LA DINASTÍA ROMANOV: de Miguel III a Catalina II la Grande (3)
el 17 feb En: Dinastias Zares de Rusia - 7 comentarios
Pedro III, Catalina II y Pablo I, o la "Trágica Trinidad"

El Zar-Emperador Pedro III (1728-1762), su esposa Catalina Alekseievna -futura Catalina II- (1729-1796) y el hijo de ambos, el Zarevich Pablo Petrovich -futuro Pablo I- (1754-1801), ataviado "a la Turca"; cuadro presumiblemente de Antropov, circa 1762.
Desposados en 1745, Pedro III y Catalina tardaron 9 años en obtener descendencia. De hecho, al cabo de esos 9 años, Catalina engendraba un heredero varón al que se bautizó con el nombre de pila de Pablo en 1754. Habría de ser el único hijo legítimo de la pareja. En vistas de las deficiencias de Pedro III y de su desapego por su esposa, a la que reemplazaba con su fea y desgarbada amante Elisabeth Vorontsova (cuyo rostro se asemejaba a la luna, sembrada de cráteres), se puso en entredicho desde el principio la paternidad de Pedro respecto al recién nacido Pablo. La propia Catalina, quizás por venganza tardía, afirmaba sin rubor en su diario que el heredero era hijo de Saltykov, su amante... Pero son demasiados los historiadores que, tras rigurosas investigaciones, se encargaron de rebatir la afirmación de la propia Catalina II, más teniendo en cuenta que a la postre, Pablo I demostró tener las mismas facciones y semblante físico que su atribulado padre Pedro III, feo y chato como él y que, por tanto, no concuerda con el hermoso semblante griego de Catalina ni con la excepcional belleza física de Saltykov. Por si fuera poco, Pablo I acabaría mostrando la misma inestabilidad mental que su progenitor y hasta le imitaría en su trágico final.

Pablo Petrovich, Gran-Duque y Zarevich de Rusia (1754-1801).

El Conde Sergei Saltykov (1698-1772); el primer amor de Catalina Alekseievna al llegar a su nueva patria, y a cuyos brazos empujó la emperatriz Elisabeth I Petrovna... Tras la aventura, Saltykov fue alejado de Rusia y enviado en misión diplomática a Suecia.
A eso se suma la repugnancia que sintió Catalina por su hijo, y lo decidida que estuvo en apartarle del trono para evitar que se repitiera la historia. Tras alumbrarle, se alegró de que el niño fuera inmediatamente adoptado por la emperatriz Isabel, quien se encargó de su cuidado y de su educación en la primera fase. Se rumoreó que Pedro III se había sorprendido ante la noticia del alumbramiento y que expresó sus dudas acerca de la paternidad de la criatura... Cosa extraña, Pedro III no volvió a mencionar el tema, si es que lo mencionó alguna vez, y volvió a jugar con sus soldados de plomo junto con su amante la condesa Vorontsova.

El Conde Stanislaw-August Poniatowski (1732-1798), retratado en su madurez y a la postre Rey electo de Polonia bajo el nombre de Estanislao II Augusto...
El Conde Grigori Grigorievich Orlov (1734-1783); el gran amor de Catalina II y artífice, junto con sus hermanos, del golpe de Estado que depuso a Pedro III en favor de Catalina...; retrato según Rokotov, circa 1762.

Aleksei Grigorievich, Conde Bobrinski (1762-1813), hijo natural de Catalina II "la Grande" habido con el Conde Grigori Grigorievich Orlov, que fue apadrinado en su bautizo por el Conde Aleksei Grigorievich Orlov...; en el retrato, se puede apreciar el asombroso parecido con su madre.
Por su parte, Catalina volvió a sus quehaceres habituales y a sus pasiones con Saltykov, luego con Poniatowski, del cual tuvo una hija llamada Ana (muerta meses antes de la coronación de Pedro III) y, 18 meses después de dar a luz a su primera hija ilegítima, ya gestaba otro bastardo fruto de sus nuevos amoríos con el guapo y apuesto conde Gregorio Orlov, oficial de la Guardia, que la tenía locamente enamorada. El niño nacido de aquellos amores fue parido casi ante las narices de Pedro III, gracias a la complicidad de los numerosos aliados y amigos que Catalina contaba entre los cortesanos. Se le bautizó con el nombre de Alexei y, más tarde, Catalina le concedió el título de conde y la vasta finca de Bobrinskoye...

