Para los profanos, el nombre de Rémy COGGHE (1854-1935) no sugiere nada. Sin embargo, se trata de un pintor académico belga nacido en Mouscron y cuya familia se instala, a partir de 1863, en la ciudad francesa de Roubaix, sede de una próspera indústria textil en la que encuentra trabajo su padre. Es un industrial llamado Catteau quien, viendo las excelentes aptitudes artísticas del joven Rémy Cogghe, le asigna una pensión de 120 Francos mensuales para sus estudios de arte y suple todos sus gastos en París. Con el tiempo, el joven pintor obtendrá el Premio de Roma.

Lo que tiene de particular este pintor oriundo de Bélgica y muy ligado a Flandes, y a la ciudad industrial de Roubaix, es que sus pinturas no nos hablan de miseria obrera ni de riqueza, sino de la cotidianeidad, de esa vida que discurre con sus pequeños eventos y sus pequeñas tragedias humanas. Algún que otro retrato, un grupo, pero principalmente escenas de la vida diaria.

A mi, particularmente, me ha embaucado su cuadro "Madame reçoit" (La Señora recibe... visita), en el que no se ve a la señora de la casa con su visitante, ni hay manera alguna de saber qué pasa en esa visita de cortesía; sin embargo, las expresiones divertidas de la doncella y del criado con delantal, espiando a la señora con su visita a través de la cerradura de la puerta que debe dar, supuestamente, a un salón, nos obliga a imaginar varias posibilidades.

En resumen, este cuadro invita al espectador a intrigarse, ¿no creen?

"Madame reçoit" (La Señora recibe visita), de Rémy Cogghe, 1908.