EL DUQUE DE LAUZUN

LA EXTRAORDINARIA VIDA DEL GRAN FAVORITO DE LUIS XIV

-Parte XI-

El Nuevo Huésped de Pignerol

El ministro Louvois había exigido al conde de Saint-Mars que se le informara puntualmente de todo lo que hacía o decía el conde de Lauzun, amén de un informe sobre su salud y estado de ánimo. Puntualmente, por entonces, quería decir escribir una vez por semana un correo aunque fuera para decir que nada había ocurrido.

Al principio, el carcelero y el prisionero se observan. En una carta del 30 de diciembre de 1671, Saint-Mars escribe:

"Me he dado cuenta que mi prisionero desconfía. Las pocas visitas que le hago no deberían haberle llevado a la desconfianza, pero como no quiero entrar en materia con él, finjo no darme cuenta de nada y solo entro en su habitación cuando él mismo viene hasta la puerta de su antecámara para preguntar dónde estoy para que le dé de comer. El domingo me pidió un almanaque para ver las fiestas y domingos, y los días de la semana en la que estaba; le dije que mandaría buscar uno, aunque era casi imposible encontrar uno en francés. Sobre eso, él me dijo que yo era el amo, que mandase darle cien golpes de bastón, que con alegría los recibiría con tal de no encontrarse en Pignerol, que en cualquier otra parte estaría mucho mejor que aqui (...). Está en una aflicción tan grande, que no hace otra cosa que suspirar y patalear; come muy poco pero a cambio se calenta bien; le sirvo buenos platos y lo necesario para su fuego, a pesar de decirme siempre que no lo haga (...). Me preguntó una vez si sabía el por qué de su detención, a lo que le respondí que me guardaba mucho de las noticias por temor a contarlas a nadie."

Retrato de Antonin Nompar de Caumont, VIº Conde de Lauzun (1633-1723), representado con el uniforme de Capitán de Guardias-de-Corps del Rey, llevando por encima una coraza y apoyando una mano en el bastón correspondiente a su cargo; tras él, una vista parcial del Castillo Real de Saint-Germain.

El caso es que Lauzun se encontraba encerrado sin saber el motivo exacto, y para colmo no conseguía sonsacarle nada a su carcelero. Para empeorar las cosas, Saint-Mars espaciaba sus visitas con tal de no tener que soportar su permanente estado de melancolía. Postrado, con la mirada perdida, derrumbado como un hombre al que se entierra en vida, Lauzun comía casi nada y no hablaba, negándose a ver siquiera a su ayuda de cámara, del que desconfiaba con razón. Pero, en realidad, había una buena dosis de comedia en todas sus actuaciones... Se imaginaba que en algunas semanas le liberarían, como cuando lo enviaron a enfriarse en una celda de La Bastilla y, con tal de salir lo antes posible, exageró su desgracia; lamentándose, lloriqueando, rehusando alimentarse, se imaginaba que iba a poder apiadar al carcelero y, sobretodo a través de él, al rey, al que quería escribir, al rey que todo lo podía y que seguía siendo su gran obsesión.

Saint-Mars, que no tenía por costumbre tratar con este tipo de huéspedes, se dejó inicialmente engañar por el Gascón, enviando a la corte las informaciones más inquietantes. Las noticias llegaron a ser tan alarmantes que se creyó que Lauzun estaba perdiendo la cabeza y al borde del suicidio. El gobernador no cesaba de ennegrecer las páginas en las que explayaba sus temores. A las amenazas de suicidio, a las acusaciones de crueldad, a los torrentes de injurias que repentinamente estallaban entre breves momentos de tranquilidad, el gobernador finalmente opuso su glacial semblante, una fría cortesía y un aire plácido que daba a entender al prisionero que ya no le engañaba. Llegó incluso a abstenerse, durante una temporada, visitarle.

