MARIA FEODOROVNA, GRAN DUQUESA Y ZARINA DE RUSIA, 1759 - 1828

El 25 de octubre de 1759 nació en la ciudad de Stettin, Pomerania, la Princesa Sofía María Dorotea Augusta Luisa de Württemberg, hija del Duque Federico II Eugenio de Württemberg-Montbéliard y de la Margravina Federica-Dorotea de Brandenburg-Schwedt, era la primogénita de ocho retoños, cinco chicos y tres chicas.

Retrato infantil de la Princesa Sofía María Dorotea Augusta Luisa de Württemberg (1759-1828), hija del Duque Federico II Eugenio de Württemberg y de la Duquesa Federica-Dorotea de Brandenburg-Schwedt.

En 1769, cuando contaba 10 años de edad, su familia se trasladó a la residencia ducal y ancestral de Mompelgard (aka Montbéliard, cerca de Basilea), anclada en el ducado soberano de Württemberg que a día de hoy forma parte de Alsacia. Mompelgard o Montbéliard había sido la sede de la rama menor de la Casa de Württemberg y centro cultural frecuentado por la élite intelectual y política alemana, acogida por sus padres en su corte. En verano, la familia se trasladaba a su residencia de Etupes.

Federico II Eugenio, Duque de Württemberg-Montbéliard (1732-1797), Duque soberano de Württemberg de 1795 a 1797, como sucesor de sus dos hermanos mayores...

La educación y formación académica e intelectual de la princesa Sofía fue superior a la media general para su época, debido sobretodo a la influencia de su padre; sus profesores potenciaron también su formación artística hasta niveles por encima de la media, que hicieron de ella una joven dotada de un gusto refinado y acertado.

A sus 16 primaveras, Sofía hablaba perfectamente el alemán, su lengua materna, así como el francés (obligatorio para una mujer de mundo y cosmopolita), el italiano (imprescindible para el bel canto) y el latín, lengua de los sabios y antiguos. A sus 17, Sofía se presentaba como una hermosa y alta princesa germana, de maneras gráciles y grandes prendas; se la definía de carácter fuerte, pero con buenas dosis de ternura, risueña pero algo cándida e ingénua.

Fanática de la moda y de las refinadas maneras francesas de su tiempo, que eran de buen tono entonces, la princesa permanecía, sin embargo, y en el fondo, fiel a esa natural sencillez propia de la burguesía germana.

La Nueva Novia de Pablo

Catalina II "la Grande", Emperatriz de Rusia (1729-1796); retrato oval según Virgilius Erichsen.

En 1773, cuando Catalina II "la Grande" buscaba novia en el frondoso vergel del Gotha germano para su heredero, el nombre de la princesa Sofía de Württemberg fue barajado entre otras muchas candidatas; pero no habiendo aún cumplido los 14, fue descartada triunfando la princesa Wilhelmina de Hessen-Darmstadt, considerada en edad de merecer y núbil para contraer matrimonio con el zarevich Pablo Petrovich.

Pocos años después, sus padres anunciaron su compromiso con el príncipe Luis de Hessen-Darmstadt, hermano de Wilhelmina y cuñado del zarevich Pablo de Rusia. Pero, cuando en 1776 Pablo enviudó de su esposa, Federico II de Prusia sugirió a Catalina II que eligiese a la princesa Sofía Dorotea de Württemberg como segunda consorte de su heredero, tachándola de "idónea" para semejante destino.

Se tuvo entonces que anular el compromiso con Luis de Hessen-Darmstadt, quien percibió una compensación monetaria a cambio de su renuncia. Sofía tenía en aquel momento 17 años y como candidata pareció gustar a la emperatriz, tras informarse ésta sobre sus cualidades y virtudes.

Federica-Dorotea de Brandenburg-Schwedt (1736-1798), Duquesa de Württemberg-Montbéliard, madre de Sofia-Dorotea...

La noticia de que la corte de San Petersburgo había elegido a la princesa Sofía no gustó demasiado a su madre, quien se lamentaba de la suerte de algunos de los soberanos rusos (aludiendo al asesinato de Pedro III, entre otros casos); pero Sofía replicó que lo único que le preocupaba era hacerse un hueco y adaptarse en su nueva patria de manera rápida y exitosa.

La Princesa Sofía Maria Dorotea de Württemberg (1759-1828), convertida en Maria Feodorovna, Gran Duquesa Hda. de Rusia; detalle de una copia de un retrato obra de Roslin, fechado en 1777.

El entusiasmo de la nueva novia conquistó enseguida a Catalina II, con quien compartía no solamente muchos aspectos en materia de educación y bagaje cultural, sino la coincidencia de que ambas nacieran en la ciudad de Stettin y compartieran el mismo nombre de pila, "Sofía".

