MARIA-EULALIA DE BORBÓN

INFANTA DE ESPAÑA & DUQUESA DE GALLIERA,

1864 - 1958

LA INFANTA INCÓMODA -2ª Parte-

 

El Asesinato del amor de su vida

 

En 1908, le llegó la terrible noticia del asesinato a tiros del rey Carlos I de Portugal y de su heredero Luis-Felipe, príncipe de Beira, cuando la familia real lusa hacía su entrada oficial a Lisboa tras una estancia en su residencia de Vila Viçosa. El monarca portugués, por lo visto, fue su gran amor secreto desde que ambos se conocieran en la feria de Sevilla, en la época en que aún andaban los dos solteros y sin compromiso. Aunque Carlos I (1863-1908) se casó en 1886 con la princesa Amélie de Orléans, hija de los Condes de París, y la infanta Eulalia hiciera lo mismo desposándose con el infante Antonio de Orléans el mismo año, nunca dejaron de lado su historia de amor juvenil y siguieron manteniendo sus encuentros y una abultada correspondencia de manera secretísima.

Retrato de la Princesa Amelia de Orléans (1865-1951), Reina de Portugal y madre del rey Manuel II, según Vitor Corcos en 1905. Hija de los Condes de París, se casó en 1886 con el que sería en 1889 el rey Carlos I.

Al ver las fotos de Eulalia y Carlos I de Portugal, uno se percata de las similitudes físicas existentes entre ellos dos: ambos eran rubios, de ojos azules y atractivos, como hechos el uno para el otro. Nos queda una pregunta en el tintero: ¿por qué no se casaron si estaban tan enamorados? Alfonso XII parece contestar a esta incógnita, alegando que Eulalia no quería ser reina por nada del mundo y Carlos estaba destinado a ceñir la corona portuguesa...

Rey de Portugal desde el 10 de 0ctubre de 1889, el reinado de Carlos I se caracterizó por un malestar general debido al estado de bancarrota del país (declarado por dos veces, en 1892 y 1902) y avivado por los desaciertos políticos del gobierno luso, la extravagancia, el despilfarro y los amoríos adúlteros del monarca, que provocaron de manera directa o indirecta un buen número de disturbios populares, enfrentamientos con socialistas y republicanos, alentados por una prensa muy crítica con la monarquía de los Braganza-Sajonia-Coburgo-Gotha. El golpe de Estado de Joao Franco, que se impuso como primer ministro y la consiguiente disolución del Parlamento Luso, en un intento de reestablecer la paz sociopolítica del país, sellaron el destino de Carlos I.

El 1 de febrero de 1908, aprovechando el paso de la comitiva real por la Plaza del Comercio de Lisboa, dos o más asesinos republicanos disparan contra el rey Carlos I y su familia con el fin de acabar con la monarquía lusa. Ilustración de la época.

El 1 de febrero de 1908, la familia real lusa regresaba al Palacio Real da Ajuda de Lisboa después de una estancia en el palacio de Vila Viçosa, desoyendo las advertencias de que algo se fraguaba contra el rey. Durante el trayecto de la comitiva real, y pasando por la Plaza del Comercio, dos (o más?) republicanos dispararon desde la multitud contra la familia real; Carlos I murió en el acto mientras su heredero Luis-Felipe, agonizó durante 20 minutos, y el infante Manuel se salvó con solo un disparo en el brazo, saliendo milagrosamente indemne la reina Amelia. La guardia del rey respondió a los disparos masacrando a los dos regicidas, Alfredo Costa y Manuel Buiça.

Retrato oficial del Rey Carlos I de Portugal (1863-1908), que reinó entre el 10 de octubre de 1899 y el 1 de febrero de 1908. Su idilio con la Infanta Eulalia permaneció secreto hasta que, a la muerte de Eulalia en 1958, se descubrió su correspondencia con Carlos I...

Nos podemos imaginar cómo sentó semejante noticia a la infanta Eulalia... Había perdido a su gran amor y único confidente.

Eulalia, autora "non grata" en España

Retrato de la Infanta Eulalia de España, Duquesa de Galliera (1864-1958), posando con un vestido de corte. / Abajo, retrato juvenil del Rey Alfonso XIII de España (1886-1941), sobrino de la Infanta Eulalia, según el artista Ramón Casas.

