CHRISTIAN VII
REY DE DINAMARCA & DE NORUEGA
1749 - 1808

Christian VII nació el 29 de enero de 1749 en el castillo real de Christiansborg y falleció en Rendsberg (Schleswig) el 13 de marzo de 1808, siendo rey de Dinamarca y de Noruega de 1766 a 1808. Hijo y sucesor del rey Federico V y de la reina Luisa de Gran-Bretaña, su primera esposa. Pertenece a la rama primogénita de la Casa de Oldenburgo, dinastía que ha dado multitud de reyes a Noruega, Suecia y Dinamarca.

Padres y familia


Luisa de Gran-Bretaña e Irlanda (1724-1751), Reina de Dinamarca y de Noruega, consorte de Federico V y madre de Christian VII.

Con tan solo 2 años de edad se queda huérfano de madre; su madre la reina Luisa de Gran-Bretaña, hija de los reyes Jorge II y Carolina de Gran-Bretaña, fallece el 19 de diciembre de 1751. Dejaba tras ella a un marido y cuatro hijos que, por fortuna, llegarían a la edad adulta:

-Sofía-Magdalena (1746-1813), que casaría en 1766 con el que fuera rey Gustavo III de Suecia.

-Carolina (1747-1820), desposada en 1763 con el Landgrave Guillermo IX de Hesse-Kassel.

-Christian VII (1749-1808), Rey de Dinamarca y de Noruega.

-Luisa (1750-1831), casada en 1766 con el Príncipe Carlos de Hesse-Kassel.

Falleció, sin embargo, el primer hijo varón de la real pareja: el Príncipe Christian de Dinamarca, nacido el 7 de julio de 1745, moriría con apenas 2 años de edad (1747).

Federico V (1723-1766), Rey de Dinamarca y de Noruega de 1746 a 1766; retratado por C.G. Pilo.

Viudo el rey Federico V, pide desposar a una de las hijas de su principal y más influyente ministro, el tan estimado conde Adam Gottlob von Moltke (1710-1792), pero su ministro y amigo declina amablemente el peligroso honor de convertirse en el suegro del rey de Dinamarca.

Juliana-Maria de Brünswick-Wolfenbüttel (1729-1796), Reina de Dinamarca y de Noruega de 1752 a 1766, al convertirse en la segunda consorte de Federico V.

Decide pues contraer segundas nupcias con una princesa alemana en 1752: la princesa Juliana-Maria de Brünswick-Wolfenbüttel (1729-1796), hija del ya finado Duque Fernando-Alberto II de Brünswick-Lüneburg-Wolfenbüttel, general y mariscal de campo del Imperio y veterano de las Guerras de Sucesión Española y Austro-Turca, padre de una docena de retoños. La nueva esposa de Federico V cuenta, entre sus hermanas, a otra soberana: Elisabeth-Christine, consorte desdeñada del asexuado rey Federico II "el Grande" de Prusia; y a otra princesa heredera, Luisa-Amalia, consorte del Príncipe y presunto heredero Augusto-Guillermo de Prusia -hermano menor de Federico II-.

Fernando-Alberto II, Duque de Brünswick-Wolfenbüttel-Lüneburg (1680-1735), General y Mariscal de Campo del Imperio, padre de las reinas de Prusia y de Dinamarca-Noruega...

Por otro lado, la flamante reina era la cuñada de la reina de Suecia, Luisa-Ulrika de Prusia, consorte del rey Adolfo-Federico I y madre de Gustavo III de Suecia.

La reina Juliana-Maria sería, como reina, una persona extremadamente cauta y discreta en su papel de consorte de Federico V, cumpliendo a rajatable lo que se esperaba de ella: representar dignamente a la institución que encarnaba junto a su marido y proporcionar hijos para asegurar la dinastía danesa. Pero tras la aparente serenidad de la reina, se escondía una mujer que esperaba su hora.

Sería la madre de un único hijo varón superviviente de cinco retoños habidos con Federico V: Federico, príncipe hereditario de Dinamarca y de Noruega (1753-1805), nacido en Copenhague el 11 de octubre de 1753. Los demás morirían en la cuna.

Por otro lado, el rey Federico V tenía una vida privada que rozaba la bigamia: entretenía a una amante llamada Elsa Hansen, madre de cuatro de sus seis bastardos:

-Ulrik (1751-1752)
-Friederika-Margretha (1748-1822)
-Anna-Maria (1749-1812)
-Sophie-Charlotte (1750-1779)

El 31 de marzo 1754, para su trigésimo primer cumpleaños, Federico V inaugura su recién fundada Real Academia Danesa de Bellas-Artes. Pero el rey, por sus desarreglos personales y su notorio alcoholismo, se limita a la pura representación aunque sea un monarca absoluto, y se apoya en ministros muy capaces para la buena marcha del Gobierno: los condes von Moltke, Bernstorff y Schimmelmann, son los tres prohombres de Dinamarca, el triumvirato que consigue mantener el reino escandinavo a flote y neutral durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), muy a pesar de la proximidad de países combatientes como Rusia y Suecia, y de las presiones externas.

el Conde Johan Hartvig Ernst Bernstorff (1712-1772)

el Conde Adam Gottlob von Moltke (1710-1792)

Heinrich-Carl von Schimmelmann (1724-1782)

Alcohólico, enfermo crónico preso de pasajeros ataques de locura súbita, Federico V muere repentinamente usado por una desordenada vida llena de excesos, en brazos del conde von Moltke. Antes de exhalar su último suspiro, confiesa: "Es una gran consolación para mi, en mi última hora, saber que nunca he ofendido voluntariamente a nadie y que no hay ni una sola gota de sangre en mis manos...". Aquella noche del 13 de enero de 1766, Federico V dejaba de existir en sus aposentos del palacio real de Christianborg, en Copenhague, a la edad de 43 años y tras 20 de reinado próspero y pacífico.

