LOS JACOBITAS -2-
el 29 may En: Temas Reyes de Gran-Bretaña - 2 comentarios
Intento de Invasión del "Viejo Pretendiente"
En 1701, Jacobo II y VII falleció, siendo sucedido naturalmente por su hijo el Príncipe Jacobo Francisco Eduardo Stuart (James Francis Edward), reconocido como el rey Jacobo III de Inglaterra y VIII de Escocia por las cortes de Francia, España, Módena y Roma. Para sus detractores u opositores era sencillamente el "Viejo Pretendiente".
Retrato del Príncipe Jacobo Francisco Eduardo Stuart (1688-1766), Príncipe de Gales, Duque de Cornualles y de Rothesay, Conde de Carrick y Lord de Las Islas, Duque de Albany y Conde de Chester... alias Jacobo III de Inglaterra y VIII de Escocia para sus partidarios, y tan solo "el Viejo Pretendiente" para sus enemigos. / Obra de Alexis Simon Belle.
Tras una breve paz, la Guerra de Sucesión Española hizo que Francia reanudase su apoyo a la causa Jacobita y, en 1708, el príncipe Jacobo, rodeado de tropas francesas, intentó desembarcar en Gran-Bretaña para llevar a cabo una invasión. Sin embargo, la Marina Real Inglesa consiguió hacer retroceder a la flota francesa y el pretendiente tuvo que batir retirada en el Norte de Escocia para retomar el camino a Francia.
La Unión y los Hannovers
En marzo de 1702, el rey Guillermo III fallecía a causa de una caída de caballo (reinaba en solitario desde 1694, fecha en que la reina María II había muerto), por lo que la sucesión al trono recaía en su cuñada la Princesa Ana Stuart, Duquesa de Cumberland, pasando a ser la reina Ana I. La economía de Escocia había tocado fondo y estaba en sus horas más bajas, juntándose el hecho de que el Parlamento británico usaba y abusaba de sanciones económicas para forzar al Parlamento escocés a que se aviniera a negociar una unión. Uno de los personajes clave en esas impopulares negociaciones fue John Erskine, 11º Conde de Mar, quien después de dar su apoyo a la rebelión escocesa pasó a ser un firmante del Acta de Unión de 1707, y encargado de llevar a cabo los asuntos escoceses en el nuevo Parlamento británico. En 1713, fue formalmente nombrado secretario de Estado para Escocia por la reina.
Retrato de Ana I Stuart (1665-1714), Duquesa de Cumberland y Princesa Consorte de Dinamarca, luego Reina de Inglaterra, de Escocia e Irlanda entre 1702 y 1714, al suceder a su cuñado Guillermo III en el trono. Fue la última soberana Estuardo en reinar sobre los británicos pero la primera en ser Reina de Gran-Bretaña e Irlanda...
Mientras aumentaba el descontento de los Jacobitas, también aumentaban las esperanzas del pretendiente Jacobo Francisco Eduardo Stuart, que pensaba que cada vez estaba más cerca de recuperar la corona de su padre al constatar que todos los numerosos hijos de su hermana Ana I, fallecían en la cuna o antes de llegar a la edad adulta. Sin embargo, para atajar el problema que se veía venir, el Parlamento había confeccionado el Act of Settlement (1701), firmado por Guillermo III y ratificado por el Acta de Unión de 1707, que requería que el monarca británico fuese protestante mientras que el "Viejo Pretendiente" era un devoto católico, único "handicap" que le convertía en un candidato descartable a ojos de los británicos. En consecuencia, la herencia recaía en la descendencia protestante de una hija del rey Jacobo I, representada por el Elector Jorge-Luis de Hannover, bisnieto de ese monarca por lado materno, personaje nada carismático y encima sujeto alemán que desconocía prácticamente la lengua inglesa. Nada popular entre los ingleses, el que iba a convertirse en el rey Jorge I contribuyó personalmente (por su conducta sobretodo) en que renaciera la dormida lealtad hacia los Estuardo. Huelga decir que su llegada a Gran-Bretaña fue acogida con gelidez. Favoreció abiertamente a los Whighs y, en la primavera de 1715, los Tories perdieron las elecciones generales, cediendo el poder al partido Whigh que mucho se encargó de torpedear a los Tories en el momento de intervenir en las negociaciones de paz con Francia.
Retrato de Jorge I Luis, Elector de Hannover (1665-1727), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1714 a 1727, como sucesor de su prima la Reina Ana I Stuart. Su total desapego por los asuntos ingleses y su total desconocimiento del idioma le granjearon muchas antipatías, dando alas al movimiento Jacobita...
La Rebelión de Lord Mar y otras conspiraciones
Detalle de un retrato de John Erskine, 11º Conde de Mar (1675-1732)
Durante los años de hambruna que atenazaron Escocia, hubo un sensible crecimiento de descontentos con la "Unión", haciendo del país tierra abonada para otra rebelión Jacobita. En ese estado de cosas, el Conde de Mar se volvió contra el nuevo Gobierno de Jorge I, formado por esos Whighs dedicados a reprimir aún más a los escoceses, y se puso directamente en contacto con el pretendiente exiliado en Francia, fomentando una conspiración. En agosto de 1715, Mar anunció públicamente que reconocía como único monarca a Jacobo III-VIII, proclamándole rey el 6 septiembre. La Rebelión de Mar atrajo nuevamente a los clanes del Norte de las Lowlands y de las Highlands, reunidos en su odio común a la Unión y al Gobierno Whigh, planeando sublevar el país de Gales y en el condado de Devon. Los rebeldes del Norte de Inglaterra se unieron a los del Sur de Escocia y, con un contingente armado y comandados por el conde de Mar y Thomas Forster (un escudero de Northumberland), marcharon sobre Inglaterra sin encontrar mucha resistencia. Libraron batalla en Preston (9-14 noviembre de 1715), con 4.000 hombres, contra las fuerzas del general inglés Wills, y fueron finalmente derrotados: 1.468 Jacobitas cayeron prisioneros, 463 de éstos siendo ingleses. Los condes de Wintoun, de Nithsdale y de Derwentwater, capturados, fueron sentenciados a la pena capital por traición. Sin embargo, Lord Wintoun y Lord Nithsdale consiguieron fugarse de la Torre de Londres antes de ser decapitados como sus compañeros... Diecisiete Jacobitas murieron, 25 fueron heridos de gravedad y cerca de 200 realistas fueron muertos o heridos.
Retrato oval del Viejo Pretendiente, Jacobo III Francisco Eduardo Stuart (1688-1766), conocido bajo el título de Duque de Albany...
El Pretendiente, que había llegado de Francia en barco, se encontraba entonces en el puerto de Peterhead (Aberdeenshire, Escocia) dónde, muerto de aburrimiento por la inacción, se trasladó al palacio de Scone (Perthshire) con su corte, desde el cual tuvo que huír finalmente con Lord Mar al recibir la noticia de la derrota el 4 de febrero de 1716.
Otra tentativa de invasión fue fomentada por el entonces Cardenal Julio Alberoni, primer ministro del rey Felipe V de España, en 1719. Sin embargo, el esfuerzo español se tradujo en un nuevo fracaso y el contingente allí enviado tuvo que rendirse al término de la batalla de Glen Shiel.
Hubieron también dos conspiraciones: la "Conspiración Atterbury", llevada a cabo por el obispo de Rochester, Francis Atterbury, que aparte de ser un apasionado Tory, conspiró con Lord Mar para intentar poner en pie una nueva rebelión Jacobita aprovechando las elecciones de 1722, y el escándalo financiero de "la Burbuja de los Mares del Sur" que arruinó a muchísimos inversores y especuladores, como ocurrió en Francia con el escándalo "Law". Sin embargo, las denuncias de espías y los múltiples arrestos abortaron la conspiración.
La "Conspiración Cornbury", debe su nombre a Lord Cornbury, heredero del Conde de Clarendon, quien quiso aprovechar los desordenes públicos y la crisis acontecida bajo el ministerio de Sir Robert Walpole (1733), y obtuvo el apoyo del embajador francés y del secretario de Estado de Francia al propagar la noticia de la inestabilidad del Gobierno Británico de Jorge II, para llevar a cabo una invasión Jacobita. Sin embargo, el Gobierno francés desestimó el asunto, relevó a su embajador en Londres y Lord Cornbury, abandonado por todos, dejó el escenario político.
Retrato del Rey Luis XV de Francia y de Navarra (1710-1774), según L.M. Van Loo.
Más contundente fue la tentativa de invasión auspiciada por Francia en 1744: generada por John Gordon of Glenbucket en 1737, que sugirió a los clanes de las Highlands apoyar una posible y más que esperada invasión francesa de las Islas Británicas, dirigida por un agente Jacobita que trabajaba por cuenta del rey Luis XV, Lord Semphill. Durante 1743, la Guerra de Sucesión Austríaca interrumpió las relaciones diplomáticas franco-británicas, aunque no era oficial, las hostilidades entre los dos países fueron retomadas. A través de Lord Semphill, los ingleses Jacobitas hicieron llegar a Luis XV de Francia una petición formal de que enviara un contingente armado a las costas británicas. Después de que un enviado especial del monarca galo "tomase el pulso" de la opinión británica e hiciera un reconocimiento del terreno, a modo de avanzadilla, Luis XV autorizó la invasión armada del sur de Inglaterra en febrero de 1744. El hijo del "Viejo Pretendiente", el príncipe Carlos Eduardo Stuart (apodado Bonnie Prince Charlie o el Joven Pretendiente), se encontraba entonces exiliado en Roma junto con su padre, que se hacía llamar "Duque de Albany", y fue formalmente invitado a unirse al contingente francés invasor que partía desde las costas del Norte de Francia. Desgraciadamente, una terrible tormenta destruyó el contingente naval y puso término a los planes del monarca francés de invadir Inglaterra. Pese a todo, Francia declaró oficialmente la guerra a Gran-Bretaña, aunque desestimó retomar los planes de invasión...
Retrato del Príncipe Carlos Eduardo Stuart (1720-1788), Conde de Albany, y más conocido como "el Joven Pretendiente" o "Bonnie Prince Charlie". Para los Jacobitas sería Carlos III de Inglaterra...
Retrato de Lord George Murray (1700-1760), General Jacobita al servicio de la causa de los Estuardos exiliados y principal dirigente de las tropas Jacobitas en la última campaña...
Muy a pesar de las contrariedades sufridas por el Joven Pretendiente, también conocido como "Conde de Albany" o Bonnie Prince Charlie, como el fracaso de la invasión francesa a causa de una climatología adversa, recibió un mensaje de un pequeño número de Highlanders que le invitaban a desembarcar en Escocia para "reconquistar", en nombre de su padre, la corona británica. El príncipe Carlos empeñó entonces las joyas de su madre para reunir fondos e hizo los preparativos con la colaboración (y donaciones) de un consorcio de particulares. Desembarcó en la Isla de Eriskay, no lejos de las costas escocesas en julio de 1745, rodeado de 700 voluntarios de las Brigadas Irlandesas repartidos en dos barcos, y con armamento. Su llegada fue acogida con inicial tibieza por parte de los clanes escoceses, hasta que se hizo con Perth y Edimburgo, sin encontrar resistencia. El pequeño destacamento militar inglés de Sir John Cope, en Escocia, se vió sorprendido y atacado en Prestonpans, dando esperanzas y más entusiasmo a los escoceses tras esas victorias tan fáciles. Instalado con su corte en Holyrood Palace, en Edimburgo, el príncipe Carlos planeó avanzar hacia Londres junto con Lord George Murray y sus hombres. Murray llevó a cabo y de manera exitosa las maniobras pertinentes para llegar hasta Derby el 4 de diciembre, ciudad que se encontraba tan solo a 200 km de Londres. Semejante noticia hizo que cundiera el pánico en la capital británica.
El 16 de abril de 1746, se libró la última batalla entre los rebeldes escoceses del General Lord George Murray y el Ejército Británico a las órdenes del Duque de Cumberland, en Culloden Moor. La victoria Británica supuso el fin del sueño de los Jacobitas y del Joven Pretendiente de recuperar el trono de sus padres usurpado por Jorge II de Hannover...
Animado por ese nuevo triunfo, el príncipe Carlos confiaba en que llegarían refuerzos navales franceses (desde Dunkerque) para asegurar el éxito de la empresa, pero chocó con la prudencia y los temores de su consejo de guerra, que preferían retirarse a Escocia y mantener desde allí una resistencia armada ante una previsible contra-ofensiva del rey Jorge II, sin duda más poderosa que el ejército de voluntarios escoceses e irlandeses. Desoyendo los consejos, seguro de si mismo y de su triunfo, el príncipe Carlos exigió seguir adelante y marchar sobre Londres. El ejército británico, mandado por el Duque de Cumberland, uno de los hijos de Jorge II, frenó al Joven Pretendiente y lo derrotó en la batalla de Culloden, el 16 de abril de 1746. Carlos tuvo que huír hacia las Highlands, esconderse y disfrazarse de "criada" de Flora MacDonald para conseguir escapar a bordo de un navío francés que lo devolvió sano y salvo a Francia.
El Príncipe Guillermo-Augusto de Hannover, Duque de Cumberland (1721-1765); hijo menor del rey Jorge II de Gran-Bretaña, enteramente dedicado a la vida militar y al servicio de la tambaleante corona de su progenitor, su victoria sobre los Jacobitas en Culloden le valió el apodo de "el Carnicero de Culloden"...
En cuanto al Duque de Cumberland, apodado "el Carnicero", éste se encargó de aplastar la rebelión y perseguir a los que habían escapado de Culloden, eliminando de manera efectiva el Jacobitismo que, hasta entonces, había sido el más serio problema político en Gran-Bretaña.
El fin del movimiento Jacobita
A partir del fracaso de la rebelión Jacobita de 1745, el movimiento Jacobita entró en una fase inactiva que significó, en cierto modo, su muerte. Si bien los Franceses consiguieron rescatar al príncipe Carlos de las garras de sus enemigos a orillas de Escocia, y darle un recibimiento triunfal en Francia como si de un héroe se tratase, el sueño se esfumó prontamente... Después de las victorias francesas en los Países-Bajos, dejando a Holanda fuera de combate en el conflicto, Inglaterra ofreció a Francia una paz en términos razonables, pero exigió la expulsión inmediata del Joven Pretendiente del país Galo como principal condición para que se llevasen a cabo las negociaciones de paz. El príncipe Estuardo ignoró ostentosamente la orden de expulsión (la corte le invitó a regresar a Roma sin más dilación) y siguió pidiendo más apoyo militar para sus proyectos y su extravagante tren de vida, y participando de lleno en todos los acontecimientos sociales de París. Las quejas del embajador inglés, sumadas a la exasperación del Gobierno Francés, acabaron por provocar su arresto a la salida del teatro de la Opera, su confinamiento y, finalmente, su expulsión fuera del país bajo una fuerte escolta militar (diciembre de 1748). Semejante acto fue muy mal acogido por los parisinos, y duramente recriminado a Luis XV.
Consecuencias
Tras la derrota de Culloden Moor (1746), la causa Jacobita dejó de interesar a las potencias europeas enemistadas con Gran-Bretaña. Expulsado de Francia en 1748, el Joven Pretendiente quiso atraer la atención del rey Federico II de Prusia, y obtener su apoyo para llevar a cabo su particular "cruzada". Pero el monarca prusiano le reservó una gélida acogida y mostró su total indiferencia por la suerte de los Estuardo exiliados. Ni siquiera el complot capitaneado por Andrew Murray Elibank obtuvo eco alguno, aunque el príncipe hizo el sacrificio de convertirse al anglicanismo con tal de contentar a sus partidarios ingleses. Las delaciones, las trahiciones y los proyectos abortados acabaron por minar las esperanzas del Joven Pretendiente, cuya conducta se volvió más violenta y brusca a medida que los fracasos se acumulaban. Cansados, los Jacobitas ingleses dejaron de enviarle fondos en 1760, y Carlos volvió a abrazar el catolicismo para regresar a Roma donde el Papa sufragaba sus gastos y su lujoso tren de vida...
En 1766, el Viejo Pretendiente, Jacobo Francisco Eduardo falleció. En 1788, fue el Joven Pretendiente quien desapareció: se había convertido en un alcohólico, a menudo violento, pero sobretodo en un personaje amargado y abandonado por su sufrida esposa, la princesa Louise von Stolberg-Gedern. Antes de morir, reconoció a una hija nacida de su relación con una joven inglesa católica, la princesa Charlotte Stuart, reconocida como "Duquesa de Albany" (y cuya descendencia sigue reivindicando sus derechos al trono británico).
El hermano del Joven Pretendiente, Enrique Stuart, Duque de York, había abrazado la carrera clerical al tener vocación religiosa; el papa en persona le ordenó sacerdote y lo convirtió en cardenal, lo que influyó mucho en el distanciamiento de los hermanos. Conocido como el "Cardenal de York", asumió la jefatura de su casa y las pretensiones al trono británico, siendo llamado Enrique IX (1788). Cuando estalló la Revolución Francesa, el Cardenal pasaba por apuros económicos y el propio rey Jorge III de Gran-Bretaña le asignó una pensión para que pudiera seguir viviendo dignamente. Fallecería en 1807, obviamente sin descendencia...
La sucesión Estuardiana, al menos en lo que se refiere a las pretensiones esgrimibles, recayó inicialmente en la Casa de Saboya y, de ésta, a la Casa Real de Baviera por filiación femenina.
En Gran-Bretaña, el Gobierno, con tal de prevenir futuros problemas en Escocia, asestó un golpe mortal contra el sistema de los clanes guerreros de las Highlands. Mediante la Ley de Proscritos, que incluía una ley de desarme y sobre el atuendo, se confiscaron todo tipo de armas (blancas y de fuego) y se prohibió llevar el típico atuendo escocés, tanto tartanes como kilts, e incluso se intentó prohibir el uso de la lengua gaélica. Cualquier infracción a esas prohibiciones suponían la cárcel y la acusación de "alta trahición" (por sedición o simpatía Jacobita). Obviamente, la ley se volvía más flexible con los clanes que habían mostrado, desde el principio, lealtad a la dinastía de Hannover y habían combatido a los Jacobitas (como los Campbell de Argyll).
Jorge IV, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Rey de Hannover (1762-1830), retratado con el kilt escocés por el pintor Wilkes en 1829...
Habría que esperar el reinado de Jorge IV de Gran-Bretaña, para que el Jacobitismo, convertido en reliquia del pasado, recuperase ese prestigio a través de autores románticos, gracias a las obras de Robert Burns y de Walter Scott. La contribución de Jorge IV a ese renacer se produjo notablemente en 1822, en el curso de su primera visita a Escocia y cuando visitó Edimburgo enfundado en un kilt típicamente escocés. Resucitó así la costumbre de los tartanes y de los kilts que, volviendo a ser tremendamente populares, regresaron al rango de atuendo nacional de Escocia.

La pintura de Carlos-Eduardo-Estuardo,-Conde-de-Albany me recuerda muchísimo al niño gay de Aída. Sé que es frívolo, nene, pero es así.
Por cierto, Walter Scott, qué gran hombre, si no llega a ser por él no habríamos visto a Errol Flynn, el GRAN Flynn, en mallas, saltando por los techos en Ivanhoe.
jajaja... y si Errol Flynn no hubiese aceptado el papel?
Lo del niño-intelectual-plumero de la serie AÍDA, pues... no había caído hasta ahora, ¿estás segura que se le parece mucho? Sigo en mis dudas...
Un abrazo Mari!