Mientras estuvo viajando y seduciendo mentes y corazones por las cortes de Europa, la infanta se puso a escribir lo que iba a convertirse en un libro escandaloso. Nunca antes se había visto que una princesa se diera el lujo y la libertad de plasmar en negro sobre blanco sus impresiones personales sobre su época y sus contemporáneos; pero llegó Eulalia y con ella el escándalo, cuando mandó publicar su manuscrito titulado en francés "Au fil de la Vie" (A lo largo de la vida), en 1911 y firmando bajo el inequívoco seudónimo "Comtesse d'Avila". En ese polémico libro, la infanta daba rienda suelta a sus ideas "revolucionarias", presentándose como una feminista convencida y partidaria del divorcio. El impacto fue tal que su enojado sobrino Alfonso XIII, que ya había asumido las riendas desde 1902, vetó la publicación en todo el territorio español y comunicó su soberano enfado a la autora, dándole a entender que no era bienvenida en España. Declarada persona non grata y desterrada durante una década, la infanta siguió yendo de un lado a otro del Viejo Continente como una apátrida, una exiliada renegada por su familia, llevándola a fijar su lugar de residencia habitual en París (en un elegante apartamento del Boulevard Lannes), capital de su patria afectiva.

"Velada en el Pré Catelan", obra de Gervex realizada en 1909 en París. El cuadro, que fue encargado por el propietario del restaurante, nos da una pequeña muestra de lo que era el lujoso y refinado ambiente de la "Belle Epoque" y que la Infanta Eulalia conoció muy bien.

Tras estallar la Iª Guerra Mundial (1914-1918), Eulalia prosiguió con su carrera de escritora ocasional publicando un segundo manuscrito en Londres, titulado "Court Life from Within" en 1915. Veinticinco años después, en 1930, daría otro gran golpe al publicar sus "Memorias". En 1949, serían sus "Cartas a Isabel II" (Mi viaje a Cuba y a Estados Unidos), libro que recoge las sesenta cartas que Eulalia escribió a su madre en el curso de sus viajes oficiales al Nuevo Continente en 1893.

La Infanta Eulalia acompañada por sus dos hijos, los Infantes Don Alfonso y Don Luis Fernando de Orléans. Durante mucho tiempo, se vio privada de la custodia de sus hijos tras su separación con Antonio de Orléans en 1900; éstos habían sido enviados por su padre a Inglaterra para estudiar en un colegio jesuita...

Puesto que España le estaba vetada, la infanta tuvo que instalarse en una residencia para damas que regentaba una religiosa conocida como la Madre Lóriga, ya que andaba escasa de caudales y no se podía permitir el lujo de mantener casa propia. El contínuo despilfarro de su ex-marido la habían arruinado y, al no poder disponer de sus cuentas bancarias sin el expreso permiso marital (cosa común para todas las mujeres de la época), se vio abocada a una situación financiera que rozó la pobreza hasta que consiguió, por vía judicial (con el respaldo de sus hijos), recuperar lo que quedaba de la mermada fortuna familiar y obtener la inhabilitación de su ex-marido.

Por su lado, el infante Antonio de Orléans y Borbón, que nunca se privó de nada y gastó a manos llenas en extravagancias y fulanas mientras su ex-mujer se debatía en la penuria, se vio finalmente obligado a vender en 1919 las tierras de su ducado italiano de Galliera para hacer frente a sus colosales deudas. En cuanto a su aventura sentimental con la rica viuda del magnate norteamericano Simon Gugenheim, la bella bretona Marie-Louise Le Manac'h (1869-1949), iniciada en 1900 y a la que dio amplia publicidad en Londres, París y Sevilla, no cuajó en boda por su culpa. Incapaz de serle fiel, ésta acaba abandonándole a su suerte en 1906.

Eulalia, la Republicana

No nos ha de extrañar que, en cierta ocasión, el propio rey Alfonso XIII emplease el término "republicana" para referirse a su tía la infanta Eulalia, tras oír de sus labios los argumentos sobre la inevitable revolución portuguesa o la rusa y sus acertadas predicciones, nada alentadoras, en torno al futuro de las monarquías europeas incluyendo la española. El tiempo le dio la razón y ella lo sentenció de este modo: "Ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse."

Retrato de Don Alfonso XIII (1886-1941), Rey de España entre 1886 y 1931, posando con uniforme de húsar según el pintor Sorolla, en 1907./ Abajo, fotografía de la Infanta Isabel "la Chata", Condesa viuda de Girgenti (1851-1931), la mayor de las cuatro hijas de Isabel II.

En respuesta al calificativo de su sobrino, Eulalia escribiría en sus "Memorias": "¡Republicana! Siempre que en la Corte española se decía algo que se separara del criterio predominante, o se opinara libremente, o se expusieran realidades, surgía la palabra. No cegarse, no tener en los ojos una venda ni en la boca una mordaza, era ser republicana...¡Republicana! Para muchos de los nobles españoles, yo lo era. Lo éramos todos los que no estábamos empeñados en no ver. Y, en España, ser republicano era no sólo profesar un credo político, sino estar excluido del contacto con los servidores del Rey..."