A finales del mes de enero de 1672, el ayuda de cámara de Lauzun se quemó accidentalmente la pierna con las brasas de la chimenea, y Saint-Mars tuvo que reemplazarlo por uno de sus criados personales. Las reacciones no se hicieron esperar: Lauzun rehusó tratarlo, tachándolo de espía y prohibiendo que entrase en su habitación. Persistió en su actitud hasta que un día el pobre sustituto del ayuda de cámara enfermó, y entonces se puso a cuidarlo. Con el paso de las semanas, consiguió incluso que el criado estuviera de su parte y sirviese sus intereses. Saint-Mars, extrañado al ver sus deficientes informes diarios de espionaje, decidió relevarle de sus obligaciones para enviarle a la enfermería y, posteriormente, hacerle encerrar durante un mes en una celda capaz de convertir en parlanchines deslenguados a los mudos. El nuevo sustituto del sustituto reveló ser mejor cooperante: cuando Lauzun quiso 'comprarle' con unas monedas de oro, éste rehusó indignado y se fue derechito al despacho del gobernador para informarle del intento de soborno. Saint-Mars constató entonces que el prisionero había conservado en sus bolsillos cierta cantidad de dinero, para mayor disgusto suyo. Y es que, al ingresar en el torreón del castillo de Pignerol, Lauzun no había sido registrado a fondo por deferencia hacia su persona, y tan solo se le invitó a que vaciara sus bolsillos para requisarle cuanto tuviera encima. Por entonces, había entregado 30 monedas y una cajita de lunares en oro. A todas luces, el huésped no lo había entregado todo, por lo que Saint-Mars acudió a su habitación para ordenarle que hiciera entrega inmediata de todo cuanto guardase en sus bolsillos, requisándole tres grandes monedas de oro españolas y un puñado de monedas alemanas.

A finales de febrero de 1672, Saint-Mars informa que Lauzun siempre le pregunta si el ministro Louvois no le ha mandado ningún mensaje, que cuándo podrá disponer de tinta y papel para escribir al rey y al ministro... Pero Louvois no pensaba dar un término a la incomunicación del peligroso Gascón y, al requerimiento de escribir al rey, el ministro mandó decirle que el rey no se lo permitía.

Incansablemente, Lauzun proseguía con su táctica que consistía en hacer hablar de él. Quería, por todos los medios, recordar a la corte su existencia, sus sufrimientos y su presente desgracia. Todos los subterfugios le eran válidos. De hecho, en Saint-Germain o en Versailles, los correos procedentes de Pignerol traían consigo su lote de sorpresas. La corte y los ministros se preguntaban qué iba a inventarse con tal de dar que hablar....

Recreación de la celda y habitación del Conde de Lauzun en el Castillo de Pignerol, según las descripciones de la época, y que constaba de una antecámara (donde pernoctaba su ayuda de cámara) y de una cámara o cuarto donde vivía, comía, rezaba y dormía el prisionero, perfectamente amueblada y con sus paredes de piedra recubiertas con tapicería de Bérgamo.

La noche del 25 de febrero de 1672, Lauzun pega fuego al parquet de su habitación... Saint-Mars lo cuenta en una carta del 27 de febrero: "Anteayer por la noche, ha prendido fuego al parquet de su cuarto; ha quemado un extremo de plancha de nogal, que es extremadamente difícil de prender, del tamaño de un plato; después de eso, rellenó de astillas de madera que le damos para avivar la chimenea, el hueco de debajo de la citada plancha con el fin de levantarla y arrancarla de su sitio; han tenido que trabajar, él y su ayuda de cámara, toda la noche para esto, ya que las planchas están encajadas las unas en las otras y clavadas de tal modo que no alcanzo a comprender cómo consiguieron arrancarla. Creo que su intención era averiguar lo que había debajo del suelo o, sino, ocasionarme inquietud y trabajo para reparar los destrozos de la noche, cosa que he hecho hacer en una hora de tiempo."

Saint-Mars, enfadado, advirtió al prisionero:

-Tenía suficiente agua para apagar el fuego. La próxima vez, podréis gritar o llamar cuanto queráis, dejaré que el humo os ahogue y que las llamas os quemen!