Federico V de Dinamarca y de Noruega (1723-1766); por C.G. Pilo.

Federico V nunca se preocupó personalmente de su hijos, legítimos e ilegítimos. Su salud mental y su desordenada vida le apartaron de las cuestiones más trascendentales, de sus deberes como padre y como rey. Dejó que los demás se ocupasen de todo, y esa dejadez echó a perder la evolución, el normal desarrollo y formación de su heredero y sucesor Christian VII.

el Conde Ditlev Reventlow (1712-1783), Ayo y Gobernador del Kronprins Christian de Dinamarca, definido como un "bestia de una brutalidad y crueldad inusitadas"...

Parece ser que, inicialmente, el príncipe heredero Christian de Dinamarca estuvo dotado de una gran inteligencia, mucho talento y excepcionales cualidades que auguraban un rey prometedor, pero su horrible educación a manos de un preceptor brutal y cruel, el conde Ditlev Reventlow, que le aterrorizaba sistemáticamente, las pervirtieron de tal manera que su carácter degeneraría paulatinamente en locura, apareciendo lo que hoy conocemos como esquizofrenia, hundiéndose además en la depravación más absoluta gracias también a la perniciosa influencia de sus pajes.

Christian VII, Rey de Dinamarca y de Noruega, en un retrato en el que aparece aún adolescente, época en la que sube al trono.

Al convertirse en rey de Dinamarca y de Noruega, Christian VII toma su primera disposición política que sería popularmente acogida con agrado: exige la dimisión del ministro conde Adam Gottlob von Moltke, bastante impopular en estos últimos años al ser sospechoso, erróneamente, de enriquecimiento ilícito a costa del Tesoro Público Danés.

En julio de 1766, von Moltke dimite de todos sus cargos y oficios, retirándose lejos de la corte para instalarse en su finca de Bregentved por un par de años. En febrero de 1768, volvería a entrar en el Consejo Real por influencia de Rusia, pero sin tener su antigua y determinante importancia. El 10 de diciembre de 1770, sería nuevamente cesado, al rehusar ser partícipe del nuevo gobierno formado por el conde Struensee.

Christian VII: un problema de Estado


Christian VII, Rey de Dinamarca y de Noruega (1749-1808).

Tras el fallecimiento de su padre, empedernido alcohólico y de facultades mentales sensiblemente menguadas, se convierte, con todavía 16 años de edad, en el nuevo rey de Dinamarca y de Noruega el 14 de enero de 1766, y contrae matrimonio el 8 de noviembre del mismo año con una prima-hermana: la princesa Carolina-Matilde de Gran-Bretaña e Irlanda (hermana del rey Jorge III). En cuanto a su hermana Sofía-Magdalena, ésta es desposada con el kronprins Gustavo de Suecia en un intento de mejorar las relaciones entre los dos países. Tras esos tres eventos de tan magna importancia, naciendo a los dos años de haber matrimoniado su único hijo y heredero, el príncipe Federico (futuro Federico VI), Christian VII, que reconoció buenamente y en público no amar a su esposa, se abandona a toda clase de excesos y orgías, acabando por hundirse en un estupor mental total, con crisis crónicas de paranoia, de auto-mutilación y de alucinaciones ópticas (delirium tremens).

Traje de boda del rey Christian VII de Dinamarca, confeccionado para su enlace con la princesa Carolina-Matilde de Gran-Bretaña en 1765-1766.

La conducta del enviciado monarca fue, desde el principio, un grave problema de Estado en un tiempo en que los monarcas eran reyes absolutos y de ellos dependían el gobierno. Sin guardar las formas propias de un rey, después de despreciar públicamente a su mujer, Christian VII andaba con compañías nada recomendables, siendo buena prueba de ello su más que dudosa amistad con Anna Cathrine Benthagen, la prostituta más conocida de todo Copenhague bajo el apodo de "Stovlet-Cathrine", que le llevaba a todos los burdeles de la capital junto con otros compañeros calaveras, protagonizando repetidamente graves y sonadas trifulcas con la policía.

Tales fueron las consecuencias de esa escandalosa conducta, que el Consejo tomó cartas en el asunto y deportó a la Benthagen a Wandsbeck, en Holstein, otorgándole sin embargo una pensión anual de 400 riksdals -a petición del rey- siempre y cuando se abstuviera de reaparecer por Dinamarca.

La Corona Real de Dinamarca, llamada "corona de Christian V", fue realizada entre 1670 y 1671 por el orfebre y joyero real Kurtz, remplazando la corona de Christian IV, juzgada pasada de moda...

