LA FAVORITA QUE NUNCA QUISO SERLO

HEDVIG-ULRIKA TAUBE, CONDESA VON HESSENSTEIN, 1714 - 1744

La Condesa Hedvig Ulrika Taube nació en 1714, y pertenecía a una gran y distinguida familia de la aristocracia sueca: su padre, el Conde Edvard Diedrik Taube ostentaba un alto rango en el seno del Ejército Sueco, mientras que su madre, nacida Baronesa Christina Maria von Falkenberg, procedía de un noble linaje con sólidas conexiones en la corte. Hedvig Ulrika tenía otra hermana, Catharina Charlotta y un hermano, el Conde Diedrik Henrik Taube.

Nada presagiaba que la joven y noble damisela llegara a causar tanto ruido en el escenario social sueco, al estar destinada a llevar una existencia plácida y orientada a ser una decente esposa bien casada, como se preveía para las hijas de la aristocracia.

En 1728, con apenas 14 primaveras, la joven Hedvig Ulrika se presenta en sociedad dotada de una belleza extraordinaria y un encanto personal que conquista inmediatamente a damas y caballeros que frecuentan la casa de sus padres. Tanto es asi que, en poco tiempo, aquellos amigos de la familia Taube no tardan en cantar las virtudes de la adolescente en la corte. Naturalmente, no hay quien falte en informar, en medio de una conversación anodina, a Su Majestad el Rey y despertar su interés... Federico I es un hombre ya en plena madurez, gordo, a punto de llegar a los 60 años y con una reputación más que dudosa: tanto le da la carne como el pescado y su lubricidad parece no tener límites. La joven Taube le interesa mucho y no duda en tantear el terreno para tener el privilegio de desflorarla el primero.

El Deseo del Rey

Retrato de Federico I de Hessen-Cassel (1676-1751), Rey de Suecia de 1720 a 1751.

Corre el año de 1730 y altos personajes de la corte de Estocolmo empiezan a visitar a los Taube, buscando a la hija para ofrecerle tentadoras ofertas y representarle el envidiable futuro que le espera si accede a conocer al Rey Federico I.

Hedvig Ulrika, a su edad, solo sueña con tener un idilio con un apuesto y joven oficial, a recibir cartas apasionadas y rebosantes de almibarada prosa... La sola idea de ceder a los avances del viejo verde y libidinoso Rey suscitaba en ella la mayor de las repugnancias. No concebía semejante comercio y las sugerencias de ciertas amigas de su madre causaban su total rechazo.

Pero en esa época, precisamente, la familia Taube se veía amenazada por las enormes deudas de juego contraídas y se debatía en medio de serias dificultades económicas. Los padres, tías y tíos de la muchacha pensaban que la oferta del monarca les venía como agua de mayo para solventar esos problemas acuciantes. Si Hedvig cedía, la fortuna iba a estar del lado de los Taube... y las ocasiones como éstas, tan raras, están para cogerlas al vuelo. Decididos, la familia Taube empezó a presionar a Hedvig, formando un asedio en toda regla para obtener su capitulación y convertir sus negativas en un "si".

A fin de cuentas, el viejo verde de Federico I era el Rey de Suecia, y al Rey no se le podía decir que no. Sus deseos eran órdenes que tenían que satisfacerse prontamente. Los Taube, golosos ante la perspectiva de que su hija se convirtiese en la amante del soberano, suspiraban de alivio y daban gracias a la Providencia, porque éste iba a sacarles de una situación insostenible. Ejercieron una fuerte presión psicológica sobre Hedvig y no cesaron los asedios, tanto por su parte como por la de los altos dignatarios de la corte enviados para conseguir que el deseo del Rey se hiciera realidad. Entre éstos Carl Tersmeden, amigo del soberano, ofreció a la joven el puesto de dama de compañía de la Reina Ulrika Eleonora y le representó todas las ventajas del cargo y de la posición que le esperaba si accedía, para hacer más apetitosa la oferta.

Hedvig Ulrika capituló. Hicieron sus baúles y la subieron al carruaje especialmente enviado para ella, destinado a llevarla en presencia del soberano. A Carl Tersmeden le soltó: "Mi destino es más duro de lo que he imaginado. Me veo forzada a sacrificar mi virtud para salvar a mi familia de la ruina por el juego..."

