EL DUQUE DE LAUZUN -17-
el 21 sep En: Biografías - 1 comentario
EL DUQUE DE LAUZUN
LA EXTRAORDINARIA VIDA DEL GRAN FAVORITO DE LUIS XIV
-Parte XVII-
La Cura de Bourbon y las Galanterías Peligrosas
Louise-Antoinette Thérèse de La Châtre, Marquesa y futura 1ª Duquesa de Humières.
El ambiente de Bourbon (hoy Bourbon-L'Archambault), agradable pequeña villa termal donde las damas y grandes señores, entre dos baños, venían principalmente a divertirse, era en ella misma una tentación. Nada más llegar el conde de Lauzun a la estación termal, los duques de Nevers y de Vivonne le mandaron sus cumplidos por su liberación, luego una mujer, Louise-Antoinette de La Châtre, mariscala-marquesa de Humières, que se aburría mortalmente, buscó su amistad y compañía. ¿De qué modo se hubiera negado Lauzun a tan agradable compañía, teniendo en cuenta que aquella dama era aún hermosa pese a sus cuarenta y seis años? Era siete años más joven que la Gran Mademoiselle y, además, era la esposa de una criatura del todopoderoso ministro de la Guerra*, razón de más para frecuentarla!
Pronto se dio lugar a pequeñas cenas refinadas y galantes, en casa de la mariscala o en la de la condesa de Nogent, que había acudido a Bourbon para reunirse con su amado hermano. Barrailh, al tanto de esas novedades, suplicó en vano a su amigo recién liberado de abandonar semejante intrigante "en su teatro habitual, que es el de correr a todas partes, de buscar a engañar a todo el mundo y de tomar el pelo a poca gente porque nadie confía en ella"...
Lauzun multiplicaba las fanfarronadas y las declaraciones imprudentes. Todas ellas automáticamente repetidas a Louvois y a la Gran Mademoiselle, porque cada uno tenía su propio informador: desdeñaba seguir al pie de la letra las prescripciones de la cura y el tomar las aguas, presumiendo tener la mejor salud del mundo, de haber fingido estar enfermo para salir de Pignerol, anunciando a quien quisiera escucharle que iba a recuperar en breve su cargo de capitán de guardias-de-corps. Su cuñado, Armand de Belsunce, marqués de Castelmoron y gobernador del Agenais y del Condomois**, que había acudido para hacerle una visita, pasó de regreso por la residencia de la duquesa de Montpensier, en Choisy. Tuvo el poco tacto o la inconciencia de nombrarle todas aquellas personas a las que debía remitir cartas escritas por Lauzun y, entre otras, a la mariscala de Humières que había regresado a París al final de la primavera:
-"Dadme esa que le está destinada; yo se la enviaré..."- dijo la princesa.
Belsunce no pudo negarse. Tan pronto hubo partido el cuñado de Lauzun, atenazada por la curiosidad, Mademoiselle despegó el lacre sellado y leyó la carta llena de tiernas y galantes palabras como a ella le hubiera gustado recibir de él. En esas líneas, Lauzun hablaba de un libro que ella le había prestado y que no pudo devolverle a tiempo. Al no poder verla, se consolaba enviándole mil besos diarios... De rabia, la duquesa lanzó la carta al rugiente fuego de la chimenea y se sentó a su escritorio para dirigir al ingrato una larga y vindicativa epístola. El destinatario respondió protestando que todo lo supuesto no era sino una calumnia, que nada existía entre él y la dama, sin caer en la cuenta que Mademoiselle había tenido la prueba en sus manos y que ésta le pillaría en una de sus mentiras.
A medida que llegaban noticias del conde de Lauzun a Mademoiselle, ésta caía progresivamente en un constante a la par que frenético ataque de celos. Sus caprichos, su humor cambiante, sus estallidos de cólera y de rabia, eran estóicamente soportados por Barrailh, a falta de tener al prisionero a mano. Su pasión por el Gascón la destrozaba. No podía evitar inflamarse de ese impetuoso amor que sentía por él, desbordante, sensual,... propio de una virgen enloquecida. Esos sentimientos, los borraría ella misma en la última parte de sus Memorias tiempo después, por despecho, desilusión y amargura. No entenderíamos nada de su comportamiento si olvidaramos ese furor posesivo e insensato.