Si bien Christian VII era un monarca absoluto, su dejadez, su desarreglada vida y su manifiesta falta de interés por las tareas propias de un rey le llevaron a apoyarse en su consejo de ministros -como lo hiciera en su día su propio padre el rey Federico V-, otorgándoles la potestad sobre todas las grandes decisiones de Estado. De hecho, el Gobierno Danés, aunque oficialmente era el instrumento de una monarquía absoluta, dependiendo de la buena voluntad del rey, funcionaba en realidad como un gobierno en el que todos los ministerios eran copados exclusivamente por los miembros de la nobleza danesa.

Un doctor alemán ambicioso: Johann Friedrich Struensee

En 1768, se produce un crucial encuentro que iba a cambiar el panorama gubernamental de Dinamarca: antes de iniciar un viaje oficial por Francia, por los Estados Alemanes (Hannover) e Inglaterra, Christian VII conoce al médico Johann Friedrich Struensee, súbdito germano oriundo de Halle que suscita su interés y cuya relación se traduce en una sólida amistad intelectual. Conquistado, Christian VII le convierte casi enseguida en su principal e inseparable médico de cabecera, en su consejero privado, y le concede el título de conde.

el Conde Johann Friedrich von Struensee (1737-1772)

Stuensee, convertido en íntimo amigo, en ministro y en el hombre fuerte del rey, pasa a ser el gobernante de facto tras un breve tiempo entre bastidores, levantando no pocas ampollas en el seno del Consejo Real y entre las distintas facciones aristocráticas que pugnaban por hacerse con el gobierno.

Struensee tenía de si mismo un alto concepto, y se sabía llamado a ser mucho más que un simple médico; aspiraba al poder y tenía ideas, de su época universitaria en Halle, inspiradas directamente de los filósofos. Fruto de sus años de estudios, Struensee se había convertido en un propagandista del ateísmo y del esprit de raison, como adepto de Jean-Jacques Rousseau y de la enciclopedia, influenciado por las propuestas críticas y reformadoras.

Hijo de un teólogo pietista y sacerdote, había ejercido como médico en Altona, en las posesiones del conde von Rantzau, y en el distrito de Pinneberg. Cuando su padre se convirtió en el obispo de Rendsberg, el joven Struensee, de entonces 23 años, se independizó y tuvo su propia casa aunque sus expectativas no correspondían con su condición económica limitada. Pero su gran inteligencia y sus maneras elegantes le abrieron numerosas puertas, llegando a ser aceptado en los círculos más exclusivos, divertiendo y escandalizando a sus contemporáneos con sus controvertidas opiniones políticas y sociales.

En sus primeros 10 años en Altona, Struensee entró en contacto con los cenáculos aristocráticos en los que se encontraban muchos nobles daneses que habían sido expulsados de la corte de Copenhague. Entre las amistades que hizo en ellos, citemos tan solo al conde Enevold Brandt y al conde Schack Carl von Rantzau, líder del cenáculo de los adeptos de la Ilustración, y que se erigió en su protector. Es gracias a Rantzau que Struensee sería introducido ante el rey Christian VII como panacea para su salud mental y física (junio-julio de 1767), mientras el monarca y la corte veraneaba en Schleswig-Holstein. Y porque Struensee consiguió que el rey se recuperase de una crisis pasajera, éste le invitó a formar parte de sus acompañantes en su viaje al extranjero de mayo de 1768 a enero de 1769. A los seis días de viaje, Struensee se ve recompensado con el cargo de Consejero de Estado de Su Majestad.

Durante nueve meses, Struensee pasó a ser progresivamente un íntimo del círculo del rey, y los ministros Bernstorff y Schimmelmann consideraron al médico y su influencia como muy beneficiosa para Christian VII. En el momento del regreso de la comitiva real a Dinamarca, en enero de 1769, Struensee era agraciado con el cargo de médico personal de Su Majestad.

Fulgurante ascensión

Actuando en la sombra y con una influencia creciente sobre el idiotizado monarca, Struensee inició su ascenso al poder para llevar a cabo sus proyectos personales. Su primer paso o primera gestión exitosa se tradujo en la reconciliación de Christian VII con su joven reina, Carolina-Matilde de Gran-Bretaña. Pero la joven consorte real no veía inicialmente con buenos ojos a ese arrivista; caería poco después bajo su encanto y sus maneras refinadas.

Carolina-Matilde de Gran-Bretaña e Irlanda (1751-1775), Reina de Dinamarca y de Noruega de 1766 a 1772. Hija del Príncipe Federico-Luis de Gales y de la Princesa Augusta de Sajonia-Gotha, era la hermana del rey Jorge III y nieta de Jorge II; retrato según Jens Juel.

La reina Carolina-Matilde quedaría hondamente impresionada por Struensee, al ordenar éste que se vacunase al príncipe heredero Federico contra la viruela, justo en el momento en que se declara una epidemia de este mal azotando Copenhague en otoño de 1768. El hecho de que salvara la vida del heredero del trono, supuso un total reconocimiento y gratitud por parte de la reina quien, finalmente, le entregaría su corazón. Se cree que, poco después, Struensee se convirtió en el amante de la reina y, fruto de ese adulterio, nacería en 1771 una hija, la princesa Luisa-Augusta de Dinamarca (1771-1843) que sería oficialmente reconocida por el rey, aunque en general la mayoría de los contemporáneos adjudicaban la paternidad a Struensee. Ese escándalo fue el detonante de su caída.

