LUIS II DE BORBÓN

IVº PRÍNCIPE DE CONDÉ

1621 - 1686

"EL GRAN CONDÉ"

EDUCACIÓN

Luis II de Borbón nació en París, el 8 de septiembre de 1621, hijo de Enrique II de Borbón, 3er príncipe de Condé y de Carlota de Montmorency. Nada más nacer, siendo el primer heredero varón de sus padres, recibe el título de duque de Enghien -título que ostentaba el heredero de la Casa de Condé-. Tendrá por hermanos a Ana Genoveva, futura duquesa de Longueville, y a Armando, futuro príncipe de Conti.

Retrato infantil de Luis II de Borbón, Duque de Enghien (1621-1686).

A sus 8 años, su educación y formación cae a cargo de los Jesuitas (1629). Fuera de lo común, su formación será cuidada al milímetro: hablará el latín, estudiará derecho, ciencias y filosofías en el colegio jesuita de Bourges, separado de los demás estudiantes de su edad por una balaustrada dorada y sentado bajo dosel a las armas de los Condé. La cuna marcaba entonces las diferencias sociales.

De su padre había heredado sus tendencias homosexuales, aunque en menor medida. Militar desde su más temprana edad, será a sus 21 años el inesperado vencedor y héroe de la batalla de Rocroi, que sellará la supremacía de un Estado moderno francés sobre una España aún muy teocrática. El duque de Saint-Simon le reprochará, en sus Memorias, de no haber tenido la ocasión de perfeccionar su ingenio y de haberlo apostado todo sobre la intrepidez y la acción. Esta falta de ingenio, que hoy llamaríamos "diplomacia", puede explicar las injusticias que cometerá y también su relativo desinterés de los Asuntos de Estado en las que, con sus cualidades, habría podido sobresalir y brillar.

A pesar de su falta de tacto, de diplomacia, se le mira como un ser "original", versado en las ciencias, el arte, las letras,...un militar intelectual que puede citar a Julio César sin cometer un solo error...

Grabado en el que se representan al Príncipe Enrique II de Condé y su hijo Luis II, Duque de Enghien, recibiendo un presente de Pierre Paillot; al fondo, vemos representada la ciudad de Dijon, capital administrativa y provincial de Borgoña, de la que son gobernadores los Condé en nombre del Rey.

En 1636, Luis II de Borbón, duque de Enghien, recibe de manos del rey Luis XIII, el encargo de administrar el gobierno de Borgoña en ausencia de su padre el príncipe de Condé. Muy ligado a su progenitor, Luis II se esforzó siempre en darle todo tipo de satisfacciones... entre ellas, escribirle largas cartas en latín y, si por ventura deseaba redactar en francés, debía pedirle previamente permiso para tomarse semejante libertad.

LOS SALONES MATERNOS

Retrato en miniatura de Carlota-Margarita de Montmorency, Princesa de Condé.

Antes de su boda, planeada por el cardenal de Richelieu y su propio padre, es apartado de los salones de su madre para evitar que cayese bajo la influencia de la princesa y de las bellezas femeninas que los poblaban contra las cuales la futura novia, Clara Clemencia de Maillé-Brézé (sobrina del cardenal), no podía competir. Ésta tenía una frente abombada, una nariz gruesa, un cutis demasiado moreno, un aspecto diminuto y una timidez extrema. Nada que ver con aquellas jóvenes chicas ya aguerridas en el arte de la seducción, y que florecían en los salones parisinos.

LA BODA

Retrato de Armand-Jean Du Plessis, Cardenal-Duque de Richelieu; obra de Philippe de Champaigne, c.1637.

Aunque es sabido que Richelieu deseaba esa boda para acercarse a la Familia Real y aumentar su crédito, asi como asegurar su cargo, es el príncipe de Condé quien tuvo que hacer la pedida de mano en nombre de su heredero. La princesa mantenía en este asunto, una postura totalmente contraria. Su postura respondía, lógicamente, a la sencilla razón que el cardenal había hecho ejecutar su hermano, el último duque de Montmorency.