Federico II de Prusia intervino personalmente en la formalización del noviazgo entre Sofía de Württemberg y del gran duque Pablo de Rusia. Sofía fue invitada a la corte de Berlín, donde también acudiría su futuro marido para conocerla personalmente.

Federico II "el Grande" (1712-1786), Rey de Prusia y Elector de Brandenburgo de 1740 a 1786; artífice de la unión entre el gran duque Pablo Petrovich de Rusia y la princesa Sofía-Dorotea de Württemberg...

El Palacio Real de Berlín o "Berliner Stadtschloss", sede de la corte y monarquía prusiana, en un grabado de 1702 y cuya construcción corrió a cargo del arquitecto Schulz, por orden del rey Federico I. El palacio fue escenario del encuentro entre Sofía Dorotea de Württemberg y su prometido el gran duque Pablo Petrovich.

El encuentro se celebraría en el curso de una cena de gala ofrecida por el rey de Prusia en honor de los novios, en el Palacio Real de Berlín. Sobradamente preparada y con ganas de agradar, Sofía se tomó la molestia en aprender al dedillo todos los gustos y aficiones del gran duque, hablándole sobretodo de geometría (para romper el hielo) nada más ser presentados por el monarca anfitrión.

El Gran Duque Pablo Petrovich de Rusia (1754-1801), retrato copia de un original de Roslin de 1777; cinco años antes de su segundo enlace, en 1771, Pablo había padecido de tifus y, al parecer, su carácter se había resentido gravemente de aquella enfermedad que, por norma, solía ser mortal...

Al día siguiente, Sofía escribiría una entusiasta carta a una amiga para manifestarle que estaba "locamente enamorada". Por su lado, el gran duque Pablo manifestó su agradable sorpresa, de sentirse feliz tras su encuentro con una joven princesa que parecía compartir sus mismas aficiones, cosa que sobrepasaba sus iniciales expectativas.

Pablo escribiría a su madre: "Es alta, bien proporcionada, inteligente, ingeniosa y nada tímida."

Sofía no estuvo menos impresionada: "Estoy más que contenta, escribió a su amiga, estoy entusiasmada."

Poco después, cayó real y profundamente enamorada de Pablo, hasta el punto de escribirle: "No puedo ir a la cama, mi querido y adorado Príncipe, sin decirle una vez más esto; os quiero y adoro con locura."

Tras oficializar el noviazgo, la princesa Sofía se trasladó a San Petersburgo en septiembre, convirtiéndose casi de inmediato a la fe ortodoxa rusa y tomando el nombre de pila de María Feodorovna, con los títulos de Gran Duquesa y Zarevina de Rusia. La ceremonia religiosa se celebró finalmente el 26 de septiembre de 1776.

La Gran Duquesa Maria Feodorovna de Rusia

Maria Feodorovna, Gran Duquesa de Rusia (1759-1828); retrato de Alexandre Roslin, 1777; Pavlovsk.

Pablo Petrovich era un hombre excesivamente irritable y de un carácter tan difícil y lunático que resultaba trabajoso para cualquiera tratarlo; sin embargo, Maria Feodorovna daba muestras de una completa satisfacción con su extraño marido. Cándidamente, escribió a una amiga: "Mi querido esposo es un perfecto angel, y me encanta distraerle"... Sus sentimientos hacia Pablo nunca cambiaron, a pesar de lo que ocurriría posteriormente en su vida matrimonial y de su tiránico carácter, amándole ciegamente sin reservas.

Catalina II, encantada desde el principio con su nueva y encantadora nuera, confiaría a un amigo cercano: "Os confieso que estoy prendada de la encantadora Princesa, pero literalmente prendada. Es precisamente lo que yo deseaba: una complexión de ninfa, un cutis de lírio y rosa, con la piel más perfecta del mundo, alta y bien formada; está repleta de virtudes; la dulzura, la ingenuidad y la inocencia se reflejan en su rostro..."

Pero a medida que fue pasando el tiempo, la relación entre suegra y nuera se tornó áspera. María, naturalmente, tomó el partido de su marido en ese comportamiento lleno de acritud y reproche existente contra la Emperatriz, y las buenas intenciones de la Gran Duquesa, en vez de dulcificar una situación ya de por sí tensa entre madre e hijo, no hizo otra cosa que agravarla.

Las primeras disensiones entre la Emperatriz y Maria Feodorovna tuvieron lugar tras el nacimiento, en diciembre de 1777, de su primer hijo varón el Gran Duque Alejandro Pavlovich -el futuro Zar Alejandro I-. Tres escasos meses después, el primer nieto de Catalina II fue apartado de sus padres para pasar a cargo de la Emperatriz en persona, quien deseaba educarlo y formarlo lejos de su inestable padre.

la Gran Duquesa Maria Feodorovna, Zarevina de Rusia (1759-1828), en un retrato de finales de la década de 1770, de Alexandre Roslin.

