LA DINASTÍA ROMANOV: de Miguel III a Catalina II la Grande (1)
el 10 feb En: Dinastias Zares de Rusia - sin comentarios
Los problemas dinásticos de Rusia
Desde la entronización de la Casa Romanov como dinastía rusa en 1613, con el zar Miguel III (1596-1645), hijo del Patriarca de Moscú Feodor Romanov y de su segunda esposa Eudoxia Strechnyeva, la monarquía vuelve a tener un equilibrio relativo después del asesinato del zar Feodor II, bisnieto de Ivan IV "el Terrible", en 1605, y del reinado de Vassili IV Ivanovich Chuiski entre 1606 y 1610, seguidos de 3 años de inestabilidad política, de guerras sangrientas con Suecia y Polonia, y el palpable vacío de poder que propició grandes desordenes.

Corona y Orbe del Zar Miguel III Romanov (Tesoro Imperial del Kremlin).
Los Romanov, sirviéndose del precedente de su parentesco con Ivan "el Terrible", establecido gracias a la primera consorte de éste, Anastasia Romanovna en 1547, madre del zar Feodor I (1557-1598), pudieron acceder al trono ruso en 1613 y asentarse como nueva familia real rusa, esforzandose en restablecer una continuidad dinástica que asegurara la estabilidad política del país.

Miguel III Feodorovich Romanov (1597-1645), Zar de Rusia en 1613 y 1er monarca de la dinastía Romanov.
Se concluyó la paz con Suecia y Polonia, y en restablecer el orden interno. Miguel III fue el primer zar ruso en adoptar el titulo bizantino de "autócrata", en un gesto que mostraba su imperioso deseo de asumir un gobierno más firme. Entre 1618 y 1633, compartió el poder con su padre. Tras su muerte, su heredero Alexis fue elegido zar por unanimidad en 1645. Se reveló como un monarca inteligente y enemigo de cualquier extravagancia y, bajo su reinado, llamó a su lado a numerosos consejeros occidentales para asesorarle técnica y juridicamente al frente del Estado. Aún y así, surgieron problemas como el levantamiento de la región del Volga entre 1670 y 1671, y se produjo un movimiento cismático en el seno de la Iglesia Ortodoxa Rusa, provocando la excomunión de los "Viejos Creyentes". En 1667, tras un conflicto ruso-polaco, Alexis I adquirió la "Pequeña Rusia" (Ucrania) que pasó a engrosar la lista de sus posesiones territoriales, incluyendo la histórica ciudad de Kiev.

Alexis I Mikhailovich, Zar de Rusia (1629-1676).
Con los dos matrimonios sucesivos del zar Alexis I (1620-1676), primero con María Miloslavskaya (1648) y luego con Natalia Naryshkina (1671), los problemas no se harían esperar cuando la corte rusa se escindió en dos bandos enemigos, uno favorable al clan de los Miloslavski que apoyaba los derechos dinásticos de los 4 descendientes del 1er matrimonio, y otro al clan Nayshkin que respaldaba las pretensiones del hijo del 2º matrimonio.

Feodor III Alekseievich, Zar de Rusia (1661-1682).

Ivan V Alekseievich, Zar de Rusia (1666-1696).
Los dos hermanos, hijos ambos del 1er matrimonio del zar Aléxis, se sucedieron en el trono ruso: el débil Feodor III de 1676 a 1682, muerto a sus 20 años sin herederos directos de sus dos sucesivas mujeres, e Ivan V de 1682 a 1689, casado éste con Prascovia Saltykova y padre de dos hijas: Catalina y Ana. Aunque en realidad, el poder era asumido por su hermana mayor, Sofía, a la sazón proclamada regente de Rusia en 1682/1689, dada la ineptitud de Ivan V, y que es recordada por su brutalidad y crueldad. De hecho, el joven hijo del segundo matrimonio, Pedro I (1672-1725), fue asociado al trono de su medio-hermano Ivan V, en una especie de co-reinado. En medio de intrigas, de enfrentamientos de clanes y de pugnas por el poder, Pedro fue exiliado en un poblacho hasta que, al cumplir sus 17 años de edad, tomó las armas y organizó un golpe de estado para derrocar a Ivan y a la regente Sofía en 1689.

Sofía Alekseievna (1657-1704), Regente de Rusia entre 1682 y 1689, derrocada y encerrada en un convento por su hermano Pedro I; cuadro de Ilya Repin.

