SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -2-
el 22 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios
SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE
KURPRINZESSIN DE HANNOVER
1666 - 1726
LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN
2ª PARTE
La Pareja mal avenida
Puesto que se trataba de un asunto político que requería un grado de sacrificio por parte de los contrayentes, Sofía-Dorotea no pudo hacer otra cosa que tomarse su boda como lo que era, un trámite en una operación inmobiliaria familiar en la que no cabían sentimientos. Y dicho sacrificio implicaba, naturalmente, que la flamante esposa cumpliera con la tediosa y no menos peligrosa misión de acostarse con Jorge-Luis y parirle hijos varones que diesen continuidad a la dinastía.
Jorge-Luis, por su parte, tenía bien comido el coco por su madre, la altiva Princesa Palatina Sofía, contagiándole esa actitud fría y distante, llena de desdén incluso, respecto a Sofía-Dorotea. La despreciaba y se mostraba insensible a sus encantos femeninos, tratándola con rudeza a la hora de la coyunda y con indiferencia fuera de la cama. Las relaciones sexuales con su marido dejaban fría a Sofía-Dorotea, e incluso le llegaron a provocar una visceral repugnancia hasta el punto de no poder soportar que la tocase.
Sobreponiendose al asco que le daba cohabitar con el rudo y abrupto Jorge-Luis, Sofía-Dorotea cumplió con su deber de consorte de la que se espera que engendre herederos. Mientras se comunicaba oficialmente a la corte de Herrenhausen que la Princesa Heredera Sofía-Dorotea estaba en estado de buena esperanza, su marido le ponía públicamente los cuernos con una hermosa condesa de quince primaveras, que figuraba como damisela de honor de la Princesa Sofía: Ehrengard Melusine von der Schulenburg, hermana del mariscal Johann-Matthias von der Schulenburg.
Retrato del Duque Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727).
La detestable suegra de Sofía-Dorotea pareció alegrarse con la elección de su hijo, y la alentó dando su consentimiento para que se consumara el adulterio.
En noviembre de 1683, Sofía-Dorotea salió de cuentas y parió al ansiado heredero varón: Jorge-Augusto de Brünswick-Lüneburg, futuro príncipe de Hannover*. Cuatro años más tarde, otra vez encinta, la pobre esposa engendraba en marzo de 1687 a una niña, a la que bautizaron como ella: Sofía-Dorotea de Brünswick-Lüneburg**. Fue su último gesto en el cumplimiento del deber. Después del nacimiento de su hija, Sofía-Dorotea pasaba a un tercer plano en la corte de Herrenhausen, ninguneada por su marido y su suegra, y eclipsada por la brillante y ambiciosa condesa von der Schulenburg, convertida en la amante oficial de Jorge-Luis.
(*)_Jorge-Augusto, Duque de Brünswick-Lüneburg, Príncipe Hdo.de Hannover (1683-1760), sería a la postre el futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda a partir de 1727.
(**)_Sofía-Dorotea, Duquesa de Brünswick-Lüneburg y Princesa de Hannover (1687-1757), contraería matrimonio en 1706 con el heredero del rey Federico I en Prusia, Elector de Brandenburgo, el kronprinz y futuro "rey-sargento" Federico-Guillermo I de Prusia.
Leyes dinásticas y concesiones imperiales
En el curso del año 1682, el duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg y de Hannover (en la ilustración de la izquierda), de acuerdo con su hijo mayor, instituye como ley dinástica el "derecho de primogenitura" que viene a complementar la ley sálica que solo otorgaba a los miembros varones de la familia a heredar. Hasta entonces, cada vez que un padre y jefe de familia fallecía, sus estados eran divididos entre sus herederos varones. A partir de ahora, tan solo podrá heredar el primer hijo varón del soberano, mientras que los segundones se verán privados de la herencia paterna, sin derechos a reclamar compensación alguna y condenados a buscarse el sustento.
A todas luces, su primogénito el príncipe Jorge-Luis era el beneficiado, y la implantación del derecho de primogenitura era clave para asegurar la duradera unión de los Estados y su íntegra transmisión de generación en generación.
Las incesantes quejas de sus otros hijos menores, que reclamaban tierras y feudos en los que establecerse, no fueron de su agrado y contrariaban su política unionista. Se habían acabado los tiempos de repartos, divisiones y saqueos patrimoniales; ahora, tan solo el primogénito Jorge-Luis iba a heredar de todos los ducados que, años atrás, se habían pacientemente reunido.

