Una reina católica para una Escocia protestante

Retrato de la Reina María I de Escocia (1542-1587), dibujado por François Clouet.

La situación interior del reino escocés se había modificado considerablemente desde 1548, y María I de Escocia se encontraba frente a unos cambios políticos y religiosos que le supusieron no pocos quebraderos de cabeza. Su madre había sido sin duda envenenada por Walsingham, temible hombre de mano y espía de la reina Elizabeth I de Inglaterra, en 1560, para poner fin a la amenaza escocesa que le había costado a la nueva soberana británica el disgusto de verse militarmente derrotada al poco de ascender al trono (en 1558). Y aunque María I ha recibido la mejor de las acogidas a su vuelta a Edimburgo, es consciente de que su popularidad depende de la prudencia con que hará gala gobernando, y lo hace bastante bien.

Pese a su excelente educación y formación, la reina María está lejos de estar preparada para encararse a las complicadas intrigas de la corte escocesa que preside. La religión divide a su pueblo en dos agrios bandos enfrentados y uno de los medio-hermanos de la Reina, James Stuart, Conde de Moray, se había alzado como figura de proa de la facción protestante. María, como católica ferviente, era sujeta al más riguroso exámen por la mayoría de sus súbditos: su práctica religiosa, su fidelidad al Papa, su gusto por el baile y los vestidos sofisticados que gustaba llevar eran motivo de amargas y diarias quejas desde el púlpito.

Retrato de James Stuart, 1er Conde de Moray (1531-1570), hijo bastardo del rey Jacobo V y medio-hermano de la Reina María I.

Y si decepcionó a sus súbditos católicos, es porque María I se guardó de encabezar el partido contrario al de su medio-hermano Lord Moray (al que nombró consejero de la Corona), queriendo evitar a toda costa empeorar el ya deteriorado clima político-religioso. Realista, la Reina constataba su inferioridad de fuerza ante el gran número de grandes señores adheridos a la causa protestante. Cayó, incluso, en el error táctico de unir sus fuerzas a las de Moray para aniquilar al jefe del partido católico, Lord Huntly, en 1562.

Retrato de la Reina Elizabeth I de Inglaterra y de Irlanda (1533-1603), según Nicholas Hilliard.

En un gesto conciliador en política externa, María I quiso mejorar sus relaciones con Elizabeth I de Inglaterra invitándola a Edimburgo, invitación que esta última declinó y que volvió a dejar las relaciones anglo-escocesas en un punto muerto (1561).

Grabado representando a John Knox (1510-1572), padre de la Iglesia Reformada de Escocia y principal enemigo de la Reina María I, objetivo de sus violentas críticas desde el púlpito.

Sabedora de la influencia creciente de los protestantes, dirigidos por el extremista y fanático John Knox, les tiende una mano conciliadora y les promete respetar la religión reformada. Sin embargo Knox desencadenará una auténtica campaña de acoso y derribo contra ella, reprochándole las fiestas suntuosas, el lujo y la ostentación, y para colmo el de ordenar que se celebre misa en la capilla de palacio. Pese a los ataques de Knox, María I intenta conciliarse a los nobles adeptos de la religión reformada con bastante buena voluntad.

Retrato de Henry Stuart Lennox, Lord Darnley (1545-1567); primo-hermano y segundo marido de la Reina María I, era el primogénito del 13er Conde de Lennox, Matthew Stuart, y de Lady Margaret Douglas de Angus. Abajo, retrato de la Reina María I de Escocia realizado en 1565, año de su boda con Lord Darnley.

En 1565 decide contraer matrimonio con su hermoso primo-hermano Henry Stuart, Lord Darnley, católico como ella, pero ante todo un príncipe escocés y con derechos a las coronas de Escocia e Inglaterra. Gran parte de la aristocracia escocesa aprueba esa unión dinástica. Knox, para variar, no para de vomitar descalificaciones e injurias. La boda se celebra en julio del mismo año. De esa hermosa unión nacerá al año siguiente un hijo y heredero varón: el futuro rey Jacobo VI de Escocia (1566).

Retrato infantil del Príncipe Heredero Jacobo de Escocia (1566-1625) -futuro Jacobo VI-, según Arnold Bronckhorst, c.1574.

La boda de María con el católico Darnley provocaría que Lord Moray entrase de lleno en una rebelión protestante que sería derrotada en Chaseabout. Moray sería a su vez asesinado...

Sin embargo, el real consorte (pronto saludado como "Duque de Albany"), aparte de su gran prestancia y hermosura física, no posee grandes virtudes: es un joven de carácter débil e influenciable consciente de sus derechos y prerrogativas que, en poco tiempo se pondrá a reivindicar que la corona le sea personalmente asegurada. Su ambición toma proporciones peligrosas y reclama su parcela de poder y decisión acerca de los asuntos de Estado...

Retrato de David Rizzio (o Rizzo, Riccio), consejero y amante de María I. Abajo, cuadro representando el asesinato de David Rizzio en presencia de María I, el 9 de marzo de 1566.

