MIGUEL SERVET, 1511-1553
el 28 sep En: Biografías - sin comentarios
MIGUEL SERVET
1511 - 1553

Miguel Servet y Conesa, de Villanueva, en el reino de Aragón, en España, nacido el 29 de Septiembre de 1511. Su padre era Notario del Monasterio de Sigena. Su infancia transcurre en su pueblo natal, donde recibe las primeras letras, estudiando también en Huesca y el Monasterio de Montearagón.
* Con tan sólo 13 años, entra como paje de Quintana, diputado, con el que recorre España. Domina ya el latín, griego y hebreo.
* A los 16 años, regresa a Villanueva y su padre lo envía a estudiar leyes en Toulouse (Francia).
* A los 18 años, se pone otra vez al servicio de Quintana, confesor de Carlos I, el rey gran conocedor de hombres, se fija en él considerándolo una gran esperanza. Con el séquito imperial recorre Italia, asistiendo a la Coronación del Emperador en Bolonia, y posteriormente se traslada a Alemania, donde su señor asiste a la Dieta de Ausburgo.
* A los 19 años, se separa de la Corte y se erige en reformador. Lutero le llamo moro. En Basilea, es huésped de Ecolampadio, hasta que discuten violentamente.
* A los 20 años, está en Estrasburgo, donde sus relaciones con Bucero y Capito, terminan agriamente. Edita De Trinitatis erroribus, firmando con su nombre completo.
* A los 21 años, ya es perseguido por los reformadores y católicos en Suiza y Alemania, y huye a Lyon, donde cambia de nombre y pais de origen, haciéndose llamar Miguel Villanovano, navarro de nación e hijo de Tudela. edita Dialogorum de Trinitate. La Inquisición publica su decreto llamando a 40 fugitivos, cuya lista encabeza Miguel Servet.
Para ganarse la vida trabaja de corrector de pruebas de imprenta, donde viendo su dominio de idiomas y grandes conocimientos le encargan la publicación de la Geografía de Ptolomeo, que mejoró, por lo que ha sido considerado fundador de la Etnografía y de la Geografía comparada. Corrigió una Botánica, demostrando su disposición para las Ciencias Biológicas.
Se va a Paris a estudiar Medicina, donde Silvio escribe: "Tuve por ayudantes a Vesalio, joven muy diligente en Anatomía, y después a Miguel Villanovano, varón eminente en todas las letras y a ninguno inferior en la doctrina de Galeno".
Para ganarse el sustento fue profesor de Matemáticas (entonces comprendía también Geografía, Astronomía, y Astrología), donde acudía numeroso público deseoso de oir al "Doux savant espagnol".
"El sabio víctima de la Universidad, el santo víctima de las Iglesias"
Tanto de la Católica que lo condenó, como de los Reformadores (calvinistas) que lo quemaron, y silenciaron su figura y obra durante tres siglos, hasta el XIX que se opera su resurrección.
Miguel Servet es martir de sus ideas cristianas, más cristiano, aunque menos ortodoxo que los cristianos católicos y reformados. Miguel Servet es nuestro máximo hereje y martir español, siempre creyó que todo lo que puede ser pensado, puede ser dicho, discutido y hecho.
Miguel Servet, humanista total, estudioso de todas las ciencias y dominador de muchos idiomas, dicen que hubiera producido y descubierto muchas cosas más, si hubiese estudiado muchas menos.
Sintesis de lo que fue Miguel Servet, está reflejado en el monumento erigido en Annemasse (el pueblo francés más cercano a Ginebra) en su honor. En sus cuatro caras se lee:
- Miguel Servet, helenista, geógrafo, médico y filósofo, debe ser apreciado de la humanidad por sus descubrimientos científicos, su abnegación en favor de los enfermos y pobres, y la indomable independencia de su inteligencia y su conciencia.
- A Miguel Servet apóstol de la libre creencia y martir del libre pensamiento, nacido el 29 de Septiembre de 1511 en Villanueva de Aragón, quemado en efigie por la Inquisición católica el 17 de Junio de 1551, y quemado vivo en Ginebra por instigación de Calvino el 27 de Octubre de 1553.
- La detención de Miguel Servet en Ginebra, donde no habían publicado, ni dogmatizado, y donde, en consecuencia, no podía ser entregado a la justicia, debe considerarse como una barbaridad y un insulto al derecho de las naciones (Voltaire).
