HISTORIA DEL PALACIO GRIMALDI

En 1162, bajo reserva de pleitesía, el emperador Federico I "Barbaroja" reconoce a la República de Génova la dominación de las costas Ligurias, desde Porto Venere hasta Mónaco.

El 30 de mayo de 1191, el emperador Enrique IV, concede el derecho a fortificar la roca de Mónaco, su puerto y tierras adyacentes para defender la cristiandad de los Sarracenos. Quedaba por adquirir la propiedad privada del terreno a los cónsules de Peille y a los monjes de la abadía de Saint-Pons, cosa hecha en 1197.

Sin embargo, pasarían 18 años más hasta que se iniciase la edificación de lo que se convertiría, después de muchas transformaciones y ampliaciones, en la residencia majestuosa de los Príncipes de Mónaco.

El 10 de junio de 1215, bajo la batuta del cónsul Fulco del Castello, los genoveses proceden a poner la primera piedra de la fortaleza primitiva dotada de 4 torres cuadradas y macizas, unidas entre sí por murallas de ocho metros de altura, y que delimitan aún hoy día el perímetro casi triangular del Palacio Principesco.

Rápidamente, ese dispositivo sería reforzado por murallas y torres que abarcarían la totalidad del promontorio rocoso de Mónaco, y añadiéndose una segunda fortaleza -hoy desaparecida- que defendía la entrada al puerto.

La historia de los Grimaldi se une a la del palacio-fortaleza a partir de 1297, época en que Génova se debate en luchas intestinas que oponen a Güelfos y Gibelinos, partidarios del Papa y del Emperador respectivamente. Es a principios de ese año, en la noche del 8 de enero, cuando Francesco Grimaldi, apodado "Malizia" -el Malicioso-, del Partido Güelfo y entonces expulsado de Génova, se apodera con nocturnidad y alevosía de la plaza fuerte de Mónaco.

Pero el castillo sería repetidas veces perdido y recuperado hasta que, 30 años más tarde, los Grimaldi se apoderan definitivamente de Mónaco y se instalan en el castillo-palacio del promontorio rocoso. El jefe de los Grimaldi, Carlos I, sería considerado como el primer señor de Mónaco a partir de 1341, así como de Menton (1346), y de Roquebrune (1355).

Siempre bajo la amenaza de ver arrebatada su "conquista", Carlos I y sus sucesores inmediatos tuvieron que concentrar sus esfuerzos en reforzar las fortificaciones y defensas de su castillo.

En el siglo XV, Lamberto I continúa activamente al frente de las mejoras defensivas pero añadiendo ciertas mejoras estéticas al castillo. Con la época y la primera oleada renacentista, el gusto por adecentar las residencias señoriales va cogiendo un auge gradual entre príncipes y nobles europeos. Si sigue siendo una fortaleza, el castillo se va complementando con estancias más espaciosas y luminosas, decoradas y amuebladas para hacer más agradable la vida entre sus austeros y fríos muros. Es Lamberto I quien inicia las primeras obras de importancia en el castillo, transformándolo paulatinamente en un palacio sin renunciar a las torres defensivas y las murallas almenadas.

Tras el devastador pero victorioso asedio sostenido contra Génova (1506-1507), el siglo XVI ve el solemne reconocimiento de la soberanía de Mónaco por sus poderosos vecinos y conoce una era de paz relativa. Los Grimaldi, preocupados por la importancia de su posición estratégica, proceden a la restauración de sus murallas y del viejo castillo gravemente afectados por la artillería enemiga.

En 1529, todos los trabajos de restauración son visitados por el emperador Carlos V de Austria, aprovechando su visita oficial en el principado monegasco. Y llega el tiempo en el que los Señores de Mónaco pueden dedicarse a la ampliación y embellecimiento de su antigua fortaleza que, poco a poco, perderá su carácter medieval para aparecer, al final del siglo, como el palacio de un gran señor italiano.

Honorato I (1522-1581) contrata los servicios del arquitecto Domenico Gallo, autor de la Galería de Hércules, pero también del pintor genovés Luca Cambiaso al cual es confiada la decoración de la fachada septentrional del Patio de Honor del Palacio de los Grimaldi.

La defensa de la plaza no deja de ser primordial. De este modo, la cisterna excavada en la roca viva, en medio del palacio, es ampliada para contener 15.000 m3 de agua potable, cantidad suficiente para permitir a un contingente de mil hombres aguantar un asedio de 648 días. Monumental, como la nave de una iglesia, con una bóveda apoyada sobre nueve pilares macizos, tiene una profundidad de 5 metros, una largada de 20 y una anchura de 18.

