LOS FUNERALES REGIOS
el 2 ene En: Temas Curiosidades Arte - 9 comentarios
LOS FUNERALES REGIOS
Un Arte Macabro al Servicio del Poder

Mencionar los antecedentes históricos del arte funerario puede parecer, a estas alturas, un poco supérfluo para los que ya conocen cronológicamente su evolución a lo largo de los avatares de la humanidad. Sin embargo, más que ocuparnos de sarcófagos y ataúdes, queremos hacer especial hincapie en los añadidos que se implantaron en los ritos religiosos y que, de algún modo, guardan semejanzas entre si.

Citar que en Europa todo empezó con la erección de túmulos y dólmenes, cuando en Egipto los faraones ya descansaban debajo de impresionantes pirámides, puede parecer repetitivo. Pero las honras al fallecido eran similares: tanto en el continente europeo como en el continente africano, asi como en Asia y América, los
muertos eran enterrados con sus pertenencias y ofrendas alimenticias ya que se creía firmemente que la muerte era tan solo un tránsito hacia otra vida. Con más o menos abundancia, con más o menos riqueza, los muertos eran enterrados o sepultados con todo lo que habían poseído en vida: armas, utensilios de a diario, joyas, ropajes,... para que no les faltara de nada. Por supuesto, los reyes, reyezuelos, jefes de tribu, hechiceros, generales y altos dignatarios solían beneficiarse de una consideración post-mortem que no era concedida al común de los mortales.

Máscara de Jade de Pacal (Museo Nacional Antropológico de México).
Que fuera en Grecia, en China, en América del Sur o en Egipto, los monarcas se iban con todos los honores hacia sus últimas y elaboradísimas moradas. Y hay más: en todos esos países, los reyes y príncipes eran enmascarados con una faz de semblante hierático fabricada en oro, en jade o en madera pintada, en un vano intento de fijar en la eternidad su rostro con más o menos fortuna según el artista y orfebre. Buenas muestras de ello son las máscaras de oro de Agamemnón o de Tuthankamón, por citar a las más populares del siglo XX. En Europa, los enigmáticos etruscos fueron unos maestros en ese arte: no solo se contentaban con tallar, cincelar y esculpir sarcófagos con las efigies de los finados, tumbados o recostados, sino que además les excavaban en la roca viva su última morada, con salones y habitaciones que pudieran contener sus muebles y pertenencias que, a diferencia de los egipcios, no amontonaban esos enseres previamente desmontados, en algunos casos, en habitáculos reducidos que precedían la cámara mortuoria.
Legendaria es la tumba del primer emperador chino, de la que se conservan citas sobre su magnificencia y grandiosidad bajo una montaña de tierra y piedras, y que se cree haber localizado recientemente. Se habla de una reproducción a escala del territorio chino, con sus ríos y mar de mercurio, de ejércitos petrificados y de tesoros de incalculable valor arqueológico. El hecho de haber descubierto tumbas imperiales menores, con sus momias de princesas y emperadores cubiertas por armazones de jade y piedras preciosas, dan una pequeña idea de lo que puede descubrirse si, finalmente, se consigue encontrar la entrada al templo funerario del primer emperador.