- Miguel Servet escribía a sus jueces; "Os suplico que os plazca abreviar estas grandes dilaciones... veis que Calvino... quiere hacerme pudrir en prisión. Los piojos me comen vivo, mis calzones están desgarrados, y no tengo muda ni jubón, ni más camisas que una en jirones..."
1511-1530. Época inicial y primer contacto con la Reforma
Miguel Servet nació el 1511 en Villanueva de Sijena, pequeño pueblo de Aragón donde su padre había sido destinado tras ser nombrado notario real, un cargo de cierta relevancia y que permitía a su familia llevar una vida holgada. Sus padres eran fervientes católicos y se cree que, inicialmente, pudo habérsele encaminado al sacerdocio. Poco se sabe con certeza sobre la educación que recibió de joven, pero parece ser que demostró ser muy precoz y ya siendo un adolescente sabía latín, griego y hebreo y era muy versado en matemáticas y filosofía escolástica. A los catorce años entró al servicio de Juan Quintana, un erudito monje franciscano.
Cuando Miguel Servet tenía diecisiete años, su padre decidió que estudiara Derecho y con este propósito, le envió al otro lado de los Pirineos, a la Universidad de Toulouse, entonces la más célebre de toda Francia. A pesar de su juventud, Miguel Servet quedó impresionado por el hecho de que la doctrina de la Trinidad supusiera un serio obstáculo en la evangelización de árabes y judíos. Mientras estudiaba en la Universidad de Toulouse, leyó la Biblia, a cuyos contenidos se tenía fácil acceso desde la reciente, y también peligrosa, aparición de la imprenta. Se sorprendió al ver que en el texto sagrado el concepto de la Trinidad no se mencionaba explícitamente, y mucho menos se definía.
Retrato del Rey-Emperador Carlos V de Austria (1500-1558), Rey de las Españas y Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico; obra atribuída al taller de Tiziano.
Tras dos años en la universidad, a finales de 1529 Miguel Servet fue llamado de nuevo al servicio de Quintana, quien había sido nombrado confesor del emperador Carlos V. Acompañaría a Quintana durante su viaje con la comitiva imperial hacia la coronación del emperador en Bolonia (Italia). En Italia, Miguel Servet se escandalizó ante la opulencia de la iglesia, la adoración otorgada al Papa y la sofisticación del clero. En 1530 abandonó el séquito del emperador y se dirigió a la ciudad suiza de Basilea para unirse a los Protestantes. Estuvo alojado durante meses en casa de Ecolampadio, el pastor del lugar y líder de la Reforma. Sin embargo, no encontró ningún respaldo a sus opiniones.
1530-1532. Las primeras obras
Tras haber abusado de la hospitalidad recibida allí con continuas disputas teológicas, Miguel Servet se trasladó a un Estrasburgo más tolerante, donde conoció a los reformadores Bucer y Capito. En 1531 publicó De Trinitatis Erroribus (Sobre los errores de la Trinidad). Miguel Servet pensó que su libro convencería al nuevo estamento protestante de que reconsiderara la doctrina ortodoxa de la Trinidad tal como tradicionalmente se había interpretado desde el Concilio de Nicea en el siglo IV a través de los escolásticos del medievo tardío, para así reemplazarla con su propia teoría. Aun así, no tardó en sentirse decepcionado.
Aunque los protestantes sentían admiración por algunos aspectos del pensamiento de Miguel Servet, condenaban otros tantos. Además, seguían defendiendo lo relacionado con su propia concepción ortodoxa de la Trinidad, sin tener ningún interés por atraer sobre ellos todavía más denuncias de la iglesia católica. El reformador luterano Melanchthon, en referencia a De Trinitatis Erroribus, lamentó: "En cuanto a la Trinidad, ya sabes que siempre he temido que algún día el tema estallara. ¡Buen Dios, cuántas tragedias esta cuestión acarreará a las generaciones futuras!"
