JUAN-CARLOS I, el tercer monarca más rico de Europa.

Juan-Carlos I, Rey de España desde 1975 (retrato de 1977)

tomado de: http://www.diariodelaire.com/

Coincido con mi estimado y leído don Javier Ortiz a la hora de valorar la contumacia de la Fiscalia respecto a la Corona y comparto por ello cuanto dice con relación a la quema de fotografías de los Reyes de España en Gerona por parte de un par de mozalbetes encapuchados. Si la persecución y secuestro de la portada de la revista El Jueves, por mostrar de modo satírico a su incondicional pero minoritario público las artes e intereses en la coyunda del Príncipe de Asturias y doña Leti, fue de por sí un error que perjudicó por su repercusión -antes que defendió- a la intocable institución monárquica, seguir en las mismas a cuenta del ardimiento en imagen de Sus Majestades es más de lo mismo y en el mismo curso: Para mí -dice el señor Ortiz y yo lo creo- que el fiscal ha puesto en marcha una campaña sutil y perversa que pretende propalar que la Monarquía española es una institución de mírame y no me toques, con tanta propensión a accidentarse y caerse como la acreditada por su titular. Que la forma monárquica del Estado debe ser protegida cual bebé-burbuja, porque, si no, se nos va. Sólo le falta a procedimientos como el de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que pretende encausar a los jóvenes encapuchados gerundenses, que a su celo protector lo refuercen noticias como la que sigue, difundida por la prestigiosa agencia Deutsche Press en el día de la fecha, marcada por el fausto cumplimiento del natalicio de la señora Ortiz de Borbón hace 35 años:

Juan Carlos I es el tercer monarca más rico de Europa con una fortuna estimada en 1.700 millones de euros, mientras que Alberto II de Bélgica es el más pobre con "sólo" 12,4 millones de euros, según los cálculos que publicaron ayer medios belgas.
El soberano belga, de 73 años, tiene en su cuenta -según palacio -unos 12,4 millones de euros (17,2 millones de dólares) y dispone de un lujoso yate y una mansión en el sur de Francia. Pero en comparación con otras casas europeas, Alberto "es el pobretón", señaló ayer el diario Het Laatste Nieuws.

El jefe de Estado más rico en Europa es el príncipe Hans-Adam de Liechtenstein que, según el rotativo, tiene una fortuna de 3.000 millones de euros (4.100 millones de dólares). Le siguen en la lista la reina Isabel II de Inglaterra (1.800 millones de euros/2.400 millones de dólares) y el rey de España con 1.700 millones de euros/2.300 millones de dólares).
El gran duque de Luxemburgo Henri, con 1.200 millones de euros, es cien veces más rico que su homólogo y vecino belga.
Aunque la cifra no supera el millar, también están bien dotados el rey Carlos Gustavo de Suecia (793 millones de euros), el príncipe Alberto de Mónaco (775 millones de euros), la reina Beatriz de Holanda (217 millones de euros) y el rey Harald de Noruega (141 millones de euros).



Ahora mi comentario.

Poco o nada me importa lo que tiene nadie en su cuenta corriente, de hecho, en Europa, se tiene por costumbre hablar poco o nunca de estos temas entre personas educadas; en los EE.UU., es todo lo contrario: cuando se socializa, lo primero que se aborda en este orden es: a) qué profesión se tiene y b) cuánto se gana al año;luego viene la valorización o juicio. Por el mismo sendero van los sudamericanos, invadidos por las costumbres y la aberrante mentalidad mercantil de Yankeelandia. Penoso.

Pero ya que se aborda el tema de un personaje público, todo un Jefe de Estado y nada menos que un rey, en España se sale tímidamente (por fin) de esa "reserva" y de ese silencio cargante que caía como una losa cuando alguien osaba preguntar: ¿y cuánto cobra el rey?
Nadie lo sabía... aventuraban una respuesta: "poco,... porque tiene un tren de vida muy modesto y todo lo que tiene es del Patrimonio Nacional...".

El cuento duró así a lo largo de casi tres décadas, tres décadas muy felices, placenteras para Su Majestad y la Familia Real... vamos, como una balsa de aceite, un camino de rosas con un solo bache: los Aznar. Pero ésa es otra anécdota.