Retrato del príncipe Luis II de Borbón, Duque de Enghien y de Albret (1621-1686), futuro 4º Príncipe de Condé.

La unión matrimonial tuvo lugar finalmente pero, el joven novio no compartía la alegría de esa boda por intereses. Pasaría de la cólera a la prostración. Sintiéndose engañado y el centro de una enorme maquinación, cae enfermo del disgusto. A lo largo de 6 semanas su estado de salud da muestras de su rechazo, finalmente se recupera. Tras el calvario, vuelve la recuperación: prueba bocado con apetito y, siempre convalescente, lee y habla poco. Ya no hay gritos ni protestas con palabras malsonantes, sino un mutismo que habla por si solo sobre sus sentimientos.

Podemos ver, en este episodio, una reminiscencia de una tara psicópata que arrastraban los Borbones desde el siglo XIII. Sin embargo, esta crisis debía ser la única en su vida: nunca se repitió. De hecho, tan solo se trataba de una comedia para mostrar su aversión hacia ese matrimonio concertado con la sobrina del cardenal de Richelieu. Temía, con razón, por la salud tanto mental como física de su descendencia: entre los Richelieu se contaban numerosos casos de locura... Veía en ese matrimonio un complot para eliminar a su raza de la sucesión al trono francés. Intentará, entonces, obtener la anulación de esta unión a lo largo de dos años, rehusando todo contacto con su mujer, esperando así poder repudiarla. Al término de esos dos años de enconada enemistad, capitula.

LA ESPOSA

Retrato de Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, Princesa de Condé y, a la postre, Duquesa de Fronsac a la muerte de su hermano en la batalla de Orbitello; era hija de Urbain de Maillé y de Nicole Du Plessis de Richelieu, Duques de Brézé.

Clara Clemencia de Maillé-Brézé, la prometida del duque de Enghien, era de pequeña estatura, endeble y de salud delicada. A pesar de ser sobrina del cardenal-duque de Richelieu, éste no la mencionó en su testamento ni heredó bien alguno, amarga decepción para los príncipes de Condé que creían poder aliar matrimonio político con matrimonio de dinero.

La boda es celebrada en febrero de 1641 y será el origen de la decadencia física y mental que tocará a un buen número de los miembros de la familia de Borbón-Condé. Considerada tonta, estaba enamorada de su marido quien la despreciaba. Hasta el nacimiento de su primer hijo, Luis II intentará obtener la nulidad matrimonial para deshacerse de ella.

Durante la cautividad del príncipe, Clara Clemencia se mostrará digna de él al sublevar Aquitania distribuyendo millares de libelos, haciendo llamamientos a la rebelión contra el gobierno del cardenal Mazarino, disfrazada de hombre y a lomos de su caballo.

Rumores de infidelidad corrieron entonces y Clara Clemencia se vió acusada de mantener relaciones turbias con sus lacayos. Fue entonces exiliada para evitar que pareciera en la corte, su salud mental declinando rápidamente.

LOS AMORES DEL PRÍNCIPE

Su pasión por Marta du Vigean (1623-1665), duró hasta 1645. Andaba mantenida ésta por la princesa de Condé, por odio hacia Richelieu, y por su hermana Ana Genoveva, duquesa de Longueville, que jugaba el papel de celestina.

Retrato de la princesa Ana-Genoveva de Borbón-Condé, Duquesa de Longueville (1619-1679); la hermana mayor de Luis II.