Miguel Servet lo intentó de nuevo con un volumen más conciliador, Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), publicado al año siguiente. A pesar de ello, no hizo concesión a nada importante de su sistema ni suavizó la crítica de su retórica. Su segundo volumen no demostró ser una abjuración ni tampoco fue recibido como tal. Sus libros fueron confiscados y se le advirtió que no visitara varias ciudades protestantes. Mientras tanto, en 1532 el Tribunal Supremo de la Inquisición en España había tomado medidas para citarle o para arrestarle en el caso de que no compareciese ante el tribunal. Su hermano Juan, un sacerdote, fue enviado para que le convenciera de regresar a España para el interrogatorio. Miguel Servet estaba aterrorizado. Más tarde, él mismo escribiría sobre esa época: "Se me perseguía por todas partes para ser arrastrado hasta la muerte." Huyó a París y reapareció con un nuevo nombre, Michel de Villeneuve.
1532-1538. Estudios de medicina en París
Haciéndose llamar "Villeneuve", Miguel Servet estudió Matemáticas y Medicina en las facultades de París, centro de agitación religiosa en la época. Nicolás Cop, rector de la universidad, fue obligado a abandonar la ciudad tras un discurso inaugural considerado demasiado protestante. Un joven estudiante conocido de Miguel Servet, Juan Calvino, también tuvo que abandonar la ciudad y esconderse por haber escrito el discurso.
Retrato grabado en color de Juan Calvino (1509-1564).
Durante el año siguiente, Calvino arriesgó su vida al regresar a París para reunirse con Miguel Servet y dar respuesta a los desafíos teológicos de éste. Miguel Servet, quizás temeroso de ser visto junto a un fugitivo, no se presentó. Obligado a dar testimonio de su postura religiosa, todavía no se sentía preparado para ser un buen defensor. "Por esta razón me retrasé," recordaba, "y también por la inmediata persecución, de manera que sólo deseaba huir hacia el mar como Jonás o a una de las Nuevas Islas."
Miguel Servet abandonó París temporalmente y empezó a ganarse la vida en Francia trabajando como corrector de pruebas en Lyon, ciudad considerada como uno de los lugares más importantes del mundo en la publicación de obras. Trabajó durante casi dos años para Treschel, un prestigioso editor. Miguel Servet se encargó de una nueva edición de la Geografía de Ptolomeo (1535), revisión necesaria a raíz de los recientes descubrimientos del Nuevo Mundo. Esta obra se vio enriquecida con muchas anotaciones mordaces, y una de ellas, que se refería a Palestina como un país muy pobre para ser la "tierra prometida", cita que le acarreó problemas por interpretarse que difamaba a Moisés.
Inspirado por algunas obras médicas publicadas por Trechsel, Miguel Servet decidió retomar sus estudios de medicina. Desde 1536 a 1538, fue estudiante de Medicina en la Universidad de París. Luego se unió a Vesalio como ayudante de Hans Gunther para realizar disecciones. Gunther escribió que "Michel Villeneuve" poseía un conocimiento de Galeno "insuperable." Miguel Servet no tardó en empezar a discrepar de Galeno en lo relacionado a la circulación pulmonar. Galeno había establecido que la oxigenación de la sangre se producía en el corazón y había asignado una función secundaria a los pulmones. Miguel Servet, habiendo examinado las paredes del corazón y apreciando el tamaño de la arteria pulmonar, concluyó que la transformación de la sangre, conseguida a través de la liberación de gases residuales y la inyección de aire, se producía en los pulmones. No se sabe con certeza si fue Miguel Servet o un contemporáneo suyo quien primero hizo este descubrimiento. Miguel Servet fue el primero en publicarlo. Aunque sólo expresó los nuevos conocimientos como una larga acotación metafórica a su obra teológica, él fue la primera persona en ofrecer una interpretación moderna de la respiración pulmonar.
En 1538 Miguel Servet, conocido como Villeneuve, se había envuelto en problemas con la Facultad de Medicina, el Parlamento de París y la Inquisición por haber mezclado la astrología con la medicina. A pesar de ser absuelto por la Inquisición, el Parlamento dictaminó que la obra que había sido publicada en defensa propia (Disceptatio Pro Astrologia) sería confiscada y que él desistiría de la práctica de la astrología.
Miguel Servet abandonó París poco después, quizás sin título, para ejercer la medicina en la zona de Lyon. Alrededor de 1540 se convirtió en el médico personal de Pierre Palmier, arzobispo de Vienne.
