LA PAPISA ROMANA: La Madre Pasqualina
el 20 jul En: Apuntes - sin comentarios
Si hay una historia tan conocida como la de la Papisa Juana, mujer que supuestamente se hizo pasar por hombre y accedió al trono de San Pedro, menos lo es el de otra "Papisa" del siglo XX que no tuvo que renunciar a su condición y mucho menos usar subterfugios para ejercer el poder absoluto en el Vaticano.

Me refiero a la Madre Pasqualina (o Pascualina, en castellano), nacida Josefine Lehnert (1894-1983), hermosa joven bávara -cuna del catolicismo más duro, severo e intransigente en Alemania-, que entró en las órdenes y se convirtió en la "sombra" y gobernanta del cardenal Eugenio Pacelli, el que fuera Papa Pío XII (en 1939), a partir de la llegada de éste en calidad de nuncio apostólico en Munich (Baviera) en 1917.

Recordemos que Eugenio Pacelli fue acusado de antisemitismo y, aparentemente, colaboró con Adolf Hitler, considerando que las persecuciones contra los judíos en Alemania eran "Asuntos Internos" alemanes que nada tenían que ver con la Iglesia Católica, dedicándose a desautorizar oficialmente a los obispos católicos alemanes que pedían la protección del Vaticano para los judíos perseguidos. El escritor católico John Cornwell escribió un libro "El Papa de Hitler", denunciando el antisemitismo de Pío XII, basándose en documentos encontrados en los archivos vaticanos, retractándose posteriormente de sus acusaciones (2004).
Desde aquella fecha, la Madre Pasqualina se convirtió en la persona más importante e influyente del entorno del futuro papa, alcanzando cotas de poder hasta ahora jamás visto en el Vaticano cuando Pacelli fue elegido Sumo Pontífice Romano en 1939. Pío XII no hizo nunca nada que no estuviera previamente aprobado por la religiosa bávara, que tenía la reputación de ser una mujer muy estricta, severa e implacable, y que llevaba los asuntos del Vaticano con mano de hierro.
Cuando Pío XII murió en su residencia veraniega de Castel Gandolfo, el 9 de octubre de 1958, la inseparable Madre Pasqualina le asistió personalmente en su agonía y trató de seguir dirigiendo los asuntos del Vaticano. El cardenal francés Tisserand, que la odiaba, la echó de Roma, ordenando que partiera la misma noche de los funerales del papa.
La monja fallecería en 1983, veinticinco años después del papa Pío XII, beatificado por sus sucesores.
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