EL DUQUE DE LAUZUN

LA EXTRAORDINARIA VIDA DEL GRAN FAVORITO DE LUIS XIV

-Parte II-

La Corte !

Cubrirse de gloria en el campo de batalla no bastaba a ese frenético y ambicioso hombrecillo, al que le dominaba la pasión de sobresalir y brillar. Lo que pretendía, por encima de todo, era ocupar un cargo de importancia dentro del Estado e incluso ganarse el favor del rey, convertirse en su protegido, su confidente, su amigo. Con paciencia y prudencia, con habilidad también, tejió lentamente su tela, movía sus peones, ganaba amigos, neutralizaba enemigos sin jamás perder la menor ocasión de hacerse notar y que su nombre se pronunciase en la alcoba del rey.

Retrato de Antonin Nompar de Caumont-Lauzun, Marqués de Puyguilhem (1633-1723), en la década de 1660, según un grabado decimonónico inspirado en un retrato del siglo XVII.

Gracias a la intimidad del mariscal de Turenne y del cardenal Mazarino, había conseguido colarse en la primera fila de cortesanos. La viruela y la fiebre que, en junio de 1658, tuvo encamado al rey, le permitió un mayor acercamiento con el primer ministro. Todo el mundo creyó entonces a un próximo cambio político, tal era la gravedad del monarca. La mayoría de los cortesanos pusieron sus ojos sobre Monsieur, duque de Anjou y hermano de Luis XIV. La Corte era un hervidero de rumores; intrigas y partidos nacían en la perspectiva de un nuevo reinado. Puyguilhem, que nunca tuvo la oreja en su bolsillo ni el pañuelo sobre los ojos, tuvo noticia de una intriga, sin duda importante, y la reveló a su víctima, el cardenal Mazarino. Un aviso que el primer ministro tuvo en cuenta y del que estuvo muy agradecido a Antonin... Planeaban arrestarle inmediatamente después de la hipotética muerte del rey.

Retrato al pastel de Luis XIV (1638-1715), Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715, según Vaillant.

Retrato del Príncipe Felipe I de Francia (1640-1701), Duque de Anjou y luego Duque de Orléans a partir de 1660, representado con el hábito de los Caballeros de La Orden del Espíritu Santo (Castillo de Chambord).

Sin duda por ello, al verano siguiente, Mazarino hizo que Puyguilhem acompañase a la comitiva real en la Entrevista de la Isla de los Faisanes.

La Entrevista de la Isla de los Faisanes, sobre el río Bidasoa en 1660: el rey Felipe IV de España y su hija mayor la infanta Maria-Teresa de Austria, se entrevistaban con el rey Luis XIV de Francia, acompañado del Cardenal Mazarino, del Duque de Anjou y de Orléans y de la reina-madre Ana de Austria. El Tratado de Paz de los Pirineos de 1659, se iba a sellar con el matrimonio concertado entre el rey galo y la infanta española.

Una vez firmada la Paz de los Pirineos (noviembre de 1659), Puyguilhem regresó a la Corte y a sus intrigas. Su pariente la Condesa de Fleix, dama de honor de la reina, fue uno de sus mejores apoyos. Es ella quien hizo admitir a su hermana Diane-Charlotte de Caumont-Lauzun, como dama de honor de la reina Maria-Teresa de Austria, flamante consorte del rey. Pariente ésta de Henri de Daillon, conde du Lude, primer gentilhombre de la cámara, gobernador y capitán de los castillos de Saint-Germain y de Versailles, le presentó a Antonin, naciendo del encuentro un nuevo aliado. A través de éste, tuvo acceso a su primo, el cínico François-René du Bec, marqués de Vardes, capitán de los Cien-Suizos. Vardes conquistado y convertido en aliado, las puertas del Hotel de Soissons se abrieron de par en par para él. Aquel palacete tenía su importancia: en él tronaba, rodeada de una pléyade de admiradores, la brillante Olimpia Mancini, condesa de Soissons, y su salón era el preferido del rey. En él supo del favor real prodigado al marqués de Guitry, señalado por Saint-Simon como un personaje salvaje, enemigo de cualquier sociedad y siempre encerrado en su casa... El gascón no dudó un solo instante en entablar amistad con él, ganarse su confianza y convertirse en su mejor amigo hasta el punto de compartir ambos alojamiento en palacio. También supo apoyarse en los hijos del mariscal de Gramont, con los que había sido educado en la adolescencia. Tuvo especial relación con el bello y ambiguo Armand de Gramont, conde de Guiche, un presuntuoso algo despistado pero de lengua mordaz, por cuya belleza física suspiraban todas las damas de la Corte, haciendo caso omiso de su reputación de impotente... La condesa de La Fayette definiría muy bien al primo de Antonin: "Era el joven más guapo y mejor hecho; amable, galante, atrevido, valeroso, lleno de grandeza y elevación. La vanidad que tantas cualidades le otorgaba y ese aire de desprecio que acompañaba todas sus acciones, empañaban ligeramente todos sus méritos."

