SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -3-
el 24 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios
SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE
KURPRINZESSIN DE HANNOVER
1666 - 1726
LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN
3ª PARTE
¿Qué fue de Königsmarck?

Retrato del Duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Elector de Hannover de 1692 a 1698; grabado de finales del siglo XVII.
Ésa fue la pregunta que se repetía tanto en Hannover como en las otras cortes vecinas. Todo el mundo estaba al tanto del idilio de Philipp Christoph von Königsmarck con la kurprinzessin Sofía-Dorotea, pero la extraña desaparición del amante permanecía siendo una incógnita. Ante la falta de pistas y pruebas fehacientes, los rumores empezaron a multiplicarse a medida que se adelantaban las más inverosímiles especulaciones.
Oficialmente, en la corte hannoveriana no se hablaba del tema. De hecho, el Elector Ernesto-Augusto I y su hermano el Duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle intentaron por todos los medios que se ocultase la verdad y se propagase la noticia fuera de la corte. Pudieron callar bocas durante un mes... pero, pasados 30 días, el vergonzoso "secreto de Estado" hacía aguas por todas partes y se propagó por toda Europa.
Ciertos contemporáneos no dudaron en dar sus propias versiones de los hechos acontecidos en la dramática noche del 1 al 2 de julio de 1694. Algunos afirmaron que los trabanes, tras asesinar al conde, se deshicieron del cadáver metiéndolo en un saco junto con unas pesadas piedras y tirándolo a las aguas del río Leine, que atraviesa la capital. Otros, como Sir Horace Walpole, especularon que habían incinerado el cuerpo en un horno para luego ocultar su esqueleto bajo el entarimado de uno de los salones del palacio de Herrenhausen. Esta última versión es, desde luego, la más escabrosa y siniestra que se ha llegado a contar..., aunque otra versión similar tampoco se queda atrás: habrían supuestamente descuartizado el cadáver de Königsmarck para luego diseminar los trozos, enterrarándolos bajo los parterres que rodean el palacio del elector.
Los que trataron de dar con los restos de Königsmarck, basándose en los delirantes rumores de entonces, no tuvieron éxito. Jamás se encontró su cadáver, y bien puede ser que la teoría del río Leine sea, quizá, la más creíble de todas.
De lo que no hay duda, es de las implicaciones del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y de la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund en la desaparición del pobre conde, y que su asesinato no fue más que la consecuencia de una vendetta femenina, disfrazada con una falsa acusación de adulterio y tentativa de rapto para que el elector diera orden de ejecutarle.
En 1700, en su lecho de muerte, la condesa von Platen presa de remordimientos, confesaría su crimen, denunciando de paso la complicidad del Elector Ernesto-Augusto I. Otros protagonistas en el asesinato, y más concretamente uno de los trabanes que mataron a Königsmarck y que era italiano*, confesó haber recibido la exorbitante suma de 10,000 táleros (pagados por el mismísimo elector) en recompensa por su participación en el linchamiento.
La Princesa Electriz Sofía de Hannover junto con su hijo el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover, futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, representados en un cuadro de finales del siglo XIX, realizado por Dieckmann.
¿Estuvo al corriente el marido de Sofía-Dorotea? No cabe duda sobre ello. Fue puntualmente informado por su padre una vez consumados los hechos. Algunos llegarán a barajar la posibilidad de que la orden partió de él y que estuvo implicado desde el primer momento, pero la teoría entra en conflicto con las últimas palabras del que sería Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda en su lecho de muerte: "Fisette! Fisette!... "Yo no he sido! No! No!"
"Fisette" era el apodo que Jorge-Luis y el resto de la familia electoral daban a Sofía-Dorotea.
En cuanto a Sofía-Dorotea, ni siquiera presenció el asesinato como tampoco se enteró enseguida de la suerte que corrió su pobre enamorado.
(*)_se trata del sacerdote Don Nicoló Montalban, convertido en asesino a sueldo. Se le atribuye el golpe fatal que mató a Königsmarck.