Tenía dos años menos que Luis II, era hermosa y tenía ingenio, principales virtudes requeridas en las mujeres de su época. De la amistad al afecto, la relación se tradujo prontamente en una pasión devoradora entre ellos dos. Sin embargo, para el padre, Enrique II de Condé, no era asunto de su agrado por dos razones de peso: primero por el orígen de la joven Marta, que pertenecía a esa pequeña nobleza provincial, y segundo por los sucesivos fracasos del príncipe que amenazaban con ensombrecer el prestigio de su familia a ojos del rey. Solo el matrimonio con la sobrina de Richelieu permitía asegurar el porvenir de su casa.

Luis II intentará en vano romper su matrimonio con Clara Clemencia, para poder casarse con ella. Pero el idilio se apagó por culpa de los celos de la joven, que no soportaba los juegos amorosos y los disimulos que reinaban en la corte en esa época, y donde el príncipe solía bordar su papel de galán. Al anunciarse la ruptura, Luis II se desvaneció en el aire...

Tras dos años de incertidumbre, Marta entró finalmente en la orden de las Carmelitas y se convirtió en "Sor Marta de Jesús". Falleció en 1665, a la edad de 42 años.

Tras este doloroso episodio sentimental, Luis II no mantuvo otro tipo de relaciones más que las que se pueden considerar como puramente "físicas" con las mujeres, y en muy contadas ocasiones.

RENTAS
Al fallecer su padre Enrique II, 3er príncipe de Condé, en el año 1646, Luis II pasa automáticamente a llevar el título paterno en calidad de 4º príncipe del nombre. A esta sucesión, se añade el nada despreciable cargo de Gran Maestre de la Casa del Rey, uno de los Grandes Oficios de la Corona de Francia, así como el gobierno de la provincia de Borgoña con acceso al Consejo Real. Se puede entonces estimar que las rentas del príncipe procedían por una parte de sus pensiones y cargos oficiales, y por otra de sus vastos dominios. Hemos de precisar que percibía, anualmente, una pensión de 150.000 Libras.

EL PRÍNCIPE DE LA GUERRA

Retrato de Luis II "el Grande" de Borbón, Duque de Enghien y de Albret (1621-1686), representado como el vencedor de los españoles en la batalla de Rocroi.

Tras haber sufrido el bautizo de fuego durante la campaña de Picardía, el joven Luis II de Borbón se encuentra en vísperas de su día de gloria. Nuestro héroe no cuenta más de 21 años y se ve confiada la dirección de las operaciones sobre el terreno de Rocroi. De hecho se encuentra maravillosamente asesorado por dos aguerridos soldados: L'Hôpital y Gassion, bajo cuyas órdenes había hecho su ingreso en la carrera militar.

La batalla de Rocroi se inicia tras la toma de la ciudad por Francisco de Melo. A la cabeza de sus invencibles Tercios, pretende separar los tres ejércitos franceses: el de Picardía, y el del Este. Su objetivo era descender por el valle del Marne y tomar el camino de París. El error de Francisco de Melo residía en la estúpida idea de que iba a luchar contra los tan mediocres militares galos de antaño.

Retrato del Rey Luis XIII de Francia y de Navarra (1601-1643).

Días antes de la batalla, Luis II de Borbón-Condé, duque de Enghien, recibe una misiva urgente avisándole del fallecimiento del rey Luis XIII, en la que su padre le insta a regresar a París. Consciente de lo que se jugaba en el frente, el duque de Enghien rehusó abandonar el ejército.

En plena agonía, Luis XIII tuvo un sobresalto y contó inmediatamente al príncipe Enrique II de Condé, el sueño que acababa de tener:

"He soñado que vuestro hijo había llegado a batirse contra los enemigos, siendo el combate muy reñido y la suerte balanceándose, para finalmente ser nuestra la victoria..."

La batalla de Rocroi sella una época, la de las guerras de religión. Todo se juega entonces entre las provincias protestantes de Alemania sostenidas por Francia y la Casa de Habsburgo, campeona del catolicismo con sus dos ramas dinásticas austríaca y española. Es también la última vez que una guerra es declarada con pomposidad, ceremonia y solemnidad: heraldos, trompetas, tambores, estandartes,...

