JORGE III

REY DE GRAN-BRETAÑA E IRLANDA

ELECTOR DE HANNOVER

1738 - 1820

 

EL BUEN REY JORGE / 1ª Parte

El Príncipe Jorge de Gales

El Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales nació prematuramente el 4 de junio de 1738, en Norfolk House (St. James' Square, Londres), fruto del matrimonio entre Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales y de la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, princesa de Gales, y primer varón de la pareja. En la cuna ya le había precedido una hermana, la princesa Augusta Carlota de Gales. Como primer nieto varón del rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, estaba destinado a ceñir, en un futuro lejano, la triple corona de las Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda) y el bonete electoral de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Por parte de su padre, Federico-Luis, presunto heredero de la corona, era nieto de los reyes Jorge II de Gran-Bretaña y de la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach (de la Casa de Hohenzollern) y biznieto de los reyes Jorge I de Gran-Bretaña y de la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle. Por parte de su madre, Augusta, princesa consorte de Gales, era nieto del duque Federico II de Sajonia-Gotha y de la princesa Magdalena Augusta von Anhalt-Zerbst; dicho esto, es una obviedad subrayar que el principe era alemán por los cuatro costados.

Sus padres habían abandonado precipitadamente su residencia campestre de Cliveden House cuando los primeros sintomas del parto se hicieron sentir en la princesa de Gales. Por aquel entonces, era imperativo que el posible heredero varón tan deseado naciera en Londres. Bautizado el 4 de julio de 1738, en uno de los salones de Norfolk House con los nombres de Jorge Guillermo Federico por el obispo de Oxford, Thomas Secker, fue doblemente apadrinado por el rey Federico I de Suecia y el duque Federico II de Sajonia-Gotha, mientras que su única madrina fue Sofia-Dorotea de Hannover, Reina de Prusia. No tuvo por otro título que el de "Su Alteza Real el Príncipe Jorge de Gales", siendo el segundo en el rango de pretendiente al trono británico, después de su padre.

Precedido por su hermana mayor la princesa Augusta Carlota de Gales, nacida el 31 de agosto de 1737, Jorge fue seguido por siete hermanos más:

-Eduardo Augusto de Gales, futuro duque de York y de Albany (14 de marzo de 1739).

-Elizabeth Carolina de Gales (30 de diciembre de 1740).

-Guillermo Enrique de Gales, futuro duque de Gloucester y de Edimburgo (14 de noviembre de 1743).

-Enrique Federico de Gales, futuro duque de Cumberland y de Strathearn (27 de noviembre de 1745).

-Luisa Ana de Gales (8 de marzo de 1749).

-Federico Guillermo de Gales (13 de mayo de 1750).

-Carolina Matilde de Gales (11 de julio de 1751).

Cosas de familia

A diferencia de sus predecesores (bisabuelo, abuelo y padre), el joven príncipe fue el primer jefe de su dinastía en nacer en territorio inglés. Perteneciente a la Casa Electoral de Hannover, procedente ésta de la Casa Ducal de Brünswick-Lüneburg (Braunschweig en alemán) que, a su vez, descendía de la nobilísima Casa de Este, dinastía italiana que tenía su origen en los antiguos marqueses de Módena y de Ferrara. Claro que, en medio de esa época de tinieblas en que el linaje principesco pasa de la Casa de Este a la de Brünswick, se metamorfosea en la Casa Welfen o de los Güelfos, a raíz del conflicto entre güelfos y gibelinos que sacudió los cimientos del Sacro Santo Imperio.