Dama del Séquito de la Reina

Corre el año de 1731, y la bella Hedvig Ulrika Taube se convierte en la dama de compañía de la Reina y, aparentemente, pasa a ser algo más que el capricho sexual del Rey: se transforma en la favorita oficial de Federico I, al más puro estilo francés que nunca se había visto antes en Suecia.

La Reina y el Rey

Retrato de Ulrika-Eleonora Iª de Suecia (1688-1741), Reina de Suecia y Gran Duquesa de Finlandia de 1718 a 1720.

Quizá sería menester reseñar una peculiaridad: la Reina Ulrika Eleonora de Suecia, esposa del Rey Federico, era en realidad la soberana legítima desde el fallecimiento de su hermano mayor Carlos XII, que murió de un cañonazo en la sien y siendo soltero, por lo que no había dejado ningún heredero directo al trono. A la muerte del gran guerrero Carlos XII de Suecia, el único gran rival del zar Pedro I "el Grande" de Rusia, la sucesión al trono estaba asegurada en su otra hermana, la Princesa Hedvig Sophia Augusta que había contraído matrimonio con un primo, el Duque Federico IV de Holstein-Gottorp; sin embargo, la Duquesa de Holstein-Gottorp había estirado la pata antes de que el rey soltero muriese en extrañas circunstancias, y había dejado a un hijo varón para recoger el testigo y asumir la herencia real: el Duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp. Por tanto, éste postulaba por la Corona Sueca presentando su candidatura pero se vio enseguida cuestionado por su tía materna, la Princesa Ulrika-Eleonora de Suecia. El Riksdag tuvo que debatir sobre las dos candidaturas y falló a favor de la única hermana superviviente de Carlos XII.

Retrato del Rey Carlos XII de Suecia (1682-1718), el último representante varón de su dinastía que reinó de 1697 a 1718. A sus 15 años, era el monarca más poderoso de Europa cuyo dominio abarcaba Suecia, Finlandia, los Países Bálticos y parte de Alemania.

La Princesa Real Hedvig Sofia de Suecia (1681-1708), Segunda en la línea de Sucesión al Trono de Suecia y Duquesa de Holstein-Gottorp en 1698; de su marido Federico IV, fallecido en 1702, tan solo tuvo un hijo: Carlos-Federico (1700-1739), presunto heredero de Suecia cuya candidatura sería finalmente deshechada...

Consagrada el 30 de noviembre de 1718 como Reina de Suecia y Gran Duquesa de Finlandia, Ulrika-Eleonora Iª, última representante de su dinastía desde que abdicó la famosa reina Cristina en 1654 (Casa Palatina de Baviera-Zweibrücken), se había casado en 1715 con el Landgrave Federico de Hessen-Cassel (hijo del Landgrave Carlos I y de Amelia de Curlandia, y viudo de un primer matrimonio con la Princesa Luisa de Prusia), muy enamorada. Ansiaba compartir el trono con él, pero los representantes del Parlamento le negaron ese deseo y que la Corona adquiriera esa bicefalia. Eso si, justo antes de coronarla reina, le obligaron a firmar el "deceso" oficial de la monarquía absolutista de sus antecesores (1718), inaugurando así una nueva monarquía parlamentaria con poderes extremadamente limitados y que debía ceñirse a la mera representación del Estado y de la Nación Suecas. A partir de aquel momento, la Corona debía compartir el poder con el Senado y el Riksdag.

Retratos ovalados y emparejados de los Reyes Federico I y Ulrika-Eleonora Iª de Suecia.

El 29 de febrero de 1720, Ulrika-Eleonora Iª abdicaba la corona en su marido, única solución que se le presentaba para que Federico dejara de ser un mero Príncipe Consorte... y éste asumió la dignidad real con el ordinal de Federico I de Suecia. Y, aunque Ulrika-Eleonora dejaba de ser la "Reina" soberana para convertirse oficialmente en la "Reina Consorte" de Suecia, Federico I nunca dejó de tratarla con el respeto y la consideración debida a su posición, pues para él seguía siendo "la Reina" en el más amplio sentido de la palabra.