Cuando Maria Feodorovna parió al segundo hijo varón, en abril de 1779, el Gran Duque Constantino Pavlovich -que sería a la postre el vivo retrato de Pablo-, ocurrió lo mismo. Catalina II ordenó que el principe pasara a sus cuidados. Aquello causó un gran disgusto a la Gran Duquesa, el verse privada de sus derechos maternales, como la de criarlos y verlos crecer día a día; sus hijos eran literalmente "secuestrados" por la Emperatriz, uno tras otro, y tan solo se les permitía a Pablo y a María verlos una vez por semana.

Alejandro Pavlovich, Gran Duque de Rusia (1777-1825), primogénito de los grandes duques Pablo y Maria Feodorovna y primer nieto favorito de la emperatriz Catalina II, retratado en 1782.

En los cuatro años siguientes, la pareja se abstuvo de tener más hijos. Deprimida al verse privada de las delicias de la maternidad, con sus dos hijos a cargo de su suegra y viéndoles solo de tarde en tarde, Maria Feodorovna se distrajo decorando el Palacio de Pavlovsk, regalo de Catalina II a la pareja por haberles dado el primer nieto varón en 1777. Ocupada en las tareas de acondicionamiento y decoración, Maria Feodorovna convertiría Pavlovsk en una de las más elegantes y hermosas fincas del imperio.

La Personalidad de Maria Feodorovna

Maria Feodorovna no era una belleza extraordinaria pero era alta, de buen talle, encantadora, fresca, dicharachera, risueña y adaptable. Fanática de la pompa y ceremonia asociadas a la vida de la Corte Imperial, sus carruajes eran de los más "regios", lujosos y elegantes que jamás se habían visto hasta entonces. Su pronunciado gusto por el esplendor, el lujo y el boato se combinaba extrañamente con su pasión por las pequeñas intrigas cortesanas, los dires y diretes y los secretos susurrados de trasalcoba.

Maria Feodorovna, Gran Duquesa de Rusia (1759-1828), retratada en la década de 1780, con la gran cruz y la banda de la Orden Imperial de Santa-Catalina.

Particularmente tenaz en lo que tocaba al protocolo, a todo cuanto se refiriese a su rango de princesa heredera, programaba minuciosamente sus días, de la mañana a la noche, siempre enfundada en sus grandes, aparatosos y lujosos vestidos de corte, de corsés apretados y grandes miriñaques, sobreponiéndose a la fatiga y deshechando aquellos preciosos momentos de descanso entre audiencias, recepciones, bailes y banquetes cortesanos. Casi como Luis XIV de Francia en su día, Maria Feodorovna era Gran Duquesa de Rusia las veinticuatro horas al día, hasta sentada en el retrete. En su personal concepción de la condición y rango de princesa imperial, no cabían las debilidades, el desfallecimiento como tampoco las "interrumpciones" para darse un respiro y quitarse momentáneamente el fardo regio para jugar de "pastorcilla" como su homónima Maria-Antonieta de Austria en una aldea prefabricada alejada del boato de Versailles. Su férrea concepción de "la grandeur" jamás se lo permitió.

Exigente con ella misma, también lo era con su entorno, con sus damas de honor y de compañía, sin tregua; el protocolo regía su vida y las de los que formaban su "casa", hasta en los más pequeños detalles de su vida doméstica. Amaba el orden y la regularidad, la precisión y el rigor.

A diferencia de los Romanov, siempre fue frugal en sus comidas, una virtud extremadamente rara en una princesa de su tiempo.

Retrato de perfil de Pablo Petrovich, Gran Duque y Zarevich de Rusia (1754-1801), realizado sobre marfil en 1780.

Empecinada en establecer una vida conyugal perfecta, con paciencia y determinación supo lidiar con el intratable carácter de su marido, convirtiendola en una unión exitosa.

Maria Feodorovna cultivó, alentó y patrocinó las artes con gran entusiasmo, sin desdeñar sus habilidades para crear con sus propias manos pequeñas obras de arte. Pintaba y dibujaba magníficamente, dominando la acuarela con maestría, ejercitándose en el grabado, diseñando camafeos (muy de moda a finales del siglo XVIII), tallando objetos en marfil y en ámbar que solía ofrecer como presentes a ciertas personalidades extranjeras de visita en Rusia. Practicaba la música y fue una eminente conocedora de la horticultura, apasionada por las plantas y las flores.

