LOS PRÍNCIPES DE CONDÉ: LUIS II "el Grande" 1621-1686 -2-
el 27 nov En: Biografías Dinastias - 4 comentarios
EL TRATADO DE WESTFALIA
Retrato del Cardenal Jules Mazarin (1602-1661), nacido Giulio Raimondo Mazzarino, Primer Ministro de Francia y sucesor del Cardenal de Richelieu al timón del gobierno durante la regencia de Ana de Austria.
Mazarino le envía a participar activamente en el asedio de Lérida, donde sufrirá su primer fracaso militar. De vuelta en la frontera de Flandes, se hace con la plaza de Ypres (mayo 1648), y la ciudad de Lens (agosto 1648), que supone una decisiva victoria sobre el ejército español muy superior en número y mandado por el archiduque Leopoldo de Austria.
Retrato del Archiduque Leopoldo Guillermo de Austria (1614-1662), Gobernador de los Países Bajos Españoles.
Acude al rescate de París y, semanas más tarde, la paz es firmada durante el Tratado de Westfalia. Éste marca el fin de la guerra de los Treinta Años. Los católicos firmaron la paz en Munster, los protestantes en Osnabrück. Francia saldría engrandecida con la adquisición de Alsacia.
LA FRONDA DEL PARLAMENTO
La primera Fronda nace de la ambición de la más alta magistratura del reino de limitar los poderes de la Corona. Es también una oposición a las políticas de los cardenales de Richelieu y Mazarino, que son, según el Pueblo, la causa de todos los males. El pistoletazo de la rebelión parlamentaria se da tras el anuncio de un plan destinado a suprimir, durante 4 años, el pago de rentas a los magistrados.
Retrato de Luis II "el Grande" de Borbón, 4º Príncipe de Condé (1621-1686), según Le Brun.
Liberado de sus obligaciones militares, tras las firmas de los tratados de Westfalia, Luis II de Borbón, IVº Príncipe de Condé (desde el fallecimiento de su padre en 1646), se pone al servicio del Rey.
Durante la revuelta parlamentaria, hacia la cual no siente más que desprecio, protege con la ayuda de sus tropas la corte real en exilio, pese al apoyo de los suyos (su hermana, su cuñado Longueville y su hermano Conti) a los magistrados rebeldes. A éstos se añaden figuras tan proeminentes como Gondi, cardenal de Retz, y el hermano mayor de Turenne, el duque de Bouillon.
Retrato de Enrique II de Orléans, Duque de Longueville y de Estouteville (1595-1663), Gobernador de Picardía y luego de Normandía; en segundas nupcias, en 1642, contrajo matrimonio con la hermana del Príncipe Luis II de Condé, Ana-Genoveva de Borbón.
Retrato de Armando I de Borbón-Condé, 1er Príncipe de Conti (1629-1666); hermano menor de Luis II de Condé y de la Duquesa de Longueville.
El 8 de febrero de 1649, por el combate librado en Charenton, se hace con la capital francesa. Un compromiso es finalmente firmado entre los rebeldes y la regente Ana de Austria en Rueil. Después de sus hazañas en Rocroi y Lens, Condé acaba de salvar por tercera vez el trono de Luis XIV.
LA CÁRCEL
Retrato de Ana de Austria (1601-1666), Reina-Regente de Francia durante la minoría de edad de su hijo Luis XIV.
De manera ilusoria, cree entonces hacerse con el control de la corte, pero su insolencia y su profundo odio hacia el cardenal Mazarino desembocan en su repentino arresto por orden de la regente y del cardenal, el 18 de enero de 1650. Tras la leva de tropas por los príncipes de Condé, de Conti y de Longueville, conformando un ejército basado en la unión de regimientos procedentes de sus gobiernos provinciales respectivos, Ana de Austria, escuchando el consejo de Gondi, tomó la decisión de arrestarles. Pese a las advertencias de sus amigos, Condé, Conti y Longueville se personaron en el Consejo del Rey donde fueron inmediatamente arrestados.
El Príncipe Luis II de Condé (1621-1686), según Justus Van Egmont.
