UNA AMANTE REAL: LA DUQUESA DE KENDAL
el 7 abr En: Biografías Reyes de Gran-Bretaña Apuntes - 10 comentarios
Ehrengard Melusine von der Schulenburg, Duquesa de Kendal y de Munster, 1667-1743.

Retrato juvenil de Ehrengard Melusine von der Schulenburg (1667-1743), amante oficial del que fuera rey Jorge I de Gran-Bretaña, Elector de Hannover, y futura Duquesa de Kendal y de Munster, alias "Palo de Mayo"...
Ehrengard Melusine von der Schulenburg nació el 25 de diciembre de 1667 en la localidad alemana de Emden. Su segundo nombre de pila fue probablemente tomado de la legendaria Melusina, protectora de los linajes nobles europeos.
Introducida en la corte del elector de Hannover, fue nombrada dama de honor de la princesa-electriz Sofía y, no se aclara si antes o después de 1686, convertida en la amante del hijo de ésta, el príncipe-elector Jorge-Luis, del cual tuvo tres hijas ilegítimas convenientemente casadas:
-Anne-Luise Sophie von der Schulenburg, Condesa de Dölitz (1692-1773), quien casaría con Ernst-August Philipp von dem Bussche zu Ippenburg.
-Melusina von der Schulenburg, Condesa de Walsingham (1693-1778), que contraería matrimonio con Philip Dormer Stanhope, 4º Conde de Chesterfield.
-Margaret Gertrude von der Schulenburg, Condesa von Oeynhausen (1701-1726), unida a Albrecht Wolfgang, Conde von und zu Schaumburg-Lippe.
Figura reproduciendo al rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda, Elector de Hannover (1660-1727), realizado por George S. Stuart.
Jorge-Luis sucedió a su padre y predecesor en 1698, en calidad de Príncipe-Elector de Hannover, asumiendo también el papel de candidato al trono de Gran-Bretaña como sucesor de su prima la reina Ana I, privada de descendencia directa.
En 1714, el Parlamento Británico, al fallecer la reina Ana I, última soberana de la dinastía Estuardo (Stuart o Stewart), le llamó para que ciñese la corona inglesa convirtiéndose en el rey Jorge I de Gran-Bretaña y de Irlanda.
Jorge I embarcó para las costas inglesas llevándose consigo a Ehrengard Melusine von der Schulenburg y, el 18 de julio de 1716, ésta fue creada duquesa de Munster, marquesa y condesa de Dungannon, y baronesa Dundalk con paridad irlandesa. Menos de un año después, el 19 de marzo de 1719, Melusine fue agraciada con nuevos títulos, esta vez dentro de la paridad inglesa: duquesa de Kendal, condesa de Feversham y baronesa Glastonbury.
Blasonamiento de las armas de Ehrengard Melusine von der Schulenburg, Duquesa de Kendal y de Munster...
Como insigne favor, y en nombre de una alianza anglo-imperial, el emperador Carlos VI de Austria concedería a la duquesa de Kendal y de Munster el título imperial de Princesa von Eberstein (Reichsfürstin von Eberstein), en 1723. Se cree que con dicha concesión imperial, el gesto confirma que Melusine casó secretamente con el rey Jorge I durante esa época.
Convertida en la mujer más poderosa de Gran-Bretaña y del Electorado de Hannover, Sir Robert Walpole dijo de ella que "era mucho más reina de Inglaterra que cualquiera de las que hubo antes..." .Y es que, a imagen y semejanza del contemporáneo y rival rey Luis XIV de Francia, casado morganáticamente con la marquesa de Maintenon, Jorge I de Gran-Bretaña había convertido a Melusine en su cónyuge entre bastidores pero también en la primera dama de su reino sin tener oficialmente el título.
La duquesa de Kendal hacía oficio de intérprete entre Jorge I y sus ministros británicos, ya que el rey nunca hizo el esfuerzo de aprender el inglés y siempre se expresó en su lengua materna estuviese en su feudo hannoveriano o en Londres. Semejante papel le daba, obviamente, mucho poder para hacer el bien o el mal, e intervenir en cualquier asunto de Estado.
Cuando Jorge I pasaba la temporada en Londres, la duquesa de Kendal residía en su propia casa, Kendal House, en Isleworth, Middlesex.
Figura reproduciendo a Ehrengard Melusine von der Schulenburg, Duquesa de Kendal y de Munster, y Princesa von Eberstein (1667-1743), en su madurez, con su legendaria delgadez... Obra del artista californiano George S. Stuart.