La Gran Duquesa Maria Feodorovna de Rusia (1759-1828), retratada por Lampi junto a un busto de su marido y dibujando los perfiles de sus hijos e hijas...

En su palacio de Pavlovsk, creó un cenáculo literario a imagen y semejanza del existente en la corte de sus padres en Étupes; organizaba también obras teatrales para deleitar a su marido, el cual asistía divertido. Añadamos que, aparte de su frenética actividad, encontraba el tiempo necesario para dedicarse a las obras de caridad y en la creación de instituciones educativas. Fundó el primer instituto para ciegos de San Petersburgo, y patrocinó la carrera de la música invidente Charlotte Seuerling.

Seria y nada dada a distracciones "libertinas", nunca perdió una oportunidad para marcar el contraste entre ella y su suegra, resaltando sus virtudes frente a las "debilidades" de Catalina II con el sexo masculino. Tampoco se privó de atacar y condenar sucesivamente al Príncipe Potemkin y al Conde Dmitriev-Mamonov, favoritos de la Emperatriz.

Diáfana, talentuosa, seria y enérgica, Maria Feodorovna aparece como la perfecta consorte imperial, y durante años, Pablo trató de igualarla siendo un marido modélico, mostrándose profundamente enamorado de la mujer con que la se había casado.

La Gira Europea

Pablo Petrovich, Gran Duque y Zarevich de Rusia (1754-1801), retratado por Batoni en 1782, como "Conde Severny", haciendo pareja con el retrato de su mujer Maria Feodorovna... Recuerdo de su gira europea.

En septiembre de 1781, los grandes duques Pablo y Maria, tras el pertinente permiso de la Emperatriz Catalina II, iniciaron una gira por Europa bajo el seudónimo de "Conde y Condesa Severny" -también como Conde y Condesa del Norte-, que consistía en un viaje a través del continente a lo largo de catorce meses, atravesando Polonia, Austria, Italia, Francia, los Países-Bajos Austríacos, las Provincias Unidas (Holanda) y Alemania.

París impresionó e impactó particularmente a la pareja imperial. En Viena, agasajados por el Emperador José II, éste encontró a Maria Feodorovna muy superior a su marido a todos los niveles.

En el viaje por Alemania, la pareja hizo una visita a los padres de ella en Württemberg antes de tomar el camino de regreso a San Petersburgo a finales de 1782.

Maria Feodorovna, Gran Duquesa y Zarevina de Rusia (1759-1828), retratada por Batoni en 1782, como "Condesa Severny"... en recuerdo de su gira europea.

Otra vez en Rusia, Maria Feodorovna siguió dedicándose a su querido palacio de Pavlovsk, donde daría a luz a su primera hija, la Gran Duquesa Alexandra Pavlovna -la primera de un total de 6-. Para celebrar el nacimiento, Catalina II ofreció a Pablo la vasta finca de Gatchina (heredada de su favorito Orlov), para que se ocupase en algo mientras no era requerido para sucederle en el trono. En esa ocasión, la Emperatriz se abstuvo de quitar la niña a su nuera, dándole plena libertad para educarla y formarla.

Con el tiempo, Maria Feodorovna tuvo diez hijos: cuatro chicos y seis niñas. En toda la historia de la Rusia Imperial, solo Pablo y Maria Feodorovna tuvieron la primera familia numerosa.

En la Antesala del Trono

La Gran Duquesa Maria Feodorovna de Rusia (1759-1828), retratada en 1792 por J.L. Voille.

Durante los últimos años del reinado de Catalina II, Maria y Pablo se vieron forzados a vivir aislados en Gatchina o en Pavlovsk, figurando como una pareja devota y muy unida. Maria conseguía moderar los brotes extremistas de su esposo, ejerciendo sobre él una benéfica influencia. Mientras ella se dedicaba a embellecer incesantemente su palacio de Pavlovsk, y a ocuparse de obras benéficas, Pablo se ocupaba de acondicionar a su gusto la finca de Gatchina y a fortalecerla.

Maria intentaba ampliar su modesto salón literario, seguía organizando obras de teatro para entretener a su marido y a dar conciertos para su familia y amigos. Cabría señalar que fue una buena intérprete del clavicordio y una apasionada lectora.

A lo largo de su vida, Maria Feodorovna redactó voluminosos diarios de su puño y letra, en los que dejó escrita su vida de un modo meticuloso y detallado. Sin embargo, y antes de fallecer, expresó a su hijo el zar Nicolás I, su deseo de que quemase todos sus diarios y su correspondencia, lo que supuso una grave pérdida de documentación para los historiadores que quisieron estudiarla más a fondo. Pocas cartas de ella sobrevivieron a la quema...