En cautividad, Luis II de Condé deberá negociar el pago de su alimentación. Es gracias a la intervención de Gastón de Orléans, que dichos gastos acabaron por ser asumidos por la Corona. Sin embargo, sus pensiones son congeladas y sus cargos redistribuídos, sus bienes embargados, sus papeles confiscados sin encontrar pruebas incriminatorias. En represalia, se exiliarán a amigos, servidores y criados. Se vendió en subasta sus muebles y su vajilla de plata. El gobernador de la cárcel los trató con una inusitada arrogancia y el príncipe, sin deshacerse de su natural firmeza, le amenazó con molerle a palos y le hirió al tirarle un candelabro a la cabeza. Además de numerosos guardias-de-corps, sus antecámaras se hallaban llenas de soldados para mantenerles bajo estrecha vigilancia, incluso en el propio dormitorio, día y noche.
En tan duras condiciones se vió el príncipe, su hermano y su cuñado Longueville, que tuvieron que recurrir a todo tipo de astucias para corresponder con el exterior y recibir misivas sin que nadie se percatase del ir y venir de esos papelitos...
Ana-Genoveva de Borbón-Condé, Duquesa de Longueville (1619-1679).
Gracias a las intervenciones de la princesa de Condé y de la duquesa de Longueville, la situación de los presos mejoró: se les concedió comida decente y personal para asistirles. La piedad que provocaba entre los carceleros, el ver a esos príncipes tan injustamente oprimidos y privados de libertad, contribuyeron a que algunos de ellos hicieran lo posible para aligerar las duras condiciones de vida en las que se encontraban.
Retrato en miniatura de Clara Clemencia de Maillé-Brézé, Princesa de Condé.
El príncipe de Condé pasará sus días jugando a las cartas o a cuidar de sus flores y, aunque estrechamente vigilado, consiguió encontrar el modo de comunicar con sus fieles partidarios. Si los hombres se encontraban tras los barrotes, las mujeres (Carlota, Princesa vda. de Condé, Ana-Genoveva, duquesa de Longueville, Clara-Clemencia, Princesa de Condé), estaban determinadas a no dejarse apresar por los soldados de Mazarino...
Puesto al corriente de la situación, Luis II aprecia el gesto de las mujeres de su casa:
"¿Quién iba a creer que, mientras riego mi jardín, mi mujer haría la guerra?"
La guerra se llevaba en dos frentes: Turenne y la duquesa de Longueville en el Norte, Clara-Clemencia en Burdeos. Ayudados por los Españoles, los rebeldes ganaban terreno, y el pueblo, que siempre sufre durante los conflictos, echaba la culpa de todo a Mazarino.
El Cardenal de Retz, Jean-François Paul de Gondi (1613-1679). Abajo, retrato del Cardenal Mazarino.
En el terreno político, la situación evolucionaba: "Monsieur" Gastón de Orléans y Paul de Gondi, cardenal de Retz, viéndose en nada compensados y colmados en sus pretensiones, y Mazarino eufórico por una victoria sobre Turenne, todo aquello hizo que se operase un acercamiento entre los antiguos rebeldes y los príncipes descontentos.
Es la esposa de Luis II, Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, quien desencadena las hostilidades al solicitar que los príncipes encarcelados sean juzgados o liberados. Si el Rey y la Regente no presienten nada, Mazarino comprende que es hora de tomar serias disposiciones. No pudiendo conciliarse con el duque de Orléans, el cardenal se cree perdido. El Parlamento decide su revocación. La Regente intenta en vano huír con sus hijos, pero las puertas de París se hallan cerradas. Finalmente, la Regente firmará la orden de liberación y el duque de La Rochefoucauld galopa hacia Vincennes para dar la buena nueva, adelantado por el cardenal Mazarino. Éste se postrará a los pies del príncipe de Condé, yendo hasta besar sus botas.
François VI, 2º Duque de La Rochefoucauld (1613-1680); el escritor, moralista y memorialista francés fue, en su atribulada juventud, un guerrero con bastante mala suerte y cuya última hazaña casi le cuesta la vista, tras recibir una gravísima herida en la cabeza...
El cardenal deberá abandonar Francia y exiliarse durante un tiempo en Colonia. Pese al alejamiento, seguirá dirigiendo en la sombra y jugando sus cartas, manteniendo una correspondencia secreta con Ana de Austria y fomentando la discordia entre los príncipes y los parlamentarios.
A su liberación, los príncipes se hacen atribuir diferentes puestos claves. Condé será gobernador de Guyena, Conti de Provenza y Longueville recibirá Normandía. Pero la situación permanece delicada. Los Españoles siguen estando ahí y Luis II no quiere ceder en nada a aquellos a los que tanto ha combatido. Pese a un innegable talento militar, Condé se revela bastante lerdo en materia política. Se le considera demasiado altivo y brutal. No alcanzará a hacerse con el poder total y todo el mundo se disputa las riendas. Las riñas no se hacen esperar demasiado... Monsieur (duque de Orléans), Gondi, el Parlamento, la Regente,... cada uno intriga contra el otro, y los Condé, aislados, se ven impotentes. Pese a su exilio, Mazarino sigue manejando los asuntos a su antojo.
