LA DINASTÍA ROMANOV: de Miguel III a Catalina II la Grande (2)
el 12 feb En: Dinastias Zares de Rusia - 1 comentario
La extinción de los Romanov directos

Blasón de la Casa Romanov.
El hecho de que Pedro I "el Grande" se hubiese reservado el derecho de designar a su heredero, derecho que a fin de cuentas ni siquiera utilizó, puso a la corona rusa en un endiablado baile, como si de un barco a la deriva se tratase, a merced de las mareas políticas, de las pugnas entre partidarios de uno u otro pretendiente, consiguiendo que la diadema imperial saltase de una cabeza a otra de forma totalmente arbitraria sin seguir un orden sucesorio preestablecido. No nos ha de extrañar pues, que al fallecer en 1725 Pedro I, la corona fuera entregada a su viuda Catalina I, adorada por la soldadesca de los regimientos de la Guardia Imperial (¿acaso por su pasado como complaciente acompañante de soldados en campaña?), que adquirió una abusiva influencia hasta el punto de decidir a quien debía recaer la corona, como veremos en 1741.

Pedro I Alekseievich "el Grande" (1672-1725), Zar y Emperador de Todas las Rusias, retratado en su lecho de muerte, en 1725.

Catalina I (1684-1727), Zarina y Emperatriz de Todas las Rusias de 1725 a 1727; la viuda de Pedro I "el Grande" reinó durante 2 años sobre Rusia gracias al apoyo y amor de los militares...
Al morir súbitamente la emperatriz Ana I en 1740, su favorito Biren obtuvo de ella, entonces agonizando, que designara heredero suyo a su sobrino-nieto Iván VI (1740-1764), cuyo handicap estribaba principalmente en su corta edad -apenas 2 meses de edad-, aunque beneficiaba ampliamente a Biren que, contando con la minoría de edad de Iván VI, perseguía quedarse en el poder. La perspectiva de una regencia ejercida por la madre del niño-zar, Ana Leopoldovna (1718-1746) nacida princesa de Mecklemburgo-Schwerin y esposa del duque Antonio Ulrico de Brünswick-Wolfenbüttel (1714-1774), padre de su hijo designado zar, levantó serias inquietudes entre la nobleza rusa y, sobre todo, en la mente de la única hija superviviente de Pedro I "el Grande" y de Catalina I, la gran-duquesa Isabel (1709-1762). Aún tenida como hija bastarda, por ser nacida fuera de matrimonio, Isabel bien podía ser vista como una rival en potencia del niño Iván VI, rivalidad que amenazaba a ésta con acabar probablemente encerrada de por vida en un convento.

Ana Leopoldovna von Mecklenburg-Schwerin (1718-1746), Duquesa consorte de Brünswick-Wolfenbüttel, sobrina de la emperatriz Ana I y madre del zar Iván VI, en cuyo nombre asumió la regencia.

Antonio-Ulrico II, Duque de Brünswick-Wolfenbüttel-Bevern (1714-1776), llamado "Antonio-Ulrico el Joven" y padre del zar-niño Iván VI, fue príncipe consorte de Rusia. Al ser derrocados su esposa y su hijo, él también fue apresado, encarcelado y posteriormente liberado y exiliado en Jutlandia.

