Locura Nobiliaria

Desde luego, el siglo XVIII no sólo se caracterizó por sus "luces"; surgió una especie de enfermedad social: la locura de las grandezas, la pasión por recordar en fiestas, cenas y reuniones los gloriosos antepasados de los comensales con grandes apellidos. Era el tema de moda, presumir de su genealogía. A Luis XV, que se sabía al dedillo las genealogías de sus cortesanos -un saber que heredaría el futuro Luis XVI-, esas presunciones le sacaban de sus casillas y, para cortar en seco a sus vanidosos cortesanos, lanzaba en voz alta que él era bisnieto de un notario y a mucha honra!


armas de los De Crussol, Duques de Uzès.

Ya en 1716, un alto magistrado, el Señor de Novion, Primer Presidente del Parlamento, publicó, durante el enfrentamiento de los magistrados con la Cámara de los Pares, un curioso memorándum en el que se complacía en recordar que los Duques de Uzès (poseedores del más antiguo ducado francés) descendían de un boticario de Viviers; los Duques de Luynes y de Luxemburgo-Montmorency, de un abogado; los Duques de Gesvres, de un alfarero; los Duques de Villeroy, de un pescatero; los Duques d'Epernon, de un bastardo de canónigo... En cuanto a los Boufflers, los Boulainvilliers, los Lauzun y otros como los Saint-Simon, afirmaba que su nobleza era tan ténue que era mejor no hablar de ello!


Louis de Rouvroy, 2º Duque de Saint-Simon (1675-1755); el célebre memorialista de la corte de Luis XIV es sobretodo recordado por sus escritos y sus juicios ácidos exentos de compasiónhacia sus contemporáneos. Puntilloso, meticuloso, irritante, deshojaba a los demás igual que una cebolla y sin perdonar detalles. Pese a sus opiniones partidistas, abogando siempre por un retorno de la nobleza a sus antiguas prerrogativas políticas e intervencionistas del feudalismo trasnochado, suprimidas y reducidas a cenizas por el absolutismo centralista de Luis XIV, encabezó a un grupo que intentó tomar su revancha durante la Regencia; la intentona fracasó estrepitosamente tras probar su incapacidad en los asuntos de Estado. Militar y diplomático de ocasión en la Corte de Madrid, Grande de España por gracia de Felipe V y caballero de la Orden del Toisón de Oro, debía su buena estrella y su fortuna al hecho de que su padre había sido favorito de Luis XIII, y a su personal amistad con los Duques de Orléans. (Retrato según A. Lucas-Fauchon).

Al Duque de Saint-Simon, tan orgulloso de su casta y muy mirado con los "oscuros" antepasados de sus iguales, a los que no faltaba en criticar o denigrar, le debió de sentar aquel memorandum como una bofetada!


el Marqués Henri-Camille de Béringhen,Primer Caballerizo de Francia, descendía de un linaje de ínfima hidalguía normanda que debió su ascensión gracias a una visita real; su antepasado, escudero, lustraba tan bien botas y armas que Enrique IV lo tomó a su servicio. La lealtad de un Béringhen a Luis XIII, pese a los chantajes de un cardenal de Richelieu, y un secreto bien guardado les valieron el privilegio de timbrar sus armas con una corona de marqués y el cargo hereditario de la Primera Caballeriza del Reino hasta mediados del siglo XVIII.



Charles-Louis Auguste Fouquet, 1er Duque de Belle-Isle y de Gisors (1684-1761), Mariscal y Par de Francia. Este bisnieto del famoso superintendente Nicolas Fouquet que dió con sus huesos en la cárcel de por vida por prevaricación y enriquecimiento ilícito, constructor del fabuloso Castillo de Vaux-le-Vicomte que inspiró a Luis XIV su titanesca obra de Versailles, empezó tímidamente a servir en el Ejército de Su Majestad hasta conseguir, grado a grado, el bastón de mariscal gracias a sus proezas bélicas y una fabulosa fortuna gracias a sus escandalosas rapiñas en territorio alemán. Su ascensión meteórica hasta el olimpo de la Corte parecía una revancha por la ruina y la desolación ocasionada a su familia en el reinado anterior...(Retrato según Maurice Quentin de La Tour).

