Retrato de Juan VI de Portugal (1767-1826), Príncipe de Beira y de Brasil, Regente entre 1786 y 1816, Rey de Portugal y de Brasil de 1816 a 1826, Emperador de Brasil en 1825.

Según el historiador Tobias Monteiro*, Don Juan VI de Portugal tuvo un "affaire" con el General Francisco Rufino de Sousa Lobato (1773-1830), que figuraba como su favorito desde antes de la marcha de la familia real portuguesa a Brasil, y "(...) que le masturbaba regularmente."

Don Juan VI concedió a Sousa Lobato el título de Vizconde de Vila Nova da Rainha, elevando al rango de nobleza, por vez primera, a un servidor particular de palacio.

Ese dato llevó a Luiz Mott, del Grupo Gay de Bahía, a incluír a Juan VI de Portugal en la lista de los 100 gays más célebres de Brasil. Uno de los descendientes del monarca luso, en una entrevista de la revista Isto É (Esto es), salió por la tangente afirmando que el "caso" pasó hace 200 años y que no existían pruebas de ello.

Sin embargo, fue un tal Padre Miguel, que servía en aquella época como capellán real en la Hacienda de Santa-Cruz, localidad de retiro y de veraneo de la familia real, quien dejó testimonio de los escandalosos ratos de intimidad entre el rey y el favorito, al pillarles in fraganti en plena sesión homoerótica... Mera coincidencia o no, el Padre Miguel sería posteriormente exiliado a Angola, por haber divulgado lo que había visto.

Para más datos, Sousa Lobato fue teniente general, gobernador de la fortaleza de Santa-Cruz, de Rio de Janeiro, alcaide mayor de Castro Marim, del consejo del rey Don Juan VI, maestre de la guardarropa del rey, portero de la real cámara, mantero y tesorero del real bolsillo, maestre del guardajoyas y tapicerías del rey; secretario de Estado de los asuntos de la Casa y Estado del Infantado y su administrador en tiempos de la regencia, escribano y diputado de la Mesa de la Conciencia y del Orden de Brasil (tribunal), oficial mayor de la Casa Real y superintendente del palacio-monasterio de Mafra, entre otros cargos. Resumiendo, Sousa Lobato, que empezó siendo un simple criado de palacio, fue gradualmente elevado hasta ser ennoblecido con el título de barón y luego de vizconde, y destinado a los mejores cargos militares y palatinos gracias a sus habilidades de pajillero real.

Sousa Lobato estuvo casado pero no dejó descendencia.

Retrato ecuestre de Carlota-Joaquina de Borbón, Infanta de España (1775-1830), Reina consorte de Portugal y de Brasil.

Pero Juan VI no fue el único que tenía sus escarceos extramatrimoniales; de sobras era conocida la conducta sexual de su mujer, la reina Carlota-Joaquina que, como digna hija de la "Mesalina" española Maria-Luisa de Parma, tenía reputación de putísima tanto en Lisboa como en Rio de Janeiro, y se disputaba los servicios sexuales de los "chulos" brasileiros con Joao de Almeida de Melo e Castro, 5º Conde de Galveas (1756-1814), fundador del primer laboratorio químico en Brasil y apodado despreciativamente "Doctor Pastorinhas" por ella.

Retrato de la Archiduquesa Mª Leopoldina de Austria (1797-1817), Emperatriz consorte de Brasil.

Otra soberana, la emperatriz de Brasil Mª Leopoldina de Austria, infeliz consorte del emperador Pedro I, ha sido recientemente reconocida como "lesbiana", por las recientes investigaciones históricas llevadas a cabo sobre las historietas de alcoba de la corte brasileña. Por lo visto, las pruebas más contundentes son su voluminosa correspondencia con su dama de compañía, la inglesa Mary Graham, que parecía corresponderle en lo sentimental.

Juan VI fue un gran amante y mecenas de la música, tanto que contrató a un considerable número de castrati italianos para que le cantasen. Estos eunucos, con sus gestos amanerados, sus voces femeninas, sus maquillajes y ropas feminizadas, pululaban entonces por la corte brasileña y sus sueldos eran asumidos por el bolsillo del propio soberano.

Juan VI aparece ante la posteridad como un rey gordo, feo, glotón, cobarde, cornudo manso y poco apto al gobierno; sin embargo, ciertos historiadores no han faltado en resaltar su prudencia y habilidad política, su figura de pionero en la modernización de Brasil, como el fundador de la primera universidad brasileña, del Banco de Brasil y de la indústria nacional. Muchos testigos contemporáneos, en su mayoría foráneos, recalcaron su gran bondad y amabilidad, su generosidad, su sensibilidad, su humanidad... como la vez que rescató a una esclava, cuyos gritos de dolor llamaron su atención cuando pasaba con su carruaje por una finca, y que estaba siendo cruelmente azotada por su señor.

Cierto es que su controvertida vida conyugal con aquella harpía española, Carlota-Joaquina de Borbón, fue desastrosa desde la noche de bodas; la infanta le mordió salvajemente la oreja al asustarse en el momento de la cópula. Pero, después, es de sobras conocido el "carrerón" de la reina que parió a nueve retoños de los cuales cinco proceden, supuestamente, de aventuras extra-conyugales. Por lo visto, le cogió mucho gusto a aquello que tanto le asustó en su primera noche de casada...

(*)_Tobias Monteiro fue el autor de "Historia del Imperio" (1939), y la citación fue sacada del tomo 1, página 97, Ed. Belo Horizonte, Itatiaia, 1981.