MARÍA I, REINA DE ESCOCIA 1542-1587

Los antecedentes familiares de María I de Escocia

Ruinas del Palacio Real de Linlithgow, en el West Lothian de Escocia, donde nació María.

Nuestra protagonista nació el 8 de diciembre de 1542 en el palacio de Linlithgow (Condado de Lothian Oeste), a menos de una semana del repentino fallecimiento de su padre el rey Jacobo V, tras recibir la desastrosa noticia de la derrota del ejército escocés en Solway Moss frente al ejército inglés. Su loca aventura en la que pretendió invadir Inglaterra, le trae tanta amargura que la completa derrota de su ejército le pasa factura y le lleva a la tumba de manera fulminante. No deja más heredero al trono que una niña de apenas unos días de vida, María, que bien se puede decir que nace reina en medio de caóticas circunstancias para su país.

Retrato del Rey Jacobo V de Escocia (1512-1542).

Algunas fuentes citan que Jacobo V habría contraído el cólera y que su fallecimiento (14 de diciembre de 1542) coincidió, a destiempo, con la mala noticia de Solway Moss. El monarca no tenía entonces más de 30 años de edad.

Su única hija, María, accedería al trono con apenas seis días de vida, siendo el más próximo sucesor al trono James Hamilton, segundo conde de Arran, y quien aseguró inicialmente la regencia del reino de Escocia en aquel año de 1542.

Retrato de James Hamilton, 2º Conde de Arran y Regente de Escocia en 1542. Abajo, retrato de María de Lorena-Guisa, Reina Viuda de Escocia (1515-1560), Regente de Escocia en nombre de su hija María I.

La regencia es luego asumida por su madre, la enérgica reina viuda María de Lorena-Guisa (1515-1560), hija ésta del príncipe Claudio de Lorena, 1er duque de Guisa y de Aumale, príncipe de Joinville (1496-1550), y de Antonieta de Borbón-Condé (1494-1583). No procede la reina-viuda de cualquier familia europea, sino directamente de la Casa Ducal Soberana de Lorena, una de las dinastías más viejas e ilustres del Viejo Continente, cuyos dominios están a caballo entre Francia y el Sacro Santo Imperio Romano Germánico. Y aunque ella pertenezca a esa rama secundaria de los príncipes de Lorena-Guisa, es bien consciente del enorme poder e influencia de ésta en el país galo. Su padre le había desposado antaño (en 1534) con el príncipe Luis de Orléans, duque de Longueville (1510-1537), que la dejó viuda 3 años después de llevarla ante el altar. El mismo año en que enviudaba, el rey Jacobo V de Escocia desposaba a la princesa Magdalena de Francia (1520-1537), hija del rey Francisco I, quedándose viudo casi de inmediato... Tan macabra coincidencia se tornó feliz cuando ese mismo monarca escocés pedía su mano en 1538 y se casaban el mismo año. María de Lorena era entonces 3 años más joven que su segundo marido.

Corona Real de Escocia, especialmente creada para el rey Jacobo V en la primera mitad del siglo XVI.

Jacobo V había subido al trono de Escocia en 1513, con apenas 1 año de edad, al morir sobre el campo de batalla su progenitor el rey Jacobo IV (1473-1513), en Flodden, curiosamente en un desastroso choque entre los ejércitos escoceses e ingleses, donde la flor y nata de la aristocracia escocesa iba a perecer junto a su rey. Un triste final para un soberano considerado como un seductor nato, lleno de talentos y con mucho dinamismo, que había domado la rebelde y poderosa nobleza nacional, estableciendo hasta los olvidados confines de su reino la Justicia Real, echando freno a los desmanes y abusos de los nobles. Bajo su floreciente reinado, la ciudad de Edimburgo se convirtió en la capital nacional y se erigió el palacio real de Holyroodhouse, y el revolucionario método de Guttenberg se había impuesto para la impresión de textos y libros cuya fabricación antaño dependía únicamente de los monjes, y cuyos precios llegaban a ser francamente prohibitivos. Sin embargo, las relaciones anglo-escocesas se agriaron hasta tal punto que se declaró la guerra y Jacobo IV, encabezando su ejército, invadió el norte de Inglaterra para morir en la desastrosa batalla de Flodden Hill.

La viuda de Jacobo IV, la princesa Margarita de Inglaterra (1489-1541), hija del rey Enrique VII y hermana de Enrique VIII (Casa Tudor), se consoló prontamente al desposarse al año siguiente (1514) con Lord Archibald Douglas, Conde de Angus (1489-1557), uno de los más poderosos aristócratas de Escocia. De aquella unión nacería una niña, Margarita Douglas (1515-1578) que casaría a su vez con un miembro de la Casa Real Escocesa, Matías Stuart, 13º Conde de Lennox (1516-1571) que sería asesinado 27 años después de su matrimonio. En cuanto a la condesa de Angus, ex-reina viuda de Escocia, se divorciaría en 1527...

