Es, sin duda, la mejor de las noticias llegadas del continente Americano desde hace tiempo. El senador demócrata de Illinois, Barack Hussein Obama Jr., de cuarenta y siete años de edad (nacido en Honolulu el 4 de agosto de 1961) y de raza mulata -madre blanca, padre afroamericano-, ha vencido en las Elecciones Presidenciales de Estados Unidos a su oponente y candidato republicano al desvencijado John McCain, este 4 de noviembre de 2008.

Tras ocho catastróficos años de la Era Bush, que ha dejado a EE.UU. sumidos en una grave crisis financiera que ha repercutido negativamente en la economía mundial, y con una herencia bélica e intervencionista vergonzosa (Guerras de Irak y de Afganistán), amén de una degradación en sus relaciones diplomáticas con Rusia por el conflicto en Georgia y el famoso escudo antimisiles, parece que las esperanzas de un cambio positivo renacen.

De hecho, se trata -la elección de Obama- de un gran cambio para los Estadounidenses, porque el recién elegido y próximo inquilino de la Casa Blanca es el primer afroamericano de la historia norteamericana en acceder al despacho oval. Hasta ahora, ese sueño solo pudo ser virtual en algunas películas made in Hollywood; el sueño de Martin Luther King se ha visto superado, más allá de sus esperanzas y las de sus seguidores en los 60.

Tras ese gigantesco paso que, espero, unirá a blancos y afroamericanos estadounidenses, solo queda un sueño por cumplir: que una mujer ocupe una jefatura de Estado que, hasta hoy, tan solo es accesible para los varones. Si la senadora Hillary Clinton ha perdido la gran ocasión en favor de su colega y ex-adversario Obama, queda la esperanza de que algún día ocurra el segundo milagro americano. Pero, para empezar, hemos de decir que no está nada mal el cambio que se acaba de operar en Washington.

En los próximos meses de 2009, veremos y comprobaremos si Barack Obama responde a las expectativas que ha levantado y han provocado su elección, movilizando a 153 millones de electores norteamericanos. En cualquier caso, los mandatarios europeos y de otros países deben de estar de enhorabuena por el "milagro" de este 4 de noviembre.

No habrá continuación bushiana con John McCain (apodado MacCaca por Hillary Clinton), un hombre que se aguanta con remaches y de salud en declive. Tampoco habrá una iluminada Sarah Palin en la vicepresidencia, que ha sido oportunamente "disculpada" judicialmente por los cargos de abusos de poder contra su cuñado y que, pese a la crisis, no escatimó medios para reequipar su neceser de maquillaje y su vestuario para la campaña electoral, gastando la friolera de 150.000 dólares. Sospecho que la jugosa barbacoa de los republicanos habrá sabido a ceniza, tras el cierre de los colegios electorales...

Puedo decir que en Estados Unidos, aún hay gente que da esperanza para enmendar la degrada imagen de su país en el extranjero.