Sin ir más lejos, los Marqueses de Béringhen, Primeros Caballerizos del Reino, descendían de un escudero al servicio de un gentilhombre normando (Henri de Béringhen) que, distinguido por el rey Enrique IV, entró al servicio del monarca para lustrar sus armas y sus botas. El Duque de Belle-Isle y de Gisors, mariscal de Francia, era bisnieto del desventurado Nicolas Fouquet, hijo y nieto de parlamentarios. Los Colbert y los Le Tellier eran marqueses y duques por concesión de Luis XIV, siendo descendientes de tejedores y prósperos comerciantes, no teniendo más de 100 años de nobleza. Para más "INRI", los muy altivos Príncipes de Lorena y de Guisa, que siempre sostuvieron descender del príncipe carolingio Carlos de Lorena, tío del rey Luis V de los Francos (m. 987 d.C.), descendían en realidad de Erconoaldus, alcaide de palacio del rey Clodoveo II (dinastía Merovingia), allá en el siglo V, entre el 637 y 655, y del cual descendían los duques de Metz y de Alsacia, entre ellos Gerardo de Alsacia (año 1020), antepasado de la Casa Soberana de Lorena-Alsacia (antiguo reino de Lotaringia, cuna de la dinastía Carolingia). Lo cual, sea dicho de paso, no es deshonroso si se tiene en cuenta que esa familia ya era noble con mucha más anterioridad que las demás, que no podían remontar más allá del siglo VIII. Les avalaban nada menos que 15 siglos de historia.


François-Gaston, Duque de Lévis y Mariscal de Francia (1720-1787); gran militar francés y héroe de la campaña de Canadá, de distinguido y rancio linaje, no se ruborizaba ni un ápice en el momento de recordar su parentesco con María, madre de Jesucristo...

También hay familias que aseguran descender de auténticos personajes legendarios. Los Duques de Lévis-Mirepoix y de Ventadour, por ejemplo, apellidados originalmente Lévi (y posteriormente transformado en "Lévis"), judíos, tal y como lo indica el apellido pero católicos viejos, clamaban sin sonrojarse que la Virgen María era antepasada suya (de hecho, la madre de Jesús de Nazaret se apellidaba Lévi) y, cuando llegaba el momento de acostarse, saludaban de paso a la Virgen con un ceremonioso "Buenas noches prima" que impresionaba.

Otra familia, los Duques de Lauzun y de La Force, pertenecientes a un mismo linaje, los Caumont, tenían probada su nobleza con un ancestro común: Richard "Nompar" de Caumont, Señor de Lauzun allá en el siglo XII, pero ambas ramas se disputaban la primogenitura sin poder averiguar cual de los dos hermanos fundadores (Nompar I de Caumont, señor de Lauzun, y Begue de Caumont, señor de La Force) había nacido antes que el otro. Eso si, mantuvieron sin pestañear la leyenda del orígen de su linaje, la cual afirmaba que descendían de un compañero del mítico Hércules, llamado "La Force" (La Fuerza), que se estableció al suroeste de la Galia Griega. Se llamaban tradicionalmente "Nompar" de padre a hijo desde aquel Richard Nompar del siglo XII (Nompar significa "Sin Par" o "Sin Igual"), adoptándolo incluso como apellido y lema de su escudo heráldico, y ostentaban la baronía de Puyguilhem desde que entroncaron matrimonialmente con la heredera del barón Bertrand de Goth allá en el siglo XV. Pasarían a obtener el título condal en el siglo XVI por gracia del rey Carlos IX de Francia, y el ducal de manos de Luis XIV.


Louis-François Armand de Vignerot Du Plessis, 3er Duque de Richelieu (1696-1788), Mariscal y Par de Francia; retratado como Caballero de la Orden del Espíritu Santo por J.M. Nattier. Este "campeón del adulterio" que representó a él solo todo el encanto, refinamiento y libertinaje del siglo XVIII francés, era dueño de una enorme fortuna amasada por el famoso cardenal de Richelieu un siglo atrás. Pese a la pomposidad y al prestigio de su apellido, contaba entre sus antepasados a un músico, a un notario y a un vinicultor...

Los Duques de Richelieu, apellidados Du Plessis De Vignerot (antaño Du Plessis a secas) desde 1603 al casarse la hermana del 1er duque (que no era otro que el famoso Cardenal de Richelieu), Françoise Du Plessis de Richelieu con René de Vignerot, Señor de Pont-Courlay, descendían de un antiguo linaje que remontaba hasta el siglo XIII con un tal Guillaume, señor du Plessis (año 1201), y adoptaron el señorío de Richelieu al casar uno de ellos con una tal dama Pérrine Clérambault de Richelieu, a modo de apellido a partir del siglo XV. El abuelo del célebre cardenal, casó con una damisela de altísima cuna: Françoise de Rochechouart de Mortemart, representante de una de las familias más antiguas de Francia (remontaba hasta el siglo VIII). El padre del cardenal, François-Tristan Du Plessis de Richelieu, Gran Preboste de Palacio del rey Enrique III, casó con Suzanne de La Porte, dama de palacio de la reina Luisa de Lorena-Vaudémont, y cuyo linaje no conseguía remontarse más allá de su bisabuelo, una tara que nadie perdonaría al cardenal ni a sus sobrinos, los Du Plessis de Vignerot, que descendían por parte paterna de un abuelo notario afincado en Bressuire y cuyos orígenes llegaban hasta a un afortunado escudero, allá por el 1461, sin duda hijo de un vinicultor (tal y como lo indica el apellido "Vignerot" , de "vigne" que significa "viña"), clara alusión a sus orígenes plebeyos. El caso es que, además de encontrar a otro Vignerot que fue tañedor de laúd o violinista, con semejantes antecedentes no faltó quien se mofara abiertamente de los Richelieu y muy a pesar de sus posteriores enlaces con las reverenciadas hijas de los miembros de la más añeja aristocracia como los Noailles, los Guémadeuc, los D'Acigné, los D'Albret de Miossens, los Lorena-Guisa, los Hautefort, Galliffet, D'Egmont-Pignatelli y Rochechouart-Mortemart entre otros.