Retrato del zar-niño Iván VI (1740-1764), Zar y Emperador Autócrata de Todas las Rusias durante apenas 1 año. Derrocado por un golpe palatino, fue encerrado de por vida en una cárcel y finalmente estrangulado por sus carceleros a consecuencia de una sublevación a su favor; retrato a lápiz.
La regente, más que gobernar, se pasaba la vida a medio vestir, cuchicheando con sus damas de compañía, mientras que el poder era administrado por Biren, favorito de la fallecida emperatriz Ana I. Amenazada, Isabel puso su destino en manos de los guardias del regimiento de Preobrajenski, unidad que debía su nombre al poblacho donde antaño estuvo exiliado Pedro I "el Grande". Mejor que una protección, el regimiento acabó por ofrecerle el trono de Rusia en 1741 al sublevarse contra Biren, Ana Leopoldovna y el pequeño zar Iván VI. Los primos alemanes de la nueva soberana Isabel I Petrovna, recién sentada en el trono de su padre, se encontraron de la noche a la mañana todos encarcelados, y algunos para muchos años...
Isabel I o Elisabeth I Petrovna Romanova (1709-1762), Zarina y Emperatriz Autócrata de Todas las Rusias de 1741 a 1762. Fue la última Romanov en reinar sobre el vasto imperio. Retrato según Argunov, fechado en 1750.
Fue con el reinado de Isabel I que, en gran medida, la lengua francesa se convirtió en el idioma oficial de la corte Imperial de San-Petersburgo. Menos de veinte años atrás, Isabel había sido una de las candidatas barajadas por la corte francesa para el soltero y joven rey Luis XV pero, los orígenes de su madre (la difunta Catalina I, nacida Martha Skavronskaya) levantaron ampollas entre los puristas, y le prefirieron, a instancias del entonces primer-ministro francés, duque de Borbón-Condé, la princesa polaca María Lesczcynska, hija del destronado rey Estanislao I de Polonia.
Aleksei Grigorievich, Conde Razumovski (1709-1771); amante y marido morganático de la emperatriz Isabel I de Rusia, y supuesto padre de dos hijos llamados "príncipes Tarakanov"...
La nueva emperatriz era hermosa, de buenas prendas, con mucho porte, mostrando un pronunciado gusto por la danza y la música. Y tras numerosas aventuras sentimentales, contrajo un matrimonio morganático con el conde Alexis Razumovski en 1750, del cual se supone que tuvieron un hijo y una hija titulados príncipe y princesa de Tarakanov. Como no disponía de descendencia hábil a sucederle en el trono, designó al hijo único de su difunta hermana mayor Ana (1708-1728), Pedro Feodorovich (1728-1762) a la sazón duque de Holstein-Gottorp y contando 13 años de edad. A raíz de esa elección, se puede mirar a la emperatriz Isabel I como la última soberana por cuyas venas corría la sangre de la dinastía 100% autóctona rusa de los Romanov.
Pedro III Ulrico Feodorovich, Duque de Holstein-Gottorp (1728-1762), Zarevich de Rusia y primer monarca de la dinastía Holstein-Gottorp en reinar sobre Rusia...
A instancias suyas, el joven duque de Holstein-Gottorp, entonces de confesión luterana, fue traído a San Petersburgo y convertido a la fe ortodoxa rusa, para luego ser presentado como el gran-duque heredero Pedro Feodorovich de Rusia, antes de concertar su matrimonio (en 1745) con otra princesa alemana, Sofía Federica Augusta de Anhalt-Zerbst (1729-1796), hija del príncipe Christian-Augusto de Anhalt-Zerbst y de Juana-Isabel de Holstein-Gottorp (hermana del rey Adolfo-Federico I de Suecia). La futura esposa del heredero de Isabel, fue igualmente convertida a la fe ortodoxa y rebautizada con el nombre de Catalina Alexeievna. De estatura mediana, fruto de una educación severa y llena de carencias, el gran-duque Pedro era comparado por algunos a un mono amaestrado sin luces ni criterios propios, cuya inteligencia rozaba la imbecilidad.

la Princesa Sofía-Federica-Augusta von Anhalt-Zerbst (1729-1796), rebautizada como "Catalina Alekseievna" al abrazar la fe ortodoxa rusa y al contraer matrimonio con su primo el zarevich Pedro Feodorovich; cumulaba entonces los títulos de Gran-Duquesa y Zarevina de Rusia, amén del de Duquesa de Holstein-Gottorp...
Evidentemente el gran-duque Pedro carecía de una formación adecuada para convertirse en un futuro emperador de tan extensas tierras. Sus capacidades intelectuales no eran evidentes, su moralidad no tenía rigor alguno y su único pasatiempo era dirigir y hacer maniobrar a sus tropas. La personalidad de Catalina, su esposa, contrastaba con la suya al ser marcadamente más culta y con un raro don mediante el cual juzgaba a los hombres con perspicacia, aparte claro está, de su belleza fisica y de su elegante porte. Huelga decir que su matrimonio con Pedro fue infernal y que dió pie a muchos historiadores para que se pusiera en entredicho la paternidad de Pedro III al nacer, 9 años después, el que con los años llegaría a ser Pablo I de Rusia...

Elisabeth I Petrovna (1709-1762), Emperatriz de Rusia; retratada en 1745 por Grooth.
Del reinado de Isabel I hay que destacar que, tras su golpe de Estado en 1741 con el cual se alzó hasta el trono de su padre, y encerró al pequeño Iván VI, dejó de interesarse por la política y volvió a su vida de placeres. Resultó ser la soberana más vanidosa de Europa, pasándose horas enteras delante de su tocador, tiñéndose el pelo, probándose pelucas, llenándose la cara de afeites. Cambiaba de ropa 12 veces al día y se sabe que, al morir, se contaron unos 15.000 vestidos en su guardarropa. Los diplomáticos extranjeros hablaban del esplendor de la corte de Isabel I, pero el historiador ruso Kluchevski alude a la "dorada mugre" de un San Petersburgo todavía en pleno desarrollo urbanístico, con casas de madera con algunas salvedades. Incluso las condiciones de vida en el palacio de Invierno eran asombrosamente espantosas: goteras, puertas que no se podían cerrar, estufas agrietadas, colgaduras enmohecidas, corrientes de aire gélido pasando por debajo de las ventanas, y hasta la servidumbre dormía amontonada en pequeños desvanes.