Doble retrato de Matías o Matthew Stuart y de su esposa Lady Margaret Douglas de Angus, 13º Condes de Lennox. Abajo, otro doble retrato de los dos hijos varones de los anteriores: Henry Stuart, Lord Darnley, y el pequeño Charles Stuart, futuro 14º Conde de Lennox.

De aquella boda entre el 13º Conde de Lennox y lady Margaret Douglas de Angus, nacerían dos hijos varones: Henry Stuart, Conde de Darnley (1545-1567) y Charles Stuart, 14º Conde de Lennox (1555-1576)... Henry se convertiría en 1565, en el 2º esposo de María I de Escocia, además de ya ser de por sí su primo. He ahí el por qué de este relato laberíntico sobre los antecedentes familiares de nuestra protagonista.

La fallida boda anglo-escocesa

Retrato del Rey Enrique VIII de Inglaterra, según Holbein c.1540.

Siete meses después del nacimiento de María I, en julio de 1543, los tratados de Greenwich prometieron a la reina como futura esposa del heredero del rey Enrique VIII de Inglaterra, el Príncipe Eduardo de Gales, y pactaron que ambos reinos serían igualmente unidos.

Retrato de Eduardo de Inglaterra, Príncipe de Gales (1537-1553) -futuro rey Eduardo VI-, en un lienzo realizado en 1546.

Dos meses después, María y su madre, que se oponía ferozmente a esa propuesta matrimonial, se refugiaron en el castillo de Stirling donde se organizó una pequeña ceremonia de coronación el 9 de septiembre de 1543. Pese a los tratados, el noviazgo anglo-escocés empezó a disgustar a los escoceses y más desde que Enrique VIII tratase, por todos los medios, que la reina-niña de Escocia fuese trasladada a Londres antes de la boda; exigía, también, que la vieja alianza franco-escocesa se rompiera. Temiendo una sublevación popular contra las exigencias inglesas, el Parlamento de Edimburgo decidió romper el tratado anglo-escocés a finales de año.

Retrato de la Reina María I de Escocia (1542-1587), a la edad de 13 años, según Clouet.

Ante el desplante escocés, Enrique VIII no se dio por vencido e inauguró una serie de incursiones militares en territorio vecino para forzar la mano de Escocia, con un coste de más de medio millón de libras y muchas vidas. En mayo de 1544, Lord Hertford, a la cabeza de un ejército inglés, intentó capturar Edimburgo y hacerse con la pequeña reina María, pero la reina viuda la escondió en las habitaciones secretas de Stirling. Por otro lado los franceses, respetando su vieja alianza, acudió al socorro de los escoceses. La batalla de Pinkie o del Sábado Negro, empujó a los lores escoceses a la decisión unánime de mandar a su pequeña reina a la corte del rey Enrique II de Francia, donde éste les había prometido acogerla, protegerla y educarla, sin desvelar su proyecto de casarla con uno de sus hijos...

Fotografía del Castillo de Stirling, en el condado de Fife, Escocia.

Siguiendo un acuerdo formalizado en 1548, los apoderados de Francia y Escocia organizarían el noviazgo del Delfín Francisco de Francia con la Reina María I de Escocia, antes de que ésta fuera sacada del castillo de Stirling para embarcar a bordo del navío de mando de una flota francesa en Dumbarton, encargada de llevarla sana y salva a las costas galas.

Retrato de Enrique II, Rey de Francia (1519-1559), suegro de María.

La boda francesa de María

Retrato en miniatura esmaltada de Francisco, Delfín de Francia (1544-1560), según Limosin.

En 1548, desbaratando los proyectos del rey Enrique VIII de Inglaterra, que planeaba la unión de la jovencísima reina María I de Escocia con su hijo y heredero Eduardo, príncipe de Gales, María de Lorena-Guisa, reina-regente de Escocia desde 1542, anunciaba con bombo y platillo el noviazgo oficial de su hija con el Delfín de Francia, Francisco, heredero del rey Enrique II y de Catalina de Médicis. Al poco tiempo, es enviada a la corte de Francia y confiada al cuidado de sus tíos los duques de Guisa, que detentan el poder en el país vecino y ejercen una enorme influencia en la política gala.

Retrato de la Reina María I de Escocia (1542-1587), Delfina de Francia y posteriormente, Reina de Francia entre 1559 y 1560. Abajo, a la izquierda, blasonamiento de las armas del Delfín Francisco de Francia, combinados con las armas de Escocia.

Instalada en la corte de Enrique II, María compartiría habitación y estudios con los infantes de Francia, acompañada por dos nobles caballeros, dos medio-hermanos y cuatro chiquillas de su misma edad procedentes de las más linajudas familias de Escocia (llamadas las cuatro Marías: Lady Beaton, Lady Seton, Lady Fleming y Lady Livingston).