Ekaterina Nelidova (1758-1839), Dama de Compañía y amiga de Maria Feodorovna, y "favorita" de Pablo; retratada por Levitzky en 1773, cuando aún estaba en el Instituto Smolni, escuela para chicos y chicas de cuna noble fundada por Catalina II, calcada sobre la famosa Escuela de Saint-Cyr de la Marquesa de Maintenon, para damiselas de la nobleza sin pecunio...

La relación entre su marido Pablo y Ekaterina Nelidova, una de sus damas de compañía, fue la causa de la primera fractura en su idílica vida conyugal. El platónico y sentimental "affaire" de Pablo y la Nelidova fue particularmente doloroso para Maria Feodorovna, sobretodo porque se trataba de su mejor amiga. En consecuencia, su amistad con Ekaterina Nelidova se tornó gélida durante los años siguientes, a pesar de que Pablo le asegurase que tan solo se trataba de una profunda amistad entre ella y él. Pese al disgusto inicial, ambas acabaron uniéndose para intentar moderar el creciente y neurótico temperamento de Pablo.

Busto en bronce del Zar Pablo I de Rusia (1754-1801), realizado por Shubin.

Testigo privilegiado de aquellos años fue la pintora francesa Elisabeth Vigée-Lebrun, famosa retratista de la reina Maria-Antonieta que había abandonado la Francia Revolucionaria por la Rusia Zarista. En sus memorias, Madame Vigée-Lebrun describió al zar Pablo sin florituras con esas dos frases: "... Pablo es excesivamente colérico (...) Tiene la nariz chata y una boca demasiado ancha, guarnecida con dientes muy largos, que le hacen asemejarse a una calavera."

Emperatriz consorte de Rusia

Maria Feodorovna, Emperatriz consorte de Rusia; retrato de 1800, según E. Vigée-Lebrun.

Después de pasar 20 años en un segundo plano, la muerte de Catalina II en 1796, catapultó a Maria Feodorovna al rango de Emperatriz consorte de Rusia. Durante el reinado de Catalina, Maria nunca pudo interferir en los asuntos del Estado, del mismo modo que Pablo había sido totalmente excluído y arrinconado; como príncipes herederos, tuvieron que contentarse con un papel sin más relieve que lo que el rango les otorgaba en la vida protocolaria. Pero, tras la subida al trono de Pablo, Maria empezó tímidamente a meter las narices en la política hasta conseguir un papel determinante al lado de su marido. Su influencia sobre Pablo I fue grande y, generalmente, beneficiosa; sin embargo, es posible que abusara de ésta para favorecer a sus amigos y para perjudicar a sus enemigos.

María tenía un gusto excepcional; los palacios de Gatchina, de Tsarkoie Selo, el Palacio de Invierno de San Petersburgo y el Hermitage fueron decorados bajo sus personales indicaciones. Amaba las artes y no dudó en patrocinarlas generosamente.

El mayor legado de María para Rusia, entre tantos dejados por ella, fue el establecimiento de la primera Escuela para Mujeres y otras numerosas organizaciones caritativas del Imperio, que consiguieron sobrevivirle hasta la Revolución Rusa de 1917. Tampoco se privó de ser generosa con sus parientes "pobres"...

Pablo I Petrovich (1754-1801), Zar y Emperador de Rusia de 1796 a 1801; retratado por el pintor Borovikovsky en 1796, al poco de acceder al trono.

Su relación con Pablo I se vería definitivamente abocada al fracaso cuando, al dar a luz María a su décimo y último hijo en 1798, Pablo se encaprichó de una joven aristócrata de tan solo 19 años de edad: Anna Lopukhina. Como de costumbre, Pablo aseguró a María que tan solo se trataba de un idilio platónico, por tanto irreprochable, teñido de cierto amor paternalista. Pero María se derrumbó en lágrimas, sabiendo que su felicidad matrimonial había llegado definitivamente a su término. El trato que le dispensaba su marido era cada vez más agrio, brusco y exento de compasión. Pablo se había vuelto intratable, paranóico, agresivo y desmedido; se enfurecía por nada y sospechaba que todos conspiraban contra él, incluyendo su mejor y mayor soporte: su mujer.

Anna Petrovna Lopukhina (1777-1805), no era una cualquiera. Pertenecía a una antigua y no menos relevante familia de la aristocracia rusa, célebre sobretodo porque una de sus mujeres, Eudoxia Lopukhina casó con Pedro I "el Grande" y fue madre del infeliz zarevich Alexis Petrovich, acabando ella misma encerrada de por vida en un convento tras ser repudiada. También podríamos citar a la desafortunada Natalia Lopukhina, que fue acusada de conspirar contra la emperatriz Elisabeth I Petrovna y enviada a Siberia...