Retrato de Luis II de Borbón-Condé, Duque de Enghien.

De hecho, Luis II de Borbón-Condé ha comprendido que su porvenir y su gloria personal reclaman acciones brillantes y decisivas. Su temeridad y su perseverancia se explican por el hecho de que con el nuevo reinado del jovencísimo Luis XIV, debe durante la regencia no dejarse arrastrar por los acontecimientos. Si regresa a la corte victorioso, podrá presentarse como garante de la integridad del reino y, en calidad de primer príncipe de la Sangre, el trono no se encuentra tan lejos de su alcance. Un niño-rey y el duque Gastón de Orléans sin herederos varones, tan solo lo mantienen alejado del poder supremo. Es poca cosa, en efecto.

Retrato de Ana de Austria (1601-1666), Reina Vda. y Regente de Francia a partir de 1643; obra de los hermanos Beaubrun.

Sobre el plano militar, si el vizconde de Turenne no se encuentra en Rocroi, Luis II de Borbón se ve inmediatamente comparado a éste. El duque de Enghien es agresivo, audaz y temerario; Turenne pasa por calculador, prudente y paciente. Enghien tan solo considera el resultado, ¿qué importan un puñado de vidas perdidas? Da igual que sea en el campo enemigo como en el suyo propio.

Victorioso tanto en el plano militar como en el terreno político, Luis II deberá bajar de las nubes. Tras haber perseguido a los españoles hasta en Lorena donde éstos capitularán, su ejército será inmediatamente disuelto. De regreso a París, tendrá un sonado encontronazo con el cardenal Julio Mazarino, ya que éste también había comprendido todo el beneficio que un Condé podía ganar de una nueva victoria. Los honores esperados no llegarán y acaban por llevar al joven duque de Enghien sobre la peligrosa pendiente de la oposición al cardenal.

El 19 de mayo de 1643, cinco días después de la muerte del rey Luis XIII, consigue aplastar la temida infantería española gracias a una maniobra muy audaz. Esa primera victoria forjará su gloria, siendo la primicia de muchas más: la toma de Thionville en agosto, la de Sierk en septiembre.

Retrato de Henri de La Tour d'Auvergne, Vizconde de Turenne (1611-1675). / Abajo, retrato del Barón Franz von Mercy, Mariscal de Austria caído en la batalla de Nördlingen en 1645.

Viene entonces la victoria de Friburgo (agosto de 1645), al lado del vizconde de Turenne. La excelente colaboración existente entre ellos se concluye con la victoria de Nördlingen, el mismo mes y el mismo año, frente a un ejército austríaco que asistió a la muerte de su jefe, el mariscal barón von Mercy al final de la batalla. Reconociendo la valía de su oponente, Luis II dará órdenes para ejecutar y grabar la tumba del mariscal austríaco.

Caído enfermo, Luis II no podrá explotar en toda su dimensión su victoria. Sirve después en Flandes bajo las órdenes de Gastón de Orléans, recogiendo los laureles de la victoria en Courtrai, Mardyck y Dunkerque. Esos éxitos militares asegurarán la estabilidad de la frontera norte del reino Galo.

Hay que decir que nuestro protagonista tenía una concepción muy agresiva de la guerra, y que consistía no en la victoria sino en la total destrucción del enemigo.

Anotemos que, aunque muy versado en el arte de guerrear, era incapaz de ensillar una montura.

La corte no recompensa siempre a este vencedor nato, que llega incluso a pagar de su propio bolsillo los sueldos de sus tropas y que, para colmo, es mirado como bastante molesto en el entorno regio.

Pasa los inviernos residiendo en su hermosa tierra de Chantilly, herencia de su madre, y donde se encuentran toda una corte de artistas que viven bajo su protección. Allí, lleva una vida libre, libertina, escandalosa muchas de las veces...