Un año más tarde, Federico I y el Riksdag conseguían poner fin a la Guerra del Norte, inaugurada con la política belicista y hegemónica de Carlos XII -su cuñado-, firmando el Tratado de Nystad (1721), y en el cual Suecia salía como clara perdedora de un conflicto con Rusia: en virtud del tratado, se cedían a Pedro I de Rusia Livonia, Estonia, Ingria y la Carelia Oriental; a Prusia, aliada de Rusia, se le cedía una parte del ducado de Pomerania, al Elector de Hannover y Rey de Gran-Bretaña Bremen y Verden... Una auténtica sangría que relegaba a Suecia a un segundo rango y la excluía del club de las grandes potencias europeas.

Sin embargo, los reyes de Suecia Federico y Ulrika-Eleonora inauguraron bajo su reinado una época conocida como La Era de la Libertad, asociada a un período de crecimiento económico y un florecimiento cultural importantes para Suecia.

En cuanto al otro candidato, el Duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp, tumbado en las votaciones del Riksdag, se volvió hacia Rusia implorando la ayuda del zar Pedro I que nunca llegaría a materializarse; el zar fallece en 1725, no sin antes concederle la mano de una de sus dos hijas habidas con su antigua amante y segunda mujer, Martha Skavronskaya-Rabbe, que sería a la postre elevada al trono ruso como Catalina Iª. El hijo de ambos, Carlos-Pedro-Ulrico de Holstein-Gottorp, sería más tarde elegido sucesor de su tía la zarina Elisabeth Iª...

La Segunda Dama de Suecia

El 1 de marzo de 1733, Hedvig Ulrika da a luz una hija habida con el Rey: Frederika Wilhelmina, que fallecería a la tierna edad de un año.

Menos de un año después de aquella pérdida, el Rey le confiere el título de Condesa del Sacro-Santo-Imperio (Reichsgräfin), con el beneplácito del Emperador Carlos VI quien emite las Cartas Patentes, convirtiéndola en la flamante Condesa von Hessenstein (1734). De hecho, la figura de Hedvig adquiere un relieve mayor y un gran peso en la corte sueca: el monarca le concede unos elegantes aposentos en el Palacio Real, su propia servidumbre y la presenta oficialmente como su Maitresse-en-Titre, tal y como se estilaban a las amantes del monarca francés.

Croquis del Palacio Real de Estocolmo, sede oficial de la corte y residencia de invierno de la Familia Real Sueca, diseñado por Nicodemus Tessin "el Joven" y levantado tras el fatídico incendio que arrasó el antiguo Palacio Real Tre Kronor de los Vasa el 7 de mayo de 1697. El nuevo palacio no estaría acabado hasta 1754, reinando Adolfo-Federico I.

Un Escándalo de inesperadas proporciones

Huelga decir que aquellas decisiones tomadas por Federico I causaron un gran escándalo y la primera persona en hacérselo saber, fue la reina Ulrika-Eleonora, tremendamente dolida como mujer y esposa. Indignada, furiosa, se encerró a cal y canto en sus aposentos, negándole la entrada a su marido... Pero hubo más: el clero se negó a rezar por alma del rey "con dos mujeres" en las iglesias; empezaron a circular todo tipo de pamfletos satíricos por las calles de Estocolmo y la opinión pública se decantó por la Reina, a la que se consideraba injustamente humillada e insultada... Y es que Ulrika-Eleonora era extremadamente popular, gozaba de una intachable reputación y era muy piadosa, por lo que el clero le era devoto.

La situación se agravó cuando el propio Gobierno le recordó al Rey su promesa de tratar a la Reina con el debido respeto, y que había formulado públicamente cuando ella abdicó a su favor. Federico I tuvo que declarar públicamente ante el Parlamento sobre su relación con Hedvig Ulrika Taube y desmentir el falso rumor por el cual se aseguraba que se había casado en secreto con la Condesa von Hessenstein. Y, desde luego, preguntó a sus interlocutores qué tenía que ver el respeto y la gratitud debidas a la Reina con su vida privada.

Ni corto ni perezoso, Federico I había escrito una carta a la Reina para recomendarle que protegiese a Hedvig Ulrika Taube, en el caso de que él falleciera antes.

