EL PALACIO REAL DE MADRID -2-
el 22 mar En: Palacios y Castillos - 3 comentarios
EL PALACIO REAL DE MADRID
HISTORIA & EVOLUCIÓN DE UNA RESIDENCIA REAL
Del incendio de 1734 a su reconstrucción
-2ª Parte-
Arrasadas las ruinas del humeante Real Alcázar y despejado el solar por todo un ejército de obreros después de dos años de penosa labor, el rey Felipe V estuvo ante la disyuntiva de buscar en Francia o en Italia a un arquitecto de prestigio que pudiera dar cuerpo al proyecto de elevar un nuevo palacio real sobre el mismo emplazamiento. Por entonces, en las cortes europeas de Alemania, Polonia y Rusia se estaba imponiendo el estilo italiano en detrimento del francés. Aunque Versailles seguía siendo el principal referente para todos los monarcas y sus arquitectos que pretendieron emular el pionero palacio del Rey-Sol, los nuevos palazzos barrocos de la península itálica gozaban de un gran auge por su suntuosidad, robustez y grandiosidad; los proyectos y las obras de los arquitectos e ingenieros italianos fueron también igualmente publicitados gracias a las numerosas reproducciones de grabados que se difundieron por toda Europa. Es más, la moda de los tours (giras) italianos entre la aristocracia europea cosmopolita dieciochesca, influyó decisivamente en la general introducción y aceptación de ese nuevo gusto por lo grandioso y teatral. La necesidad de las monarquías absolutas por dejar patente su poder y magnificencia, debía traducirse en la erección de vastos y espléndidos palacios convertidos en auténticos escaparates de sus riquezas artísticas nacionales. Felipe V no iba a ser menos. España se había quedado atrás por culpa de su ruina económica durante los dos últimos reinados anteriores, y no se encontraba ningún palacio que estuviera en posición de competir con los que se estaban erigiendo ahora en el resto del Viejo Continente.
La monarquía española aún conservaba ese añejo prestigio ganado con los primeros Austrias, pese a que la Guerra de Sucesión le privase de la mayor parte de su imperio en suelo europeo. Felipe V estaba decidido a restaurar ese prestigio y darle un nuevo lustre. En cualquier caso, España no ofrecía reales sitios que no estuvieran pasados de moda: la obra magna de Felipe II, El Escorial, era demasiado austera y espartana; Aranjuez era demasiado pequeño y compacto; El Pardo no era más que uno de tantos pabellones de caza frecuentados ocasionalmente por los reyes; El Buen Retiro no dejaba de ser un palacio de ladrillos de otra época con jardines agradables... que Felipe V proyectaba reconstruir!
El Proyecto Juvara
La balanza se inclinó entonces por buscar entre los arquitectos italianos, a uno capaz de ofrecer un proyecto a la medida de las ambiciones del rey de España. Algunos autores atribuyen erróneamente la influencia italiana a la reina Maria-Luisa Gabriela de Saboya, pero ésta llevaba 20 años muerta y reemplazada por la parmesana Isabel Farnesio; sin duda porque Felipe V eligió a Filippo Juvara (o Juvarra), principal arquitecto de la corte saboyana y autor de la basílica de Superga, del Palacio de Stupinigi (Turín) o del Palacio-Monasterio de Mafra (Portugal) y del diseño de la fachada oriental del Palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia).
En cualquier caso, Juvara aceptó el encargo y se puso inmediatamente a trabajar en el proyecto (1735), presentando sobre papel y mediante una maqueta (hoy desaparecida) un monumental palacio que estaba destinado a ocupar los altos de San Bernardino (hoy barrio de Argüelles) con nada menos que 480 metros de fachada, 34 entradas, 23 patios y diversas dependencias anejas, duplicando en extensión al Palacio de Versailles*. La grandiosidad del complejo palatino implicaba una ingente cantidad de dinero y un largo espacio de tiempo para su construcción. A esto se añadía la complicación del terreno: Felipe V insistió en que el nuevo palacio debía levantarse sobre el antiguo solar del desaparecido Real Alcázar, por lo que la extensión de la residencia regia se veía obviamente limitada por culpa de los desniveles existentes. Ese problema demandaba un titanesco esfuerzo de ingeniería y de mano de obra para nivelar todo el solar, si se pretendía seguir al pie de la letra los diseños de Juvara.