Celoso de la amistad existente entre María y su consejero David Rizzio, el Duque de Albany se une a una conspiración palatina que desemboca, en marzo de 1566, en el asesinato de Rizzio en el curso de una audiencia con la Reina en el Palacio de Holyroodhouse. El crimen serviría de catalizador para la ruptura definitiva del matrimonio real. Luego, el real consorte traicionaría a sus antiguos cómplices para reconciliarse con su esposa. Pero sus pasos de reacercamiento esconden otras intenciones. Llegaría incluso a atacar a la Reina en un intento de provocarle un aborto.

Poco a poco, Lord Darnley se hundiría en la desesperación ante el menosprecio que suscitan sus actos. Trahiciones, asesinatos, conspiraciones, abandonos, causas vanas se suceden y se suman al contagio de la sífilis que agravan su estado de ánimo.

El atentado de Kirk O'Field

Retrato en miniatura de James Hepburn, 4º Conde de Bothwell y 1er Duque de Orkney (1535-1578), Lord Almirane de Escocia.

En junio de 1566, María inicia su historia sentimental con James Hepburn, 4º Conde de Bothwell, que acabaría siendo su próximo y tercer esposo. Una conspiración fue urdida para quitar de en medio al molesto real consorte, aprovechando su retiro en una casa de las afueras de Edimburgo donde intentaba curarse y en la que, regularmente, María le visitaba fingiendo una posible reconciliación.

Dibujo explicativo de la escena del crimen de Kirk O'Field (10 de febrero de 1567), realizado por un enviado inglés a la corte de Edimburgo y entregado a Lord Burghley, ministro de la reina Elizabeth I.

En la madrugada del 10 de febrero de 1567, una inusitada y tremenda explosión redujo a escombros la casa de Lord Darnley, en Kirk O'Field, y encontraron su cuerpo y el de su criado sin vida, medio desnudos, en el jardín vecino de Hamilton House (al otro lado de las murallas de la ciudad) y con signos aparentes de estrangulación, contusiones y quemaduras. ¿Asesinato o accidente? Aún no se han esclarecido todos los hechos sobre tan turbia muerte. Semejante acontecimiento, que aparentemente liberaba a María de un molesto y peligroso marido, empeoró la situación política de la soberana y provocó que cayese en picado su ya mermada popularidad. Todas las sospechas empezaron a centrarse sobre ella y Lord Bothwell.

Supuesto retrato de María I Stuart, Reina de Escocia (1542-1587).

En el momento de los hechos, María tenía una coartada: asistía a una boda en Holyroodhouse Palace, a diez minutos de marcha de la casa de Kirk O'Field (nombre popular de la parroquia de St-Mary-in-the-Fields), situada junto a las murallas externas de la ciudad de Edimburgo y en las proximidades del suburbano barrio de Cowgate.

Por lo visto, la explosión fue provocada por barriles de pólvora incomprensiblemente almacenados en la casa del Duque de Albany, que había sido residencia anteriormente del Preboste. Aparte de la Reina, como principal sospechosa, existía un grupo de caballeros a los que el real consorte había traicionado después del asesinato de David Rizzio que, sin duda con sed de venganza, también habrían podido ser los autores del crimen, ya puestos a establecer una lista de posibles culpables. A fin de cuentas, nunca se pudo averiguar nada sobre la auténtica autoría del asesinato del segundo marido de la Reina ( a pesar de descubrirse un paquete de cartas que incriminan, en apariencia, a María), por lo que permanece siendo un apasionante misterio sin resolver.

Retrato de Henry Stuart Lennox, Lord Darnley (1545-1567), Rey consorte de los Escoceses, Duque de Albany y Conde de Ross.

Si hay algo que debemos tener claro (según las investigaciones in situ, tras la deflagración que destruyó la Prevost's Lodge), es que el cuerpo del Duque de Albany fue encontrado semi-desnudo, con la camisa de dormir desgarrada y quemada y que fue probablemente estrangulado -al igual que su criado-, antes de producirse la mencionada deflagración que sirvió para maquillar, obviamente, un doble crimen en un trágico accidente. También es lícito mencionar que, en la escena del crimen, se encontraron curiosamente los zapatos de Archibald Douglas, uno de los eminentes amigos del Conde de Bothwell (y su futuro cuñado en 1578); este mismo Douglas y su hermano William Douglas de Whittingham, habían sido anteriormente imputados por el asesinato de David Rizzio, lo que supuso su exilio en Francia durante un tiempo hasta recibir el perdón de la Reina por mediación de Lord Darnley.

Henry Stuart, saludado como Su Gracia El Rey de los Escoceses, Duque de Albany, Conde de Ross y Lord Darnley, segundo consorte de María I de Escocia, había muerto a la temprana edad de 21 años.

"Lord Darnley's Memorial": Cuadro de 1567, representando al infante rey Jacobo VI de Escocia rezando junto a la tumba de su padre asesinado, Lord Darnley, y acompañado por sus abuelos paternos los Condes de Lennox, y su primo Charles Stuart, futuro 14º Conde de Lennox.

El padre del finado, Lord Lennox, acusó abiertamente al Conde de Bothwell como principal autor del crimen y exigió ante el Consejo Privado de la Reina que se procediera a investigarle y enjuiciarle el 12 de abril de 1567. Flanqueado por el Conde de Morton y por Sir William Maitland de Lethington, Bothwell acudió ante los jueces para salir sin mácula. Declarado inocente -ante la falta de pruebas-, Lord Bothwell fue liberado de todos los cargos para mayor escándalo de sus enemigos.