En la iconografía del poder, nunca los retratistas se atrevieron a fijar en un lienzo las intimidades de sus monarcas y señores. Hubo que esperar a que aparecieran los dibujantes-humoristas para que en la prensa, como la británica (pionera en ese movimiento), satirizaran a sus políticos y reyes y se creara el género de la caricatura política. La prensa francesa siguió los pasos de la inglesa al estallar la Revolución de 1789, aunque ya existían precedentes que el poder real se encargaba de censurar apenas salidos de la imprenta, como la caricatura de la Condesa Du Barry -última favorita de Luis XV-, representada dentro de un barril de vino. En España, Goya se encargaba de satirizar a la sociedad de su tiempo a través de sus cuadros y dibujos... Pero el verdadero 'boom' de la caricatura se produjo a inicios del siglo XIX, a raíz de las Guerras Napoleónicas.

En mi caso, me he limitado a desnudar al gran monarca solar que tan pomposamente retrató Hyacinthe Rigaud en 1701, inspirándome en el cuento de "El Traje Nuevo del Emperador" (The Emperor's New Clothes), de Hans Christian Andersen (1837)...