Recreación virtual del interior del Mausoleo de Quin Shi Huang, 1er Emperador de China (hace más de 2.000 años), con el mapa en relieve y a escala del Imperio Chino, con sus ríos y mar de mercurio. / En la imagen superior, máscara de oro funeraria de la Princesa de Chen, hija del Emperador Jin Zong (siglo X).
Y si los romanos son decepcionantes al reabrir sus tumbas, éstos observaban una costumbre oriental que consistía en moldear sobre el semblante de sus cadáveres una máscara de cera, que luego conservaban en sus casas y villas como retratos realistas en un lugar preferente que servía de "templo" particular, dónde les honraban de cuando en cuando. A esos recuerdos de sus muertos se sumaban bustos y estátuas a tamaño natural del finado o finada tallados en el mármol más impoluto. Y si en Grecia y Roma depositaban una moneda en la boca o un par sobre los ojos del muerto, para pagar su viaje a bordo de la barca de Caronte, en China a los emperadores y sus consortes se les introducía una gran perla negra apenas exhalado el último suspiro.
Los funerales de los reyes europeos
Tumba del Caballero Philippe Pot, Señor de La Roche-Pot (siglo XV, París) / Abajo, fotografía de los sepulcros de Enrique Plantagenet y de Eleonor de Aquitania, reyes de Inglaterra, en la Abadía de Fontevraud (Francia).
Europa es otro cantar. Desde la Edad Media hasta el Renacimiento, las tradiciones evolucionan y se perfeccionan. De sencillas losas desnudas hasta las grabadas de escudos en relieve, escarvadas en los suelos de iglesias y catedrales, se pasa a sarcógafos diminutos que sirven de osarios como antiguamente se hacía en Israel, empotrados en lo alto de las capillas y policromados. Pronto se esmeran los artistas y maestros artesanos góticos: los sarcófagos se agrandan hasta contener el cuerpo entero del monarca, y sus pesadas tapas son delicadamente esculpidas con sus efigies adornadas con sus símbolos de soberanía, agarrando con elegancia sus cetros flordelisados y la testa recostada en un cojín y ceñida con sus coronas reales, arropados en sus mantos y túnicas de gala, y con los pies descansando sobre el flanco de un lebrel. Mármoles, alabastros, granitos, maderas e incluso bronces dorados serán cincelados para reproducir los rasgos de reyes, reinas, príncipes y princesas lo más fielmente posible; y para darles más realismo, las pintarán como si estuvieran de cuerpo presente. Colmo de ingeniosidad: consiguen incluso enmarcar esas regias tumbas bajo pequeñas capillas flamígeras que descansan sobre delicadas columnas.

Tumba de Alfonso VII de Borgoña, Rey de Galicia, León y Castilla, y de su consorte Rica de Polonia, en la Catedral de Toledo (España).

Mausoleos de los Reyes Catalano-Aragoneses Jaime II y Blanca de Anjou, y de Pedro III "el Grande", obras de Pere Bonhuyl y de Bertomeu de Girona respectivamente, en el Real Monasterio de Santes-Creus, Aigüamúrcia, en Tarragona (Catalunya).
Con la ola renacentista en el Sur del viejo continente, los difuntos ilustres siguen tronando sobre sus pesados sarcófagos, aunque en ocasiones algunas tumbas acaben siendo auténticas composiciones escultóricas de dos piezas: el osario o sarcófago por un lado, y la figura del finado tronando desde lo alto como un héroe de guerra que medita sobre su existencia, tal y como hizo con un Médicis el gran Michelangelo Buonarrotti, con reminiscencias de la antigua Roma Imperial.
El rey ha muerto, ¡viva el rey!

La Tumba monumental de Luis XII, rey de Francia, y de su segunda esposa la Duquesa Ana de Bretaña, en la Real Abadía de Saint-Denis (Francia). / Abajo, efigie en cera del rey Enrique VII de Inglaterra moldeada directamente sobre el cadáver y pintada como parte integrante de su maniquí (siglo XVI / Museo de la Real Abadía de Westminster, Londres, Inglaterra).
Se cree que, sacado de la ceremonia de los regios funerales, nació la invención de los monumentos renacentistas de dos pisos en la Europa del Norte. Concretamente en Francia y desde el reinado de Carlos VI "el Loco", a la muerte del monarca se realiza una efigie funeraria de éste con su rostro moldeado con cera directamente sobre la cara, vestido con sus ropajes de la coronación y con la diadema real en las sienes, en posición orante o sosteniendo el cetro y la mano de Justicia y al que se sirve, tres veces al día, solemnes comidas respetando el habitual desfile de platos. Generalmente dispuesto sobre una cama engalanada, el maniquí del difunto rey representa la permanencia de la monarquía. Además de la coreografía de las comidas, se añaden los desfiles de príncipes llevando una barba dorada postiza en señal de duelo, y de nobles, clérigos, burgueses y gente común que acuden para despedir al finado en respetuoso silencio.

