto e interesado por las artes del siglo XVIII.

En 1800, los restos del Infante Don Luis fueron trasladados, con todos los honores de príncipe real, al Panteón de los Infantes de El Escorial, por orden expresa del rey Carlos IV. De este modo, se reparó la injusticia cometida por Carlos III.