OBAMA PRESIDENTE ?
LA ELECCIÓN QUE PODRÍA NO OCURRIR
por Betsy Hartmann.
Es primavera en la política americana. Estamos solo a comienzos de marzo, pero hay una sensación prometedora en esta temporada de elecciones, un sentimiento de que un nuevo liderazgo está floreciendo. Podríamos tener a un demócrata en la Casa Blanca el próximo año. Pero el invierno todavía no ha acabado y necesitamos balancear nuestra esperanza con un poco de temor. En el año 2000 Bush y Cheney robaron la elección en Florida. En el 2004 jugaron sucio en Ohio. ¿En el 2008 irán un paso más allá suspendiendo las elecciones por completo?
La arquitectura necesaria ya podría estar preparada. El 4 de mayo del año pasado, la Casa Blanca emitió las Directivas Presidenciales para la Seguridad Nacional y Regional, cuyos puntos claves permanecen clasificados y por lo tanto ocultos al público. Las directivas resumen los procedimientos para responder a una "emergencia catastrófica", definida en términos generales como "cualquier incidente, sin tener en cuenta la ubicación, que resulta en niveles extraordinarios de víctimas masivas, daños, o alteración que afecte severamente a la población de EEUU, infraestructura, medio ambiente, economía, o funciones de gobierno". Por supuesto que las previas administraciones también tenían planes de emergencia. Pero las directivas de Bush transfieren el poder de la Agencia Federal de Emergencia (FEMA) a la Casa Blanca, en donde el Asistente Presidencial para la Seguridad Nacional y Contraterrorismo le es asignado el trabajo de "Coordinador de la Continuidad Nacional".
La parte no clasificada revela poco acerca de quien tendría la autoridad de invocar los poderes de emergencia durante una catástrofe. Tampoco se refiere a las leyes existentes, tales como el Acta de Emergencias Nacionales, que establece verificaciones por parte del congreso sobre el poder ejecutivo para imponer ley marcial u otras medidas extraordinarias. Su redacción es ambigua – la directiva se implementará "consistentemente con la ley aplicable", sin dejar en claro cuales leyes son las "aplicables". El equipo legal de Bush ha dado un empujón a una controversial teoría que dice que la Constitución le da al presidente un poder no escrito para desobedecer leyes según su criterio con el fin de proteger la seguridad nacional", escribe Charlie Savage en el Boston Globe. En él cita a especialistas legales que describen la vaguedad de la nueva directiva en términos de "problemática".
También problemático es el contrato por 385 millones de dólares del Departamento de Seguridad Regional adjudicado a Kellogg, Brown y Root, subsidiaria de Halliburton, en enero de 2006 para construir instalaciones de detención temporarias. De acuerdo a un comunicado de prensa de Halliburton, el contrato provee instalaciones de detención de inmigrantes ante la "emergencia del existente influjo de inmigrantes hacia EEUU, o para apoyar el rápido desarrollo de nuevos programas". También incluye el desarrollo de un plan "para reaccionar a una emergencia nacional, como puede ser un desastre nacional". La construcción solo comenzaría luego de que sea declarada una "emergencia". Mientras que los inmigrantes parecen ser el principal objetivo, no se debe dejar de pensar en la posibilidad que tales centros de detención puedan ser utilizados como penitenciarias para disidentes durante una emergencia proclamada. Las severas medidas recientes sobre inmigración ilegal han incluido redadas militares nocturnas en hogares y fábricas. ¿Estamos siendo acostumbrados para un incremento en las tácticas de estado policial?
Pero quizás la carta más importante de la administración Bush es una establecida mayoría en la Corte Suprema. En el año 2000 la Corte hizo la vista gorda ante la victoria electoral del Al Gore en Florida. ¿Deberíamos esperar algo mejor hoy en día? Justamente el mes pasado la Corte rechazó un pedido legal del ACLU para revisar el programa de vigilancia electrónica de la administración Bush. ¿Podemos depender de la Corte para cuestionar las reglas de emergencia y suspensión de las elecciones?
Incluso con esta estructura en su lugar, la administración de Bush necesitará un disparador para declarar el estado de emergencia. Se pueden imaginar varios escenarios:
El asesinato de un candidato presidencial. Obama evoca los recuerdos de JFK y Martin Luther King. La bala puede salir de un simple racista, un terrorista o un agente de un estado. La amenaza es real. El Servicio Secreto lo sabe y nosotros deberíamos también saberlo.
Un ataque terrorista, de proporciones similares al 11-S o peores. Nuevamente, no muy lejos de alcanzar. Bush y Cheney han sido los contratistas más importantes de Osama Bin Laden, haciendo que los EEUU parezcan ser el enemigo de millones en todo el mundo. Al Qaeda podría considerar que un cambio de régimen en EEUU no sea de interés.
Con el giro correcto, cualquiera de estos eventos podría ser catalogado como una "emergencia catastrófica".