el Conde Aleksei Petrovich Bestuzhev-Rjumin (1693-1766), Canciller de Rusia.
La política interna resultó por lo menos benigna, a diferencia de su predecesora Ana I, e hizo una excelente elección al escoger como canciller al hábil conde Bestuzhev-Rjumin quien, irónicamente, era una hechura del antiguo todopoderoso Biren. En lo personal, Isabel fue una mujer igual de iracunda y violenta (cosa de familia), que abofeteaba a todos los presentes cuando se sentía ofendida por una simple futileza y, sin pestañear, hacía gala de una tremenda crueldad cuando enviaba a torturar a cualquiera que osara hacer un comentario desplazado. En amores, resultó ser parcialmente fiel a su pastor cosaco y, a la postre, su marido morganático Alexis Razumovski, al que hizo conde, y cuyo papel estribaba en tocar el laúd cuando no entretenerle entre dos sábanas, puesto que a excepción de su amor al dinero, no albergaba otra ambición que la de amasar una gran fortuna. Se cuentan también entre otros amantes a Beketov o al conde Shuvalov, quien sugirió a la emperatriz fundar la Universidad de Moscú y la Academia de Bellas-Artes de San Petersburgo. Teniendo en cuenta lo inculta e indolente que era Isabel, Shuvalov demostró tener suficiente visión de futuro y mucha influencia al contribuír activamente a esas dos fundaciones.

el Conde Ivan Ivanovich Shuvalov (1727-1797), General de Artillería, favorito de Isabel I y patrocinador de la Academia de Bellas Artes de San-Petersburgo y de la Universidad de Moscú...
Isabel sentía lástima por su sobrino y heredero, sabedora de las duras condiciones en las que creció Pedro. Éste había sufrido que sus preceptores le golpearan por un si o por un no, le castigaran a permanecer durante horas de rodillas sobre sacos de garbanzos.
En consecuencia, y al llegar a San Petersburgo, aparecía como un chico pálido y delgado, erguido como un guardia, expresándose torpemente con una peculiar voz aguda y penetrante, tartamudeando y haciendo gestos extraños e incontrolables (tics nerviosos) mientras intentaba entablar una conversación que, inmediatamente, sacaba de quicio a sus interlocutores. A pesar de proporcionarle maestros más amables y cariñosos, éstos acabaron por desistir en sus empeños de hacerle aprender cosas elementales, juzgándole retrasado e incapaz de fijar su atención sobre un tema concreto. A pesar de haberse convertido a la fe ortodoxa, era un luterano convencido. Su carácter era esencialmente pueril. Le disgustaba todo lo ruso y añoraba todo lo alemán. Al casarse con su prima segunda en 1745, la que más tarde sería Catalina II "la Grande", le confesó abiertamente su amor por una de las damas de compañía de su tía Isabel, con la que hubiese deseado casarse pero que, por respeto a su tía, se había dejado casar con ella... Como confesaría por su lado Catalina, la sinceridad de su esposo no le ofendió y lo único que le importaba verdaderamente era la corona rusa.

Pedro Feodorovich de Holstein-Gottorp, Zarevich de Rusia (1728-1762), nacido Carlos-Pedro-Ulrico.
Pedro se pasaba todo el tiempo jugando a los soldados en sus aposentos, con sus ayudas de cámara, realizando ejercicios militares y cambiándoles veinte veces de uniforme. Tenía sus devaneos amorosos con la condesa Vorontsova, de la cual estaba perdidamente enamorado. Mientras, Catalina se preocupaba en mantener una relación amigable con su marido y en atraerse las simpatías de la gente que juzgaba como influyentes en la corte. La propia Isabel adoraba su compañía, a la que calificaba de agradable, con una conversación chispeante y llena de zalameras ocurrencias (o sea, que tenía mucho ingenio), amén de su inclinación por las diversiones, lo que hizo que ambas congeniaran maravillosamente.
A Isabel le entusiasmaban las mascaradas, y llevaba de cabeza a toda la corte por su obsesión de obligar a las mujeres a disfrazarse de hombres, y a los hombres de mujeres. Ella misma prefería aparecer vestida de hombre, cuando no de marinero, exigiendo que le llamaran "Mikhailova", consciente de que tenía hermosas piernas y que bailaba a la perfección. Pero las fiestas solo servían para maquillar las deficencias de la suntuosa corte rusa. En aquella época, la mitad de la gente que poblaba la corte no sabía leer y tan solo una tercera parte sabía escribir...