Mapa del Electorado de Hannover en 1720, en el que figuran las nuevas anexiones territoriales de Bremen, Verden y de Lauenburg. / Abajo, blasón de la Casa Electoral de Hannover.
Por otro lado, aprovechando las necesidades del Emperador Leopoldo I de Austria en su guerra contra los Turcos, Ernesto-Augusto prestó gustosamente sus servicios y ejércitos al César, e incluso acudió personalmente a combatir al invasor. Como pago a su preciosa contribución contra el infiel, Leopoldo I le confirió la dignidad de Elector del Sacro Santo Imperio (1692), creando en su favor un noveno electorado que venía a coronar su exitosa reunión de estados en uno solo: el ducado-principado de Hannover.
Asi pues, Ernesto-Augusto I se convirtió en el primer Elector de Hannover (Kurfürst von Hannover), y su hijo y heredero Jorge-Luis en el Kurprinz.
El Amante de la Princesa Heredera de Hannover

Retrato de la Princesa Hda. Sofía-Dorotea de Hannover junto con sus hijos los Príncipes Jorge-Augusto y Sofía-Dorotea de Hannover.
Arrinconada como un trasto inútil que se relega a las golfas, víctima de un ostracismo generalizado por parte de la corte hannoveriana gracias a los desprecios de su suegra y de su marido, Sofía-Dorotea se vuelca en sus hijos intentando encontrar consuelo en su compañía, y sobrellevando con buena cara los desaires que recibe diariamente de su familia política. Quizá, por las noches, haya rezado para que un milagro ocurriese y cambiase su desdichada vida. Fuera cierta esta suposición o no, el milagro va a producirse pero para hacerle aún más desgraciada.

El Palacio de Herrenhausen, a las afueras de la capital de Hannover, según un grabado de 1706. Herrenhausen se debe en gran parte al deseo del Duque Juan-Federico de Brünswick-Calenberg de emular el Palacio de Versailles y sus jardines a la Francesa, que lo mandó construir en la 2ª mitad del siglo XVII. Su ampliación corrió luego a cargo de los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía de Hannover, quienes añadieron más pabellones y palacetes. / Abajo, retrato de Clara-Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), esposa del Primer Ministro de Hannover y amante del Elector Ernesto-Augusto I.
Mientras Jorge-Luis se deleitaba pública y privadamente con la compañía de Melusine, arribó a la corte de Herrenhausen el antiguo pretendiente de Sofía-Dorotea, Philipp Christoph von Königsmarck, aureolado de un recién adquirido prestigio duramente ganado en los campos de batalla húngaros. Al mando de un regimiento de coraceros suecos al servicio del Emperador Leopoldo I de Austria, se había distinguido por su arrojo y valentía en la segunda batalla de Mohacs contra los Turcos. Con semejante hoja de servicios, Philipp se presenta nuevamente ante la Kurprinzessin Sofía-Dorotea, su antigua prometida, convertido en un hombre hermoso, elegante, distinguido y galante a principios de 1690. A su paso, todas las damas de la corte suspiran y muchas de ellas esperan ansiosamente atraer su atención y conquistarle. La que no pierde el tiempo y le abre las puertas de su alcoba y las sábanas de su cama es la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund, nacida von Meysenburg (1648-1700)*, esposa del mariscal de palacio y favorita oficial a la par que madre de dos bastardos del flamante Elector de Hannover, Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, suegro de Sofía-Dorotea.
Pese a la diferencia de edades (Philipp tiene 25 años y Clara 42 primaveras), la Condesa von Platen-Hallermund y el apuesto Königsmarck se convierten en amantes y su "affaire" pronto está en boca de todos.
Pero Philipp von Königsmarck sigue estando enamorado de Sofía-Dorotea, y acabará declarándole su amor. La sabe desgraciada, desdeñada y ninguneada por su marido Jorge-Luis, su suegra la Princesa Sofía y por la amante de éste, Melusine von der Schulenburg. Pese a su escandaloso comercio con la Platen-Hallermund, Königsmarck intenta devolver la ilusión de vivir a la que es realmente la destinataria de su amor. Loca de celos, la condesa von Platen-Hallermund conseguirá alejarle nuevamente de la corte de Herrenhausen, pero será tan solo por un corto espacio de tiempo. Königsmarck regresa con más fuerza y determinación si cabe. Conocedor de las intrigas de Clara para alejarle, se permite el lujo de rechazarla todas las veces que ella intenta reanudar con él las tórridas sesiones de cama a las que la tenía acostumbrada. Dolida y herida en su orgullo de fémina cuarentona, que se ve preferida por una veinteañera, que para colmo es la esposa del kurprinz Jorge-Luis, Clara rumiará su venganza en silencio.
Adulterio, rapto fallido y asesinato
Mientras, Sofía-Dorotea se deja vencer por sus sentimientos y cede ante los avances de Philipp, hasta el punto de escribirle encendidas cartas de amor que, según algunos, aún siguen quemando sobre el papel... Reanudaron su flirteo que, prontamente, pasó a ser un tórrido romance prohibido. La pasión de los amantes fue tal, que se conducieron de la manera más imprudente que se pueda, sin tener cuidado en mantener el decoro y las apariencias ante sirvientes y extraños. En poco tiempo, el romance entre la princesa heredera Sofía-Dorotea y el apuesto conde von Königsmarck hizo reguero de pólvora en la corte. Los chismosos cortesanos no tardaron en soltar ingeniosas frases y ácidas burlas sobre la flamante cornamenta del príncipe heredero que, prontamente se repetían sin pudor hasta en los salones de la furibunda Princesa-Electriz Sofía (en la ilustración contigua).
La resentida condesa von Platen no tardará en poner al marido al corriente de la indecorosa conducta de su mujer, y repetirle las crueles burlas que circulan sobre su persona.
Por su lado, ajenos a la peligrosa publicidad que se hacía de su adulterio, Königsmarck y Sofía-Dorotea planeaban puerilmente su huída lejos de Hannover para vivir abiertamente su historia de amor y proclamarlo a los cuatro vientos.