1542-1553. Médico en Vienne del Delfinado
Durante sus doce años de residencia en Vienne, el periodo más largo de tranquilidad en su ajetreada vida, Miguel Servet hizo fama y fortuna como médico y, al mismo tiempo, continuó trabajando como corrector de pruebas. En 1542, publicó una nueva edición de la obra de Ptolomeo suavizando algunos de los comentarios que anteriormente habían ofendido. Más tarde, preparó una edición de la Biblia de Pagnino, completada en siete volúmenes en 1545. Su introducción y las notas anticipan una crítica bíblica moderna y muestran un avance significativo en el grado de sofisticación si se compara con el de las obras teológicas de sus inicios.
A la vez, Michel de Villeneuve, Miguel Servet, continuó cultivando su interés por la teología con la preparación de su principal tratado teológico, Christianismi Restitutio (La Restauración del Cristianismo). En 1546 inició una fatídica correspondencia secreta con su viejo conocido Juan Calvino. En esa época, Calvino, autor de Institutio Christianae Religionis (Institución de la Religión Cristiana) en 1536 y destacado sacerdote reformador de Ginebra, era la figura más prestigiosa del brazo reformador del protestantismo.
La obra teológica de Calvino apenas había hecho mención a la naturaleza trinitaria de la divinidad hasta que en 1537, otro reformador, Pierre Caroli, acusó a Calvino de ser un arriano. Aunque fue absuelto de ello por un sínodo de Lausana, Calvino, a partir de ese momento, estuvo alerta y decidido a contestar con severidad las desviaciones que se produjeran respecto a esta parte de la ortodoxia. El asunto, asociado a recuerdos dolorosos, le resultaba desagradable. Miguel Servet, seguramente consciente de la falta de claridad sobre el tema en Calvino, le bombardeaba con cartas que insistían en mostrar concepciones poco ortodoxas y más radicales que aquellas que le había presentado hacía más de una década. Calvino le contestaba cada vez con mayor impaciencia y aspereza. Miguel Servent envió a Calvino un manuscrito de su todavía inédita Restitutio. Calvino le correspondió enviándole un ejemplar de su Institutio. Miguel Servet se lo devolvió con anotaciones insultantes. El día que Calvino interrumpió la correspondencia, escribió a su colega, Guillaume Farel, diciéndole que si Miguel Servet alguna vez se presentaba en Ginebra: "si mi autoridad sirve de algo, no le permitiré escaparse con vida."
1553. Obra final y últimos días
Cuando Miguel Servet publicó el Restitutio a principios de 1553, envió un ejemplar de anticipo a Ginebra. El texto impreso incluía treinta de sus cartas enviadas a Calvino. Poco después, a instancias de Calvino, la identidad verdadera de "Villeneuve" fue revelada a la Inquisición católica de Vienne. Tras su arresto e interrogatorio, Miguel Servet consiguió escapar de la cárcel. De camino posiblemente al norte de Italia, donde él pensaba que sus textos eran bien acogidos, se dirigió hacia la frontera con Ginebra.Reconocido en una iglesia de Ginebra, fue arrestado y juzgado por herejía ante las autoridades protestantes.
Los dirigentes seglares no pudieron probar que Miguel Servet fuera un inmoral que alterase el orden público. No obstante, había hecho declaraciones teológicas consideradas perjudiciales durante un debate por escrito con Calvino . El Ayuntamiento de Ginebra, aconsejado por iglesias de otras cuatro ciudades suizas, declaró culpable a Miguel Servet de no aceptar la Trinidad y de no aprobar el bautizo celebrado durante la niñez. Calvino pidió que Miguel Servet fuera decapitado pero el Ayuntamiento insistió en que fuera quemado en la hoguera.
Los espectadores estaban impresionados con la firmeza de fe demostrada por Miguel Servet. Muriendo entre las llamas, se dice que gritó: "¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí!" Farel, que había presenciado la ejecución, comentó que Miguel Servet, desafiante hasta el final, podría haberse salvado si en su lugar hubiese gritado: "Jesús, el Hijo Eterno." Unos meses más tarde, Miguel Servet fue ejecutado de nuevo, esta vez como muñeco, por la Inquisición de Francia.