La princesa Anne-Marie-Louise de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693), en un grabado de Nicolas de Poilly.
Podemos darnos cuenta en qué mala postura se encontraba Barrailh, sabedor de la inconstancia amorosa del Gascón, de su apetito de viejo fauno. Ante una Mademoiselle encolerizada, balbuceaba, se le tragaba la tierra, aseguraba contra toda evidencia que su amigo le seguía siendo fiel a su modo. Encontró el aplomo de decirle que Lauzun tan solo deseaba vivir como un cartujano siempre y cuando fuera con ella... Con ese bravo y leal servidor, la nieta de Enrique IV se comportaba como una harpía. Sospechaba que llevaba un doble juego, que tan solo perseguía obtener de ella el máximo de bienes para que su amigo se "los comiera con otras damiselas". Temía que le arreglase una ventajosa boda con una rica heredera. Había oído hablar de Marie-Christine de Noailles***, una joven damisela de diecinueve años de rico y alto linaje... ¿De qué modo la princesa, con su desmesurada nariz, sus cabellos canosos y sus arrugas podía competir con semejante pimpollo? Por eso daba extravagantes escenas a Barrailh, cubriéndole de gritos e injurias, pegándole como si fuera un lacayo, haciéndole vigilar en todos sus movimientos. Una vez, lo hizo secuestrar en el Luxembourg. En otra ocasión, le amenazó con un puñal. Fuerte y robusta como era ella, Barrailh tenía sobrados motivos para tenerle miedo, pues no tenía nada de un atleta de feria y era más bien enjuto. El pobre desgraciado no podía hacer otra cosa que huír, refugiarse en alguna posada de los suburbios y dejar que la tormenta amainase para regresar e intentar consolar a esa urraca de humores bruscos y carácter áspero. A Lauzun quien, mientras tanto, seguía divirtiéndose de modo despreocupado, le confiaba sus penas y sufrimientos:
"Mi esclavitud se acerca al de los mártires de antaño. Tan solo Dios lo sabe. Le ruego de todo corazón que me dé la fuerza necesaria...". En otra ocasión escribe: "Deseo de todo corazón que nunca os veáis en la tesitura de afrontar todas las pruebas que he sufrido y de la paciencia que he necesitado. Si os viérais en esa situación, encontraríais más dulce la estancia en Pignerol después de eso...". Añade en otra: "Me cree tan empeñado en vuestra salida, sin preocuparme que os caséis con ella que, sea lo que pueda decir o hacer sobre esto nada le inspira confianza como tampoco tranquilidad. De este modo me encuentro a su vera, soportando mil sufrimientos mucho más horribles que los que hayan podido tener que soportar los mártires."
Todo eso no contribuía en tranquilizar a Lauzun sobre el futuro que le esperaba al lado de su liberadora!
Libertad Vigilada, Chismes y Negociaciones Secretas
En junio de 1681, dado que la temporada de las curas termales llegaba a su término y que la marquesa de Montespan no había podido viajar hasta Bourbon, se decidió, por seguridad, internar al prisionero en la ciudadela de Chalon-sur-Saône, donde el lúgubre Maupertuis mandó enrejar las ventanas de su habitación. Lauzun, que tenía la sensación de haber regresado a Pignerol, hervía de cólera contra ese ángel guardián de carácter veleidoso y mucho más intratable que Saint-Mars. Para colmo de males, se enteró que el mariscal de Luxembourg regresaba a Versailles, después de haber sido exiliado por el rey tras haberse visto implicado en el asunto de los venenos, para reincorporarse en su servicio de capitán de los guardias-de-corps, por lo que Lauzun podía despedirse de su añorado cargo!
Mientras Mademoiselle escupía toda su bilis sobre Barrailh, él descargaba su malhumor sobre su hermana, Madame de Nogent, que había tomado la pena de acompañarle en su nueva cárcel de Chalon. A decir verdad, la situación de Lauzun había mejorado y no era tan mala como lo pretendía... Si permanecía formalmente prisionero, tenía al menos la libertad de recibir a quien quisiera y a escribir cartas a cualquiera de sus amistades, sin restricciones. Todos aquellos que pasaban por Chalon, iban a visitar al prisionero de la ciudadela tras sus barrotes. Peor aún, el ruido de sus galanterías seguía persistentemente llegando a los oídos de la duquesa de Montpensier. La condesa de Chamilly, jugadora empedernida, siempre ruidosa y vulgar, se paseaba por los salones de París enseñando, sin pudor alguno, el puñado de cartas amorosas que Lauzun le había escrito. Mademoiselle de La Motte-Argencourt, pequeña bribona amante del escándalo, no se quedaba atrás difundiendo rumores que hacían babear de rabia a Mademoiselle. Mientras, el marido secreto de esta última, Barrailh, se remangaba para emprender un auténtico trabajo de Penélope, reparando con cura y paciencia los desatinos de la tapicería de su amigo. Intentaba por todos los medios hacer entrar en razón a Lauzun, dictarle una conducta adecuada, repitiéndole que Mademoiselle pensaba entregarle grandes bienes a cambio de su renuncia. Para obtener su completa liberación, era menester evitar a cualquier precio los chismes, dar fácilmente el flanco a las críticas, mostrar una conducta intachable. Le representaba la devoción sin límites de Mademoiselle, que no había cesado de pensar en él en un tiempo en que todo el mundo le había olvidado.