Vista del Palacio Imperial de Verano de San-Petersburgo, residencia estival de Elisabeth I Petrovna y su fastuosa corte; cuadro de mediados del siglo XVIII.
En 1745, Isabel tuvo una feliz idea: ordenó al arquitecto italiano Rastrelli que levantara un nuevo Palacio de Invierno sobre el emplazamiento del antiguo, y esta vez con paredes, suelos y techos de piedra, y no de madera como el primitivo recinto regio y, como no, mucho más grande y suntuoso. Producto de este encargo, es lo que hoy conocemos como uno de los museos más grandes de Europa y del mundo, el Palacio de Invierno de San Petersburgo, más conocido actualmente como el Museo Estatal del Hermitage.
El estallido de la Guerra de los Siete Años en 1756, despertó de pronto el interés de la emperatriz, ella que por costumbre se mostraba tibia cuando no distante en materias políticas. La diplomacia austríaca, tan bien guiada por otra mujer como la emperatriz romano-germánica María Teresa I de Austria, y la diplomacia francesa supieron atraerse la preciosa alianza rusa para que entrara a formar parte de una poderosa coalición contra Prusia e Inglaterra, en las que entraban Suecia, Polonia y Sajonia. Ni que decir que en la corte rusa, la abierta admiración del gran-duque Pedro hacia su compatriota idolatrado Federico II "el Grande", resultó embarazosa cuando no insultante para los millares de soldados rusos muertos en batalla. Con desparpajo celebraba las victorias prusianas, mientras las familias cortesanas revestían el luto por un pariente caído en combate.

Federico II "el Grande" (1712-1786), Rey de Prusia de 1740 a 1786; retratado por Antoine Pesne en 1745.
Por su parte, Isabel sentía una visceral animosidad hacia Federico II de Prusia por dos razones: 1/ porque le resultaba peligrosa la expansión prusiana hacia el Báltico y 2/ porque el monarca prusiano se complacía en hacer chistes de mal gusto sobre los amantes de Isabel, y los difundía por toda Europa. Mostró Isabel tanto empeño en acabar con la pujante hegemonía prusiana que sus tropas llegaron hasta Berlín y un tercio de los dominios de Federico II estaban a manos de la coalición. Rusia se había anexionado la Prusia Oriental y parte del ducado de Pomerania, mientras Austria recuperaba Sajonia y saqueaba Berlín por dos veces.
Y de pronto, el 2 de enero de 1762, fallece súbitamente la emperatriz Isabel I de Rusia, la más encarnizada enemiga de Prusia, víctima de una hemorragia. Catapultado al trono de la noche a la mañana, Pedro III de Rusia anunció inmediatamente su intención de poner fin a la intervención rusa en el conflicto. Para colmo, y sin caer en el insulto que hacía al ejército ruso, decidió buenamente y de un plumazo devolver todas las conquistas rusas a Federico II, conquistas que habían costado a los rusos 5 años de guerra y sacrificio. A partir de ahí, su idolatría por el rey de Prusia no tuvo freno y concluyó una alianza ruso-prusiana que sembró el desconcierto entre los antiguos aliados de la difunta Isabel I.

Catalina Alekseievna, Zarevina de Rusia (1729-1796).
El diplomático francés en San Petersburgo, barón de Breteuil, anotaba que desde que Pedro III se había hizado hasta el trono ruso, la esposa de éste, la emperatriz Catalina, tenía un semblante triste en el que se podía leer su preocupación. De hecho Catalina se encontraba embarazada de 6 meses de su nuevo amante, el conde Gregorio Orlov, un apuesto oficial de la Guardia, y del cual estaba locamente enamorada. Orlov había sucedido al conde Saltykov y al conde Estanislao Augusto Poniatowski (del que tuvo una hija, Ana, 18 meses antes!), en el corazón de la emperatriz.
Continuará...

Es ist vor aldem der geschichte Europas,
sehr gut,
Neffe des russischen Finanzminister Michael Graf Reutern und enkel des pracsidenten gegenuber russischen parlaments Woldemar Ernst Graf Reutern Baron von Nolcken ,
Familie Maxime von Reutern - Olga Albrech Romanov Fursten von Russland.
Familie Stael Holstein - von Nolcken
Grube
Eduardo Meroslao Busch Graf Reutern Baron von Nolcken .
-------------------------------------------------------------------------------------