LA FRONDA DE LOS PRÍNCIPES
El Príncipe de Condé intentará el golpe de fuerza y oponerse abiertamente a la regente Ana de Austria. En 1652, es la ruptura y el comienzo de la guerra civil. Empujado por su hermana, la duquesa de Longueville, ofrece sus servicios a la Corona de España y toma el mando del ejército de la Fronda, inaugurando así su particular guerra contra la Corona de Francia. Aliado del clan Orléans, va de conquistas en fracasos y se ve forzado a replegarse ante las fuerzas del vizconde de Turenne. Lo que mueve a los rebeldes no es una visión política, sino la ambición, la sed de honores personales.
Retrato de adolescencia del Rey Luis XIV de Francia (1638-1715).
El Cardenal Mazarino regresa entonces a Francia, acogido con honores por el joven Luis XIV y su madre, la reina Ana. Paralelamente, la vieja Fronda se despierta. El ejército de Condé es superior en número y efectivos al de Turenne, bastaría de una buena maniobra para que Condé se hiciera con la persona del Rey y con el poder. Sin embargo, la escaramuza que sigue deja a los adversarios cara a cara ante París. La oportunidad del príncipe tomará un giro inesperado, perdiendo la ocasión de oro de hacerse con la persona real. Se hará entonces con la capital, cuyas puertas le serán abiertas por el Cardenal de Retz (Paul de Gondi) y "Monsieur", Gastón de Orléans. Pero, como de costumbre, todo el mundo se pelea. Una ayuda viene de Inglaterra, de parte de Oliver Cromwell: envía una delegación para intentar calcar en Francia la situación inglesa. Hasta una Constitución es redactada, previendo ésta el sufragio universal, en cierto modo un tipo de democracia y el Gran Protectorado para Condé (en pocas palabras, el poder para el príncipe).
Pero uno se puede preguntar si esos príncipes tan orgullosos habrían podido acomodarse de un sistema representativo todopoderoso...
Se produce entonces la batalla de la Puerta de Saint-Antoine, a los pies de las murallas de la capital francesa, entre el ejército de Condé y el de Turenne. Es en el curso de este episodio dramático, en la que el ejército de Condé sufre una tremenda derrota, que el Duque de La Rochefoucauld recibirá un disparo de mosquetón que casi le deja completamente ciego. Barridas las filas de los rebeldes, muertos gran parte de los compañeros de armas del príncipe de Condé, Luis II debe su salvación a la oportuna intervención de su prima Ana-María-Luisa de Borbón-Orléans, Duquesa de Montpensier (hija y heredera del duque Gastón de Orléans), apodada "La Grande Mademoiselle" -la Gran Señorita-. Ésta ordenará al gobernador de La Bastilla, que se disparen cañonazos contra el ejército real mandado por Turenne... Gracias a esa "diversión", Luis II de Borbón-Condé puede salvar su pellejo y encerrarse en la capital.
Ana-Maria-Luisa de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693), "La Grande Mademoiselle", sosteniendo el retrato de su padre Gastón, Duque de Orléans.
En París, su hermana la duquesa de Longueville tiene su cuartel general. Hace entonces reinar el terror en la capital asediada y, con tal de evitar eventuales negociaciones entre los notables y el Rey, ordena disparar sobre los representantes del pueblo parisino reunidos en el Ayuntamiento. De la masacre se contarán una treintena de muertos, entre los cuales los autores de la famosa "Constitución". Este sangriento hecho provoca entonces la indignación del Parlamento y de la burguesía, que le retiran inmediatamente su apoyo. El Cardenal Mazarino pedirá su exilio y, poco tiempo después, el Rey y la Corte regresan triunfalmente a la capital, acogidos con alivio. Luis XIV otorgará una amnistía general para todos los actores de la Fronda, excepto para su primo el Príncipe Luis II de Condé, y el hermano de éste, el Príncipe Armando I de Conti. Ambos decidirán entonces llevar a cabo una lucha a ultranza desde el lado español. Condé será nombrado "generalísimo de los Ejércitos" de Felipe IV de España.
Luis XIV responderá condenándole a muerte y confiscando todos sus bienes, que no son pocos.