Proyectos de Filippo Juvara para el Palacio Nuevo de Madrid, con los alzados de la fachada principal (lado Sur) y la fachada a los Jardines del Campo del Moro (lado Oeste). / Abajo, proyecto de la fachada del Palacio Nuevo sobre la Calle Bailén y la Plaza de Oriente.

Plano del Palacio Nuevo proyectado por Filippo Juvara. / Abajo, alzado general del Palacio Nuevo de Madrid, propuesto por Filippo Juvara a Felipe V.

(*)_El palacio concebido y diseñado por F. Juvara, de haberse construído siguiendo sus planos, habría sido 4 veces mayor en extensión que el actual Palacio Real.
El Proyecto definitivo de Sacchetti
Con todo eso, Filippo Juvara murió inesperadamente en 1736, forzando al rey Felipe V en buscarle un sustituto. De entre los nuevos candidatos, dos declinaron la oferta. Un español, Pedro de Ribera, arquitecto municipal de la Villa y Corte de Madrid, fue barajado y desestimado. Fue finalmente Giovanni Battista Sacchetti, discípulo del finado Juvara, el elegido para recoger el testigo y llevar a cabo las obras proyectadas.

Alzado de las cuatro fachadas exteriores del Palacio Real Nuevo de Madrid, diseñado por G.B. Sacchetti; de izq. a derecha y de arriba a abajo: fachada principal sobre la Plaza de la Armería (Sur); fachada sobre la calle Bailén y Puerta del Príncipe (Este); fachada sobre los actuales Jardines Sabatini (Norte), antaño las Caballerizas Reales; fachada sobre los jardines del Campo del Moro (Oeste) y el río Manzanares.
Deshechado el proyecto monumentalista de Juvara por oneroso y técnicamente dificultoso, Sacchetti tuvo que presentar un nuevo proyecto que reducía sensiblemente la extensión del palacio. Proyectó en vertical lo que su difunto maestro había planeado en horizontal, ampliando a 6 las 3 plantas previstas y recurriendo a los entrepisos tan frecuentes en la arquitectura italiana. Pese a todos esos cambios, aún pervivían rastros del proyecto de Juvara: zócalo almohadillado, cuerpo superior de orden jónico y gigantescas pilastras, alternancia de frontispicios triangulares y arqueados en el piso noble, cornisas, balaustradas con jarrones y esculturas de los reyes coronando el conjunto.

Plano del Palacio Real Nuevo de Madrid, diseñado y propuesto por G.B. Sacchetti en 1737.
Aprobado el proyecto de Sacchetti, las obras comienzan el 7 de enero de 1737. El arquitecto precisaría de 1.800 obreros, incluyendo a oficiales albañiles y carpinteros, para poder empezar con los cimientos, sin contar con los canteros y peones.
La materia prima (piedra blanca de Colmenar de Oreja y piedra gris berroqueña) se extraerá de las canteras cercanas de la Sierra del Guadarrama. Se utilizó principalmente piedra caliza, pedernal y granito de los alrededores de Madrid. Los mármoles y jaspes procedían de Italia, de Portugal y principalmente de Guipúzcoa, Cataluña, Valencia, Andalucía y Extremadura. El hierro venía de las fundiciones vascas mientras que el cobre salía de las minas de Coquimbe, en Chile. Las maderas utilizadas exclusivamente para puertas y ventanas procedían de las Indias Occidentales, de los pinares de Cuenca y Soria, amén del caoba y de otras maderas preciosas procedentes de América del Sur. No se contemplaba poner vigas de madera y se eliminó cualquier elemento arquitectónico en este material para evitar futuros incendios.
El 7 de abril de 1738, se coloca la primera piedra en el eje central de la puerta principal de la fachada Sur, a unos 11 m. de profundidad, en un gran sillar de granito ahuecado y en cuyo interior se depositó una caja de plomo con las distintas monedas de curso legal de entonces.