La Princesa Luisa-Augusta de Dinamarca y de Noruega (1771-1843), supuesto fruto del adulterio de la reina Carolina-Matilde con el conde von Struensee; retrato según Sturz, 1771.

Por otro lado, Struensee se ocupó de la educación del kronprins Federico, siempre siguiendo las líneas de Rousseau que abogaban por un retorno a la naturaleza.

El 5 de mayo de 1770, Christian VII le nombraba consejero real.
Tras el veraneo de los reyes y de la corte en sus residencias de Gottorp, Traventhal y Ascheberg (en el ducado de Schleswig-Holstein), la situación del gobierno cambió repentinamente a favor de Struensee; el 15 de septiembre, Christian VII pidió la dimisión del conde Bernstorff y, dos días después, el conde Struensee se convertía en su consejero privado, consolidando así su poder y por un periodo de 16 meses conocidos como "la Era Struensee". El 8 de diciembre del mismo año, Christian VII allanaba el camino de Struensee hasta la cumbre: cesó a todo el Consejo Real en bloque, asi como la Cancillería.

Christian VII de Dinamarca y de Noruega (1749-1808), pomposamente retratado en 1776 por G.W. Ackerfeldt.

Cuando en el curso del año de 1770, el rey se hunde en una crisis de estupor mental, la autoridad de Struensee llega a su punto más álgido. Con las manos libres y el campo despejado de cualquier obstáculo, Struensee puede dar cuerpo a sus ideas y aplicar sus proyectos a golpe de decretos. Del 20 de mayo de 1771 al 16 de enero de 1772, Struensee tiene el control absoluto sobre el reino a lo largo de diez meses. Entre sus muchas reformas, cabe destacar la supresión de la pena capital por robo y el empleo de la tortura durante los interrogatorios judiciales, asi como la fundación de varios hospitales. Pero el defecto de Struensee reside en su completo desconocimiento de la mentalidad de los daneses de entonces y del país en profundidad, además de no hablar ni una sola palabra de danés y expresarse tan solo en alemán, lo que agrava su situación entre la opinión pública. Sin miedo a herir sentimientos y a molestar, cesa a viejos funcionarios sin compensarlos ni pensionarlos, para reemplazarlos por más afines a su programa que, desgraciadamente, pecan de poca o mucha ignorancia en las materias que le son confiadas. Para colmo, Struensee adopta un tono de insultante superioridad que ofende a muchos de sus interlocutores, creandose así muchos enemigos tanto dentro como fuera de la corte.

el Conde Johann Friedrich von Struensee (1737-1772); retrato en miniatura.

Sus medidas de austeridad y de economía desagradan más todavía: suprime multitud de puestos de la administración gubernamental y pública cuando no rebaja los salarios del funcionariado estatal, mientras multiplica los bailes, las mascaradas y otros divertimentos en la corte, llegando a inducir al rey que le regale a él y a Brandt la friolera suma de 60,000 riksdals contantes y sonantes, haciendo gala de una hipocresía e inmoralidad indignante.

Cuando decide, en nombre de Christian VII, suprimir la censura sobre toda publicación y conceder la libertad de prensa, Struensee se encuentra ahogado prontamente por un torrente de panfletos insultantes contra su persona y harto críticos con su gobierno. Pero, pese a su brutalidad y su total carencia de delicadeza a la hora de aplicar sus reformas, la clase burguesa danesa, en el fondo, le es favorable en muchos aspectos.

Abusos y caída

Las reformas liberales y revolucionarias implantadas por Struensee, dieron lugar a que se formase una fuerte oposición trufada de enemigos políticos acaudillados por la segunda esposa de Federico V, la reina-viuda Juliana-Maria de Brünswick-Wolffenbüttel, madrastra de Christian VII, y el hijo de ésta, el príncipe Federico de Dinamarca, ex-presunto heredero del trono.

Juliana-Maria de Brünswick-Wolfenbüttel, Reina-Viuda de Dinamarca y de Noruega (1729-1796), sosteniendo el retrato de su hijo el Príncipe Hereditario Federico de Dinamarca; cuadro de Ziesenis, fechado en 1766-1767.

Federico, Príncipe Hereditario de Dinamarca y de Noruega (1753-1805), y presunto heredero del trono hasta 1768, era el medio-hermano de Christian VII, al ser hijo de Federico V y de su segunda mujer Juliana-Maria, y protagonizó el golpe palatino de 1772 para derribar a Struensee, asumiendo así el papel de regente...

La Reina-Viuda, tremendamente ambiciosa, concentró entonces a su alrededor a todos los descontentos, antiguos funcionarios, consejeros y ministros desposeídos de sus cargos, para erigirse en cabeza de proa de una oposición aristocrática que conspiraba contra el favorito de Christian VII y planeaba dar un golpe de Estado para poner fin a unas reformas que iban sobretodo contra los privilegios de la nobleza, y a una escandalosa situación de adulterio que ultrajaba el honor y el prestigio de la Corona Danesa.

Christian VII, Rey de Dinamarca y de Noruega de 1766 a 1808.