Anna Lopukhina, Princesa Gagarina (1777-1805); la última "favorita" de Pablo I.

Anna perdió a su madre a una tierna edad y fue educada por su madrastra en Moscú. Su vida daría un giro cuando, en 1796, en el curso de un baile en la corte, es presentada al zar Pablo de manera intencionada. Encandilado por la joven, Pablo ordenaría a los Lopukhin trasladarse inmediatamente a San-Petersburgo, interviniendo la emperatriz para evitar que Anna se mudase y aconsejándole permanecer en Moscú. La carta de Maria Feodorovna sería interceptada y puesta en manos del zar encolerizado por la ingerencia de su esposa. Aquel incidente produjo una violenta escena matrimonial y, de paso, aseguró el ascenso en la corte de Anna Lopukhina.

Al poco, el padre de Anna fue agraciado con el título de príncipe Lopukhin y el tratamiento de Alteza Serenísima. Ella misma se vería condecorada con la Orden de San Juan, contraviniendo las reglas de la Orden, y su nombre asociado al estandarte de la Guardia Imperial y a algunos buques de guerra rusos. Muchos fueron los que opinaron que la influencia de Anna Lopukhina sobre Pablo I fue benéfica y que conseguía frenar el irascible carácter de éste. Quizá cansada de la constante atención del emperador, Anna solicitó el permiso para contraer matrimonio con un amigo de la infancia, el Príncipe Pavel Gagarin, entonces oficial destinado en Italia en el ejército del Príncipe Suvorov. Tras el permiso imperial, el Príncipe Gagarin pudo brevemente trasladarse a San Petersburgo y la boda por conveniencia se celebró el 11 de enero de 1800.

Al año siguiente, Pablo I era asesinado y el Príncipe Gagarin era nombrado embajador de Rusia en la corte de Turín, llevándose consigo a su mujer, Anna Lopukhina. Ésta fallecería en Italia el 25 de abril de 1805, de tuberculosis.

Pablo I reinó exactamente 4 años, 4 meses y 4 días, tras ser asesinado la noche del 12 de Marzo de 1801. Un dato muy curioso, desde luego.

La Emperatriz Viuda

La Zarina Maria Feodorovna, retratada con el atuendo de luto como Emperatriz Viuda de Rusia, en 1801.

La noche del asesinato de su marido, Maria Feodorovna intentó imitar a su difunta suegra Catalina II -viendo la similitud persistente entre ellas dos en fechas, lugares y situaciones-, y quiso proclamarse ella misma "Emperatriz y Zarina Autócrata de Todas las Rusias" por derecho, a imagen y semejanza de su predecesora, y de la manera más pública, ya que al fin y al cabo había sido coronada y ungida en la misma ceremonia que consagró a su marido Pablo.

La idea de reinar sola, sin compartir la corona y el cetro, le gustaba. Habría deseado ser otra Catalina II... y arrinconar a su hijo y a su nuera, como ella tuvo que sufrirlo en vida de su suegra.

Sin embargo, los planes de Maria Feodorovna fueron frustrados por dos factores; uno de ellos era su propio hijo primogénito, Alejandro, el beneficiario del asesinato de Pablo I, y a cuenta del cual el conde von der Pahlen urdió la trama conspiratoria, secundado por una amplia lista de militares y cortesanos. El otro factor era que Maria Feodorovna no tenía partidarios ni en un bando ni en otro, mientras que su hijo Alejandro si. Maria Feodorovna fue ajena a la conspiración y mantenida en el desconocimiento de ésta, a sabiendas que nunca lo permitiría por su amor a Pablo I.

Catalina II "la Grande" (1729-1796), Emperatriz de Rusia de 1762 a 1796; retrato según Lampi, circa 1794.

La Emperatriz consorte ya había, en su día, rechazado de plano los intentos de Catalina II de nombrar sucesor suyo a Alejandro, su nieto, en lugar de ceder la corona rusa a Pablo; María se había negado a firmar los documentos que Catalina II había redactado para tal fin y Pablo I, en 1796, tras fallecer su madre, los había quemado para que no fuera puesto en entredicho su ascensión al trono.

Podríamos también añadir que Maria Feodorovna no era, precisamente, de la misma talla política que su predecesora Catalina II, como tampoco se encontraba en una conjunción similar para que pasara lo mismo que en 1762. Y si hay que tener en cuenta otro dato importante, es la nueva Ley de Sucesión promulgada por Pablo I, que establecía la sucesión imperial de padre a hijo, por orden de primogenitura y de carácter excluyente para cualquier mujer, fuese consorte o hija de emperador.