Planta principal del Palacio Nuevo diseñado por G.B. Sacchetti para Felipe V.
Durante las obras, Sacchetti hubo de levantar muros de contención (en talud) con el objetivo de nivelar la pronunciada pendiente del lado Oeste hacia el Campo del Moro, y del lado Norte (Jardines de Sabatini), planteando sobre esa vasta terraza una estructura de planta cuadrangular que evoluciona alrededor de un patio central igualmente cuadrado, y resolviendo los cuatro ángulos con cuerpos salientes que recuerdan los tradicionales torreones cuadrados. A sus órdenes trabajan entonces otros arquitectos como Ventura Rodríguez* y Juan de Sagarvinaga.

Diseño y alzado del Palacio Nuevo con sus muros en talud sobre la pendiente del Campo del Moro (1ª plancha), y proyecto de la Catedral de La Almudena con un acueducto (2ª plancha), propuestos por Sacchetti.
El conjunto escultórico compuesto con 94 efigies de los diferentes reyes de España y emperadores romanos, fue ideado por el benedictino Fray Martín Sarmiento, y estaban destinadas a decorar los distintos puntos de las fachadas del palacio. Sin embargo, su ambicioso proyecto sufrió reducciones. Peor aún: por real orden del 8 de febrero de 1760, Carlos III ordenaba la retirada de todas las estátuas de las fachadas, por juzgarlas supérfluas y demasiado barrocas para su depurado gusto clasicista. Las que subsistieron, fueron posteriormente repartidas entre la Plaza de Oriente y otros lugares de Madrid, yendo incluso algunas a parar a las ciudades de Burgos o Vitoria.
(*)_Ventura Rodríguez se haría cargo de las obras de acondicionamiento de la Real Capilla de palacio, tras ganar el concurso expresamente convocado por el rey Fernando VI. Por entonces, Buenaventura Rodríguez alias "Ventura", ya trabajaba a las órdenes de Sacchetti y supuso para él un triunfo profesional.
Distribución Interior y el problema de la Escalinata

Retrato de Don Fernando VI de Borbón (1713-1759), Rey de España y de las Indias entre 1746 y 1759; obra de L.M. Van Loo (Palacio Real de Madrid, Patrimonio Nacional).
Felipe V nunca vería concluir las obras. Muere en 1746 y le sucede su segundo hijo Don Fernando VI. El nuevo monarca no cambia nada en el proyecto, aunque pide modificaciones en la concepción de los aposentos reales y salas de Estado. Dado que el grueso de la obra estaba ya en pie, se concentraban los esfuerzos en dar cuerpo a la distribución de estancias y a la decoración interior. En cuestión de interiorismo, fueron contratados sucesivamente Corrado Giaquinto, Tiépolo, Mengs y Bayeu entre otros.

Recreación de la "Galería de la Reina", ubicada en el Ala Oeste y con sus ventanas dando sobre los jardines del Campo del Moro. Formaba parte de los aposentos llamados "Cuarto de la Reina" y precedían la "Pieza de Parada" o Alcoba de Gala de la consorte real Maria-Bárbara de Portugal, asi como su Gabinete, situados en la torre Noroeste. En 1766, dicha galería fue remodelada y dividida por varios tabiques, con el fin de crear nuevas estancias para el apartamento asignado a la Infanta MªJosefa. Bajo el reinado de Alfonso XII, los tabiques se tiraron para dejar sitio a una amplia galería de doble utilidad: como Salón de Baile y Comedor de Gala. Acuarela de F.J. Hernández Alonso.
El denominado "Cuarto del Rey", con sus 15 estancias, ocupaba entonces toda la fachada Sur que da sobre la Plaza de la Armería, y menos de una tercera parte de la fachada Este. El "Cuarto de la Reina", dotado con 16 estancias, iba de una punta a otra -de Sur a Norte- de la fachada Oeste, estando situados la Alcoba Oficial y el Gabinete de la Reina Maria-Bárbara en la torre Noroeste, y conectando con la Capilla Real por medio de una galería. El ala Este, que da a la Plaza de Oriente, contenía el "Cuarto de los Príncipes" o mejor dicho de los Infantes.