Detalles sobre el juicio y la ejecución de Miguel Servet en Ginebra
El arresto en Ginebra
Aunque en Vienne se escapó del presidio, Miguel Servet no encontraba en el mundo un lugar donde sentirse libre para hacer lo que quisiera. No se atrevía a quedarse en Francia por miedo a ser capturado. Era igual de inseguro regresar al departamento del Rin, de donde había huido años antes y donde podrían todavía reconocerle. Impensable era también regresar a su tierra natal en la fanática España. Por lo tanto, decidió irse a Nápoles a ejercer su profesión entre los hombres del lugar, muchos de los cuales habían huido allí para disfrutar de mayor libertad religiosa. Primero pensó en cruzar los Pirineos y pasar por España pero el peligro de ser arrestado en la frontera le hizo desistir y, tras caminar sin rumbo fijo durante cuatro meses, al final optó por la ruta que atravesaba Suiza hasta el norte de Italia como la más segura. Afortunadamente para él, tenía dinero suficiente.
Retrato de Juan Calvino (1509-1564) o Jean Calvin.
Así fue como Miguel Servet llegó a una posada de Ginebra una noche a mediados de agosto. Intentó enseguida conseguir un bote para cruzar el lago de camino a Zurich y luego a Italia. Pretendía pasar lo más inadvertido posible pero, desgraciadamente para él, el día siguiente era domingo y como la ley obligaba a todo el mundo a asistir a la iglesia, sintió curiosidad por escuchar el sermón de Calvino. Aquí fue reconocido incluso antes de que el sermón empezara. Hacía tiempo que Calvino creía que Miguel Servet se merecía la muerte por blasfemo y hereje, y pensó que había llegado para propagar sus herejías por Ginebra y poner, así, el éxito de su Reforma en peligro. Era muy consciente de este peligro desde que había recibido una carta comunicándosele lo rápidamente que las enseñanzas de Miguel Servet se estaban propagando por las ciudades del norte de Italia. Se sintió entonces obligado a hacer todo lo posible para liberar al mundo de Miguel Servet ya que en Vienne la Inquisición no lo había conseguido. Ordenó su arresto de inmediato y le envió a la cárcel. La ley exigía que, en tales casos, el acusador fuera encarcelado con el acusado hasta que se hubieran fijado los cargos. Como esto no le convenía, Calvino envió a la cárcel a un estudiante llamado Nicolás de la Fontaine, que vivía en su casa como secretario, para representarle como acusador.
Se presentan los cargos
Un día después de su arresto, Miguel Servet fue citado para un examen preliminar ante la autoridad correspondiente, a quien de la Fontaine, su acusador formal, había presentado una denuncia redactada por el propio Calvino en contra de Miguel Servet. La acusación se basaba principalmente en la obra Restitutio y, tras acusarle de que unos veinticuatro años atrás ya se había envuelto en problemas con las iglesias por sus herejías y que desde entonces había reincidido constantemente con sus opiniones sobre la Biblia y Ptolomeo, con la publicación de un libro reciente lleno de innumerables blasfemias y con su fuga de la prisión de Vienne, continuaron acusándole de destruir los cimientos del Cristianismo por medio de varias herejías sobre la Trinidad, la persona de Cristo, la inmortalidad del alma o el bautismo de los niños. Finalmente, se llegó al clímax acusándole de haber difamado a Calvino lanzando todas las blasfemias posibles en su contra y habiendo ocultado sus escandalosas opiniones al impresor de Vienne. Miguel Servet admitió algunos de estos cargos, otros los negó por ser falsos y a otros les encontró una explicación convincente añadiendo, sin embargo, que si en algo se había equivocado, deseaba ser corregido. Pero los cargos se mantuvieron y se dictaminó que se iniciaría un proceso.