Jacobo II Stuart, Duque de York (1633-1701) y luego Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre 1685 y 1688, como sucesor de su hermano el rey Carlos II, artífice de la Restauración de 1660. / Abajo, fotografía de un bonete de un príncipe-elector del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Los duques y príncipes electores de Hannover se vieron llamados a ceñir la corona británica gracias a una estúpida postura religiosa del último Estuardo, Jacobo II, cuyo catolicismo ya venía levantando ampollas entre la élite anglosajona desde el reinado del alegre Carlos II, y chocaba frontalmente con el ya anclado anglicanismo tudoriano que garantizaba la independencia religiosa de las Islas Británicas frente al catolicismo romano. Si los irlandeses comulgaban con las convicciones religiosas de Jacobo II, Inglaterra no estaba dispuesta a tolerar a que se operase una reintroducción del catolicismo en sus instituciones vitales. Gracias a las deserciones que se multiplicaron entre generales y nobles tras el desembarco del Príncipe de Orange con un ejército, yerno protestante de Jacobo II, el último Estuardo se vio obligado a huir y a encontrar refugio en las costas francesas, condenando asi a su descendencia a correr la misma suerte: el exilio.

La Reina Ana I de Gran-Bretaña e Irlanda junto con su esposo, el Príncipe-Consorte Jorge de Dinamarca, Duque de Cumberland (retrato debido a Charles Boit).

Tras el co-reinado de Guillermo III de Orange y de María II, el trono fue asegurado por la última hija de Jacobo II habida de su primer matrimonio, la reina Ana I, cuyo reinado vio nacer el Reino de Gran-Bretaña tras operarse la unión forzada de Escocia a Inglaterra. A pesar del prolífico matrimonio de Ana I con el príncipe Jorge de Dinamarca, duque de Cumberland, ambos se quedaron sin descendencia para asegurar la continuidad dinástica de los Estuardos anglicanos, al fallecer toda su prole en la cuna o antes de la edad adulta.

Retrato de la Princesa Elizabeth de Inglaterra (1596-1662), Electriz Palatina del Rhin y Reina de Bohemia, hija de los reyes Jacobo I Stuart y Ana-Dagmar de Dinamarca, y hermana del rey Carlos I. / Abajo, retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera-Simmern (1630-1714), Princesa-Electriz de Hannover y Duquesa de Brünswick-Lüneburg por su matrimonio con Ernesto-Augusto I de Hannover.

Ante tamaño problema, ya previsto bajo el reinado del estéril Guillermo III de Orange, el parlamento londinense ya había redactado a instancias del monarca una ley de sucesión destinada a excluir a los descendientes del destronado Jacobo II por su condición de príncipes católicos (Act of Settlement 1701 / Acta de Establecimiento), favoreciendo a la descendencia protestante y alemana de la difunta Elizabeth de Inglaterra, reina de Bohemia y Electriz Palatina del Rhin, hija de los reyes Jacobo I y de Ana de Dinamarca, soberanos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Siguiendo la filiación de dicha princesa anglo-escocesa, que nunca había renunciado a sus derechos dinásticos, los parlamentarios ingleses reconocieron los derechos hereditarios de la entonces princesa-electriz Sofia de Hannover (1630-1714), nacida princesa Palatina del Rhin, a la que erigieron en primera pretendiente a la corona británica por ser nieta de Jacobo I Estuardo; derechos que, obviamente, eran transmitidos a sus hijos habidos con el elector Ernesto Augusto de Hannover (fallecido el 23 de enero de 1698).

El mero hecho de que la electriz-viuda Sofia de Hannover falleciera el 8 de junio de 1714, un mes antes de que muriera su prima Ana I de Gran-Bretaña, hizo que la corona británica fuese a parar a manos de su primogénito, el elector Jorge Luis de Hannover, duque de Brünswick-Lüneburg (1660-1727), que se había divorciado (en 1694) de su esposa la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle, por haberle dado el salto con el hermoso militar sueco conde Philip Christopher von Königsmarck*. Asi pues, el divorciado príncipe-elector se convirtió en el nuevo rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda el 1 de agosto de 1714, fecha de la defunción de la reina Ana.

(*)_El verdadero motivo expuesto para la disolución del matrimonio de Jorge Luis de Hannover con Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, fue el supuesto abandono del hogar conyugal por parte de ésta, y no por infidelidad o adulterio. Tras pronunciarse el divorcio, su ex-esposa fue condenada a vivir recluída de por vida en el castillo de Ahlden, privándole de la custodia de sus hijos.

Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, Elector de Hannover (1660-1727), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1714 y 1727; retrato según Sir Godfrey Kneller.

De su corte alemana de Herrenhausen, Jorge I se trasladó a la británica de Saint-James con su hijo y nuera, llegando el 18 de septiembre, mientras su ex-mujer se pudría recluída en el castillo de Ahlden. El nuevo soberano inglés no entendía siquiera la lengua de su nueva patria, ni tampoco mostró interés en aprenderla; es más, despreció las costumbres de sus nuevos súbditos y su carácter autoritario chocaba frontalmente con el espíritu y el sentido del humor británico. Acostumbrado a ver reptar a sus cortesanos germanos a sus pies, a que sus órdenes siempre fuesen marcialmente acatadas y jamás discutidas, no contribuyó a que Jorge I se encariñase con sus nuevos súbditos, muy independientes, orgullosos de serlo y condescendientes, acostumbrados a poner "peros" a todo y a subrayar su apego por las libertades adquiridas al filo de las sucesivas revoluciones, y a su institución más preciada: el Parlamento. Pronto, los británicos dieron muestras de su rechazo al rey germano, y se mofaron abiertamente de su persona, cosa que no facilitó que el hannoveriano se sintiera "en casa"; de ahí las repetidas y prolongadas ausencias de Su Graciosa Majestad lejos de Inglaterra, que prefería viajar hasta su querido Hannover, donde todos eran más proclives a ejecutar sus deseos con solo arquear una ceja.

Gracias a la inhibición de Jorge I, la institución monárquica perdió paulatinamente su influencia en los asuntos del Estado, fomentando la transición hacia el sistema de gobierno de "gabinetes" ministeriales dirigidos por un primer ministro. Por otro lado, la latente amenaza de un posible retorno de los pretendientes Estuardos en suelo británico (alentado por las potencias católicas y los Jacobitas), llevó a Jorge I a apoyarse en el partido de los Whigs y principalmente en su líder, Sir Robert Walpole, que sería el 1er primer ministro de facto de Su Graciosa Majestad entre 1721 y 1742, y el 1er inquilino de la casa Nº10 de Downing Street.

Retrato del Príncipe Jorge Augusto de Hannover (1683-1760), Príncipe de Gales como presunto heredero de su padre el rey Jorge I (obra de Kneller).

Jorge I había llegado a Londres con su único hijo varón y heredero, el príncipe Jorge Augusto (que sería investido Príncipe de Gales), mientras que su hija la princesa Sofía-Dorotea ya era reina consorte de Prusia desde febrero de 1713 (se había casado en 1706 con el futuro rey Federico-Guillermo I de Prusia) y vivía en Berlín.

El Príncipe de Gales, Jorge Augusto de Hannover, había contraído matrimonio con la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach un 22 de agosto de 1705 (en el retrato de la izq.). Reputada inteligente y atractiva, la princesa de Gales había contribuído con sus partos para agrandar la nueva Familia Real Británica: tuvo 8 hijos. Pero no sirvió de mucho: la relación existente entre Jorge I y su heredero era extremadamente pobre en todos los sentidos; el hijo siempre reprochó al padre la desdicha de su exiliada madre y el alejamiento que le privó del cariño materno. Con tales resentimientos, las fricciones fueron numerosas hasta que, en 1717, por culpa del bautizo de su quinto hijo, el Príncipe de Gales se enzarzó en una agria discusión con el Rey al elegir como padrino al Duque de Newcastle, a quien el monarca no podía ver ni en pintura. Después del escándalo, Jorge I expulsó a su hijo, nuera y nietos del Palacio de Saint-James (que tuvieron que mudarse a Leicester House) y los excluyó de todo evento y ceremonia pública.