EL TRATADO DE LOS PIRINEOS
Retrato de Luis XIV "el Grande" (1638-1715), Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715; cuadro de Mignard, circa 1659-1660.
En 1659, la firma del tratado de los Pirineos entre Francia y España sellarán la amnistía del príncipe de Condé. Este tratado contiene numerosas cláusulas rectificando el dibujo de la frontera: Francia obtiene Gravelinas, Bourbourg, Saint-Venant, Landrecies, Le Quesnoy, Avesnes, Thionville, Montmédy y Damvillers. España obtendrá Ypres, Oudenarde, Dixmude, Furnes y Charleroi.
El 27 de enero de 1659, Luis II de Borbón, 4º Príncipe de Condé, se postra a los pies del Rey Luis XIV, pidiéndole clemencia y perdón. En 1660, las muertes de Gastón de Orléans (que le acerca al trono de Francia) y del Cardenal Mazarino, por el cual sentía auténtica aversión, marcan el final de una época. Perdonado, Condé se ve colmado de honores por Luis XIV, pero éste le aparta de cualquier asunto de Estado, confinándolo al mero papel de figura y ornamento de su corte.
EL FRANCO-CONDADO Y EL RHIN
Retrato de Luis II "el Grande", Príncipe de Condé (1621-1686), según J. Van Egmont.
El 30 de septiembre de 1667, Condé obtiene el mando del Ejército de Alemania, lo que atestigua su retorno en el favor real. En febrero de 1668, conquista el Franco-Condado que aún permanecía en manos de España. En quince días, toma Artois, Besançon, Dôle y Gray.
Tras esas sucesivas victorias, Luis II de Condé recupera el favor de Luis XIV. Hasta le pasará por la cabeza presentar su candidatura para ser elegido rey de Polonia...
Junto con su antiguo rival y ahora amigo Turenne, toma el mando de las tropas que han de invadir los Países-Bajos en 1672. En el famoso pasaje del Rhin (en el cual muchos perecerán), Condé es herido, y cerca de Arnhem, su sobrino Carlos-Pâris de Borbón-Orléans, Duque de Longueville (hijo de su hermana Ana-Genoveva), encuentra la muerte.
En 1674, tras conseguir evacuar las Provincias-Unidas, frena al Príncipe de Orange y a su ejército holandés en Seneffe (Bélgica), levantando luego el asedio de Oudenaarde.
Retrato del Conde Raimondo Montecuccoli (1609-1680), General de los Ejércitos Imperiales.
Al año siguiente, siempre en compañía del Rey, debe rendirse en Alsacia dónde los ejércitos franceses se encuentran en serias dificultades tras la muerte del mariscal de Turenne. Una vez más deberá enfrentarse a un viejo conocido, el Conde Raimundo Montecuccoli, el mayor general austríaco. Conseguirá forzarle a levantar el sitio de Haguenau y a replegarse más allá del Rhin.
Será su última victoria y su última intervención militar en su brillante carrera de soldado...
EL CARÁCTER DEL PRÍNCIPE
Doble retrato de Luis II, Príncipe de Condé (1621-1686) junto con su hijo y heredero Enrique III Julio de Borbón, Duque de Enghien (1643-1709).
Poco preocupado en gustar, Luis II prefería inspirar temor. Dotado de un orgullo excesivo, era odiado por muchos de sus contemporáneos. Se hacía igualmente odioso por sus pretensiones y sus insultos al Cardenal Mazarino.
Pese a que no fuera un gran constructor, se preocupó por embellecer los jardines de su castillo de Chantilly.
Clara Clemencia de Maillé-Brézé, Princesa de Condé (1628-1694).
Aún exiliada y confinada en el castillo de Châteauroux, en la provincia de Berry, su esposa Clara-Clemencia de Maillé-Brézé vió confirmado su encierro de por vida a la muerte de éste. Fue, por lo visto, una expresa petición formulada al rey Luis XIV antes de rendir el último suspiro en 1686.
Los retratos del príncipe sugieren la rapacidad del personaje: grandes ojos azules, algo saltones, una nariz borbónica proeminente, una cara huesuda, y una boca voluntariosa sobre una barbilla huidiza. Por lo visto, según atestiguan algunos, era tremendamente velludo.
Otro poco conocido retrato del Príncipe Luis II de Condé.
Añadamos que, siendo el mayor capitán de su tiempo junto a su amigo y adversario Turenne, rebosaba de orgullo y arrogancia, tanto por su procedencia que por su familia.