Pedro III, Zar y Emperador Autócrata de Todas las Rusias (1728-1762), retratado por Antropov.
Sorprendentemente, y tras el patinazo inicial de Pedro III nada más subir al trono ruso, éste se avino a realizar algunas cosas dignas de encomio. Abolió la Cancillería Secreta, trasladó los astilleros de San Petersburgo a Kronstadt y mandó que, en lo sucesivo, toda construcción naval se ajustara al modelo británico. También introdujo un nuevo sistema de patrulla policial y de alumbrado en las calles de la capital imperial.

Pedro III en uniforme militar, retratado por Antropov.
Pero los súbditos del nuevo emperador se preocuparon por su extraño comportamiento. Ya durante los funerales de Isabel I, se dedicó a hacer multitud de travesuras irreverentes. Luego aparecía por todas partes fumando pipa y comportándose de manera grosera en los actos públicos. Lo peor llegó cuando anunció su determinación en prusianizar al ejército ruso, y comenzando por suprimir el antiguo uniforme rojo y verde (instaurado por Pedro I "el Grande") de la Guardia Preobrajenski, tan reverenciado por sus oficiales y soldados. No contento con ello, maltrató sin miramiento alguno a soldados, oficiales, generales y mariscales de campo, humillándolos con órdenes jamás vistas. Lo único bueno que hizo fue suprimir el castigo corporal del "knut" pero, aún así, la medida ocasionó gran descontento. Para acabar de pifiarla del todo, licenció a la leal Guardia Preobrajenski y la reemplazó por un regimiento de la Guardia de Holstein, 100% alemana, y a cuya cabeza puso al príncipe Jorge de Holstein, nombrándole mariscal de campo y asignándole una renta anual de 10.000 libras, con prioridad sobre todos sus veteranos.
No solo se permitió humillar al principal sostén de la monarquía rusa, el ejército, sino que además arremetió contra la Iglesia Ortodoxa, otro pilar sobre el cual descansaba su autoridad y poder, al decirle al arzobispo de Novgorod, que tenía la intención de erigir una capilla protestante en palacio para sus criados luteranos, después de anular la tradicional procesión religiosa que se realizaba en la Pascua de Resurrección. Inmediatamente corrió como reguero de pólvora que el zar renegaba de la fe ortodoxa.
La Zarina y Emperatriz Catalina Alekseievna de Rusia (1729-1796), retratada por Argunov a inicios de la década de 1760...; la esposa de Pedro III concentró a su alrededor a todos los descontentos y enemigos de su marido.
Gracias a sus múltiples metidas de gamba con las sacrosantas instituciones rusas, alienándose a la Iglesia, a la nobleza y al ejército, Pedro III conseguía involuntariamente que todas las miradas se posaran sobre su consorte Catalina, a la que convirtieron en su última esperanza para devolver el orden y poner las cosas en su sitio. La emperatriz contaba además con un as en la manga, al tener como amante al conde Grigori Orlov, y que éste tuviera a 4 hermanos más en el ejército y que, juntos, se dedicaron sutilmente a reclutar apoyos para la causa de Catalina. Al cabo de pocos meses, se contaba con la adhesión de 30 a 40 oficiales que, a su vez, tenían el respaldo de 10.000 soldados. A esta pléyade de conspiradores, se unieron la joven princesa Dashkova (19 años), la propia hermana de la condesa Elisabeth Vorontsova (amante de Pedro III), y el distinguido diplomático Nikita Panin, que tenía a su cargo la educación del gran-duque Pablo. Con el paso de los días, se formó una auténtica "Quinta Columna" compuesta por influyentes cortesanos y militares.