Desde el famoso incidente, el heredero de la corona formó su propia corte y se rodeó de simpatizantes para contratacar y criticar la política patrocinada por su padre, alentando cualquier oposición en el parlamento. Walpole intervino en 1720 para reconciliar al Rey y al Príncipe de Gales, lo que le valdría finalmente ser primer ministro al año siguiente y a perder momentáneamente el favor de los príncipes de Gales. Sin embargo, la reconciliación auspiciada por Sir Robert duró poco.

Retrato oficial de Jorge II de Hannover (1683-1760), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1727 y 1760, según Sir Charles Jervas, fecit 1727. / Abajo, retrato del Príncipe Federico-Luis de Hannover, Duque de Gloucester (1707-1751) Príncipe de Gales a partir de 1729, como presunto heredero de su padre Jorge II.

Jorge I fallecería durante una estancia en Hannover, el 11 de junio de 1727, por lo que Jorge Augusto de Gales se convirtió en el nuevo rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda. Apenas coronado en Westminster (11 de octubre de 1727), Jorge II tuvo a su vez problemas con su primogénito, Federico Luis, nuevo Príncipe de Gales, que hasta entonces había residido de forma permanente en Hannover, lejos de sus padres. Jorge II y Carolina tuvieron que acoger a su primogénito al abandonar Hannover para que se instalase, como correspondía a su posición de heredero del trono, en la corte británica. Una vez conseguido el objetivo parlamentario de reunir a la Familia Real (1728), las trifulcas en su seno siguieron en aumento. Ya adulto, Federico Luis no estaba dispuesto a soportar el yugo paterno y materno, y que le dictasen su conducta como si fuera un crío; educado a distancia y por preceptores que le consintieron todos los caprichos, el príncipe de Gales había adquirido malos hábitos, un criterio y una independencia que no gustaron en absoluto a sus progenitores. Contrario a la autoridad de sus padres, se metió en política criticando abiertamente al Rey y a su gobierno, llevando paralelamente una vida disipada y repleta de aventuras amorosas tanto con mujeres como con hombres.

La reina, para meter en vereda a su hijo calavera y, sin duda, para amargarle la vida, dirigió personalmente la selección de princesas protestantes en edad de merecer, para que se casara y disfrutara de la infelicidad conyugal que tenía planeado para él. De este modo, Carolina escogió a la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha y obligó a su hijo a aceptarla como su esposa en 1736.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha (1719-1772), Princesa de Gales, en un retrato de Philips realizado en 1736, año de su boda con Federico-Luis.

Apenas celebrada la boda, Federico Luis pidió al rey un incremento de su renta, juzgada insuficiente para mantener a su esposa y futuros retoños (también porque había acumulado muchas deudas), cuando los reyes habían visto aumentar su lista civil asegurándose una renta anual de 800,000 Libras Esterlinas. Pese a su insistencia, Jorge II le negó dicho aumento y el Parlamento tuvo que intervenir para concederle una renta más adecuada a su rango, lo que empeoró sensiblemente la ya de por si fría relación padre-hijo. En cualquier caso y en contra de las previsiones de la reina, la boda transformó al Príncipe de Gales cuando su esposa se puso manos a la obra para darle descendencia: Federico Luis acabaría convirtiéndose en un atento esposo.

Pocos meses después de la real unión, la flamante Princesa de Gales quedó preñada por Federico Luis, lo que contrarió muchísimo a la reina Carolina, que tenía esperanzas de que el matrimonio no funcionara y no diera frutos. Peor aún, el hecho de que el heredero del trono saliera con su esposa preñada a hurtadillas y nocturnamente de Hampton Court, para que pariese en Londres a su primer bebé, lejos de sus padres, colmó el vaso de la paciencia de los reyes...

Y la historia se repitió con una brutal ruptura entre padres e hijo; el rey y su esposa expulsaron a su heredero de la corte. Poco después, la reina Carolina fallecía disgustada y renegando de su hijo... (1737). Jorge II, a decir de algunos, habría deseado exiliar a su heredero en las colonias británicas de ultramar, pero sus ministros le hicieron desistir de tan extraordinaria idea.