Retrato de Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y Duquesa de Brünswick-Celle (1639-1722), madre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover. / Abajo, retrato del Príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727), en un grabado realizado en 1706.
Alarmada al enterarse del idilio de su hija con el aventurero sueco, la Duquesa de Brünswick-Celle intervino para hacerle entrar en razón. Pero sus recriminaciones y sabios consejos cayeron en oídos sordos: eufórica y ciega de amor, Sofía-Dorotea tan solo supo responderle que debía alegrarse por ella, que por fin iba a ser feliz y que pronto dejaría atrás a ese odioso hombre que le habían dado por marido.
Todos los intentos de Eléonore para que su hija pusiera un término a sus dislates fueron en vano. Sofía-Dorotea no pensaba renunciar una segunda vez a su suspirante, el único capaz de hacerle sentirse viva.
Poco después, estalla el escándalo (1694). Preso de ira, Jorge-Luis irrumpe en los aposentos de Sofía-Dorotea, la cubre de insultos, la persigue, la agarra de los pelos, le propina varios golpes y se abalanza sobre su cuello para retorcerselo. La escena es espantosa. El marido burlado clama venganza y pretende estrangular a la desvergonzada que ha osado ponerle la cornamenta. A duras penas damas y caballeros consiguen separarlos y tranquilizar a Jorge-Luis. Asustada y magullada, Sofía-Dorotea huye despavorida para refugiarse en casa de sus padres, en Celle. Pretende pedir asilo, pero la acogida no puede ser más gélida en el hogar paterno. Sus padres, aconsejados por el ministro Bernstorff y sin dejarse conmover por sus cardenales y la cara hinchada de su hija, la devuelven de inmediato a Hannover, donde deberá asumir sus faltas e implorar clemencia.

Retrato del Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle (1624-1705), padre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover.
Técnicamente, Sofía-Dorotea acaba de abandonar el hogar conyugal para refugiarse en casa de sus padres. Y ese hecho pesará en el futuro de la princesa heredera... y será sabiamente explotado por sus suegros y marido.
Ya que su padre le prohibe que permanezca en Celle, Sofía-Dorotea no tendrá más remedio que volver a Herrenhausen e intentar resolver el desaguisado. Pero su fatal error parece no tener solución. Inflexibles, sus suegros y su marido la confinan en sus aposentos de Leineschloss, el palacio de invierno de Hannover. Dentro de poco la sacarán del palacio de Leineschloss para trasladarla al castillo de Lauenau, con la única compañía de su fiel damisela de honor y confidente, la señorita Eleonore von dem Knesebeck. Los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía pretenden zanjar el tema, y buscan una solución favorable para su hijo Jorge-Luis: piensan en el divorcio como única solución viable, pero se guardarán mucho de esgrimir contra Sofía-Dorotea el reproche del adulterio, ya que Jorge-Luis fue el primero en serle públicamente infiel. Ante todo, quieren evitar cubrir de ridículo a su heredero...