Retrato de Armand de Gramont, Conde de Guiche (1637-1673), primogénito del Mariscal-Duque Antoine III de Gramont, soberano de Bidache, y primo del Marqués de Puyguilhem. Su belleza física y prestancia enamoraron por igual a mujeres y hombres, y él jugó a dos bandas...

El hermano pequeño de Armand, Antoine-Charles de Gramont, conde de Louvigny, era menos brillante pero mucho más amistoso. En cuanto a las hermanas, la mayor, Henriette-Catherine de Gramont, tuerta y coja y, para colmo, sin "esprit" (ingenio) ni casi dote, tuvo la suerte de casarse con el marqués de Raffetot que, al poco, la dejó viuda... La pequeña, Catherine-Charlotte de Gramont, tenía tan solo 8 años cuando Antonin llegó a París desde su Lauzun natal, pero era una beldad que, año tras año, crecía y se hacía más hermosa. En 1656, a sus 17 años, la atractiva primita de hermosos cabellos rubio ceniza, de mirada oscura y sonrisa adorable, se convirtió en una joven embrujadora de alabadas gracias, sedienta de diversiones. No es de extrañar pues, que Antonin se fijara en ella y que su corazón latiera a toda velocidad cada vez que se reencontraban después de las campañas militares.

Amores

Retrato de Ana-Maria-Luisa de Orléans (1627-1693), Duquesa de Montpensier y de Saint-Fargeau, Princesa de Dombes y Condesa de Eu, según Jean Nocret. Hija de Gastón Juan Bautista de Francia, Duque de Orléans y de su primera esposa, era nieta del rey Enrique IV de Francia y prima-hermana de Luis XIV. Su participación en la Fronda de los Príncipes, a inicios del reinado, le valió un exilio en sus tierras hasta su definitivo perdón. Por aquella época, era considerada la princesa soltera más rica de Europa...

Puesto que la guerra ha acabado, la juventud ardiente y ambiciosa de la Corte andaba con ganas de divertirse. En el palacio del Louvre, se sucedían de forma casi ininterrumpida los ballets, refrigerios y mascaradas. La prima-hermana del rey, la Duquesa de Montpensier, regresada del exilio en sus tierras de Saint-Fargeau, formaba parte de esas endiabladas fiestas pese a tener ya treinta y dos años de edad; ella misma reparó en el marqués de Puyguilhem y cayó prendada... La nieta de Enrique IV estaba en su séptimo u octavo proyecto de boda, mientras que el gascón, lejos de soñar con convertirse en duque de Montpensier, se entretenía atormentando los corazones adolescentes de las jóvenes damiselas. Se convirtió en el "dandy" por excelencia -antes de la palabra-, de aquella alocada corte, en un conquistador de jovencitas frenéticas pérdidamente encaprichadas.