Los Príncipes de Gales, declarados personas non gratas en la corte, se instalaron fuera de Londres, en la mansión campestre de Cliveden House (Buckinghamshire), que había sido propiedad de Lord Orkney, sin renunciar a su residencia londinense de Norfolk House, aquella mansión que el 9º Duque de Norfolk les había ofrecido amablemente como regalo de boda.

Federico-Luis & Augusta, Príncipes de Gales

Retrato de Federico-Luis de Hannover, Príncipe de Gales (1707-1751), según Jean-Baptiste Van Loo.

Federico Luis de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Hannover, había nacido en el castillo de Herrenhausen el 20 de enero de 1707, siendo el primer hijo varón de 8 retoños habidos entre los entonces príncipes herederos Jorge-Augusto y Carolina de Hannover.

Retrato de Jorge I de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1660-1727), según Michael Dahl.

Al subir al trono británico su abuelo Jorge I (1 de agosto de 1714), sus padres tuvieron que abandonar el electorado para instalarse en Londres, dejando atrás a Federico Luis con apenas 7 añitos de edad, al cuidado de los preceptores y del ayo que le habían asignado para su educación. La separación entre padres e hijo duraría hasta 1728, fecha en la que, por motivos obvios (el fallecimiento del rey Jorge I en 1727 y el ascenso de Jorge II) se requirió su presencia en la corte británica al ser el príncipe heredero.

Ya con anterioridad, su abuelo le había concedido el título de Duque de Gloucester (1717) y finalmente los títulos de Duque de Edimburgo, Marqués de la Isla de Ely, Conde de Eltham, Vizconde de Launceston y Barón Snowdon (26-07-1726). Se cree que los motivos reales que hubieron para justificar la mala relación entre Federico Luis y sus progenitores, fuesen que Jorge I decidiera designarlo como representante de la Casa de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio, saltándose así una generación. En calidad de representante de su casa, tuvo por tanto que presidir muchas ceremonias oficiales en ausencia de sus padres y de su abuelo. De hecho, no le permitieron pisar suelo inglés hasta que Jorge II fuese coronado rey en Westminster (11-06-1727). Para entonces, Jorge II y Carolina habían tenido 7 hijos más y la llegada del primogénito, con 20 años de edad y con una personalidad ya formada, provocó el rechazo y la incomodidad de sus padres. Tanto Jorge II como Carolina acogieron fríamente a su heredero, como quien acoge a un extraño a regañadientes, tachándole de "recogido" y apodándole despectivamente "Griff" (diminutivo de Griffin, Grifo, la bestia mítica de la mitología griega, mitad águila y mitad león). A Federico Luis, sus padres le preferían abiertamente su hermano menor, Guillermo Augusto, duque de Cumberland (1721-1765), al que habían criado y al que querían por encima de todo, hasta el punto de desear que se convirtiera en el sucesor y futuro rey de Gran-Bretaña.

Retrato del Príncipe Guillermo Augusto de Hannover, Duque de Cumberland (1721-1765), el hijo predilecto de los reyes Jorge II y Carolina de Gran-Bretaña, en un lienzo de Charles Jervas c.1728. / Abajo, retrato del músico y compositor Georg Friedrich Händel o Haendel, protegido de los reyes Jorge II y Carolina.

Muy a pesar de sus padres los reyes, Federico Luis fue finalmente investido y jurado Príncipe de Gales el 8 de enero de 1729, respetando el orden sucesorio que ellos habrían deseado modificar en favor de Guillermo Augusto.

En su nuevo papel de Príncipe de Gales, Federico Luis se erigió en la figura de proa de la oposición al rey, reuniendo a su alrededor no solo políticos sino también artistas y figuras importantes de la cultura británica. Rivalizando con el patronato del rey sobre el Teatro de Drury Lane, que protegía a Haendel, el príncipe patrocinaba a los oponentes del músico dando su apoyo a la ópera de la nobleza en Lincoln's Inn Fields. Genuino amante de la música e intérprete del cello, Federico Luis también sentía interés por las artes y las ciencias naturales.

