NATALIA ALEKSEIEVNA

GRAN DUQUESA DE RUSIA

1755 - 1776

Nacida Princesa Wilhelmina Louisa de Hessen-Darmstadt (25 de junio de 1755, Prenzlau, Brandenburg, Prusia), la quinta hija de Luis IX, Landgrave de Hessen-Darmstadt y de la Princesa Carolina de Baviera-Zweibrücken-Birkenfeld, sería la primera consorte del heredero de la emperatriz Catalina II "la Grande" de Rusia, el gran duque y zarevich Pablo Petrovich (1754-1801).

Luis IX, Landgrave de Hessen-Darmstadt (1719-1790), padre de la princesa Wilhelmina y eminente general al servicio del rey Federico II de Prusia.

En 1773, Catalina II buscaba entre el Gotha Europeo a la futura novia de su hijo el zarevich Pablo Petrovich; para ello, y siempre en busca de reafirmar los lazos entre Prusia y Rusia, pidió al rey Federico II "el Grande" le recomendase alguna que otra que fuese adecuada o de su agrado. El monarca le sugirió entonces a Catalina II que eligiera entre las tres hijas aún por casar del Landgrave de Hessen-Darmstadt: las princesas Wilhelmina, Amalia y Louisa.

Federico II "el Grande" (1712-1786), Rey de Prusia y Elector de Brandenburgo de 1740 a 1786. Cuando no guerreaba, se complacía en hacer de celestino para Rusia siempre y cuando favorecieran sus intereses políticos; fue en parte responsable de la unión de Catalina II con Pedro III, y de los dos matrimonios del zarevich Pablo...

Ya que la elección solo se podía tomar viendo a las tres candidatas, Catalina II cursó invitación formal a la landgravina de Hessen-Darmstadt y a sus tres hijas, para que visitaran la corte rusa.

La noticia, auténtica bomba para la madre y las hijas, precipitó los preparativos. La landgravina, preocupada en que sus niñas dieran la mejor de las impresiones ante la emperatriz, recurrió a profesores de baile, de protocolo, de francés (lengua oficial de la corte rusa), y presionó a sus sastres para que confeccionaran una serie de vestidos de corte adecuados.

Catalina II "la Grande" (1729-1796), Emperatriz de Rusia de 1762 a 1796; retratada por Pietro Antonio Rotari.

La landgravina y las tres princesas hessianas se trasladaron luego a Berlín y, de allí, partieron al encuentro de la flotilla enviada por Catalina II -formada por cuatro barcos-, encargada de llevarlas a Rusia. Al mando de la fregata que debía llevar a las princesas y a su madre, estaba el joven conde Andrei Kyrilovich Razumovsky, uno de los más íntimos amigos del zarevich Pablo Petrovich. Éste fue particularmente conquistado por los encantos de la princesa Wilhelmina y ésta, al parecer, no fue insensible a la admiración del joven y apuesto conde ruso.

Dos días después de abandonar las costas prusianas, desembarcaban en suelo ruso, acogidas por una delegación entre la cual se encontraba el zarevich en persona. Casi de inmediato, Pablo Petrovich cayó subyugado por las buenas prendas de Wilhelmina, a la que eligió como su futura novia.

La Princesa Wilhelmina de Hessen-Darmstadt (1755-1776), alias Natalia Alekseievna, Gran Duquesa Hda. de Rusia tras su matrimonio con el zarevich Pablo Petrovich; retrato según Alexandre Roslin.

Wilhelmina era hermosa, alegre y exuberante, y Pablo pareció deleitarse con ella. Con gran ostentación y con la bendición de Catalina II, el noviazgo fue oficialmente anunciado a la corte y la princesa Wilhelmina se avino a convertirse a la fe ortodoxa rusa, tomando el nombre de Natalia Alekseievna.

El 29 de septiembre de 1773, se celebró la ceremonia religiosa que unía en matrimonio al zarevich Pablo con la princesa Wilhelmina.