Retrato de la Princesa Marie-Jeanne-Baptiste de Saboya-Nemours (1644-1724) Mademoiselle d'Aumale; era hija del Príncipe Carlos-Amadeo de Saboya, Duque de Nemours, de Aumale y de Ginebra, y de Elisabeth de Borbón-Vendôme, lo que la hacía biznieta del rey Enrique IV de Francia a través de su bastardo legitimado César de Borbón, Duque de Vendôme. Prometida al heredero del Duque Carlos IV de Lorena en 1662, su noviazgo fue roto en 1665 cuando el seductor novio tuvo que exiliarse a Viena. El mismo año, contraía matrimonio con su primo Carlos-Manuel II, Duque de Saboya y Príncipe de Piamonte, al que dio un hijo, el futuro Victor-Amadeo II. / Abajo, detalle de un retrato de la Princesa Marie-Françoise Elisabeth de Saboya-Nemours (1646-1683), Mademoiselle de Nemours; hermana menor de la anterior y únicas supervivientes de cinco hermanos, ésta casó en 1666 con el rey Alfonso VI de Portugal, del que se divorciaría en 1668 para casarse en segundas nupcias con su cuñado el Señor del Infantado, futuro rey Pedro II.

Dos hermanas recién salidas del convento de Chaillot, Marie-Jeanne-Baptiste y Marie-Françoise-Elisabeth de Saboya-Nemours, una y otra conocidas como señoritas de Aumale y de Nemours, cayeron literalmente en sus redes y enloquecieron de amor por él. Como ninguna de las dos cedía el puesto a la otra, decidieron echarlo a suertes para saber quién casaría con Antonin. Como su familia no era precisamente rica, acordaron que la que perdiese se retirase a un convento y renunciara a su parte de la herencia. Ganó la menor, Mademoiselle de Nemours... Por desgracia, el objeto de sus pasiones las desdeñó. Las dos chiquillas se consolaron como pudieron: Marie-Françoise-Elisabeth** casó con el tullido rey Alfonso VI de Portugal, y Marie-Jeanne-Baptiste*** con el duque Carlos-Manuel II de Saboya!

Otra lindeza de la corte, la señorita de La Motte-Argencourt, dama de honor de la reina y oriunda del Languedoc, tuvo un breve idilio con el rey que fue brutalmente interrumpido por la reina-madre y Mazarino. Fue entonces cuando puso sus ojos sobre Puyguilhem... y éste fingió cruelmente no darse cuenta de su pasión. Despechada, tomó por amante al duque de Richelieu. La cosa se supo y su conducta escandalosa le valdría, en 1661, una orden de encierro en el convento de Chaillot.

Luego vinieron Anne-Lucie de La Motte-Houdancourt, otra de las damas de honor de la reina (auténtico vivero de ninfas), y por cuya belleza suspiraban el conde d'Estrades, el marqués de Dangeau, el príncipe de Vaudémont, el caballero Philibert de Gramont -hermano del mariscal-, y el rey en persona... Y una tal Bénigne de Meaux, señorita du Fouilloux, también muy versada en la galantería y espía a sueldo del superintendente Nicolas Fouquet.

Retrato de Catherine-Charlotte de Gramont (1639-1678), Duquesa de Valentinois y Princesa de Mónaco a partir de 1662, según los hermanos Beaubrun. / Abajo, a la izq., retrato de Louis I Grimaldi (1642-1701), Duque de Valentinois y 2º Príncipe de Mónaco entre 1662 y 1701, según F. De Troy.

Pero, por encima de esas pasajeras aventuras de alcoba, Puyguilhem permanecía profundamente enamorado de su prima, la incomparable Catherine-Charlotte de Gramont, cuya hermosura había incluso, y sorprendentemente, llamado la atención del hermano del rey, él que sin embargo prefería los hombres. Ella, desde luego, no fue insensible al casto amor de su primo gascón y le correspondió sin rebasar los límites de la decencia. Para desgracia de Antonin, el padre de la bella decidió casarla con Louis Grimaldi, conde de Carladez, marqués des Baux y duque de Valentinois (1), un italiano imbuído de si mismo y bien parecido cuyo abuelo fue el primero en hacerse llamar príncipe de Mónaco, miserable roca -escribe Saint-Simon-, "desde cuyo centro podemos, por así decirlo, escupir fuera de sus límites."