A esto debemos añadir el hecho de que, al poco de saberse públicamente el deceso del zar Pablo I, causado oficialmente por una apoplejía, su hijo Alejandro I fue automáticamente aclamado como el nuevo emperador autócrata de Todas Las Rusias, la mañana del 13 de marzo.

Alejandro I Pavlovich (1777-1825), Zar y Emperador de Rusia de 1801 a 1825.

Durante los días siguientes al regicidio, Alejandro I tuvo que convencer a su madre de que sus intenciones no tendrían buena acogida por parte de ningún estamento social, y recalcarle la total ausencia de apoyos. Finalmente, Maria Feodorovna tuvo que hacerse a la idea de que no podía ser otra "Catalina II". Y, como para reprochar a su hijo el asesinato de su marido, la Emperatriz Viuda dispuso que se pusiera a la vista de todos, y sobretodo cuando Alejandro venía a visitarla, una caja que contenía el camisón manchado de sangre de Pablo cada 12 de marzo de todos los años siguientes.

En el momento de enviudar, Maria Feodorovna tenía 42 años.

Protocolariamente, la Emperatriz Viuda salió beneficiada cuando su hijo Alejandro I dispuso que, a partir de ese momento, ella siempre tendría el primer puesto en todas las ceremonias y eventos imperiales, dejando en un segundo plano a su nuera Elisabeth de Baden, nueva Emperatriz consorte de Rusia. Semejante disposición fue única en su tiempo, tanto en Rusia como en las demás cortes europeas, y jamás vista, ya que las soberanas viudas siempre pasaban a un segundo plano, cediendo el paso a la esposa del nuevo monarca. Pero en su caso, se invertía totalmente la regla protocolaria y aquello fue motivo de no pocas fricciones entre Maria Feodorovna y Elisabeth Alexeievna, muy molesta ésta por la medida.

Elisabeth Alexeievna, Emperatriz consorte de Rusia (1779-1826), nacida Princesa de Baden; retratada por E. Vigée-Lebrun en 1800. El trato preferente e inusual otorgado a su suegra en todos los actos oficiales de la corte rusa, supuso para ella una discriminación difícil de sobrellevar...

Maria Feodorovna no solamente tuvo el primer rango femenino del Imperio, en detrimento de su nuera, sino que además consiguió mantenerse al frente de todas las instituciones educativas y caritativas rusas, y controlar los recursos e inversiones del Banco de Préstamos, que le suponían jugosos dividendos.

De Alejandro I obtuvo también una más que sustanciosa pensión de "viudedad" que le permitió seguir con ese estrafalario tren de vida que le caracterizaba, con gran estilo, mucha pompa y mayor lujo si cabe. Sus aposentos eran decorados y acondicionados con riqueza y gusto. Nada era dejado al azar.

Perpetuando la tradición iniciada por Catalina II, Maria Feodorovna acudía siempre a los desfiles militares revistiendo el uniforme y con las condecoraciones y bandas de las ordenes adecuadas cruzando su busto.

La Emperatriz Maria Feodorovna, retratada con el manto imperial y con las órdenes de San-Andrés y de Santa-Catalina, ciñendo la corona de las zarinas...

Sus elegantes y alegres recepciones palatinas, donde solía siempre aparecer suntuosamente vestida y engalanada como una diosa, rodeada de damas de honor, de compañía y chambelanes, eran "el no-va-más" de San Petersburgo. Su gusto por las fiestas llenas de encanto y esplendor muy del estilo de Catalina II, chocaban frontalmente con el tono apagado y burgués, sencillo, de la corte de su hijo Alejandro I y de su discreta nuera Elisabeth Alexeievna.

Como madre, el futuro de sus hijas siempre estuvo presente en su mente y era el principal punto de su atención, asi como el de sus dos hijos más jóvenes. Maria Feodorovna nunca dejó de lado a su prole y siempre cultivó el trato cercano con ellos, contrariamente al tradicional desapego de los padres con sus hijos en los círculos aristocráticos dieciochescos. De hecho, sus hijos siempre fueron genuinamente apegados a ella, gracias al cariño que les prodigó. Alejandro I nunca se entrometió en el papel de su madre respecto a la educación y formación de sus dos hermanos menores, Nicolás y Miguel. Diferente fue su relación con sus dos hijos mayores, Alejandro y Constantino, que ya de niños pasaron a manos de Catalina II y fueron educados por los mejores profesores de la corte; con ambos, mantuvo una correspondencia ininterrumpida que, pese a la relativa distancia y frialdad existente en su relación con ellos, siempre fue amable a la par que distante.

Vista parcial del cuerpo central del Palacio de Pavlovsk, residencia favorita de Maria Feodorovna y en la cual invirtió gran parte de su tiempo y una fortuna para acondicionarla y decorarla a su gusto...

