LA POLITESSE FRANCESA

La 'politesse' es una palabra francesa que no tiene una traducción literal, como otras tantas de este idioma que, durante trescientos años, se hablaba en las clases altas europeas desde las Islas Británicas hasta Rusia y desde Suecia hasta España. En cualquier caso, las palabras castellanas de 'educación' y 'cortesía' podrían suplir esa traducción literal por ser aproximativas. Ni siquiera la más sangrienta de las revoluciones socio-políticas como la francesa, pudo destronar y guillotinar a la segunda reina de Francia, la Politesse, como decían entonces los visitantes en el siglo XVIII. La aparente pérdida momentánea de las formas de cortesía social durante las más siniestras horas de la Revolución, no supuso más que un breve paréntesis, un desagradable corte de respiración, que acabó al calmarse las aguas y al cesar la frenética actividad de "Madame Guillotine".

Hay un ejemplo entrañable, una anécdota estupenda, sobre lo que significa la Politesse para todos los franceses. Sucedió en el reinado de Luis XVI y fue protagonizada por el hermano menor de éste, Carlos Felipe, Conde de Artois*. Iba aquel príncipe de cacería, montado sobre su caballo y acompañado por otros caballeros de su séquito cuando se perdieron por los bosques de Fontainebleau. Errando por un camino, toparon con un pobre leñador cargado con su fardo en una bifurcación. El Conde de Artois, olvidándose de saludar con corrección y pedirle amablemente si le podía indicar el camino de regreso, se dirigió al leñador soltando la imperativa orden de que le indicase por dónde ir. Sin inmutarse, aquel hombre pobre pero muy digno, levantó la cabeza, le miró a los ojos con gran severidad y le espetó con sequedad:

-"¡A mi se me piden las cosas por favor, señor!"

-"Por favor, señor, ¿sería usted tan amable de indicarme por dónde se ha de ir para llegar a Fontainebleau?" -dijo el príncipe avergonzado por el leñador.

Y el humilde leñador le indicó amablemente el camino correcto.

-"Muchas gracias." , agradeció el real jinete, regalándole su bolsa.

La que ni siquiera en la más dramática hora de su vida olvidó los buenos modales, fue la reina Maria-Antonieta quien, aquel 16 de octubre de 1793, al subir los peldaños que la llevaban ante la guillotina, pisó sin querer un pie de su verdugo, el Sr. Sanson:

-"Os pido disculpas señor. No lo hice adrede."

Otro hermano de Luis XVI, el que acabó siendo el primer rey constitucional de Francia como Luis XVIII, que siempre hizo gala en su vida de una puntualidad, de una cortesía y de un rigor exquisitos, dijo una vez a uno de sus ministros: "L'Exactitude est la politesse des rois." (que se podría traducir en : La exactitud es la cortesía de los reyes).

El antepasado de todos ellos, Luis XIV, el monarca solar por excelencia, jamás faltó en saludar a una mujer, desde la más linajuda duquesa hasta la más sencilla criada, observando eso si varios tipos de saludo según el rango de cada una. El caso es que jamás fue descortés con nadie.

 

(*)_Carlos Felipe de Francia, Conde de Artois, sucedió a su hermano Luis XVIII en el trono bajo el ordinal de Carlos X en 1824.

A propósito de la Politesse, encontré casualmente este texto en un blog que, creo, merece ser reproducido porque es muy ilustrativo y responde a lo que quiero decir al respecto. Aqui lo tenéis.

POLITESSE

Politesse es una bonita palabra francesa que, como todas las palabras francesas que son bonitas (es decir, casi todas), es muy difícil de traducir con idéntico significado cultural. Si decimos que significa 'educación', 'cortesía' o algo parecido, estamos en lo cierto, pero no en lo profundo de su significado en el contexto vital. Como no hay otra manera de entender las palabras de otros idiomas que vivirlas, os voy a contar lo que significa politesse. Fue en esa temporadita mágica en la que tuve la suerte de estudiar en París. Me encontraba en una parada de metro en Clichy -una ciudad dormitorio de las afueras, en la que tenía mi apartamento- y un grupo de adolescentes descerebrados se reían de un vagabundo (clochard, otra bonita palabra francesa entre las bonitas palabras francesas). Se encontraban todos en el andén de enfrente, así que podía ver todo el espectáculo a mitad de camino entre la pantalla panorámica y las luces de bambalinas -esta vez, fluorescentes- del escenario. El vagabundo se irguió en toda su majestad, miró a los jovenzuelos con ojos penetrantes y les señaló con un dedo admonitorio. No puede decirse que estuviese encolerizado ni fuera de sí. Estaba indignado. Y les espetó: «La politesse, avant tout». En Francia, ni un mendigo, carente de todo y lleno probablemente de etéreos efluvios de vino barato, puede admitir que se rompan las reglas de la cortesía. La educación y la cortesía, ante todo. Es lo que nos queda a los seres humanos para tener algo. Un punto de referencia. Para poder andar con el mundo con los bolsillos vacíos, pero con toda la entidad y dignidad humana llena, limpia. Egregia.

Eso ayudará, probablemente, a entender el enfado de Sarkozy en los preliminares de una intervención televisiva ante la omisión de un saludo de un técnico y una maquilladora. Y mira que me cae mal, el tío. Pero me encanta la grandeur francesa. Sobre todo, vista a la luz de los ojos ebrios de un mendigo. Porque a veces, en los idiomas, las palabras bonitas son más que palabras.

Texto de Raúl, in Verba Volant :

http://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2008/07/02/politesse/