Eulalia fue la única persona de su familia en criticar la abominable educación de su sobrino Alfonso XIII. No podía sentir otra cosa que asombro y espanto ante la permisividad e indulgencia de la reina-regente Maria-Cristina y el ciego acatamiento de la infanta Isabel la Chata, respecto a Alfonso. Le tildó de malcriado y consentido, imbuido de su papel de monarca absoluto, acostumbrado a que todos, desde sus tías hasta el último cortesano, le rieran las gracias, le reverenciasen como un dios y ejecutasen con diligencia sus órdenes con solo levantar una ceja o el dedo meñique. La actitud y prepotencia del rey le consternaba, pero más le indignaba que toda la familia se guardara mucho de rechistarle y corregirle.

Famoso queda el conflicto anecdótico entre la infanta Eulalia y el rey Alfonso XIII, cuando en la mesa sirvieron coliflor. A la infanta le desagradaba y no quiso comersela. Su sobrino le preguntó por qué no tomaba coliflor y ella le contestó que no la soportaba. Entonces el joven monarca le ordenó que hiciera el esfuerzo, porque a él le gustaba y se le antojaba que ella también se la comiera.

El Comedor de diario del Palacio Real de Madrid, presidido por el imponente retrato de la reina Isabel II con su primogénita la Infanta Isabel "la Chata", princesa de Asturias, según Winterhalter. Sus ventanas dan sobre la fachada de la calle Bailén, justo encima de la Puerta del Príncipe.

Vista aérea del Palacio Real de Madrid en la actualidad, frente al cual se levantó la Catedral de la Almudena. En él vivieron los reyes Alfonso XIII y Victoria-Eugenia con su corte, siendo sus últimos inquilinos fijos, hasta 1931, año de la caída de la monarquía española y de la llegada de la IIª República.

Por cierto, en el Palacio Real de Madrid, se tardaba exactamente 20 minutos de reloj entre el momento en que los platos salían de las cocinas y llegaban al comedor de diario, donde la familia real tomaba habitualmente sus almuerzos y cenas, por lo que solían siempre comer más frío que tibio.

Ni Alfonso XIII pudo con ella, ni tampoco la Infanta Isabel cuando se propuso meterla en vereda desde los 18 años y convertirse en su "institutriz" a lo Rottenmeyer, espiando y vigilando todo lo que hacía o dejaba de hacer, recriminándole constantemente lo deslenguada y descortés que era. Fue la Chata quien le espetó en su día "Hay que saber ser Infanta antes que mujer!"... Fue ella también quien sopló a la reina Maria-Cristina que Eulalia había ido a París para abortar, tras quedarse accidentalmente encinta de su amante de turno (el aristócrata ruso Conde de Jametel). Las reciminaciones le resbalaban y se alzaba de hombros, harta de tanta gazmoñería española.

Por lo que tocaba a su ex-marido, el despechado infante Antonio, duque de Galliera, éste se quejó hipócritamente de Eulalia citando cómo ella controlaba, con reloj de bolsillo en mano, el tiempo de cohabitación que le permitía sin concederle ni un minuto extra, tal era su inapetencia sexual y el asco que le daba tener que acostarse con él. Las razones eran obvias.

Retrato de la Reina Isabel II de España (1830-1904), madre de la Infanta Eulalia, a la que pareció transmitir su gusto por las aventuras de alcoba...

La única que se guardó de reprocharle su conducta fue su madre Isabel II. Y con razón. El currículum materno era demoledor y no brindaba a ésta la suficiente autoridad moral como par dar lecciones de decencia y decoro a una hija que parecía un calco suyo en muchos aspectos. Isabel II tuvo su cama abierta a mucha gente, empezando por su "general bonito" (el General Serrano), sucedido por un oficial de ingenieros valenciano, el famoso Enrique Puigmoltó (supuesto padre de Alfonso XII) y éste, a su vez, reemplazado por el comandante José Ruiz de Arana apodado el "Pollo Arana" (y supuesto padre de la Chata). Después vinieron un marqués, un coronel, un cantante de ópera, un músico callejero, un odontólogo norteamericano o un turcoalbanés al que llamaba simplemente "Jorge": "Tú me enseñarás el albanés, el inglés y todos los idiomas, y yo te enseñaré a ti el lenguaje de mi alma..." le escribió la calentorra en una apasionada carta. Y qué decir de su secretario personal, Miguel Tenorio, de quien algunos historiadores mantienen la hipótesis de que es el auténtico padre de las infantas Paz, Pilar y Eulalia!