Corte transversal y planta de la Gran Escalinata ideada por F. Juvara para el Palacio Real de Madrid. / Abajo, corte transversal de la Gran Escalinata Real ideada en 1742 por G.B. Sacchetti, para el Palacio Nuevo.

A la planta noble (piso principal o 1ª planta), se accedía por dos escaleras principales opuestas que partían desde el vestíbulo de la entrada principal y se dividían en dos tramos paralelos a partir del rellano principal: la Escalera de la Reina por el lado Oeste, y la Escalera del Rey por el lado Este, que desembocaban en la Sala de los Alabarderos y, de esa sala se pasaba directamente al Salón del Besamanos que, con Carlos III, se convertiría en el Salón del Trono. Filippo Juvara había ideado ese doble tramo paralelo de escaleras opuestas partiendo de un mismo punto, aunque la ubicación y ejecución se debió a Sacchetti y, en último lugar, a Sabatini. Todo hay que decirlo, el asunto de las dos escaleras dio posteriores dolores de cabeza y no pocas contrariedades al sucesor de Sacchetti: Carlos III y Carlos IV le mandarían remodelarlas, suprimirlas, desmontarlas y reubicarlas según sus pareceres y necesidades. Una de ellas (la Escalera del Rey) fue temporalmente desmontada en 1765, y su espacio cegado para construir una estancia necesaria para los festejos de la corte, y que se destinó entonces como gran sala de baile. En 1789, Carlos IV consideró que la Escalera de la Reina no facilitaba el acceso a sus apartamentos y ordenó a Sabatini que desmontase aquella para construir en su lugar el famoso Salón de Columnas, y reubicar la dichosa escalera en el lado derecho (Este) donde se encontraba la Sala de Baile de Carlos III. El resultado final fue una Escalera Principal de estilo Imperial, más sencilla que la proyectada por Sacchetti e inspirada en las escalinatas del Palacio Real de Caserta (Nápoles).

Recreación de la Gran Escalinata del Palacio Real de Madrid, diseñada y propuesta en 1747 por G.B. Sacchetti al rey Fernando VI, con vista desde la balaustrada del rellano del antiguo Salón de Baile de Carlos III destruído en 1789. Acuarela de F.J. Hernández Alonso.
Desde el principio, el tema de las escaleras de palacio fueron motivo de preocupación para Felipe V. Juvara había ideado una doble escalera que ocupase todo un ala del edificio regio, en torno al patio central y desplazada hacia un lateral como en Versailles. Su sucesor, Sacchetti, intentó respetar el diseño original cambiando su ubicación hasta en cuatro ocasiones (1738, 1741, 1742, 1743). No contentos los reyes con las sucesivas modificaciones, en 1745 se envió a Roma la última propuesta de Sacchetti para que un tribunal compuesto por arquitectos la juzgase. Aunque recibió críticas favorables, las intrigas cortesanas y el deseo de Felipe V de contar con una de las escaleras más espectaculares de Europa, llevó a convocar un concurso de ideas en el que participaría el mismísimo Sacchetti en 1746.

Fotografía de la década de 1970, de la Escalinata estilo Imperial desde el rellano del Salón de Alabarderos, en su aspecto definitivo, obra de Sabatini (1789).
Fabricados los escalones en mármol de San Pablo (Toledo) y labrados cada uno en una sola pieza de 5 ms. de longitud, se unen al conjunto dos leones de mármol ejecutados por Felipe de Castro y Robert Michel, mientras que la bóveda sería decorada con estucos blancos y dorados, y una gran pintura de Corrado Giaquinto representando el Triunfo de la Religión y de la Iglesia, por encargo del rey Fernando VI.
Los retoques de Sabatini