El contrato matrimonial fue firmado en la habitación del rey, en el palacio del Louvre, el 28 de abril de 1659. La mariscala de Guébriant, que inspiró el proyecto, y su hermano el marqués de Vardes, firmaron en representación del novio. Sin embargo, la ceremonia religiosa sufrió un retraso: el padre de la novia tuvo que viajar hasta Madrid para pedir, en nombre del rey, la mano de la Infanta Maria-Teresa, y concluír los términos de la Paz de los Pirineos.

El 30 de marzo de 1660, en la capilla del palacio de los Gramont en Pau y ante el obispo de Lescar, Catherine-Charlotte tuvo que dar el "si" fatídico que debía encadenarle de por vida al heredero de Mónaco...

El 9 de Junio de 1660, en la localidad vasco-francesa de San-Juan-de-Luz, Luis XIV de Francia desposaba a su prima la Infanta Maria-Teresa de Austria.

El mismo día, Puyguilhem, que venía de enterrar a su padre dos meses atrás, recibía en herencia su cargo de capitán de la Cia. de los Cien-Gentileshombres de la Casa del Rey, una compañía fundada en 1474 por Luis XI y que jugaba un papel esencialmente de parada en las grandes ceremonias de la monarquía. El cargo no dejaba de ser puramente honorífico, pero como tal figuró Antonin en las fastuosas ceremonias que se desarrollaron en San Juan de Luz a inicios de junio de 1660, al producirse la boda entre Luis XIV y la infanta española Maria-Teresa de Austria. En aquellas fiestas, nuestro gascón pudo ver furtivamente a su pobre prima acompañada por su madre, la duquesa de Gramont; una sola mirada bastó para dar a entender que aún se amaban.

(**)_Fue la princesa Maria-Francisca Isabel de Saboya-Nemours, consorte de Alfonso VI -del que se separó-, y luego de Pedro II de Portugal.

(***)_Fue la princesa Maria-Giovanna-Battista de Saboya-Nemours, consorte del duque Carlo-Emanuele II de Saboya que, al quedarse viuda, asumió la regencia en nombre de su hijo y fue conocida como la segunda "Madama Reale".

(1)_Se trata del Príncipe Luis I de Monaco, hijo de Hércules Grimaldi, Marqués des Baux, y de Aurelia Spínola de Molfetta, y sucesor de su abuelo Honorato II Grimaldi, primer príncipe monegasco.

Diversiones & Pasiones Clandestinas

Retrato de la Princesa Enriqueta-Ana de Inglaterra, 'Madame' Duquesa de Orléans (1644-1670), según Charles Beaubrun. Casada con 'Monsieur' Duque de Orléans, Felipe de Francia, hermano menor de Luis XIV, cuya homosexualidad era notoria, tuvo un secreto a la par que tórrido romance con su cuñado.

Los meses que siguieron a la ceremonia religiosa de San Juan de Luz, fueron ciertamente los mejores para Puyguilhem. Su prima, la ya flamante duquesa de Valentinois -y futura princesa de Mónaco-, había sido nombrada dama de compañía de la joven, grácil, ligera y coqueta princesa Enriqueta de Inglaterra, esposa de Monsieur. Alrededor de la cuñada del rey gravitaba un enjambre de damiselas de buena cuna y excelsas prendas: las señoritas de Créqui, Châtillon, La Trémoïlle, La Vallière, Tonnay-Charente*... que, a su vez, atraían a todos los jóvenes elegantes.

No se puede hacer una comparación de la Corte de 1660 con la del final del reinado, triste, hipócrita y apagada. Era de una extrema alegría, viva, movida, emocionante; se respiraba un aire de libertad, de familiaridad incluso, que el siglo no volverá a ver. Luis XIV, que aún no jugaba a ser el monarca del Olimpo, hierático y solemne, danzaba en todos los ballets, componía pequeños poemas galantes y canciones para las damas. Tímido y desafiante, era sin embargo accesible y se le podía abordar sin ceremonias, bromear, conversar y reír con él. A veces, él mismo se daba el gusto de hacer bromas de colegial, como aquella vez en que regaló a la duquesa de La Vieuville una caja con cinco ratones blancos dentro para asustarla. Para vengarse, ésta le soltó una rana en el momento en que le servía de beber... En otra ocasión, la misma duquesa no dudó en pellizcarle el culo en la alcoba de la reina-madre; sorprendido, Luis XIV no pudo reprimirse: -"¡La muy perra!".

El Castillo Real de Saint-Germain-en-Laye, según un dibujo del siglo XVII. El real sitio, donde había nacido el rey Luis XIV en 1638, se componía de dos palacios, el viejo -al fondo- y el nuevo -en primer plano-, y sus espléndidas terrazas ajardinadas, con sus grutas animadas por autómatas, que bajaban hasta la orilla del río Sena.

La vida desbordaba de alegría. Se reía en las galerías del Louvre. Se jugaba a la gallinita-ciega en los salones dorados de las Tulerías. En invierno se asistía a óperas barrocas, se bailaba hasta la medianoche los ballets de Bensérade, poblados de ninfas, pastores y pastoras. En verano era aún mejor; se daban comedias, se iba a conciertos y bailes campestres en el parque de Saint-Germain o en los jardines de Versailles. Habían bailes de máscaras y de disfraces, paseos en calesa, cenas multitudinarias en casa del duque de Orléans o en la de la condesa de Soissons, y las veladas se coronaban con juegos de azar. En Fontainebleau, la duquesa de Orléans iba a bañarse todos los días para combatir el calor, y volvía con sus alocadas damas a galope sobre briosos y engalanados corceles. Después de la cena, Madame volvía a recorrer los bosques a lomos de su caballo con toda la juventud de la corte... paseos divertidos que finalizaban al borde del Gran Canal, donde se servía un refrigerio y se deslizaban las góndolas al son de los violines que interpretaban serenatas italianas. Era la primavera del reinado y el mundo parecía un paraíso.

Retrato de Louise de La Baume-Le Blanc, Mademoiselle de La Vallière (1644-1710), futura Duquesa de La Vallière, de Vaujours y de Saint-Christophe, según los hermanos Beaubrun. Dama de honor de Madame, Duquesa de Orléans, fue inicialmente la 'tapadera' de los amoríos adúlteros de Luis XIV y Enriqueta-Ana de Inglaterra...

En las conversaciones de aquellos jóvenes, la galantería tenía preferencia. Se intercambiaban mensajitos dulzones, sonetos, rimas y furtivos besos. Se jugaba al amor, a perderse en laberintos de intrigas inocentes e infantiles. Por un nada se querellaban y por mucho menos se reconciliaban. Luis XIV, atractivo, alto y guapo, amable, siempre elegante con su fino bigote, empezaba a abandonar su idilio con Madame, su cuñada, para iniciar otro con una de sus damas de honor, Louise de La Baume-Le Blanc de La Vallière, sencilla e ingénua provinciana secretamente amada por el conde de Brienne; el conde de Guiche escribía a Enriqueta de Inglaterra tiernas a la par que atrevidas misivas que la perversa señorita de Montalais guardaba preciosamente no sin planear sacar partido; el aventajado marqués de Vardes, amante de la condesa de Soissons, soñaba con destronar al conde de Guiche. En cuanto a nuestro marqués de Puyguilhem, bombardeaba con madrigales a la esposa del señor de Mónaco, consumiéndose de amor por ella. Todo eso lo contó la condesa de La Fayette en su Historia de Enriqueta de Inglaterra, que ofrece un ilustrado esbozo de ese feliz periodo.

(*)_Mademoiselle de Tonnay-Charente era nada menos que el nombre de soltera de Françoise Athénaïs de Rochechouart de Mortemart, hija de Gabriel, 1er duque de Mortemart y Príncipe de Tonnay-Charente, y de Diane de Grandseigne, que iba a convertirse en la esposa del Marqués de Montespan, un linajudo caballero gascón.