La Reina tenía de su lado a todos los obispos que sentaban en el Parlamento, y a un buen número de diputados que le eran favorables, por lo que éstos osaron presentar al Rey un escrito reprochándole su bochornosa conducta, y poniendo a caer de un burro a la Condesa von Hessenstein. Federico I se negó a recibir aquella insultante carta y recordó al Gobierno que había prometido jamás inmiscuirse en sus asuntos personales, que su vida privada era un asunto que solo le concernía a él y a nadie más.

La condesa hizo luz de gas y pretendió estar enferma cuando requirieron su presencia para admonestarla públicamente delante de la Reina. Aquella excusa no sirvió para disuadir a aquellos que le reprochaban su indecente adulterio con el Rey; forzaron la puerta de sus aposentos y ella, en la cama y con media cara cubierta por un velo, tuvo que soportar la lectura del famoso escrito de los obispos, y oírse llamar por estos moralistas de pacotilla "La Pecadora Pública"...

"No tengo idea del por qué del disgusto de Su Majestad..." declaró inocentemente la condesa von Hessenstein. Y aquellos volvieron a la carga contra ella, amenazándola con expulsarla del país; y la condesa replicó que era fácil amenazar a una indefensa chiquilla como ella, pero que ella no se merecía tanta consideración al no haber jamás metido baza en asuntos del Estado ni ejercido influencia alguna en la política del país.

Y la respuesta de Hedvig dio en el blanco. Nunca jamás se había involucrado en la alta política: se había limitado a ejecutar los deseos del soberano encaprichado de ella, y de sus familiares para salvarles de la ruina.

La Favorita Discreta

Hedvig-Ulrika Taube, Condesa von Hessenstein (1714-1744), retratada con hábito de monja...

La condesa, ciertamente, vivía como una infeliz y llevaba una vida extraordinariamente discreta. Tras su primera aparición oficial en la corte (1735), después de todo aquel escándalo desatado, y que supuso un esperado desaire de la Reina en semejante evento (argumentó que se encontraba indispuesta y guardó cama), Hedvig nunca volvió a aparecer en ninguna celebración cortesana. Bastantes humillaciones le había costado ser la "Puta del Rey" y ya estaba escarmentada.

Nunca quiso encarnar el papel de una Marquesa de Montespan a la sueca, y a los embajadores extranjeros que le rendían pleitesía con la intención de obtener su preciosa influencia sobre el Rey en asuntos políticos, la Condesa von Hessenstein desviaba ingeniosamente las conversaciones hacia temas más triviales sin dejar de lado la cortesía. Lo mismo hacía con los solícitos cortesanos, que esperaban de ella favores, ascensos y pensiones... Solo se limitaba a beneficiar a la gente que consideraba merecedora de su confianza.

Sin embargo, Hedvig se convirtió en la protectora de artistas y su pequeña corte rivalizaba con la de la Reina, notablemente religiosa e intelectual. Patrocinó sobretodo al poeta Olof von Dahlin, considerado como el poeta de la corte y, de forma indirecta, jugó realmente un importante papel político en Suecia al ejercer su influencia para ciertos nombramientos ministeriales. Se decía entonces que bastaba su recomendación para que tal o cual personaje se convirtiera en el favorito del Rey y merecedor de un secretariado o ministerio.

Retrato del Conde Arvid Bernhard Horn de Ekebyholm (1664-1742) Presidente del Consejo Privado del Rey y Canciller de Suecia en dos ocasiones (1710-1719 / 1720-1738), era un militar, diplomático y estadista brillante asociado a "la Era de la Libertad", que se opuso con vehemencia al reconocimiento oficial de la Condesa von Hessenstein como "Amante Real" del Rey...

Pronto su corte pasó a ser el centro del Partido de Gyllenborg, que se oponía abiertamente al de Arvid Horn, enemigo declarado de la favorita (más por su papel de amante del Rey que por su persona), y de hecho, ella misma favoreció a Horn porque compartía con él ese rechazo a la figura de Maitresse-en-Titre, que ella misma detestaba. Tuvo incluso el elegante gesto de abstenerse de cualquier influencia durante las elecciones de 1739.

Retrato del Conde Carl Gyllenborg (1679-1746), Canciller de Suecia de 1739 a 1746, y cuyo partido político (los "Sombreros") solía reunirse en los aposentos de Hedvig-Ulrika Taube. En 1739, salió vencedor en las elecciones del Parlamento después de convencer a los miembros de la Dieta de 1738, sucediendo como Primer Ministro a su rival Arvid Horn (jefe del partido de los "Gorros")...