Pedro I "el Grande" (1672-1725), Zar de Rusia -retrato de juventud-.
El nuevo zar Pedro I era un gigante de 2m50 de estatura, algo descomunal para la época. Su pasión por los trabajos manuales, como la carpintería, revelan una educación nada clásica y más bien rudimentaria. Su fuerza de voluntad y su dinamismo le ayudaban a superar cualquier obstáculo. Sin apego por el lujo, creía sin embargo en las posibilidades de su país y en su gran destino. Todas esas cualidades no le proporcionaron la popularidad esperada entre sus compatriotas. En 1697, y tras la muerte de su medio-hermano Ivan V (la ex-regente Sofía fue encerrada en un convento para los restos...), Pedro se lanzó en una extraordinaria aventura a través de Europa occidental para informarse sobre esta civilización de la cual Rusia tenía gran necesidad (estancias en los Países-Bajos y en Inglaterra).

Pedro I Alexeievich Romanov (1672-1725), Zar de Rusia y 1er Emperador Autócrata de Todas las Rusias de 1689 a 1725.
Sus frecuentes borracheras etílicas y su innata crueldad no le quitaron mérito a sus realizaciones que parecerion estar a la medida de su gran estatura. Al interior del país, Pedro I atacó los aspectos más tradicionalistas de la vida cotidiana. Prohibió llevar barba (muy generalizada entre sus súbditos), combatió el principio de reclusión de las mujeres, frenó el gusto por las riquezas del clero y hasta corrigió el alfabeto ruso que, juzgándolo demasiado complicado, suprimió 8 letras con el fin de simplificarlo. A pesar de su sed de modernización, y de transformar la mentalidad eslava en un "alter ego" de la civilización occidental, supo proyectar el inicio de las colecciones imperiales con los vestigios arqueológicos de Rusia. Entre toda esa multitud de reformas impuestas con brusquedad, cabe destacar la novedosa introducción en Rusia de la ciencia Heráldica, con un sistema adecuado y con principios más personales que hereditarios. Sin embargo, esa ciencia no acabaría tomando una línea definitiva hasta el reinado de su descendiente Pablo I _1796-1801_.
Pedro I "el Grande" y el problema sucesorio
El zar reformador que fue Pedro I "el Grande" supuso para el país una auténtica revolución que puso patas arriba unas instituciones y unas tradiciones inamovibles de forma brutal y sin miramiento alguno.
Colgante de la Orden Imperial de San Andrés, que era anudado a la banda azul llevada por los caballeros de la orden fundada en 1698. Abajo, collar y gran-cruz de la Orden de San Andrés.

En 1698 fundó la primera de las Ordenes de Caballería de Rusia, la Orden de San Andrés, cuyas insignias dispuso rodearan a partir de entonces las grandes armas del reino que iba en camino de convertirse en un auténtico imperio. Lo cierto, y ya desde el zar Miguel III Romanov, todos los sucesivos soberanos se consideraban como los sucesores del extinguido Imperio Bizantino, del cual pretendían tomar el relevo en muchos aspectos, empezando por los signos exteriores como los símbolos heráldicos.
Si remontamos en la genealogía de los predecesores de Pedro I en el trono ruso (dinastía de los Rurikidas), descubrimos los sucesivos enlaces de alguna princesa y príncipe moscovita con un emperador de Constantinopla y una princesa de Akaïa (ambos de la Casa Imperial de los Paleólogos). En 1721, de "motu propio", Pedro I adoptó el título occidental de "emperador de Todas las Rusias", para añadirlo al de "zar" (rey).

Pedro I "el Grande" (1672-1725), Zar-Emperador Autócrata de Todas las Rusias; retrato según Antropov.
El autocoronado emperador Pedro había traído consigo, de sus viajes por Europa Occidental, la convicción que un acceso al mar era indispensable para la expansión del país. Tras derrotar en Poltava (1709) al ejército del rey Carlos XII de Suecia, aniquilando así la mítica invencibilidad sueca, Pedro I pudo concretar sus planes sobre el Mar Báltico. Ya 6 años atrás, había puesto la primera piedra de su nueva capital mirando al Báltico y al Oeste, a la que bautizó como San Petersburgo. En medio de la nada, de lagos y pinos, sobre el río Neva y su desembocadura, Pedro I dió cuerpo a su sueño. Como todos los monarcas europeos, había sucumbido ante las maravillas de Versalles y, mezclandolo con ese estilo de ciudades sembradas de canales que han ganado terreno al mar, tan características de las Provincias Unidas, creó la que iba a ser su nueva capital administrativa.
A su muerte, este hombre excepcional, había dado a su país una administración civil, un ejército poderoso, una marina y... un mar donde su flota pudiera navegar. Lo más sorprendente es que en la ascendencia de Pedro I "el Grande", no hay ni una sola gota de sangre que no sea rusa. Amante de modernidad y eficacia, permanece sin embargo esencialmente "oriental" en su manera de hacer... En 1718, no dudó en hacer ejecutar a su heredero el zarevich Alexis (1690-1718), tras descubrir su vinculación a un plan de evasión fuera de Rusia. Éste dejaba tras de sí un hijo de 3 años, de su matrimonio con la difunta Carlota de Brünswick-Wolfenbüttel (1694-1715): el que en su día sería el zar Pedro II.
Sus maneras expeditivas recuerdan más las de un sultán Ottomano, que las de un monarca europeo.

