SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -1-
el 19 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios
SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE
KURPRINZESSIN DE HANNOVER
1666 - 1726
LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN
1ª PARTE
La Enrevesada Familia Ducal de Brünswick-Lüneburg

Retrato del Duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, Príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641).
Cuando el 2 de abril de 1641 murió el duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641), éste dejaba tras de si a cuatro varones y una hija habidos con su esposa la landgravina Anna-Eleonore von Hessen-Darmstadt, lo suficiente para asegurar la continuidad de su casa:
-Christian Ludwig, el primogénito (1622-1665), duque de Brünswick-Calenberg reinante en Hannover entre 1641 y 1648, duque de Lüneburg en 1648 y de Celle hasta 1665.
-Georg Wilhelm, el segundo (1624-1705), duque de Brünswick y de Calenberg reinante en Hannover 1648-1665, y luego duque de Brünswick-Lüneburg y de Celle 1665-1705.
-Johann Friedrich, el tercero (1625-1679), duque de Brünswick-Lüneburg y duque de Calenberg en 1665-1679.
-Ernst August I, el cuarto (1629-1698), príncipe-obispo de Osnabrück en 1662, duque de Brünswick-Lüneburg, duque de Calenberg y de Grubenhagen reinante en 1679-1692 y 1er Elector de Hannover en 1692-1698.
-Sophia-Amalia, la única hija, casaría con el rey Federico III de Dinamarca y de Noruega.
Sin embargo, la dinastía Güelfa no se rige por una ley de sucesión por derecho de primogenitura como las otras monarquías europeas; cuando el jefe y padre de familia fallece, sus feudos, tierras y títulos, siguiendo la vieja tradición germana, son repartidos entre su numerosa prole masculina quienes, a su vez, reparten aún más si cabe su feudo heredado entre sus retoños. Es lo que ocurre a la muerte del duque Jorge I en abril de 1641: sus 4 hijos varones se repartirán el pastel con más o menos fortuna y hasta irán a gobernar conjunta y sucesivamente los principados y ducados en un caótico sistema de co-reinados que confunden a sus súbditos. El más perjudicado en el reparto de 1641 sería el príncipe Ernesto-Augusto, el benjamín de los cuatro hermanos que, en apariencia, no parece tener un destino bien definido como tampoco se cree que liderará la dinastía.
El mayor de todos y que parecía ser el nuevo cabeza de familia, el duque Christian-Luis I, casaría el 9 de octubre de 1653 con la princesa germano-danesa duquesa Dorotea von Schleswig-Holstein-Sonderborg-Glücksborg (ob.1689). De 1641 a 1665, Christian-Luis asumió la soberanía sobre el ducado de Calenberg (o Kalenberg) y, en 1648, heredaba de su tío Federico de Brünswick el vasto ducado de Lüneburg, lo que le convertía en el duque soberano de Brünswick y de Lüneburg. Buen hermano, cedió entonces su ducado de Calenberg a Jorge-Guillermo y nombró al más pequeño, Ernesto-Augusto, príncipe-obispo de Osnabrück. Pero, muerto Christian-Luis sin descendencia, el aún soltero Jorge-Guillermo asume a su vez el ducado de Brünswick-Lüneburg (1665) y el de Celle -o Zelle-, como Jorge-Guillermo I (en la ilustración de la izq.) y cede Calenberg a su penúltimo hermano Juan-Federico.
El nuevo cabeza de familia parecía destinado a morir soltero y dejar el sitio a sus dos hermanos menores. Ya en la boda del benjamín de la familia, el príncipe-obispo de Osnabrück Ernesto-Augusto con la Princesa Palatina Sofía de Baviera, celebrado un 30 de septiembre de 1658, el duque Jorge-Guillermo I le había prometido o al menos insinuado que un día "todo" sería para él y su futura prole. Ciertas fuentes afirman incluso que el duque firmó un documento en el que se comprometía a no casarse para asi beneficiar al benjamín y que se operase, a su muerte, una reunión de todos los feudos.

Retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera (1630-1714), Duquesa en Brünswick-Lüneburg & Princesa consorte de Osnabrück tras casarse con Ernesto-Augusto.
Contra todo pronóstico, Ernesto-Augusto había desposado con una de las hijas de los destronados reyes de Bohemia y electores del Palatinado y del Rhin, Federico V y Elizabeth Stuart, nacida ésta princesa real de Inglaterra, Escocia e Irlanda*. El flamante matrimonio iba a ser prolífico, ya que en 1660 nacería el primer hijo varón** de la pareja, seguido por otros seis retoños.
Un encuentro que lo cambió todo
Pero en el invierno de 1664, Jorge-Guillermo I tuvo la ocurrencia de realizar una visita oficial en la corte del Landgrave Guillermo V de Hessen-Cassel, acompañado por su hermano Juan-Federico, duque de Calenberg. Allí coincidieron ambos con otra ilustre visitante, Marie de La Tour d'Auvergne***, princesa francesa calvinista más conocida como Duquesa de Thouars, cuyo hijo, Henri Charles, Duque de La Trémoïlle, estaba casado con la landgravina Amalia de Hessen-Cassel (desde 1648), hija del landgrave Guillermo V. Y, desde 1662, había concedido la mano de su hija Marie-Charlotte al Duque Bernardo II de Sajonia-Iéna.

Retrato del Príncipe Juan-Federico de Brünswick-Lüneburg, Duque de Calenberg (1625-1679).
Es pues en la corte hessiana que el duque Jorge-Guillermo I y su hermano Juan-Federico conocen a la damisela de honor de la Duquesa de Thouars, una belleza morena de hechizante encanto llamada Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse (1639-1722) -en la ilustración de la izq.-, hija de unos nobles calvinistas**** franceses del Poitou. Venía con la sexagenaria duquesa desde La Haya, donde tenía su residencia invernal, y por su cargo estaba obligada a seguirla en todos sus desplazamientos, como el que estaba realizando en Cassel por motivos familiares.
En el mismo instante en que se produjo el encuentro, los dos hermanos cayeron rendidos bajo el encanto de la damisela, alabando su noble porte, su natural dignidad y su gracia, amén de su morena belleza. A Eléonore quizá le pareciera muy halagador tener a sus pies a dos suspirantes altezas Güelfas, pero no le resultó cómodo ni muy decente que el duque de Brünswick-Lüneburg y el duque de Brünswick-Calenberg la cortejasen simultáneamente y compitiesen para ganarse su corazón y su cama. Llegaron a ser los hermanos tan solícitos, que pronto la situación adquirió tintes de vodevil que era menester parar en seco. Eléonore acabaría eligiendo a Jorge-Guillermo por ser sus sentimientos más verdaderos en comparación con los de Juan-Federico, que más bien parecían fruto de un calentón momentáneo. Halagada y enamorada, Eléonore se dejó querer y amar por el duque y, ante la evidencia de que aquello acabaría trascendiendo, la damisela de honor presentó su renuncia formal a la respetable Duquesa de Thouars, para convertirse en la amante oficial de Jorge-Guillermo.
(*)_Elizabeth Stuart era la hija mayor de los reyes de Inglaterra Jacobo I y Ana-Dagmar, princesa de Dinamarca y Noruega, y hermana del malogrado príncipe Enrique-Federico de Gales y del decapitado rey Carlos I.
(**)_el futuro Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, 2º Elector de Hannover en 1698 y Rey de Gran-Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge I en 1714.
(***)_Marie de La Tour d'Auvergne (1601-1665), nacida Princesa de Bouillon, era la hija de Henri de La Tour d'Auvergne, Duque de Bouillon, Príncipe de Sedan y de Elisabeth de Nassau, y hermana del célebre Vizconde de Turenne. Casó en 1619 con su primo el Duque Henri III de La Trémoïlle, Duque de Thouars, Príncipe de Talmont y de Tarento y Par de Francia (1598-1674), con el que tuvo 6 hijos. Pese a la conversión al catolicismo de su marido, permaneció en la fe calvinista y protegió a los hugonotes franceses dentro y fuera de sus posesiones. Su suegra, la duquesa-viuda de La Trémoïlle, era Carlota-Brabantina, nacida princesa de Orange-Nassau e hija, a su vez, de Guillermo I de Orange "el Taciturno", primer estatúder de las Provincias-Unidas.
(****)_Éléonore Marie Desmier d'Olbreuse era hija de Alexandre II Desmier, señor d'Olbreuse y de Jacquette Poussard de Vendre. Es la antepasada común de la reina Elizabeth II de Gran-Bretaña y del difunto François Mitterrand, Presidente de la República Francesa, asi como del Príncipe Ernesto Augusto de Hannover, tercer esposo de la Princesa Carolina de Mónaco, por citar unos pocos.
La Amante del Duque de Brünswick-Lüneburg-Celle
Si algo parecía quedar claro es que Jorge-Guillermo I y Eléonore serían tan solo amantes, que no un futuro matrimonio. Además, estaba el dichoso compromiso del duque con su hermano menor Ernesto-Augusto, en el que había prometido no contraer matrimonio alguno, y ciertamente aquella promesa le empezara a pesar más de la cuenta cuando miraba a su encantadora francesita. De todos modos, Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse no tenía rango como tampoco título que la pudiera equiparar a cualquier otra linajuda cortesana hannoveriana; no pertenecía a la alta nobleza y, por si fuera poco, tampoco tenía fortuna y mucho menos dote, asi que sus posibilidades de casarse con Jorge-Guillermo eran nulas, o al menos eso pensaban los altivos cortesanos hannoverianos.
Para los alemanes de entonces, más que el dinero, el linaje y la nobleza de sangre primaba sobre cualquier consideración. Cuando un noble pretendía casarse, tenía que examinar con lupa la genealogía de su futura esposa con la esperanza de no encontrar alguna alianza deshonrosa que diera que hablar. En el caso de Eléonore, de ínfima nobleza y con padres vetados en la sociedad francesa por ser hugonotes, no era como para presumir de ello.

Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera-Simmern, Princesa de Osnabrück y Duquesa en Brünswick-Lüneburg, representada en dama india.
En 1665, al fallecer la antigua protectora de Eléonore, la Duquesa de Thouars, Jorge-Guillermo empezó a asediar a su cuñada Sofía del Palatinado, para que le hiciese un hueco entre sus damas de compañía. Sopesando los inconvenientes, la cuñada del duque consideró que si se negaba ante tal demanda, éste se empeñaría aún más en su relación con la francesa, que se encontraba en ese momento sin oficio ni beneficio; por tanto, Sofía accedió (no sin iniciales reticencias) y acogió a su servicio a la amante de su cuñado quien, para mejorar su situación frente a las demás damas de la Princesa Palatina, le otorgó el título de Dama von Harburg. Por su lado, la consorte de Ernesto-Augusto confiaba en que, andando el tiempo, el idilio se desgastaría hasta que, un buen día, Jorge-Guillermo se aburriera y decidiera sencillamente deshacerse de ella como quien se deshace de un traje pasado de moda.

El Castillo de Celle o Zelle, también llamada Residenzschloss, por ser la sede de los Duques de Celle y de su corte. En ese palacio nació Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle en septiembre de 1666.
Muy a pesar de las previsiones de la princesa Sofía, el amor que Jorge-Guillermo profesaba por Eléonore iría creciendo cada vez más. A medida que pasaba el tiempo, el vínculo sentimental que les unía se fortalecía y alcanzó una intensidad que culminó cuando Eléonore, entre avergonzada y preocupada, declaró públicamente que estaba preñadísima de su serenísimo amante. El duque acogió la noticia con una alegría que difícilmente pudo disimular; cubrió de mimos y regalos a la madre de su futuro hijo, y la instaló lujosamente en el castillo ducal de Celle.
Pero las ilusiones iniciales se agriaron. El fruto del amor de Jorge-Guillermo con Eléonore, estaba destinado a ser, legalmente, un bastardo con todas sus letras...
Boda Ducal & Conflictos Familiares

