
Noventa años después de que hayan sido, sin previo juicio, sumariamente ejecutados el Zar Nicolás II de Rusia, su esposa la Zarina Alexandra Feodorovna, sus cuatro hijas las Gran Duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, así como el Zarevich Alexis, en el sótano de la Villa Ipatiev de la localidad rusa de Yekaterinburg (en la región de los Montes Urales), el 17 de julio de 1918, el Tribunal Supremo Ruso rehabilita a todos y cada uno de los componentes de la asesinada Familia Imperial.

Recordemos que, en 1979, se descubrieron los restos de los zares con tres de sus hijos, desenterrados en una mina cercana al bosque de Yekaterinburg. Identificados, gracias a los análisis comparativos del ADN con miembros cercanos de la Familia Imperial (entre ellos el Príncipe Felipe, duque de Edimburgo, consorte de la reina Elizabeth II de Gran-Bretaña), los cuerpos fueron oficialmente sepultados con todos los honores en la iglesia de la Fortaleza de los Santos Pedro y Pablo de San-Petersburgo, en 1998.
En el año 2000, la Iglesia Ortodoxa Rusa canonizó a la Familia Imperial.
El año pasado, en 2007, se pudo dar con los restos de otros dos cadáveres a unos 70 m. de distancia de donde se encontraron a los primeros en 1979; fueron identificados este mismo año como siendo los restos del zarevich Alexis y de su hermana la gran duquesa María.

Con el último hallazgo y teniendo los restos de la Familia Imperial al completo, se puede decir que se cierra un largo capítulo sobre el enigma de los últimos Romanov-Holstein-Gottorp, y sobre sus leyendas de supuesta supervivencia de algunos de sus componentes (Anastasia / Anna Anderson, María,...), al menos oficialmente.
Obviamente, la sentencia del Tribunal Supremo Ruso no tiene otra consecuencia que la simbólica: condena el asesinato de Nicolás II y de su familia, calificándolo de asesinato y culpando claramente a los bolcheviques, autores de la masacre. Por tanto, dictamina que la Familia Imperial Rusa fue víctima de una represión injustificada y que su sumaria ejecución fue a todas luces ilegal, tal y como venía reclamando desde hace años los descendientes de la Casa Imperial representados por el abogado G. Lukianov.
De la sentencia se deriva que los parientes supervivientes de la Familia Imperial pueden reclamar una irrisoria indemnización de 10.000 rublos (poco más de 3.000 €) en el caso de pérdida de propiedades inmobiliarias durante el período soviético.
Por otro lado, también se rehabilitan históricamente a unas 700.000 víctimas de la Revolución Rusa y del período Soviético, no así a los que lucharon contra el régimen comunista totalitario como tampoco a los que estuvieron en el bando del Ejército Blanco.
El proceso de rehabilitación se inició con Krushev y prosiguió con Mikhail Gorbachov, bajo cuyo mandato se interrumpió momentáneamente al caer el régimen soviético, para luego reanudarse bajo la presidencia de Boris Yeltsin y de su sucesor Vladimir Putin. Se trata, sin duda alguna, de recuperar la memoria histórica del pasado pre-soviético y de poner las cosas en su sitio, desautorizando en cierto modo toda la mentira oficial construída bajo Lenin y Stalin.
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