Durante 30 años, el Rey se contentaba de un modesto estipendio anual, modesto en comparación a los presupuestos generales del Estado en el que el Ejército se lleva la mejor parte y la porción más gruesa, modesto si lo comparábamos con la renta anual percibida por su homónima Elizabeth II de Gran-Bretaña, si... Acaso, en compensación, tenía el favor popular y el reconocimiento internacional al instaurar, tras 40 años de lúgubre y anaftalinada dictadura, un régimen supuestamente democrático y aperturista, y por defenderlo (como correspondía a su papel de garante) ante una intentona golpista de opereta (el 23-F de 1981, acaso el acontecimiento más bochornoso y patético de un grupúsculo de mostachos recortados y brillantina), por proyectar a nivel mundial una imagen renovada de una España medio siglo aislada y tercermundista, y de una monarquía sencilla, moderna y emprendedora, envidia de las repúblicas vecinas.

Por llegar a España con una mano delante y otra detrás, sin fortuna y sin bienes, modestamente instalado en un antiguo pabellón de caza a las afueras de Madrid, estrechamente espiado, ninguneado y con un sueldo de risa, arropado en un título principesco inexistente y a la sombra de una momia que daba sus últimos estertores al balcón de un Palacio Real de Oriente nacionalizado, nos daba pena y despertaba simpatía.

Pero al paso de los años, el intocable, embarnizado e idolatrado monarca, amparado por una Constitución que le hacía y le hace incuestionable, so pena de persecuciones judiciales y encarcelamientos, empieza a sufrir superficiales agrietamientos. La Prensa de 1977 ha cambiado, bien por influencias externas o bien por relevo de generación. Se cuestiona su figura, su familia y sobretodo su "inviolabilidad", un estatus que ni siquiera disfrutan otros monarcas de países democráticos, que los hace palidecer de envidia. Más deben de envidiarle si están al corriente de a cuanto asciende su fortuna personal.

Muy bien han tenido que asesorarle los magos de las finanzas españolas para que Su Majestad, con solo ocho millones de euros anuales, pudiera multiplicar ese dinero, porque sino uno no se explica cómo. Sin duda inmejorables inversiones bursátiles u otras con pingües beneficios han contribuido a devolver a la Corona Borbónica ese centelleante brillo de los tiempos de Alfonso XIII.

Hablan de inversiones en el extranjero, de cuentas, de operaciones lucrativas, pero es lo de menos. El vulgo, nada familiarizado con los índices bursátiles y los negocios oportunistas, no entiende o malcomprende el milagro que se ha operado en tres decenios en el seno de una Familia Real célebre por su mediocridad financiera. Mejor se entiende que los Franco se hayan enriquecido a lo largo de medio siglo gracias a las "donaciones" de sus... ¿incondicionales? y de un pueblo entregado. Últimamente se ha abordado el tema en los medios televisados y la prensa escrita, gracias al incidente del Pazo de Meirás.

Pero si hay algo cierto en todo esto, es que Don Juan-Carlos I ha tenido la suficiente inteligencia como para dejar que todo cuanto reciba (sobretodo fincas o casas, embarcaciones y regalos varios) y suponga implícitamente un gravamen fiscal, vaya derechito a engrosar el ya de por sí importantísimo haber del Patrimonio Nacional (que antes de 1931, era Patrimonio de la Casa Real), creado por el General Franco. Libre de cargas fiscales sobre bienes muebles e inmuebles, sin gastos domésticos (porque el personal y la domesticidad de la Casa Real pertenece al funcionariado estatal) y con los viajes y alojamientos pagados, mucho dinero le debe de quedar para gastarselo en corbatas de Hermès y caprichos de gran cilindrada, aparte de invertirlo en oportunidades rentables, ofrecidas en bandeja por un Botín u otro banquero avezado.

El o los detonantes que han empezado a derribar, a socavar el idílico estado de bienestar de la Corona, han sido:

a)-la polémica construcción de la "casita" del Príncipe de Asturias en El Pardo.

b)-el astronómico coste de la boda del Príncipe de Asturias con Doña Letizia Ortíz Rocasolano y las molestias ocasionadas.

c)-la compra multimillonaria de la Infanta Cristina y de Don Iñaki Urdangarín de una casa en Barcelona, y el coste de la reforma de la finca.

d)-la publicación, tan publicitada por Conde Pumpido (su exceso de celo ha resultado altamente perjudicial para la máxima institución española), de una irreverente a la par que ocurrente portada de la revista humorística El Jueves, que satirizaba una decisión gubernamental a través de los Príncipes de Asturias como representantes de la joven familia media española.

e)-La publicación de la asombrosa flota de la Casa Real.

f)-La polémica desatada sobre la afición cinegética del Rey y el hecho de que doña Letizia se haya apuntado al carro de las "reales cacerías"...

y g)-puede que me deje algún detalle más... ¿el nuevo yate del Rey?