La Condesa Ekaterina Romanovna Vorontsova, Princesa Dashkova (1744-1810); la gran amiga e incondicional de Catalina II.

El Conde Nikita Panin (1718-1783); el distinguido diplomático y ayo del zarevich Pablo Petrovich, figuró como uno de los principales y firmes apoyos de Catalina II...

El Conde Feodor Grigorievich Orlov (1741-1796); uno de los cuatro hermanos del clan Orlov, adherido a la causa de Catalina II...
A medida que iba fraguándose el complot, Pedro facilitaba el juego a sus adversarios al meterse de lleno en el conflicto de Schleswig, contra Dinamarca, al exigirla como parte del ducado de Holstein, provocando el descontento entre las filas militares cuando dispuso la marcha de tropas para iniciar un combate en toda regla.

Pedro III de Holstein-Gottorp-Romanov (1728-1762), Emperador Autócrata de Todas las Rusias en 1762.

El Palacio de Oranienbaum -vista del pabellón central-, o "Palacio de los Naranjos", también llamado Palacio Lomonosov, figuraba como residencia ocasional de los zares y de su corte itinerante desde inicios del siglo XVIII, al Oeste de San Petersburgo. Abajo, fotografía de uno de los pabellones del recinto imperial, construído para Catalina II.

En el mismo momento, y en el curso de un banquete en palacio, Pedro, sin duda en estado de embriaguez, amenazó a Catalina con enviarla a un convento después de llamarle "imbécil" ante la atónita mirada de la corte. Quizás fuera esa amenaza el detonante del golpe que se produjo el 9 de julio de 1762. Despertada por el conde Alexis Orlov, cuando se encontraba pernoctando en Peterhof, Catalina fue trasladada a San Petersburgo, visitando los cuarteles de la Guardia Ismailovski y Semenovski, donde recibió la adhesión de los oficiales y soldados. Luego, escoltada por las dos divisiones, se trasladó a la catedral de Kazan donde el arzobispo de Novgorod, sin más preámbulos, la proclamó emperatriz y zarina autócrata de todas las Rusias, designando al gran-duque Pablo como su sucesor. Finalmente llevada al Palacio de Invierno, entre repiques de campanas, se encontró con que ya le esperaban allí reunidos el Senado y el Santo Sínodo, los cuales redactaron un manifiesto proclamándola emperatriz al mismo tiempo que derrocaban a Pedro III, que se encontraba de maniobras en Oranienbaum.

Catalina II Alekseievna, Emperatriz de Rusia (1729-1796), retratada en 1762 por Virgilius Erichsen; tenía entonces 33 años de edad...
Al regresar a Peterhof, Pedro III constató que todo el palacio estaba desierto y empezó a recorrer las estancias como un poseso, mirando hasta debajo de las camas y repitiendo "¿No os decía que ella era capaz de todo?". A las pocas horas, le informaron del golpe de Estado, y volvió a Oranienbaum. Desde allí, envió una carta a Catalina rogándole que le perdonara la vida, que abdicaría la corona y que de buen grado volvería a su querido ducado de Holstein en compañía de su querida Elisabeth Vorontsova. Catalina aceptó el ofrecimiento aunque le rogó que abdicara la corona por escrito y le entregara dicha renuncia lo antes posible. Se procedió entonces a la redacción de un abyecto documento a través del cual Pedro III renunciaba formalmente a la corona rusa a favor de Catalina II.

El Palacio de Peterhof, residencia veraniega de la corte rusa a 30 km. de San Petersburgo, tildado de "Versailles Ruso" por su magnificencia... Abajo, fotografía del Palacio de Ropsha, lugar donde Pedro III, ya prisionero, fue asesinado por Alexis Orlov y Feodor Bariatinsky, sus carceleros.

