LOS AUSTRIAS: CARLOS II, 1661-1700 (1)
el 22 ene En: Biografías Reyes de España - 6 comentarios
CARLOS II 1665 - 1700

Nacido el 6.XI.1661, Real Alcázar de Madrid ; hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, reyes de España, Nápoles, Sicilia y de las Indias.
Accede al trono de España 17.IX.1665 ; regencia de su madre Mariana de Austria.
Declarado mayor de edad 6.XI.1675.
Casado con : 1-María-Luisa de Orléans, Fontainebleau 31.VIII.1679 ; sin hijos.
2-María-Ana de Neoburgo, Düsseldorf 28.VIII.1689 ; sin hijos.
Fallece en el Real Alcázar de Madrid 1.XI.1700; edad 38 años.
EL POBRE HECHIZADO
La política matrimonial iniciada por sus antepasados, los Reyes Católicos, fue siguiendo un paulatino proceso de endogamia en la que los herederos del trono español se casaban con mujeres de la otra rama de los Habsburgo, la rama imperial, con la consiguiente degeneración biológica ; de esta forma llegó al trono de las Españas Carlos II.
La debilidad de carácter de Carlos II, junto con su imagen enfermiza, simbolizan por si solas el estado de postración en que se encontraba la monarquía que encarnaba. Males heredados de su padre, Felipe IV, que siempre había llevado una vida de libertinajes, hasta el punto de llegar a contraer la sífilis. A ello se podría sumar el aberrante hecho, de que Felipe IV había concebido su último retoño con su sobrina carnal Mariana de Austria, hija de su hermana María y de su primo-hermano Fernando III de Alemania, hecho que en absoluto se podría considerar aislado, ya que en la dinastía de los Austrias era habitual desde hacía varias generaciones contraer matrimonio entre familiares consanguíneos.

Don Felipe IV de Austria (1605-1665), Rey de las Españas de 1621 a 1665; obra de Velázquez.
El nacimiento de Don Carlos se produjo en un ambiente de duelo y tristeza, cinco días después de la muerte de su hermano mayor Don Felipe Próspero, de casi 4 años de edad. Desde el primer momento, el nuevo heredero sufrió problemas de salud que le pronosticaban un destino nada prometedor, por lo que Felipe IV quiso esconder el mal estado de salud de su hijo al resto de las cortes europeas, incluso a la de Viena, imponiendo un hermetismo absoluto sobre él, cosa que provocó las más descabelladas habladurías en toda Europa, llevando incluso a ciertos cortesanos a afirmar que el supuesto heredero no era tal sino una princesa.
Ante los efectos negativos de sus medidas, Felipe IV tuvo que permitir a un emisario de su yerno, Luis XIV de Francia, fuera a rendir homenaje al infante para que cesaran los rumores. De la visita salió un informe secreto para el monarca galo :
" El Príncipe parece ser extremadamente débil. Tiene en las dos mejillas una erupción herpética. La cabeza está enteramente cubierta de costras. Desde hace dos o tres semanas se le ha formado debajo del oído derecho una especie de canal o desagüe que supura..."
Conocido el estado del heredero español, las cancillerías estuvieron pendientes de la frágil salud del Príncipe, sobretodo las de Francia y Austria, cuyos soberanos eran los más firmes candidatos al trono de España.
Celosamente cuidado por su madre, la Reina Mariana, y su aya la Marquesa de Los Vélez, el futuro rey creció con serias dificultades ; su propio padre no albergaba esperanzas de que subiría al trono algún día, y según él era fruto de la última cópula que había podido realizar, ya extenuado, con su esposa. El pobre niño fue incluso el blanco de muchas burlas y sátiras populares ; los informes médicos precisaban que a los 3 años no tenía los huesos del cráneo cerrados y que era incapaz de estar de pie, de hecho fue amamantado hasta los 4 años y caminaba con mucha dificultad a los 5.
Catapultado al trono con sólo 3 años y medio, Carlos II no recibió adecuada preparación como soberano destinado a regir un imperio como el español. Le impusieron el aprendizaje de las lenguas latina, francesa e italiana además de las que se hablaban en sus reinos, incluyéndose un poco de geografía y fortificación, historia como tema principal, seguido de la Historia Sagrada, griega y romana. Además se intentó que hiciera ejercicio físico, iniciativa que chocó con la oposición de los galenos que achacaban los frecuentes males del niño-rey a que el poco ejercicio que hacía, según ellos, le obligaba a realizar grandes esfuerzos, que repercutían negativamente en su salud.
Lo más característico de Carlos II era la facilidad con que sufría violentos ataques de ira, muy propio en personas débiles, agrediendo al primero que se le pusiera por delante.
El Niño-Rey, la Regente y el Teatino