El 10 de marzo de 1735, Hedvig daba a luz a un segundo bastardo real bautizado con los nombres de pila de Fredrik Vilhelm, más conocido con el nombre de "Príncipe von Hessenstein". Dos años más tarde, el 26 de noviembre de 1737, nacía otro bastardo: Karl Edvard, conocido bajo el título de "Conde von Hessenstein" y que fallecería soltero en París, en 1769. El dibujante, retratista y acuarelista francés Carmontelle le retrataría entre una pléyade de afortunados aristócratas y príncipes franceses o extranjeros que se morían por ser inmortalizados por él, y que valga aqui la contradicción.

Retrato de Karl Edvard, Conde von Hessenstein (1737-1769), según Carmontelle. Era el segundo hijo natural habido del rey Federico I de Suecia con Hedvig-Ulrika Taube...

Pese al paso de los años, la indignación popular de que el Rey tuviese a una favorita no cesó; abundaron los debates sobre el adulterio del soberano en el seno del Parlamento, y se sucedieron esporádicamente contribuyendo a la impopularidad de Federico I.

En 1739, la Reina Ulrika-Eleonora, que nunca desistió en su lucha contra la Condesa von Hessenstein, usó de todas sus influencias para que fuese expulsada del país junto con sus dos bastardos, y asignados a residencia en el landgraviato de Hessen-Cassel. Pero Hedvig y sus hijos fueron interceptados por el Rey en Nyköping, donde Federico I la reclamó para que le acompañase en sus cacerías, haciendo que se anulasen las disposiciones de la Reina. En esa incansable lucha de influencias, el Rey ganaría la partida consiguiendo que Hedvig jamás abandonase el país.

Mala perdedora, la Reina rehusó abandonar sus habitaciones a lo largo de dos semanas, librándose a todo tipo de pataletas, lloros y rabietas... Los rumores de entonces señalaron a la condesa como la causante del lento declive de la salud de la Reina, que enrabiaba de impotencia al ver lo inútiles que resultaban sus gestiones para borrarla del mapa. Hedvig parecía inmune a todas sus amenazas...

Y si la condesa von Hessenstein seguía siendo la Favorita Real, Federico I no dejó por ello de utilizar paralelamente los servicios de numerosas prostitutas para satisfacer su libidinosidad enfermiza, y sus encuentros sexuales se multiplicaron asombrosamente. No le hacía ascos a nada, mientras aquello sirviera para apagar su sed de sexo.

En noviembre de 1741, la Reina Ulrika-Eleonora contrajo la viruela, enfermedad contagiosa que la llevó irremisiblemente a la tumba el 24 del mismo mes.

En 1743, Hedvig sería oficialmente presentada al Príncipe Heredero de Suecia, Adolfo-Federico de Holstein-Gottorp-Eutin, y el 9 de diciembre del mismo año, daría a luz por cuarta vez a su segunda hija habida con Federico I, Hedvig Amalia, Condesa von Hessenstein, y que fallecería con tan solo 9 años de edad (1752).

En 1744, otra vez preñada por su real amante, el parto se complicó y se tradujo en un fatal desenlace para ella y la niña. Hedvig y la recién nacida fallecieron a pocas horas de diferencia y serían ambas sepultadas en la iglesia de Strängnäs.

Retrato de Federico I (1676-1751), Rey de Suecia de 1720 a 1751, Landgrave de Hessen-Cassel de 1730 a 1751. La muerte de Hedvig-Ulrika Taube en su quinto parto no le afectó y mostró públicamente su indiferencia en compañía de meretrices... Con los sucesivos embarazos y el paso de los años, la favorita había engordado y perdido la frescura de su juventud.

Tras la muerte de Hedvig, Federico I se mostró públicamente en compañía de numerosas prostitutas, riendo y bromeando sonoramente en las calles de Estocolmo, haciendo gala de su indiferencia...

Apenas un año después, en 1745, Federico I reemplazó a la difunta con otra favorita oficial, la hermosa Catherina Ebba Horn, que fue públicamente presentada en la corte y agraciada con el título de condesa del Sacro Santo Imperio; sin embargo, su relación con el Rey finalizó cinco años después y fue ampliamente perdonada por la Historia...