LOS DIAMANTES DE LA PAÏVA

En el mes de mayo de 2007, en Ginebra, la casa de subastas Sotheby's procedió a la venta de dos diamantes excepcionales. El comprador, que quiso conservar el anonimato, los obtuvo por 5,8 millones de €., o sea, casi el doble de su precio inicial según la estimación de los peritos. Las dos gemas poseen un color amarillo natural bastante excepcional, y se ignora la procedencia exacta de éstas: Brasil o India. Talladas en el siglo XIX, han conservado su forma inicial. Una fue tallada en forma de pera, pesando 82,42 quilates, mientras que la otra, tallada en cojín, tiene 102,54 quilates.

Pero más allá de sus características, su historia suscita un gran interés. Los dos diamantes amarillos pertenecieron a La Païva, célebre cortesana y legendaria figura de la alta sociedad parisina del siglo XIX. Nacida en Moscú en 1819, de padres judíos polacos refugiados en Rusia, Esther alias PaulineThérèse Lachman se había establecido en París tras abandonar a su primer marido e hijo, en plena época del IIº Imperio. Nuevamente casada durante un tiempo con el riquísimo aristócrata portugués Albino Francisco de Païva-Araujo, Marqués de Païva, vivía en un extravagante y lujoso palacete de los Campos Elíseos, coleccionando amantes y diamantes. Sus joyas rivalizaban -y sobrepasaban- las que poseía la mismísima emperatriz Eugenia.

Falleció en Alemania, en 1884, casada en terceras nupcias con otro aristócrata de rancio linaje y gran fortuna, el Conde Guido Henckel von Donnersmarck, primo del canciller Bismarck. Es en el seno de esta familia que se conservaron los famosos diamantes, siendo utilizados en broches, colgantes o esclavas según el capricho de la siguiente condesa von Donnersmarck, la princesa rusa Ekaterina Slepzowa que confiaba las modificaciones a la afamada casa Chaumet de París.