Don Carlos II de Austria (1661-1700), Rey de las Españas de 1665 a 1700; cuadro realizado en el año de su accesión al trono, a la edad de 4 años, c.1665.
Cuando falleció Felipe IV, su popularidad y la de la monarquía, ya eran un recuerdo ante el creciente descontento originado por el desastre de la campaña de Portugal. La derrota de Montes Claros mató en definitiva al monarca, quien murió poco después un 17 de septiembre de 1665, en un momento en que el pueblo ya estaba a punto de salir a la calle. El ascenso al trono de Carlos II, rey-niño de apenas 4 años, sometido a la regencia de su madre, una mujer agria y fría, de escasas luces políticas y dominada por su confesor, un jesuita alemán, no mejoraron el lúgubre panorama del futuro de España.
Así, y siguiendo las disposiciones testamentarias del finado, redactadas en 1658, Doña Mariana de Austria se convirtió en Regente de España hasta que Carlos II alcanzara la mayoría de edad, o sea los 14 años. Contando los 30 años, la Reina-Regente cambió sus ricos vestidos por el hábito de monja pero sin abrazar la vida monacal que entrañaba. Su confesor, el jesuita alemán padre Everardo Nithard, fue nombrado por ella consejero de Estado, Inquisidor General y ministro primer secretario del Despacho, lo que en suma le convertía en el nuevo primer ministro de la Corona y en el hombre más poderoso del país, hecho que provocó un descontento general, debido en parte al xenofobismo de los españoles. A ello debía de sumarse la desastrosa política de los primeros años haciéndole blanco de las más vivas críticas por parte del pueblo y de la nobleza, avivadas por la mala prensa que le hacía el hermanastro de Carlos II, Don Juan José de Austria, que ambicionaba ocupar el cargo del teatino.

Doña Mariana de Austria (1634-1696), Reina Vda. de España y Regente en nombre de su hijo Carlos II; retrato según Martínez del Mazo, realizado en 1666.
De todos modos, la regente tuvo que dirigir los asuntos del Estado debidamente asesorada por una Junta de Gobierno, nombrada por el difunto Felipe IV, que constituía el máximo organismo gubernativo, mientras no se declarase la mayoría de edad de Carlos II, y que estaba integrada por : Don Guillem Ramón de Montcada, Marqués de Aytona y Grande de España como representante de la Grandeza, Don Gaspar de Bracamonte y Guzmán, Conde de Peñaranda y Consejero de Estado, Don García de Haro de Sotomayor y Guzmán, Conde de Castrillo y presidente del Consejo de Castilla, Don Cristóbal Crespí de Valldaura, presidente del Consejo de Aragón, Don Pascual Folch de Cardona y de Aragón, Arzobispo de Toledo y Cardenal-Primado de España y finalmente el padre jesuita Everardo Nithard, Inquisidor General. Los excluidos fueron el Conde de Medina de Las Torres, último primer ministro de Felipe IV (1661-1665) y Don Juan José de Austria, bastardo del difunto monarca y ambos odiados por la Regente.

Retrato del Padre Johann Eberhard Nithard (1607-1681), jesuita, valido de la Monarquía Hispánica y posteriormente cardenal y embajador de España ante la Santa Sede.
Nithard empezó a prohibir los festejos y celebraciones, se opuso a las representaciones teatrales "por ser la música inoportuna en tiempo de llanto" , queriendo además extender a toda la población su austero modo de vida, lo que le acarreó el odio de las clases populares ; para colmo, supeditó los intereses españoles a los de Viena en materia de política exterior.