Leopoldo I de Austria (1640-1705), Emperador Romano de 1658 a 1705; detalle de un retrato realizado por Block en 1672.
Cuando nace la pequeña Sofía-Dorotea von Harburg, titulada condesa von Wilhelmsburg, el 15 de septiembre de 1666, y pese a ser la niña bonita de sus padres, no es mirada de otro modo que como lo que es: una hija natural, una bastarda. Por si fuera poco, el parto se reveló tan difícil y peligroso que, en un momento dado, se creyó que la madre no sobreviviría. Jorge-Guillermo y Eléonore, de hecho, se han casado en secreto y morganáticamente. Empezaron entonces a hacer las pertinentes gestiones entre Celle y Viena, para que el Emperador Leopoldo I de Austria diera su permiso para que se celebrase un matrimonio en condiciones y que quedase legitimada y debidamente reconocida la recién nacida, con rango de princesa de Brünswick-Celle.
Huelga decir que las negociaciones entabladas entre las dos cortes, la ducal y la imperial, no fueron bien recibidas en el hogar de los príncipes Ernesto-Augusto y Sofía. Incluso llegarían a intrigar para impedir, a cualquier precio, que se encontrase una solución honrosa para la concubina y la bastarda del duque. Para ambos se trataba de un escándalo inaceptable, una mácula en el honor de la familia, una vergüenza. Es más, podía poner en peligro la política de reunión de los Estados que se estaba llevando cabo.
Entre 1666 y 1674, Jorge-Guillermo y Eléonore no cejaron en su empeño para legalizar su amor y proporcionar un honorable estatus social a su querida hija Sofía-Dorotea. Ocho años de lucha, de discusiones a veces amargas, con desencuentros y desaires por parte de la familia del duque, no amedrentaron la voluntad de la pareja para llegar a sus fines. Y, por fin, en 1674, la situación pareció despejarse y resolverse favorablemente para Jorge-Guillermo. Aprovechando la baza que se presentaba en el complicado panorama político de los territorios germánicos, el duque "vendió" su lealtad al Emperador Leopoldo I a cambio de que éste concediese a Eléonore el título de Duquesa von Wilhelmsburg, y diese su consentimiento para legitimar a su hija Sofía-Dorotea. Fue cosa hecha el mismo año... Dos escasos años después, el camino estaba libre para que Jorge-Guillermo I pudiese cumplir con su promesa y casarse con la madre de su hija (1676).
La boda ducal, bendecida desde Viena, supuso un bofetón para Ernesto-Augusto y Sofía que habían hecho lo indecible para que jamás llegase a buen puerto. Los ánimos se caldearon y el intercambio de reproches no se hizo esperar entre hermanos y cuñadas. Indignados, los príncipes rehusaron acudir al enlace y dieron la espalda a los recién casados con una soberbia insultante. Las relaciones entre Jorge-Guillermo y Ernesto-Augusto se interrumpieron de manera brutal, mientras que Sofía del Palatinado dedicó sus más duras palabras a Eléonore, a la que señalaba como auténtica culpable de la discordia familiar.
En 1679, fallecía Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1)_en el retrato contiguo_. Durante los funerales, los hermanos volvieron a verse las caras en un triste a la par que tenso encuentro delante del ataúd del finado. Para colmo, el difunto cedía mediante testamento sus ducados de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen a Ernesto-Augusto.
(1)_Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1625-1679) casó con la Condesa Palatina Benedicta-Henrietta de Baviera-Simmern el 30 de noviembre de 1668, y tuvieron tan solo 4 hijas: dos de ellas (Charlotte-Felicitas y Wilhelmina-Amalia) fueron casadas con el duque Rinaldo III de Módena y el archiduque José I de Austria, futuro Emperador del Sacro Santo Imperio, respectivamente.
Reconciliación & Compromiso

Retrato del Príncipe Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Príncipe-Obispo de Osnabrück, Duque en Brünswick y Lüneburg, Duque de Hannover, de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen, y futuro Príncipe-Elector de Hannover a partir de 1692. Tenía fama de ambicioso, borracho y glotón, pero gracias a su política unionista, reagrupó todos los ducados y principados hereditarios para conformar un solo Estado bajo su única soberanía, e instauró el derecho de primogenitura para la sucesión. Se le considera como el fundador de la Casa de Hannover.
Pero con el paso del tiempo, las diferencias van enfriándose, aplanándose y perdiendo importancia. No se sabe muy bien quién da el primer paso, pero los hermanos acaban por concertar un reencuentro amistoso, con el objetivo de arreglar sus diferencias. Se celebra una reunión entre Jorge-Guillermo I y el ambicioso Ernesto-Augusto, y ambos convergen en una extraña solución, en un posible arreglo satisfactorio para las dos partes: ofrecer la mano de la duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle al hijo primogénito del duque Ernesto-Augusto, el príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg... ¿qué mejor solución para sellar la paz fraternal que estrechando lazos?

Retrato de la Duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle (1666-1726), Duquesa Heredera de Brünswick-Lüneburg y Princesa Hereditaria de Hannover, Kurprinzessin de Hannover a partir de 1692. Era la única hija habida entre Jorge-Guillermo I, Duque de Celle, y Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y consorte de Celle.
Si la idea convence a los dos duques hermanos, las cuñadas están horrorizadas. Cada una por su lado, ponen el grito en el cielo. A la duquesa Sofía, le provoca un visceral rechazo la sola idea de ver a su querido hijo llevar ante el altar a una chiquilla marcada con el estigma de la bastardía, por muy legitimada que sea. Para Jorge-Luis, en quien deposita todas sus ambiciosas esperanzas como futuro heredero de los ducados y presunto heredero del trono británico, Sofía planea un enlace más brillante, a la altura de su rango.

