UN MONARCA HOMOSEXUAL

LUIS II DE BAVIERA, "el Inadaptado"

1845-1886

Retrato oficial del Rey Maximiliano II de Baviera (1811-1864); padre y predecesor de Luis II.

Maximiliano II de Baviera contrajo matrimonio con la bellísima Princesa Maria de Prusia, de la cual sus dos hijos varones, Luis y Otto, heredarían la hermosura física, mientras que del padre heredarían sucesivamente la corona, no yendo más allá de ellos mismos puesto que ambos no casaron nunca.

Retrato de María de Prusia, Reina consorte de Baviera (1825-1889); esposa de Maximiliano II y madre de los reyes Luis II y Otto I.

Cuando en 1864, Luis II ascendía al trono bávaro, contaba apenas 19 años de edad, y no había tenido una infancia que se pueda calificar de "muy familiar", por lo menos fue exenta de cariño en todos los sentidos, y siempre supeditada al destino que se le tenía reservado: reinar.

Más allá de su formación como príncipe heredero (Kronprinz) y jefe de los ejércitos bávaros, su vida cotidiana se reducía a la soledad de sus habitaciones o a sus paseos campestres a lomos de un caballo.

Retrato del Rey Luis II de Baviera (1845-1886), realizado en 1864, año de su ascensión al trono.

Ya a inicios de su reinado, muy esperanzador para su pueblo (ya que gozaba de una gran popularidad entre sus súbditos), Luis II vivía un conflicto de identidad donde se libraba una cruda batalla entre lo conveniente y sus sentimientos íntimos. Odiaba el gentío, el fasto y los deberes que le imponían la corte, los banquetes multitudinarios, los compromisos oficiales, hasta la
propia presencia de sus ministros, consejeros y altos dignatarios, suponiéndole un verdadero suplicio el tener que cumplir con su papel de soberano en el ejercicio de sus funciones habituales. Tanta era su sed de soledad que estaba estipulado que oyera misa en solitario, que las representaciones de la Opera o del teatro se hiciesen en su sola y única presencia, sin público alguno. La sola idea de tener que ir a Munich para despachar con sus ministros le daba angustia.

En los banquetes oficiales, mandaba que se le pusieran centros de mesa con enormes ramos de flores lo bastante altos como para tapar a los demás, borrándolos de su vista, y mandando que la orquesta tocara lo más fuerte posible con tal de ahorrarle tener que oír las conversaciones ajenas. De entre toda la comitiva que formaba su corte en esas ocasiones, los personajes importantes, los políticos, los ministros y los consejeros le producían una particular aversión. Por
otro lado se sentía muy a gusto entre sus palafraneros, sus pajes, ayudas de cámara y criados. Lo que será evidente es que Luis II dejará de mantener cualquier tipo de relación con los más altos dignatarios del país, y con los ministros y secretarios de Estado.

Fotografía de la Corona Real de Baviera, ejecutada especialmente para el primer rey bávaro Maximiliano I José.

Su desgracia fue la de nacer siendo predestinado a la corona. Le disgustaba el ceremonial cortesano, las obligaciones oficiales, la agitación urbana, los deberes sociales, sintiéndose realmente feliz cuando ensillaba su caballo para recorrer los más pintorescos paisajes bávaros, con la sencilla compañía de sus criados. Prisionero del trono y de las ideas de su tiempo, llevaba un combate permanente consigo mismo. En sus cuadernos secretos, en los que escribió durante toda su vida, sostuvo una incesante lucha contra la masturbación y su homosexualidad. He aqui el elemento más patético de su destino, cuando uno se esfuerza en considerar la mentalidad de hace cien años y más en Alemania, teniendo en cuenta cómo era considerada la homosexualidad
entonces.

Retrato del Rey Luis II de Baviera, obra de Ferdinand von Piloty, en 1865.

El rey luchaba contra el hombre que era. La sola idea de verse como homosexual le hacía sentir como una especie de herético del sexo, aunque también se miraba como un error de la naturaleza, un "menos que nada" en el orden de las cosas de este mundo. El rey huía del mundo para que el hombre pudiera reencontrarse a sí mismo...