 

Lauzun se quejaba incesantemente de lo húmeda y malsana que era su habitación, pese a estar decentemente acondicionada y amueblada. Por otro lado, Saint-Mars se esforzaba en mantener alrededor del prisionero una infranqueable muralla de silencio y desinformación: le negaba todas las gacetas de Holanda o de Francia, no dejaba que se filtrase ninguna noticia, fuese de su familia, de la corte o de Mademoiselle, como tampoco del rey... ni las más anodinas, en suma. Le servía dos veces al día la comida según un riguroso horario y se guardaba mucho de entablar conversación alguna que le llevase a hablar de otra cosa que no fuera de sus necesidades y quejas.

Rumores e Intrigas

La noticia del arresto del conde de Lauzun corrió como reguero de pólvora. Dos horas apenas después del acontecimiento, en el palacio de Luxemburgo, cuando Mademoiselle se encontraba cenando con sus amigas y damas de compañía, un ayuda de cámara se acercó a la condesa de Nogent y le murmuró la noticia al oído. Palideció pero se dominó, guardando silencio hasta el final de la cena. Al acabar, Mademoiselle se fue derechita a su cuarto cuando la condesa de Fiesque, que acababa de enterarse de la noticia por boca de la condesa de Nogent, la paró en seco:

-El Señor de Lauzun,...

Retrato de Gilonne de Harcourt, Marquesa Vda. de Piennes y Condesa de Fiesque (1619-1699), sobrina de los Marqueses de Beuvron y de Thury, viuda en primeras nupcias de Louis de Brouilly, Marqués de Piennes, casó posteriormente con el Conde Charles-Léon de Fiesque, descendiente de una de las cuatro familias patricias más relevantes de Génova. La Condesa de Fiesque era una vieja amiga de la Duquesa de Montpensier y antigua 'compañera de armas' durante los convulsos años de la Fronda de los Príncipes, junto con la no menos lanzada Condesa de Frontenac.

Pese a la inquietud de los días anteriores, la duquesa de Montpensier estaba lejos de adivinar la verdad. Malinterpretando el tono de la condesa, Mademoiselle creyó que Lauzun había entrado en su guardarropía:

-Vaya maneras,-exclamó- pensaba que estaba en Saint-Germain!

-Es que lo han detenido!- soltó Madame de Fiesque.

Mademoiselle se quedó blanca; volvió sobre sus pasos y vio a Madame de Nogent medio desvanecida en un sillón. Paralizada, no pudo articular palabra. En ese momento apareció Rollinde, el intendente de la princesa, dándole la terrible noticia con los primeros detalles de la detención.

Retrato de François Michel Le Tellier, 1er Marqués de Louvois (1641-1691) Ministro y Secretario de Estado para la Guerra. El más implacable enemigo del Conde de Lauzun...

Mientras, en Saint-Germain, Louvois examinaba los cofrecillos requisados en el apartamento del conde de Lauzun, con la esperanza de encontrar en ellos los suficientes motivos para perjudicarle. Sin embargo, el contenido de dichos cofrecillos no revelaban nada comprometedor salvo sus miserables aventuras de alcoba. Novecientas cartas de mujeres en las que se podían leer la pasión y el ardiente amor de sus múltiples conquistas. El ministro tuvo la desagradable sorpresa de descubrir entre ellas la correspondencia de su hermana, la duquesa d'Aumont, que no dejaba lugar a dudas sobre sus sentimientos. Aparte de esas cartas de amor, se encontraron dibujos picantes, retratos en miniatura enmarcados de diamantes, mechones de cabellos...

La marquesa de Sévigné nos informa a través de una carta dirigida a su hija la Condesa de Grignan: "Se han encontrado mil hermosas maravillas en los cofrecillos del Sr. de Lauzun; un sinfín de retratos, desnudeces, una descabezada, otra con los ojos reventados -es vuestra vecina (1)-; cabellos grandes y pequeños, etiquetas para evitar la confusión (...)"