Retrato del Duque Anton-Ulrich I de Brünswick-Wolfenbüttel (1633-1714), según H. Rigaud en 1700.
En cuanto a la duquesa Eléonore, la idea no era de su agrado; prefería una boda más discreta pero con más números de proporcionar a su hija una mayor felicidad... El duque Anton-Ulrich de Brünswick-Wolfenbüttel, que siempre les había hecho costado en las disputas familiares y buscaba estrechar lazos, le brindaba a Eléonore la oportunidad de escoger marido para Sofía-Dorotea entre sus hijos. Y si no encontraba entre éstos a su futuro yerno, siempre cabía esperar que se presentase la candidatura de algún aristócrata francés.

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694), el apuesto pretendiente de la adolescencia de Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle.
De hecho, la joven Sofía-Dorotea se había enamorado de un apuesto y joven soldado sueco, el conde Philipp Christoph von Königsmarck*. Tuvieron un inocente flirteo de adolescentes pubertosos en la corte de Celle, pero lo suficientemente importante como para grabar sus nombres en una ventana, acompañado de un "no me olvides"... El joven conde habría deseado obtener la mano de la princesa de Celle para convertirla en su esposa. No era mal partido: nieto de un ilustre y laureado mariscal de Suecia, sobrino de un no menos reverenciado general y eficaz embajador sueco en París, hijo de un general caído en el asedio de Bonn, tenía un hermano mayor también militar con el rango de general de caballería y, sorprendentemente, también caballero de la Orden de Malta, asi como una hermana mayor que se había convertido en la amante del Elector Federico-Augusto I de Sajonia.
Pero todo fue en vano. Tanto Jorge-Guillermo como Ernesto-Augusto estaban decididos a unir sus retoños tal y como lo habían acordado en su reunión. El duque comunicó a su adorada hija que la decisión era irrevocable, y Sofía-Dorotea no pudo hacer más que desmayarse del disgusto entre los brazos de su madre.
La entrevista organizada entre Sofía-Dorotea y Jorge-Luis (en un retrato de 1680, a la izq.) por sus respectivos padres fue fría y tensa, tanto, que la princesita de dieciséis primaveras sufrió un nuevo desmayo. Las protestas y ruegos de la novia sirvieron de poco; en cuanto al novio, estaba dispuesto a cumplir fríamente con su papel porque estaba en juego la reunión del ducado de Celle al resto de los territorios que ya se habían unido bajo la mano de su padre.
El 18 de noviembre de 1682, en la capilla del castillo de Celle, Sofía-Dorotea fue llevada al altar por su padre para unirse al heredero de los estados de Brünswick, Jorge-Luis, en una atmósfera harto enrarecida y carente de alegrías. Ni el novio lo había querido, ni la novia lo había deseado, como tampoco sus respectivas madres estaban de acuerdo con ese enlace. Todo era puramente político: reunir todos los feudos en un solo Estado para beneficio de Jorge-Luis, erigido en el gran heredero y futuro jefe de la dinastía Güelfa. El sacrificio de los novios era, para ello, necesario.
Decepcionado, el conde von Königsmarck toma la decisión de abandonar Celle para enrolarse en la caballería imperial y ponerse al servicio del Emperador Leopoldo I combatiendo al invasor Turco. Ya que el amor le es negado, espera hacer fortuna en el ejército imperial haciendo saltar unos cuantos turbantes y ganarse asi unos laureles.
(*)_Philipp Christoph von Königsmarck o Koenigsmark (1665-1694), era hijo del general y conde Kurt Christoph von Königsmarck (1634-1673) y de la condesa Maria-Christine von Wrangel (1628-1691), ambos de ilustre y nobilísimo linaje germano-sueco. Su abuelo paterno era el famoso conde Hans-Christoff von Königsmarck, Mariscal de Suecia (1605-1663), compañero de armas y consejero privado del rey Gustavo II Adolfo que le colmó de honores por sus grandes servicios durante la guerra de los Treinta Años, a cuyo final contribuyó al tomar la ciudad de Praga en 1648. Su padre había muerto en acto de servicio durante el asedio de la ciudad de Bonn, y su tío el general y conde Otto Wilhelm von Königsmarck (1639-1688), entonces embajador de Suecia en Londres y París que, en 1686, entraría al servicio de la República Veneciana para combatir a los Turcos.

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