Estos casos probablemente no sucedan. Probablemente podremos dormir en nuestras camas pacíficamente a las primeras horas del 5 de noviembre, luego de mirar los resultados de las elecciones por TV. El valor de estos casos de escenarios no reside en la predicción de los eventos, sino que nos hablan de los riesgos que enfrentamos. No debemos permitir que la esperanza nos haga ingenuos. Necesitamos estar alerta, agudizando la visión. El precio de la libertad es la eterna vigilancia. Podría ser también el precio de las elecciones. No contemos las flores de primavera antes que florezcan.
Betsy Hartmann in "The People's Voice" / Marzo 2008.

Mira: yo acostumbro asumir que los EE.UU son un imperio (quizás en decadencia actualmente, pero imperio todavía). En tanto imperio, no lo veo ni mejor ni peor que otros imperios que han sido con anterioridad, ya sea el propio imperio español de antaño, o incluso el imperio romano. Por una parte, parece inevitable que cada época tienga su propio imperio. De modo que de nada vale desear la caída de uno de ellos: podría sucederlo otro peor... Y por otra parte, no parece ser gran cosa lo que uno puede esperar de un imperio: que no nos moleste demaasiado y nos deje vivir en relativa paz. Con eso alcanza, y gracias.
Se está haciendo mucho ruido con esto de las elecciones en EE.UU. En mi opinión y por la experiencia de sucesivos mandatos en la C-B, sé que en lo que a política exterior respecta (que es lo único que en definitiva nos interesa, porque es lo que nos puede llegar a afectar), cuando llega la hora de detentar las riendas el poder, hay poca o nula diferencia entre los presidentes republicanos o demócratas. Tanto unos como otros parecen acoplarse a cierta línea en la que prima el interés nacional (imperial) por encima de cualquier otra cosa, lo que da cierta sensación de ininterrumopida continuidad coherente en las estrategias de la política exterior norteamericana.
Es como si a republicanos y demócratas por igual los moviese la misma especie de principio "USA über Alles". Y es lógico que así sea. Más allá de los tintes políticos de diferencias teóricas en la ideología de base, se supone que cada gobierno debe procurar lo que sea más beneficioso y ventajoso para su país...
En síntesis: yo no entiendo esta histeria en vísperas de cada elección en EE.UU. Sabiendo por experiencia que gane quien gane, el resultado para los que estamos afuera será prácticamente el mismo. Uno u otro harán lo que sientan que deben hacer para la mayor gloria y poderío de su país. A lo sumo, lo único que quizás sonará un tanto diferente será la calidad del discurso. ¿Pero acaso son los discursos quienes nos harán más o menos desdichados?
Este artículo, precisamente, viene a corroborar un temor que tuve, tengo y tendré sobre la probabilidad de que un político afroamericano llegue o no a sentarse en el despacho oval de la Casa Blanca.
Tengo tantas dudas que pensé que, semanas antes de que Hillary Clinton tirase la toalla para ceder el paso a Barack Obama al frente de los demócratas, algo iba a ocurrir para hundir la carrera del candidato afroamericano.
De hecho, pese a timidos intentos, Obama ha salido airoso de multitud de acusaciones y triquiñuelas políticas, gracias al amplio apoyo popular que le respalda en su carrera a la Casa Blanca. Pero no es motivo para bajar la guardia...
... y éste es el motivo por el cual, tras toparme con este artículo de Betsy Hartmann, que venía como anillo al dedo a mis pensamientos sobre este tema, decidí colgarlo aqui.
En cuanto a las actuaciones del Imperio de EE.UU., en materia de política exterior, recalcar que con Bush Jr. se han recrudecido más que nunca por medio de polémicas decisiones que han provocado el rechazo de medio mundo. Y si hay un dato significativo que recalque el imperialismo yankee, es éste: de 187 países en el mundo, 121 están "colonizados" por los EE.UU. mediante bases militares estratégicas operativas.
Ya ves: un imperio. La pregunta es si conviene su desmoronamiento. Porque la ley de la historia es que no existen vacíos de poder. Como en la física, todo vacío tiende a ser llenado de inmediato. Y lo mismo los vacíos de poder: a un imperio seguirá otro. ¿Y quién nos dice que el nuevo imperio será mejor que el anterior? Al imperio romano siguieron siglos de dominio eclesiástico: la edad más oscura que se haya abatido sobre Europa. El imperio romano fue malo, malísimo, opresor y vicioso. Pero el imperio eclesiástico que lo siguió lo superó ampliamente en vileza, crueldad, cinismo, depravación e hipocresía...
Entre tú y yo: no me importa gran cosa quién vaya a sentarse el próximo año en el sillón presidencial de la C-B. Lo que sí me preocupa es que ese imperio tan denostado por medio mundo se está desmoronando. No es que le tenga cariño a ese imperio. En absoluto. Sino que le tengo miedo (pavor!) al imperio que lo pueda suceder.
Se dice que China sucederá a EE.UU.; con esto, está todo dicho... peor imposible.
Mi gran temor es que a los USA en decadencia los vaya a seguir una agresiva teocracia islámica mundial. Espero no llegar a verlo.
:-(
razón de más para oponerse a ese auge tan perjudicial.