HATSHEPSUT, la Reina-Faraón
el 28 oct En: Biografías - 1 comentario
UNA SOBERANA RESCATADA DEL OLVIDO
La leyenda de Hatshepsut surgió tras el descubrimiento en el Valle de los Reyes de su tumba, de la cual evidentemente habian sido borradas las referencias a ella por su sucesor, Tutmosis III. ¿Por qué fueron borradas (o casi) esas huellas? Porque esta reina habia osado reivindicar su derecho al trono por encima de su sexo.
La historia de Hatshepsut comienza a mediados del siglo XVI a. C. Hatshepsut es la nieta de Ahmés I, fundador de la XVIII dinastia que habia expulsado de Egipto a los invasores hicsos y reunificado el pais dando paso al llamado Imperio Nuevo. Al carecer de herederos varones, el faraón casa a su hija con un general victorioso llamado Tutmosis, que le sucedera con el nombre de Tutmosis I. Los rumores apuntan que, probablemente, el nuevo faraón sea hijo natural del anterior, que sucederia a su padre casandose con su hermanastra, la cual le aporta la legimidad de su sangre real, pero oficialmente Tutmosis es un extraño de la familia real, no es un hijo del harén.

el Faraón Tutmosis I
Hatshepsut será la mayor de las dos hijas que la reina Ahmés dará a su esposo Tutmosis I. Por sus venas corre la sangre real legítima, la sangre de los dioses, una realidad de la que la niña será consciente desde muy corta edad. Su padre la lleva consigo en las ceremonias oficiales, ser el progenitor de Hatshepsut en cierto modo legitima más si cabe su posición en el trono. La unión de la niña con su padre será muy fuerte, cosa inhabitual en esas grandes familias donde los niños, y menos las niñas, apenas salen del harén. Consciente de su importancia, y ante la ausencia de un hermano varón, desde muy joven, Hatshepsut tendrá una conciencia de su sangre y estirpe que le hará albergar sueños que no corresponden a una mujer.
Ese harén traerá sin embargo la desgracia a la joven princesa. Su madre, la reina Ahmés, no ha conseguido dar un heredero varón a su esposo y éste verá nacer de una concubina un hijo que recibirá su nombre. Es probable que la princesa Hatshepsut no haya reparado siquiera en su existencia -pues el bastardo no tendrá ningún papel oficial como ella- hasta que llega el momento crucial de su vida: la muerte de su padre. Rota por el dolor de la pérdida de su padre, al que adoraba pese a ser un advenedizo dentro de su divina familia, se prepara para asumir su destino: la Corona. No piensa que no existen precedentes de ello porque mirando a su alrededor, ¿quien sino ella es la portadora de la sangre divina real?
Entonces la apean de sus sueños: el faraón, en su testamento, ha nombrado heredero a su bastardo Tutmosis y ella, la princesa Hatshepsut, será su esposa para otorgarle la legitimidad de la sangre real. La joven Hatshepsut no puede creer en su destino. La humillación de verse relegada a esposa del bastardo la consume. Ella, una princesa de sangre real, convertida en instrumento de legitimación del bastardo. Ese habia sido el destino de todas las princesas egipcias, pero ella se habia creido distinta, destinada a un sino más elevado.

Cabeza colosal de Hatshepsut, la Reina-Faraón de Egipto.
Durante unos diez años, convertida en Gran Esposa Real de Tutmosis II, la bilis de la amargura la consumirá, viendo al bastardo de faraón, un hombre que, a diferencia de su padre, carece carisma y valor, un mequetrefe que no llega a su padre a la suela de los zapatos. Y ella, la nieta del faraón Ahmés, debe soportar, cuando el faraón decide ejercer sus derechos maritales, las caricias del usurpador de sus sueños infantiles. Y, por desgracia, para nada: al igual que su madre, ella también estará tocada por la maldición, solo tendrá dos hijas, las princesas Neferuré y Meritré-Hapsepsut, no el ansiado varón que rompa la cadena de bastardos usurpadores.

Tutmosis II, Faraón de Egipto, hijo bastardo de Tutmosis I y esposo de la Princesa Hatshepsut.
Y la historia se repite: ansioso por olvidar el desprecio de los ojos de su orgullosa esposa, el faraón buscará el calor y admiración de sus concubinas.Y una de ellas le dará el ansiado hijo varón, el tercer Tutmosis. El corazón de Hapshepsut late de odio ante el bastardo, pero no intentará matarlo. Su plan va más allá y lo calla hasta que muere su marido, dejando a su bastardo en el trono siendo un niño necesitado de una regencia. Esa regencia debe ser ejercida por la reina, sea o no madre del heredero. Y la hora de Hatshepsut llega por fín.
Hatshepsut no se precipita. Asume la regencia según la tradición en nombre de Tutmosis III. Pero comienza por aplazar la tradicional boda de su hija mayor, Neferuré, con el nuevo faraón. De hecho, al faraón le destina su segunda hija, Meritré, en lugar de la mayor. Y mientras tanto, calladamente, comienza a darle a su hija mayor una educación de heredera. El faraón-niño, mientras tanto, queda aparcado en un rincón, como figurante de las ceremonias oficiales.
Y cuando le llega la edad de la mayoria de edad, la reina regente, en lugar de abdicar de sus poderes, se autoproclama "rey" del Alto y Bajo Egipto en asociación con Tutmosis III, que carecerá de oportunidad alguna de tomar el poder. Es al año 1530 a.C, según recuerdo. Durante los años de regencia, Hapshepsut ha sabido hacerse con los resortes del poder y la corte es leal a ella. Muchos se escandalizan del ninguneo a que es sometido el joven faraón, pero carecen de fuerza para hacer frente al faraón Hatshepsut.
Pues ella asume el titulo de rey, no de reina, y toma los atributos reales, incluida la barba. No le importa presentarse vestida como si fuese un hombre, el mundo está mal hecho, prima el sexo sobre la sangre. Bien, pues si quieren un faraón tendrán un faraón. El derecho al trono es suyo y de sus hijas por derecho de sangre, como princesa de sangre real, no de los bastardos de bastardos. Maldice su condición de mujer, Hatshepsut no es feminista ni hará nada por mejorar la situación social de la mujer, pero decide superar tal condición basandose en la legitimidad de su sangre divina.
Nadie osará cuestionar su poder porque será un gran faraón. Curiosamente, parte de su éxito radicará en la debilidad que tanto odia: su femineidad. Por mucho que consiga hacer olvidar que es una mujer subida a un trono, es un obstaculo insuperable para ponerse al frente de un ejercito. Asi que optará por cambiar de politica. Aparcará las gloriosas campañas militares de su padre en favor de la prosperidad económica de su pueblo. Y en ello tendrá mucho que ver la inestimable ayuda de su fiel servidor Senenmut.