La actitud de Struensee, su relación adúltera con la reina, que ya saltaba a la vista de todos y agravada por el nacimiento de una princesa real de dudosa paternidad, chocó frontalmente con la tradicional veneración de un pueblo por la Casa Real Danesa. Todo el mundo se hacía eco, tanto en los aristocráticos salones como en las calles, de la lamentable situación del rey que era, incluso, publicitada en todos los informes de los embajadores foráneos a sus respectivas cancillerías. El infeliz Christian VII se encontraba ninguneado, apartado de toda decisión y convertido en un rehén de su ministro todopoderoso; su situación era penosa: retenido en sus aposentos, era a menudo maltratado por su primer gentilhombre de cámara, el conde Enevold Brandt, quien no dudaba en darle palizas, tratarle con gran impertinencia y encerrarle en su habitación por "mala conducta", mientras Christian VII imploraba perdón y le pedía lloriqueando como un niño que le dejara salir, y todo esto sin duda a instancias de Struensee y de la reina.

el Conde Enevold Brandt (1738-1772), amigo y comparsa de Struensee, y maltratador del rey Christian VII.

El general descontento se cristalizó en el otoño de 1771, desembocando en una conspiración principalmente liderada por el conde von Rantzau-Ascheburg, y en nombre de la Reina-Viuda Juliana-Maria de Brünswick-Wolfenbüttel (1729-1796), segunda esposa del rey Federico V y madrastra de Christian VII. La viuda del rey Federico V había tomado mucho relieve en los ultimos meses cuando mucha gente, harta del favorito-dictador y de sus fechorías, pusieron sus ojos en ella y en su hijo el príncipe Federico de Dinamarca, tercero en la sucesión al trono.

El Palacio Real de Christiansborg, residencia y sede oficial de los Reyes de Dinamarca y de su Corte en Copenhague; cuadro del siglo XVIII (1750).

Tras una temporada otoñal en el castillo real de Frederiksborg, al Oeste de Copenhague, la corte regresa al palacio real de Christiansborg, sede oficial de la monarquía danesa en la capital danesa, el 8 de enero de 1772. La temporada invernal se inaugura entonces con el primer baile de máscaras en la corte el 16 de enero; es el momento elegido por los conjurados para abatir a Struensee...

El Golpe de Estado

El 17 de enero 1772, los confabulados reunidos entorno a la Reina Viuda y al Príncipe Federico, liderados por el conde von Rantzau-Ascheburg, arrestaron de madrugada, en sus aposentos al sorprendido conde Struensee, bajo la acusación de crimen de lesa majestad y de alta trahición (por su relación adúltera con la reina), encerrado, juzgado y condenado a muerte. La reina fue igualmente apresada en sus habitaciones. La misma noche, Christian VII era liberado de su confinamiento, impuesto por el conde Brandt, detenido poco antes, y paseado por las calles en una carroza dorada para que todos los daneses le viesen libre y tomase un baño de multitudes. El regocijo fue general y sonado en Copenhague.

Noche del 16 al 17 de enero de 1772: el conde Johann Friedrich von Struensee es despertado y apresado en su habitación del palacio real de Christiansborg, por los conjurados...

La sentencia capital contra Struensee y Brandt sería luego rubricada por el propio Christian VII, al maquillarle convenientemente las imputaciones contra su ministro, insinuando que éste, junto con Brandt, planeaba asesinarle para que la reina Carolina-Matilde asumiese la regencia durante la minoría de edad de su heredero el kronprins Federico.

Struensee y Brandt fueron encarcelados en el castillo-fortaleza de Kronborg, y en sus celdas se derrumbaron, confesando sus abusos y sus peores fechorías, saltando a la palestra, como no, el tan cacareado tema del adulterio entre él y la reina. Fueron encontrados culpables de crimen de lesa majestad y de usurpación de la autoridad real, crímenes referidos en los párrafos 2 y 26 de la Kongelov (Ley Real), y que se castigaban con la pena capital. Siendo el dossier terminado, fueron transferidos a la fortaleza de Kastellet, donde debía tener lugar la ejecución de la sentencia.
Brandt sería el primero en ser ajusticiado.

la "Kongelove" o "Lex Regia", Ley Real o constitución que marcaba las pautas, derechos, atribuciones y límites de la Monarquía Danesa desde 1665.

Struensee sería ejecutado públicamente el 28 de abril de 1772, junto con su amigo y colaborador el conde Enevold Brandt, ex-primer gentilhombre de cámara y carcelero del rey; ambos fueron decapitados y sus cuerpos destripados y descuartizados, no sin antes amputarles la mano derecha (por haberse atrevido, repetidas veces, a poner la mano encima de la persona del rey).

La Reina Carolina-Matilde de Dinamarca y de Noruega (1751-1775); retrato según Jens Juel (Década de 1770).

En cuanto a la reina Carolina-Matilde, ésta fue igualmente detenida e interrogada la misma noche del 17 de enero, confesando finalmente su relación adúltera con Struensee. Christian VII, puntualmente informado del resultado de las investigaciones, y bien exageradas por los enemigos de la reina y de Struensee, la repudió automáticamente y mandó anular su matrimonio, provocando un sonado escándalo a escala internacional.

El Castillo-Fortaleza de Kronborg, en Helsingör, servía a otros fines que los puramente militares: como cárcel de Estado y establecimiento de paso para el tráfico de esclavos... Struensee, Brandt y la reina Carolina-Matilde fueron unos de sus ilustres huéspedes en enero de 1772.

