LA CONJURACIÓN DE VENECIA

 

Desde 1618 duraba este inverosímil asunto de la Conjuración de Venecia, urdido por la Serenísima contra el 3er. Duque de Osuna, virrey de Nápoles, no acabando con la muerte del pusilánime Felipe III, ya que prosiguió durante los tres primeros años de reinado del ingrato Felipe IV.

Las víctimas fueron el Duque de Osuna, su secretario Don Francisco de Quevedo y Villegas, el Marqués de Villafranca, gobernador del Milanesado y el Marqués de Bedmar, embajador de España en Venecia. Los que urdieron dicha conjuración fueron principalmente la Serenísima República Veneciana, Francia y Saboya.

Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón (1574-1624) IIIer. Duque de Osuna y IIº Marqués de Peñafiel, Grande de España, se educó en Nápoles donde su abuelo, el 1er.Duque de Osuna y Vº Conde de Ureña (1537-1590) ejercía como virrey. Seguidamente estudió en Salamanca y Sevilla, teniendo allí una juventud tan licenciosa y aventurera que fue expulsado de la ciudad. Tras entrar en 1602, al servicio del archiduque Alberto de Austria como simple soldado en los ejércitos de éste, el Rey Felipe III le nombra virrey de Sicilia (1610), en cuyo cargo permanece hasta 1616. Su política resultó tan eficaz al reorganizar la flota siciliana, que sus bajeles llegaron a controlar, en poco tiempo, los mares en detrimento de turcos y berberiscos. Como premio, Felipe III le entrega el gobierno de Nápoles, el más importante virreinato del imperio. Bajo su mando, Nápoles alcanzó una situación envidiable entre los Estados Italianos ; reorganizó el ejército y la marina, y su escuadra propia, compuesta por 20 galeones, 23 galeras y 30 naves menores, fue el terror de los enemigos de España. El poderío naval de Nápoles llegó a ser tal, que Venecia sintió celos que por dos veces intentó frenarlo y por dos veces Osuna hundió la flota de ésta.

Retrato de Don Pedro Alvarez de Toledo, 5º Marqués de Villafranca (1578-1627), Gobernador del Milanesado.

A partir de entonces, la república del Adriático buscó el modo de acabar con el virrey con otras armas, puesto que militarmente resultaba invencible y que éste dominaba el Mediterráneo y el Adriático. La pugna entre Venecia y España era evidente ; para defenderse, la astuta diplomacia de la Serenísima fingió descubrir un plan de ocupación ideado por el Duque de Osuna, el Marqués de Villafranca, gobernador de Milán, y el Marqués de Bedmar, embajador de España en la capital del Véneto...

Retrato de Don Pedro Fernández de Castro y Osorio, 7º Conde de Lemos G.E. (1560-1622), 4º Marqués de Sarria, 5º Conde de Villalba y 3er Conde de Andrade.

Don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) conoció al Duque de Osuna en el madrileño palacio del VIIº Conde de Lemos, Don Pedro Fernández de Castro y Osorio, yerno del Duque de Lerma, hombre frágil y depresivo que había entrado en la órbita nepotista y política del entonces valido de Felipe III. Era costumbre que los poetas frecuentaran las casas aristocráticas en busca de algún mecenas entre los señores titulados que asistían a esas veladas de buena nota, a imagen y semejanza del Rey, quien había implantado esa tediosa costumbre preciosista y pedante. Corría el año de 1608-1609. Desde el encuentro entre los dos hombres, Quevedo dedicó al "gran duque" algunas de sus obras, y cuando Osuna se marchó a Sicilia, fue llamado para acudir a su lado ofreciéndole el puesto de poeta cortesano, oferta prontamente rechazada hasta que el virrey enserió su demanda con la promesa de nombrarle secretario político y administrador ; satisfecho Quevedo en su ambición de labrarse una carrera en la política, llegó a Palermo en 1613, donde el duque le encarga las negociaciones, entabladas ya, para encomendar la ciudad de Niza a la protección y tutela de España, tarea en la que el flamante secretario casi pierde la vida en dicha ciudad, al organizar el Duque de Saboya una masacre de nizardos colaboracionistas y sospechosos de ser afines a España.

De vuelta a Palermo, Quevedo se convierte en la sombra eficaz del virrey, interviniendo en todos los asuntos de Estado. En aquellos años, Osuna mantiene unas relaciones óptimas con Madrid, pues el Marqués de Cea y Duque de Uceda, hijo de Lerma, casa a su primogénito con la hija del virrey. Como éste ambiciona el gobierno napolitano, desempeñado entonces por el Conde de Lemos, envía a Quevedo a Madrid con 30.000 ducados a fin de untar a los influyentes de la corte, entre los que figura el Duque de Uceda, el secretario de éste, el "Marqués de La Laguna" alias el Conde de Villamediana, un fraile agustino, el confesor del Rey, el propio Felipe III y una enana...En consecuencia, la patente a favor del Duque de Osuna es despachada por el Rey el 16.IV.1616, convirtiéndole en el nuevo virrey de Nápoles, y el propio monarca apadrina la boda de la hija del virrey con el heredero de Uceda (11.XII.1617). Quevedo obtendría el hábito de la Orden de Santiago y una renta vitalicia como premio de sus gestiones.