Muy popular en el seno de la corte francesa, María es descrita por sus contemporáneos como una joven vivaz, hermosa e inteligente. Rodeada de excelentes preceptores, recibió la mejor educación de su época y consiguió hablar cuatro idiomas, tocar con soltura dos instrumentos de música, dominar la prosa, la equitación, la cetrería y el bordado.

La toma de Calais por el duque de Guisa el 7 de enero de 1558, arrebatada a los ingleses, y el creciente favor y crédito de éste en la corte, aceleraron los preparativos de boda entre María y Francisco.

El 24 de abril de 1558, en medio de grandes celebraciones, se celebra finalmente la boda de María I de Escocia y del Delfín Francisco de Francia, en la catedral de Nuestra Señora de París. Este último, de dos años más joven que su esposa, aparece como un joven débil e inestable, pero de ningún modo idiota e incapaz. Es un chico de gran fragilidad y delicadeza. Pronto sentirá por su esposa una gran pasión. Sin embargo, María I de Escocia no parece encontrar en su tenebrosa suegra italiana, Catalina de Médicis, la misma simpatía y amabilidad con que se le rodea en la corte. No se llevan nada bien.

Retrato de la Reina María I "la Sangrienta" de Inglaterra (1516-1558), según Anton More.

La muerte de la reina María I "la Sangrienta" de Inglaterra el 17 de noviembre de 1558, hizo que María I de Escocia se convirtiese legitímamente en la nueva soberana de los ingleses, ya que, según las reglas ordinarias de sucesión, María era la heredera del trono de la Pérfida Albión antes que su prima Elizabeth: esta última había sido declarada "bastarda" por Roma puesto que los católicos nunca quisieron reconocer el divorcio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón (que provocó la ruptura entre Londres y Roma). Sin embargo a orillas del Támesis, así no se percibían las cosas. Aunque el acuerdo anti-católico de compromiso no iba a tomar cuerpo legal hasta 1701, la voluntad de Enrique VIII de excluír a los Stuart de la sucesión al trono de Inglaterra quedó patente en su testamento, en el momento en que desgranó el orden sucesorio citando exclusivamente a sus tres hijos: Eduardo VI, María I y Elizabeth I (por preferencia de varón sobre mujer, y por orden de edades entre las dos princesas).

María, Reina de Francia

Doble retrato de Francisco II de Francia y de María I de Escocia, Reyes de Francia y de Escocia.

La muerte accidental, en 1559, del rey Enrique II durante las justas que celebran la paz franco-española en París, catapultan al joven matrimonio al trono de Francia. Teniendo en cuenta que la joven reina consorte de Francia es la sobrina de los Guisa, el poder efectivo cae en manos de sus tíos y la fría e inquietante suegra florentina es apartada del escenario político. Se cuece ya, por entonces, la creciente tensión entre católicos y protestantes, y los duques de Guisa son los jefes indiscutibles de la facción ultracatólica en Francia; las persecuciones contra los huguenotes no se hacen esperar demasiado...

Gran Sello Real de Francisco II y de María I, Reyes de Francia y de Escocia.

El primer incidente se produce con la Conjura de Amboise (6-17 de marzo de 1560), en la que los hugonotes intentan hacerse con las personas de los reyes y fracasan, siendo luego colgados ante las ventanas del castillo real de Amboise.

En Escocia, las cosas tampoco están muy calmadas. Se produce una creciente división religiosa entre todas las capas sociales. Por culpa de las dificultades a las que se enfrentan en Francia, los duques de Guisa no pueden venir en ayuda de los partidarios escoceses de la reina María. Según los términos del Tratado de Edimburgo (6 de julio de 1560), Francia retiraba sus tropas de Escocia y reconocía los derechos sucesorios de Elizabeth I sobre la corona y el trono de Inglaterra. María I de Escocia rehusaría poner su firma sobre el mencionado tratado en el que se olvidaban sus derechos sobre la vecina Inglaterra.

Al final del año (1560), al término de un reinado que ha durado poco más de 18 meses, el rey Francisco II de Francia cae gravemente enfermo al contraer una otitis mal curada que, prontamente, degenera en una infección galopante que le lleva a la tumba (5 de diciembre de 1560).

El 5 de diciembre de 1560, el rey Francisco II expira en su habitación del castillo de Amboise.

Su joven marido muerto, María I de Escocia, Reina Vda. de Francia se retiró de la corte francesa para llevar el doble luto (también por su madre, muerta el 11 de junio) por diversos monasterios como el de Reims, donde se transportaron desde Edimburgo los restos de su progenitora. Es desde allí, finalmente, donde partiría para regresar a su patria el 14 de agosto de 1561.

Viuda a sus 18 primaveras, María I de Escocia tiene que regresar a su país por decisión de su suegra, y embarca para Edimburgo.