Durante los primeros meses de su nueva vida matrimonial, la alegría y espontaneidad de la Gran Duquesa Natalia Alekseievna animaron la corte imperial; la emperatriz Catalina II, al principio, apreciaba su vivacidad, su encanto, pero a medida que fue pasando el tiempo, los roces surgieron entre suegra y nuera, y el matrimonio de Pablo y Natalia pareció abocado al fracaso.

La propia Catalina II apreció, con su particular lucidez, que su joven nuera de 18 primaveras "era excesiva en todos sus placeres, sin medida alguna, adepta de todas las frivolidades, sin capacidad para aprender y reflexionar sobre lo que veía, oía o decía". Resumiendo, era una cabecita hermosa pero hueca e inconsecuente, que solo concebía la existencia como una diversión sin fín.

De hecho, Natalia rehusó de plano aprender la lengua rusa y se dedicó a exacerbar las ambiciones de su marido, dándole todo su apoyo y animándole en su irracional odio hacia la figura materna. Se había convertido en una caprichosa intrigante... sin tener peso ni inteligencia para ello.

Para colmo, Natalia cayó locamente enamorada del mejor amigo de su marido, el Conde Andrei Razumovsky, y ambos iniciaron una aventura sentimental que, pronto, fue sabida de toda la corte. La primera en ser informada del adulterio fue, obviamente, Catalina II quien dispuso del inmediato alejamiento de Razumovsky de la corte y del cenáculo del zarevich.

El Conde Andrei Kyrilovich Razumovsky (1752-1836), el apuesto amante de Natalia Alekseievna y, quizás, el autor de su embarazo, retratado en 1776 por Alexandre Roslin.

El hecho de ver a su amigo Razumovsky repentinamente exiliado, levantó la indignación del zarevich Pablo; protestó airadamente por esa arbitrariedad materna, sin estar al corriente de la infidelidad de su esposa, ya que como pasa con todos los cornudos, siempre sería el último en saberlo; aunque en su caso parece ser que nunca se enteró.

El Gran Duque Pablo Petrovich de Rusia (1754-1801).

Al mismo tiempo que Razumovsky recibía la orden de abandonar San Petersburgo, la gran duquesa Natalia constataba que estaba preñada. La noticia supuso una gran alegría para Pablo y un soberano disgusto para Catalina II, quien dudaba sobre la paternidad del bebé que se estaba gestando en el vientre de su alocada nuera. Pragmática y asumiendo los hechos, Catalina II celebró oficialmente que Natalia esperaba un heredero destinado, en un futuro, a reinar sobre el vasto imperio ruso y eso era lo que realmente importaba.


Natalia Alekseievna, Gran Duquesa de Rusia (1755-1776); retratada por A. Roslin.

Cuando finalmente Natalia llegó al término de su embarazo, las dificultades aparecieron en el momento de parir a su retoño el 15 de abril de 1776. El bebé era demasiado grande y el parto se complicó hasta el punto de que los médicos de la corte, conocedores de la cesárea (que en esos tiempos era de gran riesgo por el desconocimiento de la esterilización del instrumental médico), propusieron practicarla; Catalina II se negó a ello, sabedora que semejante operación supondría la muerte de su nuera para salvar al niño que, por otra parte, parecía estar ya muerto ya que no daba signos de vida. Tuvieron entonces que ingeniárselas para sacar a la criatura muerta de las entrañas de su madre. Constataron que el bebé era de grandes dimensiones pero que estaba muerto por culpa de un parto que había durado demasiado tiempo.

De habérsele practicado una cesárea en condiciones a la madre, el niño hubiera podido sobrevivir al igual que la progenitora, ya que los galenos reconocieron que el infante estaba aparentemente sano.

Es interesante citar que Natalia Alekseievna sufría de una deformación de la espina dorsal que la incapacitaba para dar a luz en condiciones naturales.

Por el indecible dolor sufrido y por las complicaciones del post-parto, la gran duquesa Natalia entró en agonía tras declararse una fiebre que, en cinco días, la llevó a la tumba.

El doble deceso desesperó a Catalina II, que se veía así privada de un nieto y de un heredero; peor lo llevó el zarevich Pablo: loco de dolor, intentó suicidarse sin éxito.