Divorcio y sentencia
Pocos días después de que Königsmarck se esfumara de la faz de la Tierra, la Kurprinzessin Sofía-Dorotea fue formalmente arrestada por orden de su suegro el Elector Ernesto-Augusto I. Bajo una fuerte escolta, fue sacada de palacio y trasladada al castillo de Lauenau, dejándole bien claro que ahora era una prisionera del Estado en espera de una sentencia. Su dama de honor corrió una suerte parecida: Eleonore von dem Knesebeck fue separada de la princesa, metida a la fuerza en una carroza con las cortinas echadas y, con nutrida escolta, entregada a sus carceleros de la fortaleza de Scharzfels (*). Su repentino encierro respondía a una medida preventiva en nombre del secreto de sumario.
Internada en el vetusto castillo de Lauenau, Sofía-Dorotea intentó recurrir a sus padres. Pero su padre el duque estuvo de acuerdo con las medidas emprendidas por su hermano el elector. Sofía-Dorotea se había comportado como una cualquiera, deshonrando su alto rango y su familia al permitirse unas libertades impropias de una mujer casada con un príncipe heredero que, para colmo, también era el pretendiente al trono británico. No cabía piedad para ella desde la óptica paterna, ya que era motivo de vergüenza para los suyos. La única que se apiadó fue su madre, la duquesa Eléonore, conmovida por su dramática situación. Intentó, por todos los medios, que no se perjudicase en exceso a la "esposa adúltera", buscando en vano consensuar los términos de una separación entre Jorge-Luis y ella. Pero no hubo miramiento alguno con la madre de la despendolada nuera. Ni siquiera la escucharon.
El 28 de diciembre de 1694, el consistorio de Hannover pronunció oficialmente el divorcio de Jorge-Luis y Sofía-Dorotea, basándose en el intento de "abandono" del hogar conyugal de la esposa (planeado por Königsmarck y ella) y no en la más que dudosa "infidelidad" de la misma, puesto que el verdadero adúltero que, para colmo, vivía en concubinato con la condesa von der Schulenburg y había reconocido a sus bastardos, era el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover. Y califico de dudosa la infidelidad o adulterio de Sofía-Dorotea con Königsmarck porque, según numerosos historiadores y estudiosos de este caso, hay altas probabilidades de que nunca hubo sexo entre los dos amantes y que su apasionada correspondencia fuera, sino en parte, una maquiavélica falsificación para cubrir de lodo a la princesa (se conservan un total de 600 cartas!). Dicho esto, no pongo en tela de juicio su idilio que ya venía de la adolescencia, ni el enamoramiento que surgió entre ambos, pero de ahí a fornicar en los rincones sin que fuesen sorprendidos y que no se ventilase...
Posteriormente, los Jacobitas escoceses e irlandeses adjudicaron un orígen espúrio a Jorge II y a su hermana la reina consorte de Prusia, señalando al conde de Königsmarck como su más que probable padre natural. Pero no eran más que unas malintencionadas conjeturas cuyo armazón no se sostiene de ninguna manera. Las relaciones de Königsmarck con Sofía-Dorotea se inician realmente el 1 de julio de 1690 como mucho, tal y como lo atestigua la abundante correspondencia de los amantes, iniciada en esa fecha; la primera respuesta de Sofía-Dorotea tan solo se produciría en 1692! A todas luces, los nacimientos del futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña y de la futura reina Sofía-Dorotea de Prusia son muy anteriores: en 1683 y 1687 respectivamente.