Senenmut, arquitecto, consejero, ministro real y amante (?) de Hatshepsut.
Mucho se ha discutido acerca de éste hombre, si fueron amantes o no. Solo se sabe que Senenmut no es un hombre de la Corte, es alguien del pueblo que ha ido ascendiendo junto a Hatshepsut desde los tiempos en que esta era la esposa de Tutmosis II. El será su amigo fiel cuando nadie apuesta un duro por ella, relegada por una Corte que adoraba a su bastardo marido como faraón. Cuando llega al poder, Hatshepsut le convierte en su consejero, ministro y hombre de confianza. El se encargará de la educación de la princesa Neferuré como heredera y de la construcción de la tumba del "rey", Tell-al-Amarna, donde la reina desea ser enterrada junto a sus amados padres.
Mientras tanto, el joven Tutmosis III comienza a sublevarse contra su destino de marioneta. Odia a muerte a esa madrastra que le impide acceder al trono que considera suyo. Y el hecho de que le haya entregado por esposa a su hija menor en lugar de la mayor le angustia respecto a las intenciones de esa bruja respecto a Neferuré. Todo apunta a que Hatshepsut pretende implantar un matriarcado que permita a las mujeres acceder al trono, comenzando por su hija mayor. No puede luchar contra el poder férreo de esa mujer que controla los engranajes del Estado. Pero consigue hacerse oir lo suficiente para conseguir apoyos que apelen a la reina para que le otorgue un lugar en el ejército. Organiza una campaña de desprestigio de la reina haciendo ver que la gloria de Egipto ha decaido con la paralización de las campañas militares de su abuelo -y padre de la reina- Tutmosis I.
Hatshepsut comienza a preocuparse por ese joven que se parece tan dolorosamente a su propio padre, el gran Tutmosis I, en su audacia y dotes militares. En su fuero interno, no habria soñado un hijo propio distinto a él. Pero no lo es, es el bastardo que pretende usurpar los derechos de su hija y, sin embargo, no se atreve a atentar contra él: de ocurrirle algo, ella seria la principal sospechosa y una cosa es tolerarla como "rey" y otra que se aguante que elimine al faraón. Asi que decide ceder y le da mando en el ejercito: el muchacho demuestra que vale, va victoria tras victoria.
Y entonces, los sueños de Hapshepsut se hunden: la princesa Neferuré, su heredera primorosamente preparada, muere a los quince años. Y su otra hija es la esposa del bastardo. El sueño terminó. Incluso pierde a su compañero de fatigas, Senenmut. Este desaparece de su lado, probablemente a consecuencia del golpe mortal para esa unión tan perfecta que es la muerte de la joven que encarnaba sus comunes sueños.

Tutmosis III, bastardo de Tutmosis II, yerno y sucesor de Hatshepsut.
A partir de entonces, Hatshepsut se convertirá en una anciana solitaria y amargada que se aferra a su trono, por ahorrarse la amargura de verse bajo el poder del bastardo. Tutmosis III, que ya sabe que el futuro es suyo, no intenta destronarla pues su propio poder crece cada dia. Ahora si es realmente un faraón asociado.
Hatshepsut muere hacia el 1484 a. C. tras un largo y fructifero reinado. No llegará a ver el nacimiento de su nieto Amenofis II, hijo de Meritré y Tutmosis III, el primer faraón de autentica sangre real desde Ahmés I, que la habria compensado por su fracaso. Su yerno vengará la humillación haciendo desaparecer de su tumba todas las referencias a la existencia de esa mujer y sus años de reinado figuraran como parte de su propio reinado.
Hasta no hace no muchos años, por ello, la memoria de Hatshepsut, la reina-faraón, estaba perdida. Pero su recuperación nos ha permitido conocer a una mujer que luchó sin temor contra los pilares de su sociedad y su destino demostrando que una mujer podia ser uno de los grandes faraones de la historia egipcia.
Texto de Camarada_Ane / La Reina-Faraón Hatshepsut.

Que bien que la recuperaras,,, "si quieren faraón tendrán faraón" esa frase lo dice todo... fantástica como siempre, vampiro, un abrazo.