A diferencia de su padre, el príncipe tenía un extenso bagaje cultural y, siendo un gran amateur de pintura, se convirtió en el principal mecenas de artistas venidos del extranjero como el italiano Jacopo Amigoni, o el belga Jean-Baptiste Van Loo, seguidos por Philip Mercier, John Wootton, Philipps y el francés Joseph Goupy. Aparte de su mecenazgo, Federico Luis también llevó una vida privada bastante alocada y dispendiosa; flirteos, romances y aventuras secretas (en las que tampoco desdeñaba a los de su propio sexo), hicieron que se encontrase padre de 3 bastardos, y responsable de unas deudas colosales.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, Princesa de Gales (1719-1772), según Jean-Baptiste Van Loo.

El 8 de mayo de 1736, el Príncipe de Gales casó con la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha en la capilla del palacio de St. James. Matrimonio de conveniencia, forzado por su madre la reina Carolina, quien eligió personalmente a la novia de apenas 16 primaveras entre el gotha europeo y según su parecer, resultó ser al poco tiempo una unión exitosa que no hizo otra cosa que empeorar aún más la mala relación entre los reyes y el príncipe.

La boda de Estado, que no revestía ningún interés político y menos aún estratégico, respondía al deseo de su madre de que la unión fuera un fracaso, que la pareja fuera mal avenida y que, por tanto, no hubieran hijos para asi beneficiar a su otro hijo Guillermo Augusto, duque de Cumberland. Como hecho expresamente, resultó que la flamante pareja se entendió de maravilla desde el primer momento: la noche de bodas, exitosa en todos los sentidos, traería una buena nueva que disgustaría sobremanera a los reyes al confirmarse que la princesa se había quedado preñada. Consternada por la noticia, la reina llegó incluso a desmayarse (detalle del retrato de la reina Carolina de Ansbach, a la izq.).

Augusta era una joven aplicada que estaba decidida a cumplir con su cometido: la de traer niños al mundo para formar una familia numerosa. Esto, obviamente, no entraba en los planes de sus suegros. Agradecido, Federico Luis sentó cabeza, lo que le convirtió en una persona virtuosa, solícita, amable y cortés con su consorte quien, agradecida, le hizo costado y no dudó en apoyar a su marido en aquellas riñas familiares.

La Princesa Augusta de Gales retratada rodeada de sus tres primeros hijos y de familiares, según el pintor J.B. Van Loo, c.1739. / Abajo, retrato oval del Príncipe Federico-Luis de Gales en una miniatura de la época.

Como el tren de vida del príncipe contribuía a un creciente endeudamiento, éste se vio obligado a recurrir a su amigo financiero George Bubb Dodington, quien le consiguió una renta para cubrir sus gastos más urgentes. Sin embargo, la ayuda no fue suficiente y Federico Luis pidió al rey que se le concediese un aumento de sus rentas para mantener dignamente su posición en la corte. En aquellos años, Sir Robert Walpole había conseguido aumentar sensiblemente la lista civil de Jorge II, asegurándole una anualidad de 800,000 Libras Esterlinas votada y aprobada por el Parlamento. Pese a todo, los reyes rehusaron conceder a su heredero un aumento y tuvo que intervenir penosamente el Parlamento para que se votase una renta más adecuada a las necesidades de la onerosa casa de los Príncipes de Gales, poniendo asi en evidencia la racanería de Jorge II y Carolina ante la opinión pública. La intervención de Westminster Hall en aquel asunto pecuniario supuso, una vez más, una afrenta para los reyes.

El Palacio Real de Hampton Court, según un grabado del siglo XVIII.