Cuando era cuestión de meterse con alguien que gozara de los favores del rey, había materia más que suficiente como para escribir pamfletos y difundir calumnias insultantes. Pocos se salvaban. En Versailles como en París, al que se presentaba en la corte se le sometía previamente a un riguroso examen genealógico, y el aspirante a cortesano debía aportar cuantas pruebas pudiera. Al genealogista y heraldista del Rey era difícil engañarle, siendo un temido experto en pedigree's nobles. Muchos aristócratas se empleaban en auténticas acrobacias genealógicas para enlazar sus ancestros con alguna que otra rama olvidada o extinta de la Casa Real Francesa, como en el caso del Duque de La Vauguyon. Éste, nombrado Ayo y Gobernador de los Nietos del Rey, poseía excelentes antecedentes pero se empeñaba en descender de los Príncipes de Borbón-Carency.


La Condesa du Barry (1743-1793); retratada por Elisabeth Vigée-Lebrun en 1787.

Para las dos últimas amantes de Luis XV, hubo que hacer milagros con la Marquesa de Pompadour al apellidarse Poisson ("pez" en francés) y con la Condesa du Barry, apellidada Bécu (nieta de un tabernero y de una auténtica condesa de Cantigny, e hija natural de un ex-monje apellidado "De Vaubernier" de ínfima hidalguía), cuando hubo que presentarlas en Versailles. Para la última, lo que le favoreció fue su matrimonio con el Conde du Barry, noble del Languedoc que emparentaba con los gloriosos Barry, condes de Barrymore, terratenientes irlandeses de rancia estirpe escocesa que había enlazado con los Estuardo.

Cuando el genealogista finalizaba sus investigaciones, los cortesanos se agolpaban ante las puertas del heraldista real quien les concedía el escudo de armas apropiado, realizado por el prestigioso heraldista Sr. Lucas, un virtuoso artista de la Ciencia Heróica cuyos servicios costaban una auténtica fortuna.
Aquel delirio de "nobilitis" pilló incluso a los que serían, a la postre, los artífices de la Revolución Francesa en su aspecto más sangriento. Citemos como ejemplos a Robespierre, Danton o Saint-Just...

El Ayo de los Nietos del Rey


Luis Fernando, Delfín de Francia (1729-1765); el heredero e hijo del rey Luis XV, retratado con el uniforme de su regimiento "Royal-Dauphin", verde y rosa, por el artista sueco Alexander Roslin.

Cuando el piadoso Delfín tuvo que escoger un ayo para sus hijos, estuvo a punto de nombrar al prestigioso Marqués de Mirabeau, apodado "el Amigo de los Hombres" (padre del célebre tribuno), para luego desear que la tarea fuese encomendada al célebre Barón de Montesquieu. Desgraciadamente, el autor de "Las Cartas Persas" falleció el 17 de febrero de 1755, en París. Finalmente, consiguió encontrar a un personaje familiar que pudiera comprender sus proyectos educativos: el Conde de La Vauguyon.


Antoine-Paul Jacques de Stuers de Quélen de Caussade, Conde de La Vauguyon y Marqués de Saint-Mégrin, 1er Duque de La Vauguyon y Par de Francia (1706-1772), Gobernador de los Nietos de Francia.

Antoine Paul Jacques de Stuers de Quélen de Caussade, Conde de La Vauguyon y Marqués de Saint-Mégrin, maneja mejor la espada que la pluma. Desciende de una noble familia de Bretaña, ilustrada particularmente en los siglos XVI y XVII. Él mismo devoto y rechoncho, de carácter fácil, posee como mejor ilustración de su santa familia a un mal sujeto, seguramente invertido, antepasado suyo: Paul Stuers de Caussade, Conde de Saint-Mégrin, favorito y menino del retorcido rey Enrique III, que tras humillar a los altivos Duques de Guisa al introducirse entre las sábanas de la duquesa, nacida Borbón-Condé, cayó bajo las dagas de los esbirros del obeso Duque de Mayenne.