Capilla Ardiente del Rey Enrique IV de Francia y de Navarra, el 14 de mayo de 1610, según un grabado de la época. El maniquí o efigie funeraria del monarca es dispuesto sobre una cama engalanada, coronada y adornada con los símbolos de la monarquía gala.
Mausoleo del Rey Enrique II de Francia y de su consorte Catalina de Médicis, obra de Germain Pilon, en la Real Abadía de Saint-Denis. / Abajo, detalle de las efigies funerarias de Enrique II y Catalina de Médicis.
El día de la inhumación, el ataúd es depositado dentro de un catafalco mientras la efigie regia es colocada sobre una plataforma superior. De este modo, la doble tumba de los reyes Luis XII y Ana de Bretaña traduce en mármol las arquitecturas efímeras de los funerales en la Real Abadía de Saint-Denis. Las otras dos tumbas dobles de los reyes Francisco I y Enrique II con sus respectivas consortes, son construídas según el mismo modelo: abajo, los cuerpos, generalmente representados de manera macabra; arriba, las efigies de almas serenas que rezan para elevarse hacia Dios.
Tumba-nicho del Rey Enrique IV de Francia y de Navarra, presidida por su busto en la necrópolis real de Saint-Denis / Abajo, fotografías de la tumba del Rey Luis XIV de Francia y de Navarra.

Después de los Valois y a diferencia de éstos, los Borbones (de Enrique IV a Luis XV) optarán por ser inhumados en féretros de plomo encerrados por otros de madera bajo losas sencillas o en nichos ricamente adornados con esculturas en bajo relieve. Pese al cambio, se seguirá observando la costumbre de utilizar un maniquí con el semblante del rey para las exequias, permaneciendo arrodillado sobre una cama y rezando de cara al altar desde un lugar preferente de la abadía a lo largo del reinado siguiente y así sucesivamente.

Tumba de Sir John Croke y esposa, con sus respectivas efigies policromadas, realizada en 1608. / Abajo, instantánea de la tumba de la reina Elizabeth I de Inglaterra, ubicada en la Real Abadía de Westminster (Londres).

Los ingleses copiarán, desde el siglo XV, punto por punto esas ceremonias fúnebres que acabarán extendiéndose a gran parte de Europa del Norte (Suecia, Dinamarca, Países-Bajos, Polonia, Alemania, Austria,...), incluyendo al maniquí regio con sus máscaras de cera moldeadas y pintadas con más o menos éxito. Los grandes señores, no queriendo ser menos que sus monarcas, imitarán el ceremonial y tendrán sus propios maniquís, además de sus efigies esculpidas y policromadas sobre sus catafalcos que siguen haciendo las delicias de los turistas que visitan las iglesias, capillas y catedrales, y en las que demasiadas veces muestran su vandalismo con grafitis y amputaciones de manos, narices y pies.

Tumba de Henry Howard y de su esposa Lady Frances de Vere, Condes de Surrey.
La evolución de la efigie real: del servicio fúnebre al museo de cera
Efigie funeraria en cera del rey Carlos II de Inglaterra, Escocia e Irlanda, ataviada con el traje de Gran Maestre de la Orden de la Jarretera, realizada para sus funerales en 1688 y conservada en el Museo de la Real Abadía de Westminster (Londres). / Abajo, efigie funeraria de la reina Elizabeth I de Inglaterra en Westminster; sus atuendos tuvieron que hacerse de nuevo a mediados del siglo XVIII, debido a la deterioración de los originales.
Durante la Revolución Francesa, se cometieron irreparables barbaridades: a las violaciones de sepulturas reales y nobles, se sumó la quema indiscriminada de los maniquís de reyes y príncipes y la destrucción sistemática de numerosos panteones. Por suerte, en Gran-Bretaña, se siguen conservando milagrosamente muchas efigies reales y principescas que fueron utilizadas entre el siglo XV y el siglo XVIII, tal y como se puede ver en el museo de la Real Abadía de Westminster, y que consiguieron sobrevivir a una revolución y a los infernales bombardeos alemanes. Los maniquís de Enrique VII, de María I, de Elizabeth I, de Carlos II, de Guillermo III y de María II, de Ana I, de la duquesa de Richmond, de los tres Jorges (Jorge I, Jorge II, Jorge III) siguen suscitando curiosidad entre los visitantes del templo y sirvieron, a finales del siglo XVIII, para que Madame Tussaud realizara sus copias en cera para su museo londinense después de abandonar la Francia revolucionaria, dónde sus últimos trabajos no eran más que siniestras representaciones de nobles y políticos recién guillotinados. Podríamos pues afirmar, sin equivocarnos mucho, que Madame Tussaud perpetuó en cierto modo esa antigua costumbre europea de inmortalizar a los ilustres muertos.
Hoy en día, no hay nación que no cuente, entre sus atracciones turísticas, con algún museo de cera donde estén representados sus monarcas, políticos, militares, famosos e incluso asesinos de todas las épocas, gracias a la influencia de Madame Tussaud.
En cuanto a la tradición funeraria de confeccionar maniquís regios, acabó por ser abandonada en los albores del siglo XIX.