Su primer enamoramiento fue a sus 16 años. A sus 18, hizo entrar a su servicio a su joven amante, el Príncipe Pablo von Thurn und Taxis, con el cual pasaría 3 semanas a solas en las montañas bávaras, sin observar el protocolo que exigía que siempre estuviera presente alguien cerca del rey.

Luis II (1845-1886), Rey de Baviera de 1864 a 1886.

Más tarde entraría en la vida de Luis II Richard Wagner, al que patrocinaría generosamente, aunque sobre este punto se percató que la dificultad de su rango anulaba el anonimato deseado para sus asuntos personales.

La discreción obligó a Luis II a mantener sus relaciones, casi exclusivamente con jóvenes escogidos de entre los campesinos, montañeses o criados, lo que curiosamente le valió la fidelidad de su pueblo al percatarse de la extrema sencillez de su soberano y de lo gustoso que se encontraba entre ellos.

Hubo, sin embargo, alguien importante en su vida sentimental y con el cual mantuvo una relación
constructiva y duradera. Se llamaba Richard Hornig y tenía 4 años más que Luis II. Se convirtió
paulatinamente en su consejero íntimo, su secretario particular, su honesto servidor y fiel amigo, dentro de la mayor discreción posible.

Fotografía coloreada a mano del Príncipe-regente Luitpold de Baviera (1821-1912).

Pero el "asesinato" psiquiátrico a instancias de Luis II había comenzado. El tío del rey, el príncipe Luitpold de Baviera (1821-1912), hizo que le declararan oficialmente loco, confiscó sus cuadernos secretos y los puso en manos de médicos y psicoanalistas, para acabar encerrándole y encargarse de llevar personalmente las riendas del Estado en calidad de regente a partir de
1886. Luis II demasiado débil para deshacerse de los tabúes de su tiempo, fue prisionero durante toda su vida de un sentimiento atroz de culpabilidad que acabaría por destruirle. Gran parte de los contenidos de sus cuadernos desvelan las peripecias de una guerra sin piedad contra su instinto sexual.

A partir de ese día, un nuevo código penal fue establecido para castigar con penas de hasta 5 años de cárcel, los actos sexuales cometidos entre adultos masculinos (las lesbianas quedaban pues relegadas a la acostumbrada indiferencia de entonces). Luis II se convirtió pues en ese primer ejemplo penalizado.

"Dejad la libertad al amor entre hombres y llegará entonces la revolución y la ruina del Estado, el
Ejército, la Administración, la Justicia, la Policía descansan sobre el principio de una estricta jerarquía. La liberación de los deseos incontrolados introducirían una subversión peligrosa. La autoridad del poder sería aniquilada. Si un oficial declaraba su amor a un soldado, ¿se haría obedecer por éste después? No hay que tomar ejemplo de Luis II que dejó los deberes del trono
por la sociedad de los criados..." . (Otto von Bismarck-Schönehausen, Canciller de Prusia).
Aquel código se convirtió en el párrafo 175 y esta legislación fue igualmente adoptada en Austria, estando en vigor hasta 1969.

Luis II había recibido una educación puritana, típica de su época y de su clase social, fundada sobre el rechazo de los instintos. A esta represión político-religiosa y moral se añadía la condena oficial. Estrangulado por la costumbre, rechazado por la ley, Luis II quedaba reducido a un ser despersonalizado y aniquilado. Ni existía como rey y mucho menos como hombre.

A sus 41 años se quitó la vida, o se la quitaron, el caso es que su muerte permanece siendo un misterio sin resolver desde 1886.

Retrato del Rey Luis II de Baviera, realizado por Gabriel Schachinger entre 1886-1887.

Los médicos han ensuciado y humillado la persona de Luis II. Contrariamente a los veredictos pronunciados por las más altas autoridades políticas y científicas, un psicoanálisis de Luis II parece inútil. Investigar sus relaciones con su padre, su madre, su hermano, no han hecho que conducir las pesquisas a las habituales banalidades de siempre. No fue un loco, le volvieron
loco por puro interés, y él, dentro de sus conflictos íntimos, se esforzaba por casar al rey con el hombre, y al hombre con su inclinación sexual, contrario a casarse y a obtener descendencia. Su drama no fue la de ser homosexual, sino la de ser un homosexual en una época en que estaba rigurosamente prohibido serlo, del mismo modo que no se comprendía que alguien se negara a casarse y a procrear.