Es tan notoria la imprudencia de los que practican el senderismo y la escalada en zonas montañosas, que en 2008, únicamente en la comunidad autonómica de Cataluña, se han registrado nada menos que unos 300 rescates en ese año. Una cifra significativa puesto que, cada año que pasa, este tipo de imprudencias temerarias aumentan cada vez más y suponen millonarios desembolsos por parte de las instituciones públicas (y costeados por los catalanes).

Puesto que el coste total de cada rescate efectuado se factura en 7.000 Euros, y que lo pagamos todos, la Generalitat de Catalunya ha decidido, acertadamente que, a partir de ahora y dependiendo del grado de imprudencia del "aventurero", el rescatado tendrá que abonar los costes de su rescate.

Puede que asi, los aventureros que van a lo loco haciendo caso omiso de las advertencias meteorológicas y que desafían los riesgos que conlleva escalar ciertas montañas peligrosas, se lo piensen dos veces antes de provocar situaciones de las que, tan solo ellos, son responsables por su conducta irreflexiva.

Por fin una medida acertada contra un abuso que ya cantaba demasiado. A ver si hacen lo mismo contra los ciclistas que invaden las aceras y se mofan de las normas de circulación, gracias al auge del BICING. También habría que volver a la antigua fórmula del permiso de circulación para las bicicletas, al pago de la matrícula y a que el ciclista tenga un seguro que pueda cubrir los percances causados por sus repetidas imprudencias (atropellos, desperfectos provocados en turismos, etc.) y ser multados en consecuencia. Que ya llevamos dos años, los que vamos a pie y utilizamos los transportes públicos, sufriendo de la incívica conducta de esos ciclistas que se adueñan de las aceras y van en cualquier dirección.