Retrato de Don Carlos III de Borbón (1716-1788), Rey de España y de las Indias entre 1759 y 1788; obra de Joaquín Inza, c.1759. / Abajo, retrato del arquitecto siciliano Francesco Sabatini (1722-1797).
Cuando muere Fernando VI, recluído en Villaviciosa de Odón (1759), y accede al trono su medio-hermano y sucesor Carlos III, el puesto de Sacchetti se verá amenazado. El nuevo rey llega a Madrid desde Nápoles, y decide buenamente apartar a Sacchetti y reemplazarlo por Francesco Sabatini, a quien pone al frente de la dirección de las obras con misión de acabarlas definitivamente (1760). Cuatro escasos años después, fallece Giovanni Battista Sacchetti.
En ese momento, el flamante sucesor de Sacchetti se encuentra con un acuciante problema de espacio para cobijar, bajo el techo de palacio, a las secretarías de Estado y dar un espacio adecuado al Archivo de la Corona. Es más, faltan las caballerizas y un lugar donde situar a la Real Armería. El rey le encarga una necesaria ampliación del edificio regio. Para ello, Sabatini idea construir una serie de galerías con arcadas que sirvan para alojar las distintas dependencias requeridas, asi como la erección de dos alas a lo largo de la Plaza de la Armería, partiendo de los pabellones salientes angulares Oeste y Este. También planeó extender la fachada Norte mediante una ambiciosa edificación en el mismo estilo, que prolongaba el palacio y le dotaba con tres patios interiores más. La idea fue inicialmente aprobada e iniciada. Cuando los cimientos estaban hechos, se cursó orden de interrumpir las obras indefinidamente y, posteriormente, se enterraron construyendo encima las Reales Caballerizas que, en el siglo XX, fueron a su vez demolidas para ceder el sitio a los actuales Jardines de Sabatini (1930).
Plano con la ampliación de la planta del Palacio Real de Madrid, propuesta por Francesco Sabatini a petición de Carlos III. Sabatini preveía entonces ampliar el palacio hacia el Norte, con un edificio similar y dotado de 3 patios interiores, y al Sur con dos alas paralelas que rodearan la Plaza de la Armería.

Elevación del Ala Nueva de San Gil (lado Este), con las galerías con pórticos cerrando la Plaza de la Armería, según un diseño de F. Sabatini, sobre una idea de Ventura Rodríguez.
Lamentablemente, del proyecto de la construcción de las dos alas anejas que cerrasen la Plaza de la Armería, tampoco llegó a concretarse. Tan solo una parte fue iniciada en 1772, dando lugar al Ala Nueva de San Gil, prolongación de la torre Sureste que, desde el siglo XIX, cobija los apartamentos privados de los Reyes. En cuanto al ala Suroeste, nunca llegó a realizarse.

Vista de la fachada principal del Palacio Real de Madrid, desde la Plaza de la Armería, en tiempos del rey Carlos III. Acuarela de F.J. Hernández Alonso.
Cuatro años después de la llegada de Carlos III a Madrid, el Palacio Real estaba listo para habitarlo salvo excepciones: algunas salas aún estaban por decorar (1764). El monarca puso su sello personal al ordenar un reordenamiento de los aposentos reales: se suprimió el antiguo despacho de Fernando VI; se convirtió el Salón del Besamanos en el Salón del Trono, bajo la dirección de Natali y Gazola; la antigua alcoba privada de Maria-Bárbara, conocida como Cuarto del Retrete y con vistas al Campo del Moro, se convirtió en el dormitorio privado de Carlos III (hoy Salón de Carlos III); la Galería de la Reina fue dividida con tabiques para ubicar parte de las estancias asignadas a la Infanta Maria-Josefa a partir de 1766, al igual que la antigua Alcoba Oficial de la Reina y la Galería que comunicaba con la Capilla Real; la Escalera del Rey dio paso a un amplio salón de baile; el antiguo Tocador de la Reina, sito en la torre Suroeste con los balcones dando sobre la Plaza de la Armería, se convertía en la Cámara de Parada o alcoba oficial del rey (hoy Salón Gasparini)... Los "Cuartos de los Infantes" fueron ubicados en el ángulo Noroeste y el Cuarto de los Príncipes (de Asturias) tomaron en toda su extensión el ala Este, cuyos balcones daban sobre la Calle Bailén y la Plaza de Oriente.
Aunque se fija en 1764 el final de las grandes obras del Palacio Real o Palacio Nuevo de Madrid, año en que Carlos III y sus hijos se instalan definitivamente entre sus muros y viven durante las temporadas invernales, hubieron constantes modificaciones internas y externas hasta inicios del reinado de su último ocupante, Don Alfonso XIII: reestructuraciones de apartamentos, obras de acondicionamiento, redecoraciones, restauraciones,... Notorias fueron las innovaciones del siglo XIX con la introducción del alumbrado de gas y, posteriormente, eléctrico, la instalación de tuberías para el agua corriente, de retretes y cuartos de baño, y finalmente de ascensores. Innovaciones que, huelga decir, mejoraron en mucho las condiciones de vida de sus habitantes.

