Los padres

Retrato del Delfín Luis Fernando de Francia (1729-1765); "Hijo de rey y padre de rey, nunca rey", así se puede resumir la situación del único heredero superviviente de la camada habida de Luis XV y María Leszczýnska; acaso tuvo más relieve que su bisabuelo el Gran Delfín Luis, aunque compartiera un destino paralelo con éste. Se le juzgó tímido, retraído, taciturno y mojigato, crítico con su padre,lo que no le impidió echar una cana al aire y traer al mundo un bastardo...

Sabiendo el Delfín que el ayo La Vauguyon, como todos los que forman parte del esplendor versallesco, era un negado en cuanto a decir o a emitir un "crudo" juicio sobre sus reales alumnos, hizo llamar al Padre de Neuville, un jesuita, para que examinara con realismo y sin florituras a los infantes. Para el Duque de Berry, el jesuita acertó cuando afirmó al Delfín que, a pesar de no poseer excelentes maneras, poseía un sólido juicio y un gran corazón incluso cuando se mostraba de un humor de perros.

Luis-Estanislao de Francia, Conde de Provenza y Duque de Anjou (1755-1824), ataviado con el manto de los Caballeros de la Orden del Espíritu Santo.

Para el Conde de Provenza, lo juzgó muy diplomático y teniendo mil caras, mostrando así su alto grado de adaptación: chismoso con los cortesanos, diplomático con los embajadores, fútil con las damas, se muestra jesuita con el jesuita. Actor nato y muy astuto, se mete en el bolsillo a su interlocutor. De hecho, Provenza es un auténtico "gato de salón". La Princesa Clotilde muestra su gran sencillez y una inalterable naturalidad a imagen y semejanza de Berry. El Conde de Artois aparece más como un "cachorro travieso", y su encanto subyuga al padre jesuita. Dado que el veredicto es más acorde con la veracidad, el Delfín suspira sobretodo de alivio al oír que su primogénito, Berry, no es tan mediocre como él creía.

Carlos-Felipe de Francia, Conde de Artois y Duque de Angulema (1757-1836), ataviado con el traje de la Orden del Espíritu Santo.

A raíz de aquel exámen, el Duque de Berry recibiría el acertado apodo de "Pequeño Vulcano"... Hereda de sus rectísimos padres una conducta moral ejemplar y, desde luego, el rechazo al pecado de la carne aunque sin caer en la mojigatería y el extremismo de sus progenitores. El Delfín siempre llamó a la Marquesa de Pompadour "Mamá Puta", mostrando así su total desaprobación ante los amores adúlteros de su padre el Rey; como buen hijo que fue, Luis Fernando de Francia jamás perdonó la afrenta inflingida a su madre la Reina. Como príncipe, tuvo la bastante mala fe para no reconocer las benéficas influencias de la favorita en materia política y artística. Pese a ello, el Delfín nunca insistió o intentó asediar al Rey para que se deshiciera de la amante: acallaba su indignación entre los brazos de su esposa, aquella que, irónicamente, debió su matrimonio a la Marquesa de Pompadour! Cuando en 1764 falleció la poderosa favorita, el Delfín reprimió a duras penas su inmensa alegría, y la Delfina, más caritativa y tolerante, prefirió rezar por su alma.

La Duquesa Maria-Josefa de Sajonia, Princesa Real de Polonia y Delfina de Francia (1731-1767); segunda esposa del Delfín, era hija del rey Augusto III de Polonia y de la archiduquesa Maria-Josefa de Austria, Electores de Sajonia. Su hermana era Maria-Amalia, fallecida en 1760, consorte del rey Carlos III de España. Su posición en la corte tuvo inicios delicados: era la hija del rival y vencedor del rey Estanislao I Leszczýnski; sin embargo, la cohabitación con su suegra la reina María fue armoniosa y apacible. En cuanto a su matrimonio, duro al principio por el retraimiento de su marido, apenado por la muerte de su primera mujer española la Infanta Maria-Teresa Rafaela de Borbón, acabó siendo una balsa de aceite y prolífico en hijos...

Cabe reseñar que el Delfín tuvo sus propios devaneos amorosos, como su "affaire" con Marie-Anne de Vidal, a la que hizo un hijo bastardo: Auguste d'Adonville, nacido el 2 de octubre de 1758.