Retrato de Françoise Athénaïs de Rochechouart-Mortemart, Marquesa de Montespan (1641-1707), rodeada de sus hijos habidos con el rey.
De mayo a noviembre de 1681, Barrailh y Lauzun intercambiaron cartas en una correspondencia secreta que fue debidamente analizada y publicada por el historiador y académico duque Auguste de La Force en su día. Esas cartas, en general sin fecha ni firma, empleaban un código para que resultasen ininteligibles a ojos de los curiosos. 'Bien Beau' era el rey, 'Petit' era Colbert, 'Vertu' Louvois, 'Esté' Lauzun, 'Qualité' o 'Vuestro joven abogado' era la marquesa de Montespan, 'La Vie' o 'Vuestro viejo abogado' la duquesa de Montpensier... Las cartas jamás salían desde el Servicio de Correos, dado que estaban en manos del ministro Louvois. Un empleado ministerial demasiado parlanchín, admitió que se abrían las correspondencias que iban destinadas a Lyon y a Chalon, asi que las cartas cifradas eran personalmente llevadas por el caballero de Lauzun o por amigos leales, e incluso por servidores de la marquesa de Montespan, y remitidas a cómplices que se encargaban de hacerlas llegar al prisionero y llevarse las contestaciones. Las cartas de Lauzun solían ser destinadas al abate de Barrailh, hermano menor de su amigo, y enviadas a un tal Sr. Bernard, maese sastre que vivía en la parisiense calle Saint-Honoré junto con la de Bons-Enfants, o a un Sr. Firminy, guarnicionero que tenía su establecimiento en la calle du Chantre, frente a la iglesia de Saint-Honoré.

Plano de la ciudad y ciudadela de Chalon-sur-Saône realizado en el siglo XVII, donde pasó una temporada a buen recaudo el Conde de Lauzun (Biblioteca Nacional, París).
Mademoiselle jamás vio esa correspondencia secreta pero si sospechó de su existencia, por lo que no contribuyó en apaciguar su desconfianza. La angelical paciencia de Barrailh fue ciertamente determinante en la buena marcha de las negociaciones que se entablaron secretamente.

Retrato de Luis XIV, rey de Francia y de Navarra (1638-1715), según un grabado de Larmessin.
La liberación del prisionero, Luis XIV estaba dispuesto en acordarla a condición de respetar las transiciones. No podía ser inmediata: de otro modo, habría sido como negar los diez años pasados en Pignerol. Se acordó entonces que Lauzun se iría exiliado a sus tierras, durante un tiempo, cuestión de hacerse olvidar antes de recibir el completo perdón. Pero las discusiones entre el soberano y su prima-hermana, siempre llevadas por el intermedio de Barrailh y de la Montespan, siempre se encallaban cuando se trataba del tema de la boda con Lauzun, aprobada y luego rechazada por Luis XIV. La princesa no solamente deseaba volver a ver al Gascón, sino también casarse legítimamente con él. De hecho, rechazaba publicitar su donación al duque du Maine mientras no se satisfacieran sus exigencias al respecto. Barrailh tuvo que insistir y presionar a la marquesa de Montespan, por lo que la favorita vino finalmente a decirle que el rey jamás permitiría más boda entre ella y Lauzun que no fuera estrictamente secreta, y que miraría para otro lado si se enterase que el conde iba a medianoche a su casa y salía de allí al despuntar el alba... Asi que, por lo que vemos, el rey se avino finalmente a consentir que una unión secreta se produjera.
La marquesa aconsejaba a la duquesa darle hermosos dominios a su futuro esposo, de manera que permitiera al rey responder a los curiosos que no había de qué extrañarse ante la asiduidad del conde de Lauzun por aquella que tanto había hecho por él. Por su lado, Barrailh repetía esas peticiones a su amigo para subirle la moral. Sin embargo, la Gran Mademoiselle no llegaba a decidirse del todo: ¿acaso no había dado ya bastante?¿qué iba a quedarle después de donar sus mejores feudos al duque du Maine? Muy encariñada con sus posesiones, temiendo quizás la prodigalidad del Gascón, se obstinó durante meses, bloqueando así las negociaciones, pese a los repetidos asaltos de Madame de Montespan, de Barrailh y de Colbert que defendían los intereses del duque du Maine, del conde de Lauzun y del rey respectivamente. Cuando se la presionaba demasiado, la hija de Gastón de Orléans explotaba en una de sus famosas cóleras que la hacían temible!
(*)_Me refiero a Louis IV de Crevant, marqués y luego 1er duque de Humières, mariscal de Francia (1628-1694), protegido de Louvois y marido de Louise-Antoinette de La Châtre, comúnmente denominada 'Mariscala de Humières' en la corte.
(**)_Denominaciones de las regiones de Agen y de Condom, de las que era gobernador militar el marqués de Castelmoron, cuñado de Lauzun.
(***)_Marie-Christine de Noailles casaría en 1687 con un primo del conde de Lauzun, Antoine V de Gramont, IVº Duque de Gramont y Mariscal de Francia (1671-1726).

Lauzun XVIII, por favor