Amenazada de juicio y con correr la misma suerte que su amante, fue encerrada en una celda del castillo de Kronborg. El propio rey Jorge III de Gran-Bretaña, tuvo que intervenir en tan delicado tema, para salvar la cabeza de su hermana; consiguió que fuese expulsada de Dinamarca y asignada a residencia en el castillo de Celle, en su electorado de Hannover y bajo su supervisión.

Jorge III (1738-1820), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda y Elector de Hannover de 1760 a 1820; retrato según Sir Allan Ramsay, 1760.

Tras llegar a un acuerdo con su cuñado, Jorge III puso a disposición de su hermana una fragata inglesa que tomó rumbo a la costa alemana el 28 de mayo de 1772. Fue entonces alojada en el castillo ducal de Celle (o Zelle), en territorio Hannoveriano, cuna y feudo de su familia paterna. Se pensó, en un principio, que su estancia forzosa en Celle tan solo sería pasajera y una escala antes de pisar nuevamente tierra británica, pero su indiscreto comportamiento y la libertad con que expresaba, sin pudor, sus deseos de ver a su ex-marido depuesto y volver a pisar, triunfante, suelo danés provocaron el enfado de Jorge III. Reacio a dejarla volver a Inglaterra, y temiendo un futuro escándalo por su culpa, éste prefirió que permaneciese en Celle ad vitam.

El Castillo ducal de Celle, en Hannover, antigua residencia de los duques de Brünswick-Celle y cárcel de la reina Carolina-Matilde.

Separada de sus hijos y del mundo, condenada a la muerte en vida, fallecería repentinamente de fiebre escarlata en 1775, a la edad de 25 años.

Augusta de Sajonia-Gotha, Princesa de Gales (1719-1772).

En el caso de Carolina-Matilde, es curioso observar los antecedentes familiares al remontar su filiación femenina: su madre, Augusta de Sajonia-Gotha, Princesa de Gales, fue públicamente acusada de adulterio con Lord Bute, tutor y primer ministro de su hijo Jorge III de Gran-Bretaña, y hasta muerta su ataúd fue insultado y abucheado en Westminster en 1772, donde llegó a duras penas el cortejo fúnebre.

Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle, Electriz de Hannover (1666-1726); fue repudiada por su esposo Jorge I Luis de Hannover, rey de Gran-Bretaña e Irlanda, y encerrada en el castillo de Ahlden.

Su bisabuela paterna, Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle, Electriz de Hannover y consorte del que fuera rey Jorge I de Gran-Bretaña, también fue acusada de adulterio con el conde von Königsmarck; éste fue asesinado por orden del cornudo y putero Jorge I, y ella encerrada de por vida en el castillo de Ahlden tras ser repudiada y separada de sus hijos.

¿Serviría aquel refrán "de casta le viene al galgo"?

Tres años después de la muerte de Struensee, Christian VII pareció arrepentirse y siguió considerándolo como un gran hombre de brillantes e innovadoras ideas. A propósito de él y de Brandt, escribió en alemán, en 1775: "Ich hatte gern beide gerettet" ("Me habría gustado poder salvarlos").

Muchas de sus reformas, hoy día, son miradas como razonables, pero fueron aplicadas en una época errónea y mal ejecutadas. De hecho, muchas de ellas serían recuperadas años después, tras el Golpe de Estado de 1784, por el hijo de Christian VII, el kronprins Federico. Struensee fue demonizado por un coro de descontentos, de enemigos políticos y de panfletarios mentirosos hasta el día de su ejecución. En cuanto a su affaire con la reina Carolina-Matilde, aún permanece como una historia amorosa intolerable para el público aunque se sepa que las infidelidades sexuales en los círculos reales eran moneda corriente y que el rey mismo había sido notablemente infiel a su mujer desde el principio, y que era un campeón del sexo que había hecho memorables giras por los mejores y peores burdeles de Copenhague. Pero, todo responde a la tan anclada mentalidad machista y paternalista que aún permanece en las mentes y la moralidad de las gentes: se mira con más benevolencia que un rey sea putero, que a una reina que se deja acariciar por otros hombres que no sean el rey, ya que eso implica la duda razonable de quién será el hijo o hija y, por tanto, se pone en duda la legitimidad de éste o ésta. La contestación de que "solo una madre sabe quién es el padre de sus hijos", no serviría para descargo de la soberana adúltera, y sino que se lo pregunten a Isabel II de España cuyo nieto la saludó en una ocasión como "la puta de mi abuela".

Una reina-viuda en el poder


La Reina-Viuda Juliana-Maria de Dinamarca-Noruega (1729-1796).