Busto de Don Juan-José de Austria (1629-1679), bastardo de Felipe IV y de La Calderona.
A los graves reveses sufridos por las armas españolas en los Países Bajos y el Franco Condado frente a los modernizados ejércitos del Rey de Francia, se añadió la firma de la Paz de Lisboa (1668), por la que España reconocía formalmente la independencia de Portugal y a su monarca Don Alfonso VI de Braganza (hijo de Juan IV). Don Juan José de Austria se agitó solicitando la destitución del valido, marchando desde Barcelona, donde ocupaba el cargo de virrey, con tropas catalanas, sobre Torrejón de Ardoz y amenazó a la Regente y a la corte de Madrid. Presionada por la Junta de Gobierno y el Consejo de Castilla, Doña Mariana de Austria se vio obligada a destituir a Nithard y a ordenar su marcha de España. El Inquisidor General dimitió de todos sus cargos y marchó a Roma en calidad de embajador ante la Santa Sede donde, por petición de su antigua protectora, le concedieron el capelo cardenalício. En cuanto a Don Juan José de Austria, tuvo que desistir ante las exigencias de la Junta del Gobierno en permanecer con sus tropas cerca de la capital, recibiendo en compensación el cargo de virrey de Aragón de manos de la regente.

Retrato de la Reina-Regente Mariana de Austria (1634-1696), Regente entre 1665 y 1675. Obra de Carreño de Miranda, c.1669
Escarmentada Doña Mariana por lo ocurrido, decidió llamar a las tropas estacionadas en la frontera portuguesa para formar con ellas la Guardia Real, que custodiaría las reales personas en Madrid, dando el mando de este nuevo cuerpo, nuevamente uniformado a semejanza de las tropas del Duque de Schomberg-Halluin (militar alemán al servicio de Francia), al Marqués de Aytona como coronel. Esa Guardia Real recibiría el popular nombre de "La Chamberga", y acuartelada en la capital, provocaría no pocos altercados y protestas.
El Valido Valenzuela
Caído Nithard, le reemplaza prontamente un desconocido llamado Don Fernando de Valenzuela y Enciso, procedente de una familia hidalga de Ronda y casado con una de las camareras de la regente, Doña María de Ucedo. Gozó de la protección del padre Nithard, lo que le valió un atentado del que salió malherido, organizado probablemente por el Duque de Montalto. Su mala situación fue conocida por la Reina-Regente quien, preocupada por su estado, empezó a prodigarle sus favores : introductor de embajadores, primer caballerizo, miembro del Consejo de Italia, superintendente de obras y bosques, alcaide del real sitio de El Pardo...Y por demostrar notables dotes como organizador de fiestas, cacerías, comedias y otras diversiones en la corte, proponiendo la venalidad de los cargos de gobierno para subvenir a los gastos de la corte, vendiéndolos al mejor postor, granjeándose las simpatías de las clases populares por las celebraciones de corridas y demás festejos, tomando medidas para evitar los desabastecimientos de las subsistencias, así como el mantenimiento de los precios moderados de las mismas, promoviendo las obras públicas para dar empleo a los indigentes y parados, la regente le convirtió en su nuevo valido (1669), concediéndole el título de Marqués de Villasierra.

Fernando de Valenzuela, 1er Marqués de Villasierra y Grande de España, apodado "el Duende de Palacio".
Valenzuela se atrajo la ira de los Grandes por informar a la reina-regente de los más pequeños rumores que corrían por la Villa y Corte, ganándose el apodo de "el Duende de Palacio" por espiar indiscriminadamente y tener al corriente de todo lo que pasaba en palacio a la, hasta ahora, aislada soberana. También fue blanco de la furia de Don Juan José de Austria, que le cubrió de las más viles calumnias, llegando a insinuar que era el amante de la regente.