Se que quizá no te gusta que te lo digan y quizá te mola escribirlo así pero, en mi opinión, podrías titular a los reyes y reinas de este país como entonces y hasta hace nada eran conocidos, porque eso de "Alfonso VII de Castilla y Leon" queda un poco de risa.
Ya lo de tumbas de los reyes catalano-aragoneses no digo nada porque para qué.
Parece que cada uno es feliz en su insistir, pero no por mucho repetir una tontería se hace realidad.
Abantu,
Tú lo has dicho, no por mucho repetir una tontería se hace realidad; frase aplicable sobretodo a la insistencia de los defensores de la predominancia castellana, elevándola al rango de "ombligo del mundo" ibérico y de la cual, según éstos, tan solo puede emanar la verdad absoluta.
Pues mira, quien se pica, ajos come.
Ya sé que molesta y, sobretodo, ofende a los castellanos mencionar a los reyes Catalano-Aragoneses, pero por algo será. Lo que pasa es que sois tradicionalmente obtusos cuando se os exponen hechos que contradicen vuestro credo neofranquista. ¿Por qué será que a lo largo de su historia ha perdido todas las batallas cuando quiso imponer su imperialismo? A los gobernantes castellanos siempre les falló el espíritu de conciliación y de tolerancia político-religiosa, y les sobró autoritarismo, brutalidad e intransigencia; y sino, mira el ejemplo de la rebelión de los Países-Bajos.
España, al fin y al cabo, tan solo existe desde 1713 cuando Felipe V decidió centralizarlo todo en Madrid, aboliendo los fueros y las cortes de los demás reinos. Antes de eso, bajo los Austrias, era más correcto hablar de un rey de las Españas que gobernaba incomodado por fueros y cortes que siempre le ponían cortapisas a sus exigencias. Si hay una verdad, es que es España es esto: un conjunto de reinos unidos por voluntad propia bajo un monarca castellanizado e instalado en Madrid, a condición que se respetasen sus privilegios.
Sobre la titulación de Alfonso VII de Borgoña, no veo dónde está el problema o lo que pueda hacer sonreír... Supongo que habrías preferido leer que fue en primer lugar Rey de Galicia, luego de León y finalmente de Castilla, y autotitulado "Emperador de Toda Hispania" aunque no lo fuera realmente, pese a que recibiera por ello el homenaje del Conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, su cuñado. Pues tranquilo que ahora mismito lo pongo; no nos pelearemos por un quítame allá esa paja.
Mi más cordial saludo.
Pero ¡que mania, amigo! que no, que no ha existido en la vida la casa real catalano aragonesa. El utilizar esa terminología da al traste con el magnifico post que has subido a tu blog. Siento ser tan insistente con este asunto pero es que, de verdad, no entiendo a los que os manteneis en las mismas teorias.
mis saludos, cordiales siempre.
Jose,
Aqui, mires por dónde mires, consultes lo que consultes, se habla de la "Casa Reial Catalana"... y no deja de tener su lógica. A fin de cuentas, los Condes de Barcelona se hicieron con la corona real al convertirse en Reyes de Aragón como sucesores de Petronila. Me parece que ésta es la razón básica.
Bueno, a excepción de tu disgusto por una leyenda a pie de foto, al menos veo que te ha gustado el artículo, ¿no? Es lo que realmente importa porque, sencillamente, agua pasada no mueve molino.
Mis más cordiales saludos, por supuesto.
Este pie de foto "Mausoleos de los Reyes Catalano-Aragoneses Jaime II y Blanca de Anjou, y de Pedro III "el Grande", obras de Pere Bonhuyl y de Bertomeu de Girona respectivamente, en el Real Monasterio de Santes-Creus, Aigüamúrcia, en Tarragona (Catalunya)" merece una aclaración.
Los reyes Catalano-Aragoneses (me resulta dificil incluso escribirlo) no existieron nunca, ya que no existió la corona Catalano-Aragonesa.
Aragón fue reino y corona y los reyes eran reyes de Aragón y condes de Barcelona.
