El Rey Gustavo III & el Café

Retrato del rey Gustavo III de Suecia (1746-1792), según el artista Lundberg.

El rey Gustavo III de Suecia estaba convencido de que el café, por entonces tan de moda entre la nobleza europea, era un veneno. Para demostrarlo, ordenó a un reo tomar café todos los días y a otro a tomar té. El experimento, que fue seguido por una comisión médica, fue un fracaso: los primeros en morir fueron los médicos de la comisión, después el rey (asesinado en 1792), muchos años más tarde el condenado a beber té y por último el bebedor de café.

Se sabe que el café fue casualmente descubierto por un pastor de cabras de Abisinia -actual Etiopía-, el cual observó el efecto revigorizante del fruto rojo en su rebaño. No es hasta el siglo XV cuando el entonces llamado "qahwa" (bebida revigorizante) empezó a popularizarse en el mundo árabe. Importado a Europa en el siglo XVII, hizo furor en Inglaterra hasta el punto de que, a finales de siglo, se registraban unas dos mil cafeterías por todo el Reino Unido. Tanto la Iglesia Católica como la Protestante intentaron, en un principio, demonizar el brebaje como en el caso del tabaco importado de América, a imagen y semejanza del Islam en el siglo XVI. Sin embargo, la afición del papa Clemente VIII por ese bebedizo contribuyó a que tuviera una paulatina aceptación.

En 1686, el Café Procope de París abrió sus puertas ofreciendo una novedosa forma de preparar el café: moliéndolo y filtrándolo con agua hirviendo.