Naturalmente, los rumores más extravagantes sobre la causa de tan brutal caída en desgracia no tardaron en correr de boca en boca. Aquellos que sabían la verdad -el rey, Louvois, Le Tellier, Madame de Montespan- se encerraban en un inquietante mutismo mientras los demás se perdían en habladurías dónde lo cierto se mezclaba con lo falso. El diplomático saboyano, marqués de Saint-Maurice, afirma en sus cartas que la gente apuesta y juega en adivinar la verdadera razón de su encarcelamiento. Entre los motivos más invocados, la hipótesis de una boda secreta descubierta por el rey. Algunos sostenían que los dos amantes habían preparado su fuga al extranjero, y más precisamente a Venecia..., que habían acumulado mucho dinero, vajillas de plata bañadas en oro y multitud de piedras preciosas, que Luis XIV había interceptado correspondencias sobre ese "acaparamiento" de bienes.

Otros rumores igual de falsos insistieron en una traición de Lauzun, afirmando que tras la muerte del ministro Hugues de Lionne, se encontraron entre sus papeles pruebas de que recibía 40.000 escudos de pensión de los Holandeses... Habría revelado a éstos los planes de invasión de su país y la manera de defenderse del invasor.

Retrato de Gabrielle-Louise de Rouvroy de Saint-Simon, Duquesa de Brissac (1646-1684). Era la primogénita del 1er Duque de Saint-Simon, último favorito de Luis XIII, y de su primera mujer, Diane de Budos, Marquesa de Portes, pariente del Príncipe de Condé. Del segundo matrimonio de éste, celebrado en 1672 con Charlotte de L'Aubespine de Châteauneuf, nacería en 1675 el célebre memorialista y segundo duque del nombre, a la postre cuñado de Lauzun. La virtuosa Duquesa de Brissac se había separado de un marido homosexual que se encanallaba con jóvenes chaperos, Henri Albert de Cossé, 4º Duque de Brissac, quien malgastaba su fortuna en una vida llena de vicios y pasaba sus días y noches con malas compañías.

Los que se aproximaban más a la verdad, hablaban de intrigas contra la marquesa de Montespan. Pretendían que Lauzun había acordado con el marqués de Villarceaux 'destronar' a la favorita metiendo en la cama del rey a la sobrina de éste, Marie-Louise de Grancey (de apenas 14 años ), proyecto que, por cierto, fue un rotundo fracaso.

Retrato de Louis Henri de Pardaillan de Gondrin, Marqués de Montespan y d'Antin (1640-1691), apodado "el Cornudo del Rey". En febrero de 1663 contrajo matrimonio con Françoise-Athénaïs de Rochechouart de Mortemart, pese a no tener fortuna ni posición en la corte, pero ambos enamoradísimos el uno del otro. Cuando su esposa se convierte en dama de honor de la Reina, Luis XIV le concede una compañía de caballería destinada en la frontera franco-española. Tiempo después (1667), a su regreso, descubre que su mujer se ha convertido en la amante del rey y espera un hijo de él; humillado, furioso y carcomido por los celos, insultó públicamente a su mujer y al monarca, montando un sonado escándalo en París que provocó, finalmente, que Luis XIV lo exiliara en sus tierras de Guyena...

Otros hablaban de una entente secreta entre Lauzun y su amante la condesa de Armagnac, para poner en los brazos del rey a la virtuosa duquesa de Brissac. Hubo quienes afirmaron que el Gascón, confabulado con el irascible marqués de Montespan, entonces exiliado en Guyena, proyectó el secuestro de la bella Athénaïs. Se observó que ésta, por temor a alguna represalia, tenía centinelas guardando su puerta en Saint-Germain, y que la escoltaban varios guardias cuando acudía a la capilla que, sin embargo, estaba al lado de sus aposentos.

La Marquesa de Montespan rodeada de sus hijos bastardos habidos con Luis XIV.

Dando pábulo a otros rumores en enero de 1672, el marqués de Saint-Maurice se hace eco de un supuesto correo interceptado de Lauzun dirigido a su amigo Morosini, embajador de Viena en Venecia, en las que habían cien imprecaciones contra el rey, coincidiendo con las fechas en las que el monarca entregó el cargo de coronel de la Guardia-Francesa al duque de Roannès...