Don Felipe III de Austria (1578-1621), Rey de España y de Portugal entre 1598 y 1621; retrato debido a Bartolomé González, circa 1610.

Estalla al año siguiente el asunto de la conjuración, implicando al experimentado Marqués de Bedmar Don Alonso de La Cueva y Benavides, diplomático, al Marqués de Villafranca Don Pedro Alvarez de Toledo, gobernador de Milán, y finalmente al Duque de Osuna, acusados de planear la invasión y anexión de Venecia además de la intención del duque de coronarse rey de Nápoles...En el complot intervienen, aparte de los venecianos, saboyanos y franceses. En la decisión de semejante montaje, interviene decisivamente el hecho de la toma de Vercelli por los españoles en julio de 1617 ; Francia y Saboya instigan a fin de poder hacer más presión sobre Madrid y acelerar así, suma torpeza española, la restitución de Vercelli, cuya ubicación piamontesa tenía altísimo valor estratégico para frenar cualquier movimiento francés desde el sudeste, para proteger a Génova, aliada de España, y para introducir una incisiva cuña en las posesiones del Duque de Saboya, erigiéndose la plaza de Vercelli en punto de neutralización de Turín y de apoyo y defensa del Milanesado. La restitución se hizo en junio de 1618.

Don Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja (1553-1625), 5º Marqués de Denia, 1er Marqués de Cea y 1er Duque de Lerma en 1599; retrato según Juan Pantoja de La Cruz, circa 1600. / Abajo, retrato del 3er Duque de Osuna, Don Pedro Téllez-Girón y Guzmán (1574-1624), conocido como "el Gran Duque de Osuna", Virrey de Nápoles, según el pintor Ribera.

Cuando el 2.X.1618 el Cardenal-Duque de Lerma cae en desgracia y es desterrado a Valladolid, su sustitución por el Duque de Uceda no mejora la posición de Osuna, y Quevedo debe abandonar Nápoles para España, acabándose su carrera política al caer estrepitosamente su protector. La conjura surte efecto al prestar oídos Madrid a las falacias de Venecia : Bedmar es destituido y Osuna acusado de ambicionar el trono napolitano. Sin que pudieran ser plenamente demostrados estos cargos, la independencia del virrey a la hora de actuar y su evidente valía y ambición le hicieron sospechoso a ojos del Rey y fue llamado a Madrid en 1620. Allí, Osuna, suspendido en todas sus funciones, debe responder a las acusaciones de traición ante el Consejo Real, pero al sentarse en el banquillo su caída es inmediata, aunque al no prosperar el "caso", sería rehabilitado poco después.

Con la muerte de Felipe III en marzo de 1621, y la entronización de Felipe IV, se produce un cambio de Gobierno al ceder éste las riendas del poder a Olivares, quien empezó a arremeter contra la alta aristocracia, y concretamente contra los duques de Osuna y de Alba. El 7.IV.1621, Osuna es arrestado y llevado al castillo de La Alameda, nombrando Felipe IV una junta para procesarlo a la vez que la esposa del duque, Doña Catalina Enríquez de Ribera, enviaba, desde Nápoles, un memorial al monarca, lavándole de toda culpa ; un gran gesto en vano.

Mientras que Quevedo es desterrado a su señorío de La Torre de Juan de Abad, el duque es nuevamente encarcelado y acusado de traición. Demasiado recto y orgulloso, de conducta intachable, Osuna se encierra sobre sí mismo en un soberano desprecio e, inmutable, renuncia a defenderse e incluso a suplicar al Rey y a Olivares para convencerles de su inocencia. Tras peregrinar por diferentes prisiones durante 3 años, el Duque de Osuna fallece el 20.IX.1624, aún pendiente de juicio. Poco después, Felipe IV envía una misiva al sucesor e hijo del finado, Don Juan Téllez-Girón y Enríquez de Ribera, IVº Duque de Osuna (1597-1656), doliéndose de haber perdido tan buen vasallo.

El Duque de Uceda y su camarilla son barridos de la corte por Olivares, con la compensación del virreinato de Cataluña, pero al poco tiempo, el ex-valido es acusado de irregularidades en su anterior ministerio y sentado en el banquillo. Fallecería el mismo año que Osuna. En cuanto al ex-secretario real, Rodrigo Calderón y Aranda, Marqués de Siete Iglesias, que debía su fortuna a Lerma, es ajusticiado en la Plaza Mayor de Madrid y el confesor de Felipe III, el padre Aliaga, es desterrado junto a muchos otros.

-Retrato de Don Felipe IV de Austria (1605-1665), Rey de España y de Portugal de 1621 a 1665; obra de Velázquez realizada entre 1624 y 1627.