Inicio del proceso
Al día siguiente, se inició el proceso dirigido por el fiscal ante el gobierno local de Ginebra. Miguel Servet, habiéndosele hecho prestar juramento, fue interrogado de nuevo sobre los cargos que se le habían imputado el día anterior. Esta vez, admitió y negó los cargos de manera más decidida que antes pero intentó algo nuevo respecto a Calvino al decir que no era culpa suya no haber sido quemado vivo en Vienne, y que estaba dispuesto a mostrar a Calvino las razones y los borradores de sus enseñanzas ante numerosos fieles. Más tarde, uno de los defensores más ardientes de Calvino se incorporó al caso en calidad de fiscal, mientras uno de sus adversarios políticos más activos se encargaba de la defensa de Miguel Servet. Este hecho amenazaba convertir el caso en una disputa política para derrocar a Calvino así que, él mismo prefirió no correr riesgos, quitarse la máscara y presentarse en persona directamente como el acusador y ser asistido durante la acusación. En el último interrogatorio de Miguel Servet, poco salió a relucir, excepto que Miguel Servet había aplicado a los que creían en la doctrina ortodoxa de la Trinidad el término de trinitarios, por lo cual Calvino se sintió terriblemente ofendido. El proceso mantuvo que los cargos contra Miguel Servet se habían examinado lo suficientemente para determinar que era un criminal y se solicitó que de la Fontaine fuera liberado de su presidio como acusador, lo cual se concedió. El fiscal, por lo tanto, se encargó del proceso en representación del Estado e inició una nueva etapa del juicio formulando una acusación completamente nueva mientras Calvino volvía a un segundo plano enseguida, a pesar de que desde el púlpito avivaba el sentimiento público pronunciando implacables ataques contra Miguel Servet. Mientras tanto, se había votado solicitar a las autoridades de Vienne una copia de las pruebas que tenían en contra de Miguel Servet y así, presentar el caso ante otras iglesias de Suiza para que tuvieran constancia de ello.
Ahora que el juicio regular estaba a punto de empezar, Miguel Servet compareció ante el tribunal con una petición para ser absuelto. Su premisa fue argumentar que ni los Apóstoles ni los primeros emperadores cristianos habían tenido por costumbre tratar a los herejes de culpables con la pena de muerte sino de excomunicarles o, como máximo, desterrarles; que él no había cometido ningún crimen en ninguna parte; que los temas que él había debatido eran sólo para los estudiosos y que nunca los había comentado con otros; que en cuanto a los anabaptistas, quienes habían intentado presentarle como un personaje peligroso para el orden público, él siempre les había desaprobado; y, finalmente, que teniendo en cuenta que era un extranjero y desconocedor de las costumbres de la región y de los procedimientos legales, solicitaba un abogado que llevara el caso en representación suya.
Los artículos de la nueva acusación apenas se fijaban en los aspectos doctrinales que habían sido tan importantes en los cargos iniciales; al contrario, se habían redactado para demostrar que Miguel Servet había estado propagando doctrinas opuestas al Cristianismo y que había llevado una vida inmoral y delictiva; que sus enseñanzas comportaban la inmoralidad y favorecían a otras religiones; que sus doctrinas eran las mismas que las de herejes ya condenados; y que se había desplazado a Ginebra para provocar el desorden de la ciudad. Cuando fue interrogado, las respuestas de Miguel Servet a esas cuestiones fueron tan sinceras y claras que causó una muy buena impresión a los jueces. El fiscal, sin embargo, al parecer preparado por Calvino, enseguida buscó la manera de contrarrestar esta impresión enseñando la petición que Miguel Servet había redactado días antes para argumentar que las causas presentadas no instaban a su absolución. Expuso que esas razones no podían demostrarse con hechos; que era evidente, por lo tanto, que Miguel Servet era uno de los herejes más astutos, imprudentes y peligrosos que nunca habían existido, pues deseaba que se anularan las leyes que castigaban a los herejes; que sus enseñanzas anabaptistas eran sus errores de menor importancia; que durante su declaración, había mentido y se había contradicho; que nunca se había oído que tales criminales pudieran ser representados por un abogado; y, además, que era tan claramente culpable que ni lo necesitaba. Su petición, por lo tanto, fue denegada y el proceso siguió adelante con el interrogatorio del prisionero.
La respuesta de las autoridades de Vienne llegó a su debido tiempo. Enviaron una copia de la sentencia que existía contra Miguel Servet pero reclamaron tener jurisdicción sobre él como preso fugitivo por crímenes cometidos en su territorio y, en consecuencia, pedían que les fuera entregado para recibir castigo. También rogaron que les eximiesen de enviar pruebas. Al preguntársele si quería ser juzgado allí o si prefería ser devuelto a Vienne, Miguel Servet se lanzó al suelo y les suplicó con lágrimas que no le deportaran, sino que le juzgaran allí mismo e hicieran lo que quisieran con él. Esto les pareció bien a Calvino y sus amigos porque si el hereje finalmente iba a ser quemado, querían hacerlo ellos mismos para demostrar que los protestantes no eran menos entusiastas que los católicos a la hora de preservar la pureza de la fe cristiana. De esta forma, rechazaron educadamente la petición que les había llegado de Vienne y prometieron que se haría justicia.