Parece mentira que en una página de historia se comentan estos errores (o son datos mal intencionados que aqui quedan y poco a poco entran en la memoria de las personas)
Nadie debe manipular la Historia, es tozuda y con documentos se puede demostrar cualquier cosa.
Atentamente,
Blanca
Me ha indignado tanto el pie de foto del Real Monasterio de Santes-Creus, que no había leido el comentario de retratosdelahistoria de 7 de enero de 2010 a las 13.38.
Está claro que, mires por dónde mires y consultes lo que consultes, los Condes de Barcelona NO se hicieron con la corona real.
Lección de Historia:
Ramiro II "el Monge" REY DE ARAGON, casó a su unica hija Petronila con Ramón Berenguer IV Conde de Barcelona a quien el rey le otorgo el título de Principe de Aragón. Ramón Berenguer IV nunca reinó ya que la reina era Doña Petronila que además le sobrevivió.
Del matrimonio de reina y conde nació en HUESCA (Aragón) el que conocemos como Alfonso II REY DE ARAGON y conde de Barcelona ya que heredó entre otros estos títulos de sus padres.
Y así sucesivamente hasta la unificación con los Reyes Católicos.
Esto lo saben hasta en la Wikipedia, ¿como en este blog tan extraordinario no?
Saludos.
Estimada Blanca,
¿Dónde está escrito que yo afirmara que Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón fuera REY DE ARAGÓN?
En ninguna parte.
El título de Rey de Aragón lo tuvo su suegro Ramiro II "el Monje" y se lo reservó hasta su muerte (1157) porque pretendía transmitirlo a su nieto Alfonso II. Y si es cierto que Petronila fue reina, el que gobernó, hizo y deshizo en Aragón, fue su marido Ramón Berenguer IV junto con el consejo de regencia en calidad de PRÍNCIPE DE ARAGÓN; fue él quien puso término a las pretensiones castellanas de anexionarse Aragón, e intentó reincorporar a la Corona Aragonesa el Reino de Navarra, que se había independizado desde la muerte del rey Alfonso I "el Batallador" (éste, por cierto, había legado sus dos reinos a las órdenes militares del Sto. Sepulcro y del Temple por testamento). Creo que deberías revisar más detenidamente el tema.
El hecho de casarse Ramón Berenguer IV con la princesa Petronila de apenas dos años de edad, cuando él computaba 23, el 11 de agosto de 1137 (ratificado en agosto de 1150), le dio el poder de facto pues Ramiro II le cedió su reino (que no el título). Investido con estos poderes, el Conde de Barcelona negoció la renuncia de las órdenes militares sobre la Corona de Aragón (que renunciaron en 1141 y 1143 en favor de Ramón Berenguer IV, en calidad de CONDE DE BARCELONA y no como Príncipe de Aragón), así como la retirada de las tropas de Alfonso VII de Castilla que ocupaban el territorio aragonés. Es también importante reseñar que las órdenes renunciantes rehusaron desde un principio, al igual que el papa, reconocer a Ramiro II como Rey de Aragón, y que el Papado sostuvo la validez del testamento de Alfonso "el Batallador" hasta la conclusión de las negociaciones con el jefe de la Casa Condal de Barcelona.
Por otro lado, Petronila fue, desde el principio, trasladada a la corte condal de Barcelona para recibir allí su educación en calidad de prometida de Ramón Berenguer IV. Cuando cumplió la edad requerida por el Derecho Canónico, la niña casó con el novio. Petronila tuvo el título de REINA DE ARAGÓN y reinó como tal pero sin gobernar efectivamente, ya que todos los asuntos de su corona eran llevados por su consorte. Y, cuando enviudó de Ramón Berenguer IV en 1164, abdicó en el primogénito que tenían en común: Alfonso II, Rey de Aragón y Conde de Barcelona. Después de eso se retiró y murió en Barcelona, donde fue sepultada en 1173.
En su testamento, Ramón Berenguer IV cedía a su viuda el usufructo del Condado de Besalú, con tal de asegurarle las comodidades debidas a su rango.