Y, si es cierto que Sofía-Dorotea y Philipp Christoph von Königsmarck se conocían con mucha más anterioridad, tan solo se trataba de un idilio de adolescentes. El primer encuentro se produce en la corte de Celle en 1680, cuando la Condesa von Königsmarck, madre de Philipp, acude a ella con sus hijos y solicita la mano de la princesa Sofía-Dorotea de entonces 14 años, no para Philipp sino para Carl-Johan, su hijo mayor. Dos años después, a mitades del mes de diciembre de 1682, Königsmarck vuelve a reaparecer por la corte ducal de Celle y la abandona un 15 de enero de 1683, tras la boda de Sofía-Dorotea con Jorge-Luis. Luego, Philipp se dedica a las campañas bélicas imperiales, bajo las órdenes del Elector de Sajonia en Hungría, regresando a "casa" en 1688 y comprometiéndose con la condesa von Rantzau en el curso del verano de ese mismo año; compromiso que fue, por cierto, roto poco después. Tras una breve estancia en Venecia, donde rehusa una oferta de la Serenísima, el joven coronel ingresa en el ejército hannoveriano en mayo de 1689 y es nombrado capitán de dos compañías de la Guardia de Palacio. Participa en la campaña del Rhin contra los Franceses, al mando de un cuerpo de élite, y regresa a Hannover en el invierno de 1689-1690, fechas en las que inicia sus amoríos con la condesa von Platen-Hallermund. Toma luego parte en otra campaña en el Henao, desde donde envía su primera carta de amor a Sofía-Dorotea y rehusa reanudar sus relaciones sexuales con la von Platen.
Las princesas de entonces lo tenían rematadamente mal a la hora de poner cuernos a sus maridos, porque siempre estaban acompañadas y estrechamente vigiladas, mientras que los príncipes gozaban de una mayor intimidad y libertad a la hora de cometer adulterio: estaba bien visto, muchas veces alentado por su entorno, y no se podía recriminar porque se asumía naturalmente como una prerrogativa del hombre. La mujer "infiel", a lo sumo, coqueteaba, se dejaba amar, robar besos aprovechando el descuido de la servidumbre, intercambiaba encendidas misivas con la complicidad de sus damas que hacían de correo, pero fornicar, lo que se dice fornicar,...
Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera, Princesa-Electriz de Hannover (1630-1714), consorte del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y presunta heredera del trono de Gran-Bretaña e Irlanda.
A todas luces, parece ser que algunos poderosos personajes de la corte de Hannover, véase la familia política de Sofía-Dorotea, tuvieron algo que ver con esa campaña de difamación. Avalados por su odio hacia ella, podemos hacer resaltar las antipáticas figuras de la Princesa Electriz Sofía del Palatinado, secundada por su hijo Jorge-Luis, la amante de éste Melusine von der Schulenburg, y por la influyente amante del Elector, la condesa von Platen-Hallermund, que tenía motivos más personales si cabe para destrozar a la princesa.
La familia electoral no se apiadó de la suerte de Sofía-Dorotea. Ni siquiera cuando la duquesa Eléonore de Brünswick-Celle intentó recurrir a su inveterada enemiga, la Princesa Electriz Sofía, creyendo en vano que conseguiría conmoverla. Con su sequedad habitual, Sofía del Palatinado se negó a interceder personalmente para atenuar el castigo de su nuera.
Con el divorcio publicado (**), Sofía-Dorotea dejó de ser Su Serenísima Alteza la Kruprinzessin de Hannover, para volver a tener su apellido de soltera. Pero la sentencia no se paraba aqui: se le quitaba toda potestad sobre sus hijos, asi como el contacto con éstos, y se la confinaba de por vida en el vetusto castillo de Ahlden, en el ducado paterno de Celle, confiando su custodia y estrecha vigilancia a 40 guardias. Se le prohibía terminantemente salir del castillo y recibir visitas que no fueran especialmente aprovadas por el Príncipe-Elector Ernesto-Augusto I.
Condenada, en cierta manera, a una muerte civil, Sofía-Dorotea se vio despojada de todo lo que amaba (familia, hijos, amigos) y tan solo mencionada como la "Princesa de Ahlden". Su madre, la duquesa de Celle, desengañada y profundamente dolida con toda esa farsa, abandonó a su marido para reunirse con su hija en Ahlden, y compartir con ella esa "muerte en vida".
(*)_Eleonore von dem Knesebeck conseguiría evadirse de la fortaleza de Scharzfels la noche del 5 de noviembre de 1697.