Pedro I -sentado- recibe en audiencia privada a su hijo y presunto heredero el zarevich Alexis Petrovich, acusado de conspirar y de planear su huída fuera de Rusia...; cuadro de G.G. Ne.
Pedro I se había divorciado de su primera esposa, Eudoxia Lopukhina, en 1698 y la encerró en un convento de por vida, donde fallecería en 1731. Era la madre del pobre zarevich ejecutado, Alexis, en 1718.
Desde 1712, se volvió a casar con una mujer que, desde luego, provenía de una clase mucho más popular y llana, hija de un tal Samuel Skavronski y viuda de un tal Iván Rabbe, cuyas aventuras como cabaretera y "chica de compañía" de la soldadesca harían sonrojar al más pintado. Después de convertirse en la amante y madre de dos hijas de Pedro, supo hábilmente pedirle que regularizara su situación mediante una pedida de mano formal, una ceremonia nupcial y una coronación como emperatriz de Todas las Rusias. Esta mujer llamada Martha Skavronskaya, pasó a llamarse Catalina I y a verse asociada al trono de Pedro I "el Grande" como su legítima consorte.

Martha Skavronskaya Rabbe, alias Catalina I (1684-1727), Zarina y Emperatriz de Rusia tras regularizar su situación con Pedro I.

Las hermanas Ana e Isabel Petrovna, Grandes Duquesas de Rusia, hijas de Pedro I "el Grande" y de Catalina I retratadas por Caravaque en 1717.
Sus dos hijas, Ana e Isabel, nacidas en 1708 y en 1709 respectivamente, fueron debidamente reconocidas y legitimadas, saludadas con los títulos de Altezas Imperiales y Grandes Duquesas de Rusia. La mayor casó en 1725 con el duque Carlos-Federico de Holstein-Gottorp (1700-1739), muriendo en el parto al dar a luz a un solo hijo varón, Pedro, en 1728, y que 34 años más tarde se convertiría en emperador ruso con el nombre de Pedro III, al ser designado previamente por su tía materna, Isabel I, como sucesor suyo.

Pedro II Alekseievich (1715-1730), Zar-Emperador de Rusia de 1727 a 1730.
El nieto de Pedro I "el Grande", Pedro II (1715-1730) subió al trono tras el fallecimiento de su abuelastra Catalina I en 1727, y reinó por espacio de 3 años solamente, falleciendo prematuramente a sus 15 años sin haber contraído matrimonio ni, por tanto, haber obtenido heredero alguno. Su muerte dejó vacante el trono y enseguida empezaron las luchas por el poder entre las distintas facciones cortesanas que apoyaban a los descendientes de Iván V por un lado, y a la única hija superviviente del 2º matrimonio de Pedro I con Catalina I por otro.
Habiendo muerto en 1733 la hija primogénita de Iván V, Catalina (1692-1733), la corona fue ofrecida a su hermana Ana (1693-1740), duquesa viuda de Curlandia desde 1711, a pesar de que la difunta Catalina había tenido una hija de su matrimonio con el duque Carlos-Leopoldo de Mecklemburgo-Schwerin en 1718.
Se inauguró entonces un desastroso reinado femenino que puso a Rusia al borde del colapso económico, y conocido como "el reinado de los extranjeros", puesto que la emperatriz Ana I entregó el poder a sus dos favoritos alemanes, los cuales se entregaron a un auténtico pillaje de las arcas rusas y a todo tipo de abusos, propagando el terror y el miedo entre todas las capas sociales rusas con deportaciones y ejecuciones arbitrarias. Su único mérito fue la conquista del puerto de Azov...
Ana I Ivanovna (1693-1740), Zarina y Emperatriz Autócrata de Todas las Rusias de 1730 a 1740.
Ana I más preocupada de sus estrafalarios placeres, que del gobierno cuya jefatura debía en gran parte a un segmento de la nobleza, delegó sus quehaceres a su favorito Biren, al que haría duque de Curlandia posteriormente. Se convirtió en la mujer más impopular del país.

"Bufonadas en la Corte de Ana I Ivanovna"; cuadro de Valeri Jacobi, finales del siglo XIX. La emperatriz está en la cama y, a su lado, su todopoderoso favorito y ministro Biren, duque de Curlandia, gobernante de facto.
Continuará...
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