El golpe palatino de 1772, urdido por la Reina-Viuda Juliana-Maria, había triunfado con la caída de Struensee y la deportación de la reina Carolina-Matilde. A partir de esa fecha, se instala un nuevo gabinete de ministros, a instancias de Juliana-Maria, dominados por la figura de un antiguo profesor de historia y preceptor del príncipe Federico de Dinamarca, Ove Hoegh-Guldberg, que se convierte en el principal ministro de Dinamarca. De hecho, se ha montado toda una parafernalia de personas interpuestas que parecen gobernar ahora el reino, escondiendo realmente la importancia de la Reina-Viuda tras su hijo Federico de Dinamarca, que pasa por protagonizar el golpe de palacio y formar un nuevo gobierno, y la del ministro Hoegh-Guldberg, encargado de dirigir los asuntos de Estado y revocar todas las reformas de Struensee. Tras ellos dos, es la Reina-Viuda quien tiene la última palabra en todas las cuestiones de Estado; defensora a ultranza de los tradicionales privilegios de la nobleza, se erige en campeona del Antiguo Régimen antes de la palabra, y contribuye en mucho en la recesión de toda modernidad conquistada por los daneses con Struensee. Asi pues, el conservadurismo más extremo campó a sus anchas entre 1772 y 1784, gracias a esos tres personajes.

Ove Höegh-Guldberg (1731-1808), Jefe del Gobierno Danés entre 1772 y 1784, fue profesor de historia, preceptor del Príncipe Federico de Dinamarca y su secretario antes de convertirse en el sucesor de Struensee...

Ove Hoegh-Guldberg (1731-1808) era hijo de un pobre comerciante de Jutlandia, que había estudiado teología y se convirtió en profesor de historia en 1761. En 1764, es escogido personalmente por la reina Juliana-Maria de Dinamarca para que forme académicamente a su hijo el Príncipe Hereditario Federico, convirtiéndose a partir de 1771 en su secretario.

Efigie del Príncipe Hereditario Federico de Dinamarca (1753-1805), regente en nombre de su medio-hermano el rey Christian VII, en una medalla conmemorativa de 1774.

Conservador y profundamente monárquico, Guldberg se opuso abiertamente al valido real Johann Friedrich Struensee, no viendo en él más que un revolucionario y usurpador del poder real, y participó en la conspiración maquinada en el entorno de la reina-viuda contra éste.

La caída de Struensee, en 1772, supuso para Guldberg un ascenso hasta la cumbre de la pirámide del poder. Por orden de la reina-viuda Juliana-Maria, aceptó convertirse en el nuevo jefe del Gobierno Danés -sin ser formalmente nombrado primer ministro-, quedando a la sombra del proclamado príncipe-regente Federico de Dinamarca, su antiguo pupilo, y teniendo que rendir cuenta de todos sus pasos y gestiones a la reina-viuda, que era la que auténticamente movía todos los hilos del poder.

En 1777, fue nombrado caballero e inscrito en el libro de la nobleza danesa, recibiendo el nombre de Hoegh-Guldberg.

Bajo su dirección, Dinamarca conoció un período de paz y unas condiciones económicas favorables. Su política nacionalista le convirtió en una figura tremendamente popular, sobretodo después del paso del germano-parlante Struensee, que desdeñó el danés y las costumbres danesas. En 1773, presentaba una ley que hacía obligatorio el uso del danés en el seno del Ejército y de la Armada, llamada "Ley Dura"; en 1776, su Ley sobre la Ciudadanía excluía a todos los extranjeros de los empleos públicos.

Tras el deceso o la marcha de otros ministros del Gobierno, como Schimmelmann y Bernstorff, amplió su campo de acción, lo que le hizo más vulnerable a las críticas principalmente dirigidas contra su política económica y los problemas de corrupción. Su peor error, sin duda, fue abolir las reformas struensianas y no tomar conciencia del problema del campesinado danés.

El final de la Guerra de Independencia Americana llevó a un retorno del ciclo económico y al declive de su popularidad. Acabaría por chocar frontalmente con las opiniones modernizadoras y reformistas del Kronprins Federico -futuro rey Federico VI-, llevándole a dimitir de sus funciones ministeriales tras el Golpe de Estado de 1784, llevado a cabo por el heredero del trono. Se retiró siendo un simple prefecto de provincias.

Personalmente afable y modesto, Hoegh-Guldberg es generalmente considerado como un burócrata concienzudo y aplicado, pero carente de envergadura necesaria para ser un brillante político. Las auténticas reformas no se iniciarían en Dinamarca hasta su cese.

El Golpe de Estado de 1784


el Kronprins Federico de Dinamarca y de Noruega (1768-1839), único hijo y heredero del rey Christian VII, en cuyo nombre asumió la regencia con tan solo 16 años...; retrato según Jens Juel.

Con tan solo 16 años, el kronprins Federico de Dinamarca y de Noruega organiza un golpe de Estado para acabar con el gobierno conservador de la reina-viuda Juliana-Maria -su madrastra- y de Hoegh-Guldberg, que se ha vuelto muy impopular y diana de todas las críticas. Tenía en mente el proyecto de modernizar el país y dotarlo de leyes más liberales y, de paso, sacudirse del yugo de su madrastra y de su tutela política.

Su relación con su padre el rey era casi inexistente; el pobre estado de salud mental y la enajenación crónica de Christian VII le habían incapacitado para contribuir a la formación de su heredero que se había convertido casi en un huérfano desde la deportación de su madre Carolina-Matilde cuando tan solo computaba 4 años de edad.

Puesto que el poder le pertenecía por derecho de nacimiento, Federico decidió tomarlo por la fuerza en 1784, respaldado por sus partidarios. Su golpe abatía a tres personas de una sola vez: a la reina-viuda Juliana-Maria, a su tío Federico y al primer ministro Hoegh-Guldberg, acabando así con un ciclo de extremado conservadurismo largo de 12 años.