En su madurez, la duquesa de Kendal era conocida por su extrema delgadez y su figura esvelta, casi esperpéntica, nada agraciada según los cánones de entonces, aunque en la actualidad sería la envidia de ciertas damas de la alta sociedad. De hecho, en Hannover se la conocía popularmente como "la Espantapájaros" (en inglés "Scarecrow"), y en Londres como "the Maypole" (el Palo de Mayo o la Cucaña).
Es por ello que a Jorge I se le atribuía entonces ese peculiar gusto por las mujeres feas, ya que su también otra supuesta amante, la Condesa de Darlington, otra dama alemana nacida Charlotte-Sophia von Platen, Baronesa consorte von Kielmansegg (1675-1725), era más que oronda: una obesa de proporciones monstruosas, que se asemejaba a un barril de cerveza. En la corte inglesa se la conocía como "la Elefanta".
Charlotte-Sophia von Platen-Hallermund (1675-1725), Baronesa von Kielmansegg, Condesa de Darlington y de Leinster, y medio-hermana del rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda. Figura obra de George S. Stuart.
Pero lo cierto, respecto a la condesa de Darlington y de Leinster, es que ésta fue sin duda alguna su medio-hermana, una bastarda de su padre, el elector Ernesto-Augusto de Hannover, habida con la baronesa Clara-Elisabeth von Platen und Hallermund. Desde 1701, estaba casada con el barón Johann Adolf von Kielmansegg (1668-1717), Caballerizo Mayor del rey Jorge I, y madre de una hija que casaría con el 2º Vizconde Howe.
Mejor que su oponente la duquesa de Kendal, la condesa de Darlington se aclimató maravillosamente al ambiente cortesano de Londres, y recogía muchas más simpatías que Melusine entre los británicos que, erróneamente, asumían que era la otra amante del rey Jorge I.
Cuando Jorge I falleció en 1727, la duquesa de Kendal se retiró del escenario público sin ser molestada, falleciendo tranquilamente en 1743, a la edad de 76 años. A su muerte, sus numerosos títulos revirtieron a la Corona Británica, ya que se trataban de títulos vitalicios y no hereditarios.

Siempre me sorprenderá la hipocresía de la época y hasta qué punto los que se consideraban más elevados llegaban a demostrar su mediocridad (tomando como referencia para juzgarlos sus propias ideas y valores que supuestamente los hacían superiores) mezclándose en asuntos con los que según su propia posición debían evitar.
Francamente, se ve que pocos llegaron realmente a comportarse adecuadamente con el rango y los derechos que respaldaban su posición.
Se ve que públicamente un adulterio o una relación oculta era algo criticable, sin embargo, cuando estaba por el medio un monarca o una persona influyente cuánto cambiaban las cosas. En cambio a la Duquesa de Kendal la hicieron Princesa nada menos, y no por influencia sobre Jorge I, sino por mano del Emperador de Austria, el cual metió la mano en una relación oculta mantenida por un monarca y una amante, encumbrándola a ella hasta semejante nivel.
Tus artículos jamás dejarán de sorprenderme y despertar mi interés Arnau. Por descontado decir que genial, como siempre.
Bueno, si hemos de hablar de moralidad... francamente, en los siglos XVII y XVIII eran mucho más tolerantes en la cuestión de las infidelidades que lo estamos siendo nosotros con ellas. Aún tenemos pegada a la piel la dichosa y decimonónica moralidad "victoriana", en la que los devaneos amorosos eran tabú y acaso rozaba lo criminal... No hemos de extrañarnos pues, de que existiese un Jack el Destripador y que proliferase aquella pandemia conocida como la sífilis por todas las capas sociales. La represión sexual siempre trae amargas facturas, sobretodo de corte psicológico.
Habrá gente que no estará de acuerdo con mi opinión, pero en cualquier caso yo estoy convencido de que en el siglo XVIII no se andaban con tantas tonterías para echar un polvo entre dos salones, y bien que hacían! Los reyes nunca se casaban por amor: siempre por conveniencias políticas. Si a ti te casan con un petardo de mujer,... por mucho abolengo que tenga, francamente, seguro que echarías más de una canita al aire!!!
Mis más cordiales saludos.
No me refería tanto al hecho de las infidelidades en sí como a la actitud de los protagonistas de las elites sociales hacia ellas. El adulterio, a pesar de que entre la aristocracia y en las cortes fuese algo cotidiano y que no sorprendía a nadie, era algo considerado "criticable", aunque fuese de una forma mínima, ¿No? En este caso, el de la Princesa de Kendal, ella, siendo de amante, recibió el gran honor (me supongo que era tal) de convertirse en Princesa por voluntad del Emperador de Austria.