Luis Fernando, excelente jinete y buen soldado, solía participar en los desfiles y ejercicios de campaña militares cuando la corte se trasladaba a los Reales Sitios de Compiègne y de Fontainebleau, junto a su padre el Rey y el príncipe de Condé. Cabe decir que el Delfín es muy popular en el Ejército y que tiene su propia compañía: el Royal-Dauphin, formado éste por "dragones" con uniforme verde, rosa y blanco y casco dorado adornado con pieles de pantera. En las maniobras militares, soberano, heredero y nietos hacen siempre acto de presencia. Sin embargo, al Duque de Berry se le priva de una formación militar a pesar de su pronunciado gusto por las matemáticas y la topografía, sin explicaciones razonables. Esta ausencia, este lapsus en la educación de un príncipe prometido al trono, parece ser un "descuido" paterno. El caso es que el Delfín, durante las maniobras del 11 de agosto de 1765, regresa completamente mojado, al caer una de esas copiosas tormentas de verano sobre el campamento militar de Jassy. Se declara la fiebre nada más guardar cama en el Castillo Real de Fontainebleau; tose, tiembla, pierde su oronda silueta y... agoniza. El heredero de Luis XV muere en noviembre, tras altibajos de salud, y el Duque de Berry, con tan solo 11 años de edad, es catapultado al 1er puesto del Orden Sucesorio y saludado nuevo Delfín de Francia. Luis XV se lamenta: "Un rey de 55 años y un delfín de 11...¡Pobre Francia!".


Luis XV, Rey de Francia y de Navarra (1710-1774); retrato oficial y pomposo con los atavíos regios de la coronación, según L.M. Van Loo.


Luis-Augusto de Francia, Duque de Berry (1754-1793); el nieto primogénito de Luis XV se convertía, a la tierna edad de 11 años, en el nuevo Delfín de Francia, título de los presuntos herederos de la Corona Gala...

Humano, el nuevo Delfín se salta el protocolo a la brava abrazando efusivamente al abuelo entristecido. Sorprendentemente, Luis XV corresponde al nieto con gran cariño a través de un fuerte abrazo. Ambos vierten lágrimas.

A partir de entonces, Luis XV demostrará su humanidad hacia el joven Luis-Augusto con señales de gran afecto que no había dado a su propio hijo. Si abuelo y nieto no se parecen físicamente, sus carácteres son opuestos y sus modales bien distintos, son sin embargo dos personas que se comprenden y se aman. Luis XV resulta un abuelo fascinante para Luis-Augusto.

El cuerpo sin vida del difunto Delfín Luis Fernando, fue expuesto en la Sala de los Nobles dónde la multitud desfiló durante mucho tiempo para rendirle el último homenaje, mientras el Rey y sus nietos subieron a sus carruajes, camino de Versailles. El protocolo no permitía que el soberano viera la muerte.

Lutos y proyectos familiares


Luis V José de Borbón, 8º Príncipe de Condé (1736-1818); primo del rey Luis XV y jefe de la rama principesca de los Borbón-Condé, que entraba en la línea sucesoria real francesa después de los Orléans, era un general de enorme popularidad entre los soldados rasos y demás subordinados castrenses que ostentaba, de forma hereditaria, el cargo de Gran Maestre de la Casa del Rey lo que le proporcionaba una nada despreciable ventaja sobre los demás cargos y oficios de la Corona. Tuvo el triste privilegio de encabezar el desfile funerario que llevó hasta Saint-Denis, la urna que contenía el corazón del Delfín Luis Fernando de Francia...

El día siguiente a la Navidad de 1765, el jefe de la Casa de Condé, el Príncipe Luis V José de Condé, vestido de luto y a caballo, encabeza la marcha del convoy funerario hacia la real abadía de Saint-Denis, para depositar allí, en la necrópolis de los reyes, la urna que contiene el corazón del Delfín. En el mismo momento, el Príncipe de Conti, con igual pomposidad, conduce los restos del fallecido hasta su última morada, en la catedral de Sens, situada frente al altar mayor. Fue voluntad del moribundo que se le enterrara en una catedral cercana al lugar donde falleciera, en contra de la costumbre que obligaba a reyes y príncipes a descansar en la necrópolis real de Saint-Denis. Lo único que entraba en la abadía de los reyes era su corazón, que sería depositado al lado de los restos de su primera esposa española, la Infanta Maria-Teresa Rafaela de Borbón y Farnesio.


Estanislao I Leszczýnski (1677-1766), Duque de Lorena y de Bar entre 1740 y 1766. El suegro de Luis XV falleció de la manera más tonta que se pueda imaginar: tras levantarse tempranamente de la cama, antes de la hora del "despertar oficial", encendió la chimenea de su alcoba mientras hojeaba unos papeles y esperaba que toda la parafernalia protocolaria se iniciara. Perdió el equilibrio y cayó de espaldas en el fuego; nadie acudió a socorrerle porque todos esperaban una señal para que empezara la ceremonia del despertar...

El 23 de febrero de 1766, el bisabuelo de Luis-Augusto, Estanislao I Leszczýnski, duque de Lorena y de Bar, falleció tras caer de espaldas en su chimenea, al prenderse su albornoz cuando se dispuso a encenderla poco después de levantarse de la cama. Sus graves quemaduras le mataron y expiró al cuarto día del accidente doméstico. El orondo ex-rey de Polonia, había recomendado a su bisnieto el famoso libro de Maquiavelo, antes de descansar para la eternidad en su sepultura de la catedral de Nancy.