El proyecto del palacio renacentista existía desde el siglo XVI, y su metamorfosis se inicia principalmente bajo Honorato II, primer Príncipe de Mónaco (1597/1604-1662). Éste, educado en Milán, ha desarrollado desde su infancia el gusto por la fastuosidad y la magnificencia italianas. En verdadero mecenas, mantiene a toda una tropa de creadores talentosos: arquitectos como Jacopo Cantone, escultores como Martino Solaro,...

Vista de la Galería de Hércules, debida a Domenico Gallo, y que da acceso a los Grandes Apartamentos del Palacio Grimaldi...

El Palacio Grimaldi conoce espectaculares transformaciones: se levanta, por un lado, el magnífico Pabellón de los Baños, junto con el Cuartel Real nuevamente levantado en la prolongación del ala Sur, y por otro lado, el ala Occidental con la Capilla Principesca dedicada a San Juan Bautista (1654). Con la apertura de la Puerta de Honor y la construcción de la escalera monumental ejecutadas bajo el reinado del Príncipe Luis I de Mónaco (1642/1662-1701), el Patio de Honor toma su aspecto definitivo.

Fotografía de la escalinata de mármol de Carrara, de doble rampa, e inspirada en la del Palacio Real de Fontainebleau, da acceso a la logia o Galería de Hércules, partiendo del Patio de Honor completamente restaurado bajo el reinado del Príncipe Rainiero III de Mónaco.

Todas las ampliaciones y decoraciones sucesivas, con sus grandes riquezas artísticas, sus tapizados delicadamente bordados, sus decorados pintados y sus frescos debidos a grandes artistas de renombre internacional, hicieron del Palacio de Mónaco, desde mediados del siglo XVII, una de las residencias más destacadas del Mediterráneo, donde se podían admirar ricas colecciones de muebles y objetos de arte diversos.

La Sala del Trono, es sin duda una de las estancias más importantes del Palacio Grimaldi. En ella se desarrollan todos los actos oficiales o importantes de los Príncipes de Mónaco. A la izquierda del trono, cuelga el retrato del Príncipe Alberto I, a la derecha el del Príncipe Luis II y, en la pared del fondo, el retrato de cuerpo entero del Príncipe Carlos III.

Otra sala de los Grandes Apartamentos es el Salón de Luis XV, presidido por un retrato del monarca francés, y que albergaba antiguamente la alcoba de los Príncipes en los siglos XVII y XVIII, con sus paredes tendidas de seda violeta adamasquinada. Abajo, en la foto inferior, el Salón Mazarin, estancia que debe su nombre a la Princesa Luisa-Felicidad d'Aumont-Mazarin, Duquesa de Mazarin y esposa del Príncipe Honorato IV.

Cuando la Revolución Francesa llega al Principado de Mónaco, el palacio de los Grimaldi padece de los excesos revolucionarios; todas sus colecciones, sus obras de arte, sus archivos sufren del pillaje, de la destrucción indiscriminada y son dispersados y vendidos como Bienes Nacionales. Mientras el Príncipe Honorato III se pudre en una cárcel de París, sus cuantiosos bienes son incautados. El Palacio se transforma luego en hospital para el Ejército de Italia y, de 1808 a 1814, pasa a ser una casa de acogida para los mendigos del Departamento de los Alpes-Marítimos.

Al producirse la Restauración de 1814, con el retorno de los Príncipes a Mónaco en la persona de Honorato IV, el estado del Palacio parece tan lamentable que se ven forzados a abatir una parte del ala que da sobre la fachada de la Plaza del Palacio, así como el suntuoso Pabellón de los Baños. Durante gran parte del siglo XIX, los Príncipes concentran sus fuerzas en devolver a su residencia el antiguo esplendor y los matrimonios con ricas herederas, como el de Alberto I con Mary-Alice Heine, gran heredera norteamericana, asi como la creación del Casino de Monte-Carlo contribuyen a la recuperación de sus lujosas estancias y de sus antiguas colecciones dispersadas durante la Revolución Francesa.

Fachada principal del Palacio Grimaldi, con su gran Puerta de Honor custodiada por dos garitas y seis cañones, desde la Plaza del Palacio o Plaza de Armas. Hoy día, el Palacio Grimaldi abre sus puertas al público en fechas concretas ( excepto entre el 1 de enero y el 1 de abril, y del 1 de noviembre al 31 de diciembre) y concede a los turistas y curiosos el privilegio de visitar los Grandes Apartamentos palatinos, las estancias más ricas y lujosas con sus ricos muebles, sus grandes retratos firmados por Largillière, Rigaud, Veroust, Laszlo de Lombos, sus paredes tapizadas y bordadas en oro y plata, sus asombrosos y coloridos frescos, sus bóvedas pintadas con grutescos italianos y sus resplandecientes suelos en marquetería de mármol.