Calvino vs. Servet sobre temas teológicos
Cuando las enseñanzas herejes de Miguel Servet se pusieron a discusión, se consideró que el debate se alargaría mucho si se celebraba en el tribunal. Además, el tema era demasiado complicado para que nada se les pasara por alto a los jueces. Se decidió que se proporcionarían los libros necesarios a Miguel Servet para que él y Calvino debatieran por escrito los puntos a tratar. Una vez redactadas las disertaciones, se adjuntarían al resto de los documentos aportados al caso, y se entregarían a las iglesias de Suiza para pedir sus consejos sobre cómo actuar. Es posible que esta decisión no fuera del agrado de Calvino e incluso que hubiera sido propuesta por sus enemigos a fin de perjudicarle ya que dos años antes, cuando Bolsec fue a juicio por oponerse a las teorías de Calvino sobre la predestinación, una apelación similar se había resuelto a favor de Bolsec a pesar de que Calvino también había deseado que se le condenara a muerte.
La misma mañana del día en que el Consejo ordenó el debate por escrito entre Calvino y Miguel Servet, los enemigos de Calvino se habían anotado un tanto importante en el gobierno local. Parece ser que esto animó a Miguel Servet a pensar que ganaría el caso y a engendrar una falsa sensación de seguridad. La discusión por escrito duró cuatro días. En nombre de los sacerdotes de Ginebra, Calvino recopiló un compendio de treinta y ocho fragmentos extraídos de las obras de Miguel Servet, que presentó como "en parte blasfemias impías, en parte errores irreverentes e insensatos, y del todo en desacuerdo con la Palabra de Dios y la fe ortodoxa." Los entregó sin ningún comentario. Miguel Servet le dio réplica explicando y justificando sus opiniones. Calvino respondió rebatiéndolo y Miguel Servet acabó por anotar breves comentarios entre las líneas o en los márgenes del manuscrito de Calvino. El debate se había iniciado de manera digna pero Miguel Servet, considerando a Calvino vencido, perdió la cabeza y, al final, sin ofrecer argumentos consistentes se vino abajo lanzando fuertes insultos e improperios en perjuicio de su caso. Calvino, por el contrario, se mantuvo firme y reforzó el suyo. Los documentos se enviaron entonces al Consejo y luego a las iglesias y a los consejos locales de Zurich, Berna, Basilea y Schaffhausen. Mientras, Calvino se les había adelantado escribiendo a los distintos sacerdotes para predisponerles en contra de Miguel Servet.
Miguel Servet apela al tribunal
Habían pasado cuatro semanas antes de que se recibieran las respuestas y durante todo ese tiempo Miguel Servet se había estado consumiendo en prisión. Él pensaba que Calvino se encontraba contra las cuerdas y que le retenía allí para fastidiarle. Los bichos se lo estaban comiendo vivo, de su ropa sólo quedaban harapos y éstos ni podía cambiárselos. Volvió a solicitar un abogado y apeló su caso al Consejo de los Doscientos. El líder del grupo adversario de Calvino apoyó su apelación pero no sirvió de nada. Una semana más tarde, Miguel Servet, todavía convencido de su causa, solicitó que se encarcelara a Calvino por falso acusador, castigado a pena de muerte si era declarado culpable, y presentó seis cargos contra él. Esta petición fue ignorada como las otras. Finalmente, habiendo pasado tres semanas más, volvió a solicitar por piedad la ropa que necesitaba, pues se encontraba enfermo y tenía frío. Esta petición le fue finalmente concedida.