Don Carlos II de Austria (1661-1700), Rey de las Españas y de las Indias de 1665 a 1700; retratado por Carreño de Miranda a sus 14 años, en 1675, momento en que es proclamada su mayoría de edad.
El 6.XI.1675, el rey Don Carlos II cumplía los 14 años, o sea su mayoría de edad fijada por su difunto padre, permitiéndole encargarse sin tutela alguna, de los asuntos de Gobierno y la regente tuvo que traspasar los poderes a su hijo, no sin reticencias. Por fin exaltado al trono de las Españas, Carlos II, influido por su confesor el padre Montenegro, su preceptor Ramos del Manzano, su caballerizo el Conde de Medellín y su camarero el Conde de Talhara, quienes le cantaron las virtudes de Don Juan José de Austria, mandó que viniera éste a Madrid y que se fuera Valenzuela. Así las cosas, Valenzuela, con el cargo compensatorio de Capitán General de Granada, marchó a Andalucía mientras Don Juan José acudía a Madrid. Sin embargo, la reina-madre intervino exigiendo a su hijo la vuelta de Valenzuela y la marcha de Don Juan José a Zaragoza ; Carlos II, débil de carácter, mandó al Duque de Medinaceli que comunicara a su recién llegado hermanastro que se fuera por dónde había venido con la compensación del virreinato de Nápoles. Marchado de Madrid el bastardo, Valenzuela volvió a la corte y obtuvo al poco tiempo el cargo de gentilhombre de cámara del Rey así como el rango de Grande de España, por haber recibido un disparo de Carlos II en el trasero, en el curso de una cacería.

Don Juan-Francisco Tomás de La Cerda, 8º Duque de Medinaceli y Grande de España (1637-1691).
El hecho de que el monarca concediera la grandeza a un hidalgüelo por un disparo en las posaderas, pareció humillante al poderoso club de los Grandes de España, y más aún cuando el soberano encargó a Medinaceli dar a Valenzuela el susodicho trato. Así las cosas, el Duque de Medinaceli empezó, y encabezó, la "Huelga de los Grandes" ; de forma unánime, los "ricohombres" del reino hicieron el vacío al valido, dejando de asistir a todos los actos de Gobierno y protocolo en los que debían participar por sus cargos en el seno de la corte, provocando una auténtica crisis en la cual los Grandes manifestaron su descontento por el favor de Valenzuela y la influencia de Doña Mariana de Austria, exigiendo el encarcelamiento del primero y la expulsión de la segunda, así como la vuelta del bastardo a la corte para tomar las riendas del Gobierno. El valido huyó a El Escorial, pidiendo asilo y protección al Prior del real monasterio. Sin primer ministro, Carlos II nombró una junta de Gobierno formada por el Duque de Medina de Ríoseco, Almirante de Castilla, el Arzobispo de Toledo, el Duque de Medinaceli y el Condestable de Castilla que, a la larga, se manifestó inoperante pues cada uno de ellos tenían distintos pareceres respecto a las medidas que tomar. Seguidamente, el monarca llamó a su hermanastro a la corte y abandonó secretamente el Real Alcázar, escoltado por Medinaceli, para instalarse en el palacio del Buen Retiro, siguiendo el plan de los Grandes, deseosos de separarle de su madre. Los duques de Alba y de Medinasidonia acudieron a El Escorial, con hombres armados, para reclamar al asilado Valenzuela y apresarle ; ante la negativa del Prior, se cruzaron gritos y amenazas de excomunión y, haciendo caso omiso de las advertencias, Alba y Medinasidonia forzaron las puertas y buscaron con violencia al valido por todo el monasterio, hasta encontrarle escondido en un desván, de donde le sacaron a la fuerza. De allí le llevaron preso a Consuegra, sede de la Orden de San Juan, priorato ostentado por Don Juan José de Austria. El desgraciado permaneció encarcelado durante dos años, siendo finalmente desterrado a las Filipinas en 1679 por espacio de unos 8 años. De allí se trasladaría a México, falleciendo allí en 1692, tras recibir una violenta coz de caballo.
La Privanza de Don Juan-José de Austria

Don Juan-José de Austria (1629-1679), el hermanastro de Carlos II, en un retrato realizado en 1678.
La mañana del 23.I.1677, entraba en olor de multitudes Don Juan José de Austria en Madrid, rodeado de un verdadero ejército y de la flor y nata de la nobleza española. Esta vez, el hermanastro del Rey llegaba a la Villa y Corte para quedarse y ejercer de primer ministro. Tras su triunfal paseo, fue recibido solemnemente por Carlos II en el Buen Retiro.