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694).
Para rescatar a su amada, Philipp von Königsmarck se presenta en la corte de Celle y reclama a los padres de la princesa nada menos que 2.000 coronas para huír con ella y la damisela von dem Knesebeck, escoltados por seis trabanes**, e instalarse en la corte de Wolfenbüttel bajo la protección del duque Anton-Ulrich, y casarse allí. He aqui su solución al problema, viviendo en la vana esperanza de que los duques Jorge-Guillermo I y Eléonore acepten su plan para salvar a su hija de un destino peor.

Maqueta a escala del Palacio de Herrenhausen, (fachada de los jardines) en los alrededores de Hannover. / Abajo, antiguo grabado de 1636 representando la residencia de invierno de los Electores de Hannover en su capital, el Palacio de Leineschloss, cuyo nombre procede del río que pasa a sus pies, el Leine, y posible escenario de la tragedia que se desarrolló en la noche del 1 al 2 de Julio de 1694.

Königsmarck recibirá entonces una carta, supuestamente de la señorita Eleonore von dem Knesebeck y, pensando en una respuesta positiva, decide abandonar su residencia la noche del 1 al 2 de julio de 1694, y presentarse en el palacio de Leineschloss ante Sofía-Dorotea para llevársela lejos, tal y como tenía planeado. Extrañada, Sofía-Dorotea le responde que no le ha escrito carta alguna y pide verla, comprendiendo que se trataba de una falsificación, de un cebo para que Königsmarck cayese de lleno en una trampa que le han tendido... y ha funcionado!
En el mismo instante en que Philipp constataba que le habían engañado para que acudiera a los aposentos de Sofía-Dorotea, la despechada condesa von Platen despertaba al Elector Ernesto-Augusto, que dormitaba, y le informó malévolamente que en ese preciso momento el conde von Königsmarck andaba consumando el delito de adulterio en los aposentos de su nuera. Sin frenarse en su cruel venganza, la condesa von Platen le obliga a levantarse de la cama y le arrastra hasta su escritorio para que firme una orden de ejecución contra el amante de Sofía-Dorotea. Con la orden en mano, Clara Elisabeth von Platen-Hallermund transmite personalmente la consigna a cuatro trabanes para que la sigan hasta las puertas del apartamento de la princesa heredera. Apenas sale Königsmarck de los aposentos, éstos se abalanzan sobre él y, sin mediar palabra, lo cosen a sablazos en presencia de la vengativa amante.
La mañana del 2 de julio, la servidumbre de la casa del conde von Königsmarck se extraña ante la ausencia de su señor. Por mucho que lo busquen, nadie da con él. Nadie sabe nada y las pesquisas no aportan más pistas que la que lleva hasta las puertas de los aposentos de Sofía-Dorotea. Parece haberse esfumado literalmente de Hannover...
La noticia de la desaparición del conde no tarda en llegar a la corte de Dresden, donde vive su hermana Maria-Aurora von Königsmarck (en el retrato de la izq.) amante oficial del Elector Federico-Augusto I de Sajonia. El mismísimo elector sajón, que había sido el superior de Philipp en la campaña imperial contra los Turcos y su amigo, exige que se abra una investigación exhaustiva para dar con el paradero de su "cuñado". La servidumbre de Philipp intentará ayudar a Aurora en sus pesquisas. Pronto la corte de Dresden reclama explicaciones a la corte de Herrenhausen. Las respuestas del Elector Ernesto-Augusto I no son más que vaguedades y el Elector Federico-Augusto I, nada satisfecho, amenazará con romper las relaciones diplomáticas con Hannover.
Muy a pesar de las presiones diplomáticas por parte de Sajonia, de las investigaciones llevadas a cabo bajo la batuta de Aurora von Königsmarck, nada se aclara y todo permanece confuso. Los más delirantes rumores empiezan a circular sobre la suerte del conde en todas las cortes europeas que, por medio de sus espías y embajadores, se han hecho eco del siniestro suceso.
(*)_Clara Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), amante y favorita de Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, Elector de Hannover, sería la madre de sus dos hijos bastardos: el conde Ernst-August von Platen-Hallermund (1674-1726) y la condesa Sophie-Charlotte von Platen-Hallermund (1675-1725), casada en 1701 con el Barón Johann Adolf von Kielmansegg (1668-1717), futura Condesa de Darlington y de Leinster en la paridad inglesa e irlandesa.
(**)_Los Trabanes constituían la guardia personal de los duques de Brünswick-Lüneburg y electores de Hannover, a imagen y semejanza de los Cien-Suizos al servicio de los reyes de Francia o del Pontífice Romano. Sus componentes eran elegidos entre los caballeros de extracción noble.

Escribe un comentario