Poco convencional para su época, fue también un intelectual fuera de serie. Tenía ideas muy personales en cuestiones religiosas y políticas. Se oponía a los dogmas eclesiásticos del mismo modo (y con la misma contundencia) que se oponía a la autoridad suprema del monarca. Cercano de Bourdelot y de Spinoza, libertino, profundamente ateo, aparecía como un personaje extraño ante la mirada de sus contemporáneos.
Su valentía no tenía límites: intrépido, temerario, osado, noble. Osó tomar bajo su personal protección a los protestantes franceses durante la persecuciones, que se realizaron a raíz de la revocación del Edicto de Nantes, en 1685.
CARA A CARA CON LA MUERTE
Retrato de Luisa-Francisca de Borbón (1673-1743), Duquesa de Borbón y futura Princesa de Condé; era una de las hijas legitimadas de Luis XIV y de la Marquesa de Montespan.
Al ocaso de su vida, en 1686, la pequeña duquesa de Borbón, su nieta política (hija de Luis XIV), enferma de viruelas. Su marido, Luis III de Borbón-Condé, duque de Borbón, muestra entonces ninguna compasión por su estado. El Príncipe Luis II se transforma entonces en el gran cuidador de la joven. Al anunciarse la visita del Rey, padre de la duquesa, Luis II sale de la alcoba de la duquesa, donde la velaba, para advertir del peligro de contagio a Su Majestad, prohibiéndole con amenazas el paso. Está entonces ya aquejado de temibles ataques de gota, apenas puede moverse, se hace encima si sus criados tardan en traerle el orinal... Pese a sus dolores, encuentra la suficiente fuerza para impedir el paso a Luis XIV:
-Sire, volved atrás.
-Apartaros, primo, deseo ver a mi hija.
-Si Vuestra Majestad insiste, tendrá que pasarme por encima.
-Qué diablos me decís? quiero abrazar a mi hija, os digo!
-Si, os oigo perfectamente, y respondo a esto que si vais a su lado, enfermaréis del mismo mal y eso os matará. Os debéis a vuestro Reino. Sois el Rey, vuestro Pueblo tiene más necesidad de Vos que la Señora Duquesa. Hasta que no os vayáis, no me apartaré de su puerta.
Ante la insistencia del Príncipe, Luis XIV no podrá hacer otra cosa que rendirse ante la imposibilidad de entrar a ver a su hija.
Durante la noche, la duquesa se cubre de pústulas de pus, se vacía como una vejiga reventada, chillando de dolor. La crisis pasa, la duquesa vuelve a recuperar el sueño, exhausta. Se salva de la muerte. No pudiendo esperar hacerse con la joven chiquilla, la Muerte se cebará con el Príncipe de Condé, contagiado de viruelas, llevándoselo pocos días más tarde...
Gran libertino a lo largo de su vida, se convertirá a las vísperas, siendo el arrepentimiento más fingido que sincero, tras haber vivido sin religión. Víctima de la gota, que debió combatir a lo largo de muchos años, pasó sus últimos años retirado alejado de los tumultos parisinos, residiendo en su castillo de Chantilly, rodeado de Molière, Racine y Bossuet.
Retrato del Rey Luis XIV de Francia (1638-1715), de autor anónimo; Escuela Francesa del s. XVII.
Al fallecer en ese año de 1686, Luis XIV dirá de él: "Acabo de perder al hombre más grande de mi reino..."
Su oración fúnebre fue pronunciada por el elocuente Bossuet.

Pero qué feeeea era la nobleza y con eso de la endogamia salían unas mezclas...presumiendo además que los retratistas de la época harían todo lo posible para plasmar su mejor perfil ¡qué pandilla! jejeje
Claro, comparada con la de hoy... totalmente estereotipada y bajo las reglas de la "beautiful people", todo el mundo se plastifica, se estira, se rellena y se cincela en carísimas clínicas de estética con tal de parecer bellezas griegas clásicas.
Si no existiera el maquillaje, el photoshop y las clínicas, me pregunto si serían igual de guapas y guapos. Antes eran realmente "al natural", con toda su roña, su pobre apariencia y su falta de aseo personal que tanto nos choca hoy día.
También cabe pensar si los artistas de entonces eran poco hábiles en favorecer a sus modelos o sencillamente eran peores de lo que plasmaban en sus telas...
Un abrazo.
Estupendo blog el que tienes. Soy ferviente admiradora de él, porque siempre me ha gustado la historia.
Te felicito.
Muy agradecido por tu comentario Carmen.
Espero seguir cumpliendo con tus expectativas.
Un saludo.