El Palacio Real del Buen Retiro, en Madrid, a vista de pájaro según un grabado del siglo XVII.
El 1 de marzo, Doña Mariana de Austria recibió de su hijo la orden de retirarse al Alcázar de Toledo y abandonar Madrid, a pesar de sus preferencias por El Escorial que no fueron escuchadas. El palacio toledano se hallaba inhabitable por los muchos años de abandono, teniendo que instalarse finalmente en el real sitio de Aranjuez.
Muy pronto, las expectativas levantadas por Don Juan José de Austria fueron desinflándose, y los problemas en vez de resolverse fueron agravándose. El nuevo gobernante se mostró más preocupado por desterrar a sus enemigos y controlar el acceso al Rey que por solucionar los problemas del país.
El 2 de junio, Carlos II se trasladó a Zaragoza para jurar los fueros aragoneses y recibió una delegación catalana que le reclamaba en Barcelona, pero su hermanastro no lo consideró oportuno.
Las malas cosechas de aquel año por casi todo el país provocaron el hambre y hubo un brote de epidemia que surgió en el Levante y se extendió por casi toda Andalucía. En el exterior tampoco estaba boyante la cosa. En 1678, hubo que firmar la humillante paz de Nimega con Francia y cederle el Franco-Condado, perdiendo así el corredor que unían los Países Bajos españoles a las posesiones italianas.
Don Juan José de Austria dedicó sus esfuerzos en encarcelar o desterrar a sus rivales, como el Almirante de Castilla, exiliado en sus tierras, el Marqués de La Algaba, Primer Caballerizo del Rey, que fue desterrado ; desterrado también el Conde de Montijo y encarcelado el Conde de Aranda, ex-virrey de Aragón, desterrado el Príncipe de Astillano en Sevilla y destituido el vicecanciller de Aragón Don Melchor de Navarra. Por otro lado, intentó reformar las leyes, reforzar el abastecimiento de las ciudades, modernizar el Ejército y poner un freno al derroche y a la ostentación de los Grandes, lo que provocó más críticas que reconocimientos. En cuanto al obsesivo control que ejercía sobre Carlos II, llegó al extremo de peinar él mismo la larga cabellera del monarca.
La situación de la monarquía había empeorado sensiblemente y los vítores se volvieron en críticas. La hostilidad crecía en todos los estamentos sociales hacia la figura del hermanastro del Rey. De hecho, sólo conseguía mantenerse en el poder gracias al respaldo de Carlos II. Los que le apoyaron en 1677, ahora iban a presentar sus respetos a la Reina-Madre, por fin instalada en Toledo, y pronosticaban su inminente caída en aquel año de 1679. Oportunamente, Don Juan José cayó enfermó y, tras dos meses de mala salud, expiraba el 17.IX.1679, curiosamente el mismo día que su padre, Felipe IV, 14 años después. Carlos II, absorto en sus preparativos de boda con una sobrina de Luis XIV de Francia, le olvidó por completo y no se preocupó siquiera en visitarle. El cadáver del finado fue amortajado con el hábito de Prior de la Orden de San Juan y sepultado en el Panteón de El Escorial con todos los honores.
Fin 1ª Parte
Un excelente post sobre un reinado muy poco conocido! Gracias!
Me apasionan esos retratos de Velázquez. No creas que me he olvidado de lo prometido. Es deuda.
Como siempre interesantisimo post, apunte : Don Julio Caro Baroja que, en los años que dirigía el departamento y la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares,al conocer mi condición de «clérigo regular» (teatino) me recitó de memoria en un dicho y hecho el secular juego de palabras de los niños españoles:Una hora duerme el gallo,dos, el caballo;tres, el santo;cuatro, el que no lo es tanto;cinco, el caminante;seis, el estudiante; siete, el teatino; ocho, el peregrino;nueve, el majadero;diez, el borriquero;once, el muchacho;doce, el borracho.un abrazo paz y bien.Esta curiosidad no es mia.
Gracias Theo, aunque aún no he acabado con el reinado de Carlos II. Pondré incluso una cronología del reinado en las que se incluirán todos los acontecimientos notables europeos coincidentes con las fechas.
Un abrazo y feliz de leerte nuevamente aqui.
A mi también Mari, me encantan y asombran desde siempre. Nunca me canso de mirarlos... es un "menú de gourmet" para los ojos!!!
Y por cierto, gracias, mil gracias por pensar en ello. ¿Qué podré hacer a cambio de semejante favor?
Un abrazo.
Muy agradecido Renato por el comentario y quisiera darte las gracias por el dicho. Interesante!!!
Un gran saludo.