Por último puntualizar que, por matrimonio entre un hombre y una mujer, la descendencia de ambos siempre lleva en primer término el apelativo (nombre, apellido, título) del progenitor y en segundo lugar el de la progenitora, dada la predominancia masculina sobre el sexo femenino. Por lógica se puede hablar del rey Alfonso II como príncipe catalano-aragonés, aunque haya que tener en cuenta que la prerrogativa real siempre iba antes que la prerrogativa principesca. Este último detalle es sobre el cual algunos historiadores se apoyan con vehemencia para hablar de la inverosímil "extinción" del linaje condal de Barcelona y de la continuidad del linaje real de Aragón. Otros, ciñéndose a la lógica expuesta más arriba, hablan de la sucesión de la casa condal a la cabeza del reino de Aragón (como sucesores de la última reina del linaje navarro, Petronila) hasta la extinción de la misma con el rey Martín I "el Humano" en 1410.
Por cierto, unificación NINGUNA con los Reyes Católicos, o debo recordarte que a la muerte de Isabel I su marido Fernando II de Aragón siguió reinando en sus dominios aragoneses y catalanes independientemente de lo que se cocía en Castilla? Juana I "la Loca" fue la sucesora de su madre como Reina de Castilla a partir de 1504 hasta 1555, aunque el poder efectivo recayera en manos de su consorte el archiduque Felipe de Austria hasta 1506, y de su padre Fernando II de Aragón, que acabó por asumir la regencia hasta 1516, fecha de su muerte. Tras el fallecimiento de su padre, Juana I fue reina nominal de Aragón, pero no fue reconocida como tal por las cortes catalana y aragonesa en virtud de la complejidad institucional de los fueros, como bien se cita en Wikipedia. Fue Carlos I, su hijo, quien tras jurar los fueros de los distintos reinos que heredaba, reinó y gobernó sobre la totalidad de lo que hoy llamamos España, sin por ello centralizar el gobierno y acabar con la autonomía de los reinos reunidos en su persona.
¿Ha quedado claro? Espero que si.
Recibe mi más cordial saludo.
Hola de nuevo retratosdelahistoria,
Veo que has hecho los deberes y que has mirado la Historia de la Corona de Aragón, pero de forma un poco sesgada al menos cuando dices "Por último puntualizar que, por matrimonio entre un hombre y una mujer, la descendencia de ambos siempre lleva en primer término el apelativo (nombre, apellido, título) del progenitor y en segundo lugar el de la progenitora, dada la predominancia masculina sobre el sexo femenino. Por lógica se puede hablar del rey Alfonso II como príncipe catalano-aragonés, aunque haya que tener en cuenta que la prerrogativa real siempre iba antes que la prerrogativa principesca." Como bien sabes (y supongo que todos los historiadores catalanes también) por encima del titulo real no había nada, fuese hombre o mujer quien lo ostentase, o sea que POR LOGICA NO SE PUEDE HABLAR DE Alfonso II como principe catalano-aragonés (¡mira que me resulta dificil escribirlo!) sino como Rey de la Corona de Aragón.
Por otra parte ¿no crees que Ramiro II fue muy inteligente pactando el matrimonio de su hija con el Conde de Barcelona? o esto tambien se le niega.
Y bla, bla,bla,bla,............
Mientras la historia inventada por algunos catalanes sea publicada en libros de texto e impuesta en los centros docentes, no habra forma de salir de este debate. Pero insisto la HISTORIA es tozuda y con documentos se puede demostrar cualquier cosa.
Salud.
Creo que os habéis enfrascado demasiado en el tema Aragonés que no os habéis dado cuenta de alguna que otra cosa. De entrada enhorabuena por el artículo porque es muy interesante. Y después decir que la foto de la tumba de Alfonso VII "El Emperador" no es de Sahagún si no de la Catedral de Toledo, en la Capilla Mayor, y en la tumba le acompaña si no me equivoco su esposa Rica de Polonia, no su otra esposa Berenguela, aunque esto ya no te lo aseguro, pero que la foto es de la Catedral de Toledo es seguro al 100%
Os invito, si os interesa el tema, a pasaros por mi foro:
http://enterramientosreales.forogeneral.es/
Gracias