(**)_el 7 de enero de 1695 (otras fuentes citan el 7 de marzo), ocho juristas de Hannover reunidos por el Elector Ernesto-Augusto I y el Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle, estudiaron el caso de la princesa Sofía-Dorotea, haciendo sobretodo hincapié en su intento de fuga con el conde von Königsmarck, y se pronunciaron favorablemente sobre el divorcio solicitado por el Kurprinz Jorge-Luis, a quien le acordaron la custodia de los hijos habidos con su ex-mujer. Los mismos juristas condenaron a la princesa a ser recluída de por vida.
Final de una tragedia Shakespeariana

El Castillo de Ahlden, lugar de reclusión a perpetuidad de la "Princesa de Ahlden" Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, entre 1695 y 1726; grabado de finales del siglo XVII.
Menos de 4 años después de producirse su encierro, la Parca empieza a barrer el escenario; su suegro el alcoholizado Elector Ernesto-Augusto I fallecía y ascendía al poder su marido Jorge I Luis (1698). En 1700, la muerte se llevó a la condesa von Platen-Hallermund, la vengativa asesina de Königsmarck y la autora de la caída en desgracia de Sofía-Dorotea. En 1705, era el severo e inflexible padre de Sofía-Dorotea, el duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle quien fallecía. Nueve años más tarde, en 1714, era su odiosa suegra la Princesa-Electriz Sofía quien rendía el alma, tras ser sorprendida por la tormenta durante uno de sus paseos diarios por los jardines de Herrenhausen; una mala fiebre la llevaba a la tumba. El mismo año, Jorge-Luis se convertía en el nuevo rey de Gran-Bretaña e Irlanda con el ordinal de Jorge I, y su hijo Jorge-Augusto era investido Príncipe de Gales.
Sofía-Dorotea, condenada al olvido, pasaría más de treinta años entre los muros de Ahlden. En esas tres décadas, tan solo tuvo el consuelo de la cálida compañía de su madre, que fallecería el 5 de febrero de 1722, casi ciega. Las únicas noticias que le llegaban del exterior, desde 1706, eran por medio de las cartas que le escribía su hija la flamante Princesa Heredera de Prusia, Sofía-Dorotea de Hannover, que se había convertido en la nuera del rey Federico I, Elector de Brandenburgo. La lectura de sus esperadas cartas eran motivo de alegría en aquella espartana cárcel, y más cuando se enteró que su adorada hija se había convertido en la nueva reina consorte de Prusia en 1713.

Retrato de Sofía-Dorotea de Hannover (1687-1757), Reina consorte de Prusia y Electriz de Brandenburgo, esposa del rey Federico-Guillermo I "el Rey Sargento" y madre del futuro rey Federico II "el Grande"; inmortalizada en su viudedad por Antoine Pesne.
Esas pocas alegrías actuaron, sin duda, como un bálsamo para la prisionera de Ahlden, mientras le consumía lentamente un cáncer de garganta. Exhaló su último suspiro la noche del 13 de noviembre de 1726, a las 23 horas. Tenía 60 años, de los cuales pasó 32 encarcelada.
Su rencoroso ex-marido, el rey Jorge I de Gran-Bretaña y Elector de Hannover (en la miniatura de la izq.), nunca hizo nada para suavizar su cautiverio. Fingió olvidarse de ella y prohibió que se mencionase su nombre en su presencia; eso no le salvó de los ágrios reproches de su hijo y heredero Jorge-Augusto, Príncipe de Gales, que le detestaba profundamente. Padre e hijo se odiaron cordialmente y fueron irreconciliables hasta el final por culpa de la pobre prisionera de Ahlden.
Jorge I sobreviviría a su ex-esposa tan solo 8 meses. Un repentino ataque le fulminaría en el curso de una de sus estancias en Hannover, concretamente en Osnabrück. En su lecho de muerte, el monarca farfulló palabras incomprensibles para los que le atendían, sin embargo fueron muy reveladores; pareció atormentado por el fantasma acusador de Sofía-Dorotea hasta el último momento. Expiró el 11 de junio de 1727, a la edad de 67 años, y su cuerpo inerte sería sepultado el 4 de agosto en la cripta familiar de Herrenhausen. Nadie sintió su muerte, tanto en Londres como en Hannover.

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