El 11 de julio, Pedro volvió a ser llamado por su antiguo título de Duque de Holstein-Gottorp y fue trasladado al palacio de Peterhof bajo escolta, donde se le despojó de su uniforme, dejándolo en camisa, calzones y medias, hasta que sus carceleros le encontraron una bata y unas zapatillas. Pocas horas después, el conde Alexis Orlov y el príncipe Teodor Bariatinsky lo trasladaron a su residencia de Ropsha, dentro de una carroza con las cortinas corridas, escoltado por varios oficiales. El 12 de julio, le trajeron su violín, su perro de lanas, su criado negro y su médico alemán por petición suya.

Pedro III Feodorovich (1728-1762), Emperador de Rusia durante tan solo 6 meses y 4 días, del 5 de enero al 9 de julio de 1762; retratado por Lucas Conrad Pfanzelt en 1762.
El 14 de julio, en el curso de la cena, Alexis Orlov, ayudado por Bariatinsky, tras envenenarle, lo remataron con violentos golpes mientras el pobre se debatía implorando piedad, y le dieron el "golpe de gracia" estrangulándole con una servilleta. El cadáver del desdichado Pedro III apareció con la cara ennegrecida, y con hematomas por todo el cuerpo.
Continuará...
Muy buen post-histórico, Arnau!!! Y un buen blog, seguiré visitándote.
Es increible las traiciones a las que se vieron sometidas las casas reales, es un tema realmente atractivo y extenso. No dejaban "títere con cabeza, en fin", en algo tenían que tener desventaja frente a los pobres se a pie, ¿verdad?
Un saludo, Mdss
Muchas gracias por dejarte caer por aqui y dejar un comentario!
Saludos.
Nicolás II, tenía justo lo que se necesitaba... que curioso que después de un linaje, el último y por lo tanto más preparado no tuviera tiempo de demostrarlo, ¿no crees?.
Como siempre me sulivellas con tu entrega.
Querido Ser, tengo que disentir... Nicolás II nunca estuvo preparado y lo reconoció en el momento de suceder a su embrutecido padre Alejandro III. No tenía ni pajolera idea de cómo hacer y deshacer las cosas y, de no haber tenido a Witte o a Stolipin, Nicolás II se habría ido antes de hora al garete. Y por si fuera poco, su mujer no fue de gran ayuda; se dedicó a cantarle siempre la misma canción, que si tú eres el zar autócrata, que si patatín, que si patatán... Otra que no tocaba con los pies al suelo!!! Eran un par de timoratos retrógrados, y la que mejor salió parada fue la madre de Nicolás II, la viuda de Alejandro III, mucho más sensata, realista y preclara en su visión de los acontecimientos, pese a ser terriblemente dominante y antipática a ojos de su nuera.
Un abrazo.
No sé que hubiera sido de Rusia si los zares se hubieran perpetuado, pero el pollo que tienen montado ahora mismo entre un no marxismo, la democracia de opereta, mientras todo lo mueven cuatro capitalistas desaforados corruptos y entendidos en envenenamientos varios, haría palidecer al mismísimo incorrupto Lenin
Besotes
La verdad es que era una fashion-victim total, ¿eh?
Isabel, Lénin también se manchó las manos con la sangre de muchas víctimas aunque luego le sobrepasara en hazañas sanguinarias el repulsivo ogro llamado STALIN.
Especular sobre si los Romanov habrían o no seguido al frente del Estado Ruso, no nos lleva a ninguna parte. La Revolución ya "gruñía" desde la época de Alejandro II y de Alejandro III; por tanto, el cambio de régimen era una cosa inevitable. La Rusia Zarista y la Rusia Comunista en muchos aspectos se dan la mano en las barbaridades cometidas, y Putin parece continuar con la saga.
Un saludo.