Ocurriría algo peor. Estando a punto de dar a luz, la Princesa de Gales y su marido se encontraban en Hampton Court junto a los reyes y la corte. Dado que iba a producirse el primer parto de la princesa Augusta, y como el príncipe no deseaba que la reina se metiera de por medio, decidió buenamente que el primer retoño real naciera en Londres, lejos de la nefasta presencia de sus padres. Con alevosía y nocturnidad, los príncipes de Gales y un pequeño séquito abandonó a hurtadillas el palacio de Hampton Court para dirigirse al palacio de St. James, apenas empezaron las primeras contracciones. Con las prisas por llegar a St.James, los príncipes encontraron el palacio vacío y sin alistar; la princesa se vio entonces reducida a parir en una habitación sin muebles y en una cama desprovista de sábanas el 31 de julio de 1737, naciendo una niña, Augusta Carlota, a la que tuvieron que arropar con un mantel encontrado casualmente en una de las desangeladas estancias de palacio.

El Palacio Real de Saint-James, residencia oficial de los reyes y de la corte británica en Londres, según un grabado realizado en 1715.

La fuga nocturna de los príncipes de Gales y el nacimiento de la primera hija, casi en medio de una deliberada clandestinidad, sentó como una bofetada a los reyes. Ante tamaño desagravio, el iracundo Jorge II expulsó a su heredero junto con su pequeña familia, prohibiéndoles volver a pisar la corte y a participar en cualquier evento público. La reina estaba fuera de si: "Nunca he visto un monstruo semejante!", soltó clavada en su cama de moribunda. Sería el último disgusto que tendría con aquel hijo que nunca consiguió apreciar ni mucho menos amar.

La reina Carolina había parido una decena de veces a lo largo de 32 años de matrimonio y su salud se había resentido. Unas complicaciones derivadas de un desgarramiento del útero tendrían un desenlace fatal para la soberana, quien fallecería el 20 de noviembre de 1737. En medio de su agonía, rogó a Jorge II que se casara de nuevo y éste le declaró en francés: "No, tan solo tendré amantes!". De hecho, el buen entendimiento de la real pareja no impidió que el rey tuviera múltiples devaneos con otras damas, como con Lady Henrietta Howard, condesa de Suffolk y camarera de la reina, y la no menos famosa Amalie von Wallmoden-Gimborn, condesa de Yarmouth**.

Jorge II, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Elector de Hannover (1683-1760), en un retrato oficial debido a Thomas Hudson.

Y es que Jorge II era frecuentemente abrumado por la inteligencia y extensa cultura de su consorte; Carolina, que siempre brilló por sus grandes cualidades intelectuales, llegó incluso a eclipsar a su marido hasta el punto que circulaban versos alabando sus capacidades, subrayando su peso político y empequeñeciendo la figura e importancia del rey. Asi que no era de extrañar que el soberano se diese la libertad de libar otras flores en el jardín de la corte, como para reafirmarse a si mismo y menoscabar la aplastante relevancia de la reina.

(**)_Amalie-Sophie von Wendt, esposa del conde von Wallmoden-Gimborn, amante oficial y compatriota de Jorge II quien le concedió el título británico de Condesa de Yarmouth, le dió un hijo bastardo: el conde Johann Ludwig von Wallmoden-Gimborn (1736-1811).

Muerta la reina y expulsados los príncipes de la corte, éstos encontraron refugio en la finca solariega de Cliveden House, antaño propiedad del difunto Conde de Orkney en Buckinghamshire. No obstante, Federico y Augusta siguieron frecuentando Londres, conservando la mansión de Norfolk House (hasta 1741) y luego alojándose en Leicester House. Cada vez que Augusta andaba a punto de parir un nuevo hijo, regresaban a Londres para que diera a luz.

Aria original de "Rule Britannia" con letra de James Thomeson y música de Thomas Arne, estrenado el 1 de agosto de 1740 en Cliveden House.

En Cliveden, los Príncipes de Gales recibían casi de manera constante: artistas, arquitectos, científicos, políticos e intelectuales acudían encantados a sus invitaciones. Fue en el curso de aquellas refinadas veladas en Cliveden, donde se escribió e interpretó el himno Rule Britannia, una de las más conocidas canciones patrióticas que se sigue reverenciando en Inglaterra. El autor de la letra, irónicamente, fue un poeta y autor teatral escocés, James Thomson, cuya canción formaba parte de su obra épica Alfred, interpretada por vez primera en Cliveden House el 1 de agosto de 1740, con música del compositor Thomas Arne.

A diferencia de su real y teutónico progenitor, que apenas conseguía entender todos los matices de la lengua inglesa y prefería expresarse en francés o en alemán con sus ministros, el Príncipe de Gales se empeñó en convertirse en un británico más. Anglófilo hasta la médula, Federico Luis exigió que su esposa también utilizara corrientemente la lengua inglesa y la inculcase a sus hijos, para asi evitar que los súbditos británicos siguieran tachando de "extranjera" a la Familia Real. Por ello no hizo nada al hazar y todo respondía a sus ambiciones personales y políticas, la de ser considerado un futuro monarca tan británico y orgulloso de serlo como sus súbditos. De allí que patrocinara el teatro de Lincoln's Inn Fields, apoyando a autores ingleses para que rivalizaran con el compositor alemán Georg Friedrich Händel, que gozaba entonces del patronato real y producía sus obras en el teatro de Drury Lane. También patrocinó y alentó, junto con su amigo Charles Lennox, 2º duque de Richmond, el deporte nacional por excelencia: el cricket, llegando incluso a formar su propio equipo en 1731 para ofrecer competiciones públicas.

Por la década de 1730, Federico Luis encargó al arquitecto y paisajista Sir William Chambers la construcción de un palacio en Kew, para ofrecérselo a su mujer, la princesa Augusta. En la misma finca, se creó un extenso jardín botánico que aún sigue despertando mucho interés y al que acude gran número de visitantes cada año. Sin embargo, las obras no serían concluídas hasta 1757. En 1802, el palacio de Kew sería en gran parte demolido, sobreviviendo tan solo la "Dutch House" o actual Kew Palace, construído en 1631 para Samuel Fortrey, imitando el estilo arquitectónico holandés. Ese mismo edificio fue frecuentemente la residencia de recreo favorita de los príncipes de Gales, quienes alojaron entre sus paredes a los poetas James Thomson y Alexander Pope. Un cuadro de Philip Mercier, pintado en 1733, inmortalizó al Príncipe de Gales junto con sus tres hermanas interpretando música en sus jardines y ante la fachada de Kew Palace.

El Príncipe Federico-Luis de Gales junto con sus hermanas las Princesas Ana, Amelia y Carolina tocando instrumentos de música en los jardines de Kew. En el fondo, se divisa la "Dutch House" o Kew Palace, residencia de recreo de los príncipes de Gales. Obra de Philip Mercier, c.1733.

Lamentablemente, todos los ambiciosos planes que tenía preparado para el día en que iba a ser rey se vieron brutal e inesperadamente truncados a raíz de un accidente deportivo. Federico Luis recibió el violento impacto de una pelota de tenis o de cricket que, a la larga, le resultó fatal. Su salud se degradó bruscamente al producirse un abceso en su sistema respiratorio, transformándose en una afección pulmonar que le llevaría a la tumba el 31 de marzo de 1751, en su residencia londinense de Leicester House. En aquel momento fatídico, la princesa de Gales esperaba a su noveno retoño que nació póstumamente el 11 de julio siguiente: la princesa Carolina Matilde de Gales.

Retrato del Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales (1738-1820), Duque de Edimburgo y Príncipe de Gales tras el fallecimiento de su padre Federico-Luis; según el pastelista suizo Jean-Etienne Liotard, c.1754.

El primogénito de los príncipes de Gales, Jorge, tenía 12 años cuando su padre le dejó huérfano. En medio de tan triste circunstancia, el joven nieto del rey Jorge II fue declarado heredero del trono e investido Duque de Edimburgo, casi de inmediato. Tres semanas después, Jorge II le reconocía como nuevo Príncipe de Gales (abril de 1751), y le invitaba a vivir con él en la corte.