El Palacio Real de Madrid en su conjunto, tal y como es en la actualidad, a vista de pájaro según el ilustrador Fernando Aznar.
Con todo, el Palacio Real con sus 30 ms. aproximadamente de altura, sus 870 ventanas y 240 balcones, abarca 135.000 m2 y contiene más de 3.418 habitaciones, lo que le ha convertido en la residencia real más vasta de Europa Occidental que, cosa poco usual hoy día, sigue teniendo una "vida activa" y un importante papel en el calendario oficial de la Casa Real, al tiempo que mantiene abiertas sus puertas a los turistas como importante museo histórico-artístico, dirigido por el Patrimonio Nacional.
Sería quizás interesante puntualizar que el palacio fue concebido para evitar cualquier incendio accidental, evitándose la utilización de bigas y armazones de madera en todo el proceso de su construcción. Felipe V dejó bien claro que no quería que, en un hipotético futuro, se repitiese el desastroso incendio que sentenció al Alcázar de los Austrias. Las pocas maderas utilizadas fueron para puertas y ventanas; naturalmente, hay mobiliario y revestimientos de paneles de madera en ciertas estancias. Pero todo está estudiado para que el fuego no dañe el edificio en sí, ni se propague con tanta facilidad aunque sufra el mobiliario y las tapicerías de las estancias afectadas. De hecho, el Palacio Real está concebido como una fortaleza que ha de perdurar en el tiempo y resistir a los avatares de la historia.

Hola Arnau,
muy buenos los dos artículos. sólo me queda una duda: viendo los planos del antiguo alcazar (parte 1) y del palacio (parte 2) junto con sus jardines, parece como si el palacio estuviera ubicado a la derecha del antiguo alcazar. o si no,se vomiveron tambien los jardines.
un saludo
Hola Tomás.
Los jardines que existieron en la época del Real Alcázar, ocupaban toda la parte trasera del anexo llamado "CASA DEL TESORO", que abarcaba un solar que hoy día son la Calle Bailén y la Plaza de Oriente, entonces inexistentes. Cuando se incendió el palacio de los Austrias, sobrevivieron las Caballerizas y Armería Real, amén de la Casa del Tesoro. Estos tres anexos serían posteriormente demolidos durante las obras del Palacio Nuevo bajo la supervisión de Sacchetti y de Sabatini después. Hubo, ciertamente, unos jardines a la francesa proyectados (que no realizados) en el emplazamiento de los actuales Jardines Sabatini (fachada Norte de Palacio) y en lo que hoy es la calle Bailén (fachada Este) donde se encuentra la Puerta del Príncipe. Los jardines fueron trasladados finalmente en la pendiente del Campo del Moro (Lado Oeste), y se cedió el antiguo solar de la Casa del Tesoro para abrir la calle Bailén, que entonces tenía nombre de "Calle Nueva", si mal no recuerdo. La Plaza de Oriente fue una obra urbanística emprendida por José I Bonaparte y acabada bajo Isabel II, creo.
Espero haber despejado tus dudas. Gracias por el comentario y satisfecho al saber que te han gustado los dos artículos.
Un cordial saludo.
Qué preciosidad el Palacio Real.
Y además me trae grandes recuerdos personales.
Allí, en la Plaza de Oriente, frente al Palacio, me di mi primer beso con un chico...jejeje