Por su parte, la duquesa de Montpensier se encerró en un silencio reprobador, sobrellevando con dignidad su dolor y siguiendo apareciendo en la corte sin preguntar por qué habían encerrado a su bello Lauzun. La víspera de Navidad, Mademoiselle recibió noticias de su ex-novio por boca del conde de Nogent, quien acababa de encontrarse con el Sr. D'Artagnan, recién regresado de su viaje de Pignerol. Días después, ella misma pudo recibir discretamente al capitán de mosqueteros para que le informase de todos los detalles del viaje. Poco después, decide proceder a la donación del condado de Eu en favor del conde de Lauzun, mediante una venta ficticia; Madame de Nogent había firmado en nombre de su hermano y el contrato fue confiado a Barrailh, con el encargo de ser el depositario del título de propiedad hasta la liberación de su amigo.

Esa liberación, la princesa no desesperaba de obtenerla gracias a su perseverancia. Estaba persuadida que su silenciosa y muda presencia acabaría por conmover a su primo, por atraer su piedad. De hecho, en ciertas ocasiones, el rey parecía estar incómodo.

La Travesía del Rhin, el 12 de Junio de 1672: en presencia de Luis XIV, el Mariscal de Turenne y el Príncipe de Condé conducen el ejército francés, cruzando el Rhin hacia Tolhuis, cerca de Nimega, bajo el fuego enemigo. En la operación, cayeron un gran número de caballeros y soldados...

En junio de 1672, Mademoiselle se alegró sinceramente de que Lauzun estuviera a buen recaudo entre los gruesos muros de Pignerol, sobretodo cuando, con gran horror, supo de la lista de los caballeros que habían perecido en la travesía del Rhin: el marqués de Guitry, el duque de Longueville (2), el conde de Nogent habían caído en el campo de batalla. La hermana del prisionero, la pobre condesa de Nogent, estaba loca de dolor, sentada en su cama, pasmada, reía y lloraba a ratos como una histérica. Si Lauzun no hubiese estado en la prisión de Pignerol, a lo mejor también habría caído como los demás...

Retrato de George Villiers, 2º Duque de Buckingham (1628-1687), Caballero de la Orden de la Jarretera y Embajador Extraordinario de Carlos II de Inglaterra en Francia; era uno de los cinco ministros británicos que conformaban el célebre "Ministerio de la Cábala" junto con el Barón Clifford de Chudleigh, el Conde de Arlington, el Barón Ashley of Wimborne St. Giles y el Duque de Lauderdale.

En el campamento de Zeist, cerca de Utrecht, un amigo del conde de Lauzun, el duque de Buckingham (hijo de aquel favorito de Jacobo I), entonces en misión diplomática, se atrevió a hablar de él al rey. Luis XIV le respondió que había tenido sus razones para meterle donde estaba.

-¿Sería posible, Sire, -prosiguió el inglés- , que un hombre a quien he visto tan lleno de ternura por la persona de Vuestra Majestad y de tanta fidelidad para su servicio estuviera perdido?

-No está perdido, -respondió el rey- , pero aún no ha llegado el fin de su pena.

Retrato de Luis XIV 'el Grande' (1638-1715), Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715, con atuendo militar según un pintor anónimo, en 1673.

Era, al menos, una confesión de que no estaba condenado de por vida. Sin embargo, las noticias sobre el prisionero eran escasas.

Entre sus criados, Lauzun tenía a su servicio un tal Heurtaut, un chico emprendedor y descerebrado al que la noticia del arresto de su amo y señor había afligido en extremo. Impaciente por acudir a su rescate, acudió en primer término a la duquesa de Montpensier; pero ésta no le hizo caso. Mejor acogido por la condesa de Nogent, ésta le mandó que viera a la señorita de La Motte-Argencourt, que vivía en el convento de Sainte-Marie de Chaillot. La joven aún conservaba de Lauzun excelentes recuerdos, sobretodo amorosos. En el momento en que Heurtaut aparece ante ella, su alma de aventurera sale a relucir. De común acuerdo, ambos decidieron ponerse manos a la obra para organizar la evasión del prisionero.

(1)_Se refiere a la Princesa de Mónaco, "vecina" de su hija la condesa de Grignan, que vivía en Provenza, provincia que linda, al Sur, con el principado monegasco.

(2)_El Conde de Saint-Pol o de Saint-Paul, era duque de Longueville desde la renuncia de su hermano mayor, antiguo conde de Dunois.