Federico-Augusto III, Elector de Sajonia (1750-1827); el joven sucesor del último rey sajón de Polonia, su abuelo Augusto III, heredó un electorado arrasado por los prusianos tras la Guerra de los Siete Años, y se echaba en falta la corona de Polonia perdida a manos del Conde Stanislaw August Poniatowski, antiguo favorito de Catalina II de Rusia...

Entre dos funerales, la Delfina viuda Maria-Josefa de Sajonia proyecta con su cuñada una alianza matrimonial: Madame Adelaida de Francia pretendía casar con el duque-elector Federico-Augusto III de Sajonia, a punto de cumplir su mayoría de edad cuando ella ya tenía 34 primaveras. Y de paso, se prometía al Delfín Luis-Augusto con la hija del regente de Sajonia (el príncipe Javier de Sajonia, hermano de la Delfina), la Princesa Amelia. El embajador extraordinario de la corte de Dresden, el Conde de Martanges, vivía en la eufórica perspectiva de una nueva doble boda franco-sajona.

Estanislao II Augusto, Conde Poniatowski (1732-1798), Rey electo de Polonia a partir de 1764 y ex-amante de la emperatriz Catalina II de Rusia.

Desde la muerte del Elector de Sajonia Federico-Augusto II, rey de Polonia con el ordinal Augusto III, en 1763, la dinastía Wettin había perdido el trono polaco al fallecer el príncipe heredero Federico-Cristian, ocupado por el antiguo amante de la emperatriz Catalina II de Rusia: Estanislao II Augusto Poniatowski, nuevo rey títere al servicio de los intereses de la "Semíramis del Norte" rusa. Las esperanzas de los sajones en recuperar aquella corona electiva, se depositaron en el nieto del rey Augusto III, menor de edad, el elector Federico-Augusto III de Sajonia que, por cierto, encontraba numerosos apoyos frente al actual soberano polaco, entre los magnates de la nobleza polaca. Para obtener un rotundo éxito, la corte de Dresden contaba con el apoyo de Luis XV y el beneplácito de Catalina II, ya disgustada por las reformas emprendidas por su desobediente "peón". Los Wettin pretendían volver a Varsovia, no sólo como reyes electos sino como instauradores de una monarquía hereditaria afín a los designios de San-Petersburgo. El plan urdido no dejaba de ser realista, pero la diferencia de edad entre Adelaida de Francia y el Elector Federico-Augusto III de Sajonia era abismal; la primera, nacida en 1732, era mayor de 34 años, y el segundo, nacido en 1750, tan solo computaba 16 años. De haber sido ella más joven, habría sido factible dicho matrimonio y quizás hubiesen sido los sucesores de Estanislao II Augusto en el trono de Polonia, con la bendición franco-rusa.


el Príncipe-Regente Javier de Sajonia (1730-1806). A la muerte de su padre el rey Augusto III de Polonia y de su hermano mayor el Elector Federico-Christian I de Sajonia, que dejó tan solo a un heredero menor de edad para sucederle, Javier tuvo que asumir las riendas del poder en plena hecatombe: Sajonia estaba invadida y sometida por Prusia, Polonia cercada y la guerra se había perdido irremediablemente así como la corona electiva polaca...

Las ilusiones de Maria-Josefa, de su hermano Javier y de su cuñada Adelaida cayeron como un castillo de naipes cuando Luis XV anunció el proyecto de un matrimonio franco-austríaco, fraguado por el odiado Duque de Choiseul. Ante la perspectiva de traer a Versailles a la pequeña archiduquesa austríaca, la Delfina se opone pretextando que se tendría mejor en cintura a la corte de Viena posponiendo el viaje de aquélla, por si la emperatriz Maria-Teresa tuviese la idea de olvidar sus promesas y compromisos para con el Rey de Francia cuando ya se hubiese sellado la unión del Delfín con la Archiduquesa. Sorprendido por la agudeza de su nuera, muy prevenida sobre la arrogancia austríaca, Luis XV aprueba la opinión dada y anuncia a Viena que la princesa deberá esperar a crecer para poder casarse con el Delfín Luis-Augusto, sin por ello renunciar a la alianza.



Maria-Josefa de Sajonia, Delfina de Francia (1731-1767)

A pesar de ver desbaratado su propio plan, la Delfina consigue sin embargo frenar el de su enemigo Choiseul, saliendo airosa de lo que parecía para ella una derrota. Pese a las intrigas y a las rivalidades, Luis XV ya se ha hecho a la idea de casar su nieto con la hija menor de los Emperadores Francisco I de Lorena y Maria-Teresa I de Austria.

(Continuará)