La Regencia


"El Juego del Kronprins Federico de Dinamarca", es un cuadro anecdótico que representa al príncipe-regente Federico sentado a una mesa de juego, rodeado por su mujer y familiares, y por sus ministros y cortesanos, en 1794, obra del pintor Hafner.

Autonombrándose presidente del Consejo de Estado, y reconocido como Príncipe-Regente de Dinamarca y de Noruega en nombre de su incapacitado padre el rey Christian VII, Federico asumió la dirección del Gobierno llamando a su lado al conde Andreas Peter Bernstorff; junto con él, llevó a cabo diversas reformas liberales tales como la concesió de libertad de prensa y de derechos civiles a los Judíos, la abolición del comercio de esclavos y la derogación de la Ley de adscripción que databa del reinado de su bisabuelo Christian VI, y que prohibía a los campesinos mudarse de su lugar de nacimiento para así asegurar mano de obra a los terratenientes. Otra disposición importante sería la abolición de la servidumbre en 1788.

el Conde Andreas-Peter von Bernstorff (1735-1797)

Aún soltero, decidió contraer matrimonio con su prima la princesa Maria-Sofía Federica de Hesse-Kassel, emparentada con las casas reales de Dinamarca, de Suecia, de Prusia y de Gran-Bretaña. La boda se celebraría en el castillo de Gottorp, en Schleswig, el 31 de julio de 1790. El matrimonio tendría ocho hijos, aunque ninguno sería varón, lo que a la larga abocaría a la Corona Danesa a un primer problema de sucesión.

Maria-Sofia Federica de Hesse-Cassel (1767-1852), Princesa Heredera Consorte de Dinamarca y de Noruega de 1790 a 1808.

Neutralidad, Guerra & Muerte

Para evitar meterse de lleno en el conflicto franco-británico durante las Guerras Revolucionarias Francesas, Federico se unió a la Liga de Neutralidad, formada por los Estados del Norte de Europa (Rusia, Suecia y Prusia) en 1800. A partir de aquel gesto, Gran-Bretaña apresó a toda embarcación danesa que se encontrara en puertos británicos. Pese a las presiones británicas para que Dinamarca saliera de su neutralidad, Federico se negó a abandonar la Liga de Neutralidad y, un año después, la Armada Inglesa mandada por Lord Nelson arremetió contra la Danesa, aniquilándola en su casi totalidad ante Copenhague (Primera Batalla de Copenhague). El regente tuvo que cursar una orden directa para que cesaran las hostilidades de inmediato y pudo asi salvar lo que quedaba de su flota y de su tripulación.

Federico VI de Dinamarca y de Noruega (1768-1839); retratado por Gröger, a inicios del 1800's.

Durante las Guerras Napoleónicas, Dinamarca se mantuvo firme en su neutralidad ante los conflictos, muy a pesar de las presiones de la diplomacia inglesa. La prudencia y cautela del regente Federico sirvió de mucho en aquellos años en que Europa empezaba a sucumbir ante el avance de los ejércitos imperiales de Napoleón I -coronado emperador de los Franceses en 1804-. En 1807, Rusia se aliaba a Francia y Gran-Bretaña volvió a la carga con Dinamarca, reclamando su ayuda y el aporte de su flota de guerra dano-noruega. El regente volvió a negarse nuevamente, provocando una represalia británica desmesurada: la Armada Inglesa asedió y bombardeó Copenhague sin previa declaración de guerra (Segunda Batalla de Copenhague, 1807).

El 2 de Abril de 1801, la flota Inglesa a las órdenes de Lord Nelson ataca a la Armada Danesa frente a Copenhague; es la "Primera Batalla de Copenhague".

En medio de semejante debacle, el regente ordenó el traslado de su padre el rey Christian VII a una residencia más segura, lejos de los bombardeos. La localidad de Rendsborg, en Schleswig, fue escogida como la mejor opción para que el monarca pudiera pasar sus últimos días en toda tranquilidad. Toda la Familia Real Danesa tuvo, de hecho, que ser evacuada en ese momento.

Bombardeo de Copenhague, entre el 4 y 5 de Agosto de 1807, por la flota Británica; la Familia Real Danesa es evacuada de la capital.

Después de tres días y tres noches de incesante bombardeo, Copenhague capituló. Sin más opciones, Federico tuvo que ceder su flota dano-noruega a Gran-Bretaña. Se produjo entonces la salida de Dinamarca de su neutralidad y su alianza con Francia, una decisión que iba a traer consigo unas desastrosas consecuencias...

El 13 de marzo de 1808, Christian VII moría bruscamente de un aneurisma cerebral, en su residencia de Rendsborg, poniendo asi fin a una existencia triste y desgraciada. Tenía tan solo 59 años.

Sarcófago del rey Christian VII, en el más puro estilo Imperial Francés y sostenido por 4 esfinges egipcias, que se encuentra en la Catedral de Roskilde (sede de la necrópolis real). La inscripción es escueta: Christian den Syvende (Christian el Séptimo).

P.D.: Para encontrar detalles sobre las batallas navales de Copenhague, recomiendo visita a la siguiente página web
http://www.todoababor.es/articulos/copenhague.htm