Un conde de La Vauguyon fue Gran Senescal de Guyena durante la minoría del rey Luis XIV. Otro fue embajador en España bajo el reinado personal del Rey-Sol. Ambos recibieron el manto de la Orden del Espíritu Santo.

En 1740, nuestro protagonista, coronel del Regimiento de Infantería del Beauvaisis, recibía la cruz de San-Luis por sus distinguidos servicios. Nombrado Menino del Delfín, dirige en Fontenoy la brigada de su príncipe con tanto vigor, coraje y furia, que es ascendido a mariscal de campo, participando luego en las batallas de Raucoux y de Lawfeld con el mismo arrojo. Poco después es nombrado Teniente General. En 1753, el conde es nombrado Maestre de La Guardarropa y Gentilhombre de Cámara, y admitido junto con el Duque de Fleury, el Duque de Brancas, el Marqués de Châteauneuf y el Conde de Crussol, en el capítulo de la Orden del Espíritu Santo como caballero.

En 1758, el Delfín le nombra Gobernador de los Infantes de Francia y, el 11 de enero de 1759, el Rey hace de ese falso Príncipe de Carency un auténtico Duque de La Vauguyon y Par de Francia. Se enfrentará a su delicada tarea con seriedad. Demasiado ocupado en instruir al que fallecería poco después (el Duque de Borgoña), no percibe nada en el Duque de Berry, al que considera de poco relieve y se siente más atraído por el Conde de Provenza, precoz e intuitivo. Luis-Augusto se entusiasma por los Mapa Mundi, Luis-Estanislao por los filósofos griegos y ambos se apasionan por la Historia. Los dos príncipes recibirán con excelsas palabras a un ilustre visitante, el británico Hume, que acompañaba al embajador inglés duque de Richmond y esposa. El escritor escocés, impresionado por el nivel de conocimiento de los Príncipes sobre su obra, recordará gratamente su paso por la corte de Versailles. Pero para la recepción de la Duquesa de Richmond, poco instruido por su ayo, el Duque de Berry comete algunas torpezas dando una imagen "deplorable", según las propias palabras de su abuelo el Rey Luis XV. Precisemos que entonces tan solo contaba 9 años de edad!


Charles Lennox, 3er Duque de Richmond y de Lennox, Duque d'Aubigny y Par de Francia(1735-1806), Embajador de Gran-Bretaña en la Corte de Francia, era pariente lejano de los reyes galos por vínculos de sangre: descendía de un hijo legitimado del rey Carlos II de Inglaterra y de la célebre Louise de Kéroualle de Pénancoët, duquesa de Portsmouth y d'Aubigny, lo que hacía de él un Estuardo por vía natural. Aparte de ser el más rico terrateniente de su país, tenía también en heredad la tierra, castillo y ducado de Aubigny-sur-Nère en Francia... (Retrato según Sir Joshua Reynolds, 1758, Goodwood House, Sussex, Inglaterra).

La salud del príncipe sigue siendo delicada tras ser atacado por la tisis. Se resentirá de aquella experiencia el resto de su vida; engordará y adelgazará de manera constante. De hecho, sus retratos oficiales así lo atestiguan.

Sometido a una estricta educación, el Duque de Berry crecerá rodeado por miembros del Partido de los Devotos: los Príncipes de Rohan-Soubise, los Duques de Luynes-Chevreuse, la Condesa de Marsan,... y el Duque de La Vauguyon, presididos por el Delfín y la Delfina, la Reina María Leszczýnska y sus tres hijas, la "guerrera" Madame Adelaïda y las sumisas Mesdames Victoria y Sofía de Francia. La cuarta hermana, Madame Luisa, se convirtió en monja carmelita por deseo propio y muy a pesar del dolor causado a su padre el Rey.

Para Luis-Augusto, nada de montar a caballo, nada de caza y poca esgrima. Se le priva del tenis y de la pelota. Sus breves paseos son de carácter puramente instructivo. El pobre infante se moriría de aburrimiento si no fuera por su hermano menor el Conde de Provenza, que también ha pasado a manos del duque de La Vauguyon, siendo así compañeros de estudios. Si Berry se desenvuelve con cierta brusquedad y franqueza, Provenza cultiva el refinamiento y la sibilina hipocresía. Obviamente, son dos polos opuestos que a menudo se pelean pero que, en el fondo, se quieren. Pronto se unirían a ellos la Princesa MªClotilde y el turbulento Conde de Artois, que siempre gritaba "¡Demonios!", cuando se enfadaba.

(Continuará)