A esto me refiero: por ser amante y estar próxima al Rey Jorge I, por ser su amante, la convierten en Princesa. ¿Realmente hizo la Duquesa de Kendal méritos para llegar a ese rango? Salvo que el Emperador la tuviese como agente dentro de la corte del Rey de Gran Bretaña para que sus intereses fuesen favorecidos, la verdad es que el caso me parece algo chocante. Una amante convertida en Princesa nada menos.
Siempre he visto casos como el de Jeanne Antoinette Poisson, la cual era burguesa y que pasó a la historia con el rimbombante título de Marquesa de Pompadour, o Jeanne Becú, La Condesa du Barry, que venía de los burdeles de París; ambas recibieron sus títulos y cartas de nobleza por mano de su amante, Louis XV, y su único "mérito" fue el de meterse en su cama. A esto me refiero cuando digo que los protagonistas de la historia, con sus cargos, su "nobleza" y su "superioridad" dejan clara su mediocridad usando sus potestades para ensalzar a aquellos que no se lo merecen. Digo yo que por muy buena que sea un o una amante sus méritos nunca llegarán a merecer un título aristocrático, con todo lo que representaba y ensalzaba tal cosa en la época a la que nos referimos.
En cuanto a las cuestiones de la infidelidad... bueno, personalmente lo veo algo lógico, natural y para nada criticable, aunque quizá tenga prejuicios implícitos, dado que siempre he sentido simpatía y pena por aquellos personajes a los que les fueron infieles o abandonaron, y cierto asco por aquellos que fueron adúlteros y maltrataron a sus cónyuges legales. Aunque hay casos y casos.En cualquier caso la infidelidad es parte de la vida, y a quien le toca le toca.
Y como se puede ver, algunas amantes tuvieron buena suerte y acabaron nombradas Princesas por los colegas de sus regios amantes.
¡Pero cómo me gustan esas figuras! ¡Son totales! ¿De dónde las has sacado? Y... sí, a Jorge le gustarían las mujeres feas, pero es que él era un rato horroroso.
Mari, las encontré gracias a una amiga y colaboradora hace años y que ahora se encuentran ubicadas en una nueva página web:
http://www.galleryhistorialfigures.com/
Te aconsejo que te des un paseillo por ella... hay modelos muy buenos!
Maravillosa
Me gustan porque no son sólo los trajes, es que las caras son muy, muy expresivas. La de Maria Antonieta en la Corte, con esa cara de soberbia, es lo más.
Vaya, me alegro que tu paso por la web de George Stuart te haya resultado tan grata visualmente... Y ahora caigo que ortografié mal el enlace !!! Menos mal que pudiste encontrarla pese a mi error. En cualquier caso, vuelvo a facilitarla correctamente:
http://www.galleryhistoricalfigures.com/
A ver si así los demás consiguen acceder sin problemas.
Un abrazo.
De hecho, el primer Jorge en tomarse la molestia de aprender la lengua de sus súbditos fue Jorge III, y llevaban casi 70 años en el trono inglés! Von der Schulenburg es un apellido que se llenó de honor en la Segunda Guerra Mundial, cuando dos condes von der Schulenburg, aunque no parientes ni siquiera cercano, el general Dietlof von der Schulenburg y el embajador von de Schulenburg participaron activamente en las conspiraciones contra Hilter. Fueron ambos ahorcados.
Saludos!
Estimado Theo, en el caso de la familia condal von der Schulenburg, podemos remontar hasta el ilustre general y conde del Sacro Santo Imperio Romano Germánico Johann Matthias von der Schulenburg (1661-1747), natural de Emden, no muy lejos de Magdeburg (Alemania). No solo fue un militar de gran talla al servicio de Austria, de Hungría, de la Casa de Saboya, de Sajonia y de Venecia; fue también un gran coleccionista de obras de arte y un notable mecenas.
Luchó codo con codo con el Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano y se ilustró en la batalla de Malplaquet. También estuvo al mando de las fuerzas venecianas durante la ocupación de Corfú por los Otomanos del sultán Ahmed III (1716); dicha victoria le valió una pensión anual de 5.000 ducados. Considerado un héroe, se retiró en Venecia, ocupando el Palazzo Loredan, sobre el Gran Canal, dedicándose a su gran afición: comprar obras de arte y atesorarlas, y haciendo de mecenas.
Un cordial saludo.