La condena y la ejecución
Las respuestas de las distintas iglesias llegaron por fin. Los consejos habían remitido, de común acuerdo, el asunto a sus pastores y éstos, a pesar de expresarse de modo distinto y haciendo uso de un lenguaje cauteloso, consideraron que Miguel Servet era claramente culpable y rogaban que se utilizaran todos los medios posibles para liberar a las iglesias de su presencia, en particular para prevenir que éstas ganaran mala reputación por albergar a herejes. Ante tal unánime consejo, sólo había una decisión que tomar, y pasados unos días, se aprobó que Miguel Servet fuera condenado a ser llevado al barrio de Champel para, al día siguiente, ser quemado allí junto a sus libros. La quema había sido durante siglos la pena imputada por herejía según la ley del Imperio y cuando Calvino revisó las leyes de Ginebra, dejó este punto como estaba. En este caso, intentó que la decapitación sustituyera a la quema pero el asunto estaba fuera de su control. Cuando se anunció la sentencia a Miguel Servet, éste se derrumbó por completo, pues él había esperado la absolución o en el peor de los casos, el destierro. Pronto recuperó la compostura, envió llamar a Calvino y le suplicó su perdón. Farel, ministro de Neuchatel, había llegado esa mañana a petición de Calvino. Intentó que Miguel Servet renunciara a sus ideas para poder, así, salvar su vida pero Miguel Servet se mantuvo firme a sus convicciones. Tan sólo imploró otra forma de muerte por miedo a que el sufrimiento en la hoguera le obligara, al final, a tener que abjurar. Farel le acompañó hasta el lugar de la ejecución, donde se había reunido una gran multitud, y allí murió rezando una plegaria (27 de octubre de 1553).
Reacciones al caso de Miguel Servet
Ya durante el juicio de Miguel Servet se habían levantado algunas voces en su favor, siendo una de ellas el magistrado italiano Gribaldo, quien se encontraba en Ginebra en ese tiempo. Mientras, David Joris escribía desde Basiliea a los distintos gobiernos de las ciudades protestantes de Suiza para pedirles que impedieran su fatal destino. Pero cualquier cosa que los anabaptistas, quienes no aprobaban la represión de la herejía por la fuerza y Erasmo, Martín Lutero , Zuinglio o Calvino pudieran haber dicho, en un principio, a favor de un tratamiento más condescendiente con los herejes, o el hecho de que ese mismo año Calvino hubiera representado a cinco jóvenes protestantes de Lausana en un juicio ante la Inquisición de Lyon, fueron convenientemente olvidados.
Los líderes de la Reforma aprobaron sin excepción la ejecución de Miguel Servet, y Melanchthon se refirió a ella como "un ejemplo piadoso que merecía ser recordado para toda la posteridad." Calvino nunca mostró el menor arrepentimiento por ella. Los católicos no lo olvidaron y, durante generaciones posteriores, cuando los protestantes se quejaban del trato que los católicos infligían a los herejes protestantes, ellos les replicaban recordándoles el trato que Calvino había aplicado a Miguel Servet.
Retrato de Théodore de Bèze (1519-1605), castellanizado en "Beza".
Todavía las cenizas de Miguel Servet no habían tenido tiempo de enfriarse cuando se despertó un rechazo general sobre el asunto así como indignación en contra de Calvino por su participación en todo ello. El consejo enseguida desestimó los cargos pendientes contra el impresor de Restitutio, quien había sido capturado. Calvino fue objeto de los ataques más crueles, incluso en Ginebra: "hasta los perros me ladran por todas partes", escribió. Y se decía que era más odiado en la Basilea protestante que en el París católico. Al cabo de dos meses de la muerte de Miguel Servet, Calvino tuvo que abandonar Ginebra. Sintiéndose obligado a defenderse de sí mismo, publicó a principios del año siguiente una defensa de la fe ortodoxa sobre la Santa Trinidad en contra de los errores propugnados por Miguel Servet. En ella, además de defender la pena capital para los herejes, presentaba a Miguel Servet en términos de lo más odiosos. Esto no ayudó a aumentar la estima por Calvino y pronto se vió compensado por una obra anónima sobre el castigo de los herejes, un noble llamamiento a la tolerancia generalmente atribuido a Chatillon (Castellio), quien años antes tuvo desavenencias con Calvino en Ginebra y quien se encontraba ahora en Basilea. Ésta, a su vez, fue seguida de una respuesta del admirado amigo de Calvino, Beza. De hecho, a través de estas y otras obras, se abrió en debate la cuestión del castigo o la tolerancia de las herejías, consiguiendo un resultado muy beneficioso. Durante un tiempo, los herejes todavía fueron, ocasionalmente, castigados con la muerte en países protestantes pero, desde ese momento, la oposición a esta práctica había crecido considerablemente. Por lo tanto, podría decirse que si las obras de Miguel Servet fueron de gran importancia para la desautorización de la creencia atanasia sobre la Trinidad, su muerte tuvo todavía una mayor importancia al potenciar una apertura hacia la libertad religiosa de pensamiento y palabra.

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