Maria Feodorovna hizo de su palacio de Pavlovsk un referente a tener en cuenta en Rusia y en el extranjero, donde siempre acudían los más importantes personajes de San Petersburgo y de otros países. Pero sus intentos de tener un papel preponderante, véase determinante, en la vida política de Rusia no tuvieron éxito. Se opuso con vehemencia a cualquier aproximación de Alejandro I con Napoleón Bonaparte, al que no podía ver ni en pintura. En ese punto, siempre se mantuvo inflexible. Y, cuando el Emperador Francés pidió la mano de una de sus hijas, la gran duquesa Ana Pavlovna, tras divorciarse de Josefina de Beauharnais, Maria Feodorovna se opuso férreamente al proyecto de una alianza dinástica franco-rusa.

Ana Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1795-1865); fue pretendida, sin éxito, por el emperador Napoleón I Bonaparte. Finalmente, se convertiría en la esposa del Príncipe Guillermo de Orange-Nassau, futuro rey Guillermo II de los Países-Bajos.

La corte de Maria Feodorovna fue, de hecho, el principal centro del sentimiento anti-napoleónico ruso durante las Guerras Napoleónicas, y siempre se erigió en la más encarnizada enemiga de Bonaparte.

Al pasar la cincuentena, Maria Feodorovna conservaba aún el recuerdo de su hermosura y frescura juvenil. De constitución robusta, sobrevivió a cinco de sus diez hijos, incluyendo a su primogénito Alejandro I y a su nuera Elisabeth Alexeievna, presenciando la coronación de su tercer hijo, el zar Nicolás I. Fue además una figura de gran influencia en la educación de su nieto, el futuro Alejandro II.

La Emperatriz-Viuda Maria Feodorovna de Rusia (1759-1828), en su madurez.

Maria Feodorovna fallecería a la edad de 69 años, el 5 de noviembre de 1828, en su queridísimo Palacio de Pavlovsk. Tras su muerte, la memoria de Maria siempre fue reverenciada por sus hijos y nietos. Las siguientes zarinas siempre intentaron emularla o parecerse a ella, tomandola como un modelo a seguir.

Su Palacio de Pavlovsk, siguiendo sus instrucciones testamentarias, debía convertirse en un museo familiar, siendo heredado por su más joven hijo, el gran duque Miguel Pavlovich y de éste pasó a la rama Constantiniana o "Konstantinovich" hasta el advenimiento de la Revolución Rusa.

Ver vídeo de "Pavlovsk, hogar de mujer": a pie de artículo.

Sus hijos fueron los siguientes:

-Alejandro I Pavlovich (1777-1825?) Zar y Emperador de Rusia de 1801 a 1825; casado con Luisa Augusta, Princesa de Baden alias Elizaveta Alexeievna (1779-1826). Tuvieron dos hijos que murieron en la cuna.

-Constantino Pavlovich, Gran Duque de Rusia (1779-1831), Virrey de Polonia; casado con Juliana, Princesa de Sajonia-Coburgo-Saalfeld alias Anna Feodorovna (1781-1860) -divorciados-; casado en segundas nupcias y morganáticamente con la Condesa Joanna Grudsinska, Princesa Lowicz (1799-1831). -sin descendencia-.

-Alexandra Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1783-1801); casada con el Archiduque José de Austria, Conde Palatino de Hungría (1776-1847). Una hija muerta al nacer.

-Elena Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1784-1803); casada con el Gran Duque Federico-Luis de Mecklemburgo-Schwerin (1778-1819); dos hijos.

-Maria Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1786-1859); casada con el Gran Duque Carlos-Federico de Sajonia-Weimar-Eisenach (1783-1853); cuatro hijos.

-Catalina Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1788-1819); casada con Jorge, Duque de Oldenburgo (1784-1812); dos hijos. Casada en segundas nupcias con Guillermo I, Rey de Württemberg (1781-1864); dos hijas.

-Olga Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1792-1795).

-Ana Pavlovna, Gran Duquesa de Rusia (1795-1865); casada con Guillermo II, Rey de los Países-Bajos (1792-1849); cinco hijos.

-Nicolás I Pavlovich, Gran Duque de Rusia (1796-1855), Zar y Emperador de Rusia de 1825 a 1855; casado con Carlota, Princesa de Prusia alias Alexandra Feodorovna (1798-1860); diez hijos.

-Miguel Pavlovich, Gran Duque de Rusia (1798-1849); casado con Carlota, Princesa de Württemberg alias Elena Pavlovna (1807-1873); cinco hijas.

VIDEO DEL PALACIO DE PAVLOVSK, una visita virtual: