El "Jacobitismo" fue el movimiento político dedicado a la restauración de los reyes de la dinastía Stuart (o Stewart, o Estuardo en castellano) en los tronos de Inglaterra y de Escocia (ambas coronas reunidas en el denominado Reino-Unido de Gran-Bretaña, en 1707). El movimiento tomó su nombre del latín Jacobus , del nombre del rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, y fue la respuesta a la deposición de este mismo monarca durante la Glorious Revolution (la Revolución Gloriosa) de 1688, y que supuso su sustitución en el trono por su hija mayor María II (de Fe anglicana), conjuntamente con su esposo el Príncipe Guillermo III de Orange, estatuder de Holanda, ambos protestantes. Exiliados, los últimos Stuarts vivieron en el continente Europeo (en Francia y en Italia) y, ocasionalmente, obtuvieron el respaldo moral, político y militar de Francia, Roma y España para recuperar su trono. El origen del movimiento tuvo lugar en las Islas Británicas, sobretodo en Irlanda y en Escocia, especialmente en las Highlands (tierras altas de Escocia), y con algún que otro apoyo de ingleses y galeses, particularmente en Cumbria (Norte de Inglaterra). Los monárquicos o realistas apoyaban entonces el movimiento Jacobita porque creían que el Parlamento no tenía autoridad para interferir en la sucesión real, y muchos católicos británicos fueron partícipes de ese movimiento para restaurar también la predominancia de su Fe en un reino generalmente anglicano o presbiteriano que negaba cualquier sumisión a la autoridad del papa de Roma desde el siglo XVI (con Enrique VIII de Inglaterra); en cuanto al pueblo, se vió envuelto en diversas campañas militares por diferentes motivos. En Escocia, el Jacobitismo tuvo una buena acogida entre los clanes de las Highlands.

El emblema de los Jacobitas fue la "Rosa Blanca de York", que tiene su fecha de celebración el 10 de junio, aniversario del nacimiento en 1688 de Jacobo Francisco Eduardo Stuart "el Viejo Pretendiente" (1688-1766), Príncipe de Gales y Duque de Albany (hijo del destronado rey Jacobo II), que fue privado de sus derechos al trono británico por el Parlamento de Londres.

Trasfondo Político

En la segunda mitad del siglo XVII, las Islas Británicas pasaban por una época de inestabilidad política y religiosa. La protestante Commonwealth republicana de Cromwell terminó con la restauración del rey Carlos II Stuart, quien quiso imponer la Iglesia Anglicana Episcopaliana en Escocia provocando rebeliones (Covenanters y Cameronians), duramente reprimidas cuando hubo un serio conato de contraataque por parte de los Presbiterianos.

Jacobo II Stuart (1633-1701), Duque de York y luego Rey de Inglaterra, de Escocia e Irlanda de 1685 a 1688.

Muerto en 1685, Carlos II fue sucedido por su hermano el hasta entonces Duque de York, que para colmo de males era abiertamente católico: Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, y que era, en cierto modo, una prolongación de ese desdén familiar por la democracia, provocando la férrea oposición del Parlamento a que ciñera la corona (ya en vida de su hermano Carlos II). Su lema describía perfectamente sus ideas: "A Deo Rex, A Rege Lex" (el Rey procede de Dios, la Ley procede del Rey).

Richard Talbot, 1er Conde de Tyrconnell (1630-1691) y Virrey de Irlanda.

En Irlanda, el nuevo rey nombró al primer virrey católico desde los tiempos de la Reforma, Richard Talbot, 1er Conde de Tyrconnell, y procuró reducir el ascendente protestante en el seno de la administración y la vida parlamentaria irlandesa, además de hacerse con los puntos claves con destacamentos militares leales a la causa absolutista por toda la geografía insular.

Retrato de María II Stuart (1662-1694), Princesa de Orange y luego Reina de Inglaterra, de Escocia e Irlanda a partir de 1689, como sucesora de su padre Jacobo II.

En Inglaterra y en Escocia, Jacobo II intentó imponer la tolerancia religiosa, mediante la colaboración de la minoría católica pero provocando a la mayoría protestante. Su yerno, el Príncipe Guillermo III de Orange, que andaba forjando alianzas contra Francia, atrajo entorno a su persona a los miembros del partido Whigh, que le eran afines y que respaldaban el proyecto de entregar la corona británica a la princesa María (hija mayor de Jacobo II), que representaba la línea Stuart anglicana. La oposición parlamentaria llegó a su punto álgido cuando Jacobo II, viudo de su anterior matrimonio y nuevamente casado con una princesa italiana y católica (Mª Beatriz de Este-Módena), tuvo a su primer hijo varón en junio de 1688, inmediatamente reconocido como Príncipe de Gales. Fue entonces cuando los enemigos del rey ofrecieron sin más dilación, a Guillermo III de Orange y a María, la oportunidad de deponer a Jacobo II. El desembarco del Príncipe de Orange se produjo en noviembre y, ante semejante noticia, alarmado y viéndose abandonado por todos, el rey Jacobo II huyó de Londres para refugiarse en Francia con su pequeña familia, escoltado por el Duque de Lauzun (enviado del rey Luis XIV a Londres). En febrero de 1689, la Gloriosa Revolución cambió formalmente el monarca británico, pero algunos católicos, episcopalianos y tories, marcadamente realistas, convencieron al Parlamento de que no tenía el derecho de definir la sucesión de la Corona Británica, y seguían apoyando abiertamente al rey Jacobo II.

Escultura policromada representando a Guillermo III de Nassau, Príncipe de Orange y Estatúder de Holanda (1650-1702), proclamado Rey de Inglaterra, de Escocia e Irlanda junto con su esposa la reina María II, tras triunfar la Gloriosa Revolución que derrocó a su suegro...

Escocia aceptó con cierta lentitud y precaución a Guillermo III de Orange, quien convocó una Convención de los Estados el 14 de marzo de 1689 en Edimburgo, considerando conciliadora la carta tranquilizadora del esposo de María II. Las fuerzas Cameronianas, junto con el Clan Campbell de las Highlands, liderados por el Conde de Argyll, se erigieron en el más firme apoyo en Escocia de Guillermo III. Por otro lado, la caballería escocesa, liderada por John Graham of Claverhouse, Vizconde Dundee, que inicialmente seguía siendo leal a Jacobo II, acabó por pasar al bando de Guillermo III ante la evidencia de quién era el hombre fuerte del momento. La convención llegó finalmente a la determinación de reconocer a Guillermo III de Orange y a María II Stuart, proclamándoles nuevos soberanos en Edimburgo (11 de abril de 1689), celebrándose su doble coronación en Londres en el mes de mayo siguiente.

Religión, Políticos y Aventureros

Retrato de Sir Mungo Murray (1668-1700), caballero escocés del Clan Murray enfundado en su típico atuendo, según J.M. Wright.

En consecuencia, el movimiento Jacobita se vió limitado al entorno de los católicos romanos, mayormente representados en Irlanda, mientras que los católicos británicos permanecían siendo una minoría. Los católicos formaban entonces el 75 % de la población irlandesa, cuando en Inglaterra rondaban el 1 % y en Escocia tan solo el 2 %. Por ello no es de extrañar que el apoyo irlandés a Jacobo II fuera mayoritariamente católico cuando éste se refugió en Francia y el país galo se enfrentaba a la Liga de Augsburgo. La guerra en Irlanda fue predominantemente católica-nacionalista hasta su derrota en 1691, punto de inflexión que trasladó el apoyo Jacobita (las Brigadas Irlandesas) a Francia y se hiciera presente en las filas del Ejército Francés. En Inglaterra, los católicos procedían sobretodo de la "gentry" (pequeña nobleza e hidalguía de provincias), y formaron una especie de comité de apoyo ideológico durante dos centurias, siendo una minoría habitualmente perseguida por el Estado y que se unió con entusiasmo a los ejércitos Jacobitas, además de contribuir económicamente al mantenimiento financiero de la corte de los Stuarts en el exilio (entonces instalada en Saint-Germain-en-Laye, Francia). Algunos escoceses de las Highlands, como los MacDonalds de Clanranald, permanecieron en el seno del catolicismo, pero forman parte de esa escasa lista de excepciones.

Hay que sumar a esa corriente contraria a la soberanía de Guillermo III y de María II, el firme apoyo de los Anglicanos británicos que se negaron a jurar a los nuevos monarcas, y que procedían en gran parte de ese clero de la Iglesia de Inglaterra que rechazaba, en principio, reconocer a los reyes mientras siguiera vivo Jacobo II, desarrollando además un cisma episcopaliano en la Iglesia mediante pequeñas congregaciones localizadas en las ciudades inglesas.

John Campbell, 2º Duque de Argyll (1678-1743), retratado por William Aikman.

Por otro lado habría que citar a los episcopalianos escoceses que proporcionaron más de la mitad de las fuerzas Jacobitas, y que procedían de las tierras bajas (Lowlands). Aunque protestantes, fueron igualmente discriminados en el ámbito político de Escocia y reducidos a ser una minoría apartada de la recién establecida y favorecida Iglesia de Escocia. Otros episcopalianos prefirieron adoptar el papel de la pasividad ante la ola de Jacobitismo y acomodarse del nuevo régimen establecido por la Gloriosa Revolución. Otro sector de los episcopalianos que respaldaban el movimiento Jacobita, y procedente de las Lowlands, fueron igualmente ignorados por su marcada tendencia a llevar el traje típico de las Highlands, considerado como uniforme Jacobita y como una clara muestra de simpatía hacia los Stuarts exiliados. El conflicto entre los clanes de las Highlands fue tanto en el plano político como religioso, y se convirtió en un factor determinante de la resistencia popular ante las ambiciones del poderoso Clan Campbell de Argyll, de confesión presbiteriana.


Retrato de Lord George Keith, 10º Conde Mariscal de Escocia (1693-1778), y de su hermano el Honorable James Keith (1696-1757) -abajo-, que lucharon en el bando Jacobita y, vencidos, tuvieron que exiliarse, poniéndose al servicio de Prusia donde se labraron brillantes carreras. El primero, aunque mariscal, fue diplomático en diversas cortes europeas incluyendo la de Londres, y el segundo acabó como mariscal prusiano e íntimo del rey Federico II...

Otra fuente de apoyo al movimiento Jacobita procede sin duda de ese segmento social políticamente desatendido. Algunos relevantes Whighs, entre ellos el Conde de Mar, reaccionó contra las directrices políticas procedentes de Londres uniéndose a los Jacobitas. Otros escoceses patriotas como Lord George Keith, 10º Conde Mariscal (1693-1778) y Lord Sinclair, se unieron y apoyaron a los Jacobitas después de 1707, en la esperanza de liberar Escocia del yugo británico. En cuanto a los Tories, éstos se mostraron como los mejores defensores del movimiento Jacobita en el escenario político londinense, aunque algunos de ellos se mostraran reacios a convertirse en los defensores de un rey católico. Ya en la época de 1715-1722, cuando la dinastía Hanoveriana pareció desmantelar el predominio Anglicano y, en 1743-1745 los Whighs vencieron en el Parlamento a los Tories entonces en el poder, éstos se volvieron hacia los Jacobitas, aunque jamás emprendieron acciones serias. A partir de ese momento, ningún Tory volvió a respaldarles ni a defenderles seriamente, más cuando éstos obtenían alguna que otra intervención extranjera que se inmiscuía en los asuntos británicos.

En cuanto a otros Jacobitas reclutados, se pueden tachar de personajes aventureros, mayormente compuestos por gente desesperada y movidos por problemas financieros que pretendían solucionar. Así podríamos citar a varios personajes sin empleo que intentaban excitar a esa pequeña nobleza empobrecida, como William Boyd, 4º Conde de Kilmarnock, que serviría al Príncipe Carlos como coronel y se convertiría en general tras la batalla de Falkirk, contribuyendo de manera significativa en las exitosas campañas militares de los Jacobitas. En otros casos, se trataba tan solo de mercenarios que se convertían en espías e informadores por cuenta ajena.

Ideología y Política Jacobita

Desde los senderos de la religiosidad, la ideología Jacobita pasó a ser una forma de pensar entre las familias de la nobleza, de la hidalguía y burguesía provinciana que tenían en sus casas retratos de la exiliada familia real, de caballeros y de mártires de la causa Jacobita, hasta llegar a fomentar cenáculos de franco-masones. Aún hoy día, algunos clanes de las Highlands y regimientos suelen proceder a una curiosa ceremonia cuando, en el momento del brindis, pasan sus copas por encima de un vaso de agua y lo dedican "al rey que está más allá de las aguas" (es el brindis de los leales a los Estuardo). Se desarrollaron incluso comunidades en otras áreas, dónde confraternizaban en establecimientos, locales o posadas Jacobitas, cantando canciones sediciosas, recolectando fondos para la causa y, en ocasiones, reclutando a nuevos miembros. El Gobierno intentó cerrar esos centros de reuniones subversivas, pero cuando un local era cerrado otro se abría casi de inmediato en otro lugar. En ellos, los simpatizantes de la causa vendían copas talladas y grabadas, broches y otros objetos decorados con símbolos Jacobitas, además de revestir los tan populares tartanes que fueron tan perseguidos por los primeros reyes de la Casa de Hannover, hasta el punto de hacerlos desaparecer. La actividad "criminal" del contrabando fue, además, asociada al Jacobitismo en toda Gran-Bretaña, porque algunos contrabandos beneficiaban a los Jacobitas exiliados en Francia.

Retrato oval del Rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia (1633-1701).

La política oficial de la corte en el exilio reflejó inicialmente la intransigencia del rey Jacobo II. Contando con el poderoso apoyo de Francia para defender su causa, éste se negó a reconciliarse con sus súbditos protestantes, hasta que en 1703 fue presionado por el propio Luis XIV para que intentara aplanar las diferencias, en la esperanza de obtener el alejamiento de Gran-Bretaña de la Gran Alianza, prometiendo esencialmente mantener el status quo. La política cambió prontamente de dirección con la promesa Jacobita de restaurar la independencia de Escocia, explotando así el ultraje que supuso para el orgullo escocés verse forzados a suscribir el Acta de Unión de 1707 (que unía Escocia a Inglaterra, y suprimía su parlamento de Edimburgo en favor del de Londres), acrecentando las filas Jacobitas por esos motivos, con gente directamente alienada y desposeída de sus bienes o libertades.

La Guerra Jacobita en Irlanda

Jacobo II y VII, y su virrey irlandés Richard Talbot, 1er Conde de Tyrconnell, se aseguraron de que Irlanda fuese un bastión de la causa católica, acción que culminaría con el asedio de Derry el 7 de diciembre de 1688. Sin embargo, cuando Jacobo II fue depuesto y tomó la decisión de refugiarse en las costas francesas, obtuvo el inmediato apoyo de su primo el rey Luis XIV, regresando a Irlanda con las fuerzas renovadas y dispuesto a enfrentarse a su yerno Guillermo III de Orange el 12 de marzo de 1689. Tomó Dublin y acudió al asedio de Londonderry, consiguiendo reavivar el apoyo irlandés a la causa católica-nacionalista que se tradujo en una oposición frontal irlandesa a los intentos del Parlamento de Londres de imponer sus leyes. Pero después de agosto de 1689, el ejército británico reanudó su ofensiva contra Londonderry, echando a las fuerzas Jacobitas del Ulster. En julio del año siguiente, el ejército de Guillermo III (36.000 hombres) triunfó definitivamente en la batalla del Boyne -1 de Julio de 1690-, provocando la desbandada de las fuerzas Jacobitas (25.000 soldados) y el regreso del rey Jacobo II a Francia, rodeado de lo que quedaba de su ejército (posteriormente conocido como "Brigada Irlandesa" e integrado en los ejércitos del rey de Francia).

Retrato ecuestre del Príncipe Guillermo III de Orange (1650-1702), según Jan Wyck, c.1688.

Bonnie Dundee

El 16 de abril de 1689, un mes poco después de que se celebrase la Convención de Edimburgo, y cinco días después de que proclamase como nuevos soberanos a Guillermo III y María II, el Vizconde Dundee, apodado "Bonnie Dundee" por sus partidarios, levantó ostentosamente el estandarte del rey Jacobo II sobre sus tierras y al frente de 50 hombres. Inicialmente tuvo dificultades para reclutar más hombres y conseguir apoyos, pero después contó con una tropa de 200 irlandeses en Kintyre, y el apoyo de los clanes de las Highlands católicos y episcopalianos que se unieron a la causa.

Retrato en miniatura de John Graham of Claverhouse, Vizconde Dundee (1648-1689), apodado "Bonnie Dundee".

Sin embargo, la victoria Jacobita de los Highlanders en la batalla de Killiecrankie (27 de julio de 1689), se vió mermada por la muerte de "Bonnie Dundee" (que cayó bajo las balas) y la pérdida de 2.000 hombres. Una serie de expediciones militares del Gobierno supuso la derrota y el fin de los Jacobitas en mayo de 1690, agravada con las noticias que llegaron de la derrota de Jacobo II en el Boyne. Un año más tarde, los Jacobitas se vieron obligados a solicitar a los jefes de los clanes que pidieran permiso a Jacobo II para someterse a Guillermo III, y en enero de 1692, los clanes Jacobitas rindieron formalmente las armas ante el Gobierno de Londres. Obviamente, el rey Guillermo III estaba más interesado en llevar a cabo de forma exitosa su guerra contra Francia, como miembro firmante de la Gran Alianza (Liga de Augsburgo), por lo que no prestó gran atención al asunto escocés, intentando sobornar o coaccionar a los jefes de los clanes para que dejasen las armas y juraran lealtad. La lentitud con que respondió uno de los jefes del Clan